Escudo de Torreón

Escudo de Torreón

domingo, febrero 03, 2013

"Acostadas" y "levantadas"



Felipe II de España

En 1594 Felipe II, rey de España y de las Indias, dio su permiso a la Compañía de Jesús para que sus miembros iniciaran los trabajos de evangelización de la comarca a la cual Felipe II llamó “Provincia de La Laguna” en su Real Cédua del 6 de abril de 1594. Esta denominación evolucionó a “País de La Laguna” durante la era colonial, y a “Comarca Lagunera” en el siglo XIX y principios del XX.

La laguna que dio nombre a la región era la “laguna grande de la Nueva Vizcaya”, posteriormente conocida como “Laguna de Parras”, “Laguna de San Pedro” o “Laguna de Mayrán”. Era la mayor entre varias lagunas formadas por los ríos “de las Nasas” y “Buenhabal”, o sea, Nazas y Aguanaval. Se trata de ríos de desembocadura interna, de ahí que dieran origen a toda una comarca de lagunas, que lamentablemente, solo subsisten en el nombre de la región. Entre esas lagunas estaban las del “Caimán” o “Tlahualilo”, la del “Álamo” (Viesca) e inumerables charcos. La última referencia al término “País de Las Lagunas” la hizo D. B. Robinson, al citar al ingeniero Morley, de la Compañía Limitada del Ferrocarril Central Mexicano, el 10 de enero de 1883.

En 1594, esta región estaba habitada por grupos de aborígenes seminómadas, cazadores y recolectores a quienes se denominó por consenso “indios laguneros” porque habitaban en las riberas de las lagunas, alimentándose de la caza, pesca y recolección de vegetales. Había algunas haciendas y habitantes españoles y criollos en ellas. En 1598 los jesuitas fundaron el pueblo indio de Santa María de las Parras, que se convirtió en la cabecera administrativa, religiosa y cultural de la que fuera llamada “Alcaldía Mayor de Parras, Laguna y Río de las Nazas”.

De acuerdo con las solicitudes del virrey Luis de Velasco II y del obispo Alzola de Guadalajara, los jesuitas incluyeron entre los primeros habitantes a los civilizados indígenas tlaxcaltecas, de tradición mesoamericana, extraordinarios agentes de cambio agrícola y promotores de la occidentalización.

De esta manera, podemos trazar la historia cultural y religiosa occidental de la Comarca Lagunera a 1598, con la fundación oficial de la primera iglesia católica (Santa María) y la formación de las reducciones jesuitas de La Laguna, que tuvieron al pueblo de Parras por cabecera. La primera navidad cristiana fue celebrada en Parras en 1598, con una gran fogata en el atrio de la iglesia, alrededor de la cual danzaron indígenas de varias “naciones” comarcanas. De acuerdo con el testimonio de un religioso jesuita presente, estos indígenas cantaban en su lengua algo así como:

“Alaben los hombres a nuestra Señora Madre,
adoremos el lugar donde está nuestra Señora,
Madre que es de nuestro Señor.
Muy oloroso es el sombrero de Dios,
digno de ser alabado es Dios nuestro Señor,
mucho nos alegra la pascua de nuestra Señora.” 

La occidentalización de la Provincia o País de La Laguna, fue un proceso de larga duración, aunque hubo manifestaciones inmediatas en el aspecto económico. La región resultó ser muy propicia al cultivo de la vid, y ya para 1630 existía una significativa producción de vinos, y desde 1659, de aguardientes de orujo y de borras del vino.

Por lo que respecta a la cultura religiosa, en la Comarca Lagunera coincidieron las tradiciones de dos grandes órdenes religiosas: la de los jesuitas, que eran los encargados de las misiones laguneras; y de manera indirecta, la de los franciscanos, quienes evangelizaron a los tlaxcaltecas y fueron sus pastores en su “país” de origen, los cuatro señoríos de Tlaxcala, desde el primer tercio del siglo XVI.

Ha sido necesaria esta breve introducción para comprender que una tradición como es la de “acostar” al “niño Jesús” en los hogares laguneros, tiene raíces que van mucho más atrás de la llegada de los jesuitas en 1594. Efectivamente, esta tradición tan querida para los franciscanos, la conocían los indígenas de Tlaxcala prácticamente desde 1524, con la fundación del primer convento en esa provincia. Con la emigración de las 400 familias colonizadoras del septentrión en 1591, esta tradición vino con ellos. Los que llegaron al Saltillo en 1591, y que posteriormente comenzaron a pasar a Parras en 1598, ya eran cristianos de varias generaciones, educados por franciscanos.

En Nueva España, los jesuitas —con una formación clásica renacentista— fueron los promotores de las representaciones teatrales y religiosas conocidas como “pastorelas”, “coloquios” de las cuales ha quedado huella en el ámbito rural lagunero, profundamente conservador. Con su especial inclinación por las humanidades, las misiones y la docencia, alentaron a los habitantes de la Comarca Lagunera a celebrar representaciones profundamente religiosas en el contenido, y además de las públicas y solemnes, otras de carácter popular y familiar por su naturaleza y forma de representación.

En los hogares, la Fe Católica se expresaba de manera cotidiana. Los creyentes buscaban tener en sus casas las imágenes de sus santos predilectos. De ahí la multiplicidad de representaciones hagiográficas en los hogares, tan manifiesta en los testamentos e inventarios coloniales de La Laguna.

Entre estos ritos comunitarios o familiares se encontraba la ceremonia del “acostamiento” del “niño Dios” que es el tema que nos ocupa. En hogares comarcanos como el de “Lázaro Miguel” (1715) existía un “nacimiento” con su “tabernáculo”, o como el de Felipe Cano Moctezuma (1730) que contaba con un “niño Jesús”. Con el mismo fin, los jesuitas disponían de imágenes talladas del niño Jesús, de María y de José, y algunas de éstas que perduran hasta el día de hoy, muestran a los personajes con ojos rasgados, lo cual delata su manufactura china o filipina.


Moderno ¨niño dios"

Estas viejas tradiciones han sobrevivido hasta nuestros días. Torreón es una ciudad nueva que se ubica en la relativamente vieja Comarca Lagunera. Torreón cuenta con una historia de 157 años como sitio poblado, 114 desde que era una simple villa, y 100 como ciudad. La gran mayoría de los habitantes de la zona metropolitana procede de los viejos pobladores coloniales de la región, o bien, de muchos otros inmigrantes nacionales, y los menos, de inmigrantes internacionales que llegaron, en su gran mayoría, con las rutas del ferrocarril (es decir, desde 1884).

Aunque en muchos de los hogares torreonenses o laguneros puede haber “nacimientos” o “belenes”, la ceremonia del acostamiento del niño Dios tiende a ser más propia de las familias muy católicas de las clases media y popular, que de las clases más acomodadas, económica y socialmente.

La celebración de este rito está asociado, por lo general, con la presencia de los mayores de la familia, como abuelos o padres. Cuando las nuevas generaciones se desprenden de las anteriores por razón de matrimonio, es común que la ceremonia se lleve a cabo con la presencia de las nuevas familias reunidas en casa de los padres, con un niño Dios por familia. A veces encontramos pesebres con varias imágenes del niño Dios, una por cada nueva familia. Es una norma popular no escrita, que la única manera de adquirir figuras del niño Dios sea por regalo, y nunca por compra.

Suele haber padrinos y madrinas de niño Dios, lo cual es una vieja costumbre tlaxcalteca que originalmente incluía mayordomos. Los padrinos, o bien, el padrino o la madrina dotan al niño de ropa nueva cada año, durante un ciclo que por lo general dura tres. Una vez completado el ciclo, habrá nuevos padrinos.

La función de los padrinos es la de manipular al niño durante la ceremonia: vestirlo o desvestirlo, limpiarlo, arrullarlo, colocarlo en la bandeja del besamanos y circularlo entre la concurrencia, o bien, colocarlo y levantarlo del pesebre. También suelen dirigir los rezos o los cantos.

