Escudo de Torreón

Escudo de Torreón

domingo, septiembre 29, 2013

Lecciones del pasado





Quienes están familiarizados con la teoría política inglesa de finales del siglo XVII, conocen sin duda las afirmaciones de John Locke, si no el ideólogo, sí justificador de la caída de los Estuardo en favor de la casa de Orange en Inglaterra.

Clásico contractualista, para él la paz de la nación se basaba en la existencia del “Contrato Social”. El rey no estaba puesto en el trono por “derecho divino” ni era inamovible. El rey era solamente un “gerente”, un gestor a favor del bien común. En la medida en que hiciera bien su trabajo, podía mantenerse en el trono. Pero si sus acciones dejaban de orientarse hacia el bien de toda la población (bien común) y se dedicaba a beneficiarse él o a ciertos sectores de la aristocracia por encima de sus “commoners” o vasallos plebeyos, entonces se le consideraba un tirano. Es decir, un rey que había roto el contrato previamente estipulado de velar por el bien de todos los ciudadanos.

De acuerdo con Locke, un rey así ya no merecía estar en el trono, y sus gobernados podían deponerlo.

Los estadounidenses de 1773, concretamente en Boston, se inconformaron por un impuesto al té decretado por los ministros del rey, y usando la teoría política de Locke, organizaron un motín (Tea Party) y desconocieron al rey Jorge de Inglaterra, se consolidaron como 13 colonias unidas y proclamaron su independencia política de Inglaterra en 1776.

El hecho le causó mucha gracia a los Franceses y a los Españoles (ambos con reyes Borbones, enemigos de Inglaterra) y apoyaron a los rebeldes con barcos, armamento, dinero, instructores militares (como Lafayette) hasta que la independencia de las 13 colonias fuera reconocida por Inglaterra. Las 13 colonias unidas se convirtieron en los Estados Unidos.

España se arrepentiría posteriormente, cuando esos Estados Unidos le hicieron la guerra para quitarle Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
La teoría política de Locke resultó incendiaria, primero en Estados Unidos, donde creó la primera revolución (1776) y posteriormente en Francia (1789). Los franceses miraron el modelo estadounidense como el “estado deseable” de “libertad, igualdad y fraternidad” con un contrato social justo.

Nuevamente tenemos el caso de un rey que no entendió las necesidades de su pueblo, un pueblo que padecía hambre y deterioro, mientras la realeza, la aristocracia y el clero, resultaban ser los sectores favorecidos. El rey pensaba que solamente a Dios le daría cuentas, pero el pueblo, ya en plena ilustración, pensaba en la teoría de Locke difundida por los pensadores franceses, según la cual el rey puede ser un buen o un mal gerente (ejecutivo) y que se le deja o remueve según su desempeño. Así que Luis tuvo que dar cuentas a un tribunal francés.
Ese “pequeño descuido” intelectual de Luis XVI le costó, literalmente, la cabeza y la caída de la monarquía francesa.  

A veces pienso, con grande temor, en las reformas que el congreso está aprobando en México con singular alegría. Las alzas de impuestos en diferentes rubros serán mortales para la ciudadanía, en el contexto de una economía y de un poder adquisitivo ya por décadas tan deteriorados. Es preferible que el gobierno mexicano busque hacer más eficiente su propio funcionamiento, o que aprese a los “megapillos” que andan libres, o que limpie de corrupción a empresas como “Pemex,” antes que seguir sangrando a la ciudadanía, cuyo salario (si lo tiene)  no crece, ni remotamente, como lo hace el alza de precios.

Las clases gobernantes mexicanas deben dar señales claras de que les interesa el bienestar de las familias mexicanas, de ésas que no tienen poder político ni grandes capitales. Porque, como la historia lo demuestra, esos “olvidados” son los que inician los grandes estallidos sociales.




martes, septiembre 24, 2013

Las bebidas del "pecado"


Catedral de Durango, en la Nueva España



En otras ocasiones hemos hablado de la producción de vinos, aguardientes y vinagres en la región de Santa María de las Parras, actualmente conocida simplemente como Parras, Coahuila. Hemos comentado que los volúmenes de producción de destilados eran muy superiores a los que hasta hace poco se asignaban al siglo XVIII basados en el testimonio del P. Morfi.

Sin embargo, lejos de ser una actividad perseguida por las políticas peninsulares, la produccón de vinos, aguardientes y vinagres de uva en la Nueva Vizcaya, y particularmente en Santa María de las Parras, era una actividad que contaba con la protección oficial de la Corona y del obispado de Durango, en cuya jurisdicción caía dicho pueblo y parroquia. 

El monarca y la sede episcopal  protegían la fabricación de vinos y aguardientes de orujo de Parras —éstos últimos siempre fueron considerados legítimos— lanzando penas de excomunión contra todas aquellas personas que de alguna manera se viesen involucrados en la producción o el manejo directo o indirecto de bebidas elaboradas con alcoholes espurios o ilegítimos que no procedían de la vid—. 

Y es que la demanda por bebidas alcohólicas era muy grande en la Nueva España, sin ser la excepción el obispado de Durango, más aún, quizá dicha demanda era mayor en esta región debido precisamente a que, desde finales del siglo XVI, la Nueva Vizcaya o al menos una buena parte de ella, era un área productora de vinos, alcoholes y licores en la que se había desarrollado una cultura de consumo de vino y de bebidas etílicas.
  
El 26 de mayo de 1725 se decretó en Durango de la Nueva Vizcaya un edicto episcopal que condenaba la embriaguez (con alcoholes ilegítimos o no vínicos) como un vicio detestable a los ojos de Dios y por ser aquella raíz de pecados, vicios y desordenes.  Por esta razón se vetaron bebidas como el aguardiente de maguey, de caña o de miel; cantincara, ololinque, mistelas contrahechas  ( es decir, imitando a las de aguardiente vínico), vinos de coco,  sangres de conejo, binguíes, tepaches, mezcales, guarapo, bingarrotes, pulques amarillos y otros muchos que con semillas de árbol del Perú, varias raíces y otros perniciosos ingredientes componían y fabricaban  con conocido daño. 

Bajo pena de excomunión mayor quedaba prohibida a toda persona del obispado, fuere cual fuese su estado o calidad, la fabricación, compra, manipulación o uso de tales bebidas.  Evidentemente la verdadera motivación del edicto no era la de evitar o disminuir la embriaguez en sí misma —como si el vino de uva o el aguardiente de orujo no la provocasen— sino el temor al creciente arraigo y consumo de otras bebidas con el consiguiente decremento en la producción vitivinícola neovizcaína y la correlativa baja en los diezmos y en los beneficios sociales del cultivo de la vid.
  
