Escudo de Torreón

Escudo de Torreón

miércoles, marzo 31, 2010

Memoria iconográfica del XII Seminario Iberoamericano






Recientemente, me llegó un ejemplar del libro intitulado “Torreón, México. XII Seminario Iberoamericano de Viticultura y Ciencias Sociales. 15, 16 y 17 de julio de 2009”. Este libro fue impreso en España, y constituye una memoria iconográfica del evento de este nombre, celebrado en Torreón en julio del 2009, y que fuera tan señalado en los círculos académicos relacionados con la vitivinicultura.

La impresión, impecable, corrió a cargo de la doctora Ana María Rivera Medina, Secretaria General de la XII Edición del Seminario Iberoamericano y notable investigadora de fama internacional, y las fotografías tienen por autor al señor Alfonso Arechaga Cámara, esposo de la doctora Rivera Medina, exitoso empresario español y talentoso fotógrafo.

Como recordará el lector, el XII Seminario tuvo por sede la Universidad Iberoamericana Torreón, con una visita de campo a la Hacienda de San Lorenzo, de Casa Madero. Se contó con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, y de la embajada del mismo país.

sábado, marzo 27, 2010

Seminario del Colegio de Arquitectos



Los días 26 y 27 de los corrientes, se llevó a cabo el Seminario para la Actualización y Certificación de Directores Responsables de Obra, convocado por el Colegio de Arquitectos de la Comarca Lagunera, A.C.

El evento tuvo por sede un conocido hotel del oriente de la ciudad de Torreón, el cual cuenta con amplios salones de congresos y reuniones similares.

Este Cronista Oficial fue invitado a participar en el programa con la conferencia intitulada “Recorrido histórico de Torreón”, en la cual se repasa dinámica económica y social de la Comarca Lagunera desde sus inicios, y el surgimiento de Torreón como población industrial. Particular énfasis se le dio a la formación y naturaleza de la identidad lagunera, como una afirmación ante el desafío que representaba vivir en una región tan plena de incertidumbre vital. El lagunero no podía ni puede darse el lujo de ser fatalista, de pensar que está limitado por el “destino”; tenía, y aún tiene que reaccionar y triunfar sobre la adversidad. Los laguneros somos triunfadores.

viernes, marzo 26, 2010

"Charlas de café con Felipe Ángeles"




Como miembro del Comité Estatal de Festejos del Bicentenario, y por atenta invitación del Lic. Javier Villarreal Lozano, Director del Centro Cultural Vito Alessio Robles, estuve anoche en Saltillo, con el objeto de presentar y comentar el libro “Charlas de café con Felipe Ángeles” de Alejandro Rosas. El evento se llevó a cabo en el mencionado Centro, con la presencia del Lic. Javier Villarreal Lozano, de los representantes del gobernador de Coahuila y del alcalde de Saltillo, del señor Arturo Berrueto González, Director del Consejo Editorial del Estado de Coahuila, de la Directora de Educación Pública de Coahuila, del director de la facultad de Historia de la UAC, Dr. Carlos Valdés Dávila, y de varios historiadores y gente interesada en el tema. El lugar registró un lleno total.

A continuación, transcribo el texto que preparé para dicha presentación:


“Charlas de café con Felipe Ángeles”, de Alejandro Rosas, es una obra que se inscribe en la colección “Charlas de café”, una serie de libros escrita por connotados historiadores nacionales, la cual agrupa nueve personajes de la independencia y once de la Revolución.

Se trata de textos muy amenos, ligeros, redactados a manera de entrevista con el personaje en cuestión. Aunque la forma puede ser ficticia, ya que en la realidad no hay manera de entrevistar a los héroes de la Independencia o de la Revolución, el contenido se encuentra muy bien fundamentado.

En el caso concreto del libro que hoy comentamos, mencionaremos que Alejando Rosas ha realizado una estupenda amalgama entre la ficción de la forma, y su interpretación alterna sobre la vida y obra de Felipe Ángeles y el discurso revolucionario y postrevolucionario.

Para mostrar la validez y el valor de su interpretación histórica, Alejando Rosas denuncia, desde el principio de su texto, lo equívoco que resulta el principio maniqueo que ha prevalecido en la historia oficial: los personajes son, o héroes o traidores, ortodoxos o herejes. Este es el principio de la historia en blanco y negro, la historia que no admite los grises de la realidad humana ni de la disidencia. Rosas recalca la responsabilidad del historiador para recuperar a todos aquéllos grandes hombres que fueron relegados al olvido por la simple razón de que no pertenecieron a la camarilla de los triunfadores.

Es evidente que, si el autor no confrontara esta tendencia ideologizante de la historiografía oficial, difícilmente estaríamos hoy hablado del general Felipe Ángeles, quien fue, sin duda alguna, uno de los grandes personajes de la Revolución Mexicana, pero que, por el hecho de haber pertenecido a la facción perdedora, ha sido relegado a la infamia, es decir, al deshonor y al olvido.

El autor deja muy claramente sentado que escribe sobre Felipe Ángeles, sobre la revolución y los revolucionarios, con los criterios y tintes de otro tipo de historia, una que resulta mucho más integradora.

Su propuesta y su aporte constituye un planteamiento, una interpretación poco común y profundamente crítica de los hechos y significado de la Revolución Mexicana, desde Madero hasta el fin del siglo XX. Se habla de la revolución traicionada, del paso de la dictadura individual de Díaz a un sistema político que resultó ser una dictadura colectiva, de partido. Es decir, se nos hace partícipes de una lectura alterna y crítica sobre el sistema político mexicano que invocaba la Revolución como base, fundamento y bandera.

Es en este contexto que la charla con Felipe Ángeles, cobra pleno sentido. Porque, a final de cuentas, el general Ángeles era un disidente y a la vez un profeta de la verdadera revolución, una revolución del pueblo y para el pueblo. La crítica de Rosas a la revolución y al sistema político mexicano posrevolucionario, sería finalmente la crítica del mismo general Ángeles.

Una vez pintado el fondo del cuadro, Rosas hace hablar al general Ángeles para que trace y coloree su autorretrato, “de viva voz”. A través de la charla, desfilan sus orígenes, sus logros escolares, el inicio de su vida como militar de carrera, la honestidad que le ganó tempranos enemigos.

Ni qué decir que la información que se nos brinda a través de este ejercicio dialógico literario es acuciosa y muy bien documentada. Alejando Rosas nos sumerge con gran habilidad y prosa impecable, en la ilusión de ser testigos presenciales de la bien trabada charla, y sin darnos cuenta, podríamos asegurar que vimos y escuchamos personajes y diálogos, y no que, en realidad, fuimos simples y meros lectores.

La admiración de Alejandro Rosas por el general Ángeles se trasluce de manera constante. Pero esta admiración tiene sustento, se justifica por las prendas intelectuales, morales y militares del general.

Así, nos enteramos del paso de Felipe Ángeles por los diferentes regímenes políticos de la época que le tocó vivir, de Porfirio Díaz hasta Venustiano Carranza. Su estancia en el Colegio Militar, como estudiante y luego como director. Sus viajes y misiones a Europa y los Estados Unidos. Su estrecha relación con el presidente Madero, la que sin duda alguna marcó su convicción política. Hombre de todas las confianzas de Madero, vivió como militar en activo la decena trágica, y la amargura de la separación del entrañable amigo que es llevado a la muerte. Nos enteramos asimismo de sus encuentros y desencuentros con Zapata y con el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista.

Alejandro Rosas, al provocar al general Ángeles para que hable, nos comparte el profundo entusiasmo con que éste se dio de alta en la División del Norte, formada el 29 de septiembre de 1913 en la Hacienda lagunera de la Loma, en Ciudad Lerdo, Durango. De las cuatro tomas que sufrió la ciudad de Torreón, que fueron la maderista de mayo de 1911, la villista de octubre de 1913, la villista de abril de 1914 y la villista de diciembre de 1916, el general Ángeles solamente participó en la de marzo-abril de 1914, como artillero.

Y era tan extraordinaria su habilidad para calcular la trayectoria de los proyectiles, que en Torreón tenemos recuerdos indelebles de su puntería, en la fachada del vetusto Casino de La Laguna, ahora parte del Museo Arocena.

Pero muchas personas en Torreón y en Gómez Palacio le recordaban también como galante militar e impecable caballero. Mencionaré, solamente de paso, que la señora Hermelinda Faya de González conoció al general Ángeles cuando era una niña, ya que la casa de sus padres era la más elevada de Gómez Palacio, Durango, y la idónea para que Villa y los suyos pernoctaran y vigilaran el horizonte en los días previos a la toma de Torreón de abril de 1914. Esta señora, ya difunta, comentaba que el general Ángeles era el enlace de Villa para tratar con la gente “de sociedad”, y que fue Ángeles quien muy cortésmente pidió la casa para su general Francisco Villa. En cambio, a esta señora Villa no le mereció la misma opinión, ni remotamente.

Aunque la batalla por Torreón, la de marzo-abril de 1914 fue la más sangrienta de la Revolución, la más costosa en vidas humanas, y la de San Pedro, la más desmoralizadora para las fuerzas huertistas, es la de Zacatecas la que el autor describe con más detalle, seguramente porque fue la decisiva contra el usurpador Victoriano Huerta.