La ceremonia suele ser eminentemente familiar, aunque en ocasiones los vecinos son convocados a participar.

La fecha de la ceremonia del acostamiento es, naturalmente, la Nochebuena. En ocasiones se comienza desde la noche del 15 de diciembre, con la petición de alojamiento de “los peregrinos” en las “posadas”, y se repite noche con noche, hasta que se celebra la más importante y principal, que es la noche del 24 de diciembre, antes de la cena.

Lo usual en la ceremonia es que la madrina, previa lectura del Evangelio o a medida que se ejecuta el rezo del Rosario, vaya desvistiendo al niño Dios para dejarlo limpio y casi desnudo en el pesebre, tal y como el relato evangélico indica que estaba durante la nochebuena original. La desvestida y la limpieza obedece al hecho de que la figura permanece cubierta de ropa y muchas veces expuesta (ordinariamente guardada) durante todo un año, y el polvo (que no escasea en La Laguna) ensucia ropa y figuras.

Llama la atención la diversidad de atuendos que suelen tener las figuras del niño Dios. Lo tradicional es un ropón como de bautizo. Pero existen también variantes, como es la de vestir la figura con el atuendo de otro “niño” conocido y venerado, como el “Santo Niño de Atocha” o con el de algún otro personaje del santoral. A veces se llega al extremo de vestirlo con el uniforme del equipo deportivo favorito, que en la región es, sin duda alguna, el albiverde Santos-Laguna. Para exhibir los atuendos usados por el niño los años anteriores, a veces el pesebre cuenta con un “tendedero” para colgarlos.

Durante la ceremonia, se suele rezar el rosario, y cantar entre misterio y misterio. A veces hay lecturas del Evangelio, particularmente del de Lucas. Otros, en cambio, prefieren guardar los rezos para el día de la “levantada” del niño, que suele ser el día de la Purificación de la Virgen o día de la Candelaria, el 2 de febrero. En otros casos, la levantada se programa para el 6 de enero, fiesta de la Epifanía.

Terminados los rezos y antes de acostar al niño, se le suele circular entre los invitados para que reciba el beso de veneración (o de buenas noches). En algunas casas, se le coloca sobre una bandeja que contiene los “bolos” (paquetitos de dulces) para la concurrencia.

Con la acostada del niño Dios, pero sobre todo con la “levantada”, se asocia la ingesión de tamales salados, con diferentes rellenos; tamales dulces, champurrado y por supuesto, los tradicionales buñuelos.

Es una costumbre muy difundida en México que en el interior de las “roscas de reyes”, es decir, las roscas de pan dulce que se consumen el día de la Epifanía (6 de enero) haya dos o tres diminutas figuras del niño Dios (generalmente de plástico). Aquellas personas a quienes les toque una miniatura en su rebanada de rosca, se comprometen a costear los tamales que se servirán para el día de la “levantada del niño”, es decir, el 2 de febrero.

lunes, enero 28, 2013

El linaje de los Valdés Barro


Catedral de Saltillo


El oficio de Cronista de la Ciudad no solamente requiere la referencia o consignación de fenómenos sociales y de sus manifestaciones en el tiempo y en el espacio, sino también de todo el andamiaje cultural sobre el cual está construida la comunidad. Por supuesto, las leyendas entran en esta sección, ya que forman parte del folclor local que nos distingue de otras ciudades norteñas. 

Una de las funciones importantes de los viejos Cronistas peninsulares, mis antecesores en el cargo (por haberlo trasplantado a la Nueva España) es la crónica o historia de los linajes o familias. Tenemos un buen ejemplo en Soria, la ciudad de “los doce linajes”. 

Torreón es una ciudad nueva poblada con viejos linajes. Muchos de ellos proceden de las familias fundadoras de Saltillo o Monterrey. Y para muestra, un botón. El domingo pasado presenté una leyenda relacionada con la familia de los Valdés Barro. Hoy, en cambio, presento una breve historia genealógica y documentada de dicha familia, fruto de mi incansable afán por localizar los orígenes de las familias laguneras (cualquiera que sea su estrato o clase social) por medio de la investigación en archivos. No se debe confundir “leyenda” con “historia”.   

Don Eulogio Valdés Barro, hermano completo de don Juan Valdés Barro,  nació en  el rancho de “El Chiflón”, jurisdicción de General Cepeda, Coahuila, el 8 de marzo de 1864. Fue bautizado el 13 de marzo de 1864 en la entonces vice parroquia de San Francisco. Fueron sus padres don Jesús Valdés y doña Gumesinda Barro, vecinos del “Chiflón”. 

Los padres de don Eulogio, don Jesús Valdés Ramos y doña Gumesinda Barro de los Santos, casaron el 26 de abril de  1863, en la vice parroquia de San Francisco de Asís, en General Cepeda, Coahuila. El de 35 años, viudo, “originario y vecino del Chiflón”, hijo de don Ignacio Valdés y de Josefa Ramos.  Ella era hija de don Miguel Barro y de Filomena de los Santos. 

El abuelo materno de don Eulogio, don Miguel Barro, fue bautizado el 17 de octubre de 1808 en el Sagrario Metropolitano de Saltillo, como “José Tereso Miguel de Jesús Barro Gómez”, hijo de don Manuel del Barro y de doña Ignacia Gómez. Por lo que respecta a doña Filomena de los Santos, esposa de don Miguel, al parecer fue bautizada en Saltillo el 5 de julio de 1809 como María Marcial Filomena Santos Gómez, hija de don Pedro de los Santos y de doña Ana Petra Gómez, pareja que contrajo matrimonio el 10 de enero de 1801, en Saltillo. 

El bisabuelo materno de don Eulogio, don Manuel del Barro fue bautizado en el Sagrario de Saltillo el 4 de noviembre de 1778, como “Josef Manuel Barro García”, hijo de Joaquín Barro y Francisca García. Casó con doña María Ignacia Gómez, el 25 de agosto de 1803, en Saltillo. 

El tatarabuelo materno de don Eulogio, don Joaquín Barro Arizpe fue bautizado en Saltillo el 25 de marzo de 1742, con el nombre de “Joseph Joachín  Benito Barro Arispe”, hijo de don Juan del Barro y Viedes  y de doña Juana de Arizpe. Casó con doña Juana Francisca García, el 7 de noviembre de 1764, en Saltillo. 

El retatarabuelo de don Eulogio (o abuelo cuarto) don Juan del Barro y Viedes, era de origen peninsular. Fue hijo de don Juan del Barro y de doña María de Viedes. Nació en Viedes, en Asturias, hacia 1710. Embarcó a Nueva España, y se estableció en la villa de Santiago del Saltillo, donde casó y se convirtió en el genearca  de los Barro. 

Don Juan casó con doña Juana de Arizpe y de los Santos Coy, en Saltillo, el 2 de octubre de 1736.  Ella era hija de don Santiago de Arizpe y de doña Juana de los Santos Coy. Sus abuelos paternos fueron don Juan de Arizpe y doña Ana de Cuéllar. Sus abuelos maternos fueron don Diego de los Santos y doña María de Farías, todos ellos considerados descendientes de los primeros pobladores y conquistadores de la villa de Santiago del Saltillo. 


sábado, enero 26, 2013

137 aniversario luctuoso del Gral. Jesús González Herrera




Nuestra tierra lagunera ha contemplado muchas escenas de agresión despiadada. Por lo general, cuando pensamos en violencia en La Laguna, pensamos en las batallas de la Revolución, particularmente en los lamentables sucesos del 15 de mayo de 1911 perpetrados contra los miembros de la H. Colonia China.

Sería casi interminable dar cuenta de todos y cada uno de los hechos de sangre provocados por los indios agresores contra los colonos de La Comarca, durante cientos de años. No olvidemos que el lugar en el que se asienta Torreón fue parte del territorio misional jesuita desde 1598, una región “de frontera”, es decir, de choque de culturas, y que muchos arrieros, comerciantes, militares y civiles de todas las edades murieron de manera atroz en estos lugares, a manos de los indios.

