Escudo de Torreón

Escudo de Torreón

jueves, noviembre 15, 2012

Calaveras






DE DON SERGIO ANTONIO, LA CALACA LO SABE TODO
EN SU BLOGSPOT, AL DIA SE ACCESA A SUS ARTICULOS
AVIDA LEE SUS INVESTIGACIONES QUE HA COMPARTIDO
DE LA REGION LAGUNERA, NOS DICE HASTA DE VINOS

LA CALACA LO GRITA A LOS CUATRO VIENTOS
Y A TODO PULMON, SOY SU FAN NUMERO UNO
LO TRAERE, SERA EL CRONISTA DE LOS CEMENTERIOS
PORQUE COMO EL DR.CORONA PAEZ, NINGUNO

Y HASTA LA MISMA PUERTA A RECIBIRLO
LA CALACA EXTENDIO SUS FRIOS BRAZOS
 TOMANDOLO EN SU TODO, CUBRIENDOLO
QUIEN SABE QUE LE DECIA EN SUSURROS

SINTIENDOSE QUE CONTRA SU VOLUNTAD
LO QUERIAN ENTERRAR EN EL PANTEON
GRITABA: ESTAN VIOLANDO MI LIBERTAD
NADA, DE CAJON, MEJOR UNA ORACION

L A HUESUDA, QUE ES BIEN AVIESA
DE ESTOS SUS MENESTERES
YA TIENE UNA LAPIDA DISPUESTA
“CRONISTA VITALICIO YA ERES”.

LA MISA DE CUERPO PRESENTE
AHÍ EN LA “IBERO” DE SUS AMORES
ERA, TODO UN MUNDO DE GENTE
 A DON SERGIO LE LLEVAN FLORES.

Y DE AHÍ, CON RUMBO AL PANTEON
ERA UN SEPELIO MUY ESPECIAL
LOS DISCURSOS, EN ESTA OCASIÓN
EXALTARON AL CRONISTA OFICIAL.

EN UN MAUSOLEO, AHÍ REPOSAN SUS RESTOS
PARA CUANDO USTEDES LO QUIERAN VISITAR
DON SERGIO, NO QUISO SABER  DE CONSEJOS
LA CALACA LO SUPO, Y ACCEDIO A RESPETAR

LE HAN PROPORCIONADO UNA GRAN BIBLOTECA
ANEXO UN GRAN SALON PARA SUS CONFERENCIAS
 UN SALON DE GRAN COMODIDAD CON  HEMEROTECA
CON UNA HERMOSA MESA Y SILLAS, PARA VISITAS.

POR C.P.ENRIQUE GOMEZ DENA  

Entre el humor, la ironía y el sarcasmo, Contador Gómez-Dena. Muchas gracias...


lunes, noviembre 12, 2012

X Encuentro de Cronistas Oficiales de Coahuila



 

Los días viernes 23 y sábado 24 de noviembre se llevará a cabo, en los cinco municipios laguneros del Estado de Coahuila, el “X Encuentro de los Cronistas Oficiales de Coahuila con la Historia Nacional”. La ciudad anfitriona será Torreón, con recorridos a Viesca, Matamoros, Francisco I. Madero y San Pedro. Cabe mencionar que en Coahuila, tal y como lo contempla el código municipal, solo existe un solo Cronista Oficial por cada municipio. Precisamente éstos son los que se reunirán en nuestra ciudad, para intercambiar materiales, conocimientos, ideas y fuentes documentales adecuadas para la redacción de la crónica oficial de cada uno de ellos.

Este evento lo organiza la Asociación Estatal de Cronistas Municipales de Coahuila, A.C. con la participación y representación de la “Asociación Nacional de Cronistas de Ciudades Mexicanas, A.C. y bajo los auspicios de la Presidencia Municipal de nuestra ciudad y de la Universidad Iberoamericana Torreón. El viernes 23 estarán en Torreón, en Matamoros y en Viesca. 

El sábado por la mañana, los Cronistas Oficiales desayunarán en las instalaciones de la Universidad Iberoamericana, y tendrán la oportunidad de conocer todos los fondos, recursos en línea y trabajos editoriales del Centro de Investigaciones Históricas. Luego seguirán su recorrido por Francisco I. Madero y San Pedro de las Colonias.  

Y para continuar con otro tema, mencionamos que el periódico “El Diario”, en su edición de hace poco más de 105 años, es decir, del 8 de octubre de 1907, publicó la siguiente nota sobre una amenaza de plagio en Torreón, y por lo que leemos, las amenazas, secuestros y rescates no constituyen en lo absoluto una novedad en nuestra población. He aquí el texto original:

“Plagiarios en Torreón. Amenaza de muerte o entrega de mil pesos. La sociedad de Torreón, Coahuila está alarmada porque el señor Alfredo Attolini, propietario de una joyería, ha recibido anónimos en que se le amenaza con matarle si no deposita la cantidad de mil pesos.

Como han ocurrido otras circunstancias en conexión con las amenazas recibidas por el señor Attolini, éste se halla preocupado, y con él, la sociedad de Torreón”. 

Y para cambiar de tema, diremos que algunas fuentes históricas nos refieren que, en 1905, la Hacienda Soledad y los ranchos Las Margaritas, Fresno del Sur, El Refugio, en el municipio de Matamoros, Coahuila, eran propiedad de la sociedad Prince, Torres y Prince, formada por Santiago Prince, Miguel Torres y el Dr. Francisco Prince. La Soledad y los ranchos citados proveían de algodón a la fábrica de hilados y tejidos de algodón “La Amistad” en Gómez Palacio, Durango, también propiedad de la citada sociedad mercantil.

Los edificios de la fábrica ocupaban un cuadrado de 250 metros por lado. Frente a la fábrica estaban situadas las casas de los operarios, 8 manzanas de 80 metros en cuadro cada una y en un área de 6 mil 400 metros cuadrados. Las oficinas o despachos se encontraban en medio de las dos fábricas, una de mantas y géneros gruesos, y la otra de imperiales y géneros delgados. Su producción alcanzaba más de $1,000,000.00 al año y se expendía en la mayor parte de las plazas de la República.

La empresa ocupaba a más de 800 operarios a quienes les daba casa habitación con sobrada comodidad. Como la fábrica tenía su médico particular, éste se encargaba, por cuenta de la empresa, de atender a los operarios enfermos a quienes la misma empresa proporcionaba gratuitamente todas las medicinas que eran necesarias, aún las más costosas, y la ejecución de operaciones quirúrgicas cuando, por alguna fatalidad, las necesitan los operarios. Los sueldos de éstos eran “buenos”, al grado de que algunos hicieron economías que les permitieron, al cabo de un tiempo, contar con un fondo propio para formar un pequeño patrimonio a sus hijos.

