Escudo de Torreón

Escudo de Torreón

jueves, marzo 31, 2016

De Torreón a Lerdo



El próximo sábado 2 de abril se cumplirán 102 años de la toma de Torreón. En realidad, se trata del aniversario de la tercera toma de la ciudad por fuerzas revolucionarias. La primera, en mayo de 1911, corresponde a la etapa Maderista. La segunda, en el otoño de 1913, y la tercera, en abril de 1914, corresponden a la etapa constitucionalista, por la División del Norte con Francisco Villa al mando. La batalla por Torreón, la del 2 de abril, fue la más sangrienta de la era revolucionaria, pero abrió el camino para la toma de Zacatecas y para la derrota final del usurpador Victoriano Huerta.


Tranvía eléctrico en la ruta Torreón-Lerdo, Lerdo-Torreón


Y a propósito de la música de la época, mencionamos que la polka “De Torreón a Lerdo”, quizá la más famosa composición de las muchas creadas por el genio musical del señor Pioquinto González Guzmán, se encuentra muy asociada a la era revolucionaria, a pesar de que fue compuesta en el año 1896, de acuerdo al dicho del profesor Víctor M. Vega. Mucho de la vida, obra y fama del compositor es del dominio público. Añado algunos datos transcritos de las dos actas de sendos matrimonios.

Enlace a la polka "De Torreón a Lerdo"

La primera es el acta matrimonial número 39 del Registro Civil de la Villa del Torreón, de fecha del 27 de febrero de 1899. Contraen matrimonio “Pioquinto González y Natalia Montes”. El novio, originario de “San Juan de Guadalupe”, Durango, “de veinticinco años de edad”, “filarmónico y vecino de esta villa”. Hijo legítimo de “Hermenegildo González y Trinidad Guzmán”. La novia era originaria de la “Villa de Cos”, Zacatecas, “de 22 años de edad”, “vecina de esta villa” e hija legítima de “Rafael Montes, difunto, y Gabina Ybarra”.

La segunda partida de matrimonio es la número 327 de la “Parroquia de Matamoros de La Laguna, obispado de Saltillo” de fecha de 25 de febrero de 1906. Su contenido asienta que “Pio V Gonzalez y Ma. Candelaria Chavero” contraen matrimonio sacramental, el novio era viudo de Natalia Montes”, él “de 33 años de edad, originario de S. Juan de Guadalupe, Dgo. Y vecino de Torreón, hijo legítimo de Hermenegildo González y Trinidad Guzmán”. La novia, “célibe”, “de 23 años de edad”, originaria y vecina de la villa de Matamoros, Coah.; “hija legítima de Jesús Chavero y Candelaria Alvarado”.



Por otra parte, y para coincidir con el aniversario de la toma de Torreón, el Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Iberoamericana Torreón será sede de la VIII Asamblea General de la Asociación Regional de Cronistas, Narradores e Investigadores de Historia de la Región Lagunera de Coahuila y Durango (ACNIHRLA). La agenda de trabajo para esta jornada incluye, entre otras actividades, un recorrido guiado por las instalaciones del archivo del Centro de Investigaciones, los informes de actividades de sus miembros, conferencias magistrales y proyección de videos.



viernes, marzo 25, 2016

Semana Santa





De acuerdo con la teología cristiana, la resurrección de Jesús tiene profundas implicaciones. Significa que Cristo murió en la cruz, pero no por sus propias culpas, sino por las de los creyentes. Y la prueba es que, una vez cumplida la misión al morir Jesús en lugar de otros (sacrificio vicario) Dios le resucitó de entre los muertos (cosa que no haría por un pecador) y lo glorificó, poniendo la creación entera a sus pies.

Según San Pablo, apóstol de los no judíos, si Jesús no hubiera resucitado, entonces significaría que no hubo sacrificio sustitutivo, los hechos se reducirían a la simple ejecución romana de un reo que fue aniquilado en la cruz. Sin la resurrección, diría Pablo, “vana sería nuestra fe”.

Es por esta razón que la pascua de resurrección tiene capital importancia en el calendario religioso cristiano. Sin embargo, no siempre hay una consciencia clara del significado liberador de la crucifixión. A lo largo de la historia, se han escenificado crucifixiones que se centran más en la representación del sufrimiento de Jesús, que en las consecuencias de tal sacrificio.

En México, es famosa la representación de la pasión en Iztapalapa. El fenómeno de Iztapalapa es muy interesante, porque ahí se yuxtaponen dos tradiciones teológicas. Antes de la llegada del cristianismo, los mexica celebraban en el Cerro de la Estrella el sacrificio humano que permitía que continuara la vida en el mundo conocido. Efectivamente, se trataba de la fiesta del “Fuego Nuevo”, que se celebraba cada 52 años solares. Todo fuego se apagaba en el Valle de México, y en la noche, cuando las Pléyades llegaban al cenit, los “mensajeros sagrados” eran sacrificados, y en sus pechos se encendía un nuevo fuego, el cual se repartía entre todas las poblaciones del valle. Así comenzaba un nuevo “siglo”, un nuevo período de vida.

Con la llegada de la nueva fe, la vieja costumbre desapareció. Pero comenzó a representarse, también en Iztapalapa, la historia de otro mensajero divino que se sacrificó a sí mismo para que la humanidad tuviera vida y luz. Esta representación, en su versión moderna, comenzó en 1843.

