Escudo de Torreón

Escudo de Torreón

lunes, enero 29, 2007

¿Regreso del transporte eléctrico?

En vista de los recurrentes problemas de transporte público a base de camiones de motor de explosión de diesel o gasolina, sería conveniente recordar que uno de los sistemas más efectivos que han funcionado en la Comarca Lagunera fue el de los tranvías eléctricos. Su nombre legal era Ferrocarril eléctrico de Lerdo a Torreón porque, de acuerdo a la ley entonces vigente, un tranvía que se desplazara entre dos entidades federativas (Durango y Coahuila) era un ferrocarril. El tranvía eléctrico era uno de los sellos de la modernidad de la Comarca Lagunera, ya que el circuito Lerdo-Torreón estuvo entre los tres primeros que se establecieron en México.

Los recorridos del tranvía en la zona urbana en 1908 eran de la siguiente manera. Desde el 1 de abril hasta el 31 de agosto la circulación comenzaba a las cinco y treinta de la mañana. Del 1 de septiembre al 31 de marzo, comenzaba a las seis. Los tranvías salían simultáneamente de Lerdo hacia Torreón y de Torreón hacia Lerdo.



Continuaban saliendo a intervalos de quince minutos hasta las ocho y treinta de la noche. A partir de esa hora, salían cada 35 minutos. A las once y quince de la noche, todos los tranvías de las corridas ordinarias debían estar guardados en su estación de Gómez Palacio, Durango. Había una corrida extraordinaria (costaba el doble) que salía a las once y quince de la noche de Gómez Palacio hacia Torreón, de donde volvía a las doce de la noche hacia Lerdo, y desde ahí volvía para finalizar en Gómez a las doce y cuarenta y cinco de la noche.

El Ferrocarril Eléctrico de Lerdo a Torreón tenía en 1908 servicio de primera y segunda clase. De Lerdo a Gómez Palacio el pasaje de primera clase costaba 12 centavos, y el de segunda, seis. De Gómez Palacio a Torreón costaba otros doce centavos en primera clase, y seis en el servicio de segunda. De Lerdo a Torreón se viajaba en primera clase por 24 centavos. Si se viajaba a puntos intermedios, se cobraba la mitad de la tarifa.

El Ferrocarril Eléctrico de Lardo a Torreón contaba con 4 circuitos. Los tranvías del primer circuito salían de la calle Ramos Arizpe, continuaban por la avenida Hidalgo, daban vuelta en la calle Treviño y volvían por la avenida Matamoros. Los del segundo circuito salían de la calle Ramón Corona, continuaban por la avenida Matamoros,daban vuelta en la calle Ramos Arizpe y volvían por la avenida Hidalgo. El tercer circuito comenzaba en la calle Ramos Arizpe, continuaba por la avenida Hidalgo, doblaba en la calle Galeana y volvía por la avenida Matamoros. El circuito cuatro iba de la calle Ramos Arizpe a la metalúrgica (Peñoles).

domingo, enero 28, 2007

Secuelas del comer

Según las estadísticas recientes, Coahuila es el estado de la federación que ocupa el primer lugar en casos de enfermedades asociadas positivamente a la obesidad.Es decir, que nuestro estado ocupa el primer lugar en problemas médicos de "gorditos" y "gorditas" de la República Mexicana. La verdad es que la obesidad se ha vuelto un verdadero problema en muchas de las regiones del planeta que cuentan con un poder adquisitivo relativamente mayor. Un caso claro es el de los Estados Unidos, donde el constante y significativo incremento del número de casos de obesidad tiene alarmados a los médicos.

¿Por qué hay un incremento considerable en el número de obesos? Sin duda alguna, los cambios en la relación entre la ingesta y consumo calóricos del género humano han generado, al menos en parte, estos resultados tan inconvenientes.

Los cambios han sido cuantitativos: la gente puede comer más. Esto es verdad, ya que los seres humanos de otras épocas comían sin llegar a la plena satisfacción. Faltaba comida y sobraba trabajo. En un mundo básicamente rural y agropecuario, los campesinos trabajaban siete días a la semana. Su eficiencia de producción de alimentos para el autoconsumo o la comercialización no era la nuestra, porque no contaban con variedades mejoradas como lo hacemos nosotros, ni con otros elementos de capital, fertilización, mercadotecnia, etc. Comían menos y trabajaban más.

