Escudo de Torreón

Escudo de Torreón

jueves, junio 30, 2016

El surgimiento de El País de La Laguna



Mapa de La Laguna elaborado durante el 2o Imperio. 
Colección Orozco y Berra, 3161-25



Desde 1594, los jesuitas comenzaron a explorar y a trabajar en lo que habrían de ser sus misiones de la Nueva Vizcaya: Sinaloa, Topia, Tepehuanes y lo que en 1594 el rey Felipe II —en cuyo imperio nunca se ponía el sol— llamó “La Provincia de La Laguna”. 

Tanto el General de la Compañía de Jesús, Claudio Acquaviva (1581-1615) como el Virrey de Nueva España, Luis de Velasco y el obispo de Guadalajara, Fray Domingo de Alzola, O.P. se encontraban profundamente interesados en la aculturación de los indios de esas regiones. 

Se trataba de hacerle la guerra a la barbarie, no a los bárbaros. Para ello contarían con el apoyo de indios tlaxcaltecas que harían el doble papel de agentes de cambio, enseñando a los aborígenes laguneros a cultivar la tierra, y también de refuerzos milicianos para apoyar a los colonizadores europeos en su lucha contra los ataques de apaches enemigos. 

En la Provincia de La Laguna, Santa María de las Parras, la primera reducción jesuita (concentración de aborígenes en un solo poblado) se estableció formalmente en 1598, once años antes que la primera misión de Paraguay. El territorio de misiones jesuitas fue dotado legalmente de jurisdicción política ese mismo año, quedando establecida por la corona la Alcaldía Mayor de Parras, Laguna y Río de las Nazas, tres municipios que tenían sendas cabeceras en los pueblos de indios de Parras, San Pedro de La Laguna, y San Juan de Casta. Esto nos permite entender que el territorio de las misiones jesuitas, la Alcaldía Mayor y el llamado País de La Laguna, eran la misma cosa.

Posteriormente, en 1608, la Corona apoyó la creación de una colegio que con el tiempo fue llamado “Colegio de San Ignacio” o “Colegio de la Compañía de Jesús” en Parras, que vino a ser el primer establecimiento educativo que existió en lo que actualmente conocemos como Comarca Lagunera. No es nada raro, ya que prácticamente desde que comenzó a existir, la Compañía de Jesús consideró la educación como un terreno privilegiado para el cumplimiento de su misión. 

La vocación magisterial de los jesuitas abarcaba no solamente la educación formal o institucional, sino que comprendía la activa enseñanza de la manera de ser y de pensarse como occidental (cultura, mentalidad). Y aunque los indios aborígenes de la comarca (genéricamente conocidos como “indios laguneros”) eran el objeto primordial de sus esfuerzos misioneros, la presencia jesuita también impactó a la población no aborigen, como fueron los españoles e indios mesoamericanos de Parras y La Laguna, particularmente a los tlaxcaltecas.

A finales del siglo XVI, apenas terminada la cruenta Guerra Chichimeca, la Corona, el obispado de Guadalajara (en la Nueva Galicia) y los jesuitas novohispanos ponían su mirada en el norte, y particularmente en el relativamente recién configurado Reino de la Nueva Vizcaya. Lo que este reino, gobernación o provincia abarcaría en la actualidad serían los estados de Durango, sur de Coahuila, Chihuahua, Sonora y Sinaloa. La Nueva Vizcaya era la “puerta” del virreinato, justo al norte de las riquísimas minas de Zacatecas y Mazapil. 

Este reino estaba habitado por innumerables indígenas nómadas o seminómadas que requerían de la obra civilizadora de los misioneros. Las misiones, con sus labores de reducción y enseñanza religiosa y secular, con el apoyo de las familias tlaxcaltecas que llegaron a Saltillo en 1591 y pasaron a Parras en 1598, los incorporaría poco a poco a la cultura occidental.

Como mencionamos arriba, en 1594, Felipe II permitió a los jesuitas establecer misiones en dicho reino, en los términos siguientes: “Mis Presidente y Jueces oficiales de la casa de la contratación de Sevilla: por esta mi cédula, he dado licencia a Pedro de Morales, de la Compañía de Jesús, para pasar a las Provincias de Topia, Sinaloa y La Laguna, que son en la Nueva España, y llevar diez y ocho religiosos de la dicha Compañía” 

Finalmente, en el año de 1598, la Compañía de Jesús dio formal principio a la tarea de occidentalizar a los indígenas de la región, al comenzar los trabajos de reducción de los indios que habitaban la “Provincia de La Laguna” o Comarca Lagunera. Uno de los objetivos de la llamada “reducción” sería que los indios nómadas fueran “reducidos” o “concentrados” en pueblos y que no vivieran divididos y separados por sierras y montes. 

El término “reducción” era usado pues, con el sentido de contractio, es decir, contracción de los espacios demográficos, la concentración de la población de una comarca o región en pequeños espacios urbanos o pueblos, con el objeto de que no viviera dispersa. 

Una vez concentrados en espacios urbanos nuevos, los indios podrían ser instruidos en la agricultura y ganadería, en la fe católica y en el sistema de gobierno municipal español. Así olvidarían sus viejas creencias y ritos (conversio) a la vez que aprendían a vivir “en concierto y policía”, es decir, en comunidad y en armonía, ocupados de los asuntos de la “polis”. Dejarían de ser enemigos de la corona española para convertirse en fieles súbditos civilizados, es decir, con cultura de ciudad, sedentarios, y no con la vieja cultura de cazadores y recolectores seminómadas.

Al padre Juan Agustín de Espinoza, S.J. se le considera el introductor del cristianismo y del culto católico, el fundador espiritual de la Comarca Lagunera (entonces descrita como la Alcaldia Mayor de Parras, Laguna y Río de las Nazas, es decir, de los municipios de Parras, San Pedro de La Laguna y San Juan de Casta, en cuya jurisdicción estaba Mapimí) así como fundador del primer colegio lagunero (San Ignacio) y primer superior de la Casa de los jesuitas en Parras. 

Se le describe como misionero incansable. Mártir (testigo) de Cristo hasta el desprecio de su propia vida por el servicio del Evangelio. Efectivamente, murió joven (34 años) en el cumplimiento de su ministerio. Su tumba se encuentra bajo el altar mayor del Colegio de los jesuitas en Parras. Sin duda practicó las virtudes cristianas en grado heroico, hasta sellar su testimonio con la muerte.