Durante el último tercio del siglo XIX, en el año de 1876, hubo una matanza que hizo que dos militares fueran apodados por el resto del país con los nefastos epítetos de la “Pantera de La Laguna” y el “Tigre de la Concepción”. De ésta nos da noticia el diario “El Pájaro Verde”, periódico de la ciudad de México propiedad de Mariano Villanueva y Francesconi.

Un artículo del jueves 18 de enero de 1877, fue dedicado a narrar y comentar la “escandalosa carnicería” en la cual murió el general Jesús González Herrera, conocido prócer lagunero. Menciona que don Evaristo Madero, alarmado por la presencia y el pronunciamiento político del general en Parras, mandó llamar al ex coronel Lerdista Doroteo Rosales. Y aunque González Herrera se retiró, apenas transcurridas 24 horas, hacia el poniente, a la Comarca Lagunera propiamente dicha, aún así la persecución continuó por cuenta de Doroteo Rosales y Toribio Regalado. Y dice el periódico:

“Todos saben el trágico desenlace de la horrible catástrofe que tuvo lugar el 26 del mismo enero [de 1876] en la Hacienda de La Concepción: ahí la desventaja del terreno y la superioridad numérica, fueron los elementos que dieron el triunfo a las huestes desordenadas de Rosales.

La simple relación de los episodios de esta jornada, hacen crispar los cabellos a los hombres de valor más estoico: fue una espantosa hecatombe en la que corrió la sangre de muchos desgraciados , que rendidos y postrados de hinojos, imploraban la conmiseración de los vencedores; pero todo fue en vano, los feroces soldados de Rosales, a imitación de sus jefes, daban muerte a una multitud de infelices, desoyendo las súplicas de perdón de los vencidos, los cuales recibían por única contestación, un balazo o un sablazo”. Y continúa el relato:

“Este cuadro era verdaderamente desgarrador… a la detonación de las armas de fuego se sucedían las estrepitosas carcajadas de los sanguinarios soldados de Rosales, como satisfechos de haber saciado su sed de sangre. Concluido el drama sangriento, el cadáver del infortunado general Jesús G. Herrera fue acribillado a balazos y a sablazos”.

Por estas sangrientas hazañas, Toribio Regalado y Doroteo Rosales fueron motejados “La pantera de La Laguna” y “El tigre de La Concepción”, respectivamente.


martes, enero 22, 2013

La casa llamada "de la francesa"



La ciudad de Torreón, aunque relativamente joven, cuenta con algunos edificios centenarios o casi centenarios. Para nuestra fortuna, existen documentos que nos hablan de los orígenes de algunos de ellos y de quiénes los habitaron. De otros, solamente contamos con noticias inciertas o leyendas. Una tercera categoría cuenta con documentos históricos y a la vez con leyendas que los califican y explican a partir de la percepción popular. 


Uno de esos edificios que poseen historia y leyendas es el que se encontraba ubicado en la esquina de la calle González Ortega y avenida Allende de Torreón. El frente, con arcos, miraba hacia la alameda; los balcones y las caballerizas, hacia la calle. Para mayor referencia, la parte baja de esta casa sirvió muchos años como Oficialía Tercera del Registro Civil de Torreón, y en la actualidad, en su costado prospera un conocido negocio de tatuajes. 

Se trataba de una casa habitación construida por don Eulogio Valdés Barro para su esposa, la señora Lázara Carrillo de Valdés, y sus hijos, en los años finales de la era porfiriana,. Don Eulogio era un próspero hombre de negocios cuya casa comercial operaba bajo la razón social de “Eulogio Valdés Barro y Hnos” Comerciantes en ganadería de Torreón, con sucursales en Gómez Palacio, Dgo., en San Pedro y en Matamoros, Coah. 

Como cualquier otra casa de la región, ésta que mencionamos conoció épocas de alegría y también de tristeza. De esta casa partió hacia la parroquia del Carmen el cortejo fúnebre del joven Salvador Valdés Carrillo, hijo de don Eulogio y de doña Lázara. La fecha, un lúgubre día de 1920. Hasta aquí llega la historia documentada.


La última chimenea en pie

La leyenda, siempre más atractiva que los formales documentos,  le atribuyó a esta casa un oscuro destino. Se decía que en ella había ocurrido una tragedia. Que en alguna fecha incierta del pasado, una señora francesa había sido asesinada (Todavía a principios del siglo veinte, el habla popular designaba como “francés(a)” a quienes lo eran por nacionalidad, o bien a las personas que por ser rubias y de ojos claros parecían serlo). En la era de Porfirio Díaz, lo francés estaba de moda. Sigue la leyenda contando que al tratar de robarla, unos malvados ladrones la mataron a sangre fría sin lograr su cometido. Que desde entonces el alma de la señora penaba por todo lo que había sido su casa. Que la difunta sabía dónde estaban enterrado el oro que buscaban los ladrones y la aparición lo custodiaba noche y día asustando a quien se acercara al sitio. Desde luego, el fantasma inquieto sería el de doña Lázara Carrillo de Valdés, quien efectivamente, fue asesinada en las caballerizas de su casa. 

Otra leyenda relacionada con esta casa, y que tiene muchas probabilidades de resultar verdadera, no tiene nada de trágico. Se dice que muy abajo de sus cimientos existe todavía un canal embovedado que venía desde el viejo edificio de la aduana (ahora convertido en banco, Juárez y González Ortega), cruza la alameda y sigue hacia el norte. Que a veces lleva agua y que eso explica la terrible humedad de las casas y edificios del rumbo. Se cree que ese túnel embovedado venía en realidad del Canal del Coyote, y que desde 1898, servía para regar los árboles de la entonces recién creada alameda. Cuando la ciudad creció, el canal fue embovedado, como se hizo con el canal de La Perla. 

martes, enero 15, 2013

Los helados de mi infancia


15 de abril de 1967

9 de mayo de 1990



A medida que adquiero edad, muchas impresiones de mi infancia en Torreón, mi ciudad natal, me vienen a la memoria. Algunos de ellos están relacionados con el Bosque Venustiano Carranza, del cual vivía no muy lejos. Recuerdo que los domingos, de mano de mis hermanos mayores, íbamos a comprar unos rehiletes de madera, los cuales volaban a manera de helicópteros si uno les daba el impulso haciendo fricción con las palmas de las manos. La persona que los confeccionaba, que a mí me parecía ser el guardabosque, tenía grandes botes de olorosa pintura con la cual les daba un baño de color a los juguetitos. Un color por aspa. A la hora de volar, el movimiento circular creaba la ilusión de monocromía.

Recuerdo que entonces, el mismo bosque se encontraba habitado por grandes venados (quizá por mi pequeñez me parecían como caballos) que deambulaban con toda libertad por el parque. De la mano de mi hermana mayor (alumna del Colegio La Paz, separado del bosque por una calle) los miraba desde una muy prudente distancia, siempre listo para emprender la carrera si el venado se acercaba demasiado. Luego, desaparecieron de mis recuerdos del parque. Posteriormente me enteré de que a los venados se los llevaron al rancho de un gobernador. Al parecer, a causa de las quejas de algunos transeúntes, que decían haber sido agredidos por los animales. La fauna del bosque cambió por tlacuaches o zarigüeyas, perros y gatos. En los árboles, urracas o chanates, palomas torcaces, búhos y tecolotes. Y los príncipes del canto, los cenzontles.

El cielo de los años cincuenta es algo que tengo muy grabado en mis recuerdos. Era un cielo de un azul profundo, transparente, luminoso. Quizá sea por ese cielo que mi color favorito sea precisamente el azul. En la actualidad, lo usual es que nuestro cielo, el cielo de Torreón, sea terroso, humoso, blanquecino por la infinidad de partículas de tierra y de residuos de combustibles quemados que flotan en el ambiente, a causa de la circulación de miles de vehículos. Por otro lado, recuerdo que las lluvias eran más frecuentes, tanto en invierno como en verano. Probablemente mantenían más limpio el aire, y más apretada la tierra.