Al continuar con la lectura del texto, pasan ante nuestra mirada las vicisitudes de la Convención de Aguascalientes, y el rompimiento definitivo entre la División del Norte y el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista. La etapa final de Ángeles, el exilio, el regreso a México, la traición que lo entregó en manos del carrancismo, y su muerte.

En diversos momentos de esta charla de café con Felipe Ángeles, el autor cuestiona al general por aquéllas cosas que pudo haber hecho para cambiar el curso de la historia, y que sin embargo, no hizo. ¿Era su conciencia estrecha? ¿Prevalecía en él la disciplina militar por encima del sentido de la oportunidad histórica? Tendremos que leer este fascinante libro para enterarnos de los criterios que regían la vida de este notable general.

Para concluir, podemos afirmar que el libro de Alejandro Rosas es apasionante, que se lee con la mayor facilidad, que es adictivo, pues una vez que uno comienza a leerlo, no puede dejarlo sino hasta llegar a la última página.

Uno quisiera que continuara de manera indefinida… Qué más puedo decir ya, sino que les recomiendo de la manera más amplia la adquisición de este libro, y que felicitamos de la manera más calurosa a Alejandro Rosas, autor de esta obra que tanta falta hacía en la historiografía revolucionaria, así como al Centro Cultural Vito Alessio Robles, por favorecer la presentación de textos e historiadores de este nivel.






martes, marzo 23, 2010

La Comarca Lagunera en la historia nacional



Mientras más nos sumergimos, de manera sistemática, en la localización y análisis de los testimonios sobre la historia documental de la Comarca Lagunera, más y más nos impresiona la trascendencia que esta región ha tenido para la historia virreinal y nacional. No hay duda de que, los archivos históricos tienen un papel protagónico en la develación de los fenómenos sociales del pasado, los cuales a su vez, permiten explicar los del presente.

Región con personalidad propia, a partir de 1594, la Comarca fue conocida por Felipe II como la “Provincia de La Laguna”, haciendo referencia a su clara identidad como sistema hidrológico de ríos y lagunas en medio del desierto oriental de la Nueva Vizcaya. Su nombre evolucionó a “País de La Laguna”, “País de Lagunas” y finalmente, al de “Comarca Lagunera”.

Desde sus orígenes, a finales del siglo XVI y principios del XVII, dos cosas fueron muy claras: que se trataba de un crisol étnico, una región de encuentro de migrantes (españoles, tlaxcaltecas, purépechas, Mexica, negros de Guinea y de Angola, y por supuesto, los laguneros aborígenes) y que sus habitantes tenían una marcada inclinación por los cultivos comerciales y las manufacturas de carácter agroindustrial.

En efecto, no solamente existían los legendarios rebaños de ganado mayor de los Urdiñola y sus descendientes (marqueses de Aguayo) para el abasto de carne de Nueva España (sector primario).

El principal producto regional, y el más redituable, de acuerdo los documentos diezmatorios de la época, provenía de la elaboración de vinos, vinagres y aguardientes, al punto de que la Comarca era el mayor y más importante productor novohispano de bebidas alcohólicas legítimas de uva (sector secundario).

Bajo el esquema económico del mercantilismo, la industria vitivinícola regional transformaba la materias prima en vinos, aguardientes, mistelas y licores de diversos tipos. Sus productos satisfacían la demanda de bebidas fuertes que las importaciones españolas no alcanzaban a cubrir. El mercado de las bebidas laguneras comprendía desde Texas y la Louisiana, hasta el Istmo de Tehuantepec.

Entre 1810 y 1813, el cultivo del algodonero se volvió significativo en nuestra comarca, a raíz del desabasto de materia prima que las guerras de Hidalgo y Morelos habían provocado. Las provincias productoras tradicionales eran Veracruz y Guerrero, pero la guerra de independencia había diezmado o arruinado sus algodonales. Entre 1810 y 1813 no solamente se comenzó a cultivar en mayor escala el algodonero en nuestra región, (Gossypium Hirsutum y Gossypium Barbadense) sino que se inició la fabricación de hilos y tejidos con sus fibras. En esto, contamos con el importante testimonio del Comandante de las Provincias Internas, Bonavia y Zapata.

Para 1817, Nazas surtía de algodón las fábricas del centro y occidente de Nueva España. En 1825, los hilados y tejidos de algodón fino y entrefino ocupaban un buen porcentaje de la mano de obra de Parras, la histórica capital política y religiosa de la Alcaldía Mayor de Parras, Laguna y Río de las Nazas. Para 1835, los hermanos Urruticoechea ya habían inaugurado una fábrica mecanizada de hilados y tejidos de algodón en Mapimí, la cual sería la precursora de “La Constancia”. Esta hilandera beneficiaba el algodón producido en la Comarca Lagunera.

Los veteranos de la Segunda Compañía Volante de San Carlos de Parras, con asiento en el Álamo de Parras (Viesca, Coahuila) fueron trasladados a San Antonio de Béjar, donde fundaron el Fuerte del Álamo, tan venerado por la historia texana. Ese nombre le pusieron en recuerdo del Álamo de Parras. Algunos de estos soldados laguneros pelearon a favor de la independencia de Texas, y otros, en contra de ella.

Uno de los más trascendentes contactos del presidente Juárez con el gobierno estadounidense se efectuó en nuestra región, a través del general Lew Wallace. Algunos autores norteamericanos consideran que la misión de Wallace fue una de las manifestaciones más flagrantes y decisivas de la llamada Doctrina Monroe. A. W. Barber (compilador) publicó en 1914 un libro cuyo título traducido es el siguiente: “La benévola incursión del general Wallace. Cómo México fue salvado en 1864, la Doctrina Monroe en acción. De cómo Wallace —por órdenes del general Grant— se internó en México para ayudar a Juárez contra Luis Napoleón en 1864”.

Durante la primera mitad del siglo XIX, surgió una pequeña población que iba a ser el prototipo del modelo multiétnico que más tarde seguría Torreón. Se trataba de Matamoros, Coahuila, un lugar donde convivían numerosas tradiciones culturales y raciales, entre ellas las de los españoles, indios, mestizos, mulatos y negros de Angola y Guinea, descendientes de aquellos esclavos traídos por los portugueses.

Matamoros no solamente fue un crisol étnico, sino forja de hombres libres. Sus ciudadanos lucharon en pie de igualdad contra la opresión y la tiranía de Zuloaga y de Maximiliano. Tanto así que merecieron el elogio de Wallace en su “Cacería de Búfalos”. Su sentido de la dignidad los llevó a desairar al hijo de Benito Juárez cuando se presentó en un banquete conmemorativo con su mujer francesa.

El proyecto liberal que proponía la fragmentación de latifundios hereditarios en pequeñas propiedades o unidades productivas, encontró aquí su campo experimental. Las haciendas de doña Luisa Ibarra viuda de Zuloaga, y de don Juan Nepomuceno Flores, terratenientes laguneros adictos al Imperio de Maximiliano, son buenos ejemplos. La ruina de estas familias y la posterior fragmentación de sus tierras, originó un nuevo modelo de tenencia de la tierra que llevó a La Laguna a convertirse en la gran productora de algodón durante el Porfiriato y regímenes posteriores.

La Laguna siempre ha tenido excelentes rutas de acceso. En su costado occidental, junto al Presidio del Pasaje, cerca de Nazas (Durango), pasaba el Camino Real de la Tierra Adentro, el que iba de México a Santa Fe. En su costado oriental, el camino del Saltillo a Monterrey llevaba a Texas y a la Louisiana. Y entre ambas vías, se situaba Santa María de las Parras, conectada por caminos de arrieros, con mulas y carretas. Por esas vías se desplazó durante siglos la producción etílica, y posteriormente, la algodonera.

Durante el último tercio del siglo XIX, La Laguna y particularmente Torreón quedó igualmente bien comunicado con el cruce de las dos rutas más importantes de ferrocarril en México. La económica y fácil salida de mercancías manufacturadas le dio gran impulso a las industrias del algodón (La Constancia), a los jabones (las mejores y más grandes fábricas a nivel nacional se encontraban aquí) y a la industria metalúrgica. En 1900, la mitad de la población de Torreón estaba formada por obreros. En buena medida, sus luchas y demandas inspiraron a Carranza para promulgar algunos de los artículos de la Constitución de 1917.

La Laguna fue también la cuna de la Revolución Mexicana. Su principal ideólogo y promotor, Francisco I. Madero, era vástago de una familia parrense, con propiedades e industrias en la Comarca Lagunera. Su libro “La Sucesión Presidencial” lo escribió en San Pedro, Coahuila, y el génesis del partido nacional antirreleccionista se encuentra en esta misma Comarca.

En septiembre de 1913, en una hacienda lagunera, la Hacienda de la Loma, fue creada la División del Norte. La ciudad de Torreón fue tomada cuatro veces durante la Revolución: la primera en mayo de 1911, durante la Revolución Maderista; la segunda, en octubre de 1913, recién creada la División del Norte con Francisco Villa al frente; la tercera, en abril de 1914, cuando se efectuó la batalla más sangrienta de toda la historia de la Revolución Mexicana, y la cuarta, por Francisco Villa en diciembre de 1916.

