Escudo de Torreón

Escudo de Torreón

lunes, marzo 05, 2007

Indiferencia ante el dolor ajeno

Uno de los santos favoritos de la cristiandad occidental desde la era medieval, tanto para católicos como para protestantes, lo ha sido Francisco de Asís.

Un ser humano en el cual el cielo y la tierra parecían encontrarse, llamaba la atención por el ardiente amor que lo consumía y que prodigaba a todos los seres de la manera más sencilla y natural.

Es de las pocas personas que han entendido cabalmente, por experiencia vital y no por aprendizaje filosófico o abstracto, que todos los seres de la creación forman lo que él llamaba una “hermandad”. Los astros, los árboles eran sus hermanos, porque todos habían sido creados por el mismo Dios.

Su especial cariño por los animales provenía del mismo Espíritu que lo llenaba y guiaba. No era miembro de Greenpeace ni era un ecologista que se beneficiara socialmente de sus “poses” esnobistas; simplemente amaba a los animales por los animales mismos. Sabía que eran como hermanos pequeños que sentían hambre, frío, miedo, dolor, alegría y tristeza, aunque no razonaran como los hermanos mayores, los humanos. Y actuaba con ellos en consecuencia.

Francisco aprendió esta verdad de Dios mismo. El amor de Francisco por los animales no era nada común en la sociedad en la cual Francisco se formó. No lo poseía por aprendizaje cultural. Ese amor era el Amor de Dios hacia sus creaturas, el cual se materializaba en Francisco.

He escuchado a mucha gente opinar que si nuestra sociedad permite el maltrato físico y mental de las personas, nada nos haría esperar un trato mejor hacia los animales. Yo me pregunto si no será precisamente el permitir el maltrato físico y mental hacia los animales lo que nos endurece contra nuestros semejantes. Hemos perdido por completo la capacidad de sentir con el otro y nos hemos habituado a la sangre, muchas veces derramada con increíble crueldad. Lo vemos como algo natural y hasta necesario.

Jesús nació en un pesebre, no debemos olvidarlo. Yo no creo que solamente haya querido decirnos con esto que prefería nacer pobre. El que habría de ser llamado Cordero de Dios quiso mostrar lo que Francisco de Asís veía con tanta claridad: todos los seres vivos somos hermanos, y que su redención se extendería a todos los seres vivos, como lo dice Pablo cuando comenta (Romanos 8: 21-22) que la creación entera aguarda, con dolores de parto, su completa liberación.

viernes, marzo 02, 2007

Homenaje a Jaime Muñoz Vargas

A lo largo de su historia, la Comarca Lagunera ha catalizado el talento de hombres que dejan huella. Así, podemos hablar de grandes empresarios, intelectuales y artistas.

En congruencia con nuestro espíritu cosmopolita regional, deberíamos dejar de lado el pueblerino macartismo y reconocer los logros de todos, como lo hace en la actualidad la civilizada España. Pero a veces, el prejuicio nos ciega. Veamos un botón de muestra del mismísimo ámbito español: la traducción de la Biblia al Castellano por Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera en el siglo XVII constituye uno de los grandes tesoros de la Lengua de Cervantes. ¿Quién la conoce? No la conocemos, porque quienes la realizaron fueron considerados “heterodoxos” por la sociedad de su tiempo. España no quería saber nada de los escritos “protestantes” ni siquiera en el aspecto puramente literario. Se privaron voluntariamente de uno de los grandes logros intelectuales y artísticos de una época en que ya nadie deseaba leer las Sagradas Escrituras en Latín. Inglaterra tuvo su versión del Rey Jaime mientras España se tapaba los ojos y oídos para no ver a sus propios talentos.

No mucho antes, la misma España se había empobrecido al expulsar a los judíos en 1492. Ellos constituían la clase profesionista y también eran los profesionales de la banca y el crédito. Su partida de España benefició a Inglaterra, a Holanda y a otras naciones, benefició a todos aquellos lugares a donde estos profesionales fueron a establecerse. Imagine usted si los Estados Unidos decidieran expulsar a los judíos de su territorio, por simple prejuicio. ¿Qué sería Wall Street? ¿Qué sería de los Estados Unidos?

Me parece que la Comarca Lagunera recibirá hoy un gran homenaje en la persona y obre de Jaime Muñoz Vargas, a quien, dicho sea de paso, considero un gran amigo mío y, sin género de dudas, uno de los grandes talentos literarios regionales. Y aunque él y yo diferimos en nuestra manera de entender y vivir la política, tenemos muchas otras cosas en común. ¿Para qué resaltar las diferencias cuando podemos convivir y construir interactuando a través de nuestras semejanzas?

Robert Harland, quien es investigador de la Universidad Estatal de Mississippi, comentará Juegos de Amor y malquerencia —la celebrada novela de Muñoz Vargas— durante los trabajos del Congreso de Literatura Mexicana Contemporánea organizado por la Universidad de Texas en El Paso (UTEP).

El Dr. Harland es docente e investigador (Professor) de la Mississippi State University. Su participación tendrá lugar hoy viernes a las 14.00 horas en el Auditorio Tomás Rivera, localizado en el Edificio Unión de la Universidad de Texas en El Paso. El título de su ponencia es "Hombres con pelotas: Juegos de amor y malquerencia del escritor premiado Jaime Muñoz Vargas".

No está de sobra, para aquilatar el valor de esta ponencia, que el congreso referido es el más importante del mundo sobre literatura mexicana contemporánea.

Doctor por la Universidad de Gales, Cardiff, Harland es una autoridad en literatura española, cuento mexicano y cine español. Ha escrito numerosos estudios sobre litaratura española y mexicana y ha sido ponente en diversos congresos celebrados en Estados Unidos, España y Gran Brataña.

Por su parte, como es público y notorio, Jaime Muñoz es escritor, maestro, periodista y editor. Para los lectores foráneos y extranjeros de esta crónica (saludos a Estados Unidos, Canadá, Alemania, Argentina y España) diremos que Jaime radica en Torreón, en el norteño Estado de Coahuila. Entre otros libros, ha publicado El principio del terror, Juegos de amor y malquerencia, Pálpito de la sierra tarahumara, El augurio de la lumbre, Tientos y mediciones, Miscelánea de productos textuales, Las manos del tahúr, La ruta de los Guerreros, Filius, Salutación de la luz, Quienes esperan y Guillermo González Camarena, habitante del futuro; algunos de sus microrrelatos fueron incluidos en la antología La otra mirada (Palencia, España, 2005).

Ha ganado los premios nacionales de Narrativa Joven (1989), de novela Jorge Ibargüengoitia (2001), de cuento de San Luis Potosí (2005) y de narrativa Gerardo Cornejo (2005). Escribe la columna "Ruta Norte" para el periódico La Opinión Milenio. Reseñas y artículos suyos han aparecido en revistas y periódicos de México, España y Argentina.

Jaime, enhorabuena…

jueves, marzo 01, 2007

Apuntes sobre la identidad lagunera


A cuatro años de la consumación de la independencia nacional, es decir, en 1825, el Partido de Parras, cuya cabecera era la villa de Parras, medía 200 kilómetros de norte a sur, y 348 de oriente a poniente. En esta dirección, el partido llegaba hasta la el río Aguanaval, la Boca de Picardías, y la Boca de Calabazas, punto situado entre lo que ahora es Torreón y Gómez Palacio, y por el cual corría y a veces corre todavía el río Nazas. El Partido comprendía 2 cabildos constitucionales, Parras y Álamo (Viesca), 1 parroquia, 5 vicarías y ayudas, 4 alcaldías constitucionales, 1 villa, 1 pueblo, 6 haciendas, 5 quintas, 3 aldeas, 12 estancias, 35 ranchos.

Para 1825, el Partido de Parras era el remanente delo lo que había sido la vieja “Alcaldía Mayor de Parras, Laguna y Río de las Nazas” cuya cabecera, Parras, fue fundada en 1598. Al territorio de esta alcaldía mayor se le conocía desde 1594 como “Provincia de La Laguna” (así la llamaba Felipe II) o “País de La Laguna”. Con el tiempo, de la original se fueron segregando otras nuevas alcaldías y partidos, pero la de Parras llegó a abarcar prácticamente todo lo que ahora llamamos Comarca Lagunera de Coahuila y Durango.

Las etnias más importantes que habitaron estas tierras fueron, en primer lugar, los aborígenes, a quienes los misioneros jesuitas llamaron “laguneros” precisamente porque su hábitat lo conformaba todo el sistema hidrológico —ríos, lagunas, esteros y charcos— que caracterizaba a la “Provincia de La Laguna”, que precisamente por esa abundancia de agua superficial fue llamada así. Sin embargo, con el paso del tiempo prácticamente se extinguieron, ya por enfermedades, ya por mestizaje. Su cultura era extremadamente primitiva.

Posteriormente, durante el último tercio del siglo XVI llegaron los españoles, y a partir de 1598, los tlaxcaltecas, que fueron invitados a instalarse en Saltillo y en Parras en plan de igualdad con los españoles, e incluso con la concesión de nobleza de sangre para todo el que acudiera. La invitación la extendieron el Virrey Luis de Velasco, el gobernador de la Nueva Vizcaya el capitán Rodrigo Río de la Loza, y por supuesto, la Compañía de Jesús, que recién comenzaba sus actividades misioneras en la región. Posteriormente, durante el primer tercio del siglo XVIII, los tlaxcaltecas de Parras fundaron San José y Santiago del Álamo (Viesca) también como población tlaxcalteca. La española y la tlaxcalteca fueron las etnias cuyas culturas mestizadas forjaron lo que podemos llamar la cultura madre lagunera. Ambas etnias eran profundamente orgullosas, tenían una gran autoestima, y no desdeñaban trabajar con las propias manos, si era necesario. Los tlaxcaltecas nunca padecieron “trauma de conquista” porque nunca fueron conquistados. Se enorgullecían de ser invictos, y a diferencia de los indios del sur, eran francos y hablaban como hombres libres. Seguramente de ahí y de la franqueza española nos viene la franqueza “reforzada” como característica de los laguneros.

Hubo otras etnias que fueron minorías y en gran medida, marginadas socialmente. Es decir, su cultura no llegó a impactar con la fuerza de las que hemos mencionado. Hubo indios purépechas, africanos esclavos y libertos, muchos de los cuales se mestizaron con los indios de bajo nivel social.

Ya para 1825, de acuerdo al censo y estadística levantadas en el Partido de Parras, existía una noción clara de cómo era la gente de toda la jurisdicción. Ya habían pasado 227 años de colonización, y los laguneros del sur de Coahuila (o Partido de Parras) eran percibidos como gente que poseía características propias muy definidas, entre ellos los habitantes de la villa de Parras, del pueblo del Álamo (Viesca), Hacienda de los Hornos y la Hacienda de La Laguna (San Lorenzo).

El censo de 1825 dice que los habitantes de esta región se caracterizan por ser “activos, enérgicos, intelectuales, especulativos, profundos, empresarios, sobrios, fieles, sociales, patricios, generosos, rectos, valerosos, y más que todo, religiosos” (Ver Sergio Antonio Corona Páez, “Censo y estadística de Parras (1825)”, Ayuntamiento de Saltillo y Universidad Iberoamericana Laguna, Torreón, 2000. pp. 43-44).

