Escudo de Torreón

Escudo de Torreón

lunes, agosto 29, 2016

Más daños por lluvias



Foto de El Siglo de Torreón

En Torreón pocas veces llueve, pero cuando llueve, lo hace en serio. Recuerdo que en mi infancia solía haber uno o dos aguaceros en verano, cuando estaba yo de vacaciones escolares. Y no era sino hasta septiembre, que uno regresaba a clases, que el cielo se encapotaba de un frío gris melancólico y comenzaban a caer lluvias ligeras. Siempre llovía el día del "grito", el del desfile del 16 de septiembre, durante la Feria del Algodón o para la celebración de las tradicionales Romerías de Covadonga. 

Solo en dos ocasiones muy memorables las lluvias han sido tan intensas como para desbordar seriamente el Río Nazas: en 1868, cuando la corriente se llevó al primer torreón construido por Zuloaga, y un siglo después, en septiembre de 1968, cuando se inundó Gómez Palacio, Durango, mientras en Torreón se construía el bordo de defensa para evitar la invasión de las aguas a Torreón. 

Claro, años sí, años no, hay alguna tormenta que hace caer el agua que suele caer en un año completo en Torreón, verdaderas trombas. 

Este mes de agosto de 2016 resultó ser muy destructivo en La Comarca Lagunera, debido al largo período de lluvias que hemos padecido, incluso antes de que comience el mes de septiembre, el mes tradicionalmente lluvioso en la región. 










Muere Juan Gabriel





México entero ha recibido con pesar la noticia de que el cantautor Juan Gabriel (nacido Alberto Aguilera Valadez) murió de un infarto el pasado 28 de agosto en Santa Mónica, California, a sus 66 años de edad.   

El caso "Juan Gabriel" debe ser considerado como un fenómeno social, en el sentido de que el gusto por su música fue compartido por México entero, y su muerte la lamenta con sinceridad todo el país. Algunos de sus intérpretes lo hicieron conocido y admirado en otras naciones. 

El Juan Gabriel corporal ha muerto. No obstante, su sensibilidad permanecerá viva para siempre a través de su vasta obra musical. Como otros grandes compositores, ha cruzado el pórtico de la eternidad.











sábado, agosto 27, 2016

El separatismo del Noreste





Bandera de la República del Río Grande


Pocos norestenses (nombre convencional de los habitantes de los estados del noreste de México) conocen lo que fue el proyecto de la “República del Río Grande”. En una convención llevada a cabo el 17 de enero de 1840 en Laredo, ciertos delegados de los tres estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas se pronunciaron y declararon la independencia de las tres entidades para formar una nueva república. 


Localización de la "República del Río Grande"


Desde luego, esta era la manera como un grupo político minoritario intentaba presionar al gobierno centralista para que se restituyera la constitución federalista de 1824. 

Jesús de Cárdenas fue designado presidente; Antonio Canales Rocillo, comandante general del ejército; Juan Nepomuceno Molano, delegado y miembro de la convención por Tamaulipas; Francisco Vidaurri y Villaseñor, delegado y convencionista por Coahuila; Manuel María de Llano lo era por Nuevo León, y José María Jesús Carvajal era el secretario de la convención.

Este proyecto de república contaba con su propia bandera, que era semejante en diseño a la de Texas, con dos fajas, la superior en blanco, la inferior en negro, más una partición vertical roja, y sobre ésta, puestas en línea descendente, tres estrellas blancas de cinco puntas, cada estrella representando un estado separatista. 

Esta efímera “República del Río Grande” o “República Norte mexicana” (como también se le llamó) duró 293 días, ya que la expedición punitiva del general mexicano Mariano Arista fue imparable, y Canales tuvo que capitular en Camargo, Tamaulipas, el 6 de noviembre de 1840.

Por lo general, las fuentes que hablan de esta declaratoria de independencia norestense son estadounidenses, ya que el gobierno mexicano, en medio del clima volátil de esa época, prefirió guardar silencio. Varias entidades, como Texas, Yucatán y Zacatecas buscaban los mismos fines separatistas (Texas con éxito) y hablar del asunto solamente hubiera alentado la secesión. 

Incluso hay quien piensa que el hecho, de  hacer público el proyecto de República del Río Grande, fue más propagandístico que histórico, mera publicidad política que beneficiaba a los texanos. Sin embargo, hay publicaciones periódicas mexicanas de la época que dan certezas de la historicidad de los acontecimientos, como “La Hesperia” del 5 de abril de 1840, página 2, en su artículo “Crónica de México”, columna 3; y el mismo semanario, en su edición del 12 de abril de 1840, “Crónica de México”, pp. 2 y 3.





Por otra parte, uno debiera preguntarse si el "Plan de Monterrey" y la anexión de Coahuila por Santiago Vidaurri, gobernador de Nuevo León (de hecho, anexó también partes de Tamaulipas) respondía al proyecto original de la formación de la “República del Río Grande" o "de la Sierra Madre”, es decir, de un nuevo intento por federar e independizar a los estados de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas. 

Casi se lamenta uno al pensar que una nación independiente como la de ese fallido proyecto nos hubiera evitado (a los norestenses) vivir en un México que se ha convertido en una caja de pandora, de la cual ha surgido un férreo centralismo y toda clase de males, como lo podemos verificar de manera cotidiana.

miércoles, agosto 24, 2016

Vuelven las aguas del Nazas





Entre ayer martes y hoy miércoles llegaron al centro de la Zona Metropolitana Lagunera las aguas del Río Nazas. Las recientes e intensas lluvias han llenado la presa Francisco Zarco ("Las Tórtolas") y las autoridades correspondientes decidieron desfogarla soltando agua por el lecho seco del río y por la red de canales. 

Como en otros años lluviosos, 1991, 2008, 2010, y ahora 2016, las aguas del Nazas vuelven por sus fueros y recorren el casi perpetuamente lecho seco de su cauce. 

Mucha gente se dio cita en las riveras del río para saludar el paso de las aguas, un espectáculo que siempre ha sido significativo para los laguneros, y que antiguamente los agricultores celebraban con un protocolo simbólico y social muy específico.