Los cambios también han sido cualitativos: las zonas urbanas son más numerosas y mucho más grandes que antaño. El tipo de trabajo físico que demanda la vida en la ciudad no es comparable al que se realiza en el agro. La vida laboral del asalariado citadino se ha reglamentado, se ha domesticado con la semana de número reglamentario de horas de trabajo y con otras prestaciones que la han vuelto relativamente cómoda y bien remunerada. Hay tiempo para el ocio y dinero para disfrutarlo. En este contexto, comer es una diversión moderna, tan moderna como los torreonenses y su tradición de desayunar, comer o cenar fuera de casa, costumbre que les ha ganado la fama de manirotos.

Otro elemento de cambio cualitativo consiste en que hoy en día consumimos cosas diferentes a las que comían nuestros abuelos. Pensemos en la cantidad de carne roja que se ingiere en las comidas cotidianas, y cómo este alimento -la mayor parte del tiempo- estuvo ausente de la mesa de nuestros antepasados. Con esta dieta de carnes se han hecho presentes muchas enfermedades degenerativas. Los refrescos gaseosos dulces o "light" y la comida "chatarra" embolsada o "fast" constituyen modalidades de alimentación urbana y suburbana relativamente recientes. Y por si esto fuera poco, nuestras materias primas y productos terminados destinados a la cocina, están llenos de químicos conservadores, hormonas para el crecimiento animal, etc.

Por último, podemos advertir que con los factores mencionados concurre un cambio de mentalidad (ideas socialmente compartidas) en torno al significado y al valor que se le atribuye al acto de comer y al impacto que este hecho tiene en la estética personal vigente. La gente delgada ha estado de moda desde los años sesenta, cuando surgió aquel inolvidable fenómeno mediático llamado "Twiggy". Desde entonces, la humanidad occidental aceptó y adoptó la delgadez como propuesta estética. Desde entonces, quienes no encajan naturalmente en el paradigma de la esbeltez, se han torturado a base de dietas. Han padecido hambre y han comido lo que sea con tal de no ingerir "comida verdadera", todo por no engordar. La gente ha trastocado sus viejos hábitos alimenticios y ha sometido a gran estrés su aparato digestivo y demás órganos. No es casualidad que en esta misma época se hayan incrementado como nunca los casos de bulimia y anorexia. En pocas palabras: de manera paradójica, la obesidad y sus secuelas irrumpen en nuestra vida cotidiana mientras más se le trata de evitar por medio de artificios diferentes al sano equilibrio de consumo y gasto de energía. La enfermedad parece ser el precio de la abundancia.

jueves, enero 25, 2007

Familias centenarias de Torreón: Montemayor y del Canto

Quizá una de las familias de más antigüedad que poblaron el norte de México, sur de los Estados Unidos y por supuesto Torreón, es la que lleva por apellido Montemayor y sus descendientes, originalmente de Montemayor

El apellido se le debe a Diego de Montemayor, cuyos datos permanecen en el Archivo General de Indias, sección de la Casa de Contratación de Sevilla (aduana internacional de España en el siglo XVI). Encontramos que Diego de Montemayor era vecino de Málaga (Andalucía) y que era hijo de Juan de Montemayor y de Mayor Hernández. En primeras nupcias estaba casado con Inés Rodríguez, y ambos pasaron a la Nueva España según registros del 7 de diciembre de 1548. Diego se casó otras dos veces, su segunda esposa fue María de Esquivel, y la tercera, Juana Porcallo y de la Cerda.

Diego fue Alcalde Mayor de Saltillo en 1580. El 5 de abril de 1588 fue nombrado Tesorero de la Real Hacienda y teniente de gobernador y de capitán general desde los ojos de Santa Lucía (Monterrey) hasta Parras y lo demás que había hasta el río Grande y hasta la Laguna. Fue Alcalde Ordinario de Saltillo en 1591, y su escribano en 1593. En 1596 Diego de Montemayor organizó a doce familias de Saltillo para ir a fundar Monterrey.

Estefanía de Montemayor y Porcallo, hija del tercer matrimonio de Diego, se casó con Alberto del Canto, fundador de Saltillo en 1577.