Por lo que se refiere a la Comarca Lagunera, los misioneros dejaron constancia escrita de que los indígenas aborígenes ya hacían representaciones de la pasión en 1603:

“Los mozos se han ya ladinizado [castellanizado] y acuden de buena gana a la iglesia, con cuyo ejemplo los viejos van ya entrando en las obligaciones de nuestra Santa Fe Cristiana, de los cuales algunos se azotan la cuaresma a vueltas de los mozos, que con mucha devoción alaban los oficios de la semana santa, haciendo pasiones de sangre a uso de los mexicanos [mexica] y españoles”.


En los tiempos actuales, prácticamente cada ciudad lagunera cuenta con una o más representaciones de la pasión de Jesús. En el caso de Torreón, la más famosa es la del Cerro y Santuario de las Noas. Según algunos registros, lleva más de 30 años de escenificaciones, con una concurrencia de más de treinta mil espectadores.

jueves, marzo 17, 2016

Un cardenal torreonense





El pasado fin de semana tuve la oportunidad de ver la película que lleva por nombre “Spotlight”. Esta cinta, que por cierto ganó el Oscar 2016 a la mejor película, se basa en la indagación realizada por el equipo de investigación periodística del diario Boston Globe, sobre el encubrimiento que realizó el arzobispo y cardenal de Boston en relación a miembros del clero de su jurisdicción involucrados en delitos de carácter sexual. Por esta investigación el Boston Globe ganó el premio Pulitzer, equivalente del Oscar en el campo del periodismo.

El personaje sobre el cual se basa la historia cinematográfica es el cardenal Bernard Francis Law, quien a raíz del problema legal tuvo que renunciar como titular de su arquidiócesis en 2002. Independientemente de lo polémico que resulta el tema, un dato poco conocido es que este cardenal nació en la ciudad de Torreón (Coahuila, México) en 1931. Algunos mencionan como fecha exacta de nacimiento el 4 de noviembre de 1931, lo cual no he podido confirmar aún de manera documental.

Lo que sí he podido constatar es que en el censo levantado en la ciudad de Nueva York el 3 de abril de 1940, correspondiente al decimosexto censo de población de los Estados Unidos, aparecen enumerados el señor Bernard Law, su esposa Helen y su único hijo Bernard Francis, de ocho años de edad, del cual se hace constar que nació en “Torreón, México”. 



Su padre era originario de Kingston, Pennsylvania; fue capitán del ejército de los Estados Unidos, y además sirvió en la fuerza aérea de su país durante la Primera Guerra Mundial. Su madre, Helen Stubblefield, presbiteriana y posteriormente católica, era originaria de Walla Walla, Washington. Los padres del futuro cardenal se conocieron en México.

El mayor Bernard Law y su esposa radicaban en Torreón porque él era superintendente de tráfico de la Compañía Aeronáutica de Transportes, empresa que tenía sus oficinas principales en nuestra ciudad. Bernard Law era socio de esta compañía fundada por el señor Theodore T. Hull, su presidente.

El mayor Law era muy conocido en sociedad en Torreón, y lo mismo lo encontramos en el brindis con el embajador de los Estados Unidos, el señor Dwight Whitney Morrow, a su paso por Torreón durante la era de los presidentes Hoover y Pascual Ortiz Rubio, que en la celebración en honor del conde Henry de la Vaulx. Posteriormente, los Law-Stubblefield vivieron en Colombia, en Panamá, en las Islas Vírgenes y en los Estados Unidos.




En cuanto al hijo único de este matrimonio, el torreonense Bernard Francis Law, obtuvo su licenciatura en Historia Medieval en la Universidad de Harvard, y posteriormente ingresó al seminario de San José en St. Benedict, Louisiana. El 22 de octubre de 1983, Bernard Francis fue elevado al rango episcopal. El 23 de marzo de 1984, el obispo Law fue promovido al arzobispado de Boston. 



El 25 de mayo de 1985 fue nombrado miembro del Colegio Cardenalicio. El 27 de mayo de 2004, el cardenal Law fue nombrado arcipreste de la Basílica Papal de Santa María la Mayor, en Roma. 




lunes, marzo 14, 2016

Parteaguas cultural




Con la llegada de la cultura occidental dio principio una nueva etapa en la historia de la región, una nueva actitud del ser humano para relacionarse con su entorno. Esta visión resultaba incompatible con la mentalidad de los aborígenes de la comarca. Los ancestrales  habitantes de las riberas del río Nazas y de la laguna poseían una cultura de la edad de piedra. Sus sociedades se reducían a pequeños grupos o «rancherías», sin la posibilidad de integrar grandes asentamientos humanos, como los de Mesoamérica, porque no conocían la agricultura, apriori económico para el surgimiento de una ciudad y una civilización. 
Para los aborígenes cazadores y recolectores, la tierra y el agua no eran medios de producción, sino bienes libres, sin ningún valor de cambio. No podían percibir valores, límites, fronteras, jurisdicciones ni significados que en su mundo cultural no existían. No podían imaginar que el agua sirviera para otra cosa sino para beber cada quien la que quisiera. Puesto que desconocían el uso de los metales y por lo tanto carecían por completo de técnicas de extracción y fundición, no tenían el menor interés en explorar yacimiento alguno. Adueñarse sistemáticamente de las aguas (salvo en tiempos de sequía) o de las tierras o de las formaciones geológicas argentíferas les habría parecido incomprensible.