En 1929, Torreón se convirtió en una de las primeras ciudades mexicanas en ser bombardeadas y ametralladas desde el aire, a raíz de la revuelta del general Escobar. Los ataques no solamente se realizaron contra blancos militares, sino contra blancos civiles indefensos, con el objeto de castigar a la población que había hecho del general Escobar su hijo predilecto.

En 1936, una nueva intervención del Estado modificó la tenencia de la tierra lagunera. Cárdenas expropió grandes superficies de tierra para dárselas a los campesinos. Quizá fue La laguna el escenario más importante de la Reforma Agraria de Lázaro Cárdenas.

Cuando el precio del algodón declinó a nivel mundial, en nuestra región se optó por la producción industrial (larga tradición) y por la producción de lácteos. En el momento presente, la cuenca lechera más importante del país es lagunera.

En fin, basta lo anterior para mostrar que la larga historia de la Comarca Lagunera ha impactado de muchas maneras en la historia económica, política, social y militar nacional e internacional, desde la era virreinal hasta el siglo XXI.

jueves, marzo 18, 2010

Selecciones de Corea y México, juegan en Torreón


Imagen: El Siglo de Torreón


El día de ayer, las selecciones nacionales de futbol de Corea y de México cumplieron su cita para enfrentarse en el Estadio Corona del Territorio Santos Modelo, de esta ciudad de Torreón, con la mirada puesta en Sudáfrica 2010.

Desde temprano por la tarde, la Calzada Iberoamericana, como se llama en ese tramo urbano la carretera a San Pedro, se encontraba repleta de vehículos que lentamente transitaban en dirección al estadio.

Como es costumbre en juegos de este nivel, se tocaron y cantaron los himnos nacionales de la selección visitante y de la local. El público lagunero, como siempre, fue muy respetuoso.

El primer tiempo resultó bastante aburrido. No fue sino hasta el quinto minuto del segundo tiempo, que Cuauhtémoc Blanco vulneró la portería coreana con un tiro libre desde fuera del área.

Seis minutos después, la falta de concentración del portero de la selección mexicana, Guillermo Ochoa, provocó el gol del empate del equipo coreano. A partir de ese momento, los laguneros, molestos por la exclusión del equipo seleccionado del portero del Santos Laguna, comenzaron a corear a Oswaldo Sánchez, quien se encontraba presente en las tribunas.

El Vasco Aguirre escuchó con toda claridad el clamor popular. Finalmente, el partido se decidió a favor de los mexicanos con un gol del “Chicharito Hernández”, con un marcador final México 2, Corea 1.

miércoles, marzo 17, 2010

Los San Patricios en Coahuila


"Irlanda por siempre". Bandera de los San Patricios.


El día de hoy, 17 de marzo, se celebra mundialmente el día de San Patricio, patrono de Irlanda. Desde luego, en este país las fiestas son multitudinarias. Lo mismo pasa en los Estados Unidos, donde hay tantos ciudadanos que proceden de inmigrantes irlandeses. En las principales metrópolis estadounidenses, desfilan cuerpos de ciudadanos de todas las edades y ocupaciones, las corporaciones de servicios públicos, los miembros de sociedades y clubes históricos, todos al compás de tambores y gaitas.

En México, esta festividad no se celebra de manera especial. No hay suficientes irlandeses para ello. Sin embargo, México e Irlanda están vinculados históricamente por el cuerpo militar que fue llamado “Batallón de San Patricio”. Este cuerpo se formó durante la guerra de agresión entre los Estados Unidos y México, cuando muchos de los soldados irlandeses que venían como tropas invasoras, se cambiaron al bando mexicano.

Muchas fueron las razones. En la década de los 1840´s, Irlanda experimentaba una terrible hambruna originada por una enfermedad de las papas o patatas. Muchos irlandeses emigraron a los Estados Unidos para poder sobrevivir, pero los estadounidenses anglosajones los reclutaron para traerlos como carne de cañón contra los mexicanos.

Los irlandeses se identificaron de inmediato con sus correligionarios católicos mexicanos, y no influyó poco el hecho de que los colores de las banderas de Irlanda y México fueran los mismos. Por otra parte, los irlandeses odiaban a los ingleses por la terrible opresión que habían llevado a la verde Erín. La agresión contra México parecía un nuevo capítulo de esa vieja historia.

Los “San Patricios” pelearon del lado mexicano, y con gran fiereza, en las batallas de Monterrey, en la de la Angostura, al sur de Saltillo, capital de nuestra entidad federativa, y en la batalla de Churubusco. En la Angostura diezmaron a un batallón estadounidense y le capturaron dos cañones, hechos por los cuales algunos de sus miembros recibieron la Cruz de Honor de la Angostura.

Muchos de estos irlandeses fueron capturados en la ciudad de México, y los estadounidenses ejecutaron contra ellos terribles venganzas, desde los azotes y la marca con hierro candente, hasta la horca. Otros sobrevivieron y se casaron con mexicanas, estableciendo familias en su nueva patria, o bien, se esfumaron del mundo de la historia. Entre ellos es bien conocido John Riley, un oficial de este cuerpo que permaneció en México y murió en Veracruz.

martes, marzo 16, 2010

No se niega "la cruz de la parroquia"...


José Guadalupe Posada.

Tal vez la mayor parte de la población mexicana con acceso a la información, piensa que el presbítero Marcial Maciel es un ejemplo único de maldad, doblez y ambición sin límites. Mientras más inquisitivas son las investigaciones en torno a su caso, mayor es el pasmo que nos invade.

Sin embargo, el padre Maciel, concediendo que se encontraba afectado en sus facultades mentales —solo así puede uno comprender, mas nunca justificar sus hechos— es tan solo un hijo paradigmático de nuestra cultura.

En efecto, Maciel será quizá una de las creaturas más famosas que haya producido el ambiente social en el que los mexicanos nos movemos, vivimos y somos. Porque México es un país donde prospera la doble moral, la injusticia, la inequidad, el fuero y la impunidad. En nuestro país, el bien particular de algunos grupos de poder económico, político o eclesiástico, se antepone al bien común. La protección brindada a Maciel, lo demuestra.

El éxito y el fracaso de Marcial Maciel, fue haber llevado estas contradicciones hasta sus últimas consecuencias. Podemos pensarlo como un demonio con aspiraciones de santo, un empresario con vestiduras de clérigo, un enfermo de personalidad múltiple con un prestigio internacional que le abrió las puertas de los grandes del mundo entero.

Como arriba decía, el padre Maciel fue una de las más famosos creaturas forjadas a partir de nuestras costumbres en común, pero está muy lejos de ser la única. Un país que ha alcanzado los increíbles niveles de corrupción que tenemos, ha permitido la deformación de la mentalidad de la población de una manera tan significativa, como deplorable.

El aforismo popular “el que no tranza, no avanza”, muestra con toda claridad cómo la corrupción, el engaño, el uso de la fuerza, el desprecio al derecho ajeno y al bien común, se han convertido en “valores” en México, es decir, en medios para lograr el éxito personal a cualquier costo.

No nos asombremos pues. Si el sistema jurídico mexicano funcionara como debiera, no habría suficientes cárceles en el territorio nacional para albergar a tantos corruptos como ha forjado nuestra propia cultura. No es un individuo el que está enfermo, es México entero.

lunes, marzo 15, 2010

El tesoro del rastro de Mapimí



El 5 de enero de 1935, en su página 4, el diario torreonense El Siglo informaba sobre el hallazgo de un tesoro encontrado en el rastro de Mapimí. Al entierro, el diario lo calificaba de “fabuloso” y se afirmaba que un reportero de dicho diario había tenido acceso a la información sobre este acontecimiento, de primera mano.

Según ese relato, un albañil que se encontraba trabajando bajo uno de los pisos del lugar, fue quien encontró una “fantástica” suma de dinero en monedas de oro. Ante la dificultad de transportar el tesoro fuera de ahí, acudió por ayuda de dos amigos, uno de ellos un funcionario público. Con esta ayuda, la carga áurea pudo ser escondida en otro lugar, evitando así dar cuentas ni porcentaje alguno a las autoridades correspondientes.

Los afortunados condueños de este descubrimiento rápidamente se ausentaron de Mapimí. Originalmente se pensaba que las monedas encontradas eran escudos de oro de la era colonial, pero posteriormente se mencionó que se trataba de “aztecas”.

Estas monedas, con un valor nominal de veinte pesos oro, comenzaron a ser acuñadas en 1905. Lo más probable es que este “entierro” se haya realizado durante los años de la revolución.

martes, marzo 09, 2010

Sacerdotes casados...




A raíz de la muy loable y firme determinación del actual pontífice, Benedicto XVI, han surgido a la luz un cúmulo de abusos sexuales que algunos reprobables miembros del clero católico, han perpetrado contra niños o adolescentes, seglares o seminaristas.

El papa Ratzinger ha decidido lavar a la luz pública la “ropa sucia” que se ha acumulado en lugares tan tradicionalmente católicos como Irlanda y México, sin excluir Alemania. En el caso de México, el escándalo de Marcial Maciel ha llegado a niveles tan extraordinarios, que nadie lo hubiera sospechado, ni siquiera las personas que lo denunciaron inicialmente.

El padre Maciel fue, en un principio, defendido por el alto clero mexicano. Sin embargo, al asumir Benedicto XVI su pontificado, dejó en claro que no iba a tolerar ninguna complicidad de la clase sacerdotal en estos delitos. Así que, finalmente, ya deslindada la jerarquía, la figura de Marcial Maciel siguió cuesta abajo en su rodada, hasta ser considerado un desquiciado con múltiple personalidad.