Por su parte, la familia del Canto tenía un remoto origen medieval, pues procedía de María do Canto, casada con Joao Fernandes de Souto Mayor a finales del siglo XIV y principios del XV. Los tratadistas portugueses mencionan que originalmente este apellido era do Kent y que procedía de Inglaterra. Pero lo cierto es que los Do Canto se habían establecido en Guimaraes, en Portugal. Alberto del Canto era retataranieto de María do Canto, y su tío paterno, Pedro Anes do Canto, nacido hacia 1470, era proveedor de las Reales Armadas Portuguesas. Fue tanto el prestigio de los del Canto, que el obispo de Malaca los celebró en verso. Usaban las armas que se ilustran en este artículo. Alberto nació en la villa de Praia, en la isla Terceira, en las Azores, y era hijo de Sebastiao Martins do Canto y de María Dias Vieira, consanguínea del bienaventurado Juan Bautista Machado, mártir jesuita en Japón (1617).



Alberto del Canto y Estefanía de Montemayor tuvieron varios hijos, entre los cuales mencionamos a Miguel de Montemayor. Es de notar que los descendientes de este matrimonio pusieron en primer lugar el apellido Montemayor, en parte porque los problemas políticos entre Portugal y España a finales del siglo XVI lo ameritaba. Por otra parte, en su época tenía mayor rango político Diego de Montemayor que Alberto del Canto.

Muchos Montemayores descienden de Miguel. Y por línea femenina, sus descendientes perdieron, no la sangre, sino el apellido original, y llevan muchos otros apellidos saltillenses y regiomontanos igualmente ilustres, como Garza, de la Garza, de la Garza Falcón, González, de la Fuente, etc. Estos son apellidos muy comunes en Torreón, ciudad poblada con inmigrantes mexicanos y extranjeros.

Alberto del Canto y Estefanía de Montemayor fueron los bisabuelos de Ángela de la Garza-Falcón y Montemayor, casada con José González-de-Paredes y Olea, cuya hija, Josefa González-de-Paredes y de la Garza-Falcón casó con Luis de la Fuente Cabello el 7 de enero de 1710 en Saltillo. Y Tadeo de la Fuente y González-de-Paredes, hijo de este matrimonio, fue el abuelo quinto de mi padre, Félix Edmundo Corona de la Fuente. Un abuelo quinto equivale al abuelo del tatarabuelo. Así, Alberto del Canto resulta ser mi onceavo abuelo. En genealogía, el abuelo primero es el que llamamos ordinariamente abuelo; el bisabuelo es el abuelo segundo; el tatarabuelo es el abuelo tercero, y así sucesivamente.

Pero el caso de este cronista no es algo extraordinario. Me parece que en las ciudades del norte-centro de México pasa como en el País Vasco, los descendientes de los viejos pobladores podrían quedar englobados en veinte familias fundadoras, que sería un caso análogo al de los Parientes Mayores de Vizcaya. Lo que nos hace falta es documentarlo fehacientemente.

Poco nos hemos ocupado de las raíces coloniales de nuestra cultura y de nuestras familias. Un apellido castellano, por muy común que sea, puede ser tremendamente ilustre e histórico, en Torreón, en México o en cualquier parte del mundo.

Agradezco a mi buen amigo Clyde Webb, artista heráldico y caballero Gran Cruz en varias órdenes militares, por su reconstrucción del viejo escudo familiar de los do Canto.

El Archivo Municipal, fuente de conocimiento

El Archivo Municipal Eduardo Guerra de esta ciudad se encuentra participando en el coloquio "Grandes empresas y grupos empresariales en el siglo XX", el cual se celebra en Hermosillo, Sonora, del 24 al 26 de enero de este 2007.

La riqueza de los acervos documentales con que cuenta la sección histórica de este archivo, lo coloca como uno de esos lugares privilegiados de la Comarca Lagunera que deberían ser considerados más como centros generadores de nuevos conocimientos en el ámbito de las ciencias sociales, que en los de la cultura.

Felicitamos a nuestro buen amigo el Lic. Jorge Rodríguez Pardo, Director Actual del Archivo Municipal, por su acierto al impulsar una parte del quehacer del archivo en esta dirección.

Efectivamente, el Lic. Carlos Castañón Cuadros, conocido joven investigador que ha destacado por su dedicación en el campo de las ciencias sociales y por su trayectoria editorial, participa como investigador institucional del Archivo Municipal Eduardo Guerra en el coloquio mencionado.

Carlos sustentará en este coloquio la ponencia denominada "La Compañía del Tlahualilo (1885-1936) . Agroindustria y empresa en el norte de México".