La forma de la sociedad fue la colectiva compuesta de Santiago Prince, Miguel Torres y el Dr. Francisco Prince. Al fundarse (1887) tenía 36 telares y después subió a 45, con toda la correspondiente maquinaria de preparación. Se proveía de algodón para elaborarlo, del que se cosechaba en las fincas algodoneras propiedad de la misma empresa. Su capital en giro pasa de los $2,000,000.00. Producía principalmente mantas y géneros blancos imperiales; formaban parte también de la producción, los driles, mezclillas, shirtungs (listados) y otros artículos de fantasía. Se consumían en su labor más de 2,500 pacas de algodón al año. El edificio de la fábrica estaba situado a dos cuadras de la plaza principal.

En las diferentes exposiciones a las que concurrió con su manufactura la fábrica de “La Amistad” obtuvo los primeros premios, así en la Exposición de San Antonio, Texas, como en la Exposición Regional de Durango. La fábrica de “La Amistad” fue de los primeros edificios que en Gómez Palacio tuvieron su instalación eléctrica y por eso se observaba que ahí todo marchaba de conformidad con las prescripciones modernas y que el mejor orden reinaba en las labores de los diferentes talleres o departamentos.

Y para recordar a un parrense notable, diremos que uno de los personajes regionales que han caido en el olvido, es sin duda el general de división Manuel H. Reyes Iduñate, seguramente porque la mayor parte de su carrera militar la hizo fuera de la Comarca.
Manuel Hermes Reyes Iduñate nació el 10 de mayo de 1891 en Parras de la Fuente, hijo legítimo del señor Pedro Reyes y la señorita María Lázara Iduñate.

Ingresó al Ejército Mexicano en las fuerzas Maderistas el 7 de marzo de 1911 como teniente, en el regimiento que fue llamado posteriormente 22º Cuerpo Rural, en el 12º Regimiento de Caballería de la 2ª División del Norte.

Estuvo en el Estado Mayor del general Emilio Madero y en otros cuerpos militares del Ejército Constitucionalista. Herido en batalla, estuvo en los Estados Unidos entre 1913 y 1914 para tratarse.

El 21 de septiembre de 1916, el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, le otorgó el ascenso a Teniente Coronel de Infantería.

El 24 de abril de 1920, fue promovido a Coronel de Infantería, por acuerdo del Presidente de la República .El Senado de la República lo ratificó en la sesión del 23 de septiembre de 1931.
Entre el 1º de marzo de 1931 y el 16 de junio de 1941, con el grado de Coronel y luego de General, Manuel H. Reyes Iduñate fue Jefe del 47º Batallón de Infantería, que es el de los Guardias Presidenciales.

El 1º de marzo de 1938, fue nombrado general brigadier, y fue ratificado por el Senado en la sesión del 22 de diciembre del mismo año.

El 16 de enero de 1945 fue nombrado general de brigada, y lo ratificó el Senado el 4 de septiembre de 1947.

El 16 de noviembre de 1952, fue nombrado general de división.
Manuel H. Reyes Iduñate fue Director General de Educación Física en la Secretaría de Educación Pública desde el 16 de julio de 1942. A partir del 1º de enero de 1943, fue Director Nacional de Educación Física y Enseñanza Pre-Militar.

A partir del 1º de noviembre de 1945, Manuel H. Reyes fue Comandante de la Sexta Zona Militar ubicada en Torreón, en 1º de abril de 1951 pasó a ser Comandante de la 26ª Zona Militar, en 1º de junio de 1952 se convirtió en Subinspector General del Ejército, el 16 de enero de 1953 tomó poesión como Comandante de la 32ª Zona Militar. El 16 de marzo de 1954 ocupó su último puesto, que fue el de Comandante de la III Región Militar.

El general Reyes Iduñate obtuvo las siguientes condecoraciones: de Perseverancia de 5ª, 4ª, 3ª, 2ª, y 1ª clases. Mérito Militar, 3ª, 2ª y 1ª clases. Mérito Deportivo 4ª clase. Cruz de Guerra de 1ª clase.

El general Reyes Iduñate casó con Ma. De los Ángeles Conde, y fueron padres de Manuel Ángel Reyes Conde. 

El general era sumamente conocido y apreciado en la Comarca Lagunera, y a su muerte, ocurrida el 13 de diciembre de 1954, su cuerpo fue trasladado desde Mérida para recibir sepultura en Torreón. La ceremonia fúnebre fue la más solemne que se haya registrado en Torreón, con desfile de diversos cuerpos y transportes militares y civiles, armón para el féretro, caballo sin jinete guiado por palafranero, descargas de fusilería, etc. 

lunes, noviembre 05, 2012

Doña Carlota Camacho de Crabtree


Autorretrato. 1893.

"El preso". 1896.



La formación del núcleo urbano de la Comarca Lagunera propiamente dicha —Torreón, Gómez Palacio, Lerdo, San Pedro— es un fenómeno relativamente reciente. En su parte más antigua comienza a mediados del siglo XIX. Solamente Parras y Viesca, remontan sus orígenes municipales a la era colonial. Mapimí también, aunque no estuvo poblado de manera  continua. 

Podemos entonces hacer coincidir la formación de las principales ciudades laguneras con la época del liberalismo decimonónico, un período durante la cual la mujer no era equiparable —jurídicamente hablando— al varón.  Del hombre, cuyas dotes y funciones se estimaba debían ser “...principalmente el valor y la fuerza, debe dar y dará a la mujer protección, alimento y dirección, tratándola siempre como a la parte más delicada, sensible y fina de sí mismo, y con la magnanimidad y benevolencia generosa que el fuerte debe al débil”. 

La mujer era considerada inferior en fuerza y en valor, y aparte de hija de su padre, esposa de su marido y madre de sus hijos, se le consideraba prácticamente como el ornamento de la casa, la fuente de la estética familiar: “La mujer, cuyas principales dotes son la abnegación, la belleza, la compasión, la perspicacia y la ternura, debe dar y dará al marido obediencia, agrado, asistencia, consuelo y consejo, tratándolo siempre con la veneración que se debe a la persona que nos apoya y defiende”. 

En la Comarca Lagunera del siglo XIX, este contexto social de corte machista no era un buen caldo de cultivo para la realización de las mujeres en un campo diferente al de esposas y madres de familia. El mundo de los negocios, de las profesiones o del arte les estaba vedado. Realmente no sabemos el verdadero papel que doña Luisa Ibarra, esposa de don Leonardo Zuloaga, desempeñó en los negocios de éste, incluso en la fundación del Rancho del Torreón, porque a la mujer no se le permitía tener parte en los negocios, si no era a través de un hombre.  

Un caso histórico que muestra con mucha claridad que los consensos sociales de La Laguna decimonónica no permitían el desarrollo ni la realización de la mujer fuera del matrimonio, es el de la extraordinaria pintora académica Carlota Camacho Hall, también lagunera por vecindad. Carlota Camacho Hall nació el primero de octubre de 1876 en Tampico, Tamaulipas. Sus padres fueron Carlos Camacho, mexicano, y Charlotte Hall, inglesa, quienes se conocieron mientras el señor Camacho fungía como diplomático de México en Inglaterra. Carlota —debido a la profesión de su padre— vivió parte de su infancia en Ecuador, en las ciudades de Quito y Guayaquil,. Tuvo dos hermanos, Margarita y Carlos, los cuales murieron víctimas de escarlatina a muy temprana edad, cuando realizaban un viaje a Nueva York.

De regreso a la ciudad de México, Carlota estudió primaria en el Colegio de las Damas del Sagrado Corazón y a muy temprana edad —se cree que a los once años— ingresó a la Academia de San Carlos, en donde se inició en las técnicas de dibujo y pintura. José Salomé Pina fue uno de los maestros que más influenció en su obra y la consideraba una de sus alumnas más destacadas.

En 1893 fueron exhibidas en una exposición mundial celebrada en Chicago algunas de sus obras más importantes, como “Mi tetera”, “El monje”, “Las uvas”, “Frutas”, “Naturaleza muerta”, “El apóstol”, “El sauce”, entre otras. Cabe destacar que varias de sus obras fueron adquiridas por concurrentes a dicha exposición.

En la ciudad de México en 1895, Carlota contrajo matrimonio con el ingeniero Henry Herbert Crabtree, inglés que se encontraba en México trabajando para la compañía inglesa Pearson and Son. Poco tiempo después de casarse cambiaron su residencia a la ciudad de Veracruz, debido a que el ingeniero Crabtree tenía a su cargo las obras del puerto de dicha ciudad. Fue en Veracruz en donde nacieron sus cuatro hijos: Enriqueta, Carlos, Josefina Beatriz y Concepción.

El 19 de marzo de 1899, dentro del marco de la vigésima Exposición Nacional de Obras de Bellas Artes, Carlota recibió de manos del presidente de la Nación, Porfirio Díaz, un diploma y una medalla de bronce que daban testimonio del segundo lugar que obtuvo en el ramo de pintura de figura y por sus cuadros de estudios del natural.

En el año de 1908 el ingeniero Crabtree fue enviado por la compañía Pearson and Son a la ciudad de Lerdo, Durango, con el objeto de trabajar en la construcción de varios canales y para localizar el lugar idóneo para construir una presa. A partir de este año, la familia Crabtree radicó en Lerdo, debido a que les gustó la ciudad y a que el ingeniero vio posibilidades de hacer negocios en la región., Lamentablemente, Carlota, en su época lagunera, ya casada y con cuatro hijos, se dedicó muy poco a la pintura.

El ingeniero Crabtree no tuvo éxito en sus negocios mineros en la región, por lo cual le dio un giro a sus ocupaciones, y aceptó el consulado de Inglaterra en la Comarca Lagunera.

En el año de 1918, Carlota sufrió una de las mayores perdidas de su vida, su hija Enriqueta murió víctima de la influenza española cuando estaba embarazada de su segundo hijo.

El 20 de octubre de 1934 murió el ingeniero Crabtree. Tres años después, en 1937, murió también su hija Concepción, la cual dejó a seis hijos muy jóvenes. Carlota se dedicó en sus años de viudez a atender los hijos que sobrevivieron, a sus nietos y a las obras de caridad dirigidas a la niñez. Entre estas actividades destacaba la confección de muñecas, a las cuales les pintaba el rostro, para regalarlas a niñas pobres a través de instituciones de beneficencia como la Acción Católica.

Carlota Camacho murió el 24 de mayo de 1956; sus restos fueron enterrados junto a los de su esposo en el Panteón Municipal de Ciudad Lerdo, Durango.




En julio de 1978 se montó una exposición de algunas de sus obras, la cual fue realizada a manera de homenaje y se tituló “homenaje a Carlota Camacho Crabtree”. Esta exposición fue realizada en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de Gómez Palacio, Durango bajo la organización del Instituto Nacional de Bellas Artes y el Gobierno del Estado de Durango. Agradecemos a los descendientes de doña Carlota Camacho, buena parte de la información aquí presentada. 



lunes, octubre 29, 2012

Necesidades y satisfactores





Garabato antiguo



Una de las maneras más interesantes y apasionantes para conocer la mentalidad y la vida cotidiana de las sociedades del pasado se aborda a través del concepto de “cultura material”.  Con este nombre podemos denominar todos aquellos aspectos tangibles que hacen referencia a las necesidades de una sociedad dada, en cierto lugar y momento de la historia.  Desde luego, la manera como se resuelvan las necesidades, e incluso el concepto mismo de “necesidad”, depende de la sociedad, lugar y época de que se trate. Las necesidades también son históricas, cambian, no son inmutables y eternas. 

En la Comarca Lagunera urbana y suburbana de principios del siglo XXI, el televisor es un artefacto con el que los comarcanos resolvemos ciertas necesidades (necesidades impensables, por inexistentes, para los laguneros del siglo XVIII), como son las siguientes: información instantánea (noticieros en vivo), infor-mación científica o divulgativa (documentales), entretenimiento (futbol; videoclips; telenovelas, películas, música); entretenimiento y/o identidad regionales (nuestro equipo de fútbol contra sus pares del país o del extranjero),  identidad nacional, incluso la necesidad de saber qué áreas de la ciudad padecen violencia. 

En la Comarca Lagunera, como en muchas otras regiones del mundo, la existencia de un gran número de artefactos electrónicos a los cuales llamamos televisores, nos remite a las implicaciones sociales de la posesión y uso de tales artefactos. Existe una también una gran audiencia receptora. Este fenómeno nos indica que en nuestros días es posible —gracias al mejoramiento en las condiciones laborales, y por lo tanto económicas—  contar con tiempo libre para el entretenimiento. 

De acuerdo a las necesidades propias de la clase social y dependiendo del ingreso, es posible generar excedentes para adquirir uno o varios de estos artefactos. El telerreceptor supone además la existencia de la energía eléctrica —relativamente económica— distribuida de manera eficiente a los hogares o sitios de trabajo. La invención y posesión del televisor supone la existencia de verdaderas cadenas de innovaciones como los bulbos, transistores, chips y microchips. 

En pocas palabras, un simple artefacto —cualquiera que éste sea— supone toda una cultura que le da origen, uso y sentido. Se sitúa en una sociedad, en una época, incluso en una determinada percepción de la noción misma de necesidad. Al volver a nuestro ejemplo, diremos que en la Comarca Lagunera del siglo XVIII, el televisor y la televisión era impensables porque no habían surgido las condiciones económicas, sociales, tecnológicas ni ideológicas que crearon la  necesidad de su invención y que le dieron sentido como innovación en el siglo XX.

En cambio, hay artefactos que se usaron en nuestra Región en otras épocas, cuyo uso era muy congruente con su propio tiempo y circunstancias. Un caso típico es el “garabato”, es decir, la jaula, canastilla o gancho en el que se colgaba la carne fresca o seca y también los embutidos. En nuestros días resolvemos esa necesidad —que se reduce a la conservación en buen estado de los alimentos— con el refrigerador, el congelador y la química.  Sin embargo, en el siglo XVIII la necesidad que mantenía en uso al garabato era la protección, más que la conservación.  Es decir, la carne seca y los embutidos ya estaban tratados para que duraran algún tiempo sin descomponerse (con las técnicas del deshidratado, conservación en salmuera, vinagres, escabeches, ahumados, etc). 

La verdadera necesidad en aquel tiempo consistía en que esos alimentos debían ser protegidos de ratones, gatos, perros u otros animales. El garabato nos habla de condiciones de ruralidad, de familias que convivían o interactuaban en un mismo entorno espacial con animales “domésticos” tales como ratas y ratones. La higiene como práctica urbana de asepsia cotidiana —es decir, nuestro concepto de higiene— todavía no existía. El exterminio de estos “bichos” —ratas y ratones— no era percibido como una necesidad apremiante. Su existencia y contigüidad eran algo tan cotidiano en el mundo rural, que ni los señores ni las señoras o señoritas se histerizaban o desmayaban ante su vista o presencia. 

La reacción individual ante esos animales estaba y está determinada socialmente, se aprende. La proliferación  —no la presencia— de ratas y ratones se resolvía por medio de la convivencia estrecha y cotidiana del ser humano con otro animal que era apreciado por su utilidad, más que por su compañía: el gato. Un gato o dos podían ahuyentar a los roedores y controlar su abundancia. Pero entonces surgía una nueva situación: había que preservar carnes y embutidos de la amenaza del gato.  Había que estar, literalmente, “con un ojo al gato y otro al garabato”.       

Así, cualquier artefacto nos puede contar una interesante historia sobre el uso que una sociedad le asigna, la necesidad que resuelve, la percepción de la necesidad en sí misma, la ideología que le sustenta, o el sentido que cobra en las circunstancias sociales, espaciales y temporales que le dieron origen. 

Si se tienen presentes estos conceptos al estudiar un moderno catálogo de ventas o un inventario de bienes de la era virreinal, la simple e intrascendente percepción acrítica de objetos se puede convertir en un interesantísimo ejercicio de descripción, análisis y explicación de los usos, valores, costumbres y mentalidad de una sociedad, una clase social, un lugar y una época. Sería el estudio de la sociedad a partir de sus artefactos, aunque de éstos subsista solamente el testimonio documental.   


viernes, octubre 26, 2012

Celebraciones de los 30 años de la Ibero Torreón




El día de ayer se celebró formalmente el trigésimo aniversario de existencia de la Universidad Iberoamericana Torreón. Constituyó el evento central de las actividades que han durado una semana. En el marco de estos festejos, se han celebrado, durante seis días, los juegos y competencias  deportivas que hermanan a los alumnos de las diferentes instituciones jesuitas de educación superior del país y de Guatemala.

Así pues, a partir de las 18 horas de ayer a se ofreció en el auditorio de la universidad, un concierto de la Camerata de Coahuila. Posteriormente, una misa de acción de gracias, y finalmente, a partir de las 20 horas, el acto académico propiamente dicho. El rector de la Universidad Iberoamericana Torreón, el Mtro. Héctor Acuña Nogueira, sj, ofreció a la concurrencia una semblanza de lo que ha sido y es la universidad Iberoamericana local.

Posteriormente, se procedió a otorgar la presea al mérito académico “David Hernández”, de la Compañía de Jesús, por sus distinguidas trayectorias académicas en el campo de la docencia, la difusión y la investigación, a la Mtra. Laura Orellana Trinidad y al Dr. Sergio Antonio Corona Páez. Esta edición es única y extraordinaria, con diploma y medalla de plata de ley 0.999 magníficamente trabajada.





En seguida, el presidente de jurados del concurso de ensayo convocado por la Universidad Iberoamericana Torreón procedió a comentar el ensayo ganador, que fue el de la Mtra. Monserrat Georgina Aizpuru Cruces, egresada de la segunda generación de comunicación de la Ibero Torreón, y actualmente Jefa del Área de Programas Educativos de la Universidad de Guanajuato Campus León. Este ensayo lleva por nombre “Universidad Iberoamericana Torreón: la formación de hombres y mujeres para los demás”.

Las menciones honoríficas fueron para la Mtra. Claudia Guerrero Sepúlveda (Profesora de tiempo del Departamento de Ingenierías de la Ibero Torreón) y para Alberto Orellana Campos, (Egresado de Comercio Exterior y Aduanas de la Ibero Torreón) e investigador de la Universidad Estatal de Dakota del Sur.

Cabe mencionar que el jurado calificador estuvo configurado por reconocidos académicos del sistema UIA-ITESO, como lo son la Dra. Susana Cuevas de la Garza, de Ibero León;  la Dra. Rosario Mariñez, de Ibero Tijuana; la Lic. Ila Kuri Hernández, de la Universidad Loyola del Pacífico; la Mtra. Patricia Gutiérrez –Otero, de Ibero Puebla; el Dr. Juan Diego Castillo, del ITESO, el Mtro. Raúl López Aranzábal, de Ibero México, y este Cronista Oficial, presidente de jurados, por la Ibero Torreón.

Un fruto editorial y conmemorativo de la celebración de los 30 años de esta universidad jesuita en La Laguna, es el libro “La Compañía de Jesús en la Comarca Lagunera 1594-2012. Trigésimo aniversario de la Universidad Iberoamericana Torreón”, cuyo autor es este Cronista Oficial.




Para finalizar, se ofreció a los visitantes al evento con el obligado brindis, una espléndida y muy nutrida selección de bocadillos finos, los cuales degustaron con deleite distinguidas personalidades y alumnos de las instituciones de educación superior visitantes y locales, comunidad universitaria de la Ibero Torreón, y personalidades de la Comarca Lagunera. 

Segundo aniversario de Torreón como "Ciudad Heroica"





El pasado domingo 21 de octubre, se cumplió el segundo aniversario de la designación de Torreón como “Ciudad Heroica” y “Sitio Histórico de Interés Nacional” ¿Cuáles fueron los méritos de nuestra ciudad que se consideraron para recibir tal distinción?

En el pasado, la población torreonense padeció diversas oleadas de violencia. Entre 1850 y 1900, los cruentos ataques de indios salvajes eran relativamente frecuentes en la Comarca Lagunera. Sin embargo, algunos de los momentos más aciagos los vivieron los ciudadanos torreonenses durante la Revolución Mexicana. 

El ejército revolucionario Maderista tomó Torreón el 15 de mayo de 1911, causando angustia y sufrimiento a sus habitantes, y de manera particular, a los vecinos de origen chino que fueron cruelmente perseguidos y masacrados por las mencionadas fuerzas Maderistas. Como dice el New York Times del 23 de mayo de ese año, “Reportes incompletos de las condiciones en Torreón comienzan a llegar a esta ciudad (Nueva York), Describen una situación desesperada”. En el mismo sentido va lo dicho por “El Criterio” del 27 de agosto de 1911, 17 de septiembre y 24 de septiembre del mismo año, así como la transcripción de la orden de aprehensión girada contra los Casiano y Benjamín Argumedo como participantes del genocidio. No solamente las penurias que pasaron los chinos locales a raíz de esta toma, sino las de todos los demás torreonenses, le merecerían ambos títulos, de ciudad heroica e histórica. Sin embargo, hubo más razones de por medio.

Las ediciones del “Imparcial” del 9 y 10 de octubre de 1913 y del “Demócrata” del 30 de septiembre de 1914, atestiguan la magnitud de las luchas entre federales y los revolucionarios de la recién creada División del Norte bajo el mando de Francisco Villa, hechos ocurridos durante el otoño de 1913. La ciudad de Torreón volvió a ser “amagada” y “ocupada”, como lo dice el texto hemerográfico del 9 de octubre.

Entre muchos otros, los ejemplares de los diarios “El Imparcial” del 7 y 11 de abril de 1914, así como del “Independiente” del 5 de abril de ese año, constituyen evidencia histórica de los combates habidos en Torreón durante su tercera toma revolucionaria, en la primavera de 1914. Torreón se convirtió en un formidable centro militar, y las bajas de la batalla por Torreón fueron las más numerosas de cualquier batalla revolucionaria. Torreón se convirtió en “un infierno”, como lo atestiguan dichos diarios. Durante la lucha, nuestra población fue cañoneada por el afamado artillero Felipe Ángeles.

“El Nacional” del 30 de diciembre de 1916, habla de las “fechorías” de Francisco Villa y su diezmado ejército en la Comarca Lagunera. De hecho, se trata de la cuarta toma de Torreón, aunque por estar ya distanciado Villa de Carranza, ya no se considera oficialmente una “toma revolucionaria” de la ciudad. Torreón y su ciudadanía nuevamente padecieron los embates de la guerra y de la ocupación militar.

Nuevos sufrimientos padecieron los habitantes de Torreón en marzo de 1929, al ser bombardeada la ciudad con artefactos explosivos e incendiarios desde el aire, además de sufrir ametrallamientos contra blancos civiles. Se trataba del alzamiento Escobarista, que se oponía a los planes supra-presidenciales de Plutarco Elías Calles. Estos enfrentamientos constituian las últimas secuelas de la Revolución Mexicana, y a Torreón le tocó en suerte padecerlas, como una Guernica mexicana, toda proporción guardada.

Finalmente, la violencia y la inseguridad que padece la ciudadanía en el presente, se equipara a los sufrimientos que los colonizadores del País de La Laguna tuvieron que soportar para construir y legar un patrimonio a sus familias. Sin duda alguna, la nuestra es una población heroica, y el título para la ciudad, muy merecido. Seguimos siendo la ciudad de los grandes esfuerzos. 

domingo, octubre 21, 2012

Archivo, documento e historia



Área de archivo del Centro de Investigaciones Históricas 
de la Ibero Torreón

Aula del Centro de Investigaciones Históricas Ibero Torreón


Del concepto de “archivo”. Algunos de nuestros lectores se preguntarán para qué puede servir un lugar lleno de papeles viejos, quizá apolillados. Porque para muchos, un Archivo Histórico no les merece mejor concepto que el que acabo de enunciar. Debemos, en atención a estos buenos amigos dominicales, hacer algunas consideraciones. Un Archivo Histórico no es un lugar a dónde van a dar los archivos muertos que no encuentran cabida en otras dependencias u oficinas, ni mucho menos, un basurero con estándares ecologistas. Solo los documentos con valor histórico pueden entrar a este tipo de Archivo. De aquí surge la pregunta: ¿y que es lo histórico? ¿en que consiste esta cualidad?  En su momento lo responderemos.

Un Archivo Histórico no tiene sentido en sí mismo, es tan solo potencialidad: un verdadero Archivo Histórico perfecciona su naturaleza cuando es consultado por historiadores que son capaces de hacer una lectura del pasado a partir de los documentos albergados.

Por lo tanto, no basta con mantener en contigüidad física los papeles viejos. El historiador no se va a zambullir en una pila de papeles para ver que logra encontrar de interés sobre algún azaroso tema. No, el historiador requiere de un  trabajo previo de ordenación por fondos y por fechas; requiere asimismo un trabajo previo de análisis y síntesis de cada documento; requiere largas listas de fichas analíticas y sintéticas de cada texto, imagen o fotografía, ordenadas por fondo y fecha. A esas largas listas llamamos catálogos archivísticos, y constituyen  el apriori con que el historiador inicia su trabajo. Sin ellas, el investigador de fenómenos sociales del pasado tendría que transformarse en una especie de buzo documental, transformación de oficio que tan solo le haría perder el tiempo y no le llevaría, finalmente, a ninguna parte.     

De aquí que el primer compromiso que se adquiere al ser constituido un Archivo Histórico, es el de preservar los documentos, catalogarlos y difundir los catálogos. Con esta materia prima trabajarán los historiadores.

El Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Iberoamericana Torreón, institución de educación superior que celebra actualmente sus treinta años de existencia, no solamente difunde conocimientos, sino que los genera a través de la investigación de los documentos de su archivo. Los difunde a través de su propia línea editorial y de las redes de científicos sociales a nivel mundial.  

De la naturaleza del conocimiento histórico. Un documento es tan solo una “huella” del pasado. No es el pasado en sí mismo, porque el pasado existió una sola vez, y nadie jamás lo volverá a ver. El pasado ya no existe. Entonces, el escribir un texto de historia equivale a proponer la mejor hipótesis que podemos plantear sobre cómo fue el pasado, a nivel descriptivo y explicativo. La hipótesis mejor fundamentada con pruebas será la hipótesis mejor recibida, la más aceptable.

La historia se hace con documentos, decía el historiador francés Henri Marrou. El documento es la “materia prima” de la cual el historiador puede inferir datos sobre el pasado. Pero no seamos ingenuos. El documento es textualidad, con todo lo que la naturaleza lingüística de la textualidad implica y refiere, a saber, lugar, época, grupo social, convenciones, cultura, códigos, referentes, grafía.  El texto es un mensaje de comunicación entre emisores y receptores del pasado, con realidades que también han quedado en el pasado. Por lo tanto, se corre el riesgo de interpretar ingenuamente,  haciendo una lectura del texto desde nuestras propias acepciones, convenciones y referentes culturales,  mutilando con ello la validez, veracidad y credibilidad de nuestra lectura.

Al citar unas líneas del texto de Gerónimo Camargo, indio coahuileño del siglo XVIII, ilustraré lo que quiero decir:
“Y aviéndose juntado todos, empesó a escojer los más briosos, y los   apartó y les dixo que raiando el sol, les avían de dar en los Tenestetes”.

¿Acaso no resulta risible este texto cuando lo interpretamos desde nuestro tiempo y cultura?  Se requiere una labor de investigación y contextualización hermenéutica para poder interpretar este texto, que realmente quiere significar:

“Y habiéndose juntado todos, empezó a escoger los [hombres] más briosos, y los apartó, y les dijo que rayando el sol,  habrían de asaltar el lugar llamado “los Tenestetes” -que por cierto, es ésta una palabra náhuatl que en el contexto funciona como toponímico y significa “canteras o depósitos de piedra caliza-” .

Por otra parte, es importante que no nos detengamos a ver el árbol, sino que contemplemos el bosque en su conjunto. Como científicos sociales, debemos historiar grupos antes que individuos. El individuo es un ser social y por lo tanto, cultural. No surge de la nada. Interacciona desde grupos y hacia grupos. Es el grupo el que forja al individuo, y no a la inversa.

¿Qué es lo que hace históricos a los documentos, entonces? ¿Que den información sobre un “individuo histórico”? ¿O sobre un “grupo histórico”?.  En realidad, el adjetivo histórico no necesariamente se aplica a lo grande o lo trascendental. Lo histórico es todo aquello que se refiere a fenómenos del pasado que dejaron “huellas”. Toda aquella fuente –ordinariamente textual- que nos dé noticias del pasado, constituye una fuente o documento histórico. Los documentos que contienen “huellas” de las sociedades del pasado son documentos históricos. Para los investigadores de hoy en día, casi todas aquellas realidades que fueron compartidas por grupos del pasado son dignas de historiarse: la ropa, la casa, la privacidad, el trabajo, la cocina, la percepción de clase o grupo social, la recepción que tuvo algún evento u obra. Las posibilidades son infinitas.

Finalmente, no debemos perder de vista que nuestra percepción del pasado surge a través de un proceso de lectura textual, en el cual simplemente nos representamos una realidad que ya no existe. Un buen libro o una película sobre la Revolución Francesa nos crea la ilusión del pasado y nos lo hace comprensible. La historia comparte con la literatura la narrativa, por su capacidad de crear ilusiones de temporalidad. 

martes, octubre 16, 2012

El canal once TV del Politécnico, en Ibero Torreón




En el Archivo del Centro de Investigaciones Históricas


Durante la segunda quincena del mes de julio del presente año, un equipo de trabajo del canal once TV del Instituto Politécnico Nacional estuvo en la Universidad Iberoamericana Torreón, con el objeto de grabar algunas secuencias.

El tema a tratar sería “Historia del vino en México”. Previamente, funcionarios de Producción y Relaciones Públicas de dicho canal se contactaron con este Cronista Oficial, con el objeto de solicitar una entrevista sobre este tema, que pudiera ser televisada.

Este Cronista Oficial está considerado un especialista en la historia colonial de la Comarca Lagunera, su identidad, mentalidad y cultura material. En esta cultura material de la Comarca, entra naturalmente, el vino y su historia.

La entrevista se llevó a cabo en varias locaciones de la Universidad Iberoamericana Torreón, con un staff de unas ocho personas, muy profesionales y jóvenes, y con un equipo televisivo inmejorable. Se usaron rieles portátiles (dolly sliders) para hacer tomas de alto grado de dificultad, como las denominadas “traveling” y “dolly”.

El programa dedicado al vino en la serie “Bebidas de México” consistió finalmente de una serie de entrevistas a historiadores, enólogos, consumidores y empresarios relacionados con la historia, consumo y producción del vino en México, para su consumo nacional y para su exportación.





Este programa puede ser visto, en su totalidad, en Youtube en el siguiente enlace:


Reunión de Cronistas Oficiales en la Ibero Torreón




Hoy martes 16 de octubre, a partir de las diez de la mañana, se llevó a cabo en la sala de juntas del Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Iberoamericana Torreón, la sesión ordinaria de la Asociación Estatal de Cronistas Municipales de Coahuila. Para esta ocasión, se encontraban convocados los Cronistas Oficiales y/o Adjuntos de la Comarca Lagunera de Coahuila, a saber, de los municipios de Matamoros, Viesca, Francisco I. Madero, San Pedro, Torreón, en su carácter de miembros de la Asociación Estatal y de la Nacional. 

Se encontraron presentes también distinguidos y entusiastas colaboradores regionales. La reunión fue moderada por el señor Carlos Gutiérrez Recio, Cronista de Cuatro Ciénegas y Presidente Estatal de la Asociación.

La agenda previamente fijada, trató en extenso sobre el próximo encuentro de los Cronistas Oficiales de esta asociación, en La Laguna de Coahuila. Aunque Torreón será la ciudad sede del evento, los Cronistas Oficiales de todo el estado visitarán los municipios coahuilenses de La Laguna.




En la foto: María del Socorro Muñoz Alba de Rodríguez, Matías Rodríguez Chihuahua, Gumaro Tonche Flores, José Luis Treviño García, Carlos Mariano Guzmán Madariaga, Enrique Gómez Dena, Feliciano Esparza Magaña y Sergio Antonio Corona Páez.










lunes, octubre 15, 2012

Las razones de Eduardo Guerra

Presidencia Municipal del viejo Torreón


El 7 de enero de 1932, Eduardo Guerra solicitó al ayuntamiento de Torreón un subsidio de dos mil pesos para la edición de un libro que contendría los datos históricos más importantes de Torreón. La iniciativa de Guerra no quedó en la publicación de un libro, sino que, de manera simultánea, estimuló el interés de la cámara de comercio local para organizar los festejos de las bodas de plata de Torreón como ciudad. 

¿Por qué Eduardo Guerra decidió que la historia de Torreón debía comenzar a contarse desde el 15 de septiembre de 1907? ¿Fue una maniobra para conseguir el apoyo que requería para su libro? Esta fue una situación verdaderamente novedosa, ya que las poblaciones mexicanas, coloniales y modernas, han festejado siempre, como inicio de su historia oficial, la fecha de fundación de su municipio, que es cuando reciben  jurisdicción y gobierno propios. 

La Congregación del Torreón fue elevada al rango de villa el 24 de febrero de 1893. Esa es la fecha real de la creación del municipio, jurisdicción y gobierno municipal de Torreón. Estrictamente hablando, Torreón cumplió 118 años el 24 de febrero de 2012, y aproximadamente 162 años de estar ininterrumpidamente poblada.

A Eduardo Guerra le debemos pues esta “heterodoxa” cronología urbana que parte del 15 de septiembre de 1907. ¿Qué pudo haber motivado su decisión de vincular el inicio de la cronología torreonense con dicho año? No tenemos duda de que una de las razones que tuvo Eduardo Guerra para acotar la historia torreonense de esta manera, consistió en que muchos de los actores sociales relevantes en el primer tercio del siglo XX no se encontraban aún presentes en 1893. 

La primera cámara de comercio de Torreón se fundó apenas en 1905, y sabemos que precisamente la cámara de comercio fue una de las grandes promotoras de la celebración de las bodas de plata de Torreón en 1932. Un buen número de empresas y empresarios se establecieron entre 1893 y 1907: en 1898 abrieron sus puertas las sucursales del Banco de Coahuila, del Banco de Londres y México y las del Banco Americano. Posteriormente, se instalaron el Banco Chino, el Banco Nacional de México, el Banco Agrícola Hipotecario y las agencias del Banco Mercantil de Monterrey y del Banco de Nuevo León. En 1898 comenzó a funcionar la Junta de Mejoras Materiales de Torreón, con intervención exclusiva de la iniciativa privada. En 1898 se fundó la Compañía Hilandera “La Fe” y surgieron empresas de carácter comercial: Buchenau y Cía., ferretera Julián Lack, García Hermanos, La Ciudad de París, El Puerto de Liverpool, papelería El Modelo, maderería Acres, Feliciano Cobián, Dodson Manufacturing Co., Pablo Shugtt, Waters Pierce Oil Co. etc. En 1900, don Joaquín Serrano y socios fundaron “La Unión, Compañía Jabonera de Torreón”. Ese mismo año comenzó a circular el primer periódico, “The Torreon Enterprise”. El 31 de diciembre de 1900 y el 5 de julio de 1901 se adquirieron los terrenos donde se levantaría la importantísima Compañía Fundidora Metalúrgica de Torreón —con capital torreonense— siendo sus principales socios Ernesto Madero, Carlos González Montes de Oca y Joaquín Serrano.

Evidentemente todo este sector empresarial —mucho más fuerte en Torreón que cualquier institución política— secundó la idea de iniciar la cronología torreonense a partir de 1907. La iniciativa privada constituyó un actor importante para la escritura de la historia de Torreón desde sus principios. Nuestra historia inició en 1907 por su consenso. Esta postura es muy congruente con la cultura empresarial de una ciudad como Torreón. Este “hacerse a sí mismo” o “definir la historia a partir de sí mismo” y desde el poder económico más que político o académico, ha sido una constante en la historia de la escritura de la historia torreonense. 

Eduardo Guerra fue uno de esos hombres con suficiente prestigio, liderazgo y poder de convocatoria como para proponer o acotar una fecha inicial para nuestra cronología urbana torreonense. De alguna manera los grupos del poder local decidieron olvidar los orígenes humildes de la villa del Torreón y prefirieron festejarla con categoría de ciudad nacida ya grande, adulta, surgida desde la espontaneidad de la nada. Deliberadamente quisieron verla y recordarla así. Y este discurso irreal, se tornó “verdad social”. Es parte de nuestra mitología regional. 

Para dar vuelta a la página, consideremos que, por lo general, cuando visitamos un museo puesto “con toda la mano”, tenemos la agradable sensación de que hemos llegado a un remanso de paz, de placer estético y de aprendizaje. Afortunadamente, en la mayoría de los casos, así es. Pero hay otros en que el lugar que visitamos resulta ser un sitio con un mensaje potencialmente deformador de la realidad.

 En última instancia, un museo de historia no es sino un guión tridimensional donde objetos, artefactos, cédulas y elementos audiovisuales son los medios para la comunicación de un mensaje. La pretensión de cualquier museo es comunicar, educar o formar a la población que visita sus colecciones. Es decir, proporcionar conocimientos, habilidades, actitudes y valores. Un museo está muy lejos de ser una mera e intrascendente exposición de objetos. Su impacto ideológico en los visitantes, es muy poderoso. Sobre todo, porque para el ojo u oído inexperto, de manera apriorística, el museo, al igual que la televisión, es incuestionable. Sus contenidos siempre se consideran veraces. 

Así que la pregunta se impone: ¿Quién proporciona los contenidos ideológicos a los museógrafos? ¿Cuál es la visión que les ofrecen, cuál es el criterio de verdad para el discurso museográfico, oficial o documental? Su visión de la realidad ¿es amplia, o estrecha? ¿elitista, o incluyente? ¿seria, o caprichosa? ¿nacionalista, o xenófila? Porque efectivamente, aunque pudiéramos creer que no es así, el museo es un lugar que puede ser usado para imponer o consolidar una versión de la realidad, o bien, para negar una parte de ella. En estos casos, se trata de los museos que buscan “educar” colonizando la mente de sus visitantes.

Durante mucho tiempo, en los museos de Sudáfrica solamente tenía cabida el arte de los blancos, porque solamente los blancos eran considerados seres humanos capaces de creaciones estéticas. En este caso vemos que los museos pueden sostener y perpetuar un discurso racista de la sociedad.

En los museos de la antigua Unión Soviética, el arte de Fabergé era considerado como propio de la “decadencia” de la era zarista. En este otro caso, nos damos cuenta de que las creaciones de un exquisito y extraordinario orfebre de talla internacional eran calificadas desde la ideología de la lucha de clases, simplemente para mantener vigente un discurso político.

De manera sutil, un museo puede afirmar la “superioridad” del extranjero sobre el nacional, aunque este sea un discurso ya gastado y anacrónico, propio del siglo XIX. O puede tratar de imponer la valorización de ciertos artistas, a la vez que trata de minimizar a otros, quizá con mayores méritos. ¿Cuáles son los criterios de valoración y de impacto social que se manejan en los museos? 

Muchas veces ni siquiera son responsables los patronatos ni los altos directivos de tales discursos deformadores, sino los curadores, los museógrafos y hasta los guías que los elaboran o modifican. Es bien importante que los directivos de los museos y los miembros de sus respectivos patronatos, cuando los hay, tomen conciencia de la gran responsabilidad que representa generar discursos que forman (o deforman) a grandes sectores de la población. Necesitan tener mucho mayor control de los mensajes que, como instituciones educativas y divulgadoras de conocimientos, generan y comunican. Muchas veces, los receptores de los mensajes entienden algo muy diferente a lo que los responsables de su creación quisieron decir. 

Desde el punto de vista de la enseñanza, es tan importante visitar los museos, como ayudar a los alumnos a que desarrollen la capacidad crítica que les permita tomar consciencia de los discursos que generan aquéllos. De esta manera, fomentaremos la cultura, es decir, el cultivo del espíritu de discernimiento y de la libertad de percepción e interpretación de las nuevas generaciones. 

lunes, octubre 08, 2012

El Congreso Mexicano reconoció la obra de Iturbide



¿Un funeral de Estado para el "odioso" Agustín de Iturbide? 
26 de octubre de 1838



Las universidades estadounidenses de Michigan y de Cornell guardan un impresionante número de testimonios impresos relacionados con la historia de México, desde la época de su independencia hasta principios del siglo XX. Cuentan con secciones de bibliografía, hemerografía y panfletos o impresos. 

Precisamente de entre los últimos reproduzco aquí un texto publicado en California, Estados Unidos, el 25 de septiembre de 1860.  El texto es una traducción mía del inglés, idioma en que se encuentra impreso el original. 

El nombre del autor no se consigna, pero sabemos se trataba de una especie de cronista que comentaba por sistema las decisiones de la corte de Distrito de San Francisco. Era bastante conocido y leído, y era sin duda alguna una persona bien informada de los eventos políticos mexicanos de la primera mitad del siglo XIX y con bastante conocimiento del Derecho y de los procedimientos legales de la Unión Americana. 

El autor se convierte en un denunciante de lo que considera una enorme injusticia. Las autoridades judiciales de California no quieren reconocer la enorme concesión de tierras con que el gobierno mexicano premió a Agustín de Iturbide antes y después de su muerte. Sus sucesores reclamaban en 1860 nada menos que un cuadrado de terrenos 20 x 20 leguas, 400 leguas cuadradas en total, que el gobierno mexicano primero otorgó en Texas y luego en California, antes de la guerra de agresión de 1847 y la celebración del Tratado Guadalupe-Hidalgo. 

El autor nos pone en antecedentes de que en un momento de pánico, el poder legislativo mexicano decretó la muerte de Iturbide. Pero que una vez muerto, trató a su memoria y a su familia como el héroe que era, y mantuvo la concesión a sus sucesores mediante la promulgación de diferentes leyes. 

El gobierno de California, para evitar la concesión legítimamente otorgada por los poderes públicos mexicanos, argumentaba que Iturbide había sido un tirano, y que cualquier concesión a él o a su familia era una mentira “monstruosa”. 

Pensemos en el valor que tenían 400 leguas cuadradas en el estado de la Unión en el que poco antes había estallado la “fiebre del oro” y en el poder que se le otorgaría a un posible pretendiente a la Corona de México. Éste es el contexto histórico en el cual insertamos el texto de la Universidad de Michigan. 

“San Francisco. 25 de septiembre de 1860.” “Tras la muerte de su marido, y tras la culminación de las calamidades de su familia, madame Iturbide se refugió en los Estados Unidos estableciendo su residencia en Filadelfia. Sus hijos fueron educados ahí, y ahí reside ella todavía; y ninguna familia ha recibido más consideración y universal respeto. 

En México, el nombre de Iturbide goza de aprecio entusiasta. El mismo congreso que fue la causa de su abdicación y exilio, votó para otorgarle una pensión vitalicia de veinticinco mil dólares anuales, y dieciocho mil dólares en perpetuidad a su familia. El mismo congreso que, anticipando su regreso al país votó en un momento de pánico su muerte, lo acompañó con todos los honores posibles, a su sepultura. En 1822 el congreso votó una concesión de veinte leguas en cuadro para Iturbide, y un reconocimiento de deuda por un millón de dólares, en consideración a sus servicios y sacrificios. Esta ley fue reconocida y reafirmada en 1835 y en muchas otras subsecuentes, tanto legislativas como administrativas. En 1838, tras dieciséis años de la penosa tragedia de su muerte, se acordaron nuevos reconocimientos a sus servicios y nuevos honores a su memoria. Traduzco el decreto del congreso general:

1. El Gobierno decreta que los restos del héroe de Iguala, don Agustín de Iturbide, sean trasladados a la capital de la República el 27 de septiembre próximo, en el aniversario de su entrada a ella, fecha en la cual consumó la independencia del país. 

2. Asimismo ordena que se tomen las adecuadas medidas para que dichos restos sean depositados en la catedral de México, lugar destinado para sus héroes. (Recopilación de leyes de Arillaga para 1838, p. 232). 

En consecuencia con el decreto del congreso, el gobierno ejecutivo tomó las medidas pertinentes para la celebración de un desfile luctuoso de primer orden, cívico, militar y popular. (Ibíd., p. 395)

No está por demás decir que los hijos de Iturbide han sido constantemente preferidos a los más altos cargos durante las diversas fases del gobierno de su país. 

Estos hechos son todos históricos, como también lo son los datos sobre la concesión de tierras contenidos en el expediente del caso hecho por la Comisión y la Corte de Distrito. 

Pero dice el Procurador General que “la Corte de Distrito rehusó creer esta historia monstruosa” (la de la concesión de las tierras) y que “la Suprema Corte confirma esta decisión”. Aquí debo hacer una pausa. Estas falsificaciones hechas a la vista de tanta evidencia casi universalmente accesible, son difícilmente reconciliables con un estado de mente sano o responsable por parte de quien las sostiene. 

Por esta razón, no puedo sino citar a la misma Suprema Corte para que hable de los hechos. Cito del volumen 22 de Howard´s Reports. p. 291:

“Mr. Justice Mc Lean llevó la opinión de la Corte. Esta es una apelación de la Corte de Distrito de los Estados Unidos, para el Distrito Norte de California. El 25 de febrero de 1822, el Supremo Gobierno de México hizo una concesión de un cuadro de 20 leguas en cuadro de tierras, equivalentes a 400 leguas cuadradas que estarían situadas en Texas, al Presidente (sic) Iturbide “en recompensa de su alto  mérito al haber logrado la independencia de su nación”. “En 1835, el Congreso Mexicano autorizó a sus herederos a ubicar sus tierras en Nuevo México, o en la Alta o Baja California. El 20 de febrero de 1841, el Presidente decretó que deberían estar ubicadas en la Alta California, y el 5 de junio el Presidente ordenó al gobernador de California para que asignara las tierras elegidas por Salvador de Iturbide, uno de los herederos, para perfeccionar la concesión, y la orden fue debidamente recibida por Pío Pico, pero cuando Salvador estaba cerca de Mazatlán, en ruta para la California para deslindar y tomar posesión de las tierras, encontró que el puerto estaba en rebeldía y tuvo que regresar a México”. 

“Los demandantes no continuaron con los procedimientos sino hasta que finalizó la guerra con los Estados Unidos, y de que el Congreso había pasado leyes para llevar a efecto las estipulaciones de los tratados. Entonces procedieron a seleccionar las tierras de acuerdo al trazo descrito en el mapa, y presentaron sus peticiones a la Junta de Comisionados, solicitando la confirmación de la concesión. La Junta rechazó la petición sobre la base de que las tierras ya habían sido señaladas antes del cambio de gobiernos”. “Se apeló a la Corte de Distrito bajo la ley de 1852, pero el consejo de apelantes, detenido en casa a causa de enfermedad, no archivó el aviso que la ley ordenaba fuera dado en el curso de los siguientes seis meses.”

“La opinión sugiere mostrar que la Corte de Distrito debe reconocer el fallo de la Suprema Corte como obligatorio, y que la apelación no puede ser retrasada por solicitud del debido aviso. La Suprema Corte, después de revisar el fallo, lo encontró “mandatorio” e incompatible con el ejercicio de cualquier otro criterio.”"

Hasta aquí llegan las consideraciones del autor en torno al despojo de que estaba siendo objeto la familia Iturbide. Por lo que se refiere al decreto del funeral de Estado para Iturbide, con tratamiento de héroe, se muestran abajo las páginas y textos de dichos decretos. Imágenes.