El 10 de enero de 1756 se promulgó en Durango un nuevo edicto episcopal relativo a los fabricantes de bebidas alcohólicas que confirmaba los anteriormente decretados en esta diócesis, afirmando que muchas personas poco o nada “temerosas de Dios” fabricaban, vendían y tenían trato con las bebidas prohibidas y confeccionan el aguardiente de caña, de miel o chinguirito, mezcales, vinos de coco, mistelas contrahechas, binguies, tepaches, guarapos, vingarrotes, aguardientes de maguey y otras especies que se elaboraban con piñas, cascaras de plátano, árbol que llaman del Perú, frutas dulces y otros ingredientes.

De entre todas estas bebidas prohibidas, fueron el mezcal y el chinguirito las de mayor producción y consumo entre los habitantes de la Nueva España. Del primero nos da noticia Domingo Lázaro Arregui en su Descripción de la Nueva Galicia —escrita hacia 1621— diciendo que los mezcales son muy semejantes al maguey, y su raíz y asientos de las pencas se comen asados, y de ellas mismas, exprimiéndolas así asadas, sacan mosto de que sacan vino por alquitara (alambique) más claro que el agua y más fuerte que el aguardiente... 

El chinguirito era un aguardiente de caña. Se mezclaba el dulce con cierta cantidad de agua caliente, y se mantenía a temperatura ambiente o tibia durante quince o veinte días, que era lo que tardaba la fermentación. Luego se procedía a su destilación. Evidentemente, era mucho menos costoso hacer chinguirito que aguardiente de uva. El azúcar, melaza o miel —que tenía muchos otros usos cotidianos— se compraba sin despertar sospechas y todo el proceso de fabricación podía realizarse en el interior de una casa, sin necesidad de cultivos, ni de contratar servicios de ninguna especie. 

El edicto de 1756 refrenda la pena de excomunión mayor a quien fabrique, use, venda, recete o encubra las bebidas que se tienen prohibidas exceptuando solo al vino y aguardiente de vid,  mistela legítima y el pulque blanco, en concordancia con lo dispuesto por la recopilación de Leyes de Indias en su ley 37; titulo I; libro VI. Dos años más tarde, un nuevo edicto de fecha de 1 de julio de 1758 reiterara estas prohibiciones.

lunes, septiembre 16, 2013

Ciudadanos condecorados como "Distinguidos" en 2013

Transcribo a continuación la nota de "El Siglo de Torreón" sobre las condecoraciones de "Ciudadanos Distinguidos" por no haber podido ser testigo presencial, por causas de salud. 




"De acuerdo con el Comité de Evaluación “Ciudadanos Distinguidos 2013”, la Paca de Oro, le fue conferida a la profesora Graciela Montoya de la Cruz, quien ha sido presidenta del Club de la Unidad Deportiva de Torreón; la presea Medalla de Oro, al doctor Miguel Chong López, fundador de la Asociación Civil pro Infancia Neurogénica que brinda su apoyo a niños con defectos en tubo neural.

El Ayuntamiento reconoció con la presea Bulmaro Valdez Anaya al mérito científico, al doctor Jesús Rafael Argüello Astorga, fundador y director general del Instituto de Medicina Genómica; con la medalla Magdalena Mondragón a la doctora Imelda Ortiz de Widen, por sus méritos en promoción cultural.

El Trofeo de Cristal fue entregado a José Roberto “Massa” Ortiz Cervantes, actual campeón mundial Plata superligero del Consejo Mundial de Boxeo (WBC); el Trofeo de Cristal Capacidades Diferentes, le fue otorgado a Miguel Ángel Reyes González, quien ha obtenido grandes triunfos en karate, futbol y atletismo; el trofeo Niños Héroes le fue entregado a Esther González Medina, joven que participó en la Olimpiada 2013 con sede en Baja California, en la disciplina de natación, obteniendo medalla de oro; el Trofeo Niños Héroes de Chapultepec Capacidades Diferentes le fue otorgado a Juan Felipe del Real Herrera, seleccionado para el mundial de atletismo por la Federación Mexicana de Deportistas.

Por último, la categoría del Trofeo Oribe Peralta Al Mérito Olímpico se declaró desierta porque en esta ocasión no aplicaba".

Noche de "Grito"


El día de ayer, 15 de septiembre, fue un día fresco, de lluvia calmada, otoñal, tal y como recuerdo que era en mi niñez y adolescencia, cuando comenzaban las clases en septiembre y yo sufría de una permanente sensación de frío y de cierta ligera depresión por el el fresco post-veraniego y el gris de aquellos días.

Al comienzo del período de las clases, la mayoría de los alumnos no adquiríamos aún el sweater del uniforme, y no se nos permitía llevar otro. Los del años pasado no servían, porque uno crecía de manera constante. 

Anoche, como marca el ritual cívico de cada año, se llevó a cabo en la Plaza Mayor, la tradicional ceremonia del "Grito", en el que se honra a los héroes insurgentes y a la bandera mexicana, profiriendo loas y vivas. Es la última ocasión en que le corresponde hacerlo al actual alcalde de Torreón, Eduardo Olmos Castro. Desde luego, se encontraba acompañado de funcionarios, representantes del sector público, privado y militar, empresarios, y ciudadanos en general.

Foto de El Siglo de Torreón

Tras los discursos y vivas, se efectuó el espectáculo de los fuegos de artificio, que en el marco de la Plaza Mayor y de la obscuridad de la noche, lucieron esplendorosos. La Plaza Mayor brinda un espacio de cientos de metros libres de construcciones, que permiten admirar el espectáculo sin obstáculo alguno en el horizonte visual. 

domingo, septiembre 15, 2013

Los dos cumpleaños de Torreón




Torreón cumple hoy, 15 de septiembre, 106 años de haber sido elevada al rango de ciudad. Las autoridades estatales escogieron el 15 de septiembre para honrar a Don Porfirio Díaz, Presidente de la República en esa época, cuyo cumpleaños caía precisamente en ese día. La Plaza "2 de abril" (ahora Plaza de Armas) y la Calzada Porfirio Díaz (ahora Calzada Cuauhtémoc) dan fe de lo relacionada que estaba nuestra ciudad, con el Porfiriato.  

Por otra parte, el pasado 24 de febrero, Torreón cumplió 125 años desde su elevación al rango de villa, con jurisdicción y poderes municipales. Se escogió esa fecha (24 de febrero de 1893) para honrar el Plan de Iguala de Iturbide. 

Todas las ciudades celebran como fecha de fundación aquélla en que fueron erigidas como villas. Lógico, pues es entonces que se crea su municipio y se crea su ayuntamiento, autoridades y poderes locales. 

Torreón es la excepción, ya que celebra, no la fecha de creación de su municipio, sino la de su elevación a ciudad. ¿Por qué esta cronología y no la tradicional de cualquier villa o ciudad? 

Esta manera de celebrar el origen fue una ocurrencia de mi antecesor en el cargo, Eduardo Guerra, quien en 1932 obtuvo un apoyo económico del gobierno municipal para publicar una Historia de Torreón que coincidiera con los 25 años de existencia de la ciudad, siempre y cuando se comenzara a contar desde 1907. Y claro, con esa cronología se organizaron las "bodas de plata" de Torreón, y se obtuvo el consenso popular sobre la fecha del origen. 

Sin embargo, la realidad de la fundación y edad de Torreón no corresponde a las fechas propuestas por Eduardo Guerra. La historia no puede escribirse según los gustos o intereses de las personas que la forjan: debe ser apegada a los hechos y testimonios documentales, De otra manera, estaremos creando mitos, o simple literatura sin soporte documental. 



Las causas internacionales de la independencia de México






No deja de ser algo notable que el primero y el último de los movimientos mexicanos por la independencia, tuvieran su origen en situaciones de carácter internacional. El primero, el de 1808, se originó en la invasión y ocupación de España por los franceses. Algunos regidores del ayuntamiento de la ciudad de México, como Francisco Primo Verdad Ramos y Juan Francisco de Azcárate, aprovecharon el momento para proponer la independencia de la Nueva España, puesto que los reyes Carlos IV y Fernando VII se habían entregado mansamente a Napoleón Bonaparte, y habían puesto a sus pies la corona española.

Los mencionados regidores de la ciudad de México, que eran criollos, consideraban que en esas circunstancias, Nueva España debería separarse de la madre patria. Por supuesto, los españoles peninsulares residentes en México, abortaron este plan y asesinaron a Francisco Primo Verdad mediante un pretendido suicidio. Así, tristemente, acabó este primer movimiento independentista ( o autonomista) de 1808.

Doce años después, se presentó una nueva coyuntura política internacional: en 1820, el coronel Rafael del Riego, de ideología liberal, dio un golpe de estado en España, y obligó al rey Fernando VII a jurar de nuevo la Constitución de Cádiz, que era liberal. En virtud de lo establecido por esta constitución, se eligieron diputados liberales a las Cortes (las cámaras legislativas) y comenzaron a dictar leyes que amenazaban seriamente, no solamente los intereses del clero novohispano, sino su misma existencia. La aristocracia novohispana y buena parte del ejército consideraron que, dadas las circunstancias de La Península y al ver en peligro sus intereses, había llegado el momento de separarse políticamente de España.

Este último movimiento de independencia, apoyado por obvias razones por el clero institucional y las altas esferas de poder novohispano, como lo han indicado Lucas Alamán y Francisco de Paula Arrangoiz, entre muchos otros historiadores, tuvo su comienzo y su fin en 1821. Su promotor visible fue don Agustín de Iturbide,  por medio del Plan de Iguala, proclamado el 24 de febrero de 1821. Este plan fue ratificado mediante los Tratados de Córdoba, el 24 de agosto de 1821 por el mismo Iturbide y el último virrey capitán general de Nueva España, don Juan de O´Donojú.

El plan surgido en Iguala, obedecía a las necesidades del momento, y no tenía vínculos históricos con los anteriores movimientos de Hidalgo, ni Morelos. Al igual que el de 1808, este plan se originó también en las circunstancias internacionales prevalecientes en sus respectivos años.

El Plan de Iguala le garantizaba a los novohispanos tres cosas. Libertad para ejercer la religión católica (blanco) la independencia política para lograrlo (verde) y la igualdad de derechos para todos los mexicanos (rojo).                                       

Para poder cumplir la primera garantía, se requería necesariamente de la independencia política de España. Había que garantizar esta separación para anular las amenazas de la nueva legislación española, pues Nueva España ya no estaría más bajo el dominio de La Península ni tendría por qué obedecer sus nuevas leyes.

Para evitar cualquier desorden social en Nueva España al proclamar su independencia, se garantizaba que todos sus habitantes serían iguales ante la ley, sin esclavitud, ni distinción racial. Todos tendrían los mismos derechos, indios, negros, españoles o criollos, y se respetarían las propiedades de todos.


Así, con este Plan de Iguala del 24 de febrero de 1821, su bandera verde, blanca y roja, y el reconocimiento de O´Donojú, Iturbide y los firmantes del Acta de Independencia, se convirtieron en los fundadores del Estado Mexicano. Desde 1821, México es una nación libre. Los colores del Plan de Iguala se convirtieron en nuestra enseña nacional.

martes, septiembre 03, 2013

Las luchas entre indios laguneros

Mapa de La Laguna en el siglo XVIII


Prácticamente desde la fundación de los primeros asentamientos españoles y tlaxcaltecas en la  Región de Parras, El Alamo (hoy Viesca, Coah.) Mapimí y San Juan de Casta, los llamados “chichimecas” o “indios bárbaros” comenzaron a asaltar pequeñas poblaciones, rancherías, viajeros o recuas de arrieros. 

El Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Iberoamericana-Laguna conserva sobre estos temas testimonios desde octubre de 1682, año en que las autoridades españolas de Parras y Durango reportaban que 

“Yndios enemigos...[h]an bajado” y que estaban ranchados cerca del hábitat de los indios Laguneros y Bahaneros [que eran feligreses de el Pueblo de Sn.P[edr]o de La Laguna, pacíficos y aliados de los españoles] sin determinar su identidad. Estos indios enemigos causaban recelo y temor del “muncho daño” que les podían hacer [a Laguneros y Bahaneros] por ser como eran “Yndios Rebelados, traidores y que tantas veces [h]an quebrantado la paz que han ofrecido”.  Laguneros y Bahaneros temían “los asolacen los enemigos y llebasen sus mugeres” por lo que en esa ocasión se refugiaron en los alrededores de Santa María de las Parras en el “Sitio de Andrada”. En gran medida, los indios Laguneros y Bahaneros —que eran habitantes ribereños de la Comarca desde tiempos remotos—  se habían atraído la enemistad de la muy belicosa nación de los Tobosos porque aquéllos, como aliados de los blancos y tlaxcaltecas, les ayudaban a rastrearlos y perseguirlos, o, como lo dice un testimonio de 1683, los atacaban “por ser leales vasallos de su Mag[esta]d y amigos de los españoles y que en las entradas que d[ic]hos españoles hasen en busca de los yndios enemigos ban d[ic]hos laguneros en su aiuda y suelen servir de espías, por cuia rasón y enemistad avían de procurar destruírlos y acaballos, y les sería fácil por ser d[ic]hos tobosos muchos y guerreros, y éstos [los Laguneros y Bahaneros] pocos...” Y dice el Capitán Rodrigo García:  “...d[ic]hos laguneros no es posible se defiendan solos como [h]a susedido muchas vezes matarles gente, y en cierta ocación huvieranlos muerto a todos una madrugada a no [h]aversen allado acaso en d[ic]ha laguna dos españoles que les aiudaron a defendersen en la Ygl[es]ia que ya se la llebó el agua, y porque los yndios mismos laguneros me binieron a [a]visar como en muchas partes serca de la laguna avisan a [h]umasos de los enemigos...”