Otras ponencias en este coloquio serán: "La United Sugar Company (1900-1940). Mecanismos administrativos, cambio tecnológico y redes de distribución"; "El grupo alimentario Lala: adaptación y competitividad ante la apertura comercial"; "Bachoco, principal firma avícola mexicana. Historia reciente y respuestas a la apertura"; "Agrícola Tarriba: una empresa hortícola binacional"; "La compañía El Águila, S.A. S. Pearson & Son y el petróleo mexicano"; "El corporativo Proeza. Desarrollo, diversificación e internacionalización". Estas ponencias proceden de instituciones del mayor nivel científico, como son la UNAM, Colegio de México, CIESAS, CIAD, UAS, U. de M., UANL, U. de Valladolid (España).

Entre los ponentes y moderadores se encontrarán los conocidos especialistas en historia económica, doctores Carlos Marichal y Mario Cerutti.

Quizá no sea del dominio público que en estos coloquios de carácter científico, los investigadores proponen, sustentan, argumentan y defienden sus respectivos temas como si fueran exámenes de grado. Esta es la manera de discutir los nuevos conocimientos para evaluarlos, aceptarlos o rechazarlos, e incorporarlos al cuerpo de nuevos conocimientos sobre un tema dado. El consenso de los colegas académicos es fundamental, y la manera de expresarlo es a través de una publicación colectiva. En este caso se trata de lo que será el segundo tomo de Historia de las grandes empresas en México, que publica el Fondo de Cultura Económica y la UANL.

miércoles, enero 24, 2007

Directorio 1905-1906

Ayer martes fue presentado en el foyer del Teatro Isauro Martínez de esta ciudad el "Directorio Comercial e Industrial de La Laguna por Baca y Aguirre. 1905-1906".

El evento contó con el apoyo del Instituto Coahuilense de Cultura, el Patronato de los festejos del Centenario y desde luego, del propio Teatro Martínez.

Este libro constituye una verdadera cantera de documentos de enorme interés para la historia económica, artística y publicitaria de la región, ya que no solamente brinda información de la todavía villa del Torreón, sino que incluye a Gómez Palacio, Lerdo, San Pedro, Viesca y Matamoros.



Este interesante texto facsimilar del original que se conserva en el Museo Regional del INAH nos permite conocer qué tipo de empresas agroindustriales y de servicios existían en la región en dicho período; cuántos comercios, qué giros, cuántos profesionistas y en qué especialidades. Es decir, las páginas de este libro nos proporcionan un vislumbre del tejido o entramado que formaban los medios de producción, los comerciantes y los prestadores de servicios urbanos en una época y lugar dados.

Por otra parte, encontramos una gran cantidad de diseños gráficos para publicitar con eficacia y estética, a criterio de la época. Los nombres de personas físicas, personas morales, direcciones postales y nacionalidades aparecen también consignados.

El texto, editado por el Gobierno del Estado de Coahuila, nos permite asimismo enterarnos, aunque de manera indirecta, cuáles eran las necesidades cotidianas de la época, y de cuál era la retórica publicitaria.

En fin, se trata de un libro que ha adquirido, desde su nacimiento, la categoría de indispensable para el estudio de la historia de nuestra ciudad.

El acto de presentación comenzó a las veinte horas, con el foyer del Martínez completamente lleno, y mucha gente quedó de pie, sin poderse sentar. Hubo comentarios de parte de Gabriel Leal Motola, Silvia Castro de Towns, Ramón Iriarte Maisterrena y Francisco Martínez Pérez.

Tras comentarios y preguntas, hubo distribución gratuita de ejemplares del nuevo libro así como el brindis de rigor.

Como es costumbre bajo la dirección de Claudia Máynez, el evento resultó impecable.

martes, enero 23, 2007

Las fiestas de disfraces

Una toma de Sandoval nos muestra la instantánea de una fiesta de disfraces en Parras de la Fuente, aunque por desgracia, no conocemos el año en que se hizo la impresión fotográfica.



Lo primero que notamos es que se trata de una fiesta de género, es decir, de mujeres. No hay varones presentes. Se trata de una fiesta decente de acuerdo al tono moral de la época. Aunque se tratara de una fiesta familiar, no hay asistencia masculina.

Otra cosa que resalta a la vista, es el concepto que se tenía de disfraz de acuerdo a la imagen. No parece haber ningún intento de representar individualidades famosas reconocibles. No hay una Cleopatra (quizá tenía mala reputación) ni una María Antonieta, si bien una de las damas presentes porta lo que da la impresión de ser una corona. Al parecer, en Parras, en esta época no se tenía tanto interés en representar a los famosos de la historia, cuanto en usar la creatividad, la imaginación y dejar de ser uno mismo, tornarse en una fantasía, en un tipo del costumbrismo. Vemos una aguadora, una gitana, una japonesa con sombrilla, una reina, y otras damas cuyos atavíos evocan personajes literarios.