A la vista de las parras silvestres, los europeos introdujeron la vitis vinífera, la especie europea de la vid, para la producción de vinos y aguardientes puros de uva. En esta región, la tenencia de viñedos estaba permitida, y la producción, exenta de impuestos. Tan solo el pueblo de Santa María de las Parras producía el 75% de los vinos de la región, y el restante 25% lo compartían las haciendas de los marqueses de Aguayo y las bodegas de San Lorenzo. Fue tan exitosa la producción, que el mercado de estos vinos y aguardientes abarcaba desde Texas hasta el Istmo de Tehuantepec, y según algunos historiadores, hasta Filipinas.

La designación de “País de La Laguna” a la actual Comarca Lagunera  la hace constar (entre otros) el padre Dionisio Gutiérrez del Río, cura párroco de Parras y sus jurisdicciones en su “Carta Informe del cura de Santa María de las Parras, José Dionisio Gutiérrez, al obispo de Durango, Esteban Lorenzo de Tristán, con descripción y noticias de los pueblos y parajes de la jurisdicción de Parras”, carta firmada de su puño y letra el 31 de diciembre de 1786, conocida también como “la pequeña historia (historeta) de La laguna”. 

Esta carta tenía por objeto dar respuesta a una serie de preguntas que en relación a las misiones, número de misioneros, distancias y lugares solicitaba Carlos III por su Real Orden de 16 de mayo de 1786. En el texto de esta carta menciona el padre Gutiérrez que “La vulgaridad y relación que aquí me hicieron los Jesuitas en el tiempo que los alcanzé, daba por asentado que el motivo de haberse despoblado el País de la Laguna, o Bolsón, de los innumerables Yndios que lo habitaban, alzándose y remontándose para lo interior de dicho Bolsón hacia el Norte, había sido la inmatura entrega de sus Misiones y establecimiento de Doctrineros Seculares”. 

Aquí debemos notar dos cosas: el padre Dionisio usa el término “país” en el sentido que tenía en su tiempo, es decir, como equivalente de “región” o “comarca” y no como “nación soberana”. Por otra parte, equipara los términos “País de La Laguna” con el de “bolsón”, vocablo que en el siglo XVIII, significaba “cuenca hidrológica”. Así que ambos términos se refieren en realidad a la región conformada por la laguna o lagunas y la cuenca de los ríos que las alimentaban, el Nazas y el Buenaval (Aguanaval). En otras palabras, nuestra actual Comarca Lagunera, que se corresponde con la vieja “Provincia de La Laguna” o la “Alcaldía Mayor de Parras, Laguna y Río de las Nazas”. Todos estos términos se refieren al mismo territorio.

Por último, mencionamos el testimonio recogido por Eduardo Guerra en su Historia de La Laguna (tercera edición, febrero de 1996, p. 374) en el informe de D.B. Robinson, superintendente general del Ferrocarril Central Mexicano, de fecha del 6 de enero de 1883. 

En él cita las notas del ingeniero Morley (autor del trazo de la vía) que al hablar de Villa Lerdo y su riqueza agrícola, dice a la letra: “encontrándose colocada en lo que se conoce con el nombre del País de Las Lagunas, con motivo de encontrarse agua en abundancia”. El ingeniero Morley da testimonio de que era público y notorio que a la región se le conociera y llamara de esa manera todavía en 1883.


viernes, junio 17, 2016

El reto de historiar



Nótese cómo Bernal Díaz recalca su historia como "verdadera" en contraposición a las falsas historias que pululaban durante los primeros cincuenta años de la Nueva España


Historiar no es simplemente ponerse a escribir. Es necesario tomar en cuenta varios aspectos fundamentales antes de asir la pluma, ya que, en realidad, escribir sería la última parte del proceso. Primero que nada, hay que hacerse una serie de preguntas y responderla con la mayor honestidad, ya que tanto las motivaciones como el lugar intelectual en el que uno se sitúa son fundamentales para el éxito o fracaso de la tarea que se intenta emprender. 

¿Por qué quiero escribir? ¿Qué es lo que busco con ello? ¿Cuánto estoy dispuesto a sacrificar en aras de mi interés? Efectivamente, la respuesta honesta a estas preguntas determinará lo que haremos y cómo lo haremos. Pensar en la escritura de un texto de historia solamente “para brillar en sociedad” denota muy poco respeto por esta disciplina, a la vez que una gran ignorancia sobre su naturaleza y sus métodos. 

Para otros, la redacción de textos históricos estará motivada por intereses ideológicos, de partido o de grupo de pertenencia. Para estos escritores, hacer que los demás piensen como ellos es más importante que la verdad misma. Es decir, en este caso la historia queda reducida a mero instrumento literario con fines ideológicos o propagandísticos. 

Hay otras personas con una gran inquietud por conocer los hechos del pasado con verdad, y por divulgar sus propios hallazgos. Les caracteriza la curiosidad, el deseo de saber cómo fueron realmente las cosas. Muchas de estas personas estarían más que dispuestas a dar una parte significativa de su tiempo vital para adquirir las herramientas intelectuales y metodológicas que les permitan satisfacer su inquietud. Están dispuestas a pagar el precio, están dispuestas a crecer intelectualmente. 

Para comenzar, no toda la historia que se escribe atañe al ser humano. Los cambios climáticos, geológicos, biológicos (animales y vegetales), hidrológicos, etcétera, constituyen la materia prima para la Historia Natural, es decir, la relación o narración de los cambios que ha sufrido la naturaleza. Algunos cambios se dieron antes que otros. Con el fin de determinar, mantener y expresar el orden y sucesión con que dichos cambios se dieron, se redactan las «cronologías». 

Una cronología es una armazón intelectual, básica para la interpretación y expresión de los hechos consignados. Nos permite correlacionar los eventos (cambios) con las fechas y lugares. Solamente esta información nos permitiría escribir una historia de los dinosaurios: dónde y cuándo aparecieron, qué cambios experimentaron (dónde y cuándo), cuáles fueron los últimos (dónde, cuándo). 

Por otra parte, los fenómenos políticos, sociales, económicos, culturales, todos ellos son hechos del pasado humano que pueden ser narrados como una serie de cambios engarzados en la línea del tiempo, bajo la misma premisa: ¿qué?, ¿cuándo?, ¿dónde? Hay otros cambios más sutiles, más cotidianos, que igualmente pueden ser estudiados y narrados: la historia de la invención y de la adopción de los cubiertos de mesa, la historia de la ropa, la historia del cultivo del algodón. Porque a final de cuentas, todo lo que cambia puede ser historiado. 

lunes, junio 13, 2016

Homofobia




Tragedia en Orlando. Foto Xin Hua.