El helado es un manjar exquisito en una ciudad como Torreón, donde la temperatura de verano fácilmente pasa de los cuarenta grados Celsius. Si se trataba de helados comerciales, había unanimidad entre los adultos, y sobre todo entre los padres de familia, que la marca “Willy” era muy higiénica y segura. A los niños nos daban siempre permiso de tomar helado de esta fábrica. Era muy común que los “paleteros” recorrieran las calles de la ciudad con sus carritos blanco y rojo de tres ruedas, haciendo sonar sus campanillas.

Bastaba escuchar esas campanitas a lo lejos, para que en cualquier hogar con niños, se produjera un verdadero motín. Mientras uno de los niños o adultos le gritaba al paletero que en ese hogar se le compraría mercancía, se realizaba el reparto de monedas para los niños y los encargos de los mayores. Paletas de agua y de crema, de variados sabores, limón, fresa y tamarindo y vainilla las más sabrosas, de a veinte centavos cada una. Los vasitos de nieve de agua de la misma marca, ordinariamente de exquisito limón, costaban cincuenta centavos. La nieve de limón, de color verde pistacho, venía en un vaso encerado, cubierto con un cuadrito de papel, acompañado de una cucharita plana de madera. Había también vasitos de nieve de crema, igualmente deliciosa. Los famosos “esquimales” eran paletas de nieve de crema, recubiertas de una capa de chocolate. Venían metidos en su bolsita de papel impermeable, y eran muy solicitados. Había algunas fuentes de sodas, algunas en kioscos, donde se podía pedir un cuadro de nieve Willy. Este se servía cubierto con un toque de jalea o mermelada. En estos lugares, ordinariamente se pedía también un vaso de gaseosa, “agua celis” de diversos sabores.

Otra empresa que fabricaba nieve en Torreón, era la “Nevería Estrella” en avenida Escobedo y calle Degollado. Era esta una nieve de agua y de crema, de diversos sabores, batida y esponjosa. Tenía fama de ser “la más cara, pero la más buena de Torreón” según su slogan. Y no estaba lejos de la verdad. Esta nieve era la de las “ocasiones especiales” como las piñatas, los cumpleaños, los días de festejar a la madre. En el mismo lugar, la Nieve Estrella contaba con un restaurante que hizo mis delicias por mucho tiempo. Se servía ahí una hamburguesa de res acompañada de una bola de ensalada tipo rusa, que era riquísima. Bueno, al menos a mí y a muchos otros nos lo parecía. Desde luego, había malteadas, Ice Cream, banana split y nieve en todas sus presentaciones.  

Entre los neveros ambulantes, se encontraban aquéllos que confeccionaban su producto de manera artesanal, con garrafa. La nieve de “don Goyo” era muy famosa. Solía estacionar su triciclo en la avenida Allende y calle García Carrillo, justo en la salida del colegio conocido como coloquialmente como “el Hispano”.

Este cronista era adicto a un helado de garrafa, sabor vainilla, que se vendía en la esquina noroeste del ya desaparecido Mercado Villa, en calle Ramón Corona y avenida Allende, ahora Plaza Mayor. Un “señor ya grande” (es tan relativa la percepción de la edad cuando uno es muy joven) estacionaba ahí su vehículo, una suerte de carreta de madera, pequeña y de dos ruedas que solía empujar él mismo. Sobre ella iba una garrafa grande, de lámina galvanizada, llena de nieve, la cual servía en conos fabricados con cacahuate (maní) con un toque de jalea de fresa o frambuesa. El Colegio Mijares quedaba apenas a dos cuadras de este lugar.

Otro tipo de helado, que en Torreón era “el helado” por antonomasia y cuya venta se realizaba de manera ambulante, era el que se fabricaba en pequeños conos truncos de aluminio. Siempre era de vainilla. Los había en dos presentaciones, la más cara, con pasas integradas al helado.

Pero el rey de los helados en la Comarca Lagunera, por más de un siglo, lo ha sido “Chepo”, cuyo establecimiento original se encontraba ubicado en la conurbada ciudad de Lerdo, Durango. Durante muchísimo tiempo, se vendió solamente allá. Así que había que ir a comprarla y a consumirla al Estado de Durango.

Un paseo bastante habitual para los domingos en los años cincuentas, era ir de Torreón a la plaza principal de Lerdo, donde se encontraba el expendio de la nevería. Alrededor del establecimiento había mesitas y sillas para la clientela, que solía ser excesiva. En aquellos años, era rarísimo hacer cola (fila) para comprar alguna cosa, excepto por los boletos de los estrenos de los cines en domingo. Y para comprar esta nieve, había que hacer colas. 

El paseo continuaba hacia Raimundo, donde uno podía refrescarse con el viento que se filtraba entre los árboles de las riveras del Nazas, árboles de cuyas ramas pendían primitivos columpios para diversión de los visitantes. El olor de los elotes “tatemados” y hervidos llenaba el ambiente. Era muy frecuente encontrarse ahí con vecinos y conocidos, pues nuestra ciudad aún era pequeña.


lunes, enero 14, 2013

Las "reliquias" falsas


Imagen de La Jornada 


Una interesante nota aparecida hoy 14 de enero en el diario “La Jornada” revela que los “huesos patrios”, es decir, los despojos mortales que se conservan en la columna de la independencia de la ciudad de México, en realidad corresponden a muchas personas, entre ellas mujeres y niños, y hasta venados.

La noticia tiene por fuente al Instituto Nacional de Antropología e Historia, cuyos especialistas trabajaron en el examen forense de dichos huesos con antelación a las fiestas del Bicentenario 1810-2010. A pesar del dictamen de los científicos, el gobierno de Calderón mantuvo la farsa de la “autenticidad” y “sacralidad” de los huesos de los próceres, para quienes se organizaron solemnes desfiles y exhibiciones, una de ellas en el Palacio Nacional.

Evidentemente, el gobierno de Calderón aprovechó la farsa para incrementar el fervor patrio y apuntalar su gobierno, en su momento tan cuestionado en diversas áreas y por diferentes organizaciones por razones de legitimidad electoral o de derechos humanos. El hecho de que el INAH recibiera instrucciones de reservar la información para darla a conocer cuando Calderón ya no estuviera en el poder, lo indica muy claramente.

Que un gobierno le mienta a la ciudadanía, es un problema muy serio, hasta por un asunto de huesos viejos. Porque, ¿cómo distinguirá después el pueblo, entre lo verdadero y lo falso? ¿Cómo sabrá que no se le engaña en otras cosas de mucha mayor envergadura?


viernes, enero 04, 2013

Núñez de Esquivel, cartógrafo lagunero



No son muchos los mapas coloniales que han llegado hasta nosotros de lo que se llamara “El País de La Laguna”, región que hoy conocemos como Comarca Lagunera. Tenemos los que se encuentran en el Archivo Militar de Segovia (España) que son interesantes para su historia hidrológica —entre otras cosas— y que fueron elaborados en el siglo XVIII. En una copia que nos hizo llegar nuestro buen amigo el investigador español José María Ruiz, se observan con toda claridad la Laguna de Parras, la de Tlahualilo y la del Álamo (Viesca), así como las rutas comerciales de esta región de la Nueva Vizcaya. 

Hace tiempo circulan en la Comarca Lagunera copias de un mapa, al parecer a su vez copiado del original en Saltillo el 15 de marzo de 1890. Este mapa dice ser obra de Melchor Núñez de Esquivel, joven de 19 años de edad en 1787, año en que dice haberlo dibujado. El mapa es tenido por auténtico, y de hecho lo es, pues tenemos otros similares dibujados por el mismo cartógrafo, en el mismo año, y que se encuentran a buen resguardo en Sevilla. Este mapa del que hablamos, que podemos denominar el mapa “glosado”, aporta datos muy interesantes para la historia económica colonial de la región. La jurisdcicción de Parras abarcaba la Comarca Lagunera de Coahuila y Durango en esa época. La familia Núñez de Esquivel ciertamente era conocida y estimada en Parras en el siglo XVIII. El miembro de esta familia citado en testimonios documentales de Parras en los setecientos ochentas es el notario público Juan de Dios Núñez de Esquivel. En los registros parroquiales de matrimonio consta el enlace de María Phelipa Núñes de Esquibel con Jose George Pérez Monzón. Melchor debió ser hermano de ésta última. 