Los indios Tobosos habían sido evangelizados y sedentarizados por los misioneros españoles en la Región Lagunera del siglo XVII, pero sin mucho éxito, ya que —según el mismo escrito de 1683— “los yndios tobosos”... “estaban de paz y en doctrina”  pero se retiraron “alzados”,  es decir, en pie de guerra, y según la misma fuente testimonial, eran  muchos, belicosos,  crueles  y de “mal natural” (de mala entraña, diríamos hoy)  “matadores y robadores”. Los Tobosos eran muchos, nómadas y muy guerreros.  En 1683 se les había visto atacar a veinte leguas (unos 80 kilómetros) de Parras, donde vivían los Laguneros. Nos dice don Rodrigo García “después tube otro aviso (de) q(ue) avían visto rastros (de los tobosos) serca de su pueblo (de los laguneros, San Pedro de la Laguna).

De entre los cronistas de la Comarca Lagunera en la epoca colonial, el Padre Morfi nos da cuenta de las “naciones” que habitaban en la región: Irritilas, Mamazorras, Neguales, Salineros, Baxaneros, Laguneros y Cabezas, de las cuales dice que “habitaban las orillas de la Laguna de Parras”; y que era “su genio apocado”. Este comentario debe ser tomado desde su horizonte histórico, es decir, es un juicio emitido por un fraile del siglo XVIII, que habla desde la civilización sedentaria y acumuladora de excedentes característica del pensamiento occidental. Conoce también la crueldad de algunas tribus del Norte Novohispano. 

Para él, los grupos sedentarios y pacíficos que habitaban la orilla de la Laguna de Parras eran “apocados” por no hacer la guerra y por no valorar la acumulación de excedentes (siendo cazadores y recolectores, sólo tomaban lo que necesitaban para vivir “al día”. Los indios laguneros no consideraban como un valor ni la guerra ni la belicosidad. Se sustentaban de la abundante caza, pesca y recolección. Los mismos padres misioneros dan testimonio de su hospitalidad y disposición a ser evangelizados. Les gustaba la caza, no la guerra.  Por su parte, Orozco y Berra menciona que los indios que habitaban la Laguna eran pacíficos “mansos” mientras que los indios guerreros eran “vomitados” por el Bolsón de Mapimí, entre ellos los Tobosos,  Cocóyomes, Cabezas y Apaches  

jueves, agosto 22, 2013

El Café Meléndez en mi memoria





Uno de los primeros restaurantes a los que recuerdo haber concurrido durante mi remota infancia, fue el “Café Meléndez”. Probablemente porque era uno de los establecimientos situados al oriente de la ciudad, cuando la gran mayoría se encontraban en el poniente, en el centro de Torreón. 

Mis padres, al igual que otras familias como las del Ing. Valdés Muriel, los Rodríguez o los Campos, vivían por la cara oriental del Bosque Venustiano Carranza, vecinos al Colegio Cervantes. Y recuerdo que en ciertas ocasiones, cuando a mis padres les apetecía cenar fuera, particularmente comida mexicana, acudíamos precisamente al Café Meléndez.  No quedaba lejos de casa, se ubicaba en la “Calzada Vicente Guerrero” (Avenida Juárez) 2231 oriente. Es decir, entre las calles 22 y 23, casi frente a una gasolinera. 

En esa época, la salida de la ciudad hacia el oriente, para ir a Matamoros, o a Saltillo, era precisamente la avenida Juárez. Lo que actualmente es el Paseo de la Rosita, era prácticamente el límite de la ciudad, bordeada de pinabetes y sembradíos que tornaban extremadamente fresco el ambiente por la noche. Pero a lo que voy es a que, siendo la avenida Juárez la salida de la ciudad hacia el oriente, y cerca de una gasolinera, el Café Meléndez se encontraba muy bien ubicado. 

En la época de la que hablo (1950-1956) no existía el Boulevard Revolución, solamente las viejas vías del ferrocarril sobre el bordo característico que soporta el paso de los ferrocarriles.

El lugar, propiedad de la familia Meléndez, estaba decorado con motivos mexicanos, y al gusto de sus dueños. Recuerdo cobijas multicolores, pequeñas esculturas antropomorfas de cerámica pintada, máscaras, esculturas de piedra en estilo prehispánico, paisajes típicos y colores muy cálidos.


D. Carlos Obregón Meléndez


Por lo general, pedía siempre lo mismo: el caldillo de carne seca, el machacado con huevo. Desde luego, la oferta de platillos era muy variada: fritada de cabrito (era de los pocos lugares que vendía cabrito) mole, tamales, menudo, machacado que ya mencioné, machitos, tortillas de harina suculentas, huevos al gusto, particularmente los rancheros y toda clase de antojitos.

Al mediodía existía la posibilidad de pedir la comida corrida, si no iba uno particularmente interesado en alguno de aquéllos antojitos.
El Café Meléndez, de acuerdo a su propia publicidad, abrió el establecimiento durante el año de 1910. Por ese simple hecho, puede ser considerado uno de los “merenderos” o restaurantes más antiguos y que duraron más tiempo en servicio en Torreón.

En 1941, el Café Meléndez ofrecía “comida casera para viajeros”. En 1944 vendía antojitos mexicanos como machitos, manitas de puerco, cabrito, chiles rellenos, y “tacos estilo Meléndez” “frente a la plaza”. Suponemos que era la Plaza de Armas.

En ocasiones especiales como la Nochevieja o el 15 de septiembre, el establecimiento no cerraba sus puertas, recibía a su clientela durante toda la noche. Para esas “desveladas”. En 1954 el restaurante se encontraba ya situado en la avenida Juárez. En los años setenta, este café ofrecía audiciones musicales por las noches, para ambientar a los comensales. En estas ocasiones se presentaban personajes como el profesor Prócoro Castañeda al violín, o el profesor Marcelo Rodríguez al piano. El horario usual era de 8 a.m. a 11 p.m.

Con el tiempo, el Café Meléndez incluyó platillos que no eran de origen mexicano, pero que si tenían cierta demanda, como la paella y las hamburguesas estilo estadounidense.

La última ocasión en que el Café Meléndez desplegó su publicidad en los diarios, fue el 21 de septiembre de 1993, con motivo del Día del Restaurantero, evento promovido por la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados.  

miércoles, agosto 14, 2013

El tiempo es oro

Archivo del Centro de Investigaciones Históricas de la Ibero Torreón


Una de las grandes dificultades que muchas veces impiden justipreciar el valor de la investigación histórica en algunas instituciones científicas o de educación superior en México, es que en ellas existe un enorme prejuicio sobre la naturaleza de dicha investigación y sobre su valor relativo. 

Es muy común que los científicos o académicos de estas instituciones —formados muchas veces en las “ciencias duras”— consideren que la investigación histórica es mero “rollo”, un “pasatiempo cultural”. Para ellos, este “pasatiempo” quizá pudiera redimirse con la edición de algunos libros con funciones puramente estéticas y/o de entretenimiento. Con esta visión no es de sorprender que se considere que la historiografía debería estar englobada en el bloque institucional de las “relaciones públicas” o de la “cultura”.