En épocas dominadas por una rígida moral, las fiestas de disfraces constituían un escape a la férula social. Era una ocasión de escapar del rol que la familia y la clase social le había impuesto de manera perpetua a una dama. De alguna manera se dejaba la propia identidad para ser, por unos instantes, alteridad. Se dejaba de ser uno mismo para convertirse en lo otro, lo no yo. Quizáesas fiestas fuesen catarsis de las que las personas salían fortalecidas para continuar siendo ellas mismas. Estos son temas fascinantes para quienes investigan de manera académica en la historia de las mentalidades, en este caso, de las diversiones socialmente aceptadas en correlación con clase, lugar y época.

lunes, enero 22, 2007

Reina de la sonrisa

Quizá una de las características que todavía singularizan a la Comarca Lagunera es la calidad humana de sus habitantes. A todos nos consta que hay gente que tiene que venir y que efectivamente viene a residir entre nosotros pensando que son los más desdichados seres del mundo, desterrados a un lugar infame en medio del desierto. Todos conocemos la transformación que se opera en esos “desdichados” a medida que se familiarizan con nuestras costumbres y nuestra gente. Y todos hemos visto cómo, teniendo de nuevo que cambiar de residencia después de años, se van llorándole al lugar más hospitalario en que habían vivido: la Comarca Lagunera.

Puesto que Torreón es una ciudad que se formó con emigrantes de México y de todo el mundo, los valores propios de los emigrantes conformaron su cultura: la superación personal, la convivencia pacífica, el respeto al trabajo, la aceptación de la diversidad étnica, la generosidad, la disposición de mantener casa abierta para todos, la disposición a gozar lo bueno que ofrece la vida.

En los años veintes, la Comarca bullía de vida y esperanza. Tenía sus propios motivos para el optimismo, a la vez que se sumaba a los motivos del mundo. La Gran Guerra había terminado, todos querían celebrar. Las “flappers” (las “pelonas”) o chicas independientes estaban de moda y se rebelaban a seguir los modos moralistas victorianos.



Precisamente a esa época pertenece la fotografía que ilustra este artículo. La risa —o mejor aún, su hermana menor, la casta sonrisa— era objeto de concurso entre las señoritas de sociedad. El 31 de enero de 1924, teniendo como fondo coreográfico el espectacular charleston de la celebración de la nochevieja, la Reina de la Sonrisa de San Pedro de las Colonias recibió el diploma que la acreditaba como tal. Se trataba de la señorita María Antonia González García, de 23 años de edad. Era la hija del señor Melquíades González, propietario de “La Gitana”, y de la señora Genoveva García.

Como una buena cantidad de mujeres comarcanas de su época, María Antonia era muy cosmopolita, era una mujer profesionista (había estudiado y ejercía la carrera de “tenedora de libros” o contadora) y sobre todo, era muy alegre. Con el tiempo casó con el asturiano Luciano Fernández Collada y mudaron su lugar de residencia a Torreón, donde María Antonia siguió sonriendole a la vida hasta el día de su muerte en noviembre de 1984. Su hermana, Lydia González García, se casó con otro emigrante, el francés Luis Dugay. De ambas señoras procede una vasta descendencia muy conocida y apreciada en la Región Lagunera.

Como decía, la sonrisa ante la vida corre —literalmente— por nuestras venas. Hemos heredado la afabilidad de nuestros abuelos. Difícilmente exista otra ciudad en México que posea el encanto de nuestra gente.

domingo, enero 21, 2007

La casa de "la francesa"

La ciudad de Torreón, aunque relativamente joven, cuenta con algunos edificios centenarios o casi centenarios. Para nuestra fortuna, existen documentos que nos hablan de los orígenes de algunos de ellos y de quienes los habitaron. De otros, solamente contamos con noticias inciertas o leyendas. Una tercera categoría cuenta con documentos históricos y a la vez con leyendas que los califican y explican a partir de la percepción popular.