Los colonizadores occidentales u occidentalizados (de estos últimos, principalmente los tlaxcaltecas) representaban una manera diferente de concebir al mundo y de relacionarse con los elementos de la naturaleza. Ya fueran agricultores, ganaderos o mineros, compartían la noción de la propiedad privada de los medios de producción, aunque sin desconocer o negar la importancia de los bienes de propiedad y uso comunitarios. Poseían una lengua común (el castellano) y la podían escribir. Se concebían a sí mismos como miembros militantes de una sola iglesia universal y como fieles vasallos de un imperio que ellos mismos agrandaban y defendían. Los colonos estaban al servicio de «ambas majestades» (Dios y el Rey). Estas eran realidades que, con la inmigración y la aculturación, echaban raíces en América. Ante una cultura tan pujante como consistente, la de los aborígenes laguneros se diluyó sin dejar rastro, salvo por los artefactos de interés antropológico o arqueológico.
Sobre la configuración política primigenia de lo que ahora llamamos La Laguna, las fuentes documentales mencionan al capitán Antón Martín Zapata como «Justicia Mayor de Las Parras y lagunas y río de las Nasas» en 1598, lo cual implica que a la vieja alcaldía de los «Mezquitales, Cuencamé, río de las Nazas y Laguna» se le segregaron las porciones que correspondían a la región del «río Nazas» (San Juan de Casta), «la laguna» en que desembocaba dicho río (San Pedro) y el valle de «Parras». De esta manera se formó una jurisdicción administrativa diferente a la de Mezquitales y Cuencamé, la cual quedó a cargo de un justicia mayor.

En este territorio, los misioneros jesuitas formaron tres «partidos» dentro de la alcaldía de «Las Parras, Laguna y Río Nazas», uno por cada región de esta alcaldía. Se trataba de tres municipios, con pueblos de indios como sedes de gobiernos indios. Los pueblos cabeceras de dichos partidos eran los de Parras, San Pedro de la Laguna, y San Juan de Casta (León Guzmán, Dgo.). 

sábado, marzo 12, 2016

Cumbres nevadas de Jimulco





Fotografía de Christian Sánchez (Milenio)


Ayer viernes 11 de marzo por la madrugada, las cumbres de la Sierra de Jimulco se cubrieron de nieve. Y es que después de los días cálidos (hasta de 30 grados Celsius) que hemos gozado en Torreón, los vientos, la tolvanera, el frío y la lluvia llegaron de manera tardía, inundando las calles de Torreón y causando un fuerte descenso en la temperatura. De nuevo la alternancia de días cálidos y días fríos. En esta ocasión, la onda gélida afecto prácticamente a todo el país, con nevadas en diversos lugares. 

La Sierra de Jimulco se localiza dentro del municipio de Torreón, al sureste de la ciudad. Su altura llega a los tres mil cien metros sobre el nivel del mar, con vegetación y fauna de montaña. Su altura está 750 metros por encima del promedio de las montañas de las Sierras Madre Oriental y Occidental de México, y a casi dos mil metros por encima de la altura de la ciudad de Torreón. 

Ayer viernes por la tarde, cuando este cronista transitaba por la Calzada Iberoamericana desde el TSM hacia el sur, hacia el llamado "nudo mixteco", el sol refulgente desde el oeste hacía resplandecer las cumbres nevadas de la Sierra de Jimulco. Tras las lluvias de 24 horas, la atmósfera estaba transparente como el cristal, y la nieve sobre la montaña era perfectamente visible, de un blanco refulgente.  






domingo, marzo 06, 2016

Las trompetas del Juicio






Resulta extremadamente preocupante que Donald Trump, al parecer el precandidato republicano con más posibilidades a la nominación de su partido para la contienda presidencial del país más poderoso de la tierra, sea a la vez un heraldo del odio racial, de la discriminación y de la violencia. No se percibe en él la serena habilidad negociadora de un diplomático o de un jefe de estado, sino el impulso visceral que le ha llevado a remover los pensamientos y sentimientos más oscuros de los republicanos estadounidenses. 
No sería la primera vez que un país civilizado pudiera dejarse hipnotizar por la retórica del odio de un desequilibrado, pues ya una vez sucedió con Hitler y la población alemana. Pareciera que la humanidad es incapaz de aprender de sus errores, de aprender de la historia.
Si Trump llegara a la presidencia, podemos imaginar cómo serían las confrontaciones de fuerza con otros jefes de estado igualmente ególatras y desequilibrados. Coloquémonos en el escenario de un choque de fuerza entre Trump y Kim-Jong-un, el hombre fuerte de Corea del Norte. Sin duda resultaría en un conflicto nuclear, como podría serlo también con cualquier país que no se someta a los caprichos de reality show del señor Trump. 
La construcción de un muro antimigrantes y antidrogas entre Estados Unidos y México sería una lección para los vecinos del norte, ya que los estadounidenses sabrían en carne viva lo que significaría tener una gran demanda interna de droga y a la vez carecer del satisfactor. El señor Trump no entiende, o aparenta no entender, que si existe una oferta de drogas, es porque hay un enorme mercado para ellas en los Estados Unidos. Acabe el señor Trump con la demanda, y se acabará la oferta. 
En cambio, sin el trasiego de drogas, muchísimos adictos se volverían locos en el vecino país del norte. No estamos a favor de la producción o consumo de drogas, pero sí estamos en contra de las falsas soluciones de retórica populachera y fanfarrona del señor Trump. Con la construcción del tan mencionado muro, sabrían también muchos empresarios estadounidenses lo que es carecer de la magnífica y económica mano de obra mexicana que utilizan año tras año.
Por otra parte, si nos ponemos místicos y hasta agoreros, la biblia inglesa relaciona el símbolo de las “trumpets” o trompetas, con los grandes desastres del juicio final: granizo y fuego mezclados con sangre, árboles y plantas arrasados por el fuego, fuegos en el mar y muerte de peces, sangre, barcos destruidos, estrellas ardientes que caen en las aguas potables haciéndolas imposibles de beber, muerte de quienes las beben. ¿Guerra nuclear y destrucción por radioactividad? 
Las interpretaciones del libro del Apocalipsis pueden ser muy diversas, pero es imposible desligar el símbolo de las trompetas de las catástrofes que van unidas al toque de cada una de ellas.  Realmente no tenemos idea de lo que puede ocasionar en la historia mundial la elección a la presidencia de los Estados Unidos de un líder como Donald Trump.
En el ámbito local: el pasado viernes 26 de febrero por la noche se registró un incendio en el Coliseo Centenario de esta ciudad. Este Coliseo se inauguró el viernes 8 de febrero de 2008, con capacidad para diez mil espectadores. Para algunos, se trataba de la mejor plaza de toros del norte de México, y hasta del país. 
El edificio, multifuncional en su diseño y actividades, ha sido usado también para presentación de cantantes e incluso para eventos políticos, como fue el último informe de gobierno de Humberto Moreira Valdés.  Es una triste coincidencia que el coso haya sido inaugurado un viernes de febrero, y también un viernes de febrero se haya incendiado.