Los datos que aporta el mapa en cuestión indican que el autor no recordaba el nombre exacto del jesuita fundador de Parras en 1598, (al dibujar su mapa, ya no pudo consultar a los jesuitas, que  ya habían sido expulsados) ni tampoco el nombre con que se conocía antiguamente la sierra de Parras (Pirineo). La inexactitud del dato demuestra que quienes conservaban la memoria de la fundación del País de la Laguna, era precisamente la Compañía de Jesús en sus Annuas o Crónicas Anuales. Pero la fundación de la comarca era historia relativamente antigua en la época en que se dibujó el mapa. Pero en su historia coetánea, Núñez de Esquivel resulta mucho más exacto. Hace referencia a la “hystoreta” o “hystorieta” del presbítero José Dionisio Gutiérrez, escrita en 1777, la cual conoce y tiene por fuente confiable. Todavía a finales de la era virreinal, “historieta” era usado como diminutivo de “Historia”. Es decir, el término se refería a un trabajo no muy extenso de historia. 

Por otra parte, el contexto muestra claramente que Núñez de Esquivel la tiene por válida y autorizada. Vid  Diccionario de la Lengua Castellana por la Real Academia Española. Quinta Edición. 1817. La “hystorieta” documento fue desconocido hasta casi el último tercio del siglo XX, no hace mucho fue publicada por la Universidad Iberoamericana Torreón en su “Tríptico de Santa María de las Parras” .   

El cartógrafo es claro al hablar de la importancia que tuvo la producción de vinos y aguardientes para el pueblo de Parras, y de cómo esta actividad generó riqueza. Pero existe una referencia particularmente interesante sobre el cultivo del algodón en 1787. Y como Núñez de Esquivel menciona que también el lino se daba bien cuando tenían agua para cultivarlo, esto nos hace pensar que es muy probable que el cultivo de estas fibras haya sido estimulado por la Real Audiencia de México en 1785, año en que envió un Bando para fomentar el cultivo del lino y el cáñamo. 

Este bando fue recibido en una época en que en Parras ya no resultaba tan redituable la vitivinicultura, y seguramente los habitantes que podían buscaban la explotación de nuevos cultivos comerciales. Esto explicaría por qué a finales de 1824 había en Parras tantos hiladores y tejedores de algodón de diversas calidades. No progresó el cultivo del lino ni del cáñamo, pero sí el del algodón. 

Con el objeto de disfrutar del contenido de este mapa, se transcriben a continuación los textos que contiene:

Esquina superior derecha (desde el lector). 

“El pueblo de Santa María de las Parras se fundó el año de 1595 y sig(u)ientes, cuya fundación celebró Antón Martín Zapata, y el Padre Augustín Parra  [Agustín Parra”. Se refiere al padre Agustín de Espinoza, jesuita.  Jesuita, con yndios y algunos españoles] Creciendo el cultivo de viñas fondo de este pueblo se avecindaron muchas gen(tes) principalmente mulatos, y negros, uniéndose por matrimonio con los yndios, y lo mismo hisieron algunos españoles.

Gozaron los yndios de mucha riqueza por el basto comercio de Aguardiente y Vino, y de esta última especie se usa con seguridad en toda la América y para el Santo Sacrificio de la Missa. 

Con la succesión de los tiempos se comenzaron a enajenar las heredades de los yndios en los españoles que hoy tienen muchísimas.

Fueron aquellos primeros yndios muy Cathólicos y devotíssimos; muchas de sus fincas reconosen h(as)ta el día obras piadosas en culto de Dios n(ues)tro S(eño)r y de sus santos.

El temperamento de este d(ic)ho Pueblo es caliente y seco en general; llueve poco, los rosíos son escasos y por esta causa solo al venefisio de el regadío se dan las semillas de primera necesidad, q(u)e siempre son también escusas por la falta de aguas para fecundisar el terreno, q(u)e teniéndolas produse con buena correspondencia todo género de granos, legumbres, algodón, y buen lino.  

Sus abitadores son robustos, buenos trabajadores, y longevos, recularmente son plectóricos por la indulgencia del Vino y Aguardiente, lo que origina algunas aplopegías sanguíneas todos los años.

La uba de este d(ic)ho pueblo y sus frutas de estío son excelentes y abundantes, secas surten a la América; su comercio fue rico, pero en el día está destraido por el poco valor de sus hermosos y legítimos caldos”.   
    
Parte superior, al centro- 

“Norte. Salinas. La ubicación de éstas se halla immediata al Pueblo del Álamo a distancia de tres leguas poco más o menos, y su extención corre de Oriente a Poniente, y crían mucha sal, es como la común de las demás salinas de esta América según la comfiguración de sus partículas cúbicas; es saludable p(ar)a el uso de las (...) su abundancia admira y también su antigüedad, pues se infiere vivió sobre ellas o a sus orillas la Nación de yndios Salineros que sin duda comerciarían a su modo con otras naciones”.    

Parte superior, esquina izquierda. 

“Entre los grados 274 y 278 de longitud en la Nueva Viscaya a 26 y 23 de latitud se hallan los lugares del Saltillo, Parras, Pueblo del Álamo, Hornos y Cuencamé colocados de Oriente a Poniente. Por este rumbo de norte situación del gran Bolsón de Mapimí se asegura haver otra gran salinera en un paraje que llaman Mogano cuyo registro se hace difícil por ser continua havitación de los crueles Apaches, su mucha distancia y escases de agua”. 

Centro centro. 

“Laguna de Parras le llaman impropiamente porque no es un grande Estanco de Aguas, sino varios esteros, o grandes o pequeños, en q(u)e se absorven las Aguas de los Ríos de Buenabal y Nasas. Se cría mucho pescado vagre y dando mucha volatería y fieras. Fue d(ic)ha laguna havitación de muchas Naciones o Rancherías de yndios. Hasta mediados del siglo pasado havía missiones de Jesuitas desde los Hornos hasta Baicuco, San Pedro y San Lorenzo. Las generaciones de yndios según los Libros de Parroquia en la Hystoreta de La Laguna por el Lic. Dn. José Dionicio Gutiérres, actual cura de Parras, fueron  = Vahaanes, Guitazos, Obracanos, Cavezas, Salineros, Colorados, Comanos, Tobosos, Mayos, Vayamares, Pies de Benado, Jetecoras, Huesates, Orayas, Matachichigüas, Guatimazas, Yurigayos, Yritilas, Manos Prietas, Huamanas, Tepas, Cacalo, Alazapas, Cien Orejas, Guadianamates, Coparanes, Tilporas, Libosporanes, Concores y Coagüilas”. [En general, la relación de nombres coincide con algunos de los que aparecen en los libros de parroquia en la trascripción publicada por el padre Churruca Peláez et al. El sur de Coahuila en el siglo XVII. Torreón. 1994].

Esquina inferior izquierda. 

“El Pueblo del Álamo lo fundó el cura del Pueblo de Parras Dn. Manuel Valdéz, con algunas familias de d(ic)ho Pueblo en 1732. De temperimento es calientemente sensible, goza de mucho agua de la q(u)e está sercado por su parte Occidental. Tiene serca las salineras. Su Atmósphera es opaca a causa de muchos vapores de el Agua y Ciénegas. Sus abitadores son longevos, algo ociosos. Es muy fértil para granos y muy pobre”.  

Anotación a la Sierra de Jimulco. 

“Sierra de Ximulco, antigüo mineral abandonado por las crueles incurciones de los Bárbaros, tiene mucha madera útil para fábricas. Hubo ene sta sierra mucho antez agua”. (El mapa pone en sus faldas la “Laguna Seca”)

Anotación a la Sierra de Parras. 

“Sierra de Parras nombrada los Montes Reineos [Pirineos] es de mucha altura poblada de madera en su cima y cañadas, pero imposible de sacarla. Tiene poco agua”. 

En la esquina inferior derecha, aparecen la nomenclatura y claves de todo el mapa.

A. Pueblo de Parras; B. Haz(iend)a de S(a)n Lorenzo; C. Estan(ci)a de Patagalana; D. Rancho de la Gotera; E. Haz(iend)a de Castañuela; F. Haz(iend)a de Patos; G. Villa de Saltillo; H. Sierra de la Payla; I. Haz(iend)a de la Peña; J. Ci(e)nega del Álamo; K. Las Salinas; L. Pueblo del Álamo; M. Los Hornos; N. La Laguna Seca; O. Charco de Tejas; P. La Sauceda; Q. La Joya; R. Estancia de san Juan de Casta; S. Real de Mapimí; T. Re(a)l de Cuencamé; V. La Punta; X. Cañón de Agüichila; Y. Sierra de Parras; Z. Santa Bárbara”. Finaliza el mapa con este texto: “DIBVXADO POR MELCHOR NVÑEZ DE ESQUIBEL; AÑO DE 1787; EN PARAS DE EDAD DE 19 AÑOS”. “Es copia. Saltillo; Marzo 15 de 1890”.   

lunes, diciembre 31, 2012

Una historia de duendes laguneros

Jesuita del siglo XVII



La presente es una historia presuntamente verídica de “duendes” en el sentido que se entendía su naturaleza en la era colonial: “espíritus que el vulgo cree que habitan en algunas casas y travesean, causando en ellas ruidos y estruendos” (Diccionaro de la Lengua, siglo XVIII).  Las crónicas anuales (Annuas) que los jesuitas laguneros del virreinato enviaban a México y a Roma, son riquísimas en información muy variada que, desafortunadamente, continúa inédita.   

El presente caso es un ejemplo. Los duendes “infestaban” la casa de una familia de tlaxcaltecas laguneros. El padre jesuita que narra el caso, equipara esos “duendes” a espíritus demoníacos, y manifiesta cuál es la estrategia para que la familia en cuestión, quede libre de ellos. Este cronista de Torreón presenta el texto tal como fue escrito, modernizando la grafía para la más clara comprensión del texto. Se añadieron algunas aclaraciones entre corchetes, de acuerdo a la acepción de la palabra o término en cuestión, en el siglo XVII.  

Hay datos de gran interés antropológico, como la diversidad de etnias en 1666; la presencia de temascales, los baños de vapor mesoamericanos, por influencia tlaxcalteca; los techos domésticos de madera (tejamanil), las mentalidades implícitas en el relato, etc. 

A continuación, la transcripción del texto: 


“Este año [1666] se han continuado los ministerios de nuestra Compañía, así para españoles como para indios y otras gentes que no moran en este pueblo [de Parras y su jurisdicción]. [En] la cuaresma, los sábados sobre tarde se hicieron las doctrinas en una plaza pública a los españoles, negros y mulatos, después del canto de las oraciones por las calles. Los jueves sobre tarde se hizo este ministerio para los indios con doctrina y sermón en su lengua, en otra plaza. 

La frecuencia de los sacramentos se han fomentado en los días de jubileos, y fuera de ellos.  A los indios principalmente, socorre esta casa con caridad en sus necesidades espirituales y corporales.  Con los beneficios que ha obrado nuestro padre san Ignacio en este pueblo, crece cada día en los ánimos su devoción y recurso en todas necesidades. 

Este verano, duendes terrestres infestaron a una parentela de indios Tlaxcaltecos en diferentes casas de ella. Primero, se aparecían de día a una niña de ocho años, hacíansele familiares, apartábanla de la casa halagüeñamente, persuadíanla que se fuese con ellos. Ella, enseñada de sus padres, respondía que haría tal. Y como se fuese enflaqueciendo y poniéndose amarilla, sus padres, cudadosos, la trajeron a nuestra iglesia, pidiendome mirase qué remedio podía tener su desconsuelo. 

Respondióles acudiesen a la Virgen Madre de Dios, nuestra señora consoladora de los afligidos, que desde su inmaculada concepción quebrantó con su calcañar la cabeza de la serpiente infernal. Asimismo les dije, invocasen a nuestro padre san Ignacio en aquel trabajo, como antiguamente lo habían hecho (viviendo el santo) los padres y hermanos del colegio de Loreto, con feliz suceso, contra los duendes, que huyeron desterrados del colegio por mandado del santo. 

A la niña impuse [puse al corriente] en la devoción de la Santa Cruz, que de día la trajese siempre en la mano o al pecho, y de noche la pusiese a la cabecera. Supe tenía más de ocho años de edad, y que nunca había confesado sacramentalmente. Encarguélo que lo hiciera, e instruíla para ello. 

Vino al día siguiente y confesó. Desde aquel día, gracias a nuestro Señor, nunca más los duendes inquietaron a la niña, ni le hablaron, ni aparecieron. 

Ese mismo día, según parece, se mudaron estos demonios, de casa de la niña, a la casa de sus abuelos, donde mora mucha gente, cuya quietud turbaban los trasgos [duendes] de varias maneras. A mediodía eran sus más frecuentes apariciones, en figuras de indios chichimecos, caribes [caníbales] con melena [cabello suelto] y cactles [huaraches], totalmente desnudos, arcos y flechas en las manos. Eran en número cinco o seis. 

Una mujer de aquella parentela y casa, de veinte años de edad, era con quien más se familiarizaban aquellos duendes. Convidábanla a que se fuese con ellos, amenazábanla si no lo hiciese, apoderábanla, amedrentábanla con ruido. Y para espantarla, quemaron alguna madera de la cubierta de un aposento, y del temascale [temascal, baño de vapor] de la casa. Esta mujer, habiendo ido por agua a la huerta a mediodía, vió a uno de estos duendes en la figura dicha. Y oyó que le hablaba, y fue tanto su espanto, que cayó en tierra medio muerta, y por muerta la tuvieron los que, viendo que tardaba, la fueron a buscar. Finalmente, después de mucho rato, volvió en sí de aquel desmayo. 

La diligencia cuidadosa de los de aquella casa, advirtió que los demonios dejaban rastros de pisadas, y que todos iban a parar a un rincón de la huerta, donde está un varal espeso y mohoso en parte húmeda, y que de ahí no pasaban. A la noche comenzaban con nuevo ruido a inquietar la gente, que no solo eran demonios medianos, sino también lucífugos [los que huyen de la luz], traían de lejos piedras y las tiraban con fuerza, pero a nadie hirieron. Llegó a tanto la molestia que sentían los moradores de la casa, que eran forzados a cerrar de noche la casa, e irse a dormir a otra lejos, para poder tener reposo.  

En orden a librarse de esta gentilidad [cosa asociada a religiones idolátricas o paganas] tomaron por medio confesar y comulgar, y hacer las diligencias para el jubileo de la Ascensión gloriosa del Señor, lo cual hecho, se templó la calamidad. 

Despés, los vecinos de la casa, contándome lo que pasaba, me pidieron los encomendase a nuestro Señor. Fui a la casa, bendíjela con la bendición que contiene el misal, díjeles pusiesen cruces sobre los árboles y en derredor de la huerta y casa, y que por las tardes, antes de irse a hacer noche a la otra casa, entrasen todos en el oratorio y rezacen un credo de rodillas y rociasen con agua bendita la casa y huerta. También les encargué varias veces, que no se indignasen, ni dijesen palabras iracundas en aquella persecución, sino que la llevasen con paciencia y silencio y conformidad con la voluntad de nuestro Señor. 

Así parece lo hicieron los piadosos indios, y no pudiendo los demonios sufrir los fervorosos actos de virtudes que en aquella casa se ejecutaban, se ausentaron de ella. Y ya ha más de dos meses que sus vecinos viven quietos, contentos y alegres, dando gracias a nuestro Señor Cristo por el beneficio”. 

