Escudo de Torreón

Escudo de Torreón

lunes, octubre 21, 2013

Falleció el Cronista de San Juan de Guadalupe, Durango




Lamentablemente, el profesor Blas Hernández Galván, quien fuera el Cronista Municipal de San Juan de Guadalupe, Durango, su ex alcalde y entusiasta promotor de aquella población, falleció la madrugada de ayer domingo 20 de octubre. 

Se le velará en Torreón hoy lunes 21 de octubre en el local de Jardines del Tiempo, Allende y calle Once. En el mismo lugar se celebrará la misa de cuerpo presente a las tres de la tarde. Y a las cuatro de la tarde, parte el cortejo fúnebre al cementerio Jardines del Tiempo.

Descanse en Paz. 

Viejas rivalidades entre Saltillo y Torreón


     


¿Cómo podríamos tratar de explicar el mutuo sentimiento de rivalidad que de antaño existe entre las ciudades de Saltillo y Torreón?  La capital coahuilense fue fundada hacia 1575, mientras que nuestra ciudad de Torreón apenas era una villa en 1893. En 1889, el gobierno del Estado de Coahuila con sede en Saltillo, liberó del pago de impuestos estatales y municipales por varios años a los habitantes de la villa y ferropuerto del Torreón, circunstancia que muchos laguneros aprovecharon para poner comercios, industrias o almacenes comerciales. Esta medida fue un detonante que impulsó el crecimiento del lugar, que pasó a ser una villa y posteriormente una ciudad de economía agroindustrial, a velocidad meteórica. La Laguna ya era una potencia económica por su algodón, y su puerto de entrada y salida de materias primas y productos manufacturados, de almacenes y tiendas, se focalizó en la villa del Torreón, precisamente porque era su ferropuerto regional. 

Saltillo no imaginaba ni esperaba que las cosas resultaran tan buenas para Torreón. Rápidamente se puso de relieve la diferencia de mentalidad entre ambas ciudades. Mientras que Saltillo era una ciudad con vocación netamente administrativa, Torreón era una ciudad empresarial que se construía a sí misma de una manera vertiginosa, gracias al impulso ferrocarrilero y gubernamental de sus inicios.

Por su parte, Saltillo tenía en su conciencia el haberle quitado a Monclova (la cabecera original de la Provincia de  Coahuila desde el siglo XVI) la capitalidad del estado en 1827, a pesar de que, desde el punto de vista histórico, Saltillo venía a ser una población “recién” incorporada a la provincia de Coahuila por decisión de Carlos III de 1785. 

Al ver el pujante crecimiento de la ciudad de Torreón, Saltillo sintió amenazada su condición de capital y los ingresos, oportunidades y las fuentes de trabajo que la burocracia estatal generaba. En pocas palabras, sintió amenazada su economía. Pero esta percepción estaba equivocada. Torreón jamás ha sido capital de estado, ni le interesaba serlo, porque no necesitaba los recursos de Coahuila para crecer. Se bastaba a sí misma, a través de sus pujantes empresas y empresarios. 

Ese prejuicio, erróneo temor y aparente desdén de los saltillenses hacia Torreón, ha creado muchos desencuentros y malquerencias a través del tiempo. A ojos de los torreonenses, pareciera que los Saltillenses consideraran a Torreón un simple lugar para obtener recursos, de múltiples maneras. Esa es la queja de innumerables taxistas, que se lamentan de que las placas en Torreón cuesten treinta mil pesos, y en Saltillo, solamente seis mil. Esta es una queja que escucho cotidianamente.

Este aparente “maltrato” y “descuido” de Saltillo hacia Torreón, es, en gran medida, el motor que impulsa las ideas de crear el Estado de La Laguna. Mantener la riqueza generada aquí mismo, y reinvertirla en beneficio de la región, es un propósito económico, más que político. Por supuesto que lo que expreso en estos párrafos es una mera opinión personal basada en la experiencia de muchos años. No es una demostración científica. Pero no creo que dicha opinión vaya tan desencaminada. 

viernes, octubre 18, 2013

Las antiguas culturas laguneras

Escudo de Castilla y León


Los colonos del País de La Laguna, de la Villa de Santiago del Saltillo y del Nuevo Reino de León (actualmente sur del Estado de Coahuila y Estado de Nuevo León, en el norte de México) trajeron de España y Portugal, en el siglo XVI, una rica cultura que era el resultado de la amalgama de las culturas cristiana medieval, la cultura judeo-española o sefardita (Sefarad = España) o judeo-portuguesa y de una cultura musulmana. 

No se puede hacer un estudio serio sobre la vieja cultura lagunera sin tomar en cuenta estos tres factores. Los hábitos kosher (no cría de cerdos, que es un elemento cultural judío y musulmán, sino hasta 1813), la importancia del trabajo como factor de producción de riqueza, el concepto del honor, el uso del pan ázimo (tortilla de harina), del cabrito asado, del uso del vino de uva (misa, y también kidush), el tipo de árboles frutales que se plantaban... Hay un sinnúmero de elementos culturales que subyacen es esas costumbres que esperan a ser estudiados. Lo anterior se enriqueció además con la cultura tlaxcalteca, usos y costumbres, valores y mentalidad precolombina y colonial, así como la presencia de la cultura de los negros esclavizados, procedentes de Angola y de Guinea. 

Como historiador del período colonial de la Comarca Lagunera, entonces llamada País de La Laguna, y Cronista Oficial del Torreón del presente, estoy muy atento a todas esas culturas que formaron la riqueza de la nuestra.

martes, octubre 15, 2013

Las plagas bíblicas





Pobre Torreón... Como dice el profeta Joel en el capítulo 1, verso 4:

"Lo que dejó el saltamontes
lo devoró la langosta,
lo que dejó la langosta
lo devoró el gusano,
y lo que dejó el gusano
lo devoró la oruga"

Y refiriéndose a la plaga de insectos devoradores, continúa diciendo en el verso 6 del mismo capítulo:

"Un pueblo poderoso e innumerable invade mi tierra;
sus dientes, son dientes de león,
y de leona son sus colmillos;
arrasa mis viñedos
y arruina mis higueras:
las ha descortezado por completo,
y sus ramas han quedado blancas"



viernes, octubre 11, 2013

Proyectos ancestrales para crear el Estado de La Laguna



El viejo proyecto que propone la reunificación de La laguna de Durango y de Coahuila (separación ordenada por Carlos III el 21 de mayo de 1785), como era de esperarse, ha causado reacciones adversas desde hace cientos de años. Realmente, el actual movimieno de "ELLA" no es una novedad.  