Cuando las aguas del Nazas estaban próximas a brincar los vertedores e iniciar así la distribución del agua de riego en La Laguna de Coahuila, los terratenientes se juntaban en un cierto lugar para celebrar el inicio del ciclo algodonero. Ahí se colocaban mesas para banquete, y sobre las mesas había poncheras. En estas poncheras se vertía hielo frappé, champaña, vino blanco, cuadritos de manzana y un toque de kirsch. Tanto al recipiente como a la bebida preparada se le conocía como “la tinaja lagunera”. Con esta bebida se festejaba la llegada de las aguas.  

Las poncheras, que en ocasiones eran de plata, servían tanto para contener la bebida que se preparaba tradicionalmente para los banquetes de bienvenida de las aguas del río, como para para arrojar su contenido a las aguas del Nazas, haciéndolo así partícipe de la alegría general.

Las fotografías que ilustran este artículo son cortesía del profesional de la cámara, Louis Rodríguez.

viernes, agosto 12, 2016

La omnipresente corrupción







Por lo general, cuando hablamos de corrupción, la referimos a los sectores oficiales de nuestro país. Pero rara vez pensamos que se trata de conductas y actitudes compartidas por toda la sociedad mexicana.

La cultura de la corrupción ya coqueteaba con los mexicanos cuando el general Obregón, luego presidente de la República, declaró de manera cínica que “nadie aguantaba un cañonazo de 50 mil pesos”.

¿Que cabía esperar, pues, de los ciudadanos comunes? El término “corruptio” denomina tanto el estado como el proceso de descomposición, de putrefacción. La corrupción es un proceso que afecta a un cuerpo, antes sano, y lo convierte en un amasijo de tejidos podridos.

La metáfora, aplicada a nuestro país, implica que un cuerpo social de sanas costumbres se transforma en algo sucio y maloliente, como si padeciera una terrible gangrena.

Un cuerpo social saludable implica el ejercicio de las garantías individuales, del pleno estado de derecho y de la equidad de los ciudadanos ante la ley. Así de simple. 

Una sociedad sana será aquélla en la cual, todos sus miembros gocen los beneficios de una economía sana en base a un estado real de derecho y no ficticio, un estado de derecho que vele por el bienestar de toda la sociedad y no solamente de algunos sectores privilegiados. Un estado que impida la corrupción, que castigue a los ladrones de cuello blanco y a los defraudadores, desde el presidente hasta el último de los ciudadanos.

Pero sabemos que los mexicanos somos alérgicos a la legalidad y al concepto de equidad. Todos queremos ser tratados de manera especial y ventajosa, por encima de los derechos de los demás. Y para ello, hacemos trampa. Los casos de corrupción pueden y suelen ocurrir, lo mismo entre las grandes constructoras que entre la fila de clientes de un banco o una tortillería. La corrupción implica “atajos” u “oportunidades” que violentan los derechos de terceros.

En el mundo del deporte olímpico, es muy posible que las personas que asistan a la competencia internacional no sean precisamente las mejor dotadas o entrenadas, sino las que tuvieron “palanca” para conseguir apoyo oficial. Otros van por su cuenta, sin subsidio alguno. 

La cultura de la equidad implica que todos los deportistas tengan el mismo derecho a recibir los apoyos para su preparación y entrenamiento, y para ser considerados candidatos a viajar. Pero entonces, la medida para seleccionarlos sería el mérito: el que desarrolle más y mejor, sería el seleccionado. Así sucede en países que destacan deportivamente. Participan los mejores deportistas. Por experiencia histórica, sabemos que en México no ocurre así.


La verdadera tragedia es que, como nación, México ha optado, no por el mérito, sino por la maña. Esto es lo que implica la cultura de la corrupción. Un porcentaje significativo de los empleos, sea en el mundo de la política, la empresa, las artes, la cultura, los medios de comunicación, el clero, e incluso la ciencia, no se han otorgado a personas que llegaron ahí por sus propios méritos y capacidades profesionales, sino más bien, por su habilidad para simular, adular, tranzar, e incluso, para venderse.

viernes, agosto 05, 2016

Cultura alimentaria en La laguna



Orejones de fruta deshidratada


Una de las características distintivas del proceso de poblamiento relativamente reciente (finales del siglo XIX y principios del XX) de las ciudades de la zona metropolitana, particularmente de la ciudad de Torreón, ha sido su pluralidad étnica que se tradujo en un cosmopolitismo aún presente en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. Quizá de manera particular, en la alimentación. 
Al ir de compras, lo hacemos en establecimientos cuyos orígenes están ligados al esfuerzo de inmigrantes primigenios cuyos descendientes conocemos, tratamos y apreciamos. Mexicanos, españoles, chinos, franceses, palestinos, libaneses, alemanes —la lista de nacionalidades y etnias sería larga y variada—, todos ellos crearon comercio, trabajo, fuentes de riqueza para nuestra sociedad y, sobre todo, un estilo de vida particularmente perceptible para los fuereños que residen algún tiempo entre nosotros.

Cuando consumimos dulces de leche o vinos y destilados de uva regionales, jocoque fresco o seco, paella, pan árabe, fabada, hojas de parra, comida china cantonesa, tan apreciada en la Región, o postres como los dedos de novia, pocas veces somos conscientes de la naturalidad con que hemos incorporado a nuestra dieta diaria alimentos de tan variado origen y presencia. Pero no siempre fue así. 
Los habitantes del País de La Laguna contaban con otra clase de dieta cotidiana. ¿Qué productos comestibles se podían conseguir hacia 1780 en una tienda de abarrotes comarcana? Los inventarios de la época nos lo muestran: harina de trigo, arroz, azúcar, manteca de puerco (para freír, para incorporar al pan o para servir de combustible barato para lámparas), camarón seco, cacao de Caracas y de Maracay (Venezuela), pimienta, azafrán, frijol, anís, chile.

Cacao

Algunas de estas provisiones llegaban de Venezuela o de España, otras procedían de Veracruz, de Puebla o de Michoacán a través del Camino Real de la Tierra Adentro, que vadeaba el Nazas en el Presidio del Pasaje y Cinco Señores (ambos en La Laguna de Durango). 