Y para cambiar de tema, diremos que la Comarca Lagunera celebró las fiestas navideñas con relativa tranquilidad. En Torreón, el comercio estuvo más activo que el año pasado, con mayor flujo monetario y afluencia a los centros comerciales. Las calles y avenidas del centro de la ciudad se congestionaban, como hace tiempo no se veía. 

Sorprendentemente, el clima resultó en verdad primaveral para las fiestas. La nochebuena la celebramos con temperatura de 25 grados Celsius a las nueve y media de la noche. El día veinticinco, día de Navidad, la temperatura del medio día era de 26 grados. No es lo usual en Torreón, donde los inviernos suelen ser moderados, pero no calientes. Todos recordamos las nochebuenas con un frío de 2 a 12 grados. Solo por excepción las ha habido más frías. Ese es el rango acostumbrado. 

Parece que la nochevieja, que celebramos hoy lunes, va por el mismo camino, la temperatura sigue muy benigna, para beneplácito de tantas personas que carecen de un refugio adecuado a las necesidades que crean los inviernos fríos y lluviosos. 

Para nuestros amables lectores, vaya el saludo más cordial, acompañado de los mejores deseos de bienestar, y sobre todo, de paz, para este nuevo año de 2013 que está por iniciar. 

viernes, diciembre 28, 2012

Platillos laguneros Porfirianos

Vajilla inglesa de Staffordshire y cuchillería de plata alemana. Era Porfiriana. 


En esta ocasión, deseo transcribir dos viejas recetas Porfirianas que puede decirse, pertenecen a los menús laguneros de la época. Es bien sabido que este Cronista investiga, para el ámbito académico internacional, asuntos relacionados con la antropología de la alimentación. Y una de las entradas a esta disciplina tiene que ver, precisamente, con la historia de la preparación de los alimentos y de los ingredientes que los constituían. 

Los viejos recetarios de familia son una preciosa fuente de información, por lo que se refiere a los platillos, ingredientes y preparación. Puede ser que, en  ocasiones, estas recetas hayan sobrevivido hasta nuestros días, sin cambios o bien, con innovaciones o adaptaciones. Como lo mencioné más arriba, estas recetas se remontan a la era Porfiriana, y además de ser sencillas (las hay muy complejas, costosas y elegantes) son bastante accesibles. Están escritas con un lenguaje muy coloquial, a veces casi taquigráfico, porque antiguamente las recetas las escribían las señoras o los chefs, no para que otra persona las usara para cocinar, sino para recordar los ingredientes y los pasos fundamentales de la preparación.

“Pollo en aguacate. Después de cocido, ya partido en pedazos [el pollo o gallina] se pasa por mantequilla con un polvo de pimienta y sal; se coloca en un platón, agregándole papas y zanahorias en tiritas pasadas por mantequilla. Se pelan unos aguacates, se le añaden [a los aguacates] fondos de alcachofa cocidas, se mezclan y se hace con todo un guacamole, agregándole cebolla cruda muy menudita, una poca de leche hervida para que no se ponga negro el guacamole. Se baña el pollo (o gallina) con esta salsa, y se adorna con aceitunas, pimientos, lechuga, rábanos y granitos de granada”.

Una segunda receta que aquí transcribo, es un poco más laboriosa y compleja. Se trata de las codornices en escabeche. 

“Codornices en escabeche. Se pelan seis codornices, se lavan bien, se ponen en una olla con tapadera. Se cubren de agua las codornices, se le añade una copa de agua casi llena, de vinagre, y otra copa igual, bien llena, de aceite de oliva, un puñito de pimientas enteras, los dientes de una cabeza de ajo, unas hojas de mejorana, una ramita de hierbabuena, unas hojas de laurel de cocina, seis cebollas pequeñas, tomillo, un limón en rebanadas, un puñito de sal entera y perejil. Se menea para que se mezcle bien, y se pone a cocer a fuego lento. Cuando comienzan a despedazarse las codornices, se sacan, se ponen en un platón, y se cubren con el caldo en que se cocieron. Se adornan al gusto con aceitunas, pepinillos, etc. Se sirven frías”.  

miércoles, diciembre 26, 2012

Una nochebuena de excepción la de 2012




La Comarca Lagunera celebró las fiestas navideñas con relativa tranquilidad. En Torreón, el comercio estuvo más activo que el año pasado, con mayor flujo monetario y afluencia a los centros comerciales. Las calles y avenidas del centro de la ciudad se congestionaban, como hace tiempo no se veía.

Sorprendentemente, el clima resultó verdadera-
mente primaveral para las fiestas. La nochebuena la celebramos con temperatura de 25 grados Celsius a las nueve y media de la noche. El día veinticinco, día de Navidad, la temperatura del medio día era de 26 grados. No es lo usual en Torreón, donde los inviernos suelen ser moderados, pero no calientes. Todos recordamos las nochebuenas con un frío de 2 a 12 grados. Solo por excepción las ha habido más frías. Ese es el rango acostumbrado.

Esperamos que para el fin de año, la temperatura sea igual de benigna, para beneficio de tantas personas que carecen de un refugio adecuado a las necesidades que crean los inviernos fríos y lluviosos. 

viernes, diciembre 21, 2012

Torreón en 1930



En el Torreón de 1930, la gente pensaba que las cenas y comida de nochebuena, navidad y nochevieja, eran celebraciones estrictamente familiares. Poca gente iba a los restaurantes a cenar o a comer en esas fechas, con excepción quizá, de los clubes sociales.  

En el ambiente noticioso de ese año, se encontraban los grandes logros y hazañas aéreas. Los medios, como la radio y los diarios, estaban muy pendientes de los éxitos y fracasos de los pilotos aviadores.

En 1930, Nazario Ortiz Garza era el gobernador de Coahuila. Desde marzo de ese año, Torreón contaba con su flamante Teatro Martínez. El cine recientemente sonorizado, causaba sensación en nuestra ciudad. Casi todas las representaciones se realizaban en el mencionado nuevo teatro. Las funciones cinematográficas comenzaban a desplazar las representaciones teatrales en la preferencia del público. Y ya que hablamos de teatro, mencionamos que en 1930, se presentó la Compañía China “Wing Hong Sing” con gran éxito, “entre sus connacionales”, como señala un diario de la época, con cierto dejo de racismo.

Desde el punto de vista de le economía regional, 1930 no fue un buen año. El agua del Nazas no resultó muy abundante, por lo cual se prepararon pocos cultivos. Esto deprimió la economía local, hubo disminución de empleos, falta de circulante y cierto estancamiento del comercio. La cosecha de algodón de 1930 no fue la mejor en calidad ni en cantidad. La clase de fibra que se obtuvo resultó inferior a la de años anteriores. Hubo bastante algodón manchado por los gusanos, que aparecieron relativamente temprano. Las lluvias también causaron deterioros en la fibra. El poco trigo que fue segado entre junio y agosto, tampoco impactó favorablemente en la economía. 

En mayo, el coronel hispano-mexicano Pablo L. Sidar y el Teniente Carlos Rovirosa se mataron en Costa Rica, en su intento de vuelo Chiapas-Buenos Aires. Apenas un mes más tarde, los mexicanos aclamaban al chihuahuense Roberto Fierro Villalobos, por su viaje en avión (el “Anáhuac”) y sin escalas, de México a Nueva York, y de Nueva York a México.

En el ámbito social de la nación, el ex presidente Plutarco Elías Calles era motivo de conversaciones por su matrimonio, el 2 de agosto, con la señorita Leonor Llorente.

En 1930 se comentaba asimismo la tragedia del Circo Modelo, cuyo tren se incendio entre Guanajuato y Guadalajara.

En septiembre de ese mismo año, el francés Dieudonné Costes correspondió la visita del coronel estadounidense Charles Lindbergh, al volar en sentido contrario y sin escalas, de París a Nueva York. También en 1930, el general Berenguer buscaba sofocar la rebelión republicana en España, y el Mahatma Ghandi daba le daba problemas al Imperio Británico.