miércoles, marzo 02, 2016

Más de medio millón de visitas


El blog de CRÓNICA DE TORREÓN publicó su primer artículo el 11 de octubre de 2006, y desde entonces continúa siendo el vehículo de información relevante de lo que sucede en Torreón, en La Laguna y en el mundo entero. No es un blog de carácter partidista, ya que guarda la sana distancia que se requiere para hablar con la verdad. Es un blog dedicado a todos los torreonenses, cualquiera que sea su condición social, religión, credo u orientación. De preferencia se inclina a dar cuenta de fenómenos sociales, antes que a rendir culto a la personalidad o a la vida del político o del "socialité". 


El doctor en Antropología Felipe Castro Gutiérrez, muy conocido fuera de la capital mexicana por aquéllos que somos usuarios de H-México, presta sus servicios en el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, pertenece al Sistema Nacional de Investigadores nivel III, es Profesor de la asignatura “Edad Media en Europa” en el Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y es tutor del posgrado en Historia de la misma universidad. Ha recibido diversos reconocimientos, ha publicado artículos dictaminados sobre diversos temas en varios países, y participa en proyectos de investigación. Durante años, ha sido moderador del grupo virtual H-México. Asimismo, es autor de un blog denominado “Clíotropos. Crónicas del amor (y el desamor) de los historiadores por el mundo virtual”.

Él ha escrito sobre nuestro blog lo siguiente: “Crónica de Torreón, de Sergio Antonio Corona Páez, es un buen candidato al título de blog activo más antiguo sobre historia de México, dado que está en línea desde septiembre de 2006. El autor es un estudioso de la historia local, con varias publicaciones sobre el tema, y en este blog ha escrito asiduamente sobre lugares, acontecimientos y tradiciones del pasado. No olvida, tampoco, que un historiador se interesa por el pretérito, pero no es un anticuario, de modo que comenta y opina sobre los sucesos contemporáneos de su ciudad, particularmente en lo que se refiere a su patrimonio histórico”.


Nos es grato dar a conocer que este blog cuenta, al día de hoy, con más de 520 mil entradas de diversos países, como lo mostramos en los cuadros abajo. Para el blog de Justin Bieber quizá nuestra cantidad de visitas resulte ridícula; pero para un blog de Crónica de una ciudad como la nuestra, más de medio millón de visitas es una cantidad verdaderamente significativa, lo cual demuestra el interés cotidiano que este medio genera en la comunidad lagunera e internacional. Agradecemos a nuestros lectores su amabilidad, constancia y preferencia por este blog. 



Estadísticas del último mes


Estadística a partir de 2010



sábado, febrero 27, 2016

Arde el Coliseo






Ayer viernes por la noche se registró un incendio en el Coliseo Centenario de esta ciudad. Comenzaba a presentarse un espectáculo de rodeo, y los fuegos de artificio utilizados llegaron al domo del edificio, donde se incrustaron ardiendo, y comenzaron así el fuego. Se reportó que tanto los espectadores como los animales fueron puestos a salvo de inmediato. 

El Coliseo Centenario de Torreón se inauguró el viernes 8 de febrero de 2008, con capacidad para diez mil espectadores. Para algunos, se trataba de la mejor plaza de toros del norte de México, y hasta del país. El edificio, multifuncional en su diseño y actividades, ha sido usado también para presentación de artistas e incluso para eventos políticos, como fué el último informe de gobierno de Humberto Moreira Valdés. 




Este recinto semeja, toda proporción guardada, el Coliseo de Roma. En 2008, para su inauguración, hubo representaciones de luchas gladiatorias de inspiración romana. La formal declaratoria corrió a cargo del Lic. José Ángel Pérez Hernández, por entonces alcalde panista de Torreón, con la presencia de algunos funcionarios estatales y por supuesto, con la presencia y bendición del obispo de Torreón. 

Es una triste coincidencia que haya sido inaugurado un viernes de febrero, y también en un viernes de febrero se haya incendiado. 


miércoles, febrero 24, 2016

195 años del Plan de Iguala


Bandera de las Tres Garantías



Hoy, 24 de febrero, muchos recordamos que el verdadero objeto de celebración de este día no es la bandera, sino del plan con el cual se realizó la independencia de México en 1821, el Plan de las Tres Garantías simbolizadas con el verde, blanco y rojo.