Esta clase de proyectos, desde el punto de vista histórico, han sido bastante recurrentes, relativamente cíclicos. Comenzaron casi desde 1785, el año en que, como lo hemos dicho, Carlos III firmó la separación de La Laguna en dos.Una parte quedó en la Nueva Vizcaya, y la otra pasó a formar parte del sur de la Provincia de Coahuila. 

Este monarca nunca tuvo a la vista que el País de La Laguna, por su sistema hidrológico, por la presencia de los jesuitas y la tutela de las familias nobles y poderosas de los marqueses de Aguayo y de los condes de San Pedro del Álamo, era una región con identidad, cultura y economía agropecuarias integradas, poblada por ramas de las mismas familias, fuertemente aglutinadas por la lucha y defensa común contra los indios salvajes. Además, la región era potencialmente generadora de una vasta riqueza que ya había demostrado con la explotación y desarrollo de un cultivo comercial como el de la vid, al que le seguiría el del algodón. 

En mis continuas actividades de investigación como cronista e historiador, localicé y publiqué hace tiempo (25 agosto 2007) dos apuntes periodísticos que, aunque no son los únicos, los comparto, el primero resumido, el segundo, transcrito íntegramente.

El Periódico “La Bandera de Juárez” en su edición del 12 de mayo de 1873, p. 3, menciona que el Sexto Congreso Constitucional iba a cerrar sus sesiones sin haberle dado trámite a las solicitudes de algunos peticionarios. Menciona el caso concreto de los laguneros que buscaban la creación de una entidad federativa “…los pueblos de la Laguna en los Estados de Durango y Coahuila, se alborotan, para exigir con las armas la creación de un Estado…”

Por supuesto, el diario comentaba, con toda la razón del mundo, que esa no era la vía legal ni la más adecuada para hacer que este tipo de solicitudes progresaran: “tratando de imponer desvirtúan todo derecho por el solo hecho de pretender hacerlo valer con las armas en la mano”.

“La Idea” de Villa Lerdo, Durango, en su edición del 1º de octubre de 1892, p. 3 dice lo siguiente:

“Rumores trascendentales. Se nos ha asegurado que en las altas regiones del Gobierno se piensa en declarar Territorio Federal a toda la comarca algodonera, segregando del Estado de Durango, todo el Partido de Mapimí y parte de los de Nazas y San Juan de Guadalupe, y de Coahuila parte de los de Viesca y Parras.

Suponemos que tales rumores reconocen por fundamento la necesidad que hay de terminar la cuestión de límites pendiente entre ambos Estados, y la conveniencia para el desarrollo y fomento de la agricultura, comercio e industrias, de dar unidad en la comarca a las leyes y quitar las trabas que a ellos ponen las diferencias entre las disposiciones hacendarias de uno y otro estado, pues mucho perjudica actualmente a los trabajadores y capitalistas tener divididos sus intereses entre los dos estados y tropezar diariamente con grandísimas dificultades para las menores operaciones, cuando la configuración topográfica del terreno y la naturaleza misma de los negocios los hace inseparables.

Por nuestra parte creemos que si tal proyecto se realizara, mejoraría de una manera incalculable la situación de la comarca, y progresaría rápidamente aprovechando los elementos que posee y que ahora pierde”.

martes, octubre 08, 2013

La fuente del Pensador, restaurada a su color original

Imagen de El Siglo de Torreón



Muy loable resultó la expresión de inconformidad que los ciudadanos torreonenses manifestaron a través de las redes sociales. La causa: el haber pintarrajeado, por iniciativa de alguna dependencia municipal, la fuente del Pensador de la Alameda, en Morelos y González Ortega. 

Esta fue una acción tan ofensiva para muchos (recuerde el lector que ahí se festejan los triunfos del Santos Laguna) que  ni los vándalos ni los grafiteros se habrían atrevido a consumarla. Hay quien dice que se usó el color rojo por intereses políticos, pero es muy cuestionable esa opinión. Lo más probable es que esa pintura sobrara en algún almacén y la usaran para darle "nuevo look" a la fuente. 

Es muy importante que los directores municipales relacionados con el embellecimiento (o destrucción) de la ciudad, sepan que los monumentos públicos no son de su propiedad, ni pueden disponer de ellos a su antojo y capricho. 

Esos monumentos son patrimonio colectivo de los torreonenses y de los laguneros. Además, son monumentos con historia y contexto estilístico y cultural. Y por si fuera poco, cuentan con su propia tradición estética. Son monumentos venerables que merecen todo el respeto posible a su historia, originalidad e integridad. Ojalá hubieran existido las redes sociales cuando se planeaba destruir la casa morisca de Abasolo y Colón. 

Es una medida acertada que se haya dado marcha atrás en este desatino de lesa identidad estética, y se le devuelvan al Pensador sus colores originales. A quien corresponda: guarden la pintura roja para señalar con letreros los peligrosos baches y pozos de las calles y avenidas de Torreón, que buena falta hacen. 




jueves, octubre 03, 2013

Secuestro a la no violencia de la marcha del 2 de octubre



En la ciudad de México, la marcha en memoria de los caídos el 2 de octubre de 1968 a manos del gobierno represor y sanguinario de Díaz Ordaz y secuaces, se ha concebido desde entonces como una marcha pacífica para protestar contra la violencia de los aberrantes crímenes de estado. 

Sin embargo, el día de ayer, esta marcha pacífica, por obra y gracia de infiltrados de procedencia desconocida (aunque bien organizados) se convirtió a ratos en una marcha violenta. 

¿De dónde salieron los infiltrados? ¿Cuál era su verdadero propósito? Es pronto para saberlo, pero la verdad es que con sus intervenciones extremadamente agresivas (incluso con bombas molotov) desacralizaron y desacreditaron por completo una marcha cuyo fin es precisamente que la ciudadanía se manifieste públicamente contra la violencia de los gobiernos dictatoriales.

Este Cronista Oficial condena enfáticamente toda forma de violencia, y aboga por las libertades ciudadanas de reunión y expresión consagradas en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, de acuerdo a la visión del Benemérito de las Américas, don Benito Juárez: "Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno, es la paz". 

miércoles, octubre 02, 2013

Un agravio que no se olvida



Un miércoles de hace 45 años, un dos de octubre, en la explanada de la rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México, se llevó a cabo un mitin organizado por el entonces denominado “Consejo Nacional de Huelga”. En ese mitin se daba a conocer un manifiesto a la opinión pública mundial, del cual se dio copia a los reporteros internacionales que cubrían los eventos.