Azafrán
Los diezmos que se pagaban al obispado de Durango nos permiten conocer la producción alimentaria del País de La Laguna: vinos y aguardientes de uva, trigo, maíz, frijol, chile, cebada, higo, nuez, manzana, ajo, lenteja y garbanzo. Se consumía carne de ganado menor, principalmente, de carnero, muy abundante por los rebaños de los marqueses de Aguayo y los condes de San Pedro del Álamo. La carne de ave o de bovinos era relativamente poco consumida.
Entre las manufacturas alimenticias de la época, además de los vinos y aguardientes, se encontraban ciertos dulces, como la llamada “torta higo” que era una especie de pastel confeccionado en molde y sometido a presión y cuyos ingredientes eran higos, nueces, pasas, canela, ajonjolí y colación. Esta misma “torta higo” tenía otro uso, además del consumo como golosina: se ponía a macerar en aguardiente de uva, para producir un licor típico regional muy apreciado, el “aguardiente torta higo”. Es decir, un orujo de higo, nuez, pasas y canela. 

Versión contemporánea de la torta de higo

Las frutas producidas en la región se deshidrataban en armazones de “quiote” para producir los famosos “orejones”. Los tocinos y jamones los introducían en la Comarca desde la Nueva Galicia (Jalisco, Michoacán). Es de llamar la atención que, al parecer, en La Laguna no se criaban cerdos.

lunes, agosto 01, 2016

Tromba en Torreón


Fotografía de "El Siglo de Torreón"


Los pasados días jueves 28 y viernes 29 de julio, se registraron fuertes lluvias en la Zona Metropolitana de la Comarca Lagunera. Torreón fue particularmente afectado, ya que según algunas mediciones, cayeron 92.8 milímetros de agua en pocas horas. 

Este volumen de precipitación fue muy superior al rango de los 10 a los 25 milímetros que se requieren para inundar nuestra ciudad y poblaciones vecinas, como lo demuestran los registros de lluvias de años pasados.  

El sábado 21 de junio de 2014, cayó otra tromba sobre nuestra ciudad, pero con tan solo 32 milímetros (en una hora). 

El jueves pasado, y sobre todo el viernes, las calles, avenidas, calzadas y bulevares de Torreón se volvieron intransitables. Lamentablemente, nuestra ciudad no cuenta con un drenaje pluvial digno de tal nombre. En parte, porque los desagües de mayor capacidad, cauces que podrían ser utilizados con este fin, como el canal de la Perla o el del Coyote, fueron puestos fuera de servicio y perdieron su posible utilidad para drenar el agua pluvial. Por otra parte, Torreón es una ciudad plana, con grandes problemas para encauzar de manera subterránea grandes cantidades de agua. 

El asunto es que, siempre que hay aguaceros, sobre todo torrenciales, la ciudad se inunda hasta el caos.



viernes, julio 29, 2016

El apóstol Santiago Matamoros





Como lo he descrito en mi libro “El País de La Laguna”, los tlaxcaltecas —al obedecer las voces de sus antiguos oráculos— se convirtieron en activos protagonistas de su propia historia en una continuidad histórica sin rupturas. Constituyeron el único pueblo mesoamericano que permaneció invicto antes y después de la conquista española. 
Por esta razón fue un pueblo orgulloso y sin complejos, muy consciente de su propio valor. Una alianza digna con el Emperador Carlos I de España y sus fuerzas españolas constituyó para ellos el punto de partida para una nueva configuración política como novohispanos. Y también para un mestizaje étnico y cultural de alcances insospechados, pero que estaban ya anunciados por sus antiguos dioses, como lo mencionan Muñoz Camargo, historiador de la Tlaxcala del siglo XVI, y un asombrado Bernal Díaz del Castillo.
No es de extrañar que adoptaran el cristianismo católico español con tanta sinceridad y fervor. Contaban con el permiso de sus viejas deidades. Desde el punto de vista tlaxcalteca, el anunciado Dios de los cristianos merecía ser adorado con sinceridad. Como el pueblo pragmático que era, y sin mirar atrás, dejaron a “Camaxtli”, su dios guerrero, por el Dios de los europeos. Esta voluntaria disposición al cambio les mereció un notable grado de autonomía y el ser considerados oficialmente como aliados de la Corona durante toda la era virreinal.
Desde el punto de vista de la historia de los mitos y de las mentalidades, españoles y tlaxcaltecas compartían una creencia común: el cielo estaba dispuesto a apoyar —y de hecho parecía apoyar— sus esfuerzos bélicos. De cuando en cuando, el taumaturgo apóstol Santiago Matamoros aparecía para combatir al lado de ambos pueblos hermanados.
Esta lectura de lo sagrado que irrumpe en lo profano, estaba ya presente desde las primeras batallas hispano-tlaxcaltecas contra los aliados de Moctezuma. Muñoz Camargo nos refiere que en la batalla de Cholula, antes de que el primer español entrara a la ciudad de México-Tenochtitlan: 
“Los tlaxcaltecas nuestros amigos, viéndose en el mayor aprieto de la guerra y matanza llamaban y apellidaban al Apóstol Santiago diciendo a grandes voces ¡Santiago!; y de allí les quedó que hoy en día hallándose en algún trabajo los de Tlaxcala, llaman al Señor Santiago”.
En la batalla de Otumba, los indígenas creyeron haber visto al apóstol Santiago. “En este lugar vieron los naturales visiblemente pelear uno de un caballo blanco, no le habiendo en la compañía, el cual les hacía tanta ofensa, que no podían en ninguna manera defenderse del, ni aguardalle; y ansí en memoria de este milagro, pusieron en la parte que esto pasó, una hermita del Apóstol Santiago”.