Solamente alguien que haya sido formado en las ciencias sociales y que conozca la complejidad de la naturaleza de las relaciones del ser humano en comunidad puede entender el valor de la Historia como ciencia. Esta complejidad básica se manifiesta en la existencia de múltiples culturas  en el espacio y en el tiempo, pero no se trata solamente de un problema de comprensión, sino de autodefinición, como pasaremos a mostrar. 

Un historiador científico está lejos de ser un anticuario, un ser humano que encuentra placer romántico en los restos materiales o en la representación del pasado. El historiador vive en el presente, investiga en el presente y escribe para los lectores del presente. Como la de cualquier científico, su actividad puede tener dos actitudes que se corresponden con sendas vertientes profesionales: la generación del conocimiento por el conocimiento (ciencia pura) y la generación del conocimiento con fines prácticos (ciencia aplicada). 

Hay científicos que profundizan en la teoría de la historiografía,  o que buscan generar explicaciones de fenómenos del pasado aunque no tengan una conexión inmediata con algún problema del presente. Estos historiadores pueden generar conocimientos de utilidad interdisciplinaria  y también para la educación de calidad. Después de todo, suponemos que una universidad debe contribuir al desarrollo de la sociedad generando nuevos conocimientos.

El segundo enfoque, que es el que abordo en este artículo, corresponde al historiador científico que —a partir de determinados problemas  del presente— busca explicaciones de fenómenos sociales del pasado que posibiliten la solución eficaz de dichos problemas. 

Los problemas sociales que nos afectan en la actualidad pueden ser crónicos y manifestarse en circunstancias y de maneras diferentes en cada generación. Usando una metáfora diremos que la sociedad es como un paciente, y el científico social es como el médico que lo atiende. Si el médico receta un paliativo para evitar los síntomas del enfermo, éste aparentemente sana, pero no tardará en presentar los mismos u otros síntomas, porque la enfermedad sigue oculta y sin diagnóstico. 

El historiador es el científico que debe investigar el pasado del paciente para detectar las manifestaciones pretéritas de la enfermedad. Esto le permitirá la elaboración de una historia clínica y de un diagnóstico a partir de la enfermedad (no de los síntomas), y la aplicación de una terapia tan eficaz como definitiva. 

Como podemos ver, hurgar en el pasado con esta actitud tiene el fin de resolver un problema del presente. Porque el historiador es un científico que vive en el presente para mejorar el presente y el futuro. Siguiendo la metáfora, la sola elaboración de análisis clínicos del paciente (recuento de glóbulos rojos, leucocitos, plaquetas, porcentajes de lípidos, glucosa, etc.) sin una historia clínica previa y sin un científico que interprete los análisis, equivale al uso de la estadística —mera herramienta— para diagnosticar problemas sociales. No se contaría con la perspectiva que permitiría situar e interpretar los resultados en el marco de una trayectoria dinámica, como un proceso de naturaleza cultural que hunde sus raíces en el pasado, nos afecta en el presente y se proyecta hacia el futuro.  

El tiempo es dinero... y, en un sentido muy real, sucede lo mismo con la historia: una adecuada inversión para la investigación científica de un fenómeno social en el tiempo, también es oro. Proporciona diagnósticos que abren el camino a soluciones reales. Evita los desembolsos recurrentes que solo sirven para mitigar síntomas (en el mejor de los casos). 

Escribir historia científica no es un pasatiempo de ancianos llenos de recuerdos, añoranzas o intereses políticos. Hacer historia es investigar para demostrar, con una metodología válida, cómo ciertos fenómenos de las sociedades del pasado impactan en las conductas o fenómenos sociales de nuestro presente, para bien o para mal. Los fenómenos históricos de larga duración condicionan y pueden comprometer el establecimiento de un desarrollo sustentable. ¿Cómo prometerle a nuestro paciente un futuro saludable a sabiendas de que solamente le curamos los síntomas del momento? 

Como decía al principio, también la autodefinición y las propias expectativas cuentan. En México, por desgracia, existe una cultura del “tercermundismo”. Muchas veces sucede que no nos consideramos capaces de generar conocimientos o tecnología como lo hace el “primer mundo”, ni contamos con presupuestos como los de las naciones que lo constituyen. Tal vez. Pero la investigación histórica científica la requiere hasta la nación más pobre con el objeto de entender por qué existen y cómo han evolucionado sus problemas económicos, sociales, religiosos, educativos, etc. hasta el día presente. Hecho esto, los problemas pueden resolverse con eficacia y sin dispendios. 

A la vista de la crisis múltiple que padecen México y otras naciones latinoamericanas, lo más económico es la eficacia. Time is money...

lunes, agosto 05, 2013

El trabajo, un valor lagunero



El País de La Laguna en el siglo XVIII


La llegada de los colonos españoles, criollos y de los grupos indígenas occidentalizados, particularmente de los tlaxcaltecas, al "País de La Laguna", marcó un cambio total en la percepción de la realidad del ser humano y de su entorno. La percepción de la realidad varía de acuerdo a las premisas del perceptor. Las relaciones que el sujeto establece con la realidad están culturalmente condicionadas. Porque, a final de cuentas, el perceptor es hijo de la sociedad que lo conforma, y actúa en consecuencia. 

Los colonos de finales del siglo XVI—que ciertamente llegaron para quedarse— establecieron relaciones nuevas con el entorno «lagunero», y ellos se convirtieron en los padres fundadores de nuestra cultura lagunera. El año de 1598 representa el simbólico parteaguas entre la gentilidad y la cristiandad, entre la prehistoria y la historia, entre la infinitud de los espacios y la formación de una comarca domesticada por el hombre y para el hombre. 1598 marca asimismo el inicio de un mestizaje biológico y cultural que perdura hasta el siglo XXI. 

Cuando los colonos españoles e indígenas mesoamericanos se establecieron en lo que ahora conocemos como Comarca Lagunera, la tierra y el agua fueron percibidos como medios de producción, y se convirtieron en bienes deseables en función de la producción agropecuaria que podían lograr con ellas. Se establecieron límites y linderos donde antes no existían. Los espacios libres se convirtieron en espacios culturalmente acotados. Lo mismo sucedió con los yacimientos argentíferos. 

Algunos españoles como Francisco de Urdiñola acumularon tierras y aguas realengas no tanto por su primaria capacidad productiva cuanto por su virtud para conferir prestigio social. Pero la gran mayoría de los habitantes españoles e indígenas de Parras pronto comprendieron que, a falta de riqueza mineral, el trabajo y el dinero invertido en un cultivo eminentemente comercial, como era el de la vid, podía redituar de una manera insospechada. Una pareja podía casarse, adquirir una casa con su mobiliario, mantener una docena de hijos y multiplicar el patrimonio familiar por diez si contaba con una o dos pequeñas huertas vitivinícolas. La suerte ya no jugaba un papel tan definitivo cuando el trabajo mismo era percibido y empleado como factor generador de riqueza. El trabajo comenzó a ser percibido como una actividad digna y deseable, adquirió valor social. 


El trabajo no mancillaba la dignidad de los hijosdalgo, ya fueran vascos o tlaxcaltecas. Con esta concepción del trabajo, los parrenses se adelantaron casi dos siglos a la real cédula de Carlos III de 18 de marzo de 1783, por la cual declaraba la «limpieza» legal de todos los oficios, es decir, que la nobleza y el trabajo, aunque fuera manual, eran compatibles. 

lunes, julio 29, 2013

Estampilla conmemorativa del centenario de un plan


Tras un fin de semana lluvioso, particularmente ayer domingo y hoy lunes por la mañana temprano, y tras enterarme de la trágica muerte de Christian Benítez, me reincorporé a mis quehaceres académicos en la Universidad Iberoamericana. Dos semanas de vacaciones le reparan el ánimo a cualquiera, sobre todo cuando uno está en contacto con los nietos, esos duendecillos de mirada limpia, de sonrisa luminosa y fácil y de corazón inmenso. 




En el curso de la mañana recibí en mi oficina una cordial y muy atenta carta del gobernador constitucional del Estado de Coahuila de Zaragoza, Rubén Moreira Valdés. Me imagino que todos y cada uno de los cronistas oficiales del estado debe haber recibido una semejante. 

A la carta le acompañaba un sobre con algunas estampillas postales conmemorativas del centenario del Plan de Guadalupe, aquél por medio del cual se desconoció la tiranía de Victoriano Huerta en 1913. Las estampillas tienen un gran valor filatélico, ya que vienen canceladas (selladas) el 26 de marzo pasado, fecha exacta del centenario de la proclamación del plan en la Hacienda de Guadalupe, en Coahuila. 

El tiraje total de estampillas que Correos de México imprimió para celebrar el centenario del inicio de la lucha constitucionalista, fue de doscientos mil sellos. Es una buena idea del gobierno del estado difundir estas piezas conmemorativas de colección. La estampilla o sello postal puede reunir, en un solo objeto, el interés estético con el valor histórico e incluso, el ideológico. Su valor pragmático consiste en que su adquisición, nos permite usar el servicio postal mexicano para envíos de correo y paquetería. 

Agradezco al gobierno del Estado la deferencia que ha tenido para poner en manos de nosotros, los cronistas oficiales de Coahuila, estas piezas de colección. 



Muere un ex-guerrero del Santos



Christian Rogelio Benítez Betancourt, uno de los distinguidos guerreros del Santos Laguna, conocido simplemente como "Christian Benítez",  destacado por su trayectoria profesional, murió hoy. El ex-guerrero (dudo que se pueda ser "ex-guerrero) jugó la temporada pasada con el equipo América de la ciudad de México, y posteriormente fue contratado para jugar en Qatar, en el Medio Oriente. 

Los reportes existentes desde Qatar dicen que Christian experimentó  un fuerte dolor de estómago que lo llevó al hospital, donde sufrió un infarto y murió. Es muy factible que así fuera, pues muchas veces los síntomas previos de los infartos incluyen lo que parece ser un gran malestar estomacal.  

La Comarca Lagunera siempre recordará a este guerrero que tantas satisfacciones le dio a la afición. Envía a su familia, a sus seres queridos y a sus compañeros y amigos, las más sinceras y sentidas condolencias. Descanse en paz. 

Actualización: Según fuentes mediáticas, el problema que causó la muerte de Christian Benítez fue una apendicitis que degeneró en peritonitis. Según su familia, la complicación se debió a la inadecuada atención médica que recibió. 

viernes, julio 26, 2013

Plaza "2 de abril"



El fin de semana pasado, Torreón estuvo irreconocible. Cuatro o cinco días de nublados, lluvias medianas y ligeras, temperaturas de 20 grados C., un viento suave y refrescante corriendo todo el día y la noche. A ratos, mientras tomaba el café por la Calzada Colón, me parecía estar en la Guadalajara de mis años mozos, cuando estudiaba en el ITESO mi licenciatura de Ciencias de la Comunicación. Estas lluvias anuncian ya el cambio de estación, por más que el verano oficialmente acabe hasta septiembre. Dudo mucho que regresen los calores de 40 grados o más.  

Y para pasar a otro tema: más que una moda, conservar los sitios históricos tal y como eran originalmente, y con sus propios nombres, es un rasgo y constante de los países civilizados. Quien haya visitado Europa lo podrá constatar. En gran medida, en eso radica su encanto. Esto demuestra el gran respeto que los europeos se tienen a sí mismos, a su identidad y a su historia. Estados Unidos ha hecho lo mismo: ciudades como San Francisco, Los Ángeles, San Diego, San Antonio, Albuquerque (título de un duque español), Galveston (por el conde de Gálvez) han mantenido sus nombres, a pesar de haber sido tomados como botín de guerra desde 1846-1848.  Estados como California, Arizona, Colorado, Nuevo México, Nevada, Texas y Florida también retienen sus nombres castellanos originales, a pesar de encontrarse en un país de mayoría anglófona. ¿Y que decir de Louisiana, bautizada así por los franceses en honor del rey Luis de Borbón?

No sería ninguna herejía política devolverle su nombre a la Plaza de Armas “2 de abril”, dado que en esa fecha México ganó una gran batalla contra los ejércitos franceses. Es un nombre que afirma el orgullo de ser mexicano. Pero claro, como Porfirio Díaz fue el héroe de esa batalla, muchos se rasgarían las vestiduras. Porfirio Díaz fue un gran presidente, y el primero en reconocerlo fue el mismo Francisco I. Madero en su libro “La Sucesión Presidencial”. Si el venerado padre y profeta de la Revolución Mexicana lo afirma, ¿quiénes son los “revolucionarios” que lo pueden negar? ¿Serán más papistas que el papa? Y no solo lo admiraba de dientes afuera, la prueba es que Madero ganó la presidencia, pero dejo intacta la estructura de poder porfiriana. Creía en ella. Luchaba solo por una apertura democrática, no por una verdadera revolución social.

Por cierto, muchos de los problemas de despojos agrarios que se le atribuyen al Porfiriato, en realidad fueron creados por los liberales en el poder y la constitución desde 1857, al desconocer la propiedad comunal de la tierra.  Muchas tierras que pertenecían a pueblos enteros, o condueñazgos familiares que venían desde la colonia, fueron, de un plumazo, declarados “sin dueño”, “baldíos”. Así que quienes tenían poder económico, “denunciaron” esas tierras “sin dueño” y las compraron. Sus propietarios originales tuvieron que trabajar sus propias tierras, ahora como peones.

Mi opinión como Defensor del Centro Histórico, función esta última que de oficio tengo como Cronista Oficial, de acuerdo con el Reglamento Municipal de Cronistas, es que, lejos de seguir modificando y deforestando el centro histórico, como desgraciada e impunemente se hizo durante la gestión del alcalde Pérez Hernández, debemos devolver nombres y aspectos originales a los diversos sitios que lo conforman. ¿Sería correcto modificar la pirámide del sol en Teotihuacan para construirle una rentable innovación? ¿Para qué seguir con la vandálica destrucción de los más bellos elementos de nuestro pasado? Desde 1948 carecemos de una calle con el nombre de Iturbide, como la que le dedicó la ciudadanía de Torreón al libertador en 1910, centenario del grito de la Independencia Nacional. Si se le cambió el nombre por el de “Presidente Carranza”, no fue porque Iturbide fuera un traidor, sino porque un general quiso quedar bien con la nueva historia oficial postrevolucionaria.

Es verdad, a la Plaza de Armas le falta su Kiosco, el mismo donde tocaba la Banda Municipal cuando la Avenida Morelos era el paseo citadino por excelencia. Los kioscos son el toque porfiriano de las plazas que se construyeron en esa época. Si ese kiosco es o no el que está en la Colonia Martínez Adame, no lo sé. No conozco el que se encuentra en esa colonia. Lo que sí sé es que a la plaza le sobra una fea torre con reloj, remedo de torreón (que no va con el estilo ni época de la plaza) que fue colocada ahí una vez que despojaron a la plaza de su kiosco original.

Ahora bien, al reconocer que hay que ceder algunos espacios a los procesos urbanos de modernización, debemos adaptarlos a las necesidades de nuestro clima. La plaza mayor es un logro arquitectónico que muchos han discutido, y muchos otros alabado. Por lo que a mi respecta, creo que mejoró bastante el aspecto de esa área citadina, aunque considero que funcionaría mejor con sombra abundante, con árboles frondosos, ya que en la actualidad, por la inclemencia del sol, es una plaza para disfrutarla por la mañana o por la noche.   

jueves, julio 18, 2013

Relámpagos de tormenta en 1910

Torreón en 1910. En primer plano, el casco de la hacienda



Desde el punto de vista del Partido Maderista, la Revolución Mexicana se consideraba consumada en 1911. Y es que, según la óptica del iniciador de este movimiento popular, todo el objetivo del Plan de San Luis consistía en liberarse de la dictadura de Porfirio Díaz para entrar al libre ejercicio de la democracia.

Sin embargo, la revolución de Madero no era la que concebía Zapata, ni tampoco fue la que posteriormente luchó Carranza. Durante el período 1910-1929, hasta la fundación del Partido Nacional Revolucionario, hubo multitud de caudillos, ideologías e incluso golpes y revoluciones dentro de la misma Revolución.

No hace mucho, Friedrich Katz expresaba su asombro ante la “capacidad de lucha de los mexicanos” al referirse a la historia de la Revolución. Para Katz, la lucha de las clases populares fue decisiva para el triunfo de la Revolución, a diferencia —dice— de lo que sucedió en otros países.

Resulta de la mayor relevancia profundizar los estudios de las diferentes fases de la lucha social 1910-1929, ya que se le ha dado gran importancia al aspecto militar y político, pero relativamente poco al de la participación ciudadana. Para Katz, no hubiera habido revolución si hubiese faltado el factor “pueblo”.

Esto es particularmente importante si consideramos que La Laguna fue la cuna del Maderismo, y Coahuila, del Constitucionalismo. Si la premisa de Katz es correcta, el triunfo de la Revolución pertenece más al pueblo que a sus líderes. Sin embargo, la historia oficial se apropió de los líderes y dejó en completo olvido a quienes fueron los auténticos revolucionarios. Porque sin seguidores que apoyen, no hay líderes.

El periódico capitalino “La Iberia”, en su edición del sábado 11 de junio de 1910, presenta un encabezado de primera plana que dice, en relación a Francisco I. Madero “El delito de sedición plenamente comprobado. Documentos importantes publicados por la prensa de información”. Entre las diferentes noticias publicadas bajo este encabezado, aparece un telegrama enviado desde Torreón, el 6 de junio de 1910, es decir, 5 meses antes de la fecha del alzamiento revolucionario. Se transcribe a continuación:

“Torreón, junio 6 de 1910. Los jefes de los antireeleccionistas aquí, fueron aprehendidos por autoridad judicial. Según informes, solicitaron al Jefe Político don Luis G. de Letona permiso para hacer una manifestación en las calles a la llegada del señor Madero, el cual les fue negado, diciendo la autoridad que no tenía bastante policía para cuidar el orden en las calles; pero que podían hacer la manifestación en el teatro ú otro lugar cerrado. Los antireeleccionistas insistieron y como el Jefe Político siguió resistiendo, lo amagaron con que de una vez se lanzarían a la revolución. Entonces fueron consignados al juez, que los mandó aprehender”.

En otro punto comenta dicho periódico que

“la connivencia de Madero con los revoltosos de Torreón es segura, puesto que recibían fondos de los parientes de aquél para fomentar y preparar la revuelta. Se pretende hoy por los anti-reeleccionistas hacer creer que los movimientos revolucionarios son absolutamente locales y sin relación unos con otros; pero parece mentira que los pueblos, hasta hoy pacíficos, de Tlaxcala, de Atlixco y de otros puntos no hayan sentido ese gran descontento por sus autoridades, que los llevara hasta pretender rebelarse en armas, sino cuando la voz de Madero y sus secuaces se dejó escuchar, hablando de “reivindicaciones”. 

Y al comentar la relación que había entre líderes que convocaban a la rebelión y los ciudadanos que secundaban, comenta el periódico con gran sarcasmo:

“Los “neo-libertarios” niegan hoy sus palabras de ayer, y con la más inconcebible felonía pretenden echar sobre los incautos que se dejaron seducir por sus palabras, la tremenda responsabilidad de haber alterado el orden público, en un país que a orgullo tiene la paz de que disfruta. Ellos, los que se dicen amigos del pueblo, lo tachan hoy de asesino, de incendiario y de ladrón; lo hacen responsable de los actos reprobables a que lo han arrastrado”. 

lunes, julio 15, 2013

La salud de los mexicanos, asunto de seguridad nacional





¿No es extraño que en cincuenta años, México se convierta en un país de adictos al refresco, obesos y diabéticos, todo a la vez? ¿Dirá la Secretaría de Salud que estamos gordos solamente por comelones, y esto a pesar de la pobreza imperante? Me parece que la Secretaría de Salud  debería ponerse las pilas, y entender que este es un problema de seguridad nacional. No es el papel de las autoridades ponerse a regañar a la población mexicana como curas en cuaresma y pedirle que ayune. La salud de la nación -porque los mexicanos somos la nación, y sin mexicanos no existiría México- es la responsabilidad primordial y altísima de dicha secretaría.

A este paso, en breve los mexicanos, o casi todos, dependeremos de fármacos contra la diabetes y la hipertensión. La Secretaría de Salud debe realizar una investigación seria que cuantifique el impacto del consumo de bebidas dulces carbonatadas en el organismo del ser humano (de estas bebidas, México es un consumidor también de marca mundial). Seguramente existe una correlación positiva entre consumo de refrescos, obesidad y padecimiento de diabetes. Otra investigación  paralela requiere que se mida el impacto de las hormonas para la engorda del ganado, cuya carne ingerimos de manera cotidiana (o casi) en presentaciones culinarias que van de lo económico a lo suntuario.

Es de suponerse que si tal estudio existe, habrá muchos intereses económicos en juego para que no se divulguen tales resultados, en caso de ser negativos para la salud. Pero es obligación de las instituciones gubernamentales dar a conocer los resultados de tales estudios, si los tiene. Y si no los tiene, debería comenzar a trabajar en eso. La carne portadora de hormonas que aumentan la masa corporal, seguramente incide en el crecimiento mórbido de las personas, y probablemente, de los tumores cancerosos.

Las correlaciones que aquí se plantean son meras hipótesis, pero son hipótesis no solamente posibles, sino bastante probables. Explicarían de maravilla la simultaneidad de esos fenómenos negativos y hasta cierto punto recientes, relacionados con los altos índices de consumo de refrescos embotellados, obesidad, diabetes, hipertensión arterial y  cáncer en los mexicanos. Pero es obligación de las autoridades el comprobar o disprobar estas hipótesis por medio de la investigación válida y honrada. La salud, el futuro de los mexicanos y de nuestras familias depende de su dictamen. Y de la acción eficaz de los funcionarios públicos del más alto nivel. 

viernes, julio 12, 2013

Constancia de mayoría de votos para Miguel Ángel Riquelme Solís

Fotografía de El Siglo de Torreón

En el curso de hoy viernes 12 de julio, el candidato a la alcaldía de Torreón por el Partido Revolucionario Institucional, señor Miguel Ángel Riquelme Solís, recibió su constancia de mayoría de votos. Como es bien sabido, esta constancia, que lo convierte en presidente electo, es emitida por el  Instituto Electoral de Participación Ciudadana de Coahuila. 

Sin duda alguna, Riquelme Solís encontrará viejos retos aún por resolver, particularmente lo que se refiere a la inseguridad, creación de fuentes de trabajo, promoción del turismo y atracción de inversión al municipio.

Por lo que se refiere al Partido de Acción Nacional, aún no ha aceptado la derrota electoral y pide el recuento de voto por voto, y casilla por casilla. 

Actualización: 

Finalmente, Jesús de León Tello, candidato a la alcaldía de Torreón por el Partido Acción Nacional, aceptó, en rueda de prensa, el triunfo de su rival Miguel Ángel Riquelme Solís. Aunque no sin comentar que por partidos, ganó el PAN, y que fueron las alianzas las que le dieron el triunfo al PRI.  









miércoles, julio 10, 2013

"La Casona" del buen comer





En varias ocasiones, he escrito sobre los restaurantes que han hecho o marcado época en Torreón. Nuestra ciudad siempre ha contado con una buena cantidad de sitios de buen nivel y con una gran oferta de platillos de comida nacional e internacional. 

Uno de estos restaurantes fue, sin duda alguna, “La Casona”. Famosa desde los años setenta, fue objeto de cambios en su administración a través de décadas, alternando las épocas de abandono con las de bonanza y fama. 

“La Casona” inició su existencia como casa habitación. Está ubicada en la esquina noroeste del cruce de la avenida Morelos con la calle García Carrillo, apenas a una cuadra del costado oriental de la Alameda Zaragoza. Se trata de un lugar céntrico, que hace algún tiempo fue denominado como “zona rosa de Torreón” por los restaurantes y tiendas que existían por el rumbo.

La historia de “La Casona” como restaurante, comienza con una decisión del conocido matrimonio de don Lucas Haces Gil y su esposa, doña Carmen Pámanes. Estaban interesados en poner a disposición de la sociedad lagunera, “un restaurante de gran categoría, con el deseo de que fuera un centro de reunión de lujo y comodidad, donde los laguneros pudieran concertar sus citas, comer y disfrutar de buenos platillos, bebidas y confort”. Con estas ideas en mente, “La Casona” fue inaugurada el 9 de agosto de 1973 con cena y variedad, con un costo de 75 pesos el boleto. Amenizaron “Julieta Paya y “Erick, el caballero de la canción”. El establecimiento abría doce horas al día, desde la una de la tarde a la una de la mañana, con música continua y servicio de restaurante. Diariamente se cambiaba el menú, y los domingos era especial. No había consumo mínimo.

En ciertas ocasiones, “La Casona” contrataba a artistas de nivel para que interpretaran sus éxitos más conocidos. En septiembre de 1974, la artista invitada era la brasileña Denise de Kalafe. En enero de 1975, ya se encontraba funcionando una “disco” en “La Casona”.

En abril de 1975, se renovó la administración de “La Casona”, la cual quedó en manos de los señores Claudinor Barbosa y señora. El toque personal que le dieron fue el de conseguir un ambiente familiar “para que los papás y mamás dejen venir, con toda confianza, a sus retoños a bailar a su tertulia dominical”.

El menú del 20 de abril consistía en cocktail de frutas, consomé de pollo, arroz a la jardinera, almendrado de ternera o dobladiña a la brasilera, y postre. El costo era de cuarenta pesos el cubierto.  

El canto y la música siguieron presentes en “La Casona”. Se contrataba a intérpretes como Lalo Ibarra, “La voz romántica de México” o al grupo “La muela del juicio”.

Un domingo cualquiera de 1975 se podía comer cocktail de aguacate, sopa de ajo, milanesa a la parmesana con ensalada y papas a la reina, flan o nieve por cuarenta pesos (cuatro centavos de nuestro peso actual). Por la noche del domingo, se llevaba a cabo la tertulia, con la presencia de “La muela del juicio”.

Otros artistas que se presentaron en esa época en “La Casona” fueron Lina de la Rosa, Lupe y Raúl, Raquel Olmedo y el grupo defeño “La Mezcla”.

En 1975, los anuncios publicitarios de “La Casona” adoptaron un estilo sui generis con la intención de causar un efecto cómico y relajado entre sus parroquianos. Probablemente iba más dirigido a los jóvenes que a los adultos.  

Para enero de 1976, el restaurante de mariscos “Boca del Río” había adquirido “La Casona”. El menú sufrió un cambio drástico: zarzuela de mariscos, pulpo en su tinta, ostiones en su concha, bacalao a la vizcaína, parrillada de mariscos. Los viernes, como el viernes 7 de enero de 1977, la variedad de platillos incluía camarones: a la diabla, imperial, al ajillo, en brochetas y en popurrí. Ostiones: naturales en su concha, casino, Rockefeller, en escabeche y a la diabla. Pescados: pámpano armandini, robalo papillón, filete en salsa verde, pescado a la oriental. Pulpos: en su tinta, a la mexicana, a la marinera, en entremés y en concha. De cena: pollo a la diabla, a la Bavaria, espagueti casino.

Realmente “La Casona” se caracterizó por épocas de sueños e inversiones, seguidas de fracasos económicos. Siempre ha resultado ser un lugar sin mucha suerte. No termina aquí la historia, pues aún he de referir cuando “La Casona” tuvo por dueño a Jared Borgetti, astro del Santos Laguna y de la selección nacional de futbol.