El hecho de que el mismo hermano del papa se encuentre públicamente investigado bajo sospecha de maltrato a los niños del coro alemán que alguna vez dirigió, habla mucho y muy a favor de la cruzada de Benedicto XVI contra la tolerancia de actividades pederastas entre los miembros del clero.

Una vez denunciados, procesados y castigados quienes resulten responsables de esos abusos, y una vez que se haya indemnizado a las víctimas y a sus familias (pedir perdón no basta), solamente una cosa le quedará por hacer a este pontífice justo.

Benedicto XVI, a la vista de la serie de abusos sexuales del clero contra terceros, no tendrá más remedio que modificar las cláusulas del Derecho Canónico que obligan al sacerdote a pronunciar votos de castidad. Se trata de una simple norma de derecho que cualquier papa puede derogar. De hecho, sería muy deseable que quien aspire a convertirse en sacerdote, considere seriamente el matrimonio como una vía para alcanzar la santidad de vida.

Tradicionalmente, el clero ha glorificado el celibato como “la forma más perfecta” del cristiano, basado en una lectura de Pablo. Pero el mismo apóstol dijo que quien no pueda sostener esta forma de vida, es mejor “que se case, y no se abrase” (1 Corintios 7: 9). Abrasarse significa “consumirse en el fuego del deseo” al punto de llegar a pecar, situación que Pablo consideró indeseable, perjudicial y totalmente adversa a la santidad de vida de cualquier cristiano.

En este sentido, y tal y como lo han entendido los rabinos y los ministros protestantes, los mejores pastores son los pastores casados. Un párroco católico siempre debiera ser casado. El matrimonio le daría estabilidad emocional, la bendición de una familia, y comprensión para atender y aconsejar a los matrimonios seglares. Sin duda alguna, mejoraría grandemente el ambiente moral en el que se desenvuelve el clero.

lunes, marzo 08, 2010

La naturaleza, "desgobernada"...



El pasado domingo 28 de febrero, nuestra región se vio envuelta en una de las tolvaneras más largas que yo recuerde. El viento estuvo soplando todo el día, y la tierra suelta se levantó y esparció por toda la zona metropolitana. Esta tierra procedía del desierto, de las zonas suburbanas, y de los baldíos, excavaciones de todo tipo, principalmente las de las calles en pavimentación. Una buena cantidad de esa tierra provenía de aguas negras derramadas por las calles y secas al sol.

Una semana después, el sábado 6 y domingo 7 de marzo, nos encontramos con un panorama completamente diferente. La ciudad amaneció nublada y lluviosa. Y los días se van alternando con fuertes vientos, calor, frío, soleados y nublados. Nunca fue más cierto aquello de “febrero loco, y marzo otro poco”.

Pero esta “locura” parece afectar al mundo entero. El 12 de enero de este año 2010 ha pasado a la historia, por ser la fecha del devastador y multiasesino terremoto de Haití, cuyas víctimas se calculan en 250 mil personas. Luego, el 27 de febrero, ocurrió el impresionante terremoto de Chile, con una marca récord de 8.8 grados de magnitud en la escala de Richter y más de medio millar de muertos.

El día de hoy, 8 de marzo, un terremoto sacudió la parte oriental de Turquía, provocando, por lo menos, la muerte de medio centenar de personas. Pareciera que la naturaleza se encuentra más inquieta que de costumbre. Ya no es lo duro, sino lo tupido de los acontecimientos.

viernes, marzo 05, 2010

La condena de las luchas libertarias




El 11 de octubre de 2007, y con motivo de la entonces próxima celebración del Bicentenario del “Grito de Dolores” de 1810, algunos legisladores del Congreso de la Unión pertenecientes al Partido Revolucionario Institucional y al Partido de la Revolución Democrática, solicitaron una proposición dirigida a la Secretaría de Relaciones Exteriores, para que ésta negociara con el Vaticano el “levantamiento de las excomuniones” contra Hidalgo, Morelos y los héroes de la independencia.

Por lo que se refiere al cuerpo de congresistas, refleja una gran ignorancia de la historia nacional, pensar que los presbíteros Miguel Hidalgo y José María Morelos seguían excomulgados. Ambos caudillos, antes de morir fusilados, hicieron las paces con el clero católico, el cual les levantó entonces la excomunión y los absolvió de todas sus culpas y censuras.

Inútil recurrir a los archivos del Vaticano, pues a los caudillos de la independencia, en la mentalidad de la época, se les consideraba reos de relativa poca monta. Estas excomuniones no ameritaban el envío al Vaticano, sobre todo si se levantaron poco después. Lo grave del caso de Hidalgo, radicaría en el hecho de haber asesinado a algunos sacerdotes. Su decreto de excomunión, firmado por el obispo de Valladolid (hoy Morelia) debe encontrarse físicamente en los archivos históricos de la catedral de dicha ciudad.

Ahora bien, si lo que los legisladores pretenden obtener es que se “limpie” el expediente de Hidalgo, y que se haga como si nunca hubiese existido la excomunión, eso ya es otro asunto. Sería un intento deliberado de borrar los hechos tal y como ocurrieron, para crear una historia oficial que se aparte de los acontecimientos reales.

Por otra parte, si el clero se deslinda de la auténtica historia de la independencia, lo hará por establecer y mantener una “entente cordiale” con la estructura política de México. Por supuesto que el clero persiguó a los insurgentes por el hecho mismo que querer hacer la independencia política de México. Basta con dar un vistazo al contenido del breve pontificio “Etsi Longíssimo” de enero de 1816, en el cual Pío VII condenaba las luchas libertarias de Hispanoamérica como obra del demonio.

“Mui Reverendos Arzobispos y reverendos obispos de las Yglesias metropolitanas y catedrales de [las] Américas, Yslas adyacentes, y de Filipinas. En veinte y seis de Febrero próximo pasado se remitió de mi Supremo Concejo de las Yndias una carta exhortatoria del autual Sumo Pontífice Pío VII, [su ten]or y el de su tradución es el siguiente:

A los venerables Arzobispos, y obispos, y a los queridos hijos del celro de la América sugeta al Rey católico de las Españas Pio VII papa = Venerables hermanos e hijos queridos, salud y nuestra apostólica bendición. Aunque inmensos espacios de tierras y de mares nos separan, bien conosida nos es vuestra piedad, y vuestro zelo en la práctica y predicación de la Santísima religión q[ue] profesamos. Y como sea uno de sus hermosos, y principales preceptos el q[ue] prescrive la sumisión a las autoridades superiores, no dudamos q[ue] en las conmociones de esos países q[ue] tan amargas han sido para n[ues]tro corazón, no habréis cesado de inspirar a vuestra grei, el justo y firme odio con q[ue] debe mirarlas. Sin embargo, por quanto hacemos en este mundo las veces del q[ue] es Dios de paz, y q[ue] al nacer para redimir al género humano de la tiranía de los demonios, quizo anunciarla a los hombres por medio de sus Ángeles, hemos creído propio de las apostólicas funciones q[ue] aun sin merecerlo nos competen el excitaros más y más con esta carta a no perdonar esfuerzos p[ar]a desarraigar y destruir completam[en]te la funesta zizaña de alvorotos, y sediciones que el hombre enemigo sembró en esos países. Fácilm[en]te lograréis tan santo objeto, si cada uno de vosotros demuestra a sus ovejas con todo el zelo q[ue] pueda los terribles y gravísimos perjuicios de la revelión ; si presenta las ilustres y singulares virtudes de n[ues]tro carísimo en Christo hijo Fernando, vuestro Rey católico, para quien nada hay más precioso q[ue] la Religión y la felicidad de sus vasallos; y finalm[en]te si les pone a la vista los sublimes e inmortales exemplos q[ue] han dado a la Europa los españoles, q[ue] despreciaron vidas y bienes para demostrar su imbencible adhesión a la fe, y su lealtad hacia el soberano. Procurad pues, venerables hermanos e hijos queridos, corresponder gustosos a n[ues]tras paternales exhortaciones y deseos, y recomendando con el mayor ahínco la fidelidad y obediencia debidas a Vuestro Monarca, haced el mayor servicio a los pueblos q[ue] están a vuestro cuidado; acrecentad el afecto q[ue] vuestro Soverano y nos os profesamos, y vuestros afanes y trabajos lograrán por último en el cielo la recompenza prometida por aquél q[ue] llama bienaventurados, e hijos de Dios, a los pacíficos. Entretanto, venerables hermanos e hijos queridos, asegurandoos el éxito más completo en tan ilustre y fructuoso empeño, os damos con el mayor amor n[ues]tra apostólica bendición. Dada en Roma, en S[an]ta María la Mayor, con el sello del Pescador, el día treinta de enero de mil ochocientos dies y seis, de n[ues]tro pontificado el décimosexto = Domingo Testa.