Uno de esos edificios que poseen historia y leyendas es el que se encontraba ubicado en la esquina de la calle González Ortega y avenida Allende de Torreón, y es el que ilustra nuestro artículo. El frente, con arcos, miraba hacia la alameda, y los balcones y las caballerizas, hacia la calle. Para mayor referencia, la parte baja de esta casa sirvió muchos años como Oficialía Tercera del Registro Civil de Torreón.

Se trataba de una casa habitación construida por don Eulogio Valdés Barro para su familia la señora Lázara Carrillo de Valdés e hijos en los años finales de la era porfiriana,. Don Eulogio era un próspero hombre de negocios cuya casa comercial operaba bajo la razón social de Eulogio Valdés Barro y Hnos. Comerciantes en ganadería de Torreón, con sucursales en Gómez Palacio, Dgo., en San Pedro y en Matamoros, Coah.

Como cualquier otra casa de la región, ésta conoció épocas de alegría y también de tristeza. De esta casa partió hacia la parroquia del Carmen el cortejo fúnebre del joven Salvador Valdés Carrillo, hijo de don Eulogio y de doña Lázara. La fecha, un lúgubre día de 1920. Hasta aquí llega la historia documentada.

La leyenda le atribuyó a esta casa un oscuro sino. Se decía que en ella había ocurrido una tragedia. Que en alguna fecha incierta del pasado una señora francesa había sido asesinada (Todavía a principios del siglo veinte, el habla popular designaba como francesesa los quienes lo eran por nacionalidad, o bien a las personas que por ser rubios y de ojos claros parecían serlo). Que al tratar de robarla, unos malvados ladrones la mataron a sangre fría sin lograr su cometido. Que desde entonces el alma de la señora penaba por todo lo que había sido su casa. Que la difunta sabía dónde estaban enterrado el oro que buscaban los ladrones y la aparición lo custodiaba noche y día asustando a quien se acercara al sitio.

Otra leyenda relacionada con esta casa no es tan terrible. Se dice que muy abajo de sus cimientos existe todavía un canal embovedado que venía desde el viejo edificio de la aduana (ahora convertido en banco, Juárez y González Ortega), cruza la alameda y sigue hacia el norte. Que a veces lleva agua y que eso explica la terrible humedad de las casas y edificios del rumbo.

En la actualidad subsiste el núcleo de la casa original, aunque dividido y remozado en distintas secciones.

Una visita ilustre en 1926

La fotografía que mostramos fue tomada en 1926 por J. Sosa en la hacienda de Cuba, jurisdicción de Gómez Palacio, Dgo. La instantánea da cuenta de la ocasión en que la familia Faya -propietaria de la hacienda- ofreció un almuerzo al excelentísimo marqués de Berna, ministro del rey Alfonso XIII de España. Este político aristócrata se encontraba de visita en la Comarca Lagunera para conocer de los intereses de la numerosa colonia española en la región, y para enterarse personalmente de la notoria potencia económica de La Laguna. Para ello se organizaron recorridos por las principales haciendas, entre ellas Cuba.



La fotografía nos muestra un grupo de personas entre los que sobresale el marqués mismo, despojado del protocolario saco y los tirantes a la vista, lo cual nos indica que ya había realizado el recorrido por las diferentes dependencias de la hacienda y que se encontraba acalorado. Los otros caballeros, en cambio, conservaron puestos sus sacos y chalecos, porque se trataba de gente ya acostumbrada a nuestro sol y clima.

Las damas lucen el "chemisse" con drapeados y acuchillados de los veintes, pelo corto a la moda. Era la época de "las pelonas". Un fenómeno social muy interesante fue la ruptura que la primera posguerra del siglo XX provocó en las actitudes de las mujeres estadounidenses ante la vida. El nuevo ideal quería mostrar a una mujer que fuera y pareciera independiente, alegre y desafiante. Este ideal estético pasó a las diferentes clases sociales de México, dejando constancia del "escándalo" que provocó la nueva moda en numerosas piezas musicales de la época, como la muy conocida y bailable "Ya llegaron las pelonas".
Otra, cuya letra es citada por Manuel Gamio en The life story of the mexican inmigrant (New York: Dover, 1971) dice "Las muchachas de San Antonio/ son flojas pa´l metate/ quieren andar pelonas/ con sombreros de petate. Se acabaron las pizcas/ se acabó el algodón/ ya andan las pelonas/ de puro vacilón."
Algo que llama la atención en esta fotografía es la amplia gama de actitudes captadas por este documento gráfico, y que van desde la adusta autoridad del patricio hasta la "insolencia" del perro que trata de rascarse sin importarle en lo absoluto la presencia del selecto grupo ni mucho menos la del fotógrafo, quien seguramente -por temor a perder la gráfica- no quiso esperar a que el animal se retirara.

