Escudo de Torreón

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viernes, mayo 20, 2016

¿País de La Laguna?


El "País de La Laguna" en un mapa de 1771


Las designaciones de nuestra Comarca Lagunera han variado de acuerdo a los tiempos y circunstancias concretas de percepción y lenguaje. Pero sin duda alguna, desde la época del rey Felipe II se le percibe como una región con unidad hidrológica, territorial y social. Cuando por Real Cédula fechada en Madrid el 6 de abril de 1594 dicho rey dio permiso a los jesuitas para entrar a misionar en la región, la llamó “Provincia de La Laguna” para distinguirla de las de Topia y Sinaloa (Archivo General de Indias, México, 27 N. 62). 

En 1598 se conformó la “Alcaldía Mayor de Parras, Laguna y Río de las Nazas”. Pero la designación más común de la comarca en el siglo XVIII, la de “País de La Laguna”, equivalente a dicha alcaldía mayor, la hace constar el padre Dionisio Gutiérrez del Río, cura párroco de Parras y sus jurisdicciones en su “Carta Informe del cura de Santa María de las Parras, José Dionisio Gutiérrez, al obispo de Durango, Esteban Lorenzo de Tristán, con descripción y noticias de los pueblos y parajes de la jurisdicción de Parras”, carta firmada de su puño y letra el 31 de diciembre de 1786, conocida también como “la pequeña historia (historeta) de La laguna”. 

El manuscrito original lo catalogó Ignacio del Río en su “Guía del Archivo Franciscano de la Biblioteca Nacional de México, 1ª edición, UNAM, México, 1975” con signatura Vol. 1. 1112 . Ms. 29.5 x 20.5 cm. (17/343.1. F. 1-6-vta). Esta carta tenía por objeto dar respuesta a una serie de preguntas que en relación a las misiones, número de misioneros, distancias y lugares solicitaba Carlos III por su Real Orden de 16 de mayo de 1786.  

En el texto de esta carta menciona el padre Gutiérrez que “La vulgaridad y relación que aquí me hicieron los Jesuitas en el tiempo que los alcanzé, daba por asentado que el motivo de haberse despoblado el País de la Laguna, o Bolsón, de los innumerables Yndios que lo habitaban, alzándose y remontándose para lo interior de dicho Bolsón hacia el Norte, había sido la inmatura entrega de sus Misiones y establecimiento de Doctrineros Seculares”. 

Aquí debemos notar dos cosas: el padre Dionisio usa el término “país” en el sentido que tenía en su tiempo, es decir, como equivalente de “región” o “comarca” y no como “nación soberana”. Por otra parte, equipara los términos “País de La Laguna” con el de “bolsón”, vocablo que en el siglo XVIII, significaba “cuenca hidrológica”. Así que ambos términos se refieren en realidad a la región conformada por la laguna o lagunas y la cuenca de los ríos que las alimentaban, el Nazas y el Buenaval (Aguanaval). En otras palabras, nuestra actual Comarca Lagunera.


Por último, mencionamos el testimonio recogido por Eduardo Guerra en su Historia de La Laguna (tercera edición, febrero de 1996, p. 374) en el informe de D.B. Robinson, superintendente general del Ferrocarril Central Mexicano, de fecha del 6 de enero de 1883. 

En él, cita las notas del ingeniero Morley (autor del trazo de la vía) que al hablar de Villa Lerdo y su riqueza agrícola, dice a la letra: “encontrándose colocada en lo que se conoce con el nombre del País de Las Lagunas, con motivo de encontrarse agua en abundancia”. El ingeniero Morley da testimonio de que era público y notorio que a la región se le conociera y llamara de esa manera todavía en 1883.

martes, junio 08, 2010

La iniciativa de Brigitte



En un acto muy congruente con su trayectoria como artista y como ser humano, la inefable Brigitte Bardot solicitó al presidente Calderón la creación de leyes humanitarias en contra del maltrato a los animales. La actriz le propuso a nuestro presidente esta iniciativa, a raíz de un video mexicano de atroz maltrato animal que pudo ver en las redes sociales. El video no fue hecho como una protesta, sino como un acto de diversión.

A la vista de esta benigna solicitud, este cronista experimenta una doble pena ajena. Primero, porque la famosa actriz cree que en México basta la creación de una ley para que ésta se cumpla. No alcanza a entender los niveles de corrupción y de barbarie que se manejan en México, que es un país con excelentes leyes, que no se cumplen.

En segundo lugar, porque México todavía es el país del sanguinario Huitzilopochtli, representado en nuestra enseña nacional en forma de águila, su nahual. En México, la vida del ser humano no vale nada, y la del animal, muchísimo menos. El mexicano es incapaz de verse como el primogénito de la creación, el hermano mayor destinado a cuidar y a proteger, no solamente las especies como colectivos, sino la individualidad de los seres vivos.

El mexicano prefiere el modelo de Caín, el que no se responsabiliza de su hermano y que, en la primera oportunidad, lo mata. Lo mismo pasa con las sociedades; una sociedad que no encauza los impulsos violentos de sus hijos, acabará padeciéndolos.

domingo, abril 18, 2010

La Casa de Coahuila en la ciudad de México



Casa de Coahuila. Imagen del Arq. Veloz Obregón

Con el objeto de no perder contacto con el estado de Coahuila, muchos de los nacidos en esa entidad federativa y residentes en la ciudad de México, se juntan desde hace bastantes años, en la “Casa de Coahuila”. La institución se ubica en la delegación Coyoacán, frente al ex- Convento de Churubusco.

La Asociación Casa de Coahuila, fué fundada en el año 1955 por un Grupo de coahuilenses encabezados por don Nazario Ortiz Garza. La primera sede estuvo en el Paseo de la Reforma en el tercer piso de un edificio ya desaparecido que se ubicaba junto al periódico Excelsior, donde permaneció por muchos años. Después la sede fue trasladada al colonial San Angel, en donde los vecinos nunca vieron con buenos ojos las actividades de los coahuilenses, por lo que tuvieron que salir de ahí y por varios años, la Casa de coahuila fue itinerante; las reuniones se efectuaban en diferentes restaurantes, siempre los miércoles, en las colonias Juárez y Cuauhtémoc, dado que la mayoría de los miembros trabajaban por la zona y era más fácil reunirse.

No fue sino hasta el año de 1980 que el gobierno del estado adquió la casa que hoy es sede de la Asociación, y lo sigue siendo después de treinta años. El presidente actual del Consejo Directivo es el licenciado Pedro Martinez Estrada, de Torreón, integrante del Grupo Venustiano Carranza y cuya gestión, de tres años, termina en Diciembre de 2011.

Todos los miércoles, desde hace treinta años, los miembros de la Casa de Coahuila se juntan a comer, y a estas comidas son bienvenidos todos los paisanos (y sus amigos) que residen en la zona metropolitana, incluso los que van a la ciudad de México a gestionar algún asunto y que saben de la existencia de dichas reuniones.

Estos coahuilenses de la diáspora, se encuentran organizados por grupos de cada región del estado, o bien, por agrupaciones profesionales, como son los ex-alumnos de la Escuela de Agricultura Antonio Narro y los profesores de la Normal de Saltillo. De la ciudad de Torreón participan dos grupos, el Venustiano Carranza y el Torreón. Este último es presidido por el arquitecto Ubaldo Veloz Obregón, y agrupa aproximadamente 60 miembros. Como éstas, hay otras agrupaciones coahuilenses, pues las hay en representación de todo el estado.

En la Casa de Coahuila se llevan a cabo eventos sociales colectivos (de sus grupos) o individuales, es decir, de alguno de sus integrantes, como son bautizos, bodas, reuniones, etc. Además, se celebran las fiestas más significativas del calendario como son el día de la Amistad, el día de la Familia, el día de la Madre, el 15 de Septiembre y la Posada anual. También se llevan a cabo eventos presentaciones de libros y otros eventos de carácter cultural en colaboración con la Secretaría de Educación y Cultura de Coahuila y la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal.

Es reconfortante saber que, tras años de residencia en la ciudad de México, los orígenes se recuerdan, y la identidad se mantiene. Enviamos un caluroso saludo a todos nuestros paisanos coahuilenses que son miembros de la Casa de Coahuila, particularmente a los torreonenses, y al arquitecto Ubaldo Veloz Obregón.

martes, marzo 16, 2010

No se niega "la cruz de la parroquia"...


José Guadalupe Posada.

Tal vez la mayor parte de la población mexicana con acceso a la información, piensa que el presbítero Marcial Maciel es un ejemplo único de maldad, doblez y ambición sin límites. Mientras más inquisitivas son las investigaciones en torno a su caso, mayor es el pasmo que nos invade.

Sin embargo, el padre Maciel, concediendo que se encontraba afectado en sus facultades mentales —solo así puede uno comprender, mas nunca justificar sus hechos— es tan solo un hijo paradigmático de nuestra cultura.

En efecto, Maciel será quizá una de las creaturas más famosas que haya producido el ambiente social en el que los mexicanos nos movemos, vivimos y somos. Porque México es un país donde prospera la doble moral, la injusticia, la inequidad, el fuero y la impunidad. En nuestro país, el bien particular de algunos grupos de poder económico, político o eclesiástico, se antepone al bien común. La protección brindada a Maciel, lo demuestra.

El éxito y el fracaso de Marcial Maciel, fue haber llevado estas contradicciones hasta sus últimas consecuencias. Podemos pensarlo como un demonio con aspiraciones de santo, un empresario con vestiduras de clérigo, un enfermo de personalidad múltiple con un prestigio internacional que le abrió las puertas de los grandes del mundo entero.

Como arriba decía, el padre Maciel fue una de las más famosos creaturas forjadas a partir de nuestras costumbres en común, pero está muy lejos de ser la única. Un país que ha alcanzado los increíbles niveles de corrupción que tenemos, ha permitido la deformación de la mentalidad de la población de una manera tan significativa, como deplorable.

El aforismo popular “el que no tranza, no avanza”, muestra con toda claridad cómo la corrupción, el engaño, el uso de la fuerza, el desprecio al derecho ajeno y al bien común, se han convertido en “valores” en México, es decir, en medios para lograr el éxito personal a cualquier costo.

No nos asombremos pues. Si el sistema jurídico mexicano funcionara como debiera, no habría suficientes cárceles en el territorio nacional para albergar a tantos corruptos como ha forjado nuestra propia cultura. No es un individuo el que está enfermo, es México entero.

martes, noviembre 10, 2009

Metástasis social



El cáncer es una enfermedad causada por la corrupción de algunas células, las cuales, como si tuvieran voluntad propia, “deciden” trabajar por su cuenta y para su beneficio, devorando el organismo del cual formaron una vez parte. Así, comienzan a actuar en egoísta rebeldía al plan armónico general que las regulaba.

Cuando el cáncer está bien localizado, es posible combatirlo con quimio o radioterapia, con ciertas posibilidades de éxito. Pero una vez que hay “metástasis”, es decir, dispersión de células cancerosas, las cosas se complican de tal manera que la muerte es no solamente una posibilidad, sino una probabilidad.

La corrupción de valores y costumbres en un país como México, ha funcionado exactamente igual. Determinadas personas anteponen su interés y beneficio propio, al del conjunto de la población, incluso mediante la violación del derecho, comprando voluntades y creando complicidades. El plan original que contemplaba el beneficio de los miembros de toda una sociedad mediante la honradez y la justicia en la distribución de la riqueza nacional, queda así vulnerado.

La metástasis de la corrupción se crea mediante la formación de esas redes de complicidades. Nuestra sociedad se ve cada vez más infectada con individuos voraces que buscan su propio beneficio a costa del beneficio social. Los distintos estratos de nuestro país, y particularmente el gubernamental, comienzan a llenarse de tumores malignos, donde individuos o grupos corruptos literalmente “se comen” los recursos vitales de toda una población.

Sin embargo, hasta el cáncer tiene un final. Cuando las células cancerosas acaban con los recursos vitales del cuerpo, éste muere. Y al final, mueren las células cancerosas porque agotaron al cuerpo del cual se alimentaban.

Entonces, ¿Será el colapso final de todo un país el único recurso posible para acabar con la corrupción? ¿Debemos esperar a que se muera el perro para que se acabe la rabia?

lunes, octubre 05, 2009

La Nación se lo demanda, señor ex presidente



El viernes pasado se cumplieron 41 años de la tristemente célebre matanza de Tlatelolco y las criminales persecuciones posteriores, que duraron semanas. Sin embargo, nadie le pidió cuentas al ex presidente Díaz Ordaz, quien asumió la responsabilidad del hecho.

Pero tampoco se ha podido actuar legalmente en contra del que entonces era Secretario de Gobernación y posteriormente Presidente de la República, Luis Echeverría Álvarez. Más allá de las fallas, carencias o corrupciones del sistema legal mexicano, el pueblo sabe bien que este individuo tuvo culpa y responsabilidad en los hechos del 68.

¿Cómo pudo un gobierno que manejaba La Revolución Mexicana como bandera, masacrar al pueblo de una manera tan alevosa y cruel que ni a los zares se les hubiera ocurrido? ¿Estuvo de por medio la paranoia de los Estados Unidos contra todo aquello que oliera lejanamente a comunismo? ¿Tuvo Estados Unidos participación en este hecho? ¿Por qué el ex presidente goza de tal inmunidad?

Todos los mandatarios, al jurar y tomar posesión de su cargo, declaran solemnemente que si no cumplen bien con su cometido, “la nación se los demande”. Toda una nación le ha estado demandando al señor Echeverría la responsabilidad que tuvo en los hechos, y sin embargo, no hay recurso legal que valga. ¿No debería su partido político tomar cartas en el asunto, y deslindarse de tal individuo fincando responsabilidades?

Vicente Fox, en su momento, manejó como promesa de campaña presidencial, perseguir y encarcelar a todos aquéllos personajes que tuvieran deuda con la justicia, comenzando por Luis Echeverría. Y sin embargo, Fox no solamente no cumplió su promesa, sino que se hizo cómplice de los delincuentes que iba a perseguir, al no proceder contra ellos.

Es decepcionante que en México, el peso del sistema legal solamente se aplique contra los débiles y los indefensos, mientras que los verdaderos ladrones y asesinos mueren libres, algunos de ellos cobrando pensiones salariales pagadas por el mismo pueblo que masacraron.

martes, septiembre 29, 2009

188 aniversario



Como lo comentaba en un espacio radiofónico local, ayer lunes se cumplieron 188 años de la firma del Acta de Independencia de nuestra nación. Efectivamente, el 28 de septiembre de 1821, apenas un día después de la entrada del Ejército Libertador a la ciudad de México, se redactó y firmó dicho documento.

El Estado Mexicano surgió a la vida con ese documento, y solamente desde entonces, no antes, ha existido como nación independiente. Ningún otro movimiento, declaración ni documento anterior fue eficaz.

Nuestra Acta es equiparable a la declaración de independencia de las 13 colonias inglesas en 1776, al convertirse, por su propia voluntad y soberanía, en los Estados Unidos de América.

La diferencia es que allá, ese documento es reverenciado como piedra fundamental de la historia nacional, y en México, nuestra Acta de Independencia es ocultada y negada.

¿Por qué? Porque los signatarios del Acta de Independencia fueron miembros de las cúpulas del poder de aquella época: el alto clero, la aristocracia y los altos mandos del ejército. Para los gobiernos liberales posteriores, resultaba embarazoso admitir que el Estado Mexicano debía su existencia a un Plan (el de Iguala) que buscaba, antes que nada, garantizar el ejercicio de la religión católica mediante la independencia política.

La esencia misma del liberalismo político mexicano era el principio de separación entre el Estado y la Iglesia. Por lo tanto, el Acta de Independencia resultaba un documento “incómodo” en vista de la ideología política que prevalecía ya en la época de Juárez. Cuadraba mejor afirmar que la independencia fue el resultado de un largo y continuo proceso, para así quitarle “protagonismo” a la iglesia católica en la creación del México Independiente.

En lo personal, estoy totalmente de acuerdo con Juárez: debe existir una separación y una sana distancia entre los asuntos del Estado y los de la iglesia. No le compete a la iglesia ejercer un poder temporal que compita con el del Estado.

En lo que no estoy de acuerdo con la historia oficial, es en negar aquellos hechos que no “convienen” a la ideología del momento. Hay dos historias, a saber, la real y la oficial. Nadie tiene derecho a demeritar aquélla por “engrandecer” a ésta. Dado que los festejos del Bicentenario están de moda, festejemos rescatando la verdad.

jueves, septiembre 24, 2009

La obesidad en México ¿problema espontáneo?



Un artículo aparecido hoy en “El Financiero”, versión digital, menciona que el Secretario de Salud, José Ángel Córdoba Villalobos, lanzó un enérgico llamado a los mexicanos, para que cobremos consciencia sobre e problema de la obesidad, ya que nuestro país ocupa el segundo lugar mundial en porcentaje de gordos. Mencionó asimismo que la obesidad es precursora de enfermedades relacionadas con ella, como la diabetes, el cáncer y la hipertensión.

Pues con todo respeto, señor Córdoba Villalobos, la simple denuncia del síntoma no basta para curar la enfermedad, ni las estadísticas revelan nada si no hay una correcta investigación que relacione los efectos con sus causas. La Secretaría de Salud debería estar investigando aquéllas variables con las que se puede correlacionar la obesidad denunciada.

¿No es muy extraño que en cincuenta años, México se convierta en un país de gordos y diabéticos? ¿Dirá la Secretaría de Salud que estamos gordos solamente por comelones, y esto a pesar de la pobreza imperante? Nos parece que debería existir una investigación seria que cuantifique el impacto del consumo de bebidas azucaradas en el organismo del ser humano (de estas bebidas, México es un consumidor también de marca mundial), y otra que mida el impacto de las hormonas para la engorda del ganado, cuya carne ingerimos de manera cotidiana, en presentaciones culinarias que van de lo económico a lo suntuario.

Sabemos que los refrescos azucarados, sobre todo los de cola, son dañinos para la salud. Pero, ¿existe un estudio que haya medido el consumo de tales refrescos en correlación al incremento de casos de obesidad o diabetes? Es de suponerse que si tal estudio existe, habrá muchos intereses económicos en juego para que no se divulguen tales resultados. Claro, si los estudios los hace una empresa refresquera. Pero es obligación de la Secretaría de Salud dar a conocer los resultados de tales estudios, si los tiene. Y si no los tiene, debería comenzar a trabajar en eso. La carne portadora de hormonas que aumentan la masa corporal, seguramente incide en el crecimiento mórbido de las personas, y probablemente, de los tumores cancerosos.

Las correlaciones que aquí se plantean son meras hipótesis, pero son hipótesis no solamente posibles, sino muy probables. Explicarían de maravilla esos fenómenos negativos y hasta cierto punto recientes, relacionados con la obesidad, la diabetes, la hipertensión y el cáncer en los mexicanos. Pero es obligación de la Secretaría de Salud el comprobar o disprobar estas hipótesis por medio de la investigación válida y honrada. La salud de los mexicanos depende de su dictamen.