Hace una semana que las elecciones estatales cambiaron la configuración política de México. El partido blanquiazul ganó más gubernaturas que el tricolor. Efectivamente, detrás de los hechos se encuentra el "mal humor" de una sociedad agraviada y harta de violencia, de corrupción, de impunidad, de pobreza creciente, de gobiernos que solamente cuidan de sus propios intereses, desligados por completo de los de la ciudadanía. Esta sociedad agraviada emitió un voto de castigo por las razones mencionadas: esos votos se los otorgó al partido Acción Nacional.

En lo personal,  me alegra que funcione un proceso democrático como el de hace una semana. La ciudadanía tiene todo el derecho a hacer valer su opinión a través del voto. Pero a la vez me parece oportunismo político que los ganadores blanquiazules declaren que ganaron las votaciones en esos estados de la república a causa del repudio de la ciudadanía al proyecto de ley del presidente Peña Nieto, que busca legalizar, a nivel nacional, el matrimonio entre ciudadanos del mismo sexo. 

Visto así, pareciera que el triunfo panista fuera de carácter ideológico y moral, como si los ciudadanos que votaron estuvieran más molestos y de más "mal humor" por el proyecto de ley del presidente, que por los agravios del mal gobierno. En realidad, la ley propuesta por Peña Nieto solamente daría cumplimiento cabal en todo el país a lo decidido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación del 12 de junio de 2015, que establece que todos los jueces del país deben aceptar este tipo de matrimonio.

En algunos estados ya se encuentra incorporado a sus leyes, en otros no. Pero el criterio final fue establecido por la jurisprudencia de la Suprema Corte. Y esto lo saben los triunfadores panistas de dichos estados, que al hacer tales declaraciones, solo buscan "llevar agua a su molino", es decir, a su agenda política.

El Estado Mexicano no puede ni debe ser un rehén, manipulado por las iglesias, sean de la denominación que sean, mayoritarias o minoritarias. El ámbito de lo religioso no es el ámbito de lo civil. Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Si esta clase de unión ofende el credo de las diversas iglesias,  entonces cada iglesia debe advertir a sus fieles que en su seno no se toleran ese tipo de uniones. Pero no pueden pretender que el Estado asuma y haga obligatorios como ley sus particulares puntos de vista. 

No demos interpretaciones que no vienen al caso. Lo que realmente les dio el triunfo a los panistas en esos estados, fue el voto de castigo, el rechazo a todos los agravios que ha venido padeciendo la ciudadanía, y que fueron la verdadera razón para dar el voto al PAN. Por otra parte, asumir agendas homofóbicas como política de partido, solamente puede llevar a desastres como los de Orlando, en Florida.







viernes, junio 10, 2016

Nuevo libro de la Ibero Torreón







La Universidad Iberoamericana Torreón, a través del Centro de Investigaciones Históricas y con el apoyo del Centro de Difusión Editorial, ha editado un nuevo libro que lleva por nombre “El Rancho de La Concepción. Trashumancia laboral: factor del proceso de formación de una identidad regional lagunera, siglos XVIII y XIX”, de mi autoría. 

Desde luego, este libro es el resultado de un proyecto de investigación en torno a uno de los factores que intervinieron en el surgimiento de un fenómeno social: la formación de una identidad lagunera durante los siglos XVIII y XIX. La pregunta inicial que buscaba responder esta investigación era la siguiente: ¿realmente existía una identidad regional, es decir, rasgos de mentalidad socialmente compartidos en la percepción de la realidad y en la expresión de los mismos a través de la acción cotidiana (rasgos culturales) que distinguían a los laguneros de los habitantes de otras regiones? ¿Eran conscientes de esa singularidad diferenciadora? 

La respuesta a esta pregunta, basada en fuentes primarias de los siglos estudiados y en el testimonio de movimientos sociales cuyo propósito aparente era el de crear en La Laguna una nueva entidad federativa, es positiva. Efectivamente, sí existió, como aún existe, dicha identidad, aunque no necesariamente de la misma manera. 

Otra pregunta que se planteaba la investigación, ahora transformada en libro, era esta: ¿cuáles pudieron ser los factores forjadores de una identidad regional en el País de La Laguna?  El libro menciona una serie de factores concomitantes, pero se interesa de manera particular en uno de ellos: la “trashumancia laboral” en los siglos XVIII y XIX. 

La Real Academia define el verbo trashumar como “cambiar periódicamente de lugar” (del Lat. trans, tras, humus [tierra]), en este caso, en las haciendas y ranchos de los marqueses de Aguayo (sobre todo en La Laguna de Coahuila) sumados a las de los condes de San Pedro del Álamo (en La Laguna de Durango), los cuales generaron una vasta oferta de trabajo para jornaleros regionales que se mudaban a los ranchos donde se requerían sus servicios. 

Los marqueses y los condes mencionados se unieron por matrimonio a principios del siglo XVIII, y sus propiedades laguneras constituyeron una fuente de trabajo de carácter agropecuario para estos jornaleros, según los tiempos y las necesidades de cada rancho y hacienda. De esta manera, se fue creando una consciencia colectiva de pertenencia a un ámbito y a una economía laguneras, y el trabajo duro se fue convirtiendo en un valor social.

Para la realización de este estudio se tomó el padrón de 1848 del Rancho de La Concepción. Se transcribió íntegramente, a la vez que se realizó una investigación genealógica por cada familia. Es notable comprobar cómo los hijos de los mismos padres nacían en diferentes lugares de la Comarca. 

El libro incluye historias de caso que son muy ilustrativas. Por otra parte, los habitantes del Rancho de la Concepción, lugar que aparece en uno de los mapas de Humboldt de 1804, se convirtieron en las familias torreonenses más antiguas del municipio y de la ciudad. Eduardo Guerra menciona en su “Historia de Torreón” que para la construcción del primer torreón en 1850, Zuloaga empleó peones de La Concepción. Y en 1893, al crearse la villa y municipio de Torreón, estas familias quedaron dentro de su jurisdicción.  


viernes, junio 03, 2016

Hamburguesas de Torreón



Hamburguesa de "El Pollo"


Según las varias fuentes consultadas, la hamburguesa, tal y como la conocemos actualmente, una pieza de carne de res molida y sazonada, frita o cocida a la plancha, acompañada de aderezo y verdura, todo colocado dentro de dos piezas de pan circular, surgió en los Estados Unidos entre la primera década del siglo XX y la gran depresión de 1929. Se trataría de un platillo de “comida rápida” satisfactoria y económica para el consumo popular durante una era de penuria.

El ferrocarril, ese puente cultural móvil del cual ya hemos escrito en otro artículo, permitió la difusión de innovaciones, entre ellas las gastronómicas, desde los Estados Unidos a La Laguna, siendo la hamburguesa una de esas innovaciones.