Notemos la coquetería de las posturas y gestos de las damas y las sonrisas entre nerviosas y burlonas de los caballeros, que no saben hasta dónde podrá llegar el animalito en presencia de tan distinguida visita.

El original de esta fotografía fue donada al Archivo Histórico de la UIA-Laguna por el señor Victoriano González Faya.

sábado, enero 20, 2007

Libro sobre historia regional lagunera

En esta ocasión, el cronista cederá la palabra a la Dra. Ana María Rivera Medina, reconocida doctora en Historia de la UNED Bizkaia, en España, la cual ha elaborado una reseña sobre el libro "La Comarca Lagunera, constructo cultural. Economía y fe en la configuración de una mentalidad multicentenaria" de mi autoría. Esta publicación fue editada por la Universidad Iberoamericana Laguna en el 2006 para celebrar ambos centenarios, el de la ciudad de Gomez Palacio y el de la ciudad de Torreón. Este libro se encuentra a la venta en el Archivo Municipal Eduardo Guerra, en la librería del Fondo de Cultura Económica (al lado del Teatro Martínez) y en la propia UIA-Laguna.



Dice así la reseña: "El Dr. Corona continúa en este estudio su productiva investigación en la que despliega su aptitud y habilidad para desentrañar otro aspecto más de la reciente, pero no menos importante, historia de Coahuila, Durango y su entorno: la Comarca Lagunera. Sin duda alguna la experiencia del especialista genera un análisis con un poso (como en los buenos vinos) que ha ido adquiriendo tras largos años de estudio en los archivos mexicanos y más concretamente en el Archivo y Universidad Iberoamericana de Torreón.

La investigación realizada por Corona se centra en definir un modelo de organización del espacio de una zona fronteriza enmarcada, de una parte, por la preexistencia de grupos humanos belicosos e "incivilizados" en términos occidentales; y, por otra, la ocupación del mismo a manos de españoles y tlaxcaltecas. Desde la aparición del estudio realizado por Turner, hemos tenido ocasión de conocer investigaciones que han tratado distintos aspectos de la frontera y de los fenómenos que se producen en torno a ella. El trabajo que reseñamos es un "caso" más de ocupación efectiva de una zona, línea de frontera donde se debatían no sólo los intereses de la propia ocupación, sino también de aquellos relacionados con la Corona española y sus enemigos, los ingleses.

Sin duda alguna la calidad de las fuentes consultadas y el buen hacer profesional se manifiestan claramente a lo largo de un discurso dinámico y sagaz que invita al lector adentrarse en una problemática tan especifica como la que aquí se trata. Resalta la capacidad del autor para hacer de un fenómeno suscitado en una región marginal del imperio español un análisis de claridad meridiana para quienes no conocen el medio natural y humano. Pero a la vez es de destacar cómo el discurso científico bien explicado se convierte en un instrumento didáctico eficaz.

El profesor pone su empeño en que las generaciones presentes, como también las futuras no olviden las raíces. Porque lo que hoy son los mexicanos, coahuilenses o duranguenses, es fruto de los pobladores originarios de la zona, pero también del indudable aporte de los inmigrantes ya sea de otras regiones, o de otros continentes. El autor elabora un análisis de larga duración sobre la intrincada relación entre la fe, la cultura y la economía de los laguneros. Comienza describiendo cómo los primeros pobladores, cazadores recolectores, no concebían el valor de los recursos naturales que tenían a su alcance como medios de producción, a pesar de la escasez del agua y de la existencia de riquezas minerales. De ahí que al llegar los españoles, y sobre todo con el establecimiento de la Compañía de Jesús se genere no solo una revolución productiva, sino un cambio de mentalidad, de forma de ser, de actuar, en suma, un cambio de cosmovisión.

La base de este cambio, dice el Dr. Corona, sólo fue factible por la conjunción de una serie de variables: la expansión de la fé, la educación en nuevos valores y formas de enfrentarse al mundo y, finalmente, la organización de los recursos naturales para lograr una estructura económica que permitiera a la región vertebrarse a las rutas del comercio de la Nueva España. Se observa, por lo tanto, que nuevamente es el comercio, o mejor las rutas comerciales las que permiten a las zonas de frontera, menos favorecidas por las decisiones reales, integrarse no sólo a los mercados, sino también recibir influencias culturales. Sin embargo, esto no hubiese sido posible sin la intervención de colonos aborígenes tlaxcaltecas y españoles que compartían una cultura agropecuaria y que fueron capaces de racionalizar los recursos hídricos existentes.