Las cualidades que se atribuyen a los habitantes de la Comarca Lagunera de Coahuila en 1825, no son nada diferentes de las que mencionaríamos hoy al referirnos a los habitantes de Torreón. Y vaya que el responsable del levantamiento del censo, el Alcalde de Parras y autoridad máxima del Partido, José Ignacio de Mijares, jura por su propio honor decir verdad, no ser originario de esta región y por lo mismo no estar inclinado a favorecer a los comarcanos con una opinión falsa o inexacta.

Se dice pues que los comarcanos estaban llenos de energía y por lo tanto eran activos, eran “empresarios”, es decir, emprendedores; intelectuales y especulativos, pensaban y calculaban antes de actuar. No era de extrañar tras 227 años de impulsar constantemente agroindustrias como la vitivinicultura, siembra e hilado de fibras textiles como el algodón e incluso el lino (ver mapa glosado de Núñez de Esquivel y Dionisio Gutiérrez, 1787). Ya tenían incorporados los hábitos de calcular, buscar la mejor opción, arriesgar en la inversión para buscar la ganancia.

Los comarcanos eran “sobrios” que equivale a austeros, “fieles” y “sociales” es decir, leales y amigables, como quien aprecia a su propia gente en una tierra donde los ataques de indios salvajes son una posibilidad cotidiana; “patricios” y “generosos”, es decir, nobles y magnánimos. Este es un rasgo muy tlaxcalteca. No nos extrañe que en el campo lagunero exista todavía la generosa hospitalidad y el deseo de atender al extraño en necesidad (nobleza de corazón, grandeza de alma), y la costumbre de saludar a los vecinos, por pobres que sean, con el “don” y “doña”, que eran títulos de nobleza.

“Los laguneros también eran “rectos”, “valerosos” (valientes, tenían que serlo para vivir en estas tierras, sin servicios médicos y rodeados de enemigos) y, sobre todo lo demás, “religiosos”. Explicaba en mi libro “La Comarca Lagunera, constructo cultural” la relación directa que existía entre la propia percepción del desamparo y la necesidad de la experiencia religiosa. Dios, la virgen María y los santos eran muchas veces los únicos que podían ayudar a los colonos de estas tierras contra las enfermedades, las mordeduras de serpientes, los piquetes de insectos ponzoñosos, la sequía, el granizo, las dificultades del parto o los ataques de indios. Esta religiosidad “pragmática” no implica que no pudiera darse la madurez cristiana entre dichos colonos. Tanto los españoles como los tlaxcaltecas fueron siempre excelentes cristianos.

En resumen, las buenas características de los laguneros no son nuevas, y a decir verdad, las nuevas no necesariamente son buenas. Es importante que echemos una mirada al espejo del testimonio histórico y entendamos y valoremos nuestras raíces. ¿Podemos honestamente decir que somos como nuestros abuelos?

sábado, febrero 24, 2007

Iguala y la bandera nacional

Hoy, 24 de febrero, muchos recordamos que el verdadero objeto de celebración de este día no era la bandera, sino del plan con el cual se realizó la independencia de México en 1821.

No es que no amemos nuestra bandera. Nos resulta significativa por dos razones: porque es nuestro símbolo nacional, y también porque es la expresión gráfica del plan mediante el cual nos convertimos en una nación libre. Amamos y respetamos a nuestra bandera, pero también amamos y respetamos la verdad.

El Plan de Iguala se proclamó el 24 de febrero de 1821, hace exactamente 186 años. En esa época y dadas las circunstancias políticas en España, los novohispanos se sentían profundamente amenazados en aquello que más amaban, su religión. Insisto, esto era lo que ellos percibían. No es ningún secreto que a México lo mueve la política, pero lo mueve mucho más la religión.

En 1821, el Plan de Iguala garantizaba el ejercicio de la religión católica (blanco) mediante la independencia política (verde). Y para evitar el temor que causaba el recuerdo de las pasadas guerras de independencia, se garantizó también la vida y bienes de todos los ciudadanos, fueran del color o condición que fueran (rojo). Es decir, los hombres de todas las etnias nacionales serían iguales ante la ley y se respetarían sus derechos y haberes. En esto Iguala superó a los Estados Unidos, ya que en México no habría esclavos.

Este plan proponía continuar bajo el sistema monárquico que existía desde los emperadores Mexica y posteriormente bajo los Austrias y Borbones. Nada de extraordinario tenía. Pero no sería una monarquía despótica ni absoluta, habría división de poderes y una constitución. Es decir, la modernidad de los grandes pensadores ingleses y franceses del siglo de las luces iluminaba este plan.

La verdad es que Iturbide representaba un enorme peligro para los intereses de los Estados Unidos. Había sido un magnífico e invicto militar, en México contaba con una popularidad verdaderamente universal, y nuestra nación lo consideraba un agente de la Providencia Divina, como lo proclaman las monedas de su época, y por todo esto se le había elevado al rango de emperador, con la firma y beneplácito de Valentín Gómez Farías, entre muchos otros liberales.

A los políticos estadounidenses les alarmaba la similitud que parecía existir entre Iturbide y Napoleón, quien apenas se esfumaba de la escena política internacional. Alejandro de Humboldt ya les había advertido en su “Ensayo Político” que, en las circunstancias adecuadas, México sería un rival imparable. Con mayor población, mayores recursos, mayor territorio y una mano firme que guiara, México estaba llamado a dominar la economía continental, no los Estados Unidos.

No es ninguna casualidad que a unos cuantos meses de la caída de Iturbide y de la derogación del Plan de Iguala y Tratados de Córdoba, en ese mismo año de 1823, el presidente Monroe hubiese declarado unilateralmente el “protectorado” de latinoamérica por los Estados Unidos. Las antiguas colonias españolas resultaban ahora ser del interés de los Estados Unidos, y “nadie” estaba autorizado a “meterse” con ellas. Latinoamérica sería para los norteamericanos.

Y como parte del “paquete de protección” entraba el rechazo de los Estados Unidos a cualquier forma monárquica o aristocrática en Latinoamérica. Era bien sabido que en los sistemas monárquicos, las casas reinantes formaban lazos de sangre y de lealtad con las casas con las que se enlazaban por matrimonio, y que esto se podía traducir en ayuda militar contra los Estados Unidos. Este país declaró que le interesaba que en Latinoamérica floreciera el sistema republicano, ya que era mucho más manejable una república que una monarquía, por las razones que he explicado.

Y me siento apenado al decirlo, pero apenas a meses de la declaración estadounidense, México se convirtió en república y adoptó una constitución casi idéntica a la de los Estados Unidos. No me apena que haya tomado la forma republicana, sino las razones por las que lo hizo.

Realmente se ha minimizado casi totalmente el valor que tuvo Iturbide para nuestra nación, acusándolo, como en su tiempo lo hicieron con Napoleón, de incongruente, oportunista y advenedizo al trono. Pero suponiendo —sin conceder— que lo hubiera sido, sus servicios para nuestra patria fueron inmensamente mayores y perdurables.

En lo personal, yo no milito en ningún partido político ni me interesa pertenecer a ninguno. Tampoco soy un clerical. Al clero lo respeto, pero me mantengo a una sana distancia. Al escribir lo hago sin pasiones ni consignas partidistas, sino con la mirada del historiador, del académico que está muy por encima de esas cosas. Es simple el asunto: la historia es aquello que ocurrió y dejó huella documental, nos guste o no, nos convenga o no. No podemos cambiar la verdad histórica por otra hecha a nuestra medida y para nuestros propósitos o gustos.

miércoles, febrero 21, 2007

Museos responsables

Los grandes museos exhiben valiosos objetos tridimensionales con los cuales constituyen lo principal de sus colecciones. Se trata, en la mayoría de los casos, de objetos originales. Estos objetos suelen estar insertos en un contexto museográfico que les da sentido, y que los hace inteligibles al visitante.

Estos objetos son únicos e insustituibles, y los museos son responsables por la preservación de los originales que albergan.

Por ningún motivo, ni siquiera por motivos de ingreso económico, un museo debe aplicar a sus visitantes reglas diferentes: los objetos que conforman las colecciones no deben ser tocados sino por los restauradores (y eso, debidamente equipados) sea quien sea el espectador, o la edad que éste tenga, o el ingreso que éste pueda representar para la institución.

Es más que sabido que todo ser humano porta gérmenes en sus manos. Nuestra piel actúa como “guante” de protección contra los gérmenes. La piel en conjunción con nuestro sistema inmunológico nos mantiene sanos e inmunes.

Al tocar con las manos desnudas una antigüedad como una pintura o un mueble, le transmitimos los gérmenes que portamos. Nunca debemos olvidar que muchos objetos antiguos tienen componentes orgánicos que son susceptibles de menoscabo o deterioro ante el embate de dichos microorganismos vivos y activos. Un óleo tiene como base un lienzo de origen vegetal, sobre el cual se aplicaron pigmentos de origen mineral en una base de aceite vegetal (ordinariamente de linaza). Por lo general, tiene un bastidor y un marco de madera.

En fin, los museos deben asumir en serio las reglas que deben imperar en todos ellos. Por ningún motivo se debe permitir que los visitantes toquen las obras exhibidas con las manos desnudas. Los visitantes seremos los primeros en agradecerlo.

martes, febrero 20, 2007

468 emisiones de "Tribuna"

Bajo un firmamento primaveral, anoche se llevó a cabo una deliciosa velada en la explanada del centro cultural José R. Mijares. ¿El motivo? Pues nada menos que la celebración del noveno aniversario de “Tribuna”, programa radiofónico de entrevistas en Radio Torreón.

A lo largo de 468 emisiones del programa, la Lic. Sofía Enríquez Muñoz ha estado a cargo del mismo, entrevistando a todas aquellas personas que por su trayectoria o relevancia en los diversos ámbitos del quehacer humano, resultan de significativo interés al radioescucha lagunero.

Evidentemente, tras nueve años de existencia ininterrumpida y 468 emisiones, “Tribuna” representa un completo éxito de Sofi Enríquez y de Radio Torreón. Enérgica, creativa, emprendedora y muy comprometida, Sofi se desempeña actualmente como directora de relaciones públicas del Consulado Honorario de España en Torreón.

Muchas otras personas se dieron cita para acompañar y felicitar a la Lic. Enríquez. Pudimos saludar a Gaby Nava, titular de la Dirección Municipal de Cultura, a José Antonio Lamberta (jovial, como siempre), a Nancy Ramírez, al Cónsul Honorario de España, Carlos González Castañón, a su tocayo, Carlos Castañón Cuadros y a muchas otras personalidades.

El toque artístico-musical de la velada lo proporcionó el ballet folklórico “Nazas” con la interpretación de tres bailes de diferentes regiones del sur de México. Las señoritas bailaron con derroche de gracia y simpatía, los jóvenes, con alegría y enérgico talento.

El cierre de esta velada lo constituyó el obligado brindis. Un sinfín de nuevos éxitos deseamos con sinceridad para la Lic. Sofía Enríquez.

lunes, febrero 19, 2007

Presentación cancelada

El Lic. Armando J. Guerra Guerra, Director General del Instituto Coahuilense de Cultura, me comentó en su momento las razones por las cuales no se presentaría en esta ciudad, ni hoy ni mañana, el libro “Pancho Villa. Una biografía narrativa” de Paco Ignacio Taibo II.