Vista la preinserta carta exhortatoria en el referido mi Consejo de las Yndias, con lo expuesto por [...] fiscal, he resuelto comunicarosla para q[ue] haciendo saber su contenido a los cavildos de vuestras respectivas Yglesias, y demás individuos del clero secular y regular, pongáis en práctica, como os lo ruego y encargo, lo q[ue] [...] y justificación de S.S. os encomienda, contribuyendo por quantos medios os dicte vuestra prudencia, [y s]e restablezca la devida obediencia y entera tranquilidad a esas Provincias. Fecha en palacio, a seis de abril de mil ochocientos diez y seis. Yo el Rey = Por mandado del Rey n[ues]tro S[eñ]or = Esteban Varea”. [Cordillera del año de 1817]”.

miércoles, marzo 03, 2010

Guardianes del AGN: D. Mateo Guillén Espino




Como ya lo hemos mencionado anteriormente, la serie de artículos denominada “Guardianes del Archivo General de la Nación” (AGN), tiene como propósito honrar la memoria de aquellos laguneros que, durante la intervención francesa en México, estuvieron dispuestos a ofrendar sus vidas para mantener secreto el paradero de los libros, legajos y expedientes que el errante presidente Juárez les encomendó en custodia.

Con motivo de las celebraciones del Bicentenario, nos interesa traer a la luz los nombres y antecedentes familiares de aquellos laguneros. Este artículo está dedicado a Mateo Guillén, uno de los guardianes de los papeles del Archivo General de la Nación en 1864.

Mateo Guillén Espino nació hacia 1824 en la jurisdicción de Mapimí, Durango, y para 1848 era vecino del Racho de Matamoros, Coahuila. Sus padres se casaron en Mapimí el 2 de febrero de 1820, y lo fueron José Vicente Guillén y María Josefa Espino. Los abuelos de Mateo fueron José Guillén y Eufrasia Reyes, y los maternos, Félix Espino y María Bernarda Silva.

Mateo Guillén se casó en Viesca, Coahuila, el 26 de febrero de 1854, con Marta Severiana Guerrero, hija de Félix Guerrero y de María Regina Chacón. De este matrimonio nació María Genoveva Guillén Guerrero, bautizada el 1 de marzo de 1856 en Viesca.

martes, marzo 02, 2010

Investigador madrileño



En esta ocasión, deseo hacer un público reconocimiento a un buen amigo español, quien ha dotado al Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Iberoamericana Torreón, con una buena cantidad de documentos relativos a la historia militar Lagunera de la era virreinal.

Se trata del Brigada retirado José María Ruiz Ruiz, quien reside en Madrid.

El señor José María Ruiz ingresó hacia 1978 en la Academia de Suboficiales del Ejército en Tremp (Lérida). En 1979 y 1980 cursó estudios en el Instituto Politécnico del Ejército número 1 de Madrid, donde obtuvo el grado de Sargento de la escala básica de suboficiales especialistas.

Estuvo destinado a diferentes unidades y grupos militares en España, y también en un puesto de logística avanzada en Bosnia-Herzegovina. Por sus impecables servicios, recibió la cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo. Ha tomado diplomados de vexilología, uniformología y poliorcética en el Instituto de Cultura Militar de Madrid, donde funge como investigador. Posee un “don” —como él mismo lo reconoce— para localizar los documentos más recónditos e importantes.

Actualmente cursa estudios de ingreso en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Ha escrito diversos artículos, algunos de ellos aún inéditos, sobre los presidios novohispanos, un cedulario militar novohispano, y ensayos variados, algunos de ellos disponibles en línea. Con algunos de los documentos facilitados por “Chema”, como le llamamos coloquialmente sus amigos, y con el apoyo de los archivos genealógicos de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, hemos podido recuperar la información de los militares que formaron parte de la Segunda Compañía Volante de San Carlos de Parras (siglo XVIII), muchos de ellos, laguneros de nacimiento.

jueves, febrero 25, 2010

Libro torreonense gana premio Banamex





Con fecha del 29 de enero de este año 2010, el señor Javier Ramos Salas, conocido profesionista de nuestra Comarca Lagunera, recibió una comunicación de Banamex.
El texto de la carta dice, a la letra:

“Estimado maestro Francisco Javier Ramos Salas:

Mediante la presente, me es grato comunicarle que el H. jurado del XIII Premio Banamex “Atanasio G. Saravia”, de Historia Regional Mexicana 2008-2009, acordó otorgarle el Primer Lugar en la categoría de investigaciones de particulares no vinculados profesionalmente al ámbito académico, a su trabajo titulado:

Entre el esplendor y el ocaso algodonero. Un ensayo sobre el desarrollo urbano de Torreón.

Al mismo tiempo que agradezco su participación en el certamen, transmito a usted la felicitación del jurado por la calidad de su trabajo.

Asimismo, le participo que la ceremonia de entrega de reconocimientos se llevará a cabo el miércoles 3 de marzo de 2010, a las 18.00 horas en el Auditorio Plaza Banamex, ubicado en Venustiano Carranza No. 63, Centro Histórico de la Ciudad de México, en espera de vernos complacidos con su asistencia.
Atentamente:

Lic. Cándida Fernández de Calderón.

Directora”

Vaya pues una cordial felicitación al maestro Javier Ramos por ganar este importante certamen para Torreón.

martes, febrero 23, 2010

Los Estados Unidos vetan turismo a Torreón







Con el afán de proteger a los ciudadanos norteamericanos, el Departamento de Estado de los Estados Unidos de América expedió ayer una alerta de viajes, para actualizar la información de seguridad a favor de aquellos ciudadanos de ese país que viajan a o que residen en México. Este documento suprime la alerta de viajes a México de fecha del 20 de agosto de 2009, y se considerará vigente hasta el 20 de agosto de 2010.

Dicen sus puntos principales:

“Mientras que millones de ciudadanos estadounidenses visitan anualmente a México con seguridad (incluyendo decenas de miles que cruzan diariamente la frontera con fines de estudio, turismo o negocios, y aproximadamente un millón de ciudadanos norteamericanos radican en México), la violencia en este país se ha incrementado.

Es imperativo que los ciudadanos estadounidenses comprendan los riesgos que existen en México, así como las mejores maneras de evitar situaciones peligrosas.

Recientemente, las ciudades de Durango y Gómez Palacio en el Estado de Durango, y el área conocida como “La Laguna” en el Estado de Coahuila, la cual incluye la ciudad de Torreón, han experimentado significativos incrementos de violencia”.

miércoles, febrero 17, 2010

Guardianes del AGN: D. Julián Argumedo


Capilla de la Hacienda de Hornos. Viesca, Coah.

La serie de artículos “Guardianes del Archivo General de la Nación” (AGN), tiene como propósito honrar la memoria de aquellos laguneros que, durante la intervención francesa en México, estuvieron dispuestos a ofrendar sus vidas para mantener secreto el paradero de los libros, legajos y expedientes que el errante presidente Juárez les encomendó en custodia.

Se saben los nombres de esos laguneros, pero nada, o casi nada, de sus circunstancias vitales, de sus familias y procedencias. La documentación histórica y la genealogía son poderosos instrumentos que nos permiten arrojar luz sobre estos asuntos.

Así, a través de estos artículos, podremos definir claramente las identidades, filiaciones, procedencia étnica y geográfica de estos hombres notables. El simple hecho de que en 1848 habitaran en los ranchos del “Gatuño” y de “Matamoros”, dice mucho de ellos. En ninguno de los dos ranchos, estas familias tenían derechos legales sobre la tierra, ya que ésta había pertenecido a los marqueses de Aguayo, y para entonces, a Leonardo Zuloaga. Sin embargo, estos pobladores se establecieron en ellas como hombres libres no sujetos a servidumbre, lo cual era un rasgo muy característico de la cultura tlaxcalteca. Y es que la mayor parte de estas familias procedían del pueblo de indios tlaxcaltecas de San José y Santiago del Álamo, actualmente llamado Viesca, en el estado de Coahuila, y desde luego, de sus haciendas y ranchos.

Al arrojar luz sobre estos hombres y sus familias, notamos claramente la integración étnica de los mismos. Prevalecen los españoles criollos y peninsulares, los indios de origen tlaxcalteca, y los negros. También percibimos la diversidad de lugares de procedencia de las familias, lo cual señala hacia un constante fenómeno de migración interna y externa a la Comarca Lagunera.

Este artículo está dedicado a Julián Argumedo Adame, otro de los guardianes del AGN, que en 1848, se encontraba empadronado en el Rancho de Matamoros, en casa de sus padres Cruz Argumedo y Ma. Nicomedes Adame. Entonces tenía 18 años de edad.

Sus padres, José de la Cruz Argumedo y María Nicomedes Adame, se casaron el 27 de septiembre de 1827. El primero, José de la Cruz, nació en 1807, y era hijo de Lázaro Argumedo y de María Martina Ramírez. María Nicomedes había nacido en 1811, y era hija de Pablo Adame y de María Andrea Ibarra, como puede leerse en la siguiente partida matrimonial:

“En esta santa iglesia del Álamo, ayuda de la parroquial de Parras, a los veinte y siete días de septiembre de mil ochocientos veinte y siete: habiendo precedido las tres moniciones canónicas en tres días festivos inter missarum solemnia, que lo fueron la primera, el día diez y seis Dom. 15 post Pent., la segunda el día veinte y uno fer. (in civitate e.) y la tercera el día veinte y tres Dom. 16 post Pent., yo el presbítero D. José Ma. Venegas teniente cura de este ramo, casé in facie eclesia por palabras de presente, preguntándole su mutuo consentimiento a José de la Cruz Argumedo, de veinte años, soltero, originario de este pueblo [Viesca] hijo legítimo de Lázaro Argumedo y de María Martina Ramírez, con Ma. Nicomedes Adame, de diez y seis años de edad, originaria de esta jurisdicción, hija legítima de Pablo Adame y de María Andrea Ibarra. Testigos presentes al casarlos Nonato Lomas y Matilde Lomas, y para que conste lo firmé. [Rúbrica]”. [1]

Los abuelos paternos de Julián, como hemos podido ver el la partida matrimonial arriba transcrita, fueron Lázaro de Jesús de Argumedo Palacio, nacido en el Saucillo, quien casó con María Martina Ramírez Navarro, también del Saucillo, el 9 de agosto de 1795 en la parroquia de Santiago Apóstol en Viesca. Lázaro era hijo de Christóbal de Argumedo y de María Gertrudis Palacio. María Martina era hija de Dionisio Ramírez y de María Josefa Navarro, como lo podemos leer en la partida matrimonial correspondiente:

“En el año del Señor de mil setecientos noventa y cinco, en nueve de agosto del presente año, habiendo precedido las tres moniciones en los tres días festivos inter misarum solemnia, la primera en cinco de julio, Domínica 6 Pentecostés Beati Michael a santis, la segunda en doce de dicho Domínica pos Pentecostés Santi Juani Guillermi Abb., la tercera en diez y nueve [de] dicho, Domínica 8 Pentecostés Santi Justi et Rufini virgen y mártir, en la capilla de San José y Santiago del Álamo, ayuda de parroquia de Santa María de las Parras, yo, D. Domingo Ignacio García, cura teniente de dicho pueblo, desposé solemnemente por palabras de presente a Lázaro de Jesús, indio originario del Saucillo, hijo legítimo de Cristóbal de Argumedo y de María Gertrudis Palacio, con María Martina Ramírez, mulata libre, originaria del Saucillo, hija legítima de Dionisio Ramírez y de Ma. Josefa Navarro. Habiéndoles preguntado si era su voluntad, convinieron en ello, siendo padrinos Simón Navarro, y testigos, Antonio Fernández, Máximo Rey y Juan de la O. Se velaron. Y para que conste, lo firmé. [Rúbrica]”. [2]

Los abuelos maternos de Julián Argumedo casaron el 30 de agosto de 1811 en Viesca. Ellos fueron José Pablo Adame, originario de “Ximulco”, y Ma. Andrea Ybarra, originaria de Viesca, hija legítima de Salvador Ybarra y Juana Dominga Bal…. Firma el acta: Mariano de Riaño. [3]

Julián Argumedo casó joven. El 21 de octubre de 1849 contrajo nupcias con María Florencia Sánchez.


[1].- Libro Tercero de Matrimonios (1788-1827), Tomo II, de la parroquia de Santiago Apóstol de Viesca, Coahuila. Copia en el Centro de Investigaciones Históricas de la UIA-Torreón.

[2].- Libro Tercero de Matrimonios (1788-1827), Tomo I, de la parroquia de Santiago Apóstol de Viesca, Coahuila. Copia en el Centro de Investigaciones Históricas de la UIA-Torreón.

[3].- Libro Tercero de Matrimonios (1788-1827), Tomo I, de la parroquia de Santiago Apóstol de Viesca, Coahuila. Copia en el Centro de Investigaciones Históricas de la UIA-Torreón.

martes, febrero 16, 2010

Guardianes del AGN: D. Guadalupe Sarmiento


Fotografía de Andrew Willms.

Otro de los hombres que participaron en la custodia del Archivo General de la nación fue Guadalupe Sarmiento Espino (o Espinoza). El era originario de Mapimí, donde nació en 1822. Se casó con María Inocencia Salazar, originaria de la Hacienda de Los Hornos (jurisdicción de Viesca) el 10 de febrero de 1844. Cuando se levantó el padrón de la jurisdicción de Viesca (1848), Guadalupe Sarmiento y María Inocencia moraban en su casa del Rancho de Matamoros (Coahuila). Con ellos vivía Matiana Sarmiento, su hija de 1 año de edad.

Don Guadalupe era hijo José María Sarmiento y de María Eugenia Espino, casados en la parroquia de Santiago de Mapimí el 15 de febrero de 1820, y nieto paterno de Martín Sarmiento y de Úrsula Vargas, y de Félix Espino y Bernarda Silva, por la línea materna.

El padre de María Inocencia Salazar, esposa de Guadalupe, fué Ignacio Salazar, quien nació en el Real de Cuencamé en 1795. Siendo residente del lugar, casó en Viesca el 30 de enero de 1820 con María Paulina Montoya, nacida en 1797. Inocencia era nieta por línea paterna, de José María Salazar y de María Jacinta Estrada, y nieta por línea materna, de Máximo Montoya y de María Clara de los Reyes.

Los suegros de Guadalupe Sarmiento, Ignacio Salazar y Paulina Montoya eran vecinos del “Gatuño” (Congregación Hidalgo, en Matamoros, Coahuila) en 1848. Con ellos vivían sus hijos Gerónimo Salazar, de 15 años; Roberto Salazar, de 14 años; Longinos Salazar, de 11 años; María Catarina Salazar, de 9 años y Bonifacio Salazar, de 7 años. Todos ellos eran cuñados de Guadalupe Sarmiento.

De entre éstos, Gerónimo Salazar Montoya, cuñado de Juan de la Cruz Borrego, sería oto de aquéllos hombres que 16 años más tarde, se convertirían en custodios del Archivo General de la Nación en la Cueva o Gruta del Tabaco. El 7 de enero de 1856, Gerónimo contrajo nupcias con María Benedicta Salazar en la parroquia de Santiago Apóstol, de Viesca. La novia era originaria del Saucillo, e hija de Enrique Salazar y de María Guillerma Baltara.

El acta de matrimonio de los suegros de Guadalupe Sarmiento, se transcribe a continuación:

“En el año del Señor, a treinta de enero de mil ochocientos veinte, habiendo precedido las tras canónicas moniciones en tres días de fiesta inter misarum solemnia que lo fueron la 1ª de 9 de dicho [mes] día domingo, la 2ª en día 16, domingo, y la 3ª en el día 23 del mismo, día domingo, en tanto se decía la misa mayor en esta santa iglesia del Álamo, ayuda de la de parroquial de Parras, yo el cura teniente Dn. Mariano de Riaño , desposé solemnemente por palabras de presente a José Ignacio Salazar, indio de edad de veinte y cinco años, originario del Real de Cuencamé, y residente en la Hacienda de los Hornos desde su tierna edad, hijo legítimo de José Ma. Salazar y de Ma. Jacinta Estrada, ya difunta, con María Paulina Montoya, india originaria de este pueblo, de edad de veinte y tres años, hija legítima de Máximo Montoya, ya difunto, y de Ma. Clara de los Reyes, siendo testigos Adauto Adriano, José Tomás Chacón y José Gordiano Favela. Fueron sus padrinos Andrés Adame y María Simona Lerma. [Rúbrica]”. Parroquia de Viesca, Libro Tercero de Matrimonios (1788-1827) Tomo II. Copia en el Centro de Investigaciones Históricas de la UIA-Torreón.

lunes, febrero 15, 2010

Guardianes del AGN: D. Juan de la Cruz Borrego


Foto de Andrew Willms.

En 1864, algunos señalados laguneros protagonizaron la gesta relativa a la custodia del Archivo General de la Nación en la Cueva del Tabaco por encargo del presidente Benito Juárez. El presidente les encomendó la guarda de once carretas cargadas con una selección de valiosos documentos que eran de la mayor importancia para el Partido Liberal y para la causa de Juárez, entonces en lucha contra el imperio de Maximiliano. Estos laguneros cumplieron el encargo fielmente, aún con riesgo de torturas y muertes a manos de los franceses.

Entre los nombres de estos bravos laguneros se encuentra, en primerísimo lugar, el de don Juan de la Cruz Borrego, el cabecilla de todos ellos. Los otros valientes fueron Julián Argumedo, Ángel, Vicente, Cecilio y Andrés Ramírez, Diego de los Santos, Epifanio e Ignacio Reyes, Mateo Guillén, Francisco, Julián y Guillermo Caro, Telésforo y Gerónimo Reyes, Marino Ortiz, Guadalupe Sarmiento, Pablo y Manuel Arreguín y Gerónimo Salazar.

16 años antes de los hechos de 1864, o sea, en 1848, Juan José de la Cruz Borrego, entonces de 30 años, vivía tranquilamente en “El Gatuño”, una diminuta comunidad de apenas 31 casas. Este lugar se llama actualmente “Congregaciión Hidalgo” y se encuentra en el municipio de Matamoros, Coahuila.

Con su esposa, Benita Rodríguez, de 25 años, Juan José había procreado dos hijos Agustín (bautizado en Viesca el 7 de septiembre de 1844) y Gabriel, ambos de apellido Borrego Rodríguez. Juan José y Benita constituían un matrimonio joven, pues se habían casado en 1843, el 25 de noviembre, en la parroquia de Viesca, Coahuila. Entre 1843 y el 30 de enero de 1848, habían engendrado a sus dos hijos varones. Pero después de esta fecha tuvieron otros, que fueron José Felipe y María Rosa, mellizos, (bautizados el 11 de marzo de 1848).

