Escudo de Torreón

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viernes, julio 22, 2016

El Nazas y tajos a finales del siglo XVIII


El Nazas y la Laguna de Tlahualilo en 1771, por el Ing. Lafora.
El mapa muestra los dos cursos que podía tomar el Nazas, formando diferentes lagunas.

Es muy interesante analizar las actas sacramentales de la vice parroquia del Álamo de Parras (Viesca, Coahuila) cuya jurisdicción eclesiástica abarcaba la totalidad de la gran Hacienda de San Lorenzo de La Laguna, ya que no solamente contienen noticias de carácter genealógico, de estatus racial y legal, sino también de cuestiones hidrológicas. 
Durante el último tercio del siglo XVIII, dichas actas sacramentales mencionan no solamente que el curso del río Nazas iba hacia el norte, hacia Tlahualilo, sino que también mencionan los “tajos” (cauces naturales o excavados) que los marqueses de San Miguel de Aguayo aprovecharon para tomar el agua desde la Boca de Calabazas hacia sus haciendas ovejeras, para suplir el agua del río que, según el padre Gutiérrez, ya no fluía hacia el oriente. 
Se mencionan varios “tajos” como el de La Cruz o el de Río de las Nazas. Un ejemplo de lo anterior lo encontramos en la partida de bautismo de María Saturnina Tomasa Hernández Barraza, “loba” [“Lobo”, mezcla de español, indio y negro] bautizada el 29 de diciembre de 1789. 
El texto de la partida indica “que nació en el Tajo, Río de las Nazas, Laguna de Tagualilo, Rancho de San Antonio del señor marqués de Aguayo” el 30 de noviembre de 1789, como hija legítima de Francisco Hernández en la Sauceda de esta jurisdicción, Rancho de San Antonio del marqués de Aguayo, Río de las Nazas, Laguna de Tagualilo de esta jurisdicción, y de María Juliana Barraza, de San Juan de Casta, jurisdicción de Mapimí, y legítimamente casados.
“Y porque a la presente viven y habitan en el Rancho de San Antonio del marqués de Aguayo; en el Tajo Río de las Nazas, Laguna de Tagualilo desta vecindad y jurisdicción”, fueron padrinos, que la tuvieron o recibieron, Josef Alvino Chavarría del Rancho de San Antonio del marqués de Aguayo, jurisdicción de San Francisco de los Patos perteneciente al pueblo de Santa María de las Parras, y su mujer, María Michaela Peinado, de la estancia de Aguanueva, jurisdicción de la villa de Santiago del Saltillo. 
La partida bautismal la firma don Manuel Sáenz de Juangorena, capellán de la Segunda Compañía Volante de San Carlos de Parras, y "actual teniente de cura" del pueblo de San José y Santiago del Álamo. 
En partida parroquial de San José y Santiago del Álamo (Viesca) consta que el 26 de enero de 1793 se bautizó a un niño, Pedro Marcelo, “mulato”, [mezcla de español y negra] hijo de Ambrocio “Anrríquez” “mulato”, originario de Patos y de María Poncina Díaz, originaria de Patos. Nació el 16 del mismo mes, en “el Tajo de la Cruz y Rancho de San José” perteneciente al señor marqués de San Miguel de Aguayo.
En la partida de matrimonio asentada en San José y Santiago del Álamo (Viesca) del 10 de noviembre de 1794, se menciona a Juan José Serapio Sánchez, “lobo” de madre “mestiza”, originario de Patos (General Cepeda) huérfano de padre y residente en el rancho de San Antonio, “agostadero de esta jurisdicción” perteneciente al señor marqués de San Miguel de Aguayo. Casó con María de la Cruz Gómez, “mestiza” originaria de La Sauceda. Para finalizar, mencionamos que el padre Dionisio Gutiérrez afirmaba que el Río Nazas no corrió hacia el oriente por varios años.


jueves, diciembre 17, 2009

1612 y 1613 en la historia hidrológica lagunera


La balsa de "totora", prima sudamericana de la "naboya" lagunera

Los años de 1612 y 1613, fueron memorables en la historia hidrológica de la Comarca Lagunera, llamada por entonces Provincia de La laguna. Muchas personas piensan que no existen registros de la conducta del Nazas y del Aguanaval sino hasta tiempos modernos, pero esto no es verdad. Basta dar un vistazo a los manuscritos de los archivos, como el del Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Iberoamericana Torreón.

En 1612, las avenidas del Río Nazas, desde principios de julio hasta finales de septiembre, fueron extraordinarias, al punto de que los laguneros de entonces no recordaban algo parecido en 30 años. En el pueblo de San Ignacio, las primeras avenidas dejaron su iglesia sin los estribos que la apuntalaban, y la tercera avenida, la derribó por completo. Es un dato de tomar en cuenta, que los primeros bordos de defensa edificados para proteger a una población de las avenidas del Nazas, se construyeron ese año en ese pueblo, 356 años antes que los de Torreón de 1968. Y aunque el pueblo salió ileso, no sucedió así con la iglesia.

En el pueblo de San Pedro, el río excavó una gran boca o hendidura por la cual se coló el agua a parte del pueblo, pero con la fuerza que traía el agua, el río abrió un enorme canal, y la amenaza resultó ser tan grande, que los habitantes de San Pedro huyeron despavoridos. Hay que recordar que La Comarca Lagunera era tierra de misiones, y que los pueblos estaban poblados por indios. En la era colonial, los pueblos solían ser de indios. En el caso de los ya citados, se trataba de indios laguneros. Quienes huyeron despavoridos en San Pedro eran indios laguneros, y recordaban que en una ocasión semejante, se había ahogado un gran número de sus ancestros.

Así que entre rayos y tormenta, huyeron los sampetrinos, caminando con el agua hasta la cintura, y en las partes profundas de los esteros, navegando sobre sus naboyas, esas balsas tan poco mencionadas por nuestra historia regional, construidas con rollos de espadaña o tule, amarrados entre sí. Buscaron refugio entre los mezquitales o en los sitios altos donde pudieran guarecerse.

Durante el año de 1613 pasó exactamente a la inversa. Fue tal la sequía, que los indígenas temían que el río se secase por completo. Ellos sabían y daban testimonio de que, en el pasado prehispánico, esto había sucedido muchas veces, y que el fenómeno siempre llevaba consigo una lucha a muerte entre las “naciones” por la posesión de los esteros de la laguna grande. Los esteros en tiempo de secas aparecen dibujados en el mapa glosado de Núñez de Esquivel y de Dionisio Gutiérrez, de 1787. Es revelador que las primeras luchas por el agua no se dieron entre españoles y tlaxcaltecas en Parras, sino en la cuenca de la Laguna de Mayrán desde siglos, quizá milenios atrás.

En tiempos de sequía, quienes lograban la posesión de los esteros contaban con agua y peces para algún tiempo. Pero la situación misma de sequía generaba grandes hambrunas, que muchas veces se “resolvieron” –tal fue el testimonio de los aborígenes en 1613- con la lucha de unas “rancherías”, “naciones” o “grupos” contra otros, sobre todo contra aquellos grupos con los cuales tenían enemistad, con el objeto de matarlos y comérselos. Es decir, en tiempos de hambre extrema, la guerra con fines de antropofagia fue una práctica de los aborígenes laguneros. Afortunadamente, no llegaron a este punto en 1613, ni nunca más incurrieron en algo semejante.