Son estas razones ajenas al propio ICOCULT y queda en espera la posibilidad de efectuar dicha presentación, que sería la segunda de esta obra en nuestra ciudad.

Algo rescatable de este evento fallido consiste en los materiales revolucionarios que, como presentador e investigador, yo tenía listos. Eran una sorpresa para nuestra ciudad. Pero como miembro que soy de la Comisión Organizadora de la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución Mexicana, prefiero proponerlo como un proyecto a realizar desde el interior de esta comisión.

viernes, febrero 16, 2007

De etnias torreonenses

Mucho me temo que hay laguneros que insisten en convertir a Torreón en el anacrónico santuario de la xenofilia, o dicho en castellano cotidiano, del malinchismo.Se ha generalizado el término “etnia” como si se refiriera exclusivamente a los grupos extranjeros.

Según nuestro Gran Diccionario Usual de la Langua Española, y transcribo “Etnia: conjunto de personas que comparten un mismo idioma, una religión, una cultura y un origen propios”. Es decir, los mexicanos católicos que hablamos castellano y que compartimos una manera de ver la vida, constituimos una etnia. O si prefiere un criterio más estrecho, los viejos pobladores españoles y tlaxcaltecas constituían dos etnias fundamentales en el proceso de poblamiento de la Comarca Lagunera.

Nada tengo contra los extranjeros o contra sus descendientes. Dos bisabuelos míos vinieron a México como inmigrantes. Mi suegra es de nacionalidad española. Tengo muchos amigos extranjeros. Pero no se puede tolerar un error tan garrafal como es el pensar que debemos celebrar las “etnias” y que éstas son exclusivamente “extranjeras” porque entonces asumimos que los mexicanos no tuvimos mérito alguno en la formación de nuestra comunidad torreonense.

Hasta los más pobres campesinos de La Comarca pueden proceder de linajes de cientos de años, linajes cuyos miembros lucharon incontables veces contra los salvajes y que occidentalizaron esta región al colonizarla.¿A ellos, que llevaron el peso de la conquista, colonización y configuración de nuestra Comarca Lagunera, a ellos no los vamos a recordar? Españoles, tlaxcaltecas, mexicas, tarascos, negros de Guinea, todos ellos contribuyeron a forjar nuestra realidad actual.

Los mexicanos nos sentimos orgullosos de ser quienes somos, y festejemos en este primer centenario de Torreón nuestro común origen, junto con todos los laguneros que no tienen la dicha de proceder, como nosotros, de aquellos bravos conquistadores que nos legaron una patria. Todos somos torreonenses, celebremos todos hombro con hombro, en paz y armonía, con mucho orgullo, sin menospreciar a nadie.

miércoles, febrero 14, 2007

San Valentín y el místico Sufí

En Torreón, como en muchos otros lugares del mundo, el 14 de febrero, día de San Valentín, ha sido dedicado a celebrar el amor y la amistad. Por el volumen de las ventas de este día, supongo que dicho santo debe ser el patrono de los comerciantes.

Sin menospreciar el maravilloso amor erótico, me interesa mencionar un tipo de amor de cuyos efectos no somos los primeros beneficiarios. Este es un amor trascendente.

Se trata del amor que han saboreado los místicos de todas las épocas y de todas las religiones. Han llegado a probar de manera experiencial, la naturaleza misma de la Divinidad. Como decía San Juan Evangelista, “Dios es amor”.

Los místicos que han gozado de semejante dicha, han comprendido la vanidad de las ideologías frente a la riqueza abrumadora de la experiencia de Dios-amor. Iluminados, han comprendido que el ser humano se ha creado barreras ideológicas que lo enemistan de manera artificial de los demás seres humanos.

Por esta razón, místicos como San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Ávila eran vistos con sospecha por la Inquisición Española. Sabían que la Verdad era una Persona, no una doctrina, filosofía, institución o dogma.

Cuando Jesús —que en cuanto humano, es el mayor místico que haya existido— dijo que sus discípulos serían reconocidos por el amor que se profesaban, sentó las proridades del Reino. Los discípulos no serían aquellos que sostuvieran tal o cual doctrina, sino los que se amaran entre sí, no de palabra, sino de obra.

Jesús mismo dio la pauta de lo que esto significaba cuando dijo “nadie ama más que aquél que da su vida por sus amigos”. Evidentemente hablaba de sí mismo, pero también estaba poniendo el ejemplo a seguir.

Se puede dar la vida por los amigos en un campo de batalla, en un solo acto de extraordinario heroísmo. Pero no menos gallardo resulta dar la vida en favor de los amigos y hasta de los enemigos, gota a gota, en cotidiano servicio, anónimo. y callado.

Solo los místicos han sido capaces de anonadarse hasta el punto de renunciar a su propia opinión, por amor. Son ellos quienes marcan el camino del verdadero y respetuoso entendimiento entre culturas y naciones.

Decía Ibn Arabí, místico sufí, andaluz que vivió en los siglos XII y XIII

“Mi corazón se tornó capaz de todas las formas: es pasto para las gacelas, convento para los monjes cristianos, templo para los ídolos, la Kabba del peregrino, las tablas de la Ley (mosaica) y el Libro del Corán. Mi religión es la religión del amor. Sea cuál sea el camino que sus camellos escojan, esta es mi religión y mi Fe.”

domingo, febrero 11, 2007

Cuestión de dignidad

Casi no hay día en que no leamos en los diarios que uno o varios mexicanos han muerto al tratar de cruzar la frontera norte, en búsqueda de mejores condiciones de vida.

Muchos de estos compatriotas mueren por los terribles riesgos a que ellos mismos se someten. Tratan de cruzar a pie el desierto del sudoeste estadounidense, o bien se encierran en transportes herméticos en los cuales muchos perecen sofocados.

Pero muchos otros son cazados como animales, por simple deporte. Piense el lector que en los Estados Unidos hay leyes de protección a los animales, y que los mexicanos ni siquiera alcanzan el beneficio de esa ley. Nuestros connacionales mueren para “diversión” de los agentes fronterizos norteamericanos.

La verdad, eso no me sorprende. Sabemos que muchos estadounidenses gozan de manera enfermiza por medio de la agresión a nuestro país o a nuestros ciudadanos. La historia de las relaciones y los incidentes bilaterales no me dejará mentir.

Lo que verdaderamente me sorprende, es que los mexicanos nos hayamos acostumbrado a que nuestros ciudadanos sean tratados peor que animales. Hemos perdido la capacidad de indignación y de asombro. Y dadas las circunstancias, me resulta difícil explicarme porqué los mexicanos seguimos consumiendo bienes y servicios de un país que maltrata a nuestros connacionales.

En nuestra ciudad es muy usual que los señores y señoras de recursos vayan a Houston u otras ciudades a consultar a los médicos. ¿Habrán pensado alguna vez qué sienten esos médicos por los mexicanos? Yo lo pensaría dos veces antes de ir al quirófano y ponerme en sus manos. ¿Y si resultaran ser miembros del Ku Klux Klan u otra fraternidad racista?

No se trata de romper relaciones políticas o comerciales con los Estados Unidos, sino de hacernos respetar como seres humanos y como ciudadanos de un país libre. La falta de garantías para los mexicanos que se internan ilegalmente en los Estados Unidos es un verdadero ultraje para nuestra dignidad nacional y personal, cualquiera que sea nuestro nivel de ingresos.

viernes, febrero 09, 2007

Boda Zermeño Infante - Casale Frausto

Muy discretos han sido los preparativos para la boda del Jorge Zermeño Infante, Presidente de la Cámara de Diputados, con Astrid Casale Frausto, conocida conductora de televisión. Esta boda está programada para la noche de hoy viernes, aquí en Torreón.

Ciertamente se trata de un acontecimiento que ha generado muchos comentarios a nivel nacional. A esta boda se le han querido atribuír todo tipo de significados, y sin duda alguna, se trata de un evento social al que los inconformes —que nunca faltan— han sugerido diversas lecturas políticas.

La verdad es que Jorge Zermeño Infante, ex alcalde de Torreón por el PAN, es una persona muy querida y respetada en nuestra Comarca Lagunera, y eso es lo que cuenta para los torreonenses. Si es o no el Presidente de la Cámara de Diputados, o el Coordinador de la bancada del Partido Acción Nacional, realmente no es importante para nuestra ciudadanía. En Torreón, la calidad humana pesa más que la importancia social, política o económica. Se respetará su derecho a la privacidad.

Se espera que a este enlace matrimonial acuda como testigo el Presidente de la República, Felipe Calderón ya que existen lazos de fuerte amistad entre ambos políticos. Y será la segunda ocasión en que Felipe Calderón visite nuestra ciudad por motivos sociales. La vez anterior —el 23 de septiembre del 2006— estuvo aquí para apadrinar en bautismo María Teresa, hijita del senador Guillermo Anaya Llamas y de Mayté Aguirre, su esposa. Anaya Llamas también fue alcalde de Torreón por el PAN.

jueves, febrero 08, 2007

Historia e identidad futbolera

Quizá una de las sensaciones vitales más intensas que un historiador pueda gozar se origina en el ejercicio del poder que ha adquirido para traer a la luz la visión de realidades del pasado y de las cuales muchas veces no ha quedado la menor huella ni recuerdo, excepto por los documentos que las atestiguan.

La eficacia de este poder para crear a través de la narración no es independiente de las fuentes ni del historiador, ya que los documentos son como guitarras: requieren del intérprete que las incite para hacerlas emitir melodías acordes a la capacidad técnica, creatividad y talento de quien las pulsa. La música proviene tanto del instrumento como del intérprete, y nada lograríael uno sin el otro. Es decir, el pasado no se encuentra en el documento. El pasado ya no existe. Todo lo que ha quedado es el testimonio en el papel, y su significado no es evidente para quien no estéperfectamente familiarizado con la cultura, lugar y época de los que procede.

Como virtuoso, el historiador pone orden y concierto donde otros sólo pueden ver viejos papeles sin relación ni sentido. En su mente indagadora existe una piedra de toque que es a la vez hilo conductor, una hipótesis de trabajo que le lleva a investigar, a construir su propia aportación al conocimiento del pasado. Por ello la analogía: la recuperación histórica implica la existencia del instrumento documental tanto como la del virtuoso que sepa explicar la fenomenología social del pasado planteando las hipótesis con mayor fundamento y lógica.

Desde luego, el oficio de historiar requiere de una mente crítica, vasta y exquisitamente educada, y, sobre todo, curiosa y libre de ingenuidad. Los documentos disponibles son ecos, son testimonios de sociedades que no son las nuestras, aunque aquéllas hayan existido en el mismo hábitat que ocupamos al presente. Por lo tanto, dichas sociedades deben ser objeto de estudio hasta llegar a la erudición.

Un magnífico caso a estudiar sería el de la Comarca Lagunera. Como historiador, no deja de llamarme poderosamente la atención el hecho de que la espacialidad regional es prácticamente la construcción consensual de una sociedad que se proyecta y afirma sobre cierto hábitat. En este sentido, la Comarca Lagunera puede tener muchas historias, si consideramos cómo se pensaron a sí mismas y se proyectaron las sociedades que la han habitado.

Por ahora existe una marcada tendencia local a considerar la historia de La Laguna como si fuese la historia de Torreón. De alguna manera, el regionalismo lagunero busca desligarse de los lugares comunes, tanto políticos como históricos. Nuestra sociedad no aspira a concebirse inserta en la dinámica de un fenómeno de larga duración que explique su mentalidad de trabajo como una característica forjada a través de siglos de historia común, neovizcaína o europea. Al contrario, reclama para sí y desde sí de manera particular en ciertos estratos sociales el mérito y el prestigio de una comunidad que se ha creado a sí misma de la nada.

El ejercicio acrítico de esta actitud exclusivista y mutilante ha empobrecido nuestra percepción histórica de la regionalidad y tiende a debilitar nuestra autoestima al atribuir exclusivamente a los extranjeros las cualidades de fortaleza, visión empresarial y capacidad para el trabajo duro. En consecuencia, muchos insatisfechos miran hacia los Estados Unidos u otras naciones y grupos étnicos del presente o del pasado en búsqueda de identidad y autoestima: si pudieran escoger, serían estadounidenses. Para muchos otros, la selección nacional de futbol genera más identidad y cohesión social que nuestra propia historia. Y por desgracia, nuestra selección nacional no siempre hace un buen papel.

lunes, febrero 05, 2007

Franciscanos y jesuitas en Torreón

Este año, Torreón cumple su primer centenario como ciudad. Pero también hay dos órdenes religiosas que están celebrando aniversarios: la de los franciscanos, y los jesuitas.

Los franciscanos, cuyo nombre oficial es el de Orden de Hermanos Menores u "Ordo Fratrum Minorum" llevan el postnominal "OFM" tras sus nombres personales. Al igual que los jesuitas, pertenecen al clero regular, es decir, a aquel sector de religiosos que se agrupan en torno a una régula o regla que los rige, a diferencia del clero secular o diocesano.

Como su nombre lo indica, el fundador de la Orden fue San Francisco de Asís, en el siglo XIII, ya que su regla fue aprobada por Inocencio III en 1209.

Los franciscanos llegaron a Nueva España en 1524. Durante el siglo XVI sostuvieron misiones en la Nueva Vizcaya, las cuales pasaron a depender de los sacerdotes diocesanos a mediados del siglo XVII.

En Torreón, que es una ciudad joven, cumplen 50 años de activa y filantrópica presencia. Esa edad tiene el templo franciscano de San Felipe de Jesús, que hoy celebra sus bodas de oro.

Los jesuitas son los miembros de la orden que lleva por nombre oficial Societas Iesu. Esta Orden fue fundada por el noble soldado y místico español San Ignacio de Loyola. El nombre quería indicar con claridad que esta sería una compañía de milicia espiritual bajo las órdenes de Jesús. Paulo III aprobó su existencia en 1540.

Los jesuitas pasaron a Nueva España en 1572, y a la Provincia de La Laguna en 1594, con licencia de Felipe II. Siempre tuvieron un especial carisma para la docencia.

En 1767 fueron expulsados de todos los dominios españoles. A Torreón llegaron en 1932, cuando quedó a su cuidado la iglesia del Carmen, ahora catedral. Posteriormente se hicieron cargo de la primaria, secundaria y preparatoria "Carlos Pereyra" y de la Universidad Iberoamericana Laguna.

Nuestras sinceras felicitaciones a los miembros de ambas instituciones religiosas.

sábado, febrero 03, 2007

Arte regional: El "señor Santiago" de Viesca

Santiago Matamoros era el nombre con que los españoles de la reconquista identificaban al venerado apóstol gallego transfigurado en guerrero que luchaba contra los musulmanes. Santiago Matamoros y su no tan honorable versión americana, Santiago Mataindios, fueron innovaciones añadidas a la imaginería popular del arte novohispano. Dondequiera que hubiese peligro de enfrentamientos con los indios belicosos, Santiago era un poderoso patrono. Es muy significativo que su emblema fuera precisamente la cruz-espada.

En San José y Santiago del Álamo (Viesca) se conserva una imagen del señor Santiago, que junto con san José, era el titular de la vicaría dependiente de la parroquia de Parras. Es de llamar la atención que si san José era el patrono de los moribundos o de la buena muerte, Santiago era el patrono de los guerreros. A partir de sus santos titulares, la vicaría perfilaba claramente para sus feligreses la expectativa de vida de lucha, o en su defecto, la de una buena muerte. Esto era particularmente importante si se toma en cuenta que las partidas de indios belicosos arremetían y asesinaban de improviso, sin que las víctimas tuviesen acceso a los últimos sacramentos. Esta era una clase de muerte documentada innumerables veces en los archivos parroquiales de lo que ahora es la Comarca Lagunera.



Es muy elocuente el óleo del apóstol Santiago que se venera en la parroquia de Viesca, la antigua San José y Santiago del Álamo, en Coahuila. Este es un cuadro del siglo xviii, neoclásico por la escuela a la que pertenece, popular por el pincel que lo realizó. En un ambiente de gran serenidad, el apóstol-jinete carga y arrolla a un resignado moro. Santiago porta en la mano izquierda un estandarte que ostenta la cruz a que dio nombre, y con la derecha blande una espada a punto de dar el golpe. El apóstol mira de manera extática hacia el cielo. Es evidente que esta representación enseñaba que combatir a los infieles era un acto de obediencia, de comunión con Dios. El moro, que por su calidad de gentil o incrédulo no podía gozar de la visión beatífica, mira hacia el jinete, que era como la manifestación y poderoso instrumento de un Dios al que no podía gozar, pero sísufrir. Solamente el caballo mira hacia el espectador con una mirada racional, casi humana.

jueves, febrero 01, 2007

Amigos

Tengo amigos judíos, y no soy judío;

Tengo amigos sacerdotes, y no por ello soy cura;

Tengo amigos norteamericanos, y no soy gringo;

Tengo amigos protestantes, y yo soy católico;

Tengo amigos ateos, y yo soy creyente.

Si tengo un amigo socialista, ¿soy de izquierda?

La diversidad cultural de mis amigos habla solamente de mi capacidad de respeto por el otro.

martes, enero 30, 2007

La madre hacia 1900

Si por mentalidad entendemos la manera como una sociedad percibe la realidad en cierto lugar y época, y también la manera como expresa esta percepción, entonces mostraremos lo que significaba la madre en la Comarca a principios del siglo XX. ¿Cuál era la imagen representativa? ¿Cuáles eran aquellos rasgos y valores que distinguían a la madre? ¿cómo debía relacionarse una persona con su madre?

Para ilustrar esta manera de percibir y de expresar, presentamos una imagen que ya en su época fue catalogada como arquetípica de la figura de la madre. También transcribimos el pensamiento infantil probablemente una recitación escrita por un niño de primaria en su diario de escuela por propia iniciativa, y que corresponde en lugar y tiempo con la fotografía.



"Ciertamente adorada mamacita, no has pensado en que mi pluma está aún entorpecida para expresar, con exquisito tino y de un modo discreto y elocuente, el inmenso cariño que se siente por estos seres a quien tanto amamos y de quien toda entera es nuestra vida.

Sí, para hablar de las madres es preciso ponernos de rodillas y adorarlas, contemplarlas cual ángeles del cielo en su excelso y grandioso paraíso. Y como a Dios en su divino trono, con profundo respeto venerarlas.

Besar sus frentes límpidas y puras, llegando en nuestro amor hasta el exceso de ofrendarles la fe de nuestras vidas, con ellos nuestra alma en cada beso.

Grabad con sangre exenta de pecado la dulce imagen siempre idolatrada de la mujer que, al darnos la existencia, nos dio con ella la mitad de su alma.

Y aquellas que reposan en la tumba y hayan dejado su misión cumplida, pongámosles las flores que en nuestra alma regaron con el néctar de su vida.

Ya veis, queridos condiscípulos, cuánto vale ese inmenso tesoro incomprendido, ese raudal de amores sacrosantos. Vivas les damos nuestros tiernos besos; muertas, el fuego venturoso en que se inflama el casto amor de su cariño santo".

lunes, enero 29, 2007

¿Regreso del transporte eléctrico?

En vista de los recurrentes problemas de transporte público a base de camiones de motor de explosión de diesel o gasolina, sería conveniente recordar que uno de los sistemas más efectivos que han funcionado en la Comarca Lagunera fue el de los tranvías eléctricos. Su nombre legal era Ferrocarril eléctrico de Lerdo a Torreón porque, de acuerdo a la ley entonces vigente, un tranvía que se desplazara entre dos entidades federativas (Durango y Coahuila) era un ferrocarril. El tranvía eléctrico era uno de los sellos de la modernidad de la Comarca Lagunera, ya que el circuito Lerdo-Torreón estuvo entre los tres primeros que se establecieron en México.

Los recorridos del tranvía en la zona urbana en 1908 eran de la siguiente manera. Desde el 1 de abril hasta el 31 de agosto la circulación comenzaba a las cinco y treinta de la mañana. Del 1 de septiembre al 31 de marzo, comenzaba a las seis. Los tranvías salían simultáneamente de Lerdo hacia Torreón y de Torreón hacia Lerdo.



Continuaban saliendo a intervalos de quince minutos hasta las ocho y treinta de la noche. A partir de esa hora, salían cada 35 minutos. A las once y quince de la noche, todos los tranvías de las corridas ordinarias debían estar guardados en su estación de Gómez Palacio, Durango. Había una corrida extraordinaria (costaba el doble) que salía a las once y quince de la noche de Gómez Palacio hacia Torreón, de donde volvía a las doce de la noche hacia Lerdo, y desde ahí volvía para finalizar en Gómez a las doce y cuarenta y cinco de la noche.

El Ferrocarril Eléctrico de Lerdo a Torreón tenía en 1908 servicio de primera y segunda clase. De Lerdo a Gómez Palacio el pasaje de primera clase costaba 12 centavos, y el de segunda, seis. De Gómez Palacio a Torreón costaba otros doce centavos en primera clase, y seis en el servicio de segunda. De Lerdo a Torreón se viajaba en primera clase por 24 centavos. Si se viajaba a puntos intermedios, se cobraba la mitad de la tarifa.

El Ferrocarril Eléctrico de Lardo a Torreón contaba con 4 circuitos. Los tranvías del primer circuito salían de la calle Ramos Arizpe, continuaban por la avenida Hidalgo, daban vuelta en la calle Treviño y volvían por la avenida Matamoros. Los del segundo circuito salían de la calle Ramón Corona, continuaban por la avenida Matamoros,daban vuelta en la calle Ramos Arizpe y volvían por la avenida Hidalgo. El tercer circuito comenzaba en la calle Ramos Arizpe, continuaba por la avenida Hidalgo, doblaba en la calle Galeana y volvía por la avenida Matamoros. El circuito cuatro iba de la calle Ramos Arizpe a la metalúrgica (Peñoles).

domingo, enero 28, 2007

Secuelas del comer

Según las estadísticas recientes, Coahuila es el estado de la federación que ocupa el primer lugar en casos de enfermedades asociadas positivamente a la obesidad.Es decir, que nuestro estado ocupa el primer lugar en problemas médicos de "gorditos" y "gorditas" de la República Mexicana. La verdad es que la obesidad se ha vuelto un verdadero problema en muchas de las regiones del planeta que cuentan con un poder adquisitivo relativamente mayor. Un caso claro es el de los Estados Unidos, donde el constante y significativo incremento del número de casos de obesidad tiene alarmados a los médicos.

¿Por qué hay un incremento considerable en el número de obesos? Sin duda alguna, los cambios en la relación entre la ingesta y consumo calóricos del género humano han generado, al menos en parte, estos resultados tan inconvenientes.

Los cambios han sido cuantitativos: la gente puede comer más. Esto es verdad, ya que los seres humanos de otras épocas comían sin llegar a la plena satisfacción. Faltaba comida y sobraba trabajo. En un mundo básicamente rural y agropecuario, los campesinos trabajaban siete días a la semana. Su eficiencia de producción de alimentos para el autoconsumo o la comercialización no era la nuestra, porque no contaban con variedades mejoradas como lo hacemos nosotros, ni con otros elementos de capital, fertilización, mercadotecnia, etc. Comían menos y trabajaban más.

Los cambios también han sido cualitativos: las zonas urbanas son más numerosas y mucho más grandes que antaño. El tipo de trabajo físico que demanda la vida en la ciudad no es comparable al que se realiza en el agro. La vida laboral del asalariado citadino se ha reglamentado, se ha domesticado con la semana de número reglamentario de horas de trabajo y con otras prestaciones que la han vuelto relativamente cómoda y bien remunerada. Hay tiempo para el ocio y dinero para disfrutarlo. En este contexto, comer es una diversión moderna, tan moderna como los torreonenses y su tradición de desayunar, comer o cenar fuera de casa, costumbre que les ha ganado la fama de manirotos.

Otro elemento de cambio cualitativo consiste en que hoy en día consumimos cosas diferentes a las que comían nuestros abuelos. Pensemos en la cantidad de carne roja que se ingiere en las comidas cotidianas, y cómo este alimento -la mayor parte del tiempo- estuvo ausente de la mesa de nuestros antepasados. Con esta dieta de carnes se han hecho presentes muchas enfermedades degenerativas. Los refrescos gaseosos dulces o "light" y la comida "chatarra" embolsada o "fast" constituyen modalidades de alimentación urbana y suburbana relativamente recientes. Y por si esto fuera poco, nuestras materias primas y productos terminados destinados a la cocina, están llenos de químicos conservadores, hormonas para el crecimiento animal, etc.

Por último, podemos advertir que con los factores mencionados concurre un cambio de mentalidad (ideas socialmente compartidas) en torno al significado y al valor que se le atribuye al acto de comer y al impacto que este hecho tiene en la estética personal vigente. La gente delgada ha estado de moda desde los años sesenta, cuando surgió aquel inolvidable fenómeno mediático llamado "Twiggy". Desde entonces, la humanidad occidental aceptó y adoptó la delgadez como propuesta estética. Desde entonces, quienes no encajan naturalmente en el paradigma de la esbeltez, se han torturado a base de dietas. Han padecido hambre y han comido lo que sea con tal de no ingerir "comida verdadera", todo por no engordar. La gente ha trastocado sus viejos hábitos alimenticios y ha sometido a gran estrés su aparato digestivo y demás órganos. No es casualidad que en esta misma época se hayan incrementado como nunca los casos de bulimia y anorexia. En pocas palabras: de manera paradójica, la obesidad y sus secuelas irrumpen en nuestra vida cotidiana mientras más se le trata de evitar por medio de artificios diferentes al sano equilibrio de consumo y gasto de energía. La enfermedad parece ser el precio de la abundancia.

jueves, enero 25, 2007

Familias centenarias de Torreón: Montemayor y del Canto

Quizá una de las familias de más antigüedad que poblaron el norte de México, sur de los Estados Unidos y por supuesto Torreón, es la que lleva por apellido Montemayor y sus descendientes, originalmente de Montemayor

El apellido se le debe a Diego de Montemayor, cuyos datos permanecen en el Archivo General de Indias, sección de la Casa de Contratación de Sevilla (aduana internacional de España en el siglo XVI). Encontramos que Diego de Montemayor era vecino de Málaga (Andalucía) y que era hijo de Juan de Montemayor y de Mayor Hernández. En primeras nupcias estaba casado con Inés Rodríguez, y ambos pasaron a la Nueva España según registros del 7 de diciembre de 1548. Diego se casó otras dos veces, su segunda esposa fue María de Esquivel, y la tercera, Juana Porcallo y de la Cerda.

Diego fue Alcalde Mayor de Saltillo en 1580. El 5 de abril de 1588 fue nombrado Tesorero de la Real Hacienda y teniente de gobernador y de capitán general desde los ojos de Santa Lucía (Monterrey) hasta Parras y lo demás que había hasta el río Grande y hasta la Laguna. Fue Alcalde Ordinario de Saltillo en 1591, y su escribano en 1593. En 1596 Diego de Montemayor organizó a doce familias de Saltillo para ir a fundar Monterrey.

Estefanía de Montemayor y Porcallo, hija del tercer matrimonio de Diego, se casó con Alberto del Canto, fundador de Saltillo en 1577.

Por su parte, la familia del Canto tenía un remoto origen medieval, pues procedía de María do Canto, casada con Joao Fernandes de Souto Mayor a finales del siglo XIV y principios del XV. Los tratadistas portugueses mencionan que originalmente este apellido era do Kent y que procedía de Inglaterra. Pero lo cierto es que los Do Canto se habían establecido en Guimaraes, en Portugal. Alberto del Canto era retataranieto de María do Canto, y su tío paterno, Pedro Anes do Canto, nacido hacia 1470, era proveedor de las Reales Armadas Portuguesas. Fue tanto el prestigio de los del Canto, que el obispo de Malaca los celebró en verso. Usaban las armas que se ilustran en este artículo. Alberto nació en la villa de Praia, en la isla Terceira, en las Azores, y era hijo de Sebastiao Martins do Canto y de María Dias Vieira, consanguínea del bienaventurado Juan Bautista Machado, mártir jesuita en Japón (1617).



Alberto del Canto y Estefanía de Montemayor tuvieron varios hijos, entre los cuales mencionamos a Miguel de Montemayor. Es de notar que los descendientes de este matrimonio pusieron en primer lugar el apellido Montemayor, en parte porque los problemas políticos entre Portugal y España a finales del siglo XVI lo ameritaba. Por otra parte, en su época tenía mayor rango político Diego de Montemayor que Alberto del Canto.

Muchos Montemayores descienden de Miguel. Y por línea femenina, sus descendientes perdieron, no la sangre, sino el apellido original, y llevan muchos otros apellidos saltillenses y regiomontanos igualmente ilustres, como Garza, de la Garza, de la Garza Falcón, González, de la Fuente, etc. Estos son apellidos muy comunes en Torreón, ciudad poblada con inmigrantes mexicanos y extranjeros.

Alberto del Canto y Estefanía de Montemayor fueron los bisabuelos de Ángela de la Garza-Falcón y Montemayor, casada con José González-de-Paredes y Olea, cuya hija, Josefa González-de-Paredes y de la Garza-Falcón casó con Luis de la Fuente Cabello el 7 de enero de 1710 en Saltillo. Y Tadeo de la Fuente y González-de-Paredes, hijo de este matrimonio, fue el abuelo quinto de mi padre, Félix Edmundo Corona de la Fuente. Un abuelo quinto equivale al abuelo del tatarabuelo. Así, Alberto del Canto resulta ser mi onceavo abuelo. En genealogía, el abuelo primero es el que llamamos ordinariamente abuelo; el bisabuelo es el abuelo segundo; el tatarabuelo es el abuelo tercero, y así sucesivamente.

Pero el caso de este cronista no es algo extraordinario. Me parece que en las ciudades del norte-centro de México pasa como en el País Vasco, los descendientes de los viejos pobladores podrían quedar englobados en veinte familias fundadoras, que sería un caso análogo al de los Parientes Mayores de Vizcaya. Lo que nos hace falta es documentarlo fehacientemente.

Poco nos hemos ocupado de las raíces coloniales de nuestra cultura y de nuestras familias. Un apellido castellano, por muy común que sea, puede ser tremendamente ilustre e histórico, en Torreón, en México o en cualquier parte del mundo.

Agradezco a mi buen amigo Clyde Webb, artista heráldico y caballero Gran Cruz en varias órdenes militares, por su reconstrucción del viejo escudo familiar de los do Canto.

El Archivo Municipal, fuente de conocimiento

El Archivo Municipal Eduardo Guerra de esta ciudad se encuentra participando en el coloquio "Grandes empresas y grupos empresariales en el siglo XX", el cual se celebra en Hermosillo, Sonora, del 24 al 26 de enero de este 2007.

La riqueza de los acervos documentales con que cuenta la sección histórica de este archivo, lo coloca como uno de esos lugares privilegiados de la Comarca Lagunera que deberían ser considerados más como centros generadores de nuevos conocimientos en el ámbito de las ciencias sociales, que en los de la cultura.

Felicitamos a nuestro buen amigo el Lic. Jorge Rodríguez Pardo, Director Actual del Archivo Municipal, por su acierto al impulsar una parte del quehacer del archivo en esta dirección.

Efectivamente, el Lic. Carlos Castañón Cuadros, conocido joven investigador que ha destacado por su dedicación en el campo de las ciencias sociales y por su trayectoria editorial, participa como investigador institucional del Archivo Municipal Eduardo Guerra en el coloquio mencionado.

Carlos sustentará en este coloquio la ponencia denominada "La Compañía del Tlahualilo (1885-1936) . Agroindustria y empresa en el norte de México".

Otras ponencias en este coloquio serán: "La United Sugar Company (1900-1940). Mecanismos administrativos, cambio tecnológico y redes de distribución"; "El grupo alimentario Lala: adaptación y competitividad ante la apertura comercial"; "Bachoco, principal firma avícola mexicana. Historia reciente y respuestas a la apertura"; "Agrícola Tarriba: una empresa hortícola binacional"; "La compañía El Águila, S.A. S. Pearson & Son y el petróleo mexicano"; "El corporativo Proeza. Desarrollo, diversificación e internacionalización". Estas ponencias proceden de instituciones del mayor nivel científico, como son la UNAM, Colegio de México, CIESAS, CIAD, UAS, U. de M., UANL, U. de Valladolid (España).

Entre los ponentes y moderadores se encontrarán los conocidos especialistas en historia económica, doctores Carlos Marichal y Mario Cerutti.

Quizá no sea del dominio público que en estos coloquios de carácter científico, los investigadores proponen, sustentan, argumentan y defienden sus respectivos temas como si fueran exámenes de grado. Esta es la manera de discutir los nuevos conocimientos para evaluarlos, aceptarlos o rechazarlos, e incorporarlos al cuerpo de nuevos conocimientos sobre un tema dado. El consenso de los colegas académicos es fundamental, y la manera de expresarlo es a través de una publicación colectiva. En este caso se trata de lo que será el segundo tomo de Historia de las grandes empresas en México, que publica el Fondo de Cultura Económica y la UANL.

miércoles, enero 24, 2007

Directorio 1905-1906

Ayer martes fue presentado en el foyer del Teatro Isauro Martínez de esta ciudad el "Directorio Comercial e Industrial de La Laguna por Baca y Aguirre. 1905-1906".

El evento contó con el apoyo del Instituto Coahuilense de Cultura, el Patronato de los festejos del Centenario y desde luego, del propio Teatro Martínez.

Este libro constituye una verdadera cantera de documentos de enorme interés para la historia económica, artística y publicitaria de la región, ya que no solamente brinda información de la todavía villa del Torreón, sino que incluye a Gómez Palacio, Lerdo, San Pedro, Viesca y Matamoros.



Este interesante texto facsimilar del original que se conserva en el Museo Regional del INAH nos permite conocer qué tipo de empresas agroindustriales y de servicios existían en la región en dicho período; cuántos comercios, qué giros, cuántos profesionistas y en qué especialidades. Es decir, las páginas de este libro nos proporcionan un vislumbre del tejido o entramado que formaban los medios de producción, los comerciantes y los prestadores de servicios urbanos en una época y lugar dados.

Por otra parte, encontramos una gran cantidad de diseños gráficos para publicitar con eficacia y estética, a criterio de la época. Los nombres de personas físicas, personas morales, direcciones postales y nacionalidades aparecen también consignados.

El texto, editado por el Gobierno del Estado de Coahuila, nos permite asimismo enterarnos, aunque de manera indirecta, cuáles eran las necesidades cotidianas de la época, y de cuál era la retórica publicitaria.

En fin, se trata de un libro que ha adquirido, desde su nacimiento, la categoría de indispensable para el estudio de la historia de nuestra ciudad.

El acto de presentación comenzó a las veinte horas, con el foyer del Martínez completamente lleno, y mucha gente quedó de pie, sin poderse sentar. Hubo comentarios de parte de Gabriel Leal Motola, Silvia Castro de Towns, Ramón Iriarte Maisterrena y Francisco Martínez Pérez.

Tras comentarios y preguntas, hubo distribución gratuita de ejemplares del nuevo libro así como el brindis de rigor.

Como es costumbre bajo la dirección de Claudia Máynez, el evento resultó impecable.

martes, enero 23, 2007

Las fiestas de disfraces

Una toma de Sandoval nos muestra la instantánea de una fiesta de disfraces en Parras de la Fuente, aunque por desgracia, no conocemos el año en que se hizo la impresión fotográfica.



Lo primero que notamos es que se trata de una fiesta de género, es decir, de mujeres. No hay varones presentes. Se trata de una fiesta decente de acuerdo al tono moral de la época. Aunque se tratara de una fiesta familiar, no hay asistencia masculina.

Otra cosa que resalta a la vista, es el concepto que se tenía de disfraz de acuerdo a la imagen. No parece haber ningún intento de representar individualidades famosas reconocibles. No hay una Cleopatra (quizá tenía mala reputación) ni una María Antonieta, si bien una de las damas presentes porta lo que da la impresión de ser una corona. Al parecer, en Parras, en esta época no se tenía tanto interés en representar a los famosos de la historia, cuanto en usar la creatividad, la imaginación y dejar de ser uno mismo, tornarse en una fantasía, en un tipo del costumbrismo. Vemos una aguadora, una gitana, una japonesa con sombrilla, una reina, y otras damas cuyos atavíos evocan personajes literarios.

En épocas dominadas por una rígida moral, las fiestas de disfraces constituían un escape a la férula social. Era una ocasión de escapar del rol que la familia y la clase social le había impuesto de manera perpetua a una dama. De alguna manera se dejaba la propia identidad para ser, por unos instantes, alteridad. Se dejaba de ser uno mismo para convertirse en lo otro, lo no yo. Quizáesas fiestas fuesen catarsis de las que las personas salían fortalecidas para continuar siendo ellas mismas. Estos son temas fascinantes para quienes investigan de manera académica en la historia de las mentalidades, en este caso, de las diversiones socialmente aceptadas en correlación con clase, lugar y época.

lunes, enero 22, 2007

Reina de la sonrisa

Quizá una de las características que todavía singularizan a la Comarca Lagunera es la calidad humana de sus habitantes. A todos nos consta que hay gente que tiene que venir y que efectivamente viene a residir entre nosotros pensando que son los más desdichados seres del mundo, desterrados a un lugar infame en medio del desierto. Todos conocemos la transformación que se opera en esos “desdichados” a medida que se familiarizan con nuestras costumbres y nuestra gente. Y todos hemos visto cómo, teniendo de nuevo que cambiar de residencia después de años, se van llorándole al lugar más hospitalario en que habían vivido: la Comarca Lagunera.

Puesto que Torreón es una ciudad que se formó con emigrantes de México y de todo el mundo, los valores propios de los emigrantes conformaron su cultura: la superación personal, la convivencia pacífica, el respeto al trabajo, la aceptación de la diversidad étnica, la generosidad, la disposición de mantener casa abierta para todos, la disposición a gozar lo bueno que ofrece la vida.

En los años veintes, la Comarca bullía de vida y esperanza. Tenía sus propios motivos para el optimismo, a la vez que se sumaba a los motivos del mundo. La Gran Guerra había terminado, todos querían celebrar. Las “flappers” (las “pelonas”) o chicas independientes estaban de moda y se rebelaban a seguir los modos moralistas victorianos.



Precisamente a esa época pertenece la fotografía que ilustra este artículo. La risa —o mejor aún, su hermana menor, la casta sonrisa— era objeto de concurso entre las señoritas de sociedad. El 31 de enero de 1924, teniendo como fondo coreográfico el espectacular charleston de la celebración de la nochevieja, la Reina de la Sonrisa de San Pedro de las Colonias recibió el diploma que la acreditaba como tal. Se trataba de la señorita María Antonia González García, de 23 años de edad. Era la hija del señor Melquíades González, propietario de “La Gitana”, y de la señora Genoveva García.

Como una buena cantidad de mujeres comarcanas de su época, María Antonia era muy cosmopolita, era una mujer profesionista (había estudiado y ejercía la carrera de “tenedora de libros” o contadora) y sobre todo, era muy alegre. Con el tiempo casó con el asturiano Luciano Fernández Collada y mudaron su lugar de residencia a Torreón, donde María Antonia siguió sonriendole a la vida hasta el día de su muerte en noviembre de 1984. Su hermana, Lydia González García, se casó con otro emigrante, el francés Luis Dugay. De ambas señoras procede una vasta descendencia muy conocida y apreciada en la Región Lagunera.

Como decía, la sonrisa ante la vida corre —literalmente— por nuestras venas. Hemos heredado la afabilidad de nuestros abuelos. Difícilmente exista otra ciudad en México que posea el encanto de nuestra gente.

domingo, enero 21, 2007

La casa de "la francesa"

La ciudad de Torreón, aunque relativamente joven, cuenta con algunos edificios centenarios o casi centenarios. Para nuestra fortuna, existen documentos que nos hablan de los orígenes de algunos de ellos y de quienes los habitaron. De otros, solamente contamos con noticias inciertas o leyendas. Una tercera categoría cuenta con documentos históricos y a la vez con leyendas que los califican y explican a partir de la percepción popular.



Uno de esos edificios que poseen historia y leyendas es el que se encontraba ubicado en la esquina de la calle González Ortega y avenida Allende de Torreón, y es el que ilustra nuestro artículo. El frente, con arcos, miraba hacia la alameda, y los balcones y las caballerizas, hacia la calle. Para mayor referencia, la parte baja de esta casa sirvió muchos años como Oficialía Tercera del Registro Civil de Torreón.

Se trataba de una casa habitación construida por don Eulogio Valdés Barro para su familia la señora Lázara Carrillo de Valdés e hijos en los años finales de la era porfiriana,. Don Eulogio era un próspero hombre de negocios cuya casa comercial operaba bajo la razón social de Eulogio Valdés Barro y Hnos. Comerciantes en ganadería de Torreón, con sucursales en Gómez Palacio, Dgo., en San Pedro y en Matamoros, Coah.

Como cualquier otra casa de la región, ésta conoció épocas de alegría y también de tristeza. De esta casa partió hacia la parroquia del Carmen el cortejo fúnebre del joven Salvador Valdés Carrillo, hijo de don Eulogio y de doña Lázara. La fecha, un lúgubre día de 1920. Hasta aquí llega la historia documentada.

La leyenda le atribuyó a esta casa un oscuro sino. Se decía que en ella había ocurrido una tragedia. Que en alguna fecha incierta del pasado una señora francesa había sido asesinada (Todavía a principios del siglo veinte, el habla popular designaba como francesesa los quienes lo eran por nacionalidad, o bien a las personas que por ser rubios y de ojos claros parecían serlo). Que al tratar de robarla, unos malvados ladrones la mataron a sangre fría sin lograr su cometido. Que desde entonces el alma de la señora penaba por todo lo que había sido su casa. Que la difunta sabía dónde estaban enterrado el oro que buscaban los ladrones y la aparición lo custodiaba noche y día asustando a quien se acercara al sitio.

Otra leyenda relacionada con esta casa no es tan terrible. Se dice que muy abajo de sus cimientos existe todavía un canal embovedado que venía desde el viejo edificio de la aduana (ahora convertido en banco, Juárez y González Ortega), cruza la alameda y sigue hacia el norte. Que a veces lleva agua y que eso explica la terrible humedad de las casas y edificios del rumbo.

En la actualidad subsiste el núcleo de la casa original, aunque dividido y remozado en distintas secciones.

Una visita ilustre en 1926

La fotografía que mostramos fue tomada en 1926 por J. Sosa en la hacienda de Cuba, jurisdicción de Gómez Palacio, Dgo. La instantánea da cuenta de la ocasión en que la familia Faya -propietaria de la hacienda- ofreció un almuerzo al excelentísimo marqués de Berna, ministro del rey Alfonso XIII de España. Este político aristócrata se encontraba de visita en la Comarca Lagunera para conocer de los intereses de la numerosa colonia española en la región, y para enterarse personalmente de la notoria potencia económica de La Laguna. Para ello se organizaron recorridos por las principales haciendas, entre ellas Cuba.



La fotografía nos muestra un grupo de personas entre los que sobresale el marqués mismo, despojado del protocolario saco y los tirantes a la vista, lo cual nos indica que ya había realizado el recorrido por las diferentes dependencias de la hacienda y que se encontraba acalorado. Los otros caballeros, en cambio, conservaron puestos sus sacos y chalecos, porque se trataba de gente ya acostumbrada a nuestro sol y clima.

Las damas lucen el "chemisse" con drapeados y acuchillados de los veintes, pelo corto a la moda. Era la época de "las pelonas". Un fenómeno social muy interesante fue la ruptura que la primera posguerra del siglo XX provocó en las actitudes de las mujeres estadounidenses ante la vida. El nuevo ideal quería mostrar a una mujer que fuera y pareciera independiente, alegre y desafiante. Este ideal estético pasó a las diferentes clases sociales de México, dejando constancia del "escándalo" que provocó la nueva moda en numerosas piezas musicales de la época, como la muy conocida y bailable "Ya llegaron las pelonas".
Otra, cuya letra es citada por Manuel Gamio en The life story of the mexican inmigrant (New York: Dover, 1971) dice "Las muchachas de San Antonio/ son flojas pa´l metate/ quieren andar pelonas/ con sombreros de petate. Se acabaron las pizcas/ se acabó el algodón/ ya andan las pelonas/ de puro vacilón."
Algo que llama la atención en esta fotografía es la amplia gama de actitudes captadas por este documento gráfico, y que van desde la adusta autoridad del patricio hasta la "insolencia" del perro que trata de rascarse sin importarle en lo absoluto la presencia del selecto grupo ni mucho menos la del fotógrafo, quien seguramente -por temor a perder la gráfica- no quiso esperar a que el animal se retirara.

Notemos la coquetería de las posturas y gestos de las damas y las sonrisas entre nerviosas y burlonas de los caballeros, que no saben hasta dónde podrá llegar el animalito en presencia de tan distinguida visita.

El original de esta fotografía fue donada al Archivo Histórico de la UIA-Laguna por el señor Victoriano González Faya.

sábado, enero 20, 2007

Libro sobre historia regional lagunera

En esta ocasión, el cronista cederá la palabra a la Dra. Ana María Rivera Medina, reconocida doctora en Historia de la UNED Bizkaia, en España, la cual ha elaborado una reseña sobre el libro "La Comarca Lagunera, constructo cultural. Economía y fe en la configuración de una mentalidad multicentenaria" de mi autoría. Esta publicación fue editada por la Universidad Iberoamericana Laguna en el 2006 para celebrar ambos centenarios, el de la ciudad de Gomez Palacio y el de la ciudad de Torreón. Este libro se encuentra a la venta en el Archivo Municipal Eduardo Guerra, en la librería del Fondo de Cultura Económica (al lado del Teatro Martínez) y en la propia UIA-Laguna.



Dice así la reseña: "El Dr. Corona continúa en este estudio su productiva investigación en la que despliega su aptitud y habilidad para desentrañar otro aspecto más de la reciente, pero no menos importante, historia de Coahuila, Durango y su entorno: la Comarca Lagunera. Sin duda alguna la experiencia del especialista genera un análisis con un poso (como en los buenos vinos) que ha ido adquiriendo tras largos años de estudio en los archivos mexicanos y más concretamente en el Archivo y Universidad Iberoamericana de Torreón.

La investigación realizada por Corona se centra en definir un modelo de organización del espacio de una zona fronteriza enmarcada, de una parte, por la preexistencia de grupos humanos belicosos e "incivilizados" en términos occidentales; y, por otra, la ocupación del mismo a manos de españoles y tlaxcaltecas. Desde la aparición del estudio realizado por Turner, hemos tenido ocasión de conocer investigaciones que han tratado distintos aspectos de la frontera y de los fenómenos que se producen en torno a ella. El trabajo que reseñamos es un "caso" más de ocupación efectiva de una zona, línea de frontera donde se debatían no sólo los intereses de la propia ocupación, sino también de aquellos relacionados con la Corona española y sus enemigos, los ingleses.

Sin duda alguna la calidad de las fuentes consultadas y el buen hacer profesional se manifiestan claramente a lo largo de un discurso dinámico y sagaz que invita al lector adentrarse en una problemática tan especifica como la que aquí se trata. Resalta la capacidad del autor para hacer de un fenómeno suscitado en una región marginal del imperio español un análisis de claridad meridiana para quienes no conocen el medio natural y humano. Pero a la vez es de destacar cómo el discurso científico bien explicado se convierte en un instrumento didáctico eficaz.

El profesor pone su empeño en que las generaciones presentes, como también las futuras no olviden las raíces. Porque lo que hoy son los mexicanos, coahuilenses o duranguenses, es fruto de los pobladores originarios de la zona, pero también del indudable aporte de los inmigrantes ya sea de otras regiones, o de otros continentes. El autor elabora un análisis de larga duración sobre la intrincada relación entre la fe, la cultura y la economía de los laguneros. Comienza describiendo cómo los primeros pobladores, cazadores recolectores, no concebían el valor de los recursos naturales que tenían a su alcance como medios de producción, a pesar de la escasez del agua y de la existencia de riquezas minerales. De ahí que al llegar los españoles, y sobre todo con el establecimiento de la Compañía de Jesús se genere no solo una revolución productiva, sino un cambio de mentalidad, de forma de ser, de actuar, en suma, un cambio de cosmovisión.

La base de este cambio, dice el Dr. Corona, sólo fue factible por la conjunción de una serie de variables: la expansión de la fé, la educación en nuevos valores y formas de enfrentarse al mundo y, finalmente, la organización de los recursos naturales para lograr una estructura económica que permitiera a la región vertebrarse a las rutas del comercio de la Nueva España. Se observa, por lo tanto, que nuevamente es el comercio, o mejor las rutas comerciales las que permiten a las zonas de frontera, menos favorecidas por las decisiones reales, integrarse no sólo a los mercados, sino también recibir influencias culturales. Sin embargo, esto no hubiese sido posible sin la intervención de colonos aborígenes tlaxcaltecas y españoles que compartían una cultura agropecuaria y que fueron capaces de racionalizar los recursos hídricos existentes.

Surge de esta manera, para el Profesor, el "ser lagunero" en aquellos hombres que se veían a sí mismos como miembros y representantes del nuevo orden establecido. Orden que defenderían de los "bellacos" que atacaban a las propias poblaciones. Tal empeño dio excelentes resultados porque a la postre, y como mérito a la calidad de fronterizos defensores de la "república", el virrey les concede privilegios fiscales sobre la producción vitivinícola. Pero esta identidad se forja también a partir del hecho de que, durante el siglo XVIII y principios del XIX, la mayor parte de la región perteneció a una misma familia, a través de lazos de parentesco.

Así pues a lo largo del siglo XVIII pueblos de indios y vecinos españoles lograron configurar una economía agropecuaria con mano de obra libre y contractual, con el agua como recurso escaso, y como tal rentado, y con un comercio activo gracias a encomenderos (gestores de negocios) y arrieros. La vitivinicultura primero y el algodón después se elevaron, como ya demostrara el Doctor en otras de sus excelentes investigaciones, a la categoría de actividad económica dinamizadora para la región. A lo largo de los siglos, la comarca fue adquiriendo diversas cotas de seguridad en relación al exterior, a su interior, y cómo no, en relación a sus necesidades espirituales. Las rentas de la tierra sirven entre otras cosas para alcanzar cierta seguridad espiritual, a través de censos, capellanías, cofradías y obras pías, que a su vez se traducían en prestigio social, y según Corona Páez, en una suerte de distribución de la riqueza.

La vitivinicultura y más tarde la industria algodonera marcan dos momentos distintos y evidentes para el Profesor Corona: el primero permite la organización del espacio y la estructuración de unidades agrícolas; el segundo constituyó un modelo de producción encaminado al desarrollo capitalista sostenido con la constitución de sociedades mercantiles. Sin duda, el algodón dio paso a una potente actividad económica lagunera. Pero también el profesor demuestra cómo con el transcurso del tiempo la pequeña y mediana propiedad se fue perdiendo en beneficio de los grandes latifundios.

El Dr. Corona analiza cómo la consolidación del latifundio originó un fuerte problema social y económico en la Comarca Lagunera. La permisividad de los terratenientes admitiendo asentamientos en sus propiedades generó el temor de los titulares por la integridad patrimonial. La tensión social incrementada con la participación de grupos liberales mexicanos y norteamericanos concluiría, alude el estudioso, con la redistribución de la tierra y la fundación de nuevas villas y ciudades, como fue el caso de la ciudad de Torreón.

Así pues el Dr. Corona elabora, en lo que podemos considerar la primera parte de su estudio, un análisis de larga duración a través del cual demuestra como la común unión de los intereses humanos, los recursos naturales, los medios de producción y la necesidad de ser y consolidar el lugar en el que se vive configuran una mentalidad especial en los habitantes de la Comarca Lagunera.

No conforme con el análisis realizado, con buen ojo de cientista social, el investigador indaga en lo que nosotros consideramos una segunda parte, la configuración del universo tlaxcalteca y español. Los tlaxcaltecas dotados de un sentido de la oportunidad no tardaron en aliarse a los españoles y colaborar en la ocupación de esta zona del norte novohispano. Su condición de hidalgos y en consecuencia su calidad de hombres libres les permitió adquirir tierras, producir vinos y beneficiarse a tal punto que hasta llegan a constituir capellanías. Por su parte los españoles se asentaron en la región, mediante el otorgamiento de mercedes reales, y estructuraron una economía basada en la producción agropecuaria.

Muy pronto españoles y tlaxcaltecas se aunarían en una tarea común: la vitivinicultura; aunque con el tiempo los primeros lograrían imponerse numéricamente. Sin embargo estos dos grupos humanos se congregaban en torno a los misterios de la fé cristina y a su experiencia religiosa. Cuestión que se comprueba al analizar los testamentos de unos y de otros, en las celebraciones religiosas y en la imaginería. Así es cómo el Profesor explica la importancia de los fenómenos históricos para entender la mentalidad de la sociedad lagunera actual. La cultura es dinámica y el dinamismo lo confiere un grupo de hombres que va construyendo los cimientos de la sociedad con elementos preexistentes, con los aportes de otros pueblos y con la energía que confiere el tener un ideario religioso común con el único fin de adquirir seguridad, reconocerse en un espacio y trascender a su propio tiempo creando una nueva identidad. Y en ese momento el otro, el distinto, el extraño, ya no se distingue, sólo existe "el nosotros".

Es ya costumbre en los trabajos del Dr. Corona encontrarnos con Apéndices Documentales de gran riqueza no sólo para la zona que trata, sino para otros espacios con semejante actividad productiva. En este caso nos referimos a los calendarios agrícolas de las actividades algodoneras, cuadros de producción y documentos que nos permiten comprender con mayor claridad el fenómeno que analiza; pero también el Dr. Corona tiene la gran habilidad de insertar fuentes que por su curiosidad nos asombran, sin distraer el rigor científico. Finalmente, hay que decirle al Dr. Corona que esperamos leer nuevas investigaciones dada su capacidad y la posición de privilegio que ostenta como Director del Archivo Histórico de la Universidad Iberoamericana de Torreón y Profesor de dicha institución de enseñanza superior.

Dra. Ana María Rivera Medina
Profesor Tutor UNED BIZKAIA
España"

lunes, enero 15, 2007

Trenes fabricados en La Laguna

En 1910, la hacienda de Hornos, ubicada al oriente de la entonces muy joven ciudad de Torreón (Coahuila, México) se distinguía de entre todas las demás de la nación. Antigua propiedad de los jesuítas, contaba con una vieja casa amueblada y habitada. En su capilla —reliquia misionera de los hijos espirituales de San Ignacio de Loyola— estaban expuestas a la veneración algunas pinturas del siglo XVIII.

Pero no era la producción agropecuaria de la hacienda lo que llamaba la atención, sino su producción industrial. Al poniente de la casa principal se levantaban los sorprendentes talleres de fundición de la hacienda de Hornos, los cuales fabricaban locomotoras, vagones de ferrocarril y tranvías. Las instalaciones de la factoría estaban distribuidas entre varios departamentos. El primero era el de la fundición del hierro, con un horno de 70 pulgadas que podía fundir piezas hasta de 15 toneladas. Contigua estaba la no menos importante fundición de bronce.

La herrería contaba con 12 yunques con sendas forjas alimentadas con aire por un ventilador conectado con la flecha principal del taller de maquinaria. Había también un martillo de vapor de 800 libras para forjar las piezas grandes.

El taller general de maquinaria estaba montado con la tecnología más avanzada de la época. El torno mayor era de 48 pulgadas de vuelo y de 28 pies entre los centros, mientras que el más pequeño servía para la fabricación de piezas delicadas. Había prensas hidráulicas de hasta 200 toneladas de presión, sierras circulares, taladros, cepillos, ajustadoras, sierras de banca para metales, desgastadores universales, una de las más completas “frisadoras” (milling machine) con todos sus accesorios; sacabocados tijeras que de un golpe cortaban en frío barras de acero de cuatro pulgadas “en cuadro”, laminadoras para la fabricación de las calderas, etc.

Había un departamento de carpintería y otro de material rodante para ferrocarriles. A éste eran conducidas todas las piezas fabricadas en los otros departamentos para armar los vagones de ferrocarril que ahí se construían y armaban completamente: locomotoras, carros tanque, carros para pasajeros y tranvías.

Es de llamar la atención que todos los obreros eran laguneros de nacimiento, adiestrados por el ingeniero —también mexicano— Claudio Juan Martínez. La hacienda y los talleres de fundición de Hornos pertenecían a dicho ingeniero, nacido en Veracruz el 22 de agosto de 1879. Sus padres fueron los señores Claudio A. Martínez y Adela Martínez, acaudalados comerciantes del puerto de Veracruz.

Desde joven, Claudio Juan sintió una gran disposición para la mecánica. Estudió tres años en el Instituto Veracruzano (Escuela Preparatoria de Veracruz). Luego se mudó con sus padres a la hacienda de Hornos, recién adquirida por aquéllos. En la hacienda se ocupó del departamento de mecánica. Cuando tenía 17 años y en vista del talento que demostraba, sus padres lo enviaron a estudiar a un colegio de agricultura y mecánica de Texas. Ahí cursó en un año (1896-1897) los dos años de mecánica.
La escuela texana le quedó pequeña a Claudio Juan y continuó sus estudios de ingeniería mecánica en la Universidad de Cornell, Nueva York, donde destacó en los estudios teóricos y en la práctica requerida para obtener su título académico. En 1901 fue autorizado por la Universidad de Cornell para que hiciera su tesis en México, misma que realizó en la “Jabonera La Esperanza”, propiedad del señor Juan F. Brittingham. Claudio Juan Martínez terminó sus estudios en 1901, cuando tenía 22 años de edad.

El objetivo del ingeniero Martínez era el de poder instalar talleres de fundición en su hacienda de Hornos, y ahí construir todas las herramientas que podría requerir la industria nacional. Desde luego, le interesaba romper la dependencia tecnológica del extranjero —particularmente de los Estados Unidos— a la vez que hacía un buen negocio.

El ingeniero Claudio Juan Martínez comenzó fabricando ferrocarriles con el proyecto de establecer un tren minero entre Hornos y Mazapil, en el estado de Zacatecas. Las diversas instalaciones de los talleres de fundición le permitían construir vagones de pasajeros, carros-tanque, locomotoras y también vagones de tranvía.

Los vagones de pasajeros construidos en la hacienda de Hornos llamaban la atención por los lujosos acabados que contrastaban con la severidad de las sillas individuales de madera, más adecuadas para una oficina que para un vagón de ferrocarril. Los vagones contaban con bombillas eléctricas para su iluminación.

Es una pena que el precoz despegue industrial de la Comarca Lagunera haya encontrado obstáculos primero en la Revolución, y posteriormente en los casi desconocidos Tratados de Bucareli, firmados en 1923. En virtud de los mismos, los Estados Unidos reconocerían la legitimidad de los gobiernos posrevolucionarios (particularmente el del general Álvaro Obregón) a cambio de que, entre otras cosas, México renunciara a la fabricación de maquinaria pesada y se comprometiera a comprarla a los industriales estadounidenses.
Esta relación no cambiaría sino hasta el gobierno del general Ávila Camacho, cuando la Segunda Guerra Mundial obligó a los estadounidenses a contar con un vecino más industrializado.

viernes, enero 12, 2007

Antropología del chisme

Ya en otra ocasión he mencionado el fenómeno (tan común en Torreón) del canibalismo entre intelectuales, creadores y agentes de la cultura. La intolerancia, la antipatía y la envidia parecen ser pasiones demasiado frecuentes en este medio. Hasta ciero punto es una ventaja que los artistas sean gente de pasiones intensas. Con una actitud creativa, la pasión es inspiración, fuerza potencial, capacidad creadora.

La pasión es un sentimiento que se padece, en el sentido pasivo del término. Es decir, es algo que se genera involuntariamente, algo que nos impacta, que nos energetiza, nos afecta. Estrictamente hablando, las pasiones no tienen signo moral: ni nos hacen mejores, ni peores. Son una mera circunstancia en nuestras vidas.

Pero lo que hagamos con la fuerza de nuestras pasiones, eso si tiene signo ético o moral. Aquéllas son energía que nosotros convertimos o permitimos que se conviertanen actos. Un hombre o una mujer sensata domina sus pasiones, no se deja dominar por ellas. Como un auriga experimentado, puede usar esa fuerza motriz para externarla de una manera constructiva, creativa, benéfica.

La envidia es quizá una de las pasiones más destructivas que florecen en el medio de los artistas, intelectuales y agentes culturales de Torreón. El medio de la culturade nuestra ciudad tiene fama de estar eternamente polarizado, fragmentado en grupos, o solidarios o antagonistas. El chisme, la calumnia y la mentira sistemática son modos que muchos usan para descalificar a sus rivales. Muchas veces basta con brillar un poco para convertirse en rival de estas personas o grupos.

Cuando los o las intelectuales que sienten envidia de sus homólogos permiten que estas pasiones se conviertan en actos de agresión, lo único que hacenes mostrar su verdadera estatura como intelectuales y artistas enanos. No es calumniando como se les reconocerá su talento ni con sus calumnias le quitarán el brillo a quienes se lo han ganado con su trabajo. A final de cuentas, cada quién cosechará lo que haya sembrado. No es importante lo que uno diga sobre sí mismo o sobre los demás; lo verdaderamente importante, lo que realmente cuenta, es la obra de cada quién.

viernes, enero 05, 2007

Torreón, libre de impuestos

Una de las grandes fuerzas propulsoras del desarrollo industrial de Torreón a finales del siglo XIX, fue la política fiscal. Desde inicios de la última década de dicho siglo, la exención de impuestos para aquellas industrias que se instalaran en la congregación y luego villa de Torreón fue un inmenso atractivo para quienes estuvieron dispuestos a invertir sus capitales en la creación de establecimientos fabriles y comerciales.

Esta política funcionó por vez primera en La Laguna con excelentes resultados cuando el virrey arzobispo Juan Antonio Vizarrón liberó del impuesto sobre la renta y de impuestos al comercio (alcabalas) a los productores de vinos y aguardientes de Parras y su jurisdicción, en 1738. Por el occidente, este territorio llegaba hasta el río Nazas. Torreón hubiera quedado comprendido en él si hubiera existido por entonces.

En el caso de la congregación y villa del Torreón, esta política fiscal brindó excelentes resultados. Funcionó como un catalizador para el establecimiento de fábricas, y por ende, para ofrecer nuevos horizontes a los inmigrantes que poblaron el núcleo urbano a una velocidad realmente vertiginosa. Y aunque existía un decreto general, cada nueva industria que se establecía en Torreón solicitaba al gobierno del Estado de Coahuila el decreto que la exentaba de manera particular.

Entre los decretos de exención de impuestos, registramos los siguientes:

El decreto del 18 de febrero de 1898 liberaba del pago de impuestos a la instalación del Alumbrado Eléctrico de Torreón.

El decreto del 7 de noviembre de 1897, por el cual se exceptúa del pago de impuestos a la Fundición de Fierro y Acero.

El decreto del 10 de diciembre de 1900 liberó de contribuciones a la Fábrica de Dulces y Aguas Gaseosas de Torreón.

El decreto del 27 de mayo de 1901 liberó del pago de impuestos a una lavandería torreonense movida por vapor.

El decreto del 4 de julio de 1901 liberó del pago de impuestos a la fábrica “La Internacional” de Torreón, cuya matriz estaba en Chihuahua.

El decreto del 11 de diciembre de 1901 eximió del pago de impuestos a una fábrica beneficiadora de ixtle en Torreón.

El decreto del 27 de diciembre de 1901 liberó del pago de impuestos a una empresa prestadora de servicios de limpieza en Torreón.

El decreto del 27 de junio de 1902 eximió de impuestos a una fábrica torreonense de cerillos.

Y como estos, existieron muchos más decretos que muestran con claridad cuáles fueron los incentivos legales con que contó la villa del Torreón para sufrir una metamorfosis demográfica tan extraordinaria como la que aconteció entre 1893 y 1907.
Para revisar estos y otros decretos, véase "Directorio comercial e industrial de La Laguna por Baca y Aguirre 1905-1907". Torreón, 2006.

martes, enero 02, 2007

Feliz año 2007

Iniciamos con este apunte la crónica virtual del año 2007. Sin duda alguna, será significativo para la ciudad de Torreón, ya que el próximo 15 de septiembre cumplirá su primer centenario como ciudad. Desde el 15 de septiembre del año que recién terminó, los festejos y eventos de toda clase no se hicieron esperar.



Este año seguiremos celebrando el surgimiento de nuestra gran ciudad. Y para aquellas familias cuyos ancestros se encuentran registrados en el censo de 1892, cuando Torreón era una simple congregación, seguiré presentando los resultados de mis pesquisas genealógicas en la serie "Familias centenarias de Torreón".

El censo de 1892 es quizá el registro de habitantes más antiguo de nuestra población. Por esta razón, todas las personas inscritas en él merecen con toda propiedad el título de fundadores, y de manera particular, aquellos que echaron raíces en estas tierras. Y esto porque estaban aquí poco antes de que se decretara la existencia del municipio de Torreón. El 24 de febrero de 1893 fue segregado del de Matamoros el nuevo municipio de Torreón, si bien este decreto no entró en vigor sino hasta septiembre del mismo año.

Sabemos que hubo otros fundadores más antiguos, aquellos que desde 1850 comenzaron a poblar en rancho del Torreón. Pero de ellos sabemos más bien por las partidas de bautismo y de matrimonio de las parroquias de Viesca, de Matamoros, de Mapimí o de San Fernando. No se trata de documentos de carácter colectivo.

El Archivo del Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Iberoamericana Laguna, y el Archivo Municipal Eduardo Guerra cuentan con ejemplares de este interesantísimo documento. Seguramente son muchas las familias que pueden trazar su genealogía hasta alguno de los matrimonios o individuos inscritos en sus páginas.

Deseamos a todos nuestros lectores que el 2007 venga acompañado de toda clase de bienestar, y de éxito.