Por supuesto que amamos a nuestra bandera. Nos resulta significativa por dos razones: porque es nuestro símbolo nacional (Territorio, Gobierno, Población), y también porque es la expresión gráfica del plan mediante el cual nos convertimos en una nación libre. Amamos y respetamos a nuestra bandera, pero también amamos y respetamos la verdad completa de su origen.

El Plan de Iguala se proclamó el 24 de febrero de 1821, hoy cumple exactamente 195 años. En esa época y dadas las circunstancias políticas en España, a los novohispanos se les hizo sentir profundamente amenazados en aquello que más amaban, su religión. Insisto, esto era lo que ellos percibían. No es ningún secreto que a México lo mueve la política, pero lo mueve mucho más la religión. La reciente visita del papa Francisco lo pone de relieve.

En 1821, el Plan de Iguala (que nada tenía que ver con los insurgentes) garantizaba el ejercicio de la religión católica (blanco) mediante la independencia política (verde). Y para evitar el temor que causaba el recuerdo de las pasadas guerras de independencia, se garantizó también la vida y bienes de todos los ciudadanos, fueran del color o condición que fueran (rojo). Es decir, los hombres de todas las etnias nacionales serían iguales ante la ley y se respetarían sus derechos y haberes. En esto Iguala superó a los Estados Unidos, ya que en México no habría esclavos.

Este plan proponía continuar bajo el sistema monárquico que existía desde los emperadores Mexica y posteriormente bajo los Austrias y Borbones. Nada de extraordinario tenía. Pero no sería una monarquía despótica ni absoluta, habría división de poderes y una constitución. Es decir, la modernidad de los grandes pensadores ingleses y franceses del siglo de las luces iluminaba este plan.

Realmente se ha minimizado de manera sistemática hasta el olvido, el valor que tuvo Iturbide para nuestra nación, acusándolo, como en su tiempo lo hicieron con Napoleón, de incongruente, oportunista y advenedizo al trono. Pero suponiendo —sin conceder— que lo hubiera sido, sus servicios para nuestra patria fueron inmensamente mayores y perdurables.

lunes, febrero 22, 2016

Respeto por la escritura de la historia






Texto del siglo XVI: probanza de méritos y servicios


Es un axioma que el historiador escribe desde el presente y para lectores del presente. Este historiador está condicionado por la educación (cultura, mentalidad, valores) que ha recibido en el presente. Es muy posible que su formación demócrata choque con el entusiasmo monárquico de la gente del siglo XVII. 

Si desea ser un historiador veraz de fenómenos sociales del siglo XVII, debe aprender a pensar y a sentir como lo hacía la gente del siglo XVII. Si no está dispuesto a hacerlo, será mejor que este aprendiz de historiador se convierta en aprendiz de literato y dé vuelo a su pluma sin que acalle ni le atormenten las voces del pasado. 

Porque el historiador debe ser un intérprete fiel de las voces del pasado, del sentir de la gente del pasado. Frente a ellos, no puede tener vida propia, debe someterse a ellos, así como el médium presta su corporalidad y habilidades a los que ya se han ido, para dejarlos hablar y ser ellos mismos. El historiador es un hombre de dos mundos, entiende perfectamente el mundo del pasado para convertirse en su vocero e intérprete en el mundo presente.

Por otra parte, no basta la simple intención o disponibilidad. Un historiador es un hombre dispuesto, pero también debe ser un hombre de ciencia. Es decir, debe convertirse en un erudito sobre la parcela de conducta social, tiempo y lugar que ha escogido para su estudio. Debe entender que los hechos poseen contextos que les dan sentido en cada época y lugar. 

En otras palabras, los hechos del pasado no son tan relevantes «porque fueron», sino, más bien, por lo que significaron para sus contemporáneos. Y aquí llegamos a un punto cuya importancia no podemos minimizar: la realidad no significa nada si no hay un ser humano que la perciba, interprete y aquilate. La historia no trata de lo que ocurrió, sino de lo que le ocurrió a alguien. 

Aun así, no basta con que el historiador nos comunique sus puntos de vista en torno a los hechos del pasado; es fundamental que nos pruebe, de manera razonada e irrefutable, que lo que nos dice es lo más verosímil, de acuerdo a las fuentes de información con las que cuenta. La ingenuidad no tiene cabida en esta disciplina. 

Y si el historiador no puede llegar a certezas plenas, deberá enunciar sus conclusiones como meras hipótesis, como posibilidades, como lecturas inconclusas que hace sobre los hechos del pasado. El problema —insoluble—de los positivistas consistía en cómo eliminar la subjetividad en el proceso cognoscitivo. Consideraban que la realidad era una e independiente de los seres humanos. Historiar requería eliminar la subjetividad. 

Pero como lo hemos venido comentando, no hay percepción sin un sujeto que perciba. Lo más que puede hacer el historiador moderno es informar a la comunidad «la lectura» (percepción metodológicamente fundamentada) que como perceptor ha obtenido sobre algún hecho del pasado. 

Mientras mejor entrenado y enterado esté, mayor será la probabilidad de que pueda contribuir con nuevos conocimientos al mundo de la historia metodológicamente válida, es decir, científica. Debe conocer todo lo que se ha escrito y publicado en torno al fenómeno que estudia, pues sería absurdo que quisiera descubrir algo que ya otro descubrió.


En su modalidad actual, la escritura de la historia consiste básicamente en una disciplina interpretativa, que usa el método científico en la observación, estudio y explicación de las huellas del pasado. Pues resulta que el historiador solamente puede «ver» los hechos del pasado a través de las huellas que éstos dejaron.

domingo, febrero 14, 2016

Identidad dinámica





Hace algún tiempo reflexionaba en mi libro “El País de La Laguna” que al hablar de sociedades y de problemáticas del presente debemos tener muy claro que estas sociedades reaccionan a los estímulos y fenómenos del presente con inercias culturales, con elementos del pasado. Es decir, sería poco atinado afirmar que el presente surge del presente y responde desde el presente. 