El acta de matrimonio de Juan José y Benita, se transcribe a continuación:

“En esta santa iglesia parroquial del Álamo de Parras, a los veinte y cinco días del mes de noviembre del año del Señor de mil ochocientos cuarenta y tres años, habiendo precedido las tres canónicas moniciones en tres días festivos inter misarum solemnia, que fueron el treinta de octubre, primero y seis de noviembre, yo el presbítero D. Anacleto Lozano, teniente cura, casé y velé in facie eclesie por palabras de presente, preguntándoles su mutuo consentimiento, a Juan José Borrego, de veinte y cinco años, soltero, originario del punto de Santo Domingo de la Punta de esta jurisdicción, hijo adoptivo de D. Francisco Borrego y de Da. Inés de la Peña, con Da. Ma. Benita Rodríguez, de veinte años de edad, originaria y residente de los Hornos, hija legítima de José Antonio Pío Rodríguez y de Da. María Eulogia Salazar. Testigos: D. Onofre Hernández y Guadalupe Muñoz, para constancia lo firmo. [Rúbrica]”. Viesca. Libro Cuarto de Matrimonios 1828-1844. Copia en el centro de Investigaciones Históricas en la UIA-Torreón.

Por ser Juan José de la Cruz Borrego hijo adoptivo, este cronista no pudo rastrear su genealogía ascendente. Sin embargo, mencionaremos la de Benita Rodríguez Salazar, su esposa.

Sus padres casaron el 29 de julio de 1821, en la iglesia del Álamo. Pío Quinto Rodríguez, de 25 años de edad, hijo de Francisco Rodríguez y de María Catarina Cifuentes, casó con María Eulogia Salazar, hija de José María Salazar y de María Jacinta Estrada, ya difuntos.

domingo, febrero 14, 2010

Movimiento sísmico en Saltillo



De acuerdo a la información proporcionada por el diario “Vanguardia” de Saltillo, a eso de las 18 horas de ayer se registró un movimiento telúrico de 3.8 grados en la escala de Richter. El epicentro del sismo se localizó a 21 kilómetros al noroeste de Ramos Arizpe, y se sintió en esa ciudad, en Saltillo y en Arteaga.

Bastante preocupante resulta que la ciudad sede de los poderes estatales, comience a comportarse como zona sísmica. Tanto los tornados como los movimientos sísmicos son fenómenos atípicos de Coahuila. ¿Padeceremos no solamente cambio climático, sino también el cambio telúrico?

sábado, febrero 13, 2010

Marcha y cadena humana por la paz




A través de redes sociales como “Facebook”, algunas organizaciones laguneras que anhelan la paz en La Comarca, convocaron a una manifestación y cadena humana pacíficas que llamaran la atención de las autoridades y de los medios de comunicación, en torno a los hechos de violencia que ha venido padeciendo la ciudadanía. La cita era para hoy sábado, de 12.30 a 15.30 horas en la fuente del pensador de la Alameda Zaragoza.

Muchas personas confirmaron por la misma vía su asistencia, se comenta que no menos de 3 mil. Sin embargo, 60 minutos después de la hora acordada, cuando este cronista pasó por ahí, había tan poca concurrencia en ese lugar, que bien puede decirse que se trató de una convocatoria fallida. Hace dos años, el 22 de agosto de 2008, se llamó a una manifestación semejante, y entonces, miles acudieron. La falta de entusiasmo de hoy solamente puede explicarse por el miedo que la gente experimenta por su integridad física.

viernes, febrero 12, 2010

El tesoro del Colegio Modelo



Entre los relatos que gozan de mayor favor de parte del público lector, se encuentran aquellos que tratan de fantasmas, o de tesoros. Siempre existe cierta fascinación por lo sobrenatural, por la supervivencia del alma y sus comunicaciones desde “el más allá”, y también por los golpes de fortuna que ponen en nuestras manos, riquezas inesperadas.

Una de las narraciones más dignas de crédito referentes a tesoros desenterrados, es la que que data de 1928. Se trata de un “entierro” de sesenta mil pesos en monedas de oro, el cual fue encontrado en el entonces Colegio Modelo, ubicado en la calle falcón número 221.

Este tesoro, según los relatos de 1928, tenía su origen en el entierro que de las monedas de oro que en 1914, tuvo que hacer un pagador del ejército federal, debido a la toma de Torreón por Francisco Villa. El sitio que ocupaba el colegio en 1928, había sido, en 1914, un edificio de dependencias de las fuerzas federales acantonadas en Torreón.

El pagador, temeroso de que el oro cayera en manos villistas, prefirió enterrarlo y huir con las tropas que abandonaban Torreón, y al parecer, nunca volvió. Solamente pudo levantar un croquis del edificio, marcando el sitio donde el dinero estaba escondido. Se cree que este pagador pertenecía a las fuerzas del general Velasco.

Las personas que encontraron el tesoro, fueron la señora Josefina Sánchez de Zambrano, directora del Colegio Modelo, y su esposo, el señor Abraham Zambrano. Estas personas, de alguna manera se hicieron del plano del pagador, y de manera sistemática comenzaron a horadar el piso del colegio, bajo el pretexto de mejoras materiales. Después de largo tiempo y muchas excavaciones, en un pasillo junto a un baño, encontraron un pequeño cofre, el cual contenía las monedas de oro.

Según el relato, la directora del colegio y su esposo encontraron el tesoro hacia finales de noviembre de 1927, y poco después cambiaron su residencia a Los Ángeles, California. Se decía por entonces que el matrimonio había cambiado una cuantiosa cantidad de dinero mexicano por dólares, y que adquirió una magnífica residencia en aquella ciudad californiana.

Fuente consultada: El Siglo de Torreón. Edicíones del 1 y 5 de febrero de 1928.

domingo, febrero 07, 2010

Linaje de insurgentes en La Laguna


Parroquia de San Luis, Colotlán, Jalisco.

El pasado 3 de febrero, escribí en esta Crónica un artículo sobre la familia Torreonense Ugalde-Adame, en el cual demostré su ascendencia hispano-tlaxcalteca a través del noble apellido Escobedo, originario del señorío de Quiahuiztlán, uno de los cuatro reinos de Tlaxcala. Este linaje constituyó una de las 400 familias de tlaxcaltecas nobles que emigraron en 1591 al norte, tras celebrar contrato con Luis de Velasco II.

La familia Escobedo pasó a Colotlán, Jalisco, y de ahí, como uno de los linajes de pobladores de Viesca. Posteriormente pasó a Matamoros, y finalmente, a Torreón (tres poblaciones laguneras de Coahuila) Este apellido Escobedo enlazó con otras familias, como los Guerra, Cifuentes o Sifuentes, Ugalde y otros varias que persisten hasta la actualidad en las tres ciudades mencionadas.

Al estudiar la presencia tlaxcalteca en Colotlán, me enteré de que un miembro de esta misma familia tlaxcalteca Escobedo, radicada en ese lugar y en Viesca, fue un destacado insurgente. Su nombre era Marcos de Escobedo. El gobierno municipal de Colotlán ha publicado una biografía en una página de Internet, la cual transcribo a continuación, por dos razones. Primera, este año festejamos en México el inicio de la Guerra de Independencia (Bicentenario) y segunda, muchos laguneros resultan ser consanguíneos de este héroe nacional, y por lo tanto, encontrarán interesante saber de la vida y la obra de este lejano pariente.

“MARCOS ESCOBEDO (Insurgente).

Marcos Escobedo indio del barrio de Tlaxcala de Colotlán. En 1808 funge como alférez real y gobernador del mismo barrio. El primero de noviembre de 1810 se declara a favor de la independencia nacional y encabezaba, junto con el padre José Pablo Calvillo, a los indios flecheros de la región, acudiendo en auxilio de Don Miguel Hidalgo en Enero de 1811 y participando en la batalla del puente de Calderón, tras la cual regresan a Colotlán con grandes perdidas y el ánimo caído.

En el mes de Febrero Don Marcos Escobedo y el Cura Calvillo enfrentan y derrotan a los realistas Francisco del Real, Juan Lozano y Sebastián Gallegos, quienes se habían adueñado de la plaza en su ausencia. A fines de este mes se enfrentan, en las Canoas, al Cura realista Álvarez, apodado “El Chicharronero”.

El 7 de abril de 1811 se enfrenta con el ejercito del Coronel Pedro Celestino Negrete y son derrotados en la batalla de tierra blanca. Don Marcos Escobedo debió de esconderse durante varios días en un Pozo de lazo, para salvar la vida.

En 1817, Escobedo se levanta nuevamente en armas a favor de la independencia con el apoyo de los pueblos de San Andrés, Chalchihuites y Huejuquilla, retomando el control de la región. Posteriormente se unen las tropas de Tlaltenango y Jerez, e inician una campaña militar hacia Bolaños y posteriormente a Tepic.

El 27 de Septiembre de 1812, Don Marcos Escobedo organizó grandes festejos en Colotlán para celebrar la Independencia de México y la entrada del ejercito trigarante a la capital.

En 1825 Don Marcos Escobedo es nombrado presidente del Ayuntamiento de Colotlán, en cuya función derriba el inservible edificio de las casas consistoriales, para construir el primer Ayuntamiento, así con un rudimentario drenaje que libra la cuidad de devastadoras corrientes de lluvias.