Santiago Matamoros de Viesca, Coahuila, siglo XVIII (detalle)

En el norte novohispano, el apóstol y santo guerrero era favorito para fungir como titular y protector de las poblaciones españolas y tlaxcaltecas. Santiago del Saltillo, San José y Santiago del Álamo (Viesca, Coahuila), Santiago de la Monclova, Santiago de Mapimí (Durango). Dondequiera que hubiese peligro de enfrentamientos con los indios belicosos, Santiago era un poderoso patrono, aliado y ayuda. Es muy significativo que su emblema fuera precisamente una cruz-espada.


viernes, julio 22, 2016

El Nazas y tajos a finales del siglo XVIII


El Nazas y la Laguna de Tlahualilo en 1771, por el Ing. Lafora.
El mapa muestra los dos cursos que podía tomar el Nazas, formando diferentes lagunas.

Es muy interesante analizar las actas sacramentales de la vice parroquia del Álamo de Parras (Viesca, Coahuila) cuya jurisdicción eclesiástica abarcaba la totalidad de la gran Hacienda de San Lorenzo de La Laguna, ya que no solamente contienen noticias de carácter genealógico, de estatus racial y legal, sino también de cuestiones hidrológicas. 
Durante el último tercio del siglo XVIII, dichas actas sacramentales mencionan no solamente que el curso del río Nazas iba hacia el norte, hacia Tlahualilo, sino que también mencionan los “tajos” (cauces naturales o excavados) que los marqueses de San Miguel de Aguayo aprovecharon para tomar el agua desde la Boca de Calabazas hacia sus haciendas ovejeras, para suplir el agua del río que, según el padre Gutiérrez, ya no fluía hacia el oriente. 
Se mencionan varios “tajos” como el de La Cruz o el de Río de las Nazas. Un ejemplo de lo anterior lo encontramos en la partida de bautismo de María Saturnina Tomasa Hernández Barraza, “loba” [“Lobo”, mezcla de español, indio y negro] bautizada el 29 de diciembre de 1789. 
El texto de la partida indica “que nació en el Tajo, Río de las Nazas, Laguna de Tagualilo, Rancho de San Antonio del señor marqués de Aguayo” el 30 de noviembre de 1789, como hija legítima de Francisco Hernández en la Sauceda de esta jurisdicción, Rancho de San Antonio del marqués de Aguayo, Río de las Nazas, Laguna de Tagualilo de esta jurisdicción, y de María Juliana Barraza, de San Juan de Casta, jurisdicción de Mapimí, y legítimamente casados.
“Y porque a la presente viven y habitan en el Rancho de San Antonio del marqués de Aguayo; en el Tajo Río de las Nazas, Laguna de Tagualilo desta vecindad y jurisdicción”, fueron padrinos, que la tuvieron o recibieron, Josef Alvino Chavarría del Rancho de San Antonio del marqués de Aguayo, jurisdicción de San Francisco de los Patos perteneciente al pueblo de Santa María de las Parras, y su mujer, María Michaela Peinado, de la estancia de Aguanueva, jurisdicción de la villa de Santiago del Saltillo. 
La partida bautismal la firma don Manuel Sáenz de Juangorena, capellán de la Segunda Compañía Volante de San Carlos de Parras, y "actual teniente de cura" del pueblo de San José y Santiago del Álamo. 
En partida parroquial de San José y Santiago del Álamo (Viesca) consta que el 26 de enero de 1793 se bautizó a un niño, Pedro Marcelo, “mulato”, [mezcla de español y negra] hijo de Ambrocio “Anrríquez” “mulato”, originario de Patos y de María Poncina Díaz, originaria de Patos. Nació el 16 del mismo mes, en “el Tajo de la Cruz y Rancho de San José” perteneciente al señor marqués de San Miguel de Aguayo.
En la partida de matrimonio asentada en San José y Santiago del Álamo (Viesca) del 10 de noviembre de 1794, se menciona a Juan José Serapio Sánchez, “lobo” de madre “mestiza”, originario de Patos (General Cepeda) huérfano de padre y residente en el rancho de San Antonio, “agostadero de esta jurisdicción” perteneciente al señor marqués de San Miguel de Aguayo. Casó con María de la Cruz Gómez, “mestiza” originaria de La Sauceda. Para finalizar, mencionamos que el padre Dionisio Gutiérrez afirmaba que el Río Nazas no corrió hacia el oriente por varios años.


Tsai Yüan, la villa agroindustrial


Desde el 24 de febrero de 1893 hasta el 15 de septiembre de 1907, nuestra población se llamó oficialmente “Villa del Torreón”. Dicho día de septiembre fue elevada al rango de ciudad. Sin embargo, Torreón no era cualquier villa. Era un pujante centro agroindustrial, ubicada en el cruce del Ferrocarril Central Mexicano y el Ferrocarril Internacional Mexicano. 

El Ferrocarril Internacional Mexicano en su paso por La Laguna *
Era una población de carácter agroindustrial. Algodón convertido en hilados y tejidos; su semilla, que exprimida brindaba el aceite que servía para fabricar jabones, y con cuyos residuos se alimentaba al ganado. 
Para 1910, apenas con 14 años de villa y 3 de ciudad, esta pujante población llamada Torreón contaba con un ferrocarril eléctrico, el tercero del país; dos fábricas de hilados y tejidos de algodón, una era “La Fe” con 500 operarios y un millón de pesos de la época, de capital, y la otra, “La Constancia”, con 300 operarios y un capital de cuatrocientos ochenta mil pesos. 
La joven población contaba también con una fábrica de aceites de algodón y de jabones denominada “La Unión” con 200 operarios y un capital de un millón de pesos. Había asimismo una fábrica de artefactos de ixtle, cuya razón social era “La Laguna”, con 100 operarios y un capital de doscientos mil pesos. 
Torreón contaba también con una fábrica de cerveza, que laboraba con 31 operarios y un capital de ciento cincuenta mil pesos. Existía también una fábrica de excelentes ladrillos, muchos de los cuales aún adornan las viejas construcciones citadinas de la época. Esta fábrica operaba con 150 empleados, y contaba con un capital de cien mil pesos. 
En cuestiones de metalurgia, Torreón contaba con una fundición de hierro, con 45 obreros y sesenta mil pesos de capital. En este mismo rubro entra la “Compañía Metalúrgica de Torreón”, con un capital de dos millones y medio de pesos. 
Otras fuentes de empleo eran: la fábrica de cerillos, con 69 obreros y un capital de veinte mil pesos; una fábrica de muebles que laboraba con 18 obreros y un capital de diez mil pesos; una fábrica de artefactos de madera, de 15 operarios y diez mil pesos de capital; una fábrica de bebidas gaseosas, de 20 operarios y diez mil pesos de capital. 
Recordemos que hablamos de Torreón con algunas de las factorías con que contaba en 1910. Sus capitales sumaban unos seis millones de pesos, y los obreros superaban por mucho los 1,500. 
Entre los muchos empleados de la Metalúrgica en 1906 contamos a Adolfo Barrera, contador; N.G. Bresthorton, químico; C.W. Cain, ayudante de maestro mecánico; José Elizondo, agente general; H.F. Goodjohn, ensayador; Ernesto Harmes, ingeniero superintendente, W.F. Holliday, maestro de albañiles; Martin Karg, fundidor; Ángel Lines, fundidor; Ernesto Madero, presidente de la compañía; J.H. Madam, ingeniero; C.H. Martín, maestro mecánico; Hugh Mc Callick, jefe de hornos; J. Pepper, fundidor; J. Whitehead, ensayador. 
Hortalizas chinas
Había tal generación de riqueza agroindustrial en la villa, luego ciudad de Torreón, que incluso llegó a tener nombre chino, y era este un nombre emblemático: TSAI YÜAN, “Jardín de las Verduras” por la horticultura, en la que tanto destacaron los numerosos torreonenses de origen chino. 


* Fotografía del Ferrocarril Internacional Mexicano en la Estación Mayrán, del blog del Dr. Samuel Banda. 


viernes, julio 08, 2016

Aguas y haciendas en San Lorenzo de La Laguna



El "Charco de Texas" Mapa colección Orozco y Berra, 844-25


En diciembre de 1786, fecha en que el padre Dionisio Gutiérrez, cura titular de toda La Laguna de Coahuila, con sede en Parras y viceparroquia en Álamo de Parras (Viesca) escribía su carta-informe al obispo de Durango, los marqueses de San Miguel de Aguayo contaban con tres haciendas de ovejas en la gran Hacienda de San Lorenzo de La Laguna: San José, San Juan y San Antonio.

Pero el padre Dionisio nos aclara que estas haciendas no se encontraban fijas en ciertos lugares, sino que se tenían que desplazar según cambiara el curso de las aguas del Nazas. 

Dice:

“Cuando yo entré de Cura, tenían su semestre establecimiento [medio año] en el Paraje que llaman la Sauceda; faltaron de ahí las aguas y se estableció San Juan en el Charco de Texas, y San Antonio en el antiguo San Lorenzo; faltaron las aguas de estos parajes, y este año se han establecido las tres haciendas más allá, cerca del desaguadero de Calabazas, porque se han cargado las aguas del río de Nazas a Tlahualilo, paraje situado hacia lo más interior del Bolsón para el Norte. 

Las familias de los sirvientes en estos ganados viven la temporada en jacales, porque no siendo estables las aguas no pueden hacerse edificados, y así éstas como los sirvientes se custodian por escoltas de soldados que costea el señor marqués de San Miguel de Aguayo, con cuyo auxilio y la comodidad que ofrecen los espesos bosques para esconderse los pobres pastores, se defienden en lo que se puede de los Bárbaros”.

Puesto que el padre Dionisio Gutiérrez inició su ministerio como párroco de Parras en 1764, el dato que arriba señala significa que las ovejas de los marqueses pasaban el invierno y primavera en La Sauceda. Esta región abarcaba una amplia zona que tenía su vértice sureste en el cerro “del Baicuco” (La Cuchilla) y se extendía hacia el noroeste, bordeaba la Laguna de Mayrán cerca de donde actualmente se encuentra la ciudad de San Pedro, Coahuila. 

El padre Gutiérrez continúa la narración, y dice que llegaron a faltar las aguas del río Nazas en La Sauceda, y se estableció la Hacienda de San Juan en el Charco de Texas (cerca de Matamoros, al oriente), y la Hacienda de San Antonio en el Antiguo San Lorenzo, al poniente de La Sauceda. El padre Gutiérrez describe en realidad un cambio gradual del curso del río Nazas, que dejó de correr al oriente a formar la Laguna de Mayrán para dirigirse hacia el norte, a formar la Laguna de Tlahualilo.

Por esta razón, explica, “este año” (y se refiere a 1786, ya que su carta informe lleva fecha del 31 de diciembre de dicho año) las Haciendas ovejeras de San Juan, San José y San Antonio tuvieron que desplazarse nuevamente hacia el poniente, cerca de la desembocadura del río Nazas y cerca también de la Boca de Calabazas (seguramente en lo que ahora es el municipio de Torreón). 

La razón la menciona claramente el padre Gutiérrez: “Porque se han cargado las aguas del río de Nazas a Tlahualilo, paraje situado hacia lo más interior del Bolsón para el Norte”.


El Nazas en 1781, desemboca en la Laguna de Tlahualilo, y no en la de Mayrán
Mapa del Ing. Lafora, elaborado en 1771

Continúa diciendo el padre Gutiérrez “Y de cinco años a esta parte [es decir, desde 1781] no entra una gota de agua del río Nazas a los contornos de Texas, que todo se ha cargado para el norte de Tlahualilo, como queda dicho”.


lunes, julio 04, 2016

Hipótesis y certeza histórica






Aunque el término «hipótesis» suena un tanto académico y remoto, la formulación de hipótesis es algo extremadamente cotidiano para todos nosotros, aunque no nos demos cuenta. 

Cuando pensamos: «Si le sonrío a aquella chica, se va a sonreír conmigo», estamos formulando una hipótesis predictiva, no explicativa: “si yo hago esto, va a suceder aquello”. 

Si efectivamente le sonreímos a la chica y ésta se voltea hacia otro lado con desdén, habremos comprobado que nuestra hipótesis predictiva no era correcta. Y procedemos a formular otra hipótesis, en este caso, explicativa: «Seguramente esa chica es una creída». 

De esta manera, nuestra vida transcurre llena de hipótesis, a veces mucho más trascendentales que la de cualquier investigación académica, como la del chofer del camión urbano que dice «seguro que alcanzo a atravesar la vía antes de que llegue el tren», o «esta es una simple verruga, no debe ser cancerosa».

En esencia, las hipótesis son meras afirmaciones tentativas, es decir, afirmaciones que elaboramos con base en nuestra experiencia propia, pero que deben ser comprobadas. El chofer podrá comprobar, a través de los acontecimientos, si su hipótesis era correcta, y el individuo sabrá finalmente si su verruga era o no maligna dependiendo de la presencia o ausencia de molestias y de los análisis clínicos, si llegan a ser necesarios.

Por lo general, nuestra vida transcurre entre pequeñas hipótesis cotidianas. Es nuestra manera natural de avanzar  hacia el conocimiento, de explicarnos los acontecimientos de nuestra vida y del mundo, día tras día. 

De manera semejante, en la investigación histórica la hipótesis es una afirmación apriorística que guía y le da dirección a nuestro estudio documental. Las hipótesis suelen surgir como ideas que se nos ocurren cuando revisamos los documentos del pasado: «Se me figura que pasaba esto…»,«tengo la intuición de que así funcionaban las cosas». 

Si leo el 10% de los libros de defunciones, y por lo leído afirmo que «los niños que morían en Parras en el siglo XVIII solían morir de enfermedades gastrointestinales antes de cumplir tres años de edad», habré formulado una hipótesis que tendré que comprobar o rechazar y matizar a través del estudio del 100% de los documentos que constituyen mi corpus, y no a base de charlas de café.

La ciencia avanza comprobando la veracidad o falsedad de pequeñas afirmaciones o negaciones, las cuales constituyen sólidos ladrillos para la construcción de un conocimiento más amplio. Cuando a mi estudio se le sumen las investigaciones de mortalidad infantil en el siglo XVIII en Mapimí, San Juan de Casta y Viesca, entonces las comparaciones permitirán afirmaciones mucho más amplias.

Y sumadas estas conclusiones a otras del mismo tipo y época, tendremos una imagen de cuerpo entero sobre el fenómeno de la mortalidad infantil en la Nueva España del siglo XVIII.

Por último, diremos que la ciencia histórica se interesa tanto en la comprobación como en la refutación de las hipótesis, porque ambas conclusiones generan conocimiento. Tendremos certezas de lo que fue, pero también de lo que no fue.


jueves, junio 30, 2016

El surgimiento de El País de La Laguna



Mapa de La Laguna elaborado durante el 2o Imperio. 
Colección Orozco y Berra, 3161-25



Desde 1594, los jesuitas comenzaron a explorar y a trabajar en lo que habrían de ser sus misiones de la Nueva Vizcaya: Sinaloa, Topia, Tepehuanes y lo que en 1594 el rey Felipe II —en cuyo imperio nunca se ponía el sol— llamó “La Provincia de La Laguna”. 

Tanto el General de la Compañía de Jesús, Claudio Acquaviva (1581-1615) como el Virrey de Nueva España, Luis de Velasco y el obispo de Guadalajara, Fray Domingo de Alzola, O.P. se encontraban profundamente interesados en la aculturación de los indios de esas regiones. 

Se trataba de hacerle la guerra a la barbarie, no a los bárbaros. Para ello contarían con el apoyo de indios tlaxcaltecas que harían el doble papel de agentes de cambio, enseñando a los aborígenes laguneros a cultivar la tierra, y también de refuerzos milicianos para apoyar a los colonizadores europeos en su lucha contra los ataques de apaches enemigos. 

En la Provincia de La Laguna, Santa María de las Parras, la primera reducción jesuita (concentración de aborígenes en un solo poblado) se estableció formalmente en 1598, once años antes que la primera misión de Paraguay. El territorio de misiones jesuitas fue dotado legalmente de jurisdicción política ese mismo año, quedando establecida por la corona la Alcaldía Mayor de Parras, Laguna y Río de las Nazas, tres municipios que tenían sendas cabeceras en los pueblos de indios de Parras, San Pedro de La Laguna, y San Juan de Casta. Esto nos permite entender que el territorio de las misiones jesuitas, la Alcaldía Mayor y el llamado País de La Laguna, eran la misma cosa.

Posteriormente, en 1608, la Corona apoyó la creación de una colegio que con el tiempo fue llamado “Colegio de San Ignacio” o “Colegio de la Compañía de Jesús” en Parras, que vino a ser el primer establecimiento educativo que existió en lo que actualmente conocemos como Comarca Lagunera. No es nada raro, ya que prácticamente desde que comenzó a existir, la Compañía de Jesús consideró la educación como un terreno privilegiado para el cumplimiento de su misión. 

La vocación magisterial de los jesuitas abarcaba no solamente la educación formal o institucional, sino que comprendía la activa enseñanza de la manera de ser y de pensarse como occidental (cultura, mentalidad). Y aunque los indios aborígenes de la comarca (genéricamente conocidos como “indios laguneros”) eran el objeto primordial de sus esfuerzos misioneros, la presencia jesuita también impactó a la población no aborigen, como fueron los españoles e indios mesoamericanos de Parras y La Laguna, particularmente a los tlaxcaltecas.

A finales del siglo XVI, apenas terminada la cruenta Guerra Chichimeca, la Corona, el obispado de Guadalajara (en la Nueva Galicia) y los jesuitas novohispanos ponían su mirada en el norte, y particularmente en el relativamente recién configurado Reino de la Nueva Vizcaya. Lo que este reino, gobernación o provincia abarcaría en la actualidad serían los estados de Durango, sur de Coahuila, Chihuahua, Sonora y Sinaloa. La Nueva Vizcaya era la “puerta” del virreinato, justo al norte de las riquísimas minas de Zacatecas y Mazapil. 