El presente es en realidad el escenario temporal (en el tiempo) en el cual ocurre la interacción, amalgamación o confrontación de inercias sociales compartidas que van muy atrás en el tiempo y en el espacio. Sin afirmar que los contenidos culturales son inmodificables o eternos, debemos reconocer que son características de la cultura —particularmente en las áreas rurales o aisladas, y por lo tanto, conservadoras— su tendencia a la perennidad, su capacidad de reproducirse a sí misma por medio de la apropiación de las nuevas generaciones que, en sus respectivos grupos sociales, están sometidas a su estímulo y aprendizaje.

Esta reflexión sobre el presente como lugar de encuentro en el tiempo entre las mentalidades del pasado con las del presente, y su consiguiente interacción y recíproco influjo, es perfectamente aplicable al concepto de “identidad”. Podemos convenir que la identidad es una manera de creer, de ser y de actuar ante la vida compartida por un grupo o una comunidad. Se trata de rasgos culturales que son característicos de una comunidad, y por lo tanto, diferenciadores. 

Los habitantes de La Comarca Lagunera nos hemos percibido a nosotros mismos de muy diversas maneras, precisamente porque nuestra identidad se ha ido modificando a través del tiempo y de diversos contextos sociales. Nuestra identidad ha sido dinámica. En el Censo de Parras y su jurisdicción en 1825, el alcalde Mijares realizó un ejercicio descriptivo del carácter de las gentes que habitaban el “país” o comarca, y percibió una identidad que nos diferenciaba de las características culturales de las gentes de otros lugares de la República. Su origen foráneo le ayudó a ver con más claridad y contraste.

Durante el último tercio del siglo diecinueve llegó el momento histórico en que esta toma de consciencia de la propia identidad se manifestó de una manera política, como nos lo refiere el periódico “La Bandera de Juárez” en su edición del 12 de mayo de 1873, página 2, en la cual menciona que el Sexto Congreso Constitucional iba a cerrar sus sesiones sin haberle dado trámite a las solicitudes de algunos peticionarios. Menciona el caso concreto de los laguneros que buscaban la creación de una entidad federativa: “los pueblos de la Laguna en los Estados de Durango y Coahuila, se alborotan, para exigir con las armas la creación de un Estado”.

Sin embargo, la desmembración del antiguo territorio del País de La Laguna en nuevos municipios fue fragmentando poco a poco la consciencia y la solidez de la vieja identidad regional. Lugares como Torreón recibieron el impacto de la migración nacional y extranjera, de suerte que la mentalidad regional comenzó a reconfigurarse con nuevos elementos culturales. 

Y ni qué decir del impacto tecnológico de los medios masivos mexicanos y extranjeros en la región, principalmente en las zonas urbanas laguneras. Aunque sobreviven algunos rasgos culturales como la apertura al cambio y el valor del trabajo como elemento generador de riqueza, la nuestra es una identidad cambiante, y me temo que no necesariamente para bien.


Tres próceres de la Fuente



Los descendientes del capitán Domingo de la Fuente y Da. Francisca Martínez Guajardo fueron muchos, ya que esta familia de origen saltillense, cuyos inicios se ubican a finales del siglo XVI y principios del XVII, se multiplicó y extendió por Nuevo León, Coahuila, Texas y otras entidades federativas de México y de los Estados Unidos.

Hoy quiero mencionar a tres de sus miembros, que fueron y son parte de la historia nacional, así como de las de Coahuila y de Nuevo León. 


Lic. Juan Antonio de la Fuente


El primero, el saltillense licenciado Juan Antonio de la Fuente, diputado de Coahuila; diputado constituyente de 1857; Ministro de Hacienda; Ministro de Justicia e Instrucción Pública; Ministro de Gobernación y Ministro de Relaciones Exteriores de la República Mexicana; Ministro Plenipotenciario de México cerca de Napoleón III. Muchos aspectos de su vida son bastante conocidos. 

Hay uno en particular que no creo que sea muy conocido: su sentido de nacionalismo, que le llevó a enfrentarse con el gobierno de Benito Juárez por razón del tratado Mc Lane-Ocampo. 

El dato lo refiere nada menos que el New York Times del 21 de diciembre de 1859, y comenta las entrevistas del señor Robert Mc Lane con el licenciado Juan Antonio de la Fuente y con otros miembros del gabinete Juarista. El tratado que se trataba de lograr, implicaba la cesión de libre tránsito a los estadounidenses a través de ciertas rutas en México: de Guaymas a Nogales, en Sonora, libertad de impuestos y derecho de paso a los estadounidenses a través del Istmo de Tehuantepec, y derecho de paso desde Mazatlán, Sinaloa,  Monterrey, Nuevo León  y Matamoros, Tamaulipas (de costa a costa). Todo para beneficio de los Estados Unidos y de manera perpetua, por supuesto, todo a cambio de cuatro millones de pesos que necesitaba Juárez para vencer a sus enemigos, los conservadores mexicanos. Por supuesto que el licenciado Juan Antonio de la Fuente, que entonces fungía como Ministro de Relaciones Exteriores, consideró que la firma de dicho tratado lesionaría la  soberanía nacional y se negó a ser parte del asunto. Veamos qué nos dice el New York Times al respecto (traducción mía): 