En Torreón, la hamburguesa comenzó “desde arriba”, es decir, solamente aparecía en los menús de los restaurantes establecidos. En 1935 encontramos las versiones de plancha y sin pan en el “Café Acrópolis” y en el “Café Apolo” que con el tiempo se convertiría en el celebérrimo “Apolo Palacio”. En 1939 ya se ofrecía con su guarnición de papas a la francesa en el restaurant “Princesa”, frente al Cinelena. 

Para 1946, la versión de la hamburguesa emparedada ya había surgido, pues la panadería “La Colmena” (de larga prosapia) ofrecía “molletes para hamburguesa”. Al año siguiente las anunciaban en el merendero “Meléndez” y en el “Tomeipague”. En 1955 se degustaban en “La Carreta”, en Juárez y calle 31. 

En esos mismos años se popularizaron las inolvidables hamburguesas de la “Nevería Estrella” con su guarnición de ensalada rusa. En los sesentas, la “super hamburguesa” se consumía en “La Rambla”. A principios de los setentas, en “Oly”, “Pollo Santos” y “Funny Chicken”. Desde los años cuarenta, los restaurantes fueron incluyendo la hamburguesa emparedada en sus menús. En 1973, el restaurant “Pronto” en Hidalgo 1220 poniente las ofrecía con servicio a domicilio. 

El consumo de hamburguesas se hizo tan popular que en esa época surgieron los establecimientos dedicados principalmente a la venta de estos platillos, como “Pit Burguer”, “Tío Sam”, “Bam-Bam” o el “Chicos Burguer”. Para 1977 era tan vasto el consumo que comenzó a venderse la hamburguesa al carbón en carritos y remolques (ahora les llamaríamos pequeños “food trucks”). Fue entonces cuando nuestra ciudad comenzó a llenarse de carritos hamburgueseros casi en cada calle o avenida, todos nocturnos.




Porque en efecto, en Torreón la hamburguesa se encuentra en las calles solamente por las noches. Es un platillo nocturno extremadamente popular. La cadena Mc Donalds comenzó en los Estados Unidos en 1940. Cuando en 1993 llegó a Torreón, la ciudad contaba con una larga tradición de producción y consumo de hamburguesas muy al gusto de los torreonenses. 

Mc Donald´s y otras prestigiadas cadenas nacionales llegaron a establecerse y a quedarse en Torreón, pero nunca pudieron abatir, ni siquiera competir, con la hamburguesa callejera, que contaba y cuenta con una gran demanda, poca inversión, abundantes ganancias y numerosos parroquianos hechos al sabor deliciosamente mexicano de este producto. 


Hamburguesas "La Laminita"


Y aunque en la actualidad existen negocios locales de hamburguesas gourmet muy bien puestos, por las noches los pequeños remolques de Torreón continúan impregnando el ambiente con una sinfonía de olores de humo de carbón, carne asada, queso, tocino, mostaza, mayonesa, catsup, cebolla, tomate, lechuga y chile jalapeño. 

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domingo, mayo 29, 2016

Agostaderos coloniales






Los marqueses de San Miguel de Aguayo gozaban de la propiedad del mayorazgo (bienes indivisibles que pasaban por herencia del padre al hijo mayor) concedido el año de 1682, por el Rey Carlos II, a los descendientes del conquistador don Francisco de Urdiñola.

Por la “Historia de la Laguna” de Eduardo Guerra, sabemos que por el año de 1730 los límites del mayorazgo llegaban a los linderos del vecindario de Santa María de las Parras, y con el fin de acrecentarlo, el Marqués solicitó y obtuvo que le fueran mercedadas unas tierras que resultaron con una extensión de ciento quince sitios de ganado menor. 

El 18 de abril de 1731, el alcalde mayor de Parras y teniente de capitán general en Santa María de las Parras y villa del Saltillo, don Prudencio de Bastierra, le dio la posesión material de los 115 ¼ sitios de ganado menor mercedados a los marqueses de Aguayo. 

La solicitud de merced la había hecho don Joseph de Azlor Virto de Vera, tercer esposo de doña Ignacia Javiera de Echeverz y Subiza, segunda marquesa de San Miguel de Aguayo.  El remate lo llevó a cabo don José Mesía de la Cerda y Vargas, oidor de la Real Audiencia de Guadalajara y juez superintendente general de composición de tierras por título despachado en Guadalajara el 22 de enero de 1731.  

Las tierras del mayorazgo se acrecentaron con otras mercedes en 1740 y 1741, y por compra en 1760, a don Andrés Joseph de Velasco.  De esta manera, se fue conformando una de las muchas haciendas de los marqueses, la enorme Hacienda de San Lorenzo de La Laguna, en la Nueva Vizcaya, cuya mayor superficie se ubicaba en Coahuila y una faja de Durango. Harris menciona sus dimensiones:

La Hacienda de San Lorenzo de La Laguna contenía la parte oeste del marquesado y de acuerdo con las escrituras tenía 437 331 hectáreas, pero de hecho cubrían cerca de 979 660 hectáreas. 

El nombre lo tomó de la antigua visita misional de los jesuitas, lugar de pastoreo de las ovejas de los marqueses. Pero también se le llamó “de La Laguna” para distinguir esta hacienda de la de San Lorenzo de Parras. El referente hidrológico contó en la imposición del nombre, puesto que San Lorenzo se ubicaba cerca de la laguna de Mayrán. 

Se debe considerar también que sus tierras se encontraban en el viejo partido de La Laguna, uno de los tres municipios de la Alcaldía Mayor de Parras, Laguna y Río de las Nazas. Con el tiempo y el olvido, se consideró que La Laguna abarcaba solamente a este partido, sin tomar en cuenta que el País de La Laguna consistía en la suma de los tres partidos originales. Santa María de las Parras fue su capital judicial, administrativa, religiosa y cultural.

Las tierras de San Lorenzo de La Laguna eran valiosas para los marqueses de San Miguel de Aguayo por sus aguas y pastos. Estos nobles titulados poseían grandes rebaños de ovejas con los cuales habían establecido prácticas de ganadería trashumante. 

Sobre este punto, y refiriéndose a la era de la independencia, comenta Doris M. Ladd: “El ganadero más importante del virreinato fue un noble criollo mayorazgo, el marqués de Aguayo. El marqués de Aguayo y su nuera, la condesa del Álamo, tenían 420 mil corderos en sus vastas propiedades que se extendían desde Monterrey hasta la ciudad de México”.


viernes, mayo 20, 2016

¿País de La Laguna?


El "País de La Laguna" en un mapa de 1771


Las designaciones de nuestra Comarca Lagunera han variado de acuerdo a los tiempos y circunstancias concretas de percepción y lenguaje. Pero sin duda alguna, desde la época del rey Felipe II se le percibe como una región con unidad hidrológica, territorial y social. Cuando por Real Cédula fechada en Madrid el 6 de abril de 1594 dicho rey dio permiso a los jesuitas para entrar a misionar en la región, la llamó “Provincia de La Laguna” para distinguirla de las de Topia y Sinaloa (Archivo General de Indias, México, 27 N. 62). 

En 1598 se conformó la “Alcaldía Mayor de Parras, Laguna y Río de las Nazas”. Pero la designación más común de la comarca en el siglo XVIII, la de “País de La Laguna”, equivalente a dicha alcaldía mayor, la hace constar el padre Dionisio Gutiérrez del Río, cura párroco de Parras y sus jurisdicciones en su “Carta Informe del cura de Santa María de las Parras, José Dionisio Gutiérrez, al obispo de Durango, Esteban Lorenzo de Tristán, con descripción y noticias de los pueblos y parajes de la jurisdicción de Parras”, carta firmada de su puño y letra el 31 de diciembre de 1786, conocida también como “la pequeña historia (historeta) de La laguna”. 

El manuscrito original lo catalogó Ignacio del Río en su “Guía del Archivo Franciscano de la Biblioteca Nacional de México, 1ª edición, UNAM, México, 1975” con signatura Vol. 1. 1112 . Ms. 29.5 x 20.5 cm. (17/343.1. F. 1-6-vta). Esta carta tenía por objeto dar respuesta a una serie de preguntas que en relación a las misiones, número de misioneros, distancias y lugares solicitaba Carlos III por su Real Orden de 16 de mayo de 1786.  

En el texto de esta carta menciona el padre Gutiérrez que “La vulgaridad y relación que aquí me hicieron los Jesuitas en el tiempo que los alcanzé, daba por asentado que el motivo de haberse despoblado el País de la Laguna, o Bolsón, de los innumerables Yndios que lo habitaban, alzándose y remontándose para lo interior de dicho Bolsón hacia el Norte, había sido la inmatura entrega de sus Misiones y establecimiento de Doctrineros Seculares”. 

Aquí debemos notar dos cosas: el padre Dionisio usa el término “país” en el sentido que tenía en su tiempo, es decir, como equivalente de “región” o “comarca” y no como “nación soberana”. Por otra parte, equipara los términos “País de La Laguna” con el de “bolsón”, vocablo que en el siglo XVIII, significaba “cuenca hidrológica”. Así que ambos términos se refieren en realidad a la región conformada por la laguna o lagunas y la cuenca de los ríos que las alimentaban, el Nazas y el Buenaval (Aguanaval). En otras palabras, nuestra actual Comarca Lagunera.


Por último, mencionamos el testimonio recogido por Eduardo Guerra en su Historia de La Laguna (tercera edición, febrero de 1996, p. 374) en el informe de D.B. Robinson, superintendente general del Ferrocarril Central Mexicano, de fecha del 6 de enero de 1883. 

En él, cita las notas del ingeniero Morley (autor del trazo de la vía) que al hablar de Villa Lerdo y su riqueza agrícola, dice a la letra: “encontrándose colocada en lo que se conoce con el nombre del País de Las Lagunas, con motivo de encontrarse agua en abundancia”. El ingeniero Morley da testimonio de que era público y notorio que a la región se le conociera y llamara de esa manera todavía en 1883.

sábado, mayo 14, 2016

El asilo a Trotsky






Nuestra Comarca Lagunera, en diferentes épocas y circunstancias, ha incidido en la historia nacional y a veces en la internacional. Un caso concreto es el de la concesión del asilo político al revolucionario de origen ruso y cultura judía, León Trotsky. Este personaje nació en Ucrania como Lev Davidovich Bronstein durante el otoño de 1879, y murió asesinado en Coyoacán, en la Ciudad de México, el 21 de agosto de 1940.

León Trotsky fue nada menos que uno de los organizadores de la Revolución Rusa, conocida como “Revolución de Octubre” en 1917, que permitió a los bolcheviques tomar las riendas del poder. Trotsky asumió el cargo de Comisario de Asuntos Militares. Su importancia e influencia en el mundo comunista soviético e internacional es indudable. Él negoció la retirada del ejército ruso en la Primera Guerra Mundial. 

A la muerte de Lenin en 1924, el hombre fuerte que de manera sagaz acumuló poder hasta monopolizarlo como Secretario General del Comité Central del Partido Comunista fue Iósif Stalin, enemigo acérrimo de Trotsky. Por consecuencia, éste fue desterrado en 1929. Stalin entendía muy bien que no existe enemigo pequeño, y Trotsky no era pequeño en lo absoluto, ya que contaba con un gran liderazgo dentro y fuera de la Unión Soviética, además de ser un acerbo crítico de Stalin y su régimen.

En agosto de 1936, Trotsky se encontraba asilado en Noruega, cerca de la Unión Soviética. El gobierno noruego recibía denuncias de los nazis de que aquél incurría en actividades políticas prohibidas para cualquier asilado, causando revoluciones en España, Francia y Grecia. Estas denuncias provocaron que el asilo noruego fuera limitado hasta el 18 de diciembre de ese 1936.

Con la persecución nazi y soviética, Trotsky se encontraría en una situación muy comprometida si se quedaba en Europa. Fue entonces que el presidente de México, Lázaro Cárdenas, le otorgó asilo político en nuestro país. Concretamente, lo otorgó por intercesión del pintor Diego Rivera y del señor Octavio Fernández, quienes vinieron a nuestra comarca a solicitarlo, con el apoyo de la Liga Comunista Internacionalista (LCI, grupo trostkista mexicano). 

Lázaro Cárdenas y el general Reyes Iduñate


Un texto de David García Colín, en La Izquierda Socialista, “Vocero marxista de los trabajadores y la juventud”, cita a Olivia Gall de la siguiente manera:

“La LCI estableció el contacto con Cárdenas por medio de la gestión del general Francisco Múgica, secretario de Comunicaciones y Obras, quien entrega a la delegación de la LCI una carta, el 21 de noviembre de 1936, en donde solicita al presidente que Rivera y Fernández sean recibidos por él ‘con la esperanza [decía la carta] de que encontrará en su generosidad un recibimiento sincero’. Rivera y Fernández hacen el viaje de dos días a Torreón para entrevistarse con el Presidente —quien se encontraba repartiendo tierras a los campesinos pobres en la Comarca Lagunera— y, después de que Cárdenas recibiera a Rivera a solas, sin ningún preámbulo acepta el visado para Trotsky —en presencia de los dos delegados—, con la única condición de que Trotsky se abstuviera de intervenir en la política interna”.


viernes, mayo 06, 2016

De compras en Texas








Una de las características seculares de la mentalidad lagunera es la apertura al cambio, o sea, a la modernidad. El País de La Laguna, como se le llamaba, nació durante los últimos años del reinado de Felipe II, y la percepción del mundo era la del Renacimiento. Bajo esta luz, el ser humano era el protagonista de su propia historia, el constructor de su propia felicidad o desdicha. 

En la cultura lagunera quedó muy arraigada la apertura al cambio como actitud socialmente compartida, es decir, la apertura hacia la adopción de innovaciones cuando éstas representan una relativa ventaja. Así, de la nada, La Laguna se convirtió en el emporio vitivinícola novohispano; posteriormente, en un emporio algodonero; actualmente, en un emporio lechero. La historia lagunera es una historia de cultura empresarial. Una historia de exitosa agricultura comercial, ganadería, agroindustria, minería y refinación de metales, entre otras actividades.

Una novedad que resultó ser de vital importancia para Torreón, ese rancho enclavado en la enorme Hacienda de San Lorenzo de La Laguna, fue la llegada del ferrocarril, pues el cruce de vías del Internacional Mexicano y el Central Mexicano convirtieron a ese rancho en el ferropuerto de la rica Comarca Lagunera; Torreón surgió como el puerto de entrada y de salida de bienes, de migrantes, de más innovaciones, y en última instancia, como el centro comercial e industrial de la región. 

La conexión ferroviaria entre la Comarca Lagunera y el sur de Estados Unidos resultó de gran impacto económico para ambas regiones. No es casualidad que la ropa y las modas de Estados Unidos se lucían simultáneamente entre las señoras y caballeros de Torreón.

Sofá convertible de los vagones Pullman del FFCC


Captar los beneficios económicos de las periódicas derramas del Nazas era tan importante para los comercios fronterizos texanos que en septiembre de 1922, la Asociación de Comerciantes al menudeo de Eagle Pass ofreció —principalmente a los torreonenses y regios— pagarles el boleto de ida, y en ciertos casos, también el de vuelta, si iban a comprar a sus tiendas. El boleto Torreón-Eagle Pass era el más caro, costaba $37.75 pesos, equivalente a $18.97 dólares (un dólar costaba dos pesos). 

Bastaba llegar a Eagle Pass e ir a la Cámara de Comercio, donde se le entregaba al cliente una tarjeta que le acreditaba y le daba derecho a recuperar su dinero gastado en pasajes si consumían en los comercios y prestadores de servicios afiliados, cuyos giros eran tiendas de ropa, droguerías, dentistas, artículos eléctricos, mueblerías, accesorios automotrices, abarrotes, ferreterías, hoteles, joyerías, ferreterías, imprentas, máquinas de coser y de escribir y zapaterías. 

De hecho, había más ciudades texanas interesadas en captar los beneficios de la agricultura lagunera. Una nota periodística del 23 de noviembre de 1923 dice a la letra: “Desde que se inició la mejoría en las condiciones económicas de La Laguna por las avenidas del Río Nazas, la Cámara de Comercio comprendió que la intensificación de las transacciones mercantiles con los Estados Unidos por la vía de Eagle Pass requería el establecimiento de servicios de carros pulman entre San Antonio y Torreón”.


jueves, abril 28, 2016

El menudo torreonense







Uno de los platillos más populares y consumidos en la Comarca Lagunera es, sin duda, el menudo. En La Laguna le conocemos simplemente como menudo. En otras partes del país se le llama “menudo rojo” por estar confeccionado con chile seco de este color, a diferencia del menudo blanco. 

Esta sopa es, sin duda, una delicia gastronómica que llegó de España con la conquista y colonización, así como con la introducción del ganado mayor que no existía en América Precolombina. Los “callos” (menudo a la española) en sus diferentes recetas, son platillos que existían en España antes de 1492. Al llegar a Nueva España las recetas de los viejos platos castellanos —y ya supuesta la disponibilidad de ganado vacuno— los callos hispanos fueron sazonados con las especias usadas por las culturas autóctonas. 

Así surgió el menudo colorado, que lleva trozos de carne del aparato digestivo de la vaca (panza, callo, libro), pozole (maíz cacahuazintle), chile colorado y pata de vaca como principales ingredientes. Así que, en su versión lagunera, se trata de un plato de carácter mestizo.

En la España del Antiguo Régimen, los callos representaban un alimento muy económico y, al decir de algunos, muy característicos de las tabernas. Desde las humildes cantinas experimentaron una movilidad ascendente hasta los restaurantes de categoría.

En Torreón, el menudo se consume desde los orígenes de la población. En locales comerciales formales lo encontramos en el restaurant del ferrocarril como un platillo disponible todos los días, por lo menos desde 1925. Sin embargo, el salto a los restaurantes requirió su tiempo, al igual que en España. 

Yo recuerdo que a mediados del siglo XX el menudo se ofrecía los domingos en diversas esquinas y banquetas de la ciudad, particularmente en los barrios. Se trataba de improvisados comercios dotados de mesas cubiertas de rústicos y policromos manteles de plástico, con sus respectivas bancas del mismo largo de la mesa acomodadas sobre las aceras, al lado de grandes ollas de humeante menudo. 

El cliente pedía el plato a su gusto, con pata o sin ella, mientras la dueña del improvisado establecimiento hundía un largo cucharón para seleccionar el tipo de carne, la pata, los maíces y finalmente el caldo. Los platos solían ser hondos y vidriados en vivos colores, adquiridos en La Alianza o en el Mercado Juárez. Había platitos de peltre con cebolla picada, orégano y limones partidos para sazonar.

Pero también existían los vendedores ambulantes, que llevaban grandes ollas de peltre o de aluminio a bordo de triciclos y anunciaban a voces su mercancía. Muchos de ellos ya sabían a qué puertas debían tocar, por contar con clientes habituales.

Por supuesto que en muchos hogares se cocinaba el menudo, aunque el procedimiento de limpieza de la carne era dificultoso y los olores de la cocción no muy agradables. De ahí que muchos preferían comprarlo ya hecho. El menudo, al igual que los chilaquiles picosos, tenía y tiene fama de ser un buen remedio para la “cruda” o resaca.


El "pan francés" torreonense, con el que se acompaña el menudo


Algunas de los restaurantes que ofrecían menudo eran, entre otras: “Bordens”, “Meléndez”, “Barreto”, “El Danubio”, “Ocampo”, “Múzquiz”, “Peche”, “José” y “La Norteña”.

viernes, abril 22, 2016

La vieja identidad lagunera




Mapa del País de La Laguna en el siglo XVIII. 
Lagunas de Mayrán, Tlahualilo, Viesca y Cuatro Ciénegas.



Quizá una de las primeras menciones explícitas sobre una manera de ser compartida socialmente por los laguneros —no necesariamente la actual— es la que encontramos en el Censo y estadística de Parras (1825). Este censo, que en su época incluía la parte coahuilense de la Comarca Lagunera hasta la boca o Cerro de Calabazas al poniente de Torreón, fue levantado por el ayuntamiento de la villa de Parras en el año de 1825. Fue rubricado el 25 de enero de 1826, cuando era presidente de la jurisdicción política el señor José Ignacio de Mijares, notario y vecino de la villa desde finales del siglo XVIII. 

Para su descripción y análisis tuvimos a la vista la fotocopia depositada en el Archivo del Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Iberoamericana Torreón, la cual procede a su vez del Instituto Estatal de Documentación de Ramos Arizpe, Coah. 

En las páginas 43-44, el señor Mijares hace una descripción de la manera de ser de los habitantes “del país de La Laguna"  Al hablar de los habitantes del “país” no se está refiriendo a la República Mexicana, sino al Partido de Parras, que abarcaba toda la Comarca Lagunera de Coahuila, e incluso tiene el cuidado de anotar que su elogiosa descripción no se debe a un lagunero, sino a una persona que proviene de otra parte (él mismo) y que le mueve un espíritu de “veracidad, rectitud, justicia y experiencia” “de más de 30 años”.

Al hacer este ejercicio descriptivo del carácter de las gentes que habitaban el “país” o comarca, es claro que Mijares percibe una identidad diferenciadora de las gentes de otros lugares de la República. Su origen foráneo le ayuda a ver con más claridad y contraste. Y ¿qué es lo que dice sobre los habitantes del País de La Laguna?  Dice Mijares en el texto del censo de 1825:

“Carácter de las gentes: activos, enérgicos, intelectuales, especulativos, profundos, empresarios, sobrios, fieles, sociales, patricios, generosos, rectos, valerosos, y más que todo, religiosos”.

La identidad es una manera compartida —de ser y de actuar ante la vida— por un grupo o una comunidad. Se trata de rasgos culturales que son característicos de una comunidad y, por lo tanto, diferenciadores.

La primera cualidad que el cartógrafo lagunero Núñez de Esquivel (en 1787) e Ignacio Mijares (en 1825) atribuyen a los habitantes de Parras y su jurisdicción (el Partido completo de Parras, Comarca Lagunera de Coahuila) es el de ser “buenos trabajadores” o “activos”. Sin duda alguna, la cultura de estos laguneros era una cultura del trabajo.
Precisamente las tareas agrícolas en los numerosos ranchos, haciendas y agostaderos de los marqueses de Aguayo y condes de San Pedro del Álamo, así como la ganadería trashumante de estos aristócratas, requerían de una continua migración de jornaleros dentro de sus propiedades, siguiendo el curso de las estaciones y necesidades. 
Estas circunstancias fueron creando, al paso del tiempo, una consciencia de regionalidad, de relación de identidad social asociada a un territorio específico, el antiguo País de La Laguna, actual Comarca Lagunera.


viernes, abril 15, 2016

Monoteísmo ético





En mis tiempos de estudiante en el ITESO de Guadalajara, en los años setentas, el rabino de la ciudad, Aarón Kopikis, fue uno de mis maestros universitarios. El tema de la clase era “Pensamiento de Martin Buber”. En clase y en charlas con Aarón, me quedó claro el concepto de “monoteísmo ético” que es una manera de expresar la naturaleza misma del judaísmo como fe y como práctica cotidiana.

El término enfatiza la existencia de un solo Dios, y de la manera como él desea que se le honre. Subyace en la expresión la idea de que Dios es el creador supremo, rey soberano, dueño de todo lo que existe, y que no necesita nada de nadie, pues lo tiene todo. Por lo tanto, no requiere de nada que el ser humano pudiera darle.

También subyace la idea de que, como creador y padre de la familia humana (“Avinu”, “nuestro Padre”), desea que sus hijos se ayuden entre sí. Si a Dios no se le puede dar nada, al hermano en necesidad sí que se puede. Y ése es precisamente el culto que desea tener, esa sería la manera como desea ser honrado. Este aspecto vendría a ser la dimensión ética del asunto. Un culto a la Divinidad que se expresa en acciones éticas, acciones de filantropía. 

Esta doctrina del servicio al Padre a través del servicio a los hermanos en necesidad está muy presente en la tradición cristiana. Dice el apóstol Santiago: “La religión pura y sin mancha delante de Dios nuestro Padre es ésta: atender a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y conservarse limpio de la corrupción del mundo” (Santiago, 1: 27). Aclaro que lo anteriormente expresado constituye el ideal judeo-cristiano. En la práctica, las cosas pueden ser muy diferentes, debido a las limitaciones y naturaleza del ser humano.

Difícilmente podemos hablar de una correcta dimensión ética en las relaciones de los grandes sectores de mexicanos entre sí. Si los analizamos a partir de sus propias acciones y no de la profesión de sus principios morales, religiosos, sociales o empresariales (es decir, si nos fijamos no en lo que muchas personas físicas o morales dicen, sino en lo que hacen) nos encontraremos con que su valor supremo es el propio bienestar, incluso si hay que pasar sobre el de otros. 
Por desgracia, esta realidad puede existir también en las relaciones de gobernantes - gobernados, empresarios - empleados, guías religiosos - grey. Para muchas personas físicas o morales, el “otro” solamente es el medio del propio beneficio o bienestar. No experimentan compromiso ni solidaridad con el “otro”. Les importa muy poco lo que le pase a los demás individuos, no les duelen. 
La corrupción se asocia con quienes piensan y sienten de esta manera deshumanizada. La corrupción es una forma de violación de la justicia. Si un mal político se apropia de fondos públicos, está poniendo su bienestar por encima del de los contribuyentes. Se está apropiando de algo que no es suyo, que no le pertenece. 
La paradoja está en que muchos de estos infractores del bien común son profundamente religiosos. Consideran que “estar bien con Dios” es adularlo a través de las prácticas rituales u ofrecer cuantiosas limosnas. Piensan que en “su relación con Dios” nada tiene que ver su propia conducta hacia “el otro”. En cambio, a muchos otros la divinidad no les importa en lo absoluto. Mucho menos, la humanidad.






viernes, abril 08, 2016

Primeros frutos misioneros



"Inmaculada" traída por los jesuitas. Siglos XVI o XVII


En 1594, el rey Felipe II de España autorizó a los jesuitas a fundar misiones en lo que entonces se conocía como “Provincia de La Laguna” o “País de La Laguna”, es decir, nuestra Comarca Lagunera de Coahuila y Durango. La primera misión se fundó en Parras en 1598, y desde ahí comenzaron los esfuerzos de los religiosos para occidentalizar y cristianizar a los aborígenes laguneros. Una crónica jesuita (Carta Annua) de 1622, muestra la visión que del avance cristianizador tenían los religiosos en esas fechas. Con el objeto de hacer accesible su contenido a los lectores, hago a continuación una paráfrasis:

Son estos laguneros gente enemiga de crear poblados, son cazadores en los montes y pescadores en las lagunas, lugares en que por estar tan lejos, sus ministros idolatran y viven cometiendo graves ofensas a Nuestro Señor, viviendo en total libertad sin oír misa, comiendo carne en días prohibidos. Viven sin doctrina ni sacramento, y en ocasión de las fiestas religiosas vienen los indios de las sierras y se confiesan bien. 
Muchos paganos, sabiendo de los suyos ya cristianos y su trato familiar de estas haciendas agrícolas y ganaderas, bajan de las serranías de Coahuila y se avecindan. Este año de 1622 bajaron dos grupos de Coahuila (entonces, el norte de Coahuila) y nos ofrecen sus niños para que los bauticemos, demostrando su simpatía por la Compañía de Jesús, por encima de religiosos y clérigos de otras órdenes. Y aunque bilingües en castellano y náhuatl —los caciques y capitanes las entienden cuando en ellas se les habla— es tanto el amor que tienen a sus tierras de origen que, aunque se están en este Valle de Parras 6 o 7 meses, vuelven a sus poblados y tornan a bajar puntualmente el año siguiente. 
Creen que hay un solo Dios, y saben que es pecado robar, adulterar y aún fornicar, y nunca se acercan a mujer si no es para tenerla como cónyuge legítima hasta la muerte. No asesinan ni se dañan. No son agresivos sino mansos y muy buenos trabajadores. Son tan observadores que aprenden a regar y podar con una sola vez que lo vean hacer, y algunos de los niños que se quedan entre nosotros los jesuitas aprenden a leer y a cantar con mucha facilidad, y son despiertos para otras gracias naturales, que no parecen haber nacido ni criados entre las breñas, sino estudiantes de colegios. 
Estas cosas vio el señor obispo don Fray Gonzalo de Hermosillo quedando admirado, pareciéndole a su señoría increíble que esta gente chichimeca, no mexica ni tlaxcaltecas de los que aquí hay, tuviese semejantes habilidades y gracias. En la escuela que tiene esta casa jesuita en Parras hay algunos niños de estos chichimecos, que con ellos y los del pueblo de Parras llegan a treinta. Ordinariamente se les enseña doctrina cristiana, lectura, canto, además de buenas costumbres.
Lo que más trabajo cuesta es asentarlos en un lugar y erradicar su inclinación a irse a los montes. En 1620 se fugaron tres al mismo tiempo, y dos murieron de hambre y de sed, los cuales eran muy habilidosos y cantaban a canto de órgano en las misas. De sus cuerpos se hallaron sólo restos, porque las fieras del campo hicieron lo suyo, y los devoraron. Los tres huyeron sin la menor idea de a dónde iban, solamente guiados por su inclinación a ir a los montes.



jueves, marzo 31, 2016

De Torreón a Lerdo



El próximo sábado 2 de abril se cumplirán 102 años de la toma de Torreón. En realidad, se trata del aniversario de la tercera toma de la ciudad por fuerzas revolucionarias. La primera, en mayo de 1911, corresponde a la etapa Maderista. La segunda, en el otoño de 1913, y la tercera, en abril de 1914, corresponden a la etapa constitucionalista, por la División del Norte con Francisco Villa al mando. La batalla por Torreón, la del 2 de abril, fue la más sangrienta de la era revolucionaria, pero abrió el camino para la toma de Zacatecas y para la derrota final del usurpador Victoriano Huerta.


Tranvía eléctrico en la ruta Torreón-Lerdo, Lerdo-Torreón


Y a propósito de la música de la época, mencionamos que la polka “De Torreón a Lerdo”, quizá la más famosa composición de las muchas creadas por el genio musical del señor Pioquinto González Guzmán, se encuentra muy asociada a la era revolucionaria, a pesar de que fue compuesta en el año 1896, de acuerdo al dicho del profesor Víctor M. Vega. Mucho de la vida, obra y fama del compositor es del dominio público. Añado algunos datos transcritos de las dos actas de sendos matrimonios.

Enlace a la polka "De Torreón a Lerdo"

La primera es el acta matrimonial número 39 del Registro Civil de la Villa del Torreón, de fecha del 27 de febrero de 1899. Contraen matrimonio “Pioquinto González y Natalia Montes”. El novio, originario de “San Juan de Guadalupe”, Durango, “de veinticinco años de edad”, “filarmónico y vecino de esta villa”. Hijo legítimo de “Hermenegildo González y Trinidad Guzmán”. La novia era originaria de la “Villa de Cos”, Zacatecas, “de 22 años de edad”, “vecina de esta villa” e hija legítima de “Rafael Montes, difunto, y Gabina Ybarra”.

La segunda partida de matrimonio es la número 327 de la “Parroquia de Matamoros de La Laguna, obispado de Saltillo” de fecha de 25 de febrero de 1906. Su contenido asienta que “Pio V Gonzalez y Ma. Candelaria Chavero” contraen matrimonio sacramental, el novio era viudo de Natalia Montes”, él “de 33 años de edad, originario de S. Juan de Guadalupe, Dgo. Y vecino de Torreón, hijo legítimo de Hermenegildo González y Trinidad Guzmán”. La novia, “célibe”, “de 23 años de edad”, originaria y vecina de la villa de Matamoros, Coah.; “hija legítima de Jesús Chavero y Candelaria Alvarado”.



Por otra parte, y para coincidir con el aniversario de la toma de Torreón, el Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Iberoamericana Torreón será sede de la VIII Asamblea General de la Asociación Regional de Cronistas, Narradores e Investigadores de Historia de la Región Lagunera de Coahuila y Durango (ACNIHRLA). La agenda de trabajo para esta jornada incluye, entre otras actividades, un recorrido guiado por las instalaciones del archivo del Centro de Investigaciones, los informes de actividades de sus miembros, conferencias magistrales y proyección de videos.