Este reino estaba habitado por innumerables indígenas nómadas o seminómadas que requerían de la obra civilizadora de los misioneros. Las misiones, con sus labores de reducción y enseñanza religiosa y secular, con el apoyo de las familias tlaxcaltecas que llegaron a Saltillo en 1591 y pasaron a Parras en 1598, los incorporaría poco a poco a la cultura occidental.

Como mencionamos arriba, en 1594, Felipe II permitió a los jesuitas establecer misiones en dicho reino, en los términos siguientes: “Mis Presidente y Jueces oficiales de la casa de la contratación de Sevilla: por esta mi cédula, he dado licencia a Pedro de Morales, de la Compañía de Jesús, para pasar a las Provincias de Topia, Sinaloa y La Laguna, que son en la Nueva España, y llevar diez y ocho religiosos de la dicha Compañía” 

Finalmente, en el año de 1598, la Compañía de Jesús dio formal principio a la tarea de occidentalizar a los indígenas de la región, al comenzar los trabajos de reducción de los indios que habitaban la “Provincia de La Laguna” o Comarca Lagunera. Uno de los objetivos de la llamada “reducción” sería que los indios nómadas fueran “reducidos” o “concentrados” en pueblos y que no vivieran divididos y separados por sierras y montes. 

El término “reducción” era usado pues, con el sentido de contractio, es decir, contracción de los espacios demográficos, la concentración de la población de una comarca o región en pequeños espacios urbanos o pueblos, con el objeto de que no viviera dispersa. 

Una vez concentrados en espacios urbanos nuevos, los indios podrían ser instruidos en la agricultura y ganadería, en la fe católica y en el sistema de gobierno municipal español. Así olvidarían sus viejas creencias y ritos (conversio) a la vez que aprendían a vivir “en concierto y policía”, es decir, en comunidad y en armonía, ocupados de los asuntos de la “polis”. Dejarían de ser enemigos de la corona española para convertirse en fieles súbditos civilizados, es decir, con cultura de ciudad, sedentarios, y no con la vieja cultura de cazadores y recolectores seminómadas.

Al padre Juan Agustín de Espinoza, S.J. se le considera el introductor del cristianismo y del culto católico, el fundador espiritual de la Comarca Lagunera (entonces descrita como la Alcaldia Mayor de Parras, Laguna y Río de las Nazas, es decir, de los municipios de Parras, San Pedro de La Laguna y San Juan de Casta, en cuya jurisdicción estaba Mapimí) así como fundador del primer colegio lagunero (San Ignacio) y primer superior de la Casa de los jesuitas en Parras. 

Se le describe como misionero incansable. Mártir (testigo) de Cristo hasta el desprecio de su propia vida por el servicio del Evangelio. Efectivamente, murió joven (34 años) en el cumplimiento de su ministerio. Su tumba se encuentra bajo el altar mayor del Colegio de los jesuitas en Parras. Sin duda practicó las virtudes cristianas en grado heroico, hasta sellar su testimonio con la muerte.

A la vista de las parras silvestres, los europeos introdujeron la vitis vinífera, la especie europea de la vid, para la producción de vinos y aguardientes puros de uva. En esta región, la tenencia de viñedos estaba permitida, y la producción, exenta de impuestos. Tan solo el pueblo de Santa María de las Parras producía el 75% de los vinos de la región, y el restante 25% lo compartían las haciendas de los marqueses de Aguayo y las bodegas de San Lorenzo. Fue tan exitosa la producción, que el mercado de estos vinos y aguardientes abarcaba desde Texas hasta el Istmo de Tehuantepec, y según algunos historiadores, hasta Filipinas.

La designación de “País de La Laguna” a la actual Comarca Lagunera  la hace constar (entre otros) el padre Dionisio Gutiérrez del Río, cura párroco de Parras y sus jurisdicciones en su “Carta Informe del cura de Santa María de las Parras, José Dionisio Gutiérrez, al obispo de Durango, Esteban Lorenzo de Tristán, con descripción y noticias de los pueblos y parajes de la jurisdicción de Parras”, carta firmada de su puño y letra el 31 de diciembre de 1786, conocida también como “la pequeña historia (historeta) de La laguna”. 

Esta carta tenía por objeto dar respuesta a una serie de preguntas que en relación a las misiones, número de misioneros, distancias y lugares solicitaba Carlos III por su Real Orden de 16 de mayo de 1786. En el texto de esta carta menciona el padre Gutiérrez que “La vulgaridad y relación que aquí me hicieron los Jesuitas en el tiempo que los alcanzé, daba por asentado que el motivo de haberse despoblado el País de la Laguna, o Bolsón, de los innumerables Yndios que lo habitaban, alzándose y remontándose para lo interior de dicho Bolsón hacia el Norte, había sido la inmatura entrega de sus Misiones y establecimiento de Doctrineros Seculares”. 

Aquí debemos notar dos cosas: el padre Dionisio usa el término “país” en el sentido que tenía en su tiempo, es decir, como equivalente de “región” o “comarca” y no como “nación soberana”. Por otra parte, equipara los términos “País de La Laguna” con el de “bolsón”, vocablo que en el siglo XVIII, significaba “cuenca hidrológica”. Así que ambos términos se refieren en realidad a la región conformada por la laguna o lagunas y la cuenca de los ríos que las alimentaban, el Nazas y el Buenaval (Aguanaval). En otras palabras, nuestra actual Comarca Lagunera, que se corresponde con la vieja “Provincia de La Laguna” o la “Alcaldía Mayor de Parras, Laguna y Río de las Nazas”. Todos estos términos se refieren al mismo territorio.

Por último, mencionamos el testimonio recogido por Eduardo Guerra en su Historia de La Laguna (tercera edición, febrero de 1996, p. 374) en el informe de D.B. Robinson, superintendente general del Ferrocarril Central Mexicano, de fecha del 6 de enero de 1883. 

En él cita las notas del ingeniero Morley (autor del trazo de la vía) que al hablar de Villa Lerdo y su riqueza agrícola, dice a la letra: “encontrándose colocada en lo que se conoce con el nombre del País de Las Lagunas, con motivo de encontrarse agua en abundancia”. El ingeniero Morley da testimonio de que era público y notorio que a la región se le conociera y llamara de esa manera todavía en 1883.


viernes, junio 17, 2016

El reto de historiar



Nótese cómo Bernal Díaz recalca su historia como "verdadera" en contraposición a las falsas historias que pululaban durante los primeros cincuenta años de la Nueva España


Historiar no es simplemente ponerse a escribir. Es necesario tomar en cuenta varios aspectos fundamentales antes de asir la pluma, ya que, en realidad, escribir sería la última parte del proceso. Primero que nada, hay que hacerse una serie de preguntas y responderla con la mayor honestidad, ya que tanto las motivaciones como el lugar intelectual en el que uno se sitúa son fundamentales para el éxito o fracaso de la tarea que se intenta emprender. 

¿Por qué quiero escribir? ¿Qué es lo que busco con ello? ¿Cuánto estoy dispuesto a sacrificar en aras de mi interés? Efectivamente, la respuesta honesta a estas preguntas determinará lo que haremos y cómo lo haremos. Pensar en la escritura de un texto de historia solamente “para brillar en sociedad” denota muy poco respeto por esta disciplina, a la vez que una gran ignorancia sobre su naturaleza y sus métodos. 

Para otros, la redacción de textos históricos estará motivada por intereses ideológicos, de partido o de grupo de pertenencia. Para estos escritores, hacer que los demás piensen como ellos es más importante que la verdad misma. Es decir, en este caso la historia queda reducida a mero instrumento literario con fines ideológicos o propagandísticos. 

Hay otras personas con una gran inquietud por conocer los hechos del pasado con verdad, y por divulgar sus propios hallazgos. Les caracteriza la curiosidad, el deseo de saber cómo fueron realmente las cosas. Muchas de estas personas estarían más que dispuestas a dar una parte significativa de su tiempo vital para adquirir las herramientas intelectuales y metodológicas que les permitan satisfacer su inquietud. Están dispuestas a pagar el precio, están dispuestas a crecer intelectualmente. 

Para comenzar, no toda la historia que se escribe atañe al ser humano. Los cambios climáticos, geológicos, biológicos (animales y vegetales), hidrológicos, etcétera, constituyen la materia prima para la Historia Natural, es decir, la relación o narración de los cambios que ha sufrido la naturaleza. Algunos cambios se dieron antes que otros. Con el fin de determinar, mantener y expresar el orden y sucesión con que dichos cambios se dieron, se redactan las «cronologías». 

Una cronología es una armazón intelectual, básica para la interpretación y expresión de los hechos consignados. Nos permite correlacionar los eventos (cambios) con las fechas y lugares. Solamente esta información nos permitiría escribir una historia de los dinosaurios: dónde y cuándo aparecieron, qué cambios experimentaron (dónde y cuándo), cuáles fueron los últimos (dónde, cuándo). 

Por otra parte, los fenómenos políticos, sociales, económicos, culturales, todos ellos son hechos del pasado humano que pueden ser narrados como una serie de cambios engarzados en la línea del tiempo, bajo la misma premisa: ¿qué?, ¿cuándo?, ¿dónde? Hay otros cambios más sutiles, más cotidianos, que igualmente pueden ser estudiados y narrados: la historia de la invención y de la adopción de los cubiertos de mesa, la historia de la ropa, la historia del cultivo del algodón. Porque a final de cuentas, todo lo que cambia puede ser historiado. 

lunes, junio 13, 2016

Homofobia




Tragedia en Orlando. Foto Xin Hua.


Hace una semana que las elecciones estatales cambiaron la configuración política de México. El partido blanquiazul ganó más gubernaturas que el tricolor. Efectivamente, detrás de los hechos se encuentra el "mal humor" de una sociedad agraviada y harta de violencia, de corrupción, de impunidad, de pobreza creciente, de gobiernos que solamente cuidan de sus propios intereses, desligados por completo de los de la ciudadanía. Esta sociedad agraviada emitió un voto de castigo por las razones mencionadas: esos votos se los otorgó al partido Acción Nacional.

En lo personal,  me alegra que funcione un proceso democrático como el de hace una semana. La ciudadanía tiene todo el derecho a hacer valer su opinión a través del voto. Pero a la vez me parece oportunismo político que los ganadores blanquiazules declaren que ganaron las votaciones en esos estados de la república a causa del repudio de la ciudadanía al proyecto de ley del presidente Peña Nieto, que busca legalizar, a nivel nacional, el matrimonio entre ciudadanos del mismo sexo. 

Visto así, pareciera que el triunfo panista fuera de carácter ideológico y moral, como si los ciudadanos que votaron estuvieran más molestos y de más "mal humor" por el proyecto de ley del presidente, que por los agravios del mal gobierno. En realidad, la ley propuesta por Peña Nieto solamente daría cumplimiento cabal en todo el país a lo decidido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación del 12 de junio de 2015, que establece que todos los jueces del país deben aceptar este tipo de matrimonio.

En algunos estados ya se encuentra incorporado a sus leyes, en otros no. Pero el criterio final fue establecido por la jurisprudencia de la Suprema Corte. Y esto lo saben los triunfadores panistas de dichos estados, que al hacer tales declaraciones, solo buscan "llevar agua a su molino", es decir, a su agenda política.

El Estado Mexicano no puede ni debe ser un rehén, manipulado por las iglesias, sean de la denominación que sean, mayoritarias o minoritarias. El ámbito de lo religioso no es el ámbito de lo civil. Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Si esta clase de unión ofende el credo de las diversas iglesias,  entonces cada iglesia debe advertir a sus fieles que en su seno no se toleran ese tipo de uniones. Pero no pueden pretender que el Estado asuma y haga obligatorios como ley sus particulares puntos de vista. 

No demos interpretaciones que no vienen al caso. Lo que realmente les dio el triunfo a los panistas en esos estados, fue el voto de castigo, el rechazo a todos los agravios que ha venido padeciendo la ciudadanía, y que fueron la verdadera razón para dar el voto al PAN. Por otra parte, asumir agendas homofóbicas como política de partido, solamente puede llevar a desastres como los de Orlando, en Florida.