En Noviembre de 1825, en su carácter de jefe político sometió a los naturales de San Andrés del Teúl, quienes descontentos por el reparto de tierras y de cobranza de arrendamiento, acometieron contra el alcalde, el regidor y varios vecinos. Aprehendió a los responsables y los remitió presos a Huejuquilla el Alto, consignándolos al juez de aquella población.

El 7 de Agosto de 1833, muere el insurgente Marcos Marcelo Escobedo a causa de una epidemia de Cólera Morbos que causa enormes estragos entre la población de Colotlán, recibe los santos sacramentos de la penitencia y de la extremaunción de manos del párroco José Tadeo Suárez".

Fuente:
http://www.colotlan.gob.mx/municipio/biografias.html

viernes, febrero 05, 2010

Difícil disyuntiva


Torreón de noche. Toma de Fernando Sosa, Flickr.


El día de hoy, y contra lo acostumbrado, mis alumnos se mostraron notoriamente tristes, desganados y apáticos. Con mucha dificultad seguían los razonamientos de la exposición magistral, y con aun mayor dificultad, participaban en el debate, y eso, los que lo hacían.

Al dejar de lado el tema de clase para iniciar el diálogo en torno a esta situación, quedó claro que estos jóvenes consideran terrible la posibilidad de que los lugares públicos de reunión de fin de semana (“antros”) permanezcan cerrados. Para muchos de ellos, estos sitios constituyen la esencia misma de la diversión juvenil de viernes, sábados y domingos.

La posibilidad de cerrar estos “antros” la ha planteado el gobierno municipal a raíz de las sangrientas balaceras de días pasados en Torreón, las cuales tuvieron por objetivo lugares con estas características.

Sin embargo, la iniciativa privada ha descartado, al parecer, la implementación de esta medida extrema. El impacto económico del cierre sería demasiado significativo, y se sumaría a las ya de por sí malas condiciones generadas por la crisis económica nacional e internacional.

miércoles, febrero 03, 2010

Los eslabones humanos de la herencia hispano-tlaxcalteca




Mi primer libro como Cronista Oficial de Torreón, lleva por nombre “La Comarca Lagunera, constructo cultural. Economía y fe en la configuración de una mentalidad multicentenaria”. Una de las tesis que se manejan en él, es la de la naturaleza transgeneracional de la herencia cultural. Es decir, las cadenas de aprendizaje abuelo-padre-hijo-nieto han permitido la persistencia de la mentalidad y de las costumbres de origen hispano-tlaxcaltecas en los sectores rurales de Torreón, así como en sus clases populares urbanas.

Un buen manejo de las disciplinas genealógicas le permite al investigador contar con una herramienta extraordinaria para determinar, de manera científica, los orígenes étnicos de la población, para demostrar la existencia de los canales de transmisión cultural de generación en generación (lenguaje, mentalidad, costumbres) o bien, para mostrar las rutas y destinos de la migración regional.

Una buena prueba de la existencia de canales humanos que permitieron heredar una tradición hispano-tlaxcalteca virreinal en el naciente Torreón de 1892, lo constituye el caso de la familia Ugalde-Adame, a la cual dediqué un breve apunte en mi artículo del martes 26 de diciembre de 2006, y que ahora explico de manera extensa.

La primera generación.

Es la que se encuentra registrada en el padrón de Torreón de 1892, y está integrada por Pedro Ugalde, de 36 años de edad, empleado, casado con Ceferina Adame, de 21 años. De acuerdo al censo, sus hijos serían Julia, Refugio (bautizada en Matamoros el 7 de septiembre de 1884), María (bautizada en Matamoros el 12 de abril de 1887), Cirila, Camila (bautizada en Matamoros el 23 de septiembre de 1889) Alberto (bautizado en Lerdo, Durango, el 16 de febrero de 1892), y Daniel. Los que nacieron posteriormente fueron Altagracia, Félix y José Juan.

De acuerdo al libro de matrimonios 1870-1885 de la parroquia de Nuestra Señora del Refugio, de Matamoros, Coahuila, Pedro Ugalde y Ceferina Adame se casaron el 27 de noviembre de 1882. En el asiento matrimonial, Ceferina usó su segundo apellido, Ramírez.

Según los registros genealógicos de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, los apellidos de Pedro eran Ugalde Guillén, y los de Ceferina, Adame Ramírez.

La segunda generación ascendente. Los padres de Pedro Ugalde.

Pedro Ugalde nació en Matamoros, Coahuila, en 1860, y era hijo de José de la Cruz Ugalde Escobedo y de Camila Guillén Espino. A su vez, José de la Cruz Ugalde nació en El Álamo de Parras en 1832, y era hijo de Carmen Ugalde y de María Leandra Escobedo; su esposa, Camila Guillén, nació en 1838 en La Vega (de Marrufo, ahora Matamoros, Coahuila) y era hija de Vicente Guillén y de María Josefa Espino, quienes se habrían casado en Viesca el 26 de febrero de 1854.

Tercera generación ascendente. Los abuelos de Pedro Ugalde.

Según la partida de matrimonio de la parroquia de Viesca del 12 de julio de 1830, Carmel Ugalde era originario del mineral de Nieves y residente de Pozo de Calvo en Cuencamé, y casó con Leandra Escobedo, originaria y vecina de la villa de Viesca. [1]

Cuarta generación ascendente. Los bisabuelos de Pedro Ugalde. Línea Escobedo.

Los padres de Leandra Escobedo fueron Matías Escobedo, y María Alvina López, ambos casados en Viesca el 5 de julio de 1807. Según la partida de matrimonio de esa fecha, Matías era indio del pueblo de Viesca, tenía 35 años de edad (nació en 1772), hijo legítimo de José Antonio Escobedo, entonces ya difunto, y de María Guadalupe Montoya. María Alvina, mestiza, tenía 18 años de edad (nació en 1789, originaria de Saucillo) y era hija legítima de Santiago López y de Petra Nolasco Flores. Firma la partida Mariano de Riaño. [2]

Quinta y sexta generación ascendente. Los tatarabuelos y re-tatarabuelos de Pedro Ugalde. Línea Escobedo.

“En la vice parroquia de este Pueblo del Álamo, en quince de enero de mil setecientos sesenta y siete años, como actual teniente de cura, casé in facie eclesie y dí las bendiciones nupciales a José Antonio Escobedo, indio Tlaxcalteco de San Luis de Colotlán, y actual de este Pueblo, hijo legítimo de Diego Felipe de Escobedo y de Luisa Isabel, Tlaxcaltecos de este Pueblo, con Josefa Guadalupe Montoya, española, hija legítima de Gregorio Montoya y de María Isabel Dorotea, difunta, originarios del Real de Nieves, y residentes de esta jurisdicción de diez y seis años a esta parte, para cuyo efecto precedieron todas las diligencias de libertad, soltura, impedimentos y demás que manda el Santo Concilio de Trento. Supieron la doctrina cristiana. Fueron padrinos Alejo Rey y Francisca Ángela, indios de este pueblo. Testigos: Francisco Muñoz, Francisco Cervantes y Pedro Alejo, con otros muchos, y yo como actual ministro, lo firmé. Pedro Thomás Pamplona [Rúbrica]”. [3]

Gregorio Montoya casó en segundas nupcias el 26 de diciembre de 1757, en Viesca. Era vecino de Viesca, viudo en primeras nupcias de Isabel Dorotea de Aguilera, española vecina de Santa Elena del Río Grande. [4]

Los Ugalde-Adame constituyeron una de aquellas familias de origen hispano-tlaxcalteca que nutrieron la inmigración de origen regional hacia Torreón. Fueron familias de Parras las que poblaron inicialmente a San José y Santiago del Álamo (después Viesca); sus descendientes poblaron Matamoros y posteriormente se asentaron en nuestra congregación, villa o ciudad de Torreón. Estas eran familias que seguían las oportunidades donde éstas surgían. Gente deseosa de progresar en la vida, ni conformista ni fatalista. Gente de trabajo.

Referencias:

[1] Libro Cuarto de Matrimonios 1828-1844. Copia en el Centro de Investigaciones Históricas de la UIA-Torreón.

[2] Libro Tercero de Matrimonios (1788-1827) Tomo I. Copia en el Centro de Investigaciones Históricas de la UIA-Torreón.

[3] Libro Primero de Matrimonios 1733-1778. Copia en el Centro de Investigaciones Históricas de la UIA-Torreón.

[4] Libro Primero de Matrimonios 1733-1778. Copia en el Centro de Investigaciones Históricas de la UIA-Torreón.

La paz, desterrada




Torreón fue quizá la ciudad más pacífica y más segura de la República Mexicana. A pesar de los sarcasmos y de las bromas de muchos connacionales que expresaban que, seguramente, los torreonenses constituíamos una comunidad de "argentinos" afincados en el desierto (“argentinos” por nuestra gran autoestima), la verdad es que, entre muchos otros motivos, la paz y la tranquilidad con que se vivía aquí, representaba nuestro orgullo.

Pero las circunstancias políticas, económicas y sociales de México y del mundo han cambiado, y han afectado la paz de nuestra comunidad. El peligro de muerte violenta y la inseguridad se han vuelto condiciones de la vida cotidiana, y esto era algo impensable apenas en la víspera de las celebraciones del centenario de la elevación de Torreón al rango de ciudad. Como han cambiado las cosas…