En Torreón, el mes de diciembre de 1930 transcurría con tranquilidad. Ningún restaurante anunció menú para la noche del 24, la “nochebuena”, y solamente uno lo anunció para la comida del 25, la comida de navidad. Se trataba del restaurante del Hotel Francia, cuyo propietario era el señor Tomás E. Lewis. Este menú incluía una entrada de apio y aceitunas, sopa crema de habas, filete sol con salsa tártara, tortas de papas, pavo al horno con relleno o mole estilo poblano, espinacas a la francesa, ensalada “waldoffe”, frijoles al gusto, duraznos en almíbar y café, te o leche. El costo del cubierto era de un peso y veinticinco centavos.

Estos datos son interesantes para la historia del gusto culinario, así como para la historia de la mercadotecnia de los servicios del sector terciario, y claro, para la historia de la moneda y del poder adquisitivo.

Para la nochevieja se daba la misma situación. Solamente el restaurante del ferrocarril anunciaba en un diario su cena de fin de año o de año nuevo. Constaba de entremeses surtidos, sopa de ostiones, pescado en salsa holandesa, pavo al horno, puré de manzana, ensalada, y flan al ron, café o te. El cubierto costaba un peso. Adicionalmente se ofrecía vino clarete de la Rioja, a dos pesos y veinticinco centavos la botella; vino blanco Delor a dos pesos botella. Había cerveza Carta Blanca y Bohemia en cuarenta centavos la botella. La cena sería amenizada por dos conciertos radiofónicos.

Pero antes de ir a la cena de nochevieja de ese miércoles 31 de diciembre de 1930, los torreonenses podían ir a divertirse al teatro “Juárez” donde debutaba la compañía de revistas y zarzuelas “Politeama”. El espectáculo se anunciaba como “ideal para familias” con “gran repertorio en zarzuelas, revistas y variedades” afirmando que “Politeama” “es una compañía de verdad, donde las familias podrán divertirse y pasar noches alegres con la seguridad que es un espectáculo altamente moral, como lo demuestra su récord de triunfos por los principales sitios de América”.

La cartelera del Teatro Martínez para el fin de año anunciaba una película sonora, “Sombras de Gloria”, drama estrenado en Estados Unidos en febrero de ese mismo año de 1930. Eran sus directores Andrew L. Stone y Fernando C. Tamayo, la historia original fue escrita por Thomas Alexander Boyd, y los protagonistas fueron José Bohr, Mona Rico y Francisco Marán. Se anunciaban dos funciones, una a las 5 de la tarde, y otra a las 8.30 de la noche.

El Teatro Princesa anunciaba en su cartelera del 31 de diciembre, la película sonora “Que noche” (What a night !) con Bebe Daniels. Esta película fue dirigida por A. Edward Sutherland, con una historia de Lloyd Corrigan, Grover Jones y Louise Long. Los protagonistas fueron Babe Daniels, Neil Hamilton, William Austin y otros. Las funciones eran a las 5 de la tarde y a las 8.30 de la noche.

Babe Daniels


Para el año nuevo, el 1 de enero, de 1931 la cartelera del Martínez incluia una película sonora, “Las cuatro plumas” (“The four feathers” título original) descrito como “ultramaravilloso espectáculo sonoro con música y sonidos admirabilísimos” con la “suprema actuación de los famosos artistas Richard Arlen y Fay Wray, secundados por lo más selecto de cinelandia. Romance. Tragedia. Emoción. Arte”. Esta era una novela escrita por A.E.W. Mason, adaptada por Hope Loring y protagonizada por Richard Arlen, Fay Wray y Clive Brooke. Esta película de Paramount fue estrenada en junio de 1929 en Estados Unidos.

Fay Wray

Richard Arlene

Para el sábado 3 de enero de 1931, el Teatro Martínez anunciaba “otro gran exitazo” “vea y oiga a nuestra gloriosa compatriota  Lolita del Río [Dolores del Río] cantando y actuando en el hermoso poema vitafónico “Evangelina””.  Esta obra con Dolores del Río, fue estrenada en los Estados Unidos el 24 de agosto de 1929. Fue el autor del poema Henry Wadsworth Longfellow, director Edwin Carewe, y guión y adaptación de Finis Fox. 



También para el sábado 3 de enero, el Teatro Princesa había programado la película sonora, hablada en Español “La jaula de los leones”, un drama de 1930 dirigido por Fred J. Balshofer, con una historia de Romualdo Tirado. Los protagonistas eran el mismo Romualdo Tirado, Alicia Bell y Amelia Bell. La publicidad de esta película dice “Un sueño roto. La tragedia de una vida. Circo. Drama. Infortunio. Emoción. Cantos”. 

miércoles, diciembre 19, 2012

Diciembre en 1908



Hace casi 104 años, el 20 de diciembre de 1908, el periodista José Agustín de Escudero escribió en el Semanario “Eco de la Comarca” de Gomez Palacio, Durango, sus “Impresiones de Noche Buena”. El texto de Escudero nos permite conocer el sentir del autor (que seguramente era compartido) en torno a las celebraciones decembrinas en La Comarca Lagunera hace más de un siglo. Escudero da razón de los eventos, golosinas, estados de ánimo y hasta del clima que reinaba en nuestra región durante el período festivo navideño de 1908. 

Quizá su lenguaje nos parezca cursi, anacrónico o rebuscado. Muy probablemente, esta forma literaria almibarada se correspondía con la idea de la “elegancia provinciana” del periodismo durante la era de don Porfirio. Que lejos estamos actualmente de ese ambiente de paz social que refiere, un ambiente en el cual las únicas luchas parecen ser personales e íntimas. Y sin embargo, en el horizonte se dibujaban ya las nubes de tormenta revolucionaria.

Más que en la manera como dice las cosas el autor, pongamos atención en lo que dice:

“Estamos en pleno mes de diciembre. Pronto tocará su fin, para dar lugar al nuevo año que viene presuroso a saludarnos, augurándonos prosperidad, paz y ventura como vivamente lo deseamos. Estamos en el mes de la alegría, en que late con vehemencia el corazón henchido de entusiasmo, halagándonos las dulces esperanzas del porvenir que nos sonríe. Hemos visto pasar como un sueño, los días, los meses y los años, y de ellos solo nos quedan ahora los recuerdos, que tienen poder de aliviar, un tanto, las tristes enfermedades del alma, herida con los sufrimientos y las decepciones”. 

“El mundo entero está de fiesta porque se alegra y regocija recordando el natalicio del Dios Niño. La sublime y poética descripción bíblica tiene poder de enternecer profundamente todos los corazones”. “Y los villancicos, los cantos y los bailes, el estruendo de los pitos, panderos, panderetas y sambombas, los acordes de las músicas, el atronar de los cohetes, el alegre repique de las campanas, los gritos de los niños que piden sus juguetes, sus dulces, sus vestidos nuevos y sus aguinaldos; la reunión de las familias donde se confunden y animan los jóvenes vigorosos con los ancianos achacosos, los grupos de los amigos unen sus afectos y sus corazones. Las posadas y los nacimientos, los árboles cuajados de dulces y curiosidades brillando con la escarcha de plata, los graciosos coloquios y las sencillas pastorelas, las curiosas piñatas y los globos, el sabroso turrón, el rico mazapán y las peladillas, los tradicionales buñuelos y los ricos tamales, las colaciones y los cacahuates con las nueces, piñones, almendras y avellanas juntamente con los tejocotes; los obsequios y las cenas con todos sus manjares especiales y todo ese conjunto sorprendente e inusitado de diversiones y entretenimiento en la venturosa y bienvenida Noche Buena, nos embriagan, nos seducen, nos enloquecen así a los pequeñuelos como a los viejos, trayéndonos consuelo, alegría, felicidad en las pesadas noches del invierno, cuando más brillan las estrellas sobre el negro manto del cielo que, derramando sus tenues lágrimas de lluvia fría, deja cristalizaciones de hielo en las fuentes y los arroyuelos, como nostalgia y dureza en muchas almas”.