Se trataba del famoso “pliego petitorio” de seis puntos, y se anunció la continuación del movimiento estudiantil, hasta que se lograra la justa solución a las demandas. Este movimiento, que buscaba de las autoridades mexicanas de la época, transparencia y apertura democrática, se enmarcaba en un contexto internacional mucho más amplio. Fernand Braudel lo llamó “revolución cultural de 1968”. Este fenómeno logró llamar la atención mundial en Praga (Checoslovaquia), Francia, Estados Unidos y en el México preolímpico.

El pliego petitorio era de carácter netamente local, y tenía que ver con los acontecimientos ocurridos en la ciudad de México desde el 22 de julio de 1968. Sin embargo, se trataba de una demanda popular que, de ser escuchada y atendida, resquebrajaría la imagen de poder autocrático que manejaba el entonces presidente Díaz Ordaz.

Los puntos cuya atención se exigía, eran los siguientes:

1.- Libertad a todos los presos políticos (estudiantes y/o maestros)

2.- Derogación del artículo 145 del Código Penal Federal (que definía los delitos de carácter político)

3.- Desaparición del cuerpo de granaderos

4.- Destitución de los jefes policíacos Luis Cueto, Raúl Mendiolea y A. Farías

5.- Indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos desde el inicio del conflicto 

6.- Deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios culpables de los hechos sangrientos.

En ese mismo mitin, los casi mil estudiantes que se encontraban reunidos, anunciaron que ese mismo miércoles dos de octubre, por la tarde, realizarían un mitin en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlaltelolco. Una vez realizado, marcharían hacia el casco de Santo Tomás, del Instituto Politécnico Nacional, en donde se rendiría homenaje póstumo a los estudiantes muertos durante los deplorables sucesos de la noche del 23 de septiembre. Apenas el día anterior, el ejército se había retirado de las instalaciones educativas.

En esa marcha hacia Tlaltelolco participaron estudiantes, amas de casa, obreros, intelectuales, niños, profesionistas y se puede decir que todos los sectores de la sociedad mexicana se encontraban representados, pues el movimiento estudiantil había captado las simpatías y el respeto de los habitantes de la ciudad de México, y había polarizado fuertemente a la población.

Lo que sucedió durante el mitin de la Plaza de las Tres Culturas es demasiado conocido como para describirlo nuevamente. Se trató de un crimen de lesa humanidad en contra de los ciudadanos mexicanos que se manifestaban pacíficamente, como lo harían en cualquier país civilizado. Esa matanza opacó a cualquiera de las que se le atribuyen al odiado dictador Porfirio Díaz.

Las autoridades de aquellos días, trataron de minimizar los hechos y olvidarlos; algunos grandes medios masivos mexicanos los callaron por completo, como si nunca hubieran existido. Sin embargo, la sociedad mexicana no ha estado dispuesta a que suceda así, y año tras año recuerda tanto el agravio, como sus secuelas. Ha buscado por mucho tiempo que se castigue a los responsables. Pero, curiosamente, pareciera que no hubo delito, ni responsables. No obstante, cada dos de octubre desde hace dos años, la bandera mexicana, en cualquier edificio público, debe ondear a media asta, en señal de duelo. 



domingo, septiembre 29, 2013

Lecciones del pasado





Quienes están familiarizados con la teoría política inglesa de finales del siglo XVII, conocen sin duda las afirmaciones de John Locke, si no el ideólogo, sí justificador de la caída de los Estuardo en favor de la casa de Orange en Inglaterra.

Clásico contractualista, para él la paz de la nación se basaba en la existencia del “Contrato Social”. El rey no estaba puesto en el trono por “derecho divino” ni era inamovible. El rey era solamente un “gerente”, un gestor a favor del bien común. En la medida en que hiciera bien su trabajo, podía mantenerse en el trono. Pero si sus acciones dejaban de orientarse hacia el bien de toda la población (bien común) y se dedicaba a beneficiarse él o a ciertos sectores de la aristocracia por encima de sus “commoners” o vasallos plebeyos, entonces se le consideraba un tirano. Es decir, un rey que había roto el contrato previamente estipulado de velar por el bien de todos los ciudadanos.

De acuerdo con Locke, un rey así ya no merecía estar en el trono, y sus gobernados podían deponerlo.

Los estadounidenses de 1773, concretamente en Boston, se inconformaron por un impuesto al té decretado por los ministros del rey, y usando la teoría política de Locke, organizaron un motín (Tea Party) y desconocieron al rey Jorge de Inglaterra, se consolidaron como 13 colonias unidas y proclamaron su independencia política de Inglaterra en 1776.

El hecho le causó mucha gracia a los Franceses y a los Españoles (ambos con reyes Borbones, enemigos de Inglaterra) y apoyaron a los rebeldes con barcos, armamento, dinero, instructores militares (como Lafayette) hasta que la independencia de las 13 colonias fuera reconocida por Inglaterra. Las 13 colonias unidas se convirtieron en los Estados Unidos.

España se arrepentiría posteriormente, cuando esos Estados Unidos le hicieron la guerra para quitarle Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
La teoría política de Locke resultó incendiaria, primero en Estados Unidos, donde creó la primera revolución (1776) y posteriormente en Francia (1789). Los franceses miraron el modelo estadounidense como el “estado deseable” de “libertad, igualdad y fraternidad” con un contrato social justo.

Nuevamente tenemos el caso de un rey que no entendió las necesidades de su pueblo, un pueblo que padecía hambre y deterioro, mientras la realeza, la aristocracia y el clero, resultaban ser los sectores favorecidos. El rey pensaba que solamente a Dios le daría cuentas, pero el pueblo, ya en plena ilustración, pensaba en la teoría de Locke difundida por los pensadores franceses, según la cual el rey puede ser un buen o un mal gerente (ejecutivo) y que se le deja o remueve según su desempeño. Así que Luis tuvo que dar cuentas a un tribunal francés.
Ese “pequeño descuido” intelectual de Luis XVI le costó, literalmente, la cabeza y la caída de la monarquía francesa.  

A veces pienso, con grande temor, en las reformas que el congreso está aprobando en México con singular alegría. Las alzas de impuestos en diferentes rubros serán mortales para la ciudadanía, en el contexto de una economía y de un poder adquisitivo ya por décadas tan deteriorados. Es preferible que el gobierno mexicano busque hacer más eficiente su propio funcionamiento, o que aprese a los “megapillos” que andan libres, o que limpie de corrupción a empresas como “Pemex,” antes que seguir sangrando a la ciudadanía, cuyo salario (si lo tiene)  no crece, ni remotamente, como lo hace el alza de precios.

Las clases gobernantes mexicanas deben dar señales claras de que les interesa el bienestar de las familias mexicanas, de ésas que no tienen poder político ni grandes capitales. Porque, como la historia lo demuestra, esos “olvidados” son los que inician los grandes estallidos sociales.




martes, septiembre 24, 2013

Las bebidas del "pecado"


Catedral de Durango, en la Nueva España



En otras ocasiones hemos hablado de la producción de vinos, aguardientes y vinagres en la región de Santa María de las Parras, actualmente conocida simplemente como Parras, Coahuila. Hemos comentado que los volúmenes de producción de destilados eran muy superiores a los que hasta hace poco se asignaban al siglo XVIII basados en el testimonio del P. Morfi.

Sin embargo, lejos de ser una actividad perseguida por las políticas peninsulares, la produccón de vinos, aguardientes y vinagres de uva en la Nueva Vizcaya, y particularmente en Santa María de las Parras, era una actividad que contaba con la protección oficial de la Corona y del obispado de Durango, en cuya jurisdicción caía dicho pueblo y parroquia. 

El monarca y la sede episcopal  protegían la fabricación de vinos y aguardientes de orujo de Parras —éstos últimos siempre fueron considerados legítimos— lanzando penas de excomunión contra todas aquellas personas que de alguna manera se viesen involucrados en la producción o el manejo directo o indirecto de bebidas elaboradas con alcoholes espurios o ilegítimos que no procedían de la vid—. 

Y es que la demanda por bebidas alcohólicas era muy grande en la Nueva España, sin ser la excepción el obispado de Durango, más aún, quizá dicha demanda era mayor en esta región debido precisamente a que, desde finales del siglo XVI, la Nueva Vizcaya o al menos una buena parte de ella, era un área productora de vinos, alcoholes y licores en la que se había desarrollado una cultura de consumo de vino y de bebidas etílicas.
  
El 26 de mayo de 1725 se decretó en Durango de la Nueva Vizcaya un edicto episcopal que condenaba la embriaguez (con alcoholes ilegítimos o no vínicos) como un vicio detestable a los ojos de Dios y por ser aquella raíz de pecados, vicios y desordenes.  Por esta razón se vetaron bebidas como el aguardiente de maguey, de caña o de miel; cantincara, ololinque, mistelas contrahechas  ( es decir, imitando a las de aguardiente vínico), vinos de coco,  sangres de conejo, binguíes, tepaches, mezcales, guarapo, bingarrotes, pulques amarillos y otros muchos que con semillas de árbol del Perú, varias raíces y otros perniciosos ingredientes componían y fabricaban  con conocido daño. 

Bajo pena de excomunión mayor quedaba prohibida a toda persona del obispado, fuere cual fuese su estado o calidad, la fabricación, compra, manipulación o uso de tales bebidas.  Evidentemente la verdadera motivación del edicto no era la de evitar o disminuir la embriaguez en sí misma —como si el vino de uva o el aguardiente de orujo no la provocasen— sino el temor al creciente arraigo y consumo de otras bebidas con el consiguiente decremento en la producción vitivinícola neovizcaína y la correlativa baja en los diezmos y en los beneficios sociales del cultivo de la vid.
  
El 10 de enero de 1756 se promulgó en Durango un nuevo edicto episcopal relativo a los fabricantes de bebidas alcohólicas que confirmaba los anteriormente decretados en esta diócesis, afirmando que muchas personas poco o nada “temerosas de Dios” fabricaban, vendían y tenían trato con las bebidas prohibidas y confeccionan el aguardiente de caña, de miel o chinguirito, mezcales, vinos de coco, mistelas contrahechas, binguies, tepaches, guarapos, vingarrotes, aguardientes de maguey y otras especies que se elaboraban con piñas, cascaras de plátano, árbol que llaman del Perú, frutas dulces y otros ingredientes.

De entre todas estas bebidas prohibidas, fueron el mezcal y el chinguirito las de mayor producción y consumo entre los habitantes de la Nueva España. Del primero nos da noticia Domingo Lázaro Arregui en su Descripción de la Nueva Galicia —escrita hacia 1621— diciendo que los mezcales son muy semejantes al maguey, y su raíz y asientos de las pencas se comen asados, y de ellas mismas, exprimiéndolas así asadas, sacan mosto de que sacan vino por alquitara (alambique) más claro que el agua y más fuerte que el aguardiente... 

El chinguirito era un aguardiente de caña. Se mezclaba el dulce con cierta cantidad de agua caliente, y se mantenía a temperatura ambiente o tibia durante quince o veinte días, que era lo que tardaba la fermentación. Luego se procedía a su destilación. Evidentemente, era mucho menos costoso hacer chinguirito que aguardiente de uva. El azúcar, melaza o miel —que tenía muchos otros usos cotidianos— se compraba sin despertar sospechas y todo el proceso de fabricación podía realizarse en el interior de una casa, sin necesidad de cultivos, ni de contratar servicios de ninguna especie. 

El edicto de 1756 refrenda la pena de excomunión mayor a quien fabrique, use, venda, recete o encubra las bebidas que se tienen prohibidas exceptuando solo al vino y aguardiente de vid,  mistela legítima y el pulque blanco, en concordancia con lo dispuesto por la recopilación de Leyes de Indias en su ley 37; titulo I; libro VI. Dos años más tarde, un nuevo edicto de fecha de 1 de julio de 1758 reiterara estas prohibiciones.

lunes, septiembre 16, 2013

Ciudadanos condecorados como "Distinguidos" en 2013

Transcribo a continuación la nota de "El Siglo de Torreón" sobre las condecoraciones de "Ciudadanos Distinguidos" por no haber podido ser testigo presencial, por causas de salud. 




"De acuerdo con el Comité de Evaluación “Ciudadanos Distinguidos 2013”, la Paca de Oro, le fue conferida a la profesora Graciela Montoya de la Cruz, quien ha sido presidenta del Club de la Unidad Deportiva de Torreón; la presea Medalla de Oro, al doctor Miguel Chong López, fundador de la Asociación Civil pro Infancia Neurogénica que brinda su apoyo a niños con defectos en tubo neural.

El Ayuntamiento reconoció con la presea Bulmaro Valdez Anaya al mérito científico, al doctor Jesús Rafael Argüello Astorga, fundador y director general del Instituto de Medicina Genómica; con la medalla Magdalena Mondragón a la doctora Imelda Ortiz de Widen, por sus méritos en promoción cultural.

El Trofeo de Cristal fue entregado a José Roberto “Massa” Ortiz Cervantes, actual campeón mundial Plata superligero del Consejo Mundial de Boxeo (WBC); el Trofeo de Cristal Capacidades Diferentes, le fue otorgado a Miguel Ángel Reyes González, quien ha obtenido grandes triunfos en karate, futbol y atletismo; el trofeo Niños Héroes le fue entregado a Esther González Medina, joven que participó en la Olimpiada 2013 con sede en Baja California, en la disciplina de natación, obteniendo medalla de oro; el Trofeo Niños Héroes de Chapultepec Capacidades Diferentes le fue otorgado a Juan Felipe del Real Herrera, seleccionado para el mundial de atletismo por la Federación Mexicana de Deportistas.

Por último, la categoría del Trofeo Oribe Peralta Al Mérito Olímpico se declaró desierta porque en esta ocasión no aplicaba".

Noche de "Grito"


El día de ayer, 15 de septiembre, fue un día fresco, de lluvia calmada, otoñal, tal y como recuerdo que era en mi niñez y adolescencia, cuando comenzaban las clases en septiembre y yo sufría de una permanente sensación de frío y de cierta ligera depresión por el el fresco post-veraniego y el gris de aquellos días.

Al comienzo del período de las clases, la mayoría de los alumnos no adquiríamos aún el sweater del uniforme, y no se nos permitía llevar otro. Los del años pasado no servían, porque uno crecía de manera constante. 

Anoche, como marca el ritual cívico de cada año, se llevó a cabo en la Plaza Mayor, la tradicional ceremonia del "Grito", en el que se honra a los héroes insurgentes y a la bandera mexicana, profiriendo loas y vivas. Es la última ocasión en que le corresponde hacerlo al actual alcalde de Torreón, Eduardo Olmos Castro. Desde luego, se encontraba acompañado de funcionarios, representantes del sector público, privado y militar, empresarios, y ciudadanos en general.

Foto de El Siglo de Torreón

Tras los discursos y vivas, se efectuó el espectáculo de los fuegos de artificio, que en el marco de la Plaza Mayor y de la obscuridad de la noche, lucieron esplendorosos. La Plaza Mayor brinda un espacio de cientos de metros libres de construcciones, que permiten admirar el espectáculo sin obstáculo alguno en el horizonte visual. 

domingo, septiembre 15, 2013

Los dos cumpleaños de Torreón




Torreón cumple hoy, 15 de septiembre, 106 años de haber sido elevada al rango de ciudad. Las autoridades estatales escogieron el 15 de septiembre para honrar a Don Porfirio Díaz, Presidente de la República en esa época, cuyo cumpleaños caía precisamente en ese día. La Plaza "2 de abril" (ahora Plaza de Armas) y la Calzada Porfirio Díaz (ahora Calzada Cuauhtémoc) dan fe de lo relacionada que estaba nuestra ciudad, con el Porfiriato.  

Por otra parte, el pasado 24 de febrero, Torreón cumplió 125 años desde su elevación al rango de villa, con jurisdicción y poderes municipales. Se escogió esa fecha (24 de febrero de 1893) para honrar el Plan de Iguala de Iturbide. 

Todas las ciudades celebran como fecha de fundación aquélla en que fueron erigidas como villas. Lógico, pues es entonces que se crea su municipio y se crea su ayuntamiento, autoridades y poderes locales. 

Torreón es la excepción, ya que celebra, no la fecha de creación de su municipio, sino la de su elevación a ciudad. ¿Por qué esta cronología y no la tradicional de cualquier villa o ciudad? 

Esta manera de celebrar el origen fue una ocurrencia de mi antecesor en el cargo, Eduardo Guerra, quien en 1932 obtuvo un apoyo económico del gobierno municipal para publicar una Historia de Torreón que coincidiera con los 25 años de existencia de la ciudad, siempre y cuando se comenzara a contar desde 1907. Y claro, con esa cronología se organizaron las "bodas de plata" de Torreón, y se obtuvo el consenso popular sobre la fecha del origen. 

Sin embargo, la realidad de la fundación y edad de Torreón no corresponde a las fechas propuestas por Eduardo Guerra. La historia no puede escribirse según los gustos o intereses de las personas que la forjan: debe ser apegada a los hechos y testimonios documentales, De otra manera, estaremos creando mitos, o simple literatura sin soporte documental. 



Las causas internacionales de la independencia de México






No deja de ser algo notable que el primero y el último de los movimientos mexicanos por la independencia, tuvieran su origen en situaciones de carácter internacional. El primero, el de 1808, se originó en la invasión y ocupación de España por los franceses. Algunos regidores del ayuntamiento de la ciudad de México, como Francisco Primo Verdad Ramos y Juan Francisco de Azcárate, aprovecharon el momento para proponer la independencia de la Nueva España, puesto que los reyes Carlos IV y Fernando VII se habían entregado mansamente a Napoleón Bonaparte, y habían puesto a sus pies la corona española.

Los mencionados regidores de la ciudad de México, que eran criollos, consideraban que en esas circunstancias, Nueva España debería separarse de la madre patria. Por supuesto, los españoles peninsulares residentes en México, abortaron este plan y asesinaron a Francisco Primo Verdad mediante un pretendido suicidio. Así, tristemente, acabó este primer movimiento independentista ( o autonomista) de 1808.

Doce años después, se presentó una nueva coyuntura política internacional: en 1820, el coronel Rafael del Riego, de ideología liberal, dio un golpe de estado en España, y obligó al rey Fernando VII a jurar de nuevo la Constitución de Cádiz, que era liberal. En virtud de lo establecido por esta constitución, se eligieron diputados liberales a las Cortes (las cámaras legislativas) y comenzaron a dictar leyes que amenazaban seriamente, no solamente los intereses del clero novohispano, sino su misma existencia. La aristocracia novohispana y buena parte del ejército consideraron que, dadas las circunstancias de La Península y al ver en peligro sus intereses, había llegado el momento de separarse políticamente de España.

Este último movimiento de independencia, apoyado por obvias razones por el clero institucional y las altas esferas de poder novohispano, como lo han indicado Lucas Alamán y Francisco de Paula Arrangoiz, entre muchos otros historiadores, tuvo su comienzo y su fin en 1821. Su promotor visible fue don Agustín de Iturbide,  por medio del Plan de Iguala, proclamado el 24 de febrero de 1821. Este plan fue ratificado mediante los Tratados de Córdoba, el 24 de agosto de 1821 por el mismo Iturbide y el último virrey capitán general de Nueva España, don Juan de O´Donojú.

El plan surgido en Iguala, obedecía a las necesidades del momento, y no tenía vínculos históricos con los anteriores movimientos de Hidalgo, ni Morelos. Al igual que el de 1808, este plan se originó también en las circunstancias internacionales prevalecientes en sus respectivos años.

El Plan de Iguala le garantizaba a los novohispanos tres cosas. Libertad para ejercer la religión católica (blanco) la independencia política para lograrlo (verde) y la igualdad de derechos para todos los mexicanos (rojo).                                       

Para poder cumplir la primera garantía, se requería necesariamente de la independencia política de España. Había que garantizar esta separación para anular las amenazas de la nueva legislación española, pues Nueva España ya no estaría más bajo el dominio de La Península ni tendría por qué obedecer sus nuevas leyes.

Para evitar cualquier desorden social en Nueva España al proclamar su independencia, se garantizaba que todos sus habitantes serían iguales ante la ley, sin esclavitud, ni distinción racial. Todos tendrían los mismos derechos, indios, negros, españoles o criollos, y se respetarían las propiedades de todos.


Así, con este Plan de Iguala del 24 de febrero de 1821, su bandera verde, blanca y roja, y el reconocimiento de O´Donojú, Iturbide y los firmantes del Acta de Independencia, se convirtieron en los fundadores del Estado Mexicano. Desde 1821, México es una nación libre. Los colores del Plan de Iguala se convirtieron en nuestra enseña nacional.

martes, septiembre 03, 2013

Las luchas entre indios laguneros

Mapa de La Laguna en el siglo XVIII


Prácticamente desde la fundación de los primeros asentamientos españoles y tlaxcaltecas en la  Región de Parras, El Alamo (hoy Viesca, Coah.) Mapimí y San Juan de Casta, los llamados “chichimecas” o “indios bárbaros” comenzaron a asaltar pequeñas poblaciones, rancherías, viajeros o recuas de arrieros. 

El Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Iberoamericana-Laguna conserva sobre estos temas testimonios desde octubre de 1682, año en que las autoridades españolas de Parras y Durango reportaban que 

“Yndios enemigos...[h]an bajado” y que estaban ranchados cerca del hábitat de los indios Laguneros y Bahaneros [que eran feligreses de el Pueblo de Sn.P[edr]o de La Laguna, pacíficos y aliados de los españoles] sin determinar su identidad. Estos indios enemigos causaban recelo y temor del “muncho daño” que les podían hacer [a Laguneros y Bahaneros] por ser como eran “Yndios Rebelados, traidores y que tantas veces [h]an quebrantado la paz que han ofrecido”.  Laguneros y Bahaneros temían “los asolacen los enemigos y llebasen sus mugeres” por lo que en esa ocasión se refugiaron en los alrededores de Santa María de las Parras en el “Sitio de Andrada”. En gran medida, los indios Laguneros y Bahaneros —que eran habitantes ribereños de la Comarca desde tiempos remotos—  se habían atraído la enemistad de la muy belicosa nación de los Tobosos porque aquéllos, como aliados de los blancos y tlaxcaltecas, les ayudaban a rastrearlos y perseguirlos, o, como lo dice un testimonio de 1683, los atacaban “por ser leales vasallos de su Mag[esta]d y amigos de los españoles y que en las entradas que d[ic]hos españoles hasen en busca de los yndios enemigos ban d[ic]hos laguneros en su aiuda y suelen servir de espías, por cuia rasón y enemistad avían de procurar destruírlos y acaballos, y les sería fácil por ser d[ic]hos tobosos muchos y guerreros, y éstos [los Laguneros y Bahaneros] pocos...” Y dice el Capitán Rodrigo García:  “...d[ic]hos laguneros no es posible se defiendan solos como [h]a susedido muchas vezes matarles gente, y en cierta ocación huvieranlos muerto a todos una madrugada a no [h]aversen allado acaso en d[ic]ha laguna dos españoles que les aiudaron a defendersen en la Ygl[es]ia que ya se la llebó el agua, y porque los yndios mismos laguneros me binieron a [a]visar como en muchas partes serca de la laguna avisan a [h]umasos de los enemigos...”

Los indios Tobosos habían sido evangelizados y sedentarizados por los misioneros españoles en la Región Lagunera del siglo XVII, pero sin mucho éxito, ya que —según el mismo escrito de 1683— “los yndios tobosos”... “estaban de paz y en doctrina”  pero se retiraron “alzados”,  es decir, en pie de guerra, y según la misma fuente testimonial, eran  muchos, belicosos,  crueles  y de “mal natural” (de mala entraña, diríamos hoy)  “matadores y robadores”. Los Tobosos eran muchos, nómadas y muy guerreros.  En 1683 se les había visto atacar a veinte leguas (unos 80 kilómetros) de Parras, donde vivían los Laguneros. Nos dice don Rodrigo García “después tube otro aviso (de) q(ue) avían visto rastros (de los tobosos) serca de su pueblo (de los laguneros, San Pedro de la Laguna).

De entre los cronistas de la Comarca Lagunera en la epoca colonial, el Padre Morfi nos da cuenta de las “naciones” que habitaban en la región: Irritilas, Mamazorras, Neguales, Salineros, Baxaneros, Laguneros y Cabezas, de las cuales dice que “habitaban las orillas de la Laguna de Parras”; y que era “su genio apocado”. Este comentario debe ser tomado desde su horizonte histórico, es decir, es un juicio emitido por un fraile del siglo XVIII, que habla desde la civilización sedentaria y acumuladora de excedentes característica del pensamiento occidental. Conoce también la crueldad de algunas tribus del Norte Novohispano. 

Para él, los grupos sedentarios y pacíficos que habitaban la orilla de la Laguna de Parras eran “apocados” por no hacer la guerra y por no valorar la acumulación de excedentes (siendo cazadores y recolectores, sólo tomaban lo que necesitaban para vivir “al día”. Los indios laguneros no consideraban como un valor ni la guerra ni la belicosidad. Se sustentaban de la abundante caza, pesca y recolección. Los mismos padres misioneros dan testimonio de su hospitalidad y disposición a ser evangelizados. Les gustaba la caza, no la guerra.  Por su parte, Orozco y Berra menciona que los indios que habitaban la Laguna eran pacíficos “mansos” mientras que los indios guerreros eran “vomitados” por el Bolsón de Mapimí, entre ellos los Tobosos,  Cocóyomes, Cabezas y Apaches  

jueves, agosto 22, 2013

El Café Meléndez en mi memoria





Uno de los primeros restaurantes a los que recuerdo haber concurrido durante mi remota infancia, fue el “Café Meléndez”. Probablemente porque era uno de los establecimientos situados al oriente de la ciudad, cuando la gran mayoría se encontraban en el poniente, en el centro de Torreón. 

Mis padres, al igual que otras familias como las del Ing. Valdés Muriel, los Rodríguez o los Campos, vivían por la cara oriental del Bosque Venustiano Carranza, vecinos al Colegio Cervantes. Y recuerdo que en ciertas ocasiones, cuando a mis padres les apetecía cenar fuera, particularmente comida mexicana, acudíamos precisamente al Café Meléndez.  No quedaba lejos de casa, se ubicaba en la “Calzada Vicente Guerrero” (Avenida Juárez) 2231 oriente. Es decir, entre las calles 22 y 23, casi frente a una gasolinera. 

En esa época, la salida de la ciudad hacia el oriente, para ir a Matamoros, o a Saltillo, era precisamente la avenida Juárez. Lo que actualmente es el Paseo de la Rosita, era prácticamente el límite de la ciudad, bordeada de pinabetes y sembradíos que tornaban extremadamente fresco el ambiente por la noche. Pero a lo que voy es a que, siendo la avenida Juárez la salida de la ciudad hacia el oriente, y cerca de una gasolinera, el Café Meléndez se encontraba muy bien ubicado. 

En la época de la que hablo (1950-1956) no existía el Boulevard Revolución, solamente las viejas vías del ferrocarril sobre el bordo característico que soporta el paso de los ferrocarriles.

El lugar, propiedad de la familia Meléndez, estaba decorado con motivos mexicanos, y al gusto de sus dueños. Recuerdo cobijas multicolores, pequeñas esculturas antropomorfas de cerámica pintada, máscaras, esculturas de piedra en estilo prehispánico, paisajes típicos y colores muy cálidos.


D. Carlos Obregón Meléndez


Por lo general, pedía siempre lo mismo: el caldillo de carne seca, el machacado con huevo. Desde luego, la oferta de platillos era muy variada: fritada de cabrito (era de los pocos lugares que vendía cabrito) mole, tamales, menudo, machacado que ya mencioné, machitos, tortillas de harina suculentas, huevos al gusto, particularmente los rancheros y toda clase de antojitos.

Al mediodía existía la posibilidad de pedir la comida corrida, si no iba uno particularmente interesado en alguno de aquéllos antojitos.
El Café Meléndez, de acuerdo a su propia publicidad, abrió el establecimiento durante el año de 1910. Por ese simple hecho, puede ser considerado uno de los “merenderos” o restaurantes más antiguos y que duraron más tiempo en servicio en Torreón.

En 1941, el Café Meléndez ofrecía “comida casera para viajeros”. En 1944 vendía antojitos mexicanos como machitos, manitas de puerco, cabrito, chiles rellenos, y “tacos estilo Meléndez” “frente a la plaza”. Suponemos que era la Plaza de Armas.

En ocasiones especiales como la Nochevieja o el 15 de septiembre, el establecimiento no cerraba sus puertas, recibía a su clientela durante toda la noche. Para esas “desveladas”. En 1954 el restaurante se encontraba ya situado en la avenida Juárez. En los años setenta, este café ofrecía audiciones musicales por las noches, para ambientar a los comensales. En estas ocasiones se presentaban personajes como el profesor Prócoro Castañeda al violín, o el profesor Marcelo Rodríguez al piano. El horario usual era de 8 a.m. a 11 p.m.

Con el tiempo, el Café Meléndez incluyó platillos que no eran de origen mexicano, pero que si tenían cierta demanda, como la paella y las hamburguesas estilo estadounidense.

La última ocasión en que el Café Meléndez desplegó su publicidad en los diarios, fue el 21 de septiembre de 1993, con motivo del Día del Restaurantero, evento promovido por la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados.  

miércoles, agosto 14, 2013

El tiempo es oro

Archivo del Centro de Investigaciones Históricas de la Ibero Torreón


Una de las grandes dificultades que muchas veces impiden justipreciar el valor de la investigación histórica en algunas instituciones científicas o de educación superior en México, es que en ellas existe un enorme prejuicio sobre la naturaleza de dicha investigación y sobre su valor relativo. 

Es muy común que los científicos o académicos de estas instituciones —formados muchas veces en las “ciencias duras”— consideren que la investigación histórica es mero “rollo”, un “pasatiempo cultural”. Para ellos, este “pasatiempo” quizá pudiera redimirse con la edición de algunos libros con funciones puramente estéticas y/o de entretenimiento. Con esta visión no es de sorprender que se considere que la historiografía debería estar englobada en el bloque institucional de las “relaciones públicas” o de la “cultura”.

Solamente alguien que haya sido formado en las ciencias sociales y que conozca la complejidad de la naturaleza de las relaciones del ser humano en comunidad puede entender el valor de la Historia como ciencia. Esta complejidad básica se manifiesta en la existencia de múltiples culturas  en el espacio y en el tiempo, pero no se trata solamente de un problema de comprensión, sino de autodefinición, como pasaremos a mostrar. 

Un historiador científico está lejos de ser un anticuario, un ser humano que encuentra placer romántico en los restos materiales o en la representación del pasado. El historiador vive en el presente, investiga en el presente y escribe para los lectores del presente. Como la de cualquier científico, su actividad puede tener dos actitudes que se corresponden con sendas vertientes profesionales: la generación del conocimiento por el conocimiento (ciencia pura) y la generación del conocimiento con fines prácticos (ciencia aplicada). 

Hay científicos que profundizan en la teoría de la historiografía,  o que buscan generar explicaciones de fenómenos del pasado aunque no tengan una conexión inmediata con algún problema del presente. Estos historiadores pueden generar conocimientos de utilidad interdisciplinaria  y también para la educación de calidad. Después de todo, suponemos que una universidad debe contribuir al desarrollo de la sociedad generando nuevos conocimientos.

El segundo enfoque, que es el que abordo en este artículo, corresponde al historiador científico que —a partir de determinados problemas  del presente— busca explicaciones de fenómenos sociales del pasado que posibiliten la solución eficaz de dichos problemas. 

Los problemas sociales que nos afectan en la actualidad pueden ser crónicos y manifestarse en circunstancias y de maneras diferentes en cada generación. Usando una metáfora diremos que la sociedad es como un paciente, y el científico social es como el médico que lo atiende. Si el médico receta un paliativo para evitar los síntomas del enfermo, éste aparentemente sana, pero no tardará en presentar los mismos u otros síntomas, porque la enfermedad sigue oculta y sin diagnóstico. 

El historiador es el científico que debe investigar el pasado del paciente para detectar las manifestaciones pretéritas de la enfermedad. Esto le permitirá la elaboración de una historia clínica y de un diagnóstico a partir de la enfermedad (no de los síntomas), y la aplicación de una terapia tan eficaz como definitiva. 

Como podemos ver, hurgar en el pasado con esta actitud tiene el fin de resolver un problema del presente. Porque el historiador es un científico que vive en el presente para mejorar el presente y el futuro. Siguiendo la metáfora, la sola elaboración de análisis clínicos del paciente (recuento de glóbulos rojos, leucocitos, plaquetas, porcentajes de lípidos, glucosa, etc.) sin una historia clínica previa y sin un científico que interprete los análisis, equivale al uso de la estadística —mera herramienta— para diagnosticar problemas sociales. No se contaría con la perspectiva que permitiría situar e interpretar los resultados en el marco de una trayectoria dinámica, como un proceso de naturaleza cultural que hunde sus raíces en el pasado, nos afecta en el presente y se proyecta hacia el futuro.  

El tiempo es dinero... y, en un sentido muy real, sucede lo mismo con la historia: una adecuada inversión para la investigación científica de un fenómeno social en el tiempo, también es oro. Proporciona diagnósticos que abren el camino a soluciones reales. Evita los desembolsos recurrentes que solo sirven para mitigar síntomas (en el mejor de los casos). 

Escribir historia científica no es un pasatiempo de ancianos llenos de recuerdos, añoranzas o intereses políticos. Hacer historia es investigar para demostrar, con una metodología válida, cómo ciertos fenómenos de las sociedades del pasado impactan en las conductas o fenómenos sociales de nuestro presente, para bien o para mal. Los fenómenos históricos de larga duración condicionan y pueden comprometer el establecimiento de un desarrollo sustentable. ¿Cómo prometerle a nuestro paciente un futuro saludable a sabiendas de que solamente le curamos los síntomas del momento? 

Como decía al principio, también la autodefinición y las propias expectativas cuentan. En México, por desgracia, existe una cultura del “tercermundismo”. Muchas veces sucede que no nos consideramos capaces de generar conocimientos o tecnología como lo hace el “primer mundo”, ni contamos con presupuestos como los de las naciones que lo constituyen. Tal vez. Pero la investigación histórica científica la requiere hasta la nación más pobre con el objeto de entender por qué existen y cómo han evolucionado sus problemas económicos, sociales, religiosos, educativos, etc. hasta el día presente. Hecho esto, los problemas pueden resolverse con eficacia y sin dispendios. 

A la vista de la crisis múltiple que padecen México y otras naciones latinoamericanas, lo más económico es la eficacia. Time is money...

lunes, agosto 05, 2013

El trabajo, un valor lagunero



El País de La Laguna en el siglo XVIII


La llegada de los colonos españoles, criollos y de los grupos indígenas occidentalizados, particularmente de los tlaxcaltecas, al "País de La Laguna", marcó un cambio total en la percepción de la realidad del ser humano y de su entorno. La percepción de la realidad varía de acuerdo a las premisas del perceptor. Las relaciones que el sujeto establece con la realidad están culturalmente condicionadas. Porque, a final de cuentas, el perceptor es hijo de la sociedad que lo conforma, y actúa en consecuencia. 

Los colonos de finales del siglo XVI—que ciertamente llegaron para quedarse— establecieron relaciones nuevas con el entorno «lagunero», y ellos se convirtieron en los padres fundadores de nuestra cultura lagunera. El año de 1598 representa el simbólico parteaguas entre la gentilidad y la cristiandad, entre la prehistoria y la historia, entre la infinitud de los espacios y la formación de una comarca domesticada por el hombre y para el hombre. 1598 marca asimismo el inicio de un mestizaje biológico y cultural que perdura hasta el siglo XXI. 

Cuando los colonos españoles e indígenas mesoamericanos se establecieron en lo que ahora conocemos como Comarca Lagunera, la tierra y el agua fueron percibidos como medios de producción, y se convirtieron en bienes deseables en función de la producción agropecuaria que podían lograr con ellas. Se establecieron límites y linderos donde antes no existían. Los espacios libres se convirtieron en espacios culturalmente acotados. Lo mismo sucedió con los yacimientos argentíferos. 

Algunos españoles como Francisco de Urdiñola acumularon tierras y aguas realengas no tanto por su primaria capacidad productiva cuanto por su virtud para conferir prestigio social. Pero la gran mayoría de los habitantes españoles e indígenas de Parras pronto comprendieron que, a falta de riqueza mineral, el trabajo y el dinero invertido en un cultivo eminentemente comercial, como era el de la vid, podía redituar de una manera insospechada. Una pareja podía casarse, adquirir una casa con su mobiliario, mantener una docena de hijos y multiplicar el patrimonio familiar por diez si contaba con una o dos pequeñas huertas vitivinícolas. La suerte ya no jugaba un papel tan definitivo cuando el trabajo mismo era percibido y empleado como factor generador de riqueza. El trabajo comenzó a ser percibido como una actividad digna y deseable, adquirió valor social. 


El trabajo no mancillaba la dignidad de los hijosdalgo, ya fueran vascos o tlaxcaltecas. Con esta concepción del trabajo, los parrenses se adelantaron casi dos siglos a la real cédula de Carlos III de 18 de marzo de 1783, por la cual declaraba la «limpieza» legal de todos los oficios, es decir, que la nobleza y el trabajo, aunque fuera manual, eran compatibles.