Surge de esta manera, para el Profesor, el "ser lagunero" en aquellos hombres que se veían a sí mismos como miembros y representantes del nuevo orden establecido. Orden que defenderían de los "bellacos" que atacaban a las propias poblaciones. Tal empeño dio excelentes resultados porque a la postre, y como mérito a la calidad de fronterizos defensores de la "república", el virrey les concede privilegios fiscales sobre la producción vitivinícola. Pero esta identidad se forja también a partir del hecho de que, durante el siglo XVIII y principios del XIX, la mayor parte de la región perteneció a una misma familia, a través de lazos de parentesco.

Así pues a lo largo del siglo XVIII pueblos de indios y vecinos españoles lograron configurar una economía agropecuaria con mano de obra libre y contractual, con el agua como recurso escaso, y como tal rentado, y con un comercio activo gracias a encomenderos (gestores de negocios) y arrieros. La vitivinicultura primero y el algodón después se elevaron, como ya demostrara el Doctor en otras de sus excelentes investigaciones, a la categoría de actividad económica dinamizadora para la región. A lo largo de los siglos, la comarca fue adquiriendo diversas cotas de seguridad en relación al exterior, a su interior, y cómo no, en relación a sus necesidades espirituales. Las rentas de la tierra sirven entre otras cosas para alcanzar cierta seguridad espiritual, a través de censos, capellanías, cofradías y obras pías, que a su vez se traducían en prestigio social, y según Corona Páez, en una suerte de distribución de la riqueza.

La vitivinicultura y más tarde la industria algodonera marcan dos momentos distintos y evidentes para el Profesor Corona: el primero permite la organización del espacio y la estructuración de unidades agrícolas; el segundo constituyó un modelo de producción encaminado al desarrollo capitalista sostenido con la constitución de sociedades mercantiles. Sin duda, el algodón dio paso a una potente actividad económica lagunera. Pero también el profesor demuestra cómo con el transcurso del tiempo la pequeña y mediana propiedad se fue perdiendo en beneficio de los grandes latifundios.

El Dr. Corona analiza cómo la consolidación del latifundio originó un fuerte problema social y económico en la Comarca Lagunera. La permisividad de los terratenientes admitiendo asentamientos en sus propiedades generó el temor de los titulares por la integridad patrimonial. La tensión social incrementada con la participación de grupos liberales mexicanos y norteamericanos concluiría, alude el estudioso, con la redistribución de la tierra y la fundación de nuevas villas y ciudades, como fue el caso de la ciudad de Torreón.

Así pues el Dr. Corona elabora, en lo que podemos considerar la primera parte de su estudio, un análisis de larga duración a través del cual demuestra como la común unión de los intereses humanos, los recursos naturales, los medios de producción y la necesidad de ser y consolidar el lugar en el que se vive configuran una mentalidad especial en los habitantes de la Comarca Lagunera.

No conforme con el análisis realizado, con buen ojo de cientista social, el investigador indaga en lo que nosotros consideramos una segunda parte, la configuración del universo tlaxcalteca y español. Los tlaxcaltecas dotados de un sentido de la oportunidad no tardaron en aliarse a los españoles y colaborar en la ocupación de esta zona del norte novohispano. Su condición de hidalgos y en consecuencia su calidad de hombres libres les permitió adquirir tierras, producir vinos y beneficiarse a tal punto que hasta llegan a constituir capellanías. Por su parte los españoles se asentaron en la región, mediante el otorgamiento de mercedes reales, y estructuraron una economía basada en la producción agropecuaria.

Muy pronto españoles y tlaxcaltecas se aunarían en una tarea común: la vitivinicultura; aunque con el tiempo los primeros lograrían imponerse numéricamente. Sin embargo estos dos grupos humanos se congregaban en torno a los misterios de la fé cristina y a su experiencia religiosa. Cuestión que se comprueba al analizar los testamentos de unos y de otros, en las celebraciones religiosas y en la imaginería. Así es cómo el Profesor explica la importancia de los fenómenos históricos para entender la mentalidad de la sociedad lagunera actual. La cultura es dinámica y el dinamismo lo confