Escudo de Torreón

Escudo de Torreón

viernes, abril 12, 2013

El general Francisco Javier Aguilar González



El embajador Aguilar González en la legación mexicana de Francia, 
que no contaba con sistema de calefacción central



La señora Graciela Gaxiola Aguilar, quien actualmente reside en Suiza, es nieta del General Francisco Javier Aguilar González, e hija mayor del General Radamés Gaxiola Andrade, quien fuera el comandante del Escuadrón 201 durante la Segunda Guerra Mundial, y de Da. Graciela Aguilar de Ona. 

Doña Graciela Gaxiola estuvo casada con el señor A.Testa, por eso se le conoce bajo el nombre de Graciela Testa.

Su abuelo materno, el General Francisco Javier Aguilar González, murió el 17 de Marzo de 1972 y su abuela, el 23 de Agosto de 1990. 

Estas personas son de interés para nuestra crónica, por varias razones. La madre del general Aguilar González, era hermana de la madre de don Francisco I. Madero, prócer de la Revolución Mexicana. Se trataba pues, de una González-Treviño. El general y don Francisco I. Madero eran primos hermanos, por sus respectivas madres. Francisco Javier Aguilar González participó en la lucha revolucionaria. Posteriormente destacó como diplomático en varios países, particularmente en Francia, donde su presencia salvó miles de vidas, al decir de doña Graciela Gaxiola de Testa.

El general Aguilar González es bastante conocido en relación al asunto de la llamada “maleta mexicana”, una serie de fotografías inéditas tomadas durante la Guerra Civil Española, y que duraron largo tiempo guardadas en una maleta y custodiadas por la familia. 

Sin embargo, un asunto que interesa mucho a la señora Testa, es el papel de enorme importancia que jugó su abuelo como embajador en la Francia de la era de Vichy y de la ocupación de Francia por Alemania. 

Las anécdotas del general-embajador demuestran que se trataba de una persona resuelta y muy franca, hasta llegar a la audacia. Se dice que le espetó –en su misma cara- al Jefe de Estado Francés, Mariscal Phillipe Pétain, que sería recordado como uno de los mayores traidores de la historia de Francia, como efectivamente sucedió. 

Otra anécdota que demuestra el arrojo del general Aguilar González, tuvo por escenario la Francia ocupada. Un grupo de refugiados españoles y judíos llegó a la embajada de México a solicitar asilo, mismo que les concedió el embajador en nombre de México. Poco después arribó un grupo de oficiales nazis a exigirle al embajador que les entregara los refugiados. Con extrema dignidad y aplomo, el general-embajador simplemente les contestó que mientras ondeara la bandera mexicana en el edificio, se encontraban en territorio mexicano (México era en ese momento país neutral) y que sin su consentimiento, no entraría al edificio ni el mismísimo Adolfo Hitler. Los oficiales se retiraron. Pero el embajador, receloso de que volvieran con más tropas, se llevó a los refugiados al puerto de Marsella, donde los embarcó a todos con destino a México. 

General Aguilar González 

Por lo general, se le atribuye al cónsul general de México en Francia, don Gilberto Bosques, la autoría de todas estas acciones humanitarias a favor de los refugiados, olvidando al general Aguilar González. Argumenta doña Graciela Gaxiola Aguilar de Testa, que por fuerza un cónsul no puede actuar de manera independiente de su correspondiente embajador. No le quita méritos a don Gilberto Bosques, pero hay que admitir –dice- que un cónsul tiene rango inferior al de un embajador, y si el cónsul actuó a favor de los necesitados de refugio político en Francia, fue porque su correspondiente embajador –su superior jerárquico- mantenía esa política de salvamento. 

martes, abril 09, 2013

"Tentaciones " coloniales: tabaco y chocolate



Tabaco de Veracruz



Como es bien sabido, la mayor parte de las poblaciones coloniales del sur de Coahuila, entonces pertenecientes al Reino o Gobernación de la Nueva Vizcaya, fueron fundadas a finales del siglo XVI, tanto las villas, con la mayoría española, como los pueblos con indios de diversos grupos étnicos, principalmente laguneros y tlaxcaltecas.

Lo aislado de la  región  y la influencia interracial acababaron por conformar por estos rumbos una cultura original, que pudiéramos —por analogía— llamar mestiza.

Para mediados del siglo XVIII, este fenómeno era ya claramente perceptible. Los testimonios documentales nos muestran que los productos de uso cotidiano más populares y más consumidos —con base al número de unidades, lo cual no necesariamente implica un mayor volumen monetario— eran de origen indígena, a saber, el tabaco y el chocolate. 

Un interesante manuscrito del siglo XVIII conservado en el Colegio de San Ignacio de Loyola en Parras (copia en el Archivo Histórico de la UIA-Laguna) contiene un libro de cuentas de mostrador correspondiente al año del Señor de 1766. Este era llevado por el tendero de aquella población, para auxiliarse en sus operaciones comerciales.

El expediente en cuestión consiste de una serie de hojas en las que cada página fechada contiene la cuenta de un cliente, enumerando además los artículos que ha sacado de fiado y la cantidad que debe o abona.

De esta manera, podemos conocer el consumo relativo por cliente, su valor en pesos y reales, la naturaleza de las mercancías vendidas y muchos detalles más relacionados con los compradores: su posición social, sus oficios, sus hábitos de consumo y su capacidad adquisitiva, así como muchos otros aspectos de la cotidianidad del siglo dieciocho.

Por este documento sabemos que el tendero era distribuidor  no sólo de bienes tales como textiles, mercería, comestibles, aguardientes, tabacos, ropa, blancos, sino también proveedor de servicios como el de barbería, y todo por el sistema de crédito.

Pero, como mencionaba más arriba, los artículos de uso cotidiano más codiciados y consumidos eran el tabaco y el chocolate. El tabaco era un producto totalmente americano, cuyo uso quedó consignado en multitud de escritos y crónicas indígenas y novohispanas del siglo XVI, como los de Fr.  Bernardino de Sahagún y de Diego Muñoz Camargo. Estos autores nos muestran cómo el tabaco, llamado por los indígenas picietl, servía tanto como planta de uso litúrgico, es decir, en las ceremonias religiosas prehispánicas, como de estimulante corporal, ya que se declara que masticando el picietl los indígenas obtenían un mayor esfuerzo en sus tareas cotidianas.

El tabaco, que también se fumaba antes de la conquista en pipas o carrizos, admitía sus variantes regionales; así, en las Antillas, se fumaba por la nariz y no por la boca.  El Emperador Moctezuma II tenía por costumbre fumar en pipa una mezcla de picietl y liquidámbar después de comer.

El cultivo, y no sólo el consumo del picitel en el norte de la Nueva España, lo encontramos presente desde los siglos XVI y XVII.  Era uno de los regalos que los indios indómitos gustaban  recibir de manos de los colonos y conquistadores.  Algunos hacendados y encomenderos norteños lo sembraban para uso de sus propios indios encomendados o para el comercio con las poblaciones mineras de Zacatecas, ya que se cotizaba a buen precio.

Tras la conquista del sur de la Nueva España y la colonización del norte o septentrión, no sólo no desaparecieron estos hábitos tradicionales indígenas, sino antes bien, comenzaron a ser imitados por mestizos y españoles.  En los viejos documentos de poblaciones de blancos colonizadas por los tlaxcaltecas, es muy notorio cómo los primeros consumidores de tabaco eran exclusivamente indígenas.

Veamos un ejemplo: en la villa del Saltillo, en la primera mitad del siglo XVII (exactamente en junio de 1646) encontramos que el Capitán Domingo de la Fuente tenía en existencia en su tienda cuatro manojos de tabaco de Papantla y una arroba (once kilos y medio) encostalada.

En el libro de memoria de tienda del Capitán encontramos que los clientes para el tabaco eran los tlaxcaltecos Francisco Baltazar (que debía para esas fechas el importe de nada menos que 57 kilos y medio de tabaco) y Diego González, hijo de Ventura, que debía otro tanto.  

Para la época que estamos tratando —mediados del siglo XVIII— el tabaco ya no era un artículo consumido exclusivamente por los indígenas, sino que la población entera, por decirlo así y sin pretender hiperbolizar, lo fumaba.  Sólo que en las cuentas de la tiendas ya no se habla de manojos ni costales, sino de cigarros.  Y se envolvían no con hojas secas de maíz, sino con papel.

Así, encontramos que en el pueblo de Parras consumían cigarros desde el Padre Párroco hasta el tonelero. En el caso del tonelero (Parras era un pueblo con una gran industria vitivinícola) sabemos que debía dos pesos de cigarros.  Don Adamasio Adriano debía sieto pesos. Juana María debía un peso.  Alberto Martínez, cinco reales (62 centavos y medio); Juan María Mancha, un real (12 centavos y medio); el Padre Don Juan Guerrero, un peso.

De esta manera, podemos afirmar con seguridad que el hábito de fumar cigarros de tabaco envueltos en papel era ya muy común entre la población blanca, mestiza e india de la Región Lagunera desde 1766, por lo menos, y que ha continuado existiendo ininterrumpidamente hasta nuestros días.

Desde luego, los parrenses nunca se tuvieron por viciosos, ni tenían por qué hacerlo, ya que su sociedad no condenaba ni sancionaba el acto de fumar. Era socialmente aceptable y aceptado. El mismísimo juez eclesiástico, que conocía y decidía de vitae et moribus, de la recta forma de vida y de las costumbres, es decir, el Párroco, era uno de los principales fumadores del pueblo.

El estrés, la discusión y la problemática en torno al cáncer y los enfisemas, la separación de los recintos entre fumadores y no fumadores, la culpa generada por el vicio compulsivo, todos ellos son contemporáneos nuestros, y no de los despreocupados y alegres fumadores neovizcaínos.



Y para hablar del chocolate, diremos que el libro de cuentas de mostrador del tendero de Santa María de las Parras , el mismo al que nos hemos referido anteriormente, le servía para llevar registro de sus operaciones comerciales, las cuales se basaban en el sistema de crédito y, por lo tanto, en el registro minucioso de ventas, artículos, precios y cantidades. Este libro nos muestra los consumos de sus clientes para un periodo dado del año de 1766.

Uno de los mejores clientes del establecimiento era don Damasio Adriano  —a juzgar por el nombre y el don seguramente tlaxcalteca— y en su cuenta se nos hace constar que gastaba, entre otras cosas, la misma cantidad de dinero en cigarros (siete pesos) que en chocolate (siete pesos por siete libras del dulce).

Desde nuestra época de continua inflación  resulta interesante constatar que el precio del chocolate en 1766 seguía siendo el mismo que tenía en 1625; la libra —equivalente a 460 gramos— de este alimento seguía costando un peso.  Este precio era relativamente alto ya que en una misma localidad la libra de chocolate costaba lo mismo que dos carneros.  Esta comparación nos da la pauta de su valor relativo: si en la actualidad medio kilogramo de chocolate nos costara lo mismo que dos carneros, muy poca gente podría comerlo.




Doña Juana María, según cuentas de don Alejandro Barragán, consumía menores cantidades de cigarros (dos pesos) y de chocolate (otros dos pesos) que don Damasio Adriano, aunque ciertamente en la misma proporción que éste, un peso de cigarros por cada peso de chocolate.

En la cuenta correspondiente a Alberto Martínez encontramos un consumo de medio real de chocolate (28.7 gramos) y cinco reales de cigarros. Don Juan Guerrero compró una libra de chocolate (un peso) y ocho reales de cigarros (otro peso). Don Juan López consumió en esas mismas fechas doce pesos de chocolate y de cigarros, y aunque no se especifica la proporción de uno y de otro, podemos inferir por lo ya visto que sería más o menos similar  a la de los otros clientes.

Desde luego, no podemos generalizar y decir que absolutamente todo mundo tomaba chocolate.  Las cuentas muestran que algunos compraban cigarros, mas no chocolate; otros lo hacían a la inversa; otros, en cambio, preferían el aguardiente (en Parras se fabricaba un excelente aguardiente de orujo).

Lo interesante de todo esto radica en que, partir de las cantidades de dinero representadas en cada registro individual, podemos concluir que en Parras el chocolate era consumido por todas las clases sociales. Se podía comprar desde medio real (6 centavos y fracción, a crédito). Se observa que mientras mayor era el poder adquisitivo del individuo, mayor era el consumo del chocolate. Es decir, parece haber una correlación positiva entre el ingreso y el consumo de chocolate.

Otra cosa en la que debemos hacer hincapié es en que don Alejandro Barragán vendía chocolate, eso es, una mezcla ya hecha de los ingredientes que lo constituían, listo para tomarse en casa con agua o leche.  En otros lugares de la Nueva Vizcaya, como en la Villa de Santiago del Saltillo, se podían comprar —en tiendas o con mercaderes itinerantes— el cacao, el azúcar y la canela para fabricar el chocolate, o bien las tabletas de chocolate ya preparado .
En el Saltillo del siglo XVIII —población con la que Parras tenía un intenso comercio— los insumos a la venta para la elaboración del chocolate eran tres: el cacao, el azúcar (generalmente morena o de la variedad que llamaban chancaca) y canela. Estos ingredientes eran  molidos y mezclados en caliente en un metate , artefacto que no faltaba en ninguna casa, por humilde que fuera    Era una receta austera, aunque bastante popular.

Es por todos conocido que el chocolate no siempre se tomó igual, y que el gusto marcadamente sencillo de los novohispanos de lo que ahora es el sur de Coahuila no necesariamente coincidía con la sofisticación y variedad de ingredientes que utilizaban los habitantes meridionales de la Nueva España.  En realidad, el consumo y preparación de este alimento fue sufriendo un proceso de transculturación, de innovación, de mestizaje culinario y occidentalización muy activo a partir de 1519.

Una vez consumada la conquista de la Ciudad de México, los españoles peninsulares y novohispanos comenzaron a experimentar las posibilidades de la bebida, ideando diversas recetas, tanto para fines de consumo local como de comercio trasatlántico, particularmente con España, Italia y Flandes, donde pronto el chocolate fue apreciado y consumido. Los enlaces dinásticos de la rama española de la Casa de Austria pueden explicar en gran medida la difusión de la bebida desde las clases altas europeas.

Thomas Gage, viajero inglés del siglo XVII que visitó la Nueva España y que dio a la prensa en 1648 su obra intitulada  “The English-American or a New Survey of the West Indies” (Los Angloamericanos o nuevo reconocimiento de las Indias Occidentales) era un fanático del chocolate, como él mismo nos lo relata.

Gage nos da información sobre las recetas del chocolate que tanto le satisfacía, y cuáles eran los hábitos de consumo en la parte que conoció de lo que hoy es México. Y a pesar de que Gage habla en retrospectiva como un súbdito inglés y puritano ex católico que realiza labores de inteligencia en favor de una nación codiciosa y de que él percibe a la Nueva España como lugar de abundancias diabólicas, su testimonio no deja de ser interesante.  

Gage nos dice que el ingrediente básico y esencial era el cacao, oscuro o claro.  Nos dice —si hemos de creerle, que razón para dudar no hay— que algunos le ponían pimienta negra y otros chile.  Entraba en su composición, además, azúcar blanca, canela, clavo, anís, almendras avellanas, zapote, agua de azhar, almizcle, vainilla y achiote (este último para darle color).

Aunque en su origen esta mezcla de ingredientes pudo tener fines medicinales, la verdad es que Gage nos dice que estos componentes eran habituales, variando la receta sólo de acuerdo al gusto particular de cada quien.

La canela —al decir del inglés— era tenida como el mejor de todos los ingredientes que entraban en la composición del chocolate, y nadie la excluía.

Resulta sumamente extraño para los consumidores del siglo XX pensar en una bebida de chocolate picante, combinación de sabores que subsiste en el mole  .  Los chiles que podía llevar podían ser de una de cuatro variedades: piquín, tornachile, chilchotes o el chilpaleguas, este último ni muy dulce ni muy picante, siendo por ello el más usado.

En cuanto a la manera de tomarlo —según el relato del viajero— ésta variaba.  En la ciudad de México lo bebían caliente con atole y revuelto con molinillo.  Por esta noticia podemos rastrear la receta del popular champurrado.

La manera más común de preparación, siempre según Gage, era disolver una o dos pastillas de chocolate en agua caliente, batiendo con el molinillo; luego se le ponía azúcar —la necesaria— y se acompañaba con dulces o mazapanes.

Otros lo tomaban hervido en agua. En cambio, muchos indios lo tomaban frío, en agua.

El inglés enamorado de esta bebida mexicana nos relata que cuando escribió su libro llevaba doce años de consumir chocolate constantemente, y solía tomar una jícara  temprano por la mañana; otra antes de comer (entre 9 y 10 de la mañana); otra una o dos horas después de comer y una última entre 4 y 5 de la tarde.  A veces tomaba una adicional cuando deseaba estudiar por la noche ya que, según él, le mantenía despierto y fresco. 

Por todo lo anteriormente referido podemos afirmar que no existió una receta única para la fabricación y consumo del chocolate; ya que la activa experimentación del siglo XVI y XVII lo hizo evolucionar desde el ámbito de la vida cotidiana indígena, pasando por la terapéutica criolla, hasta el de la gastronomía. Mundial.

Podemos aseverar con seguridad que la receta típica del siglo XVIII para el sur de lo que ahora es Coahuila era muy sencilla: cacao, azúcar, canela, y una verdadera y deleitosa pasión por su consumo, totalmente ajena al inhibidor conteo moderno de calorías o carbohidratos, de medidas o de tallas.  En nuestro mundo moderno hemos perdido hasta la inocencia de los pequeños vicios.

miércoles, abril 03, 2013

99 aniversario de la tercera toma de Torreón








El Ejército Mexicano, y las autoridades federales, estatales y municipales festejaron del día de hoy el 99 aniversario de la entrada de los revolucionarios de la División del Norte a la ciudad de Torreón. Recibí invitación personal del alcalde Olmos para asistir a la ceremonia en mi calidad de Cronista Oficial. 

Desde un pusto vista táctico e histórico, la batalla se ganó el día 2 de abril, con la retirada de las fuerzas federales por la tarde y la noche. Se dice que una típica tolvanera lagunera cubrió la retirada de éstos. El día 3 de abril de 1914, Villa y sus combatientes entraron a la ciudad de Torreón. Se trataba de la tercera toma de nuestra población por fuerzas revolucionarias, ya que la primera fue la maderista de mayo de 1911, y la segunda, la de octubre de 1913 por la recién creada División del Norte, con Villa al mando.

El acto fue presidido por el alcalde Eduardo Olmos, con la presencia de funcionarios civiles y militares, así como de distinguidos representantes de otras personalidades gubernamentales.  

El evento se llevó a cabo en la avenida Juárez, entre calles Cepeda y Valdés Carrillo, es decir, entre el Museo Arocena y la Plaza de Armas. Sitio muy adecuado, puesto que la fachada del ex Casino de La Laguna (ahora parte del Museo Arocena) aún luce la fractura que le causara con un certero cañonazo (disparado desde Gómez Palacio, Durango) el artillero Felipe Ángeles en el asedio de marzo-abril de 1914. El lugar estuvo muy resguardado por miembros del Ejército Mexicano, con gran aprobación de la concurrencia. La Banda Municipal amenizó a ratos con piezas de gran arraigo popular lagunero, como son “La Filomena” y “De Torreón a Lerdo”. 

lunes, abril 01, 2013

30 años del Cristo de las Noas





Hoy lunes primero de abril, se cumplen treinta años de la inauguración del entonces nuevo Cristo de las Noas. Era un viernes santo en aquella celebración. ¿Cuál es la historia de este monumento, que se ha convertido en símbolo alterno al torreón de nuestra ciudad? 

La primera persona que pensó en colocar la figura de un Cristo en la cúspide del Cerro de Las Noas fue el presbítero Manuel Herrera, conocido mejor como el “padre Manuelito”, de grata memoria, filántropo y luchador social por medio del servicio a los más necesitados.

Su idea era que cualquier lagunero, o cualquier viajero que llegara a Torreón por ferrocarril, carretera o vía aérea, pudiera ver la representación de la figura del Redentor, de un Cristo resucitado, a manera de profesión de fe. Pues decía San Pablo que sin la resurrección de Jesús, nuestra fe “es vana”.

Entonces, el primer Cristo que existió sobre el Cerro de las Noas era visible en los años sesentas, tenía 8 metros de alto, con brazos y cabeza de metal, y cuerpo de concreto vaciado. El padre Manuel hizo muchos viajes para subir él mismo los materiales necesarios.

Posteriormente, el conocido presbítero José Rodríguez Tenorio, tomó la estafeta y continuó avanzando, perfeccionando y engrandeciendo el modesto proyecto original. Comenzó por añadir un mirador, una escalera, una iglesia y un camino de concreto para que subieran los coches con facilidad.

Esta nueva fase a cargo del padre Rodríguez, comenzó en 1973. Un aspecto fundamental de esta segunda etapa, consistía en cambiar al viejo Cristo por uno nuevo, más grande. Para ello, desde 1981, el escultor saltillense Vladimir Alvarado, tuvo a su cargo el proyecto de la nueva escultura.

La nueva imagen tendría una altura de 17 metros, solamente en la parte del cuerpo, y otros cuatro metros de base, lo cual sumaría un total de 21 metros. De acuerdo al proyecto del padre Manuelito, se representaría al Cristo resucitado, con las señales de los clavos en manos y pies.

El 1 de abril de 1983, es decir, el viernes santo, se inauguró la nueva imagen del Cristo mediante un vía crucis al que se invitó a la feligresía lagunera. El evento se planeó para las 11 de la mañana, y el recorrido se llevaría a cabo en la escalinata del cerro. El acto litúrgico fue presidido por el entones obispo de Torreón, Fernando Romo Gutiérrez y el padre Rodríguez Tenorio como capellán.

Mucha gente concurrió a la solemnidad de la inauguración, pero apenas dos horas después de su inicio, ocurrió un terrible y lamentable accidente, con un saldo de diez muertos y veinte lesionados. La camioneta que transportaba a veinticinco personas hacia el santuario, se despeñó desde una altura de unos 400 metros. Para aquéllos lectores que no lo conozcan personalmente, diremos que el santuario del Cristo de las Noas, forma una especie de acrópolis (un conjunto de edificios sobre una gran elevación, o sea, una “ciudad alta” como lo indica la etimología griega) que domina la zona metropolitana por su gran altura sobre el nivel del suelo. Al caer la camioneta, dejó un rastro de cuerpos muertos y heridos, pero todos, destrozados.

Desde entonces, el Cristo de las Noas se ha convertido en un popular santuario y mirador de la ciudad de Torreón. 

sábado, marzo 23, 2013

Don Ricardo Montalbán, ex alumno de la Comercial Treviño




En septiembre de 1987, la “Escuela Comercial Treviño” de Torreón convocó a su primera generación de graduados, aquélla que terminó sus estudios en 1937. Se trataba de celebrar el “Jubileo de Oro” de la institución, y los agasajados serían precisamente los miembros de esa primera generación de ex alumnos. No todos los egresados se presentaron a tomarse la foto de grupo el 11 de octubre de 1987.

Los miembros de esa primera generación fueron: Carlos Aguilar Meléndez, Aureliano Alatorre Mireles, Antonio Bernal Imperial, Prócoro Castañeda, Fernando Cobián, Esther Córdoba M. de Azuela, José Prew Canales, Víctor Castro M., Anastasio Fernández, Emilio Flores Flores, Pablo de la Fuente Chapoy, Ma. Cristina Gallegos de Rodríguez, Homero García Flores, Tomás Olegario González Ávila, Socorro González Olvera, Consuelo González Benítez, J. de Jesús Guajardo Ibarra, Albertina Leyer, Marcos López y López Lena, Armando Martín Borque, Francisco Martín Borque, Candelario Martínez Sifuentes, Ricardo Montalbán Merino (el famoso artista de “La Isla de la Fantasía”), Felisa Obregón Hinojo, Jesús Oviedo Tovar, Manuel Padilla Martínez, J. Guadalupe Pámanes Ávalos, Concepción del Peral de Capín, Blasa Ponce de Flores, Carmen Quintero de Alatorre, Jesús Quiñones Castillo, Ezequiel Raygoza Llamas, J. Concepción Reyes, Alfonso Reyes González, Salvador Rodríguez Barrón, Matías Román Ríos, Luis Salazar, Antonio Tomás Abularach, Salomón Tueme Pieck, Enrique Vázquez, Rogelio Viesca Cárdenas, Rubén Viesca Gutiérrez y José Raúl Wong Esparza.

En la fotografía, tomada el 11 de octubre de 1987, podemos reconocer, entre otros notables ex alumnos de dicha generación, al afamado actor don Ricardo Montalbán; a la señora Felisa Obregón Hinojo; al señor Aureliano Alatorre Quintero y al señor Emilio Herrera.

Y para hablar de otra cosa, mencionamos que La Casa de Coahuila, A.C. de la ciudad de México contaba en 2010 con dos grupos de miembros de origen torreonense, el grupo “Venustiano Carranza” y el grupo “Torreón”. Algunos de sus integrantes eran exalumnos de la Escuela Primaria Oficial Centenario, razón por la cual, en 2010, propusieron al entonces presidente de la asociación, el Lic. Pedro Martínez Estrada, quien es asimismo egresado de dicha escuela, que no se dejara pasar la celebración del centenario de la institución educativa, la cual coincidió con las fiestas del Bicentenario del inicio de las luchas por la Independencia Nacional,  y con el centenario del inicio de la Revolución Mexicana, sin su participación.

La Casa de Coahuila, A.C. mandó hacer una placa conmemorativa para que fuera entregada a la Dirección de la escuela, a manera de reconocimiento. La idea propuesta era que dicha placa se entregara en el curso de una ceremonia que se efectuara en el patio central del plantel, con alumnos, maestros y autoridades educativas presentes.
Esta ceremonia se llevó a cabo de la manera propuesta, el lunes 4 de octubre de ese año de 2010. El representante de la Casa de Coahuila, A.C. y de su Consejo Directivo fue el arquitecto Ubaldo Veloz Obregón, muy conocido en nuestra región.

Entre sus sentidos comentarios, mencionó los siguientes: “Hace sesenta años, yo, como ustedes hoy, estuve formado en este patio para entrar a clase, aquí cursé cuarto y quinto año de primaria, conocí amigos que aún conservo, y espero que ustedes, actuales alumnos, tengan la oportunidad, como yo el día de hoy, de regresar a revivir estos años mozos que están viviendo en esta escuela.

Para mí, les reitero, es un privilegio regresar y entregar a nuestra escuela, a sus profesores y a los alumnos, a nombre del Consejo Directivo de la Casa de Coahuila en la ciudad de México, de su presidente, que también fue alumno de esta escuela, y de todos los exalumnos de la Escuela Primaria Oficial Centenario, que radicamos en la ciudad de México, este reconocimiento a nuestro querido plantel”.

domingo, marzo 17, 2013

San Patricio y su batallón






El día de hoy, 17 de marzo, se celebra mundialmente el día de San Patricio, patrono de Irlanda. Desde luego, en este país las fiestas son multitudinarias. Lo mismo pasa en los Estados Unidos, donde hay tantos ciudadanos que proceden de inmigrantes irlandeses. En las principales metrópolis estadounidenses, desfilan cuerpos de ciudadanos de todas las edades y ocupaciones, las corporaciones de servicios públicos, los miembros de sociedades y clubes históricos, todos al compás de tambores y gaitas.

En México, esta festividad no se celebra de manera especial. No hay suficientes irlandeses para ello. Sin embargo, México e Irlanda están vinculados históricamente por el cuerpo militar que fue llamado “Batallón de San Patricio”. Este cuerpo se formó durante la guerra de agresión entre los Estados Unidos y México, cuando muchos de los soldados irlandeses que venían como tropas invasoras, se cambiaron al bando mexicano.

Muchas fueron las razones. En la década de los 1840´s, Irlanda experimentaba una terrible hambruna originada por una enfermedad de las papas o patatas. Muchos irlandeses emigraron a los Estados Unidos para poder sobrevivir, pero los estadounidenses anglosajones los reclutaron para traerlos como carne de cañón contra los mexicanos.

Los irlandeses se identificaron de inmediato con sus correligionarios católicos mexicanos, y no influyó poco el hecho de que los colores de las banderas de Irlanda y México fueran los mismos. Por otra parte, los irlandeses odiaban a los ingleses por la terrible opresión que habían llevado a la verde Erín. La agresión contra México parecía un nuevo capítulo de esa vieja historia.

Los “San Patricios” pelearon del lado mexicano, y con gran fiereza, en las batallas de Monterrey, en la de la Angostura, al sur de Saltillo, capital de nuestra entidad federativa, y en la batalla de Churubusco. En la Angostura diezmaron a un batallón estadounidense y le capturaron dos cañones, hechos por los cuales algunos de sus miembros recibieron la Cruz de Honor de la Angostura.

Muchos de estos irlandeses fueron capturados en la ciudad de México, y los estadounidenses ejecutaron contra ellos terribles venganzas, desde los azotes y la marca con hierro candente, hasta la horca. Otros sobrevivieron y se casaron con mexicanas, estableciendo familias en su nueva patria, o bien, se esfumaron del mundo de la historia. Entre ellos es bien conocido John Riley, un oficial de este cuerpo que permaneció en México y murió en Veracruz.

viernes, marzo 15, 2013

Francisco, el nuevo papa





Desde el pasado miércoles 13 de marzo, la cristiandad católica cuenta con un nuevo papa. La inesperada renuncia del anterior pontífice, Benedicto XVI, obligó al colegio de cardenales a celebrar un cónclave para elegir sucesor. Éste resultó ser el cardenal-arzobispo de Buenos Aires, el jesuita Jorge Mario Bergoglio. Eligió llevar el nombre de Francisco durante su pontificado.


Este Cronista considera que el nuevo papa tomó el nombre de Francisco, porque siente el llamado personal a reconstruir la Iglesia Católica, tan dañada y desprestigiada actualmente ante la opinión pública. San Francisco de Asís tuvo el mismo llamado, sintió que Dios le pedía reconstruir la iglesia. Francisco pensó que se trataba de la iglesita de San Damiano, que se encontraba en ruinas. En realidad, Dios lo llamaba a darle nuevo impulso a la Iglesia Católica, a través de su obra y la de sus sucesores de la Orden Franciscana, obrando a favor de la paz y de la consecución del bien. Al simbolizarlo en el nombre del santo de Asís, creo que este nuevo papa, Francisco, (como ya lo mencioné) se ha comprometido a darle nueva vida e impulso a la Iglesia Católica.

miércoles, marzo 06, 2013

La primera llamada telefónica Torreón-San Pedro







Hace 84 años y meses, el 22 de diciembre de 1928, las ciudades de Torreón y San Pedro de las Colonias quedaron comunicadas por la línea telefónica “Ericsson”. Para esta inauguración oficial concurrieron representantes de la Banca, Industria y Comercio, así como autoridades civiles y militares.

El gerente de la compañía Ericsson en Torreón, que por entonces era el señor G. Almeida, declaró en dicha ocasión que en breve, la línea telefónica que se inauguraba quedaría comunicada con Saltillo, y luego, con las principales ciudades del mundo.

Los primeros en usar las nuevas conexiones telefónicas fueron los presidentes municipales de Torreón y de San Pedro. Minutos después, el señor Nazario Ortiz Garza declaró oficialmente inaugurado el nuevo servicio.

A continuación, el señor Almeida invitó a la concurrencia a disfrutar de un “lunch champagne” y a brindar por el éxito de la nueva línea telefónica. Al final, los torreonenses y sampetrinos fueron invitados a usar del servicio recién instalado, a manera de demostración.

Fuente: "El Informador" del domingo 23 de diciembre de 1928.

viernes, marzo 01, 2013

Luto en la Crónica Mexicana



Con profunda pena se hace del conocimiento público y se asienta en esta relación, que don Pablo Amaya  Ramírez,  Cronista de Gómez Palacio, Durango, falleció hoy viernes  primero de marzo durante las primeras horas del nuevo día. Al don Pablo Amaya le sobreviven su esposa e hijos.

Don Pablo Amaya era miembro de la Asociación  de Cronistas de Ciudades Mexicanas (ANACCIM) de la cual se desempeñaba  como Directivo del Comité Nacional. El Presidente actual de la ANACCIM es el profesor Crescencio Montoya Cortez, y el Coordinador del Norte Mexicano, el profesor Matías Rodríguez Chihuahua,


De la crónica y la historia en Torreón






Este Cronista Oficial consigna en esta nota para su relación anual, que la escritura de la vida cotidiana, la crónica y la historia amateur, se han abierto nuevos cauces colectivos en nuestra ciudad por medio de la creación del organismo que ha sido denominado “Consejo de la Crónica”. Ni la escritura de la crónica o la historia amateur son aves de cautiverio que puedan “pertenecer” o “ser reclamadas” por una sola persona, institución o grupo. Ni la crónica ni la historia como actividades pueden ser “sindicalizadas” ni poseidas en exclusiva. Ejemplo evidente lo tuvimos en Carlos Monsiváis, genial cronista de la ciudad de México, sin diploma alguno que lo acreditara como tal. Y vaya calidad, agudeza de percepción y de expresión las suyas.

El Consejo de la Crónica parece haber consolidado su estatus como una corporación más dedicada a estos oficios en Torreón. Ojalá surjan muchos otros grupos dedicados a los mismos menesteres. Toda aportación al análisis y descripción sociales de nuestra comunidad son deseables, aunque, como sucede con todos los oficios, honorarios o no, los frutos siempre constituirán la evidencia que demuestre la valía y profesionalismo de sus miembros; serán los frutos los que manifiesten el nivel académico y literario de los grupos o asociaciones.   

Como ya lo he comentado tantas veces, y a pesar de ello, conviene mencionarlo de nuevo, ni como Cronista Oficial de Torreón ni como particular, estuve jamás presente ni involucrado en ninguna sesión constitutiva de dicho consejo, ni mucho menos otorgué anuencia ni rúbrica alguna. Nada tengo que ver con el organismo recientemente creado. Se trata de una agrupación surgida con entera independencia de mi propio cargo y persona. Por los diarios me he enterado que dicho Consejo de la Crónica me ha extendido una invitación para sumarme a los miembros de dicho cuerpo.

Sobre esa invitación, debo comentar que la agradezco, pero desde 2005, como Cronista Oficial, cuento con mi propio espacio y marco jurídicos, estatal y nacional, para realizar el trabajo que se me ha encomendado. Cuento con el reconocimiento oficial de las Asociaciones Nacional y Estatal de Cronistas Municipales. Además, desde el seno de la Academia Lagunera de la Historia, A.C. fundada y debidamente registrada el 12 de marzo de 2009, he desarrollado la descripción de los fenómenos sociales de Torreón (léase “crónica”) y con la investigación social, histórica y antropológica propias de mi oficio. Esta Academia Lagunera de la Historia (Ver artículo de la Crónica en Línea, del viernes 5 de junio de 2009) cuenta con gente de la talla de Jaime Muñoz Vargas,  laureado escritor; Carlos Castañón Cuadros, agudo politólogo e historiador, Mikael Wolfe, doctor en Historia por la Universidad de Chicago y actual académico del Departamento de Historia de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), autor de una interesante tesis doctoral sobre la historia hidrológica y social de La Laguna. Como Director del  Centro de Investigaciones Históricas de la Ibero Torreón, he realizado acuciosa investigación y publicado textos vanguardistas en el campo de la historia y de la crónica regional, de sobra conocidos. Soy el primer Cronista en la historia de Torreón, en tener los textos al día y en línea, con absoluta transparencia. 

Presentación del libro "Corazón Indígena"






Ayer fue presentado en esta ciudad el libro “Corazón indígena. Lucha y esperanza de los pueblos originarios de México”, de Luis H. Álvarez. Como es bien sabido, el autor ha tenido el cargo de Consejero para la Atención a Grupos Vulnerables. Originario de Chihuahua, empresario y político bajo los colores de Acción Nacional, fue el candidato presidencial de este partido en 1958, contra Adolfo López Mateos.

El evento se llevó a cabo en el auditorio de Cimaco Cuatro Caminos a partir de las 19 horas. Los comentarios corrieron a cargo del presbítero Enrique Ponce de León, SJ; del doctor en Historia Carlos Manuel Valdés Dávila, del señor Eduardo Murra Marcos y del propio autor. Moderó el ex diputado Carlos Bracho. Entre la concurrencia, se encontraba presente el ex alcalde de Torreón, Jorge Zermeño.

Tras una sesión de preguntas y comentarios, se procedió a celebrar con un brindis.  

lunes, febrero 18, 2013

La ética protestante en los orígenes de Torreón



Max Weber, sociólogo


Por lectura o por referencias, todos hemos sabido que existe cierta relación entre el espíritu del protestantismo y la búsqueda del éxito económico. Este es un tema que aborda Max Weber en “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”. Pero cuando Weber escribía sus textos, de hecho tenía en mente la doctrina de ciertas ramas del protestantismo, como son aquellas que profesan la fe Calvinista.

¿Esta mentalidad de bendición y éxito económico como algo deseable en la vida cotidiana, se encuentra solo en el Calvinismo? La verdad es que no. La encontramos en muchas otras de las ramas del protestantismo histórico, el que tuvo su principio con Lutero. De hecho, Martín era un monje agustino, católico alemán, que, influenciado por las circunstancias de su tiempo y lugar de origen, realizó una nueva lectura sobre el mensaje de los evangelios. Como maestro de Sagradas Escrituras, sabía bien que en el Antiguo Testamento, la riqueza era interpretada como una bendición de Dios, y la pobreza, como una maldición.

Parece existir una correlación positiva en el hecho de que los Estados Unidos y algunos países del norte de Europa cuenten a la vez con mayoría protestante y con mayor calidad de vida. A finales del siglo XIX o principios del XX, algunos de los habitantes de estos países vinieron a poblar Torreón, y trajeron consigo la expectativa de éxito económico propia de sus credos religiosos. Esta gente creía en el trabajo duro y en el éxito en esta vida. Muchos de ellos se encuentran entre los ilustres forjadores de nuestra ciudad.

Apellidos laguneros de procedencia alemana como Achilles, Aschenbach, Aulenbacher, Billerbeck, Blobaum, Brasch, Bunsen, Christ, Dinkel, Dumke, Feige, Garbrecht, Grave, Groth, Hamm, Hansen, Hedderich, Hichsches, Hoser, Hubner, Kempke, Kientzle, Kinkel, Klostermann, Kuster, Ladwig, Luetke, Menzel, Meyer, Muller, Oelmeyer, Priesemuth, Ramm, Reichle, Reuter, Richter, Rickmann, Riemer, Riess, Ruesch, Schaab, Schereiner, Spar, Spengler, Ude, Wick, Wigand, Witt, Woerner son de origen luterano o protestante.

Entre los apellidos laguneros de procedencia estadounidense y origen luterano o protestante se cuentan, entre otros, los siguientes: Allen, Amos, Arkeketo, Attuell, Avery, Banks, Bell, Bennett, Bird, Blaner, Bledsoe, Boren, Boyle, Bragg, Brewer, Butt, Buttler, Calvin, Carahan, Carrie, Carson, Caudell, Clark, Clarke, Clary, Cope, Crane, Crawford, Creelie, Champney, Dickenson, Dodson, Downs, Duckett, Eager, Evans, Ferguson, Filimore, Fischer, Flynn, Follet, Franke, Giese, Godlieb, Golson, Goodman, Gorham, Graham, Graves, Greenwalt, Hadfield, Halbert, Hancock, Harper, Heirs, Holbrook, Hughes, Hunt, Huthsteiner, Jackson, Jockel, Kalisch, Karnes, Kirklin, Kruger, Lane, Lee, Lewis, Litchfield, Mapp, Marrs, Martin, Mattox, Mc Elvenny, Midgett, Milton, Miller, Milling, Moulton, Mugge, Nelson, Owen, Owens, Parker, Pederson, Pester, Quinn, Reese, Roberts, Rountree, Rowe, Ruffin, Rufus, Schlatterer, Smith, Soper, Sorke, Stewart, Stubblefield, True, Tucher, Ulmer, Vester, Volkhausen, Walker, Watts, Webb, Welmaker, Wesley, Wilson, Williams, Wise, Yeandle, Young.

En vista de la gran cantidad de familias de procedencia extranjera que profesaban la fe cristiana en alguna de las iglesias protestantes, sería oportuno considerar que la mentalidad, la actitud que estas personas tenían hacia el trabajo duro y hacia la creación de la riqueza no era un factor meramente étnico o racial, sino eminentemente cultural. No hemos estudiado aún el impacto que los valores del protestantismo pudieron haber tenido en el desarrollo económico de Torreón y de La Laguna. 

sábado, febrero 09, 2013

Ancestros del general González Herrera


Recientemente publiqué un artículo sobre el 137 aniversario del asesinato del general liberal lagunero Jesús González Herrera. Con curiosidad siempre insatisfecha, me di a la tarea de hurgar en los archivos en búsqueda de datos sobre sus ascendientes. Lo más reciente es conocido, pero lo más remoto, no. Muestro a continuación, algunos de los datos obtenidos.

General Jesús González Herrera

Por la línea paterna, el general Jesús González Herrera, originario de Viesca, Coahuila, era hijo de don Jesús González Borrego y de doña María del Pilar Herrera Flores; nieto de don Salvador González Castañeda y de doña María del Pilar Ponce Borrego y de la Garza (a veces el “Ponce” se omitía); bisnieto paterno de don Francisco González y doña Rita Castañeda. Doña María del Pilar Ponce Borrego era hija de don José Miguel Ponce Borrego y de doña María Rosa de la Garza. Por razón de sus negocios, este último matrimonio se asentó en Villa de García, Nuevo León; en Monclova y en Viesca, Coahuila.

Por la línea materna, la de los Herrera, o más correctamente, los “García de Herrera” (era un apellido compuesto) el general Jesús González era nieto de don José María Catarino de Jesús Herrera Moreno, nacido en Parras el 25 de noviembre de 1778, y de doña María del Pilar Flores; bisnieto materno de don Ignacio García de Herrera y Villegas y de doña María Basilia Moreno y Gutiérrez.

Don Ignacio García de Herrera y Villegas casó en Parras el 4 de febrero de 1776, y era criollo, originario del pueblo de Teotitlán, Puebla y vecino de Parras desde 1765. Era hijo de don Luis García de Herrera y de doña María Gertrudis Villegas. Doña María Basilia Moreno y Gutiérrez era originaria de Durango, hija de don Pedro José Moreno y de doña Francisca Xaviera Gutiérrez. La partida de matrimonio de esta pareja está firmada por el célebre cura de Parras, José Dionisio Gutiérrez, autor de la “Pequeña Historia [Historeta] de La Laguna” relato rubricado en diciembre 31 de 1786. Para 1780, año en que nació su hijo Ignacio Mariano de Jesús, don Ignacio García de Herrera y Villegas, bisabuelo del general González Herrera, era Primer Capitán de la Compañía Militar de Parras, y Corregidor de Chihuahua por designación de don Teodoro de Croix, Comandante General de las Provincias Internas. En 1787, ya como ex corregidor, participó en el “Dictamen del asesor de la Comandancia”, documento en el que don Ignacio denunció los malos tratos a los indios de Chihuahua. La familia de los García de Herrera comerciaba en la ciudad de México con vinos de Parras, e incluso un miembro de esta misma familia estuvo a cargo de los bienes de los jesuitas ya expulsos, también en Parras.

La esposa de don Ignacio, doña María Basilia, fue bautizada en Durango el 20 de junio de 1756, con los nombres de “María Basilia Bárbara Josepha Ignacia”, criolla hija de don Pedro Moreno y Lodoza, y de doña Francisca Xaviera Gutiérrez. Don Pedro Moreno y Lodoza, tatarabuelo del general González Herrera, fue bautizado el 15 de febrero de 1721 en Durango, hijo de don “Joseph Moreno y Lodoza” y de doña “Theresa Guares Villalba” ambos nacidos en España, y ambos re-tatarabuelos del general González Herrera. El bautismo del infante se llevó a cabo en caso de apremio, y el oficiante fue Manuel María de Ortega, maestro de teología moral de la Compañía de Jesús en Durango.

El niño fue confirmado 7 días más tarde, el día 22 de febrero de 1721, y se le cambió el nombre provisional de “Juan” por el definitivo de “Pedro Joseph”. La familia debe haber tenido estatus social y recursos, ya que la confirmación se llevó a cabo en el oratorio del obispo de la Nueva Vizcaya, don Pedro Tapiz y García, en presencia de su secretario y de los superiores de todas las órdenes religiosas existentes en la ciudad de Durango.




domingo, febrero 03, 2013

"Acostadas" y "levantadas"



Felipe II de España

En 1594 Felipe II, rey de España y de las Indias, dio su permiso a la Compañía de Jesús para que sus miembros iniciaran los trabajos de evangelización de la comarca a la cual Felipe II llamó “Provincia de La Laguna” en su Real Cédua del 6 de abril de 1594. Esta denominación evolucionó a “País de La Laguna” durante la era colonial, y a “Comarca Lagunera” en el siglo XIX y principios del XX.

La laguna que dio nombre a la región era la “laguna grande de la Nueva Vizcaya”, posteriormente conocida como “Laguna de Parras”, “Laguna de San Pedro” o “Laguna de Mayrán”. Era la mayor entre varias lagunas formadas por los ríos “de las Nasas” y “Buenhabal”, o sea, Nazas y Aguanaval. Se trata de ríos de desembocadura interna, de ahí que dieran origen a toda una comarca de lagunas, que lamentablemente, solo subsisten en el nombre de la región. Entre esas lagunas estaban las del “Caimán” o “Tlahualilo”, la del “Álamo” (Viesca) e inumerables charcos. La última referencia al término “País de Las Lagunas” la hizo D. B. Robinson, al citar al ingeniero Morley, de la Compañía Limitada del Ferrocarril Central Mexicano, el 10 de enero de 1883.

En 1594, esta región estaba habitada por grupos de aborígenes seminómadas, cazadores y recolectores a quienes se denominó por consenso “indios laguneros” porque habitaban en las riberas de las lagunas, alimentándose de la caza, pesca y recolección de vegetales. Había algunas haciendas y habitantes españoles y criollos en ellas. En 1598 los jesuitas fundaron el pueblo indio de Santa María de las Parras, que se convirtió en la cabecera administrativa, religiosa y cultural de la que fuera llamada “Alcaldía Mayor de Parras, Laguna y Río de las Nazas”.

De acuerdo con las solicitudes del virrey Luis de Velasco II y del obispo Alzola de Guadalajara, los jesuitas incluyeron entre los primeros habitantes a los civilizados indígenas tlaxcaltecas, de tradición mesoamericana, extraordinarios agentes de cambio agrícola y promotores de la occidentalización.

De esta manera, podemos trazar la historia cultural y religiosa occidental de la Comarca Lagunera a 1598, con la fundación oficial de la primera iglesia católica (Santa María) y la formación de las reducciones jesuitas de La Laguna, que tuvieron al pueblo de Parras por cabecera. La primera navidad cristiana fue celebrada en Parras en 1598, con una gran fogata en el atrio de la iglesia, alrededor de la cual danzaron indígenas de varias “naciones” comarcanas. De acuerdo con el testimonio de un religioso jesuita presente, estos indígenas cantaban en su lengua algo así como:

“Alaben los hombres a nuestra Señora Madre,
adoremos el lugar donde está nuestra Señora,
Madre que es de nuestro Señor.
Muy oloroso es el sombrero de Dios,
digno de ser alabado es Dios nuestro Señor,
mucho nos alegra la pascua de nuestra Señora.” 

La occidentalización de la Provincia o País de La Laguna, fue un proceso de larga duración, aunque hubo manifestaciones inmediatas en el aspecto económico. La región resultó ser muy propicia al cultivo de la vid, y ya para 1630 existía una significativa producción de vinos, y desde 1659, de aguardientes de orujo y de borras del vino.

Por lo que respecta a la cultura religiosa, en la Comarca Lagunera coincidieron las tradiciones de dos grandes órdenes religiosas: la de los jesuitas, que eran los encargados de las misiones laguneras; y de manera indirecta, la de los franciscanos, quienes evangelizaron a los tlaxcaltecas y fueron sus pastores en su “país” de origen, los cuatro señoríos de Tlaxcala, desde el primer tercio del siglo XVI.

Ha sido necesaria esta breve introducción para comprender que una tradición como es la de “acostar” al “niño Jesús” en los hogares laguneros, tiene raíces que van mucho más atrás de la llegada de los jesuitas en 1594. Efectivamente, esta tradición tan querida para los franciscanos, la conocían los indígenas de Tlaxcala prácticamente desde 1524, con la fundación del primer convento en esa provincia. Con la emigración de las 400 familias colonizadoras del septentrión en 1591, esta tradición vino con ellos. Los que llegaron al Saltillo en 1591, y que posteriormente comenzaron a pasar a Parras en 1598, ya eran cristianos de varias generaciones, educados por franciscanos.

En Nueva España, los jesuitas —con una formación clásica renacentista— fueron los promotores de las representaciones teatrales y religiosas conocidas como “pastorelas”, “coloquios” de las cuales ha quedado huella en el ámbito rural lagunero, profundamente conservador. Con su especial inclinación por las humanidades, las misiones y la docencia, alentaron a los habitantes de la Comarca Lagunera a celebrar representaciones profundamente religiosas en el contenido, y además de las públicas y solemnes, otras de carácter popular y familiar por su naturaleza y forma de representación.

En los hogares, la Fe Católica se expresaba de manera cotidiana. Los creyentes buscaban tener en sus casas las imágenes de sus santos predilectos. De ahí la multiplicidad de representaciones hagiográficas en los hogares, tan manifiesta en los testamentos e inventarios coloniales de La Laguna.

Entre estos ritos comunitarios o familiares se encontraba la ceremonia del “acostamiento” del “niño Dios” que es el tema que nos ocupa. En hogares comarcanos como el de “Lázaro Miguel” (1715) existía un “nacimiento” con su “tabernáculo”, o como el de Felipe Cano Moctezuma (1730) que contaba con un “niño Jesús”. Con el mismo fin, los jesuitas disponían de imágenes talladas del niño Jesús, de María y de José, y algunas de éstas que perduran hasta el día de hoy, muestran a los personajes con ojos rasgados, lo cual delata su manufactura china o filipina.


Moderno ¨niño dios"

Estas viejas tradiciones han sobrevivido hasta nuestros días. Torreón es una ciudad nueva que se ubica en la relativamente vieja Comarca Lagunera. Torreón cuenta con una historia de 157 años como sitio poblado, 114 desde que era una simple villa, y 100 como ciudad. La gran mayoría de los habitantes de la zona metropolitana procede de los viejos pobladores coloniales de la región, o bien, de muchos otros inmigrantes nacionales, y los menos, de inmigrantes internacionales que llegaron, en su gran mayoría, con las rutas del ferrocarril (es decir, desde 1884).

Aunque en muchos de los hogares torreonenses o laguneros puede haber “nacimientos” o “belenes”, la ceremonia del acostamiento del niño Dios tiende a ser más propia de las familias muy católicas de las clases media y popular, que de las clases más acomodadas, económica y socialmente.

La celebración de este rito está asociado, por lo general, con la presencia de los mayores de la familia, como abuelos o padres. Cuando las nuevas generaciones se desprenden de las anteriores por razón de matrimonio, es común que la ceremonia se lleve a cabo con la presencia de las nuevas familias reunidas en casa de los padres, con un niño Dios por familia. A veces encontramos pesebres con varias imágenes del niño Dios, una por cada nueva familia. Es una norma popular no escrita, que la única manera de adquirir figuras del niño Dios sea por regalo, y nunca por compra.

Suele haber padrinos y madrinas de niño Dios, lo cual es una vieja costumbre tlaxcalteca que originalmente incluía mayordomos. Los padrinos, o bien, el padrino o la madrina dotan al niño de ropa nueva cada año, durante un ciclo que por lo general dura tres. Una vez completado el ciclo, habrá nuevos padrinos.

La función de los padrinos es la de manipular al niño durante la ceremonia: vestirlo o desvestirlo, limpiarlo, arrullarlo, colocarlo en la bandeja del besamanos y circularlo entre la concurrencia, o bien, colocarlo y levantarlo del pesebre. También suelen dirigir los rezos o los cantos.

La ceremonia suele ser eminentemente familiar, aunque en ocasiones los vecinos son convocados a participar.

La fecha de la ceremonia del acostamiento es, naturalmente, la Nochebuena. En ocasiones se comienza desde la noche del 15 de diciembre, con la petición de alojamiento de “los peregrinos” en las “posadas”, y se repite noche con noche, hasta que se celebra la más importante y principal, que es la noche del 24 de diciembre, antes de la cena.

Lo usual en la ceremonia es que la madrina, previa lectura del Evangelio o a medida que se ejecuta el rezo del Rosario, vaya desvistiendo al niño Dios para dejarlo limpio y casi desnudo en el pesebre, tal y como el relato evangélico indica que estaba durante la nochebuena original. La desvestida y la limpieza obedece al hecho de que la figura permanece cubierta de ropa y muchas veces expuesta (ordinariamente guardada) durante todo un año, y el polvo (que no escasea en La Laguna) ensucia ropa y figuras.

Llama la atención la diversidad de atuendos que suelen tener las figuras del niño Dios. Lo tradicional es un ropón como de bautizo. Pero existen también variantes, como es la de vestir la figura con el atuendo de otro “niño” conocido y venerado, como el “Santo Niño de Atocha” o con el de algún otro personaje del santoral. A veces se llega al extremo de vestirlo con el uniforme del equipo deportivo favorito, que en la región es, sin duda alguna, el albiverde Santos-Laguna. Para exhibir los atuendos usados por el niño los años anteriores, a veces el pesebre cuenta con un “tendedero” para colgarlos.

Durante la ceremonia, se suele rezar el rosario, y cantar entre misterio y misterio. A veces hay lecturas del Evangelio, particularmente del de Lucas. Otros, en cambio, prefieren guardar los rezos para el día de la “levantada” del niño, que suele ser el día de la Purificación de la Virgen o día de la Candelaria, el 2 de febrero. En otros casos, la levantada se programa para el 6 de enero, fiesta de la Epifanía.

Terminados los rezos y antes de acostar al niño, se le suele circular entre los invitados para que reciba el beso de veneración (o de buenas noches). En algunas casas, se le coloca sobre una bandeja que contiene los “bolos” (paquetitos de dulces) para la concurrencia.

Con la acostada del niño Dios, pero sobre todo con la “levantada”, se asocia la ingesión de tamales salados, con diferentes rellenos; tamales dulces, champurrado y por supuesto, los tradicionales buñuelos.

Es una costumbre muy difundida en México que en el interior de las “roscas de reyes”, es decir, las roscas de pan dulce que se consumen el día de la Epifanía (6 de enero) haya dos o tres diminutas figuras del niño Dios (generalmente de plástico). Aquellas personas a quienes les toque una miniatura en su rebanada de rosca, se comprometen a costear los tamales que se servirán para el día de la “levantada del niño”, es decir, el 2 de febrero.