"El día 25 del pasado, el señor Mc Lane desembarcó y asumió nuevamente sus relaciones oficiales cerca de este gobierno [El de Benito Juárez]. Después de varias entrevistas entre el señor Mc Lane y el señor Fuente, Ministro de Relaciones Exteriores, éste último renunció a sus cargos de Ministro de Relaciones Exteriores y de Ministro de Hacienda, cargos de los cuales era titular,  Juárez y Ocampo lo forzaron a renunciar el primero de ellos, y los amigos de Lerdo [de Tejada] el último. Fuente se rehusó a aceptar el tratado Mc Lane, afirmando que él no endosaría la soberanía de México para ponerla en manos de los Estados Unidos, ya que el tratado era el medio para que ese país lo lograra. Pero este "moderado" quien [preferiría] ver a su país aniquilado antes que darle a los "pacíficos" americanos siquiera una oportunidad, afortunadamente ya está fuera de la escena [política], y las probabilidades [de firmar el tratado] son brillantes". 

Por supuesto que contrariar a Juárez, incluso por justas razones de nacionalismo o patriotismo, era dejar de brillar en la escena política nacional. Hoy solamente una medalla que la Universidad de Coahuila otorga a los estudiantes distinguidos, lleva su nombre, cuando en realidad debería de existir una a la altura de la medalla Belisario Domínguez, como una manera de honrar el espíritu patriótico y nacionalista de los beneméritos de la República Mexicana. 

Otro miembro de esta familia de la Fuente de Saltillo fue el general Gilberto de la Fuente Brondo, nacido en Monterrey, Nuevo León, el 4 de febrero de 1871, y bautizado en el templo de "La Purísima" ahí mismo el 11 de febrero ese año. Era hijo de Andrés de la Fuente Flores y de Dolores Brondo Martínez, y nieto de Joaquín de la Fuente y Flores de Abrego y de Ma. Trinidad Flores de Abrego, ambos de Saltillo.

Realizó estudios de medicina en el Hospital "José Eleuterío González" de Monterrey y posteriormente en el Colegio Militar. Recibió su título en el año de 1897. Como muchos de sus compañeros, perteneció al Club Politico Antirreeleccionista. 

Tomó parte como médico militar en las campañas maderista y constitucionalista, en donde se le concedió el grado de Coronel. De Nuevo León, pasó a prestar sus servicios en el Estado de Puebla, en donde se hizo estimar por su espíritu humanitario. 

Se encontraba en el Estado de Puebla, cuando don Vensutiano Carranza convocó a elecciones para el Congreso Constituyente, y los vecinos de la población de Huauchinango lo eligieron, por unanimidad, su representante en aquella histórica asamblea. 


D. Venustiano Carranza y el Dr. Gilberto de la Fuente Brondo


El Dr. Gilberto de la Fuente Brondo fue ascendido a general, fue director del Hospital Juárez de la ciudad de México y regidor de la misma ciudad. Casó con la señorita de origen italiano Petra Panzi, y sus hijos hicieron carrera en la Sorbona de París. 

Estudio del general Gilberto de la Fuente


El tercer miembro de esta familia al que quiero mencionar era otro militar, el coronel Fernando Villarreal de la Fuente, quien era sobrino del general Gilberto de la Fuente Brondo, ya que era hijo de la señora Concepción de la Fuente Brondo (hermana de Gilberto) y de Nicolás Villarreal. Este militar era el comandante de la plaza militar de Parras de la Fuente (apellidada así en honor de su pariente, el Lic. Juan Antonio de la Fuente). 

Si la guerra civil cristera fue una tragedia para nuestro país, también lo fue para la familia del coronel Fernando Villarreal, ya que él resultó ser uno de los mártires de dicha guerra, por el lado de las fuerzas gubernamentales. Gran amigo del padre jesuita David Maduro, le advirtió de buena manera que a él, como comandante militar, se le exigía el cierre de todas las iglesias, incluida la del Colegio de San Ignacio de Loyola. 

El 13 de febrero de 1929 acudió a la Iglesia del Colegio por la misma razón. Le comentó al padre Maduro que ese mismo día tendría que cerrar la iglesia, ya no podría haber demora. El padre le aseguró que lo haría, y que lo esperara afuera. 

Cuando el coronel Fernando Villarreal salía del templo, fue balaceado desde el interior del templo y por la espalda. Al parecer nunca se aclaró si el padre Maduro había sido el autor del atentado, u otro católico inflamado de celo cristero. El hecho es que ahí encontró su fin el coronel Villarreal de la Fuente. 

Su hermana, Consuelo Villarreal de la Fuente, enlazó por matrimonio con la familia de Venustiano Carranza, el varón de Cuatro Ciénegas. 


lunes, febrero 08, 2016

Elogio de la fortaleza



En sus bodas de oro matrimoniales

El pasado 23 de enero, a las dos de la mañana, falleció la señora María Concepción Páez Martínez, madre de este cronista oficial. Contaba con 93 años de edad, los cuales vivió con una salud a toda prueba, salvo el último, en que algunas complicaciones de una fractura de cadera terminaron con su vida. 

Mi madre siempre fue una de esas personas que por naturaleza poseen belleza, un porte distinguido y sentido de la propia dignidad, sin afectación alguna y sin hacer menosprecio de nadie. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el 7 de junio de 1922. 

Por su padre, D. Antonio Páez Sánchez y su abuelo paterno, D. Rafael Páez Saavedra, mi madre procedía de una antigua familia de terratenientes y militares de Guatemala, los Páez-Monteseros. La familia de su madre era propietaria, desde el siglo XVIII, de la gran hacienda e ingenio de las Tuzas, en Alaquines, San Luis Potosí, siendo sus ancestros los Martínez-Saldierna y Moctezuma.

La revolución y el reparto agrario cambiaron la suerte de su familia inmediata. Hubieron de migrar a Torreón a finales de los años treinta con el objeto de obtener mejores condiciones de vida, ya tan mermadas por los cambios revolucionarios y sociales de la época. Aquí en Torreón conoció al que habría de ser mi padre, don Félix Edmundo Corona de la Fuente, ingeniero originario de Monterrey y de familias norteñas de siglos de antigüedad. 

Luego de tratarse por un tiempo, unieron sus destinos y formaron una familia de cinco hijos: Enrique Edmundo, Félix Edmundo, Elba Olimpia (que reside en la Ciudad de México), Sergio Antonio y María Concepción [Gabriela] Corona Páez.

Mi madre siempre fue una persona con la fortaleza de un roble y una voluntad férrea. De ella aprendí el valor de la constancia, de la disciplina, del no quebrarse jamás ante la adversidad. Poseía un alma de guerrero samurái. Solía decir que educaba a sus hijos para que triunfaran en la vida, y si al final la amaban, sería ganancia. Pero la prioridad era formarlos para triunfar. 

Mi madre quedó viuda el 30 de abril de 1999, después de más de 50 años de matrimonio, y de varios más de cuidar a mi padre enfermo. Viuda, se dedicó como siempre a su hogar, ya que como mujer muy independiente, nunca quiso vivir en casa de ninguno de sus hijos. Cuidar sus mascotas, mirar programas televisivos de interés (fue ella quien me despertó el gusto por la historia), recibir a hijos y nietos, salir al cine o al café, hacer sus compras, siempre con ese gran sentido de independencia personal. 

Su muerte fue como su vida: estoica, fuerte, sin quejas. De cara al final, frente a frente, como el navegante que emprende viaje a sabiendas de que jamás volverá, y sin embargo, confiado en descubrir nuevos y maravillosos mundos. Y en su caso, por fin, al lado de mi padre. 

domingo, enero 31, 2016

Cines laguneros hace 50 años



Si hacer historia -en este caso, historia del entretenimiento audiovisual- es referir el cambio, mencionaremos que en enero de 1966 aún no existían el videocasete, el DVD, las PC´s ni el internet. Las películas había que verlas en los diversos cines de la región. ¿Cómo eran los cines laguneros hace medio siglo? ¿Qué había en cartelera en la última semana de enero de 1966?


Para entonces, el cine Nazas –el de mayor categoría en Torreón– exhibía “los dos éxitos más emocionantes de Sean Connery como James Bond”, “solo para adultos”: “El satánico doctor No” y “El regreso del agente 007” ("De Rusia con amor"). La permanencia era voluntaria, y la primera pasaba a las 16 y 19.55 horas; la segunda, a las 18 y a las 21.55 horas. El precio de entrada era de cinco pesos. 


En esa época, este cine incluía ya en su cartelera algunas películas mexicanas. Anteriormente, se caracterizaba por su preferencia por las cintas estadounidenses. Al menos, esa es la percepción de este cronista. En enero de 1966 anunciaba como próximo estreno algo “electrizante”. “Una descarga de emociones” solo para adultos: la película “Viento negro” con José Elías Moreno, David Reynoso, Jorge Martínez de Hoyos y otros actores. 


Esta película, del guionista Mario Martini y del director Servando González, había sido exhibida por vez primera en 1964. Trata sobre las obras de construcción del ferrocarril en el desierto de Altar, en Sonora, y resalta el drama humano y las consecuencias históricas que generaron dichas acciones (quizá las nuevas generaciones no conocen este filme). A esta cinta se le ubica entre las mejores películas mexicanas de todos los tiempos. 

Se anunciaba también una película francesa, una comedia, cuyo título en español era “Alpiste para los pajaritos”, del director Marcel Carné y que en francés se intitulaba “Du mouron pour les petits oiseaux”, que había sido estrenada en Francia en 1963.  


Por su parte, el cine Torreón, que pudiera estar a la par en categoría al cine Nazas, o tal vez apenas un poco menos que éste, anunciaba, “para niños y adultos”, “una maravillosa fantasía japonesa del siglo XVI”, “increíblemente fantástica”: “El pirata samurái”, con Toshiro Mifune. En “Eastmancolor” y “Cinemascope”. Es evidente que la capacidad para representar la viveza y la intensidad el color y el formato ancho de las imágenes proyectadas (el cine Torreón contaba con la pantalla adecuada) eran innovaciones de gran atractivo para el público cinéfilo de la época. 


Junto con “El pirata samurái” se presentaba la película “Combate” que la publicidad calificaba como “¡excitante!, ¡terrífica!, ¡explosiva!”. Beach Dickerson era el protagonista, según la misma publicidad. No hemos localizado sino tres películas de este actor, siempre en papeles secundarios: “El monstruo del mar encantado” (Creature from the haunted sea) de 1961; “Café Europa” (G.I. Blues) de 1960, en la cual el protagonista es Elvis Presley; y la tercera data de 1967. No podría estar en cartelera en 1966. 

Esta aparente manipulación de la temática de las películas a través de la publicidad, parece obedecer al gusto principal del público: películas de acción antes que de comedia romántica. La manipulación era simple mercadotecnia. 

El costo del boleto de entrada al cine Torreón era de tres pesos y cuarenta y cinco centavos. Otros cines de Torreón en funciones a finales de enero de 1966 eran el Laguna, Princesa, Modelo, Martínez, Cinelandia. Y en el área metropolitana, los cines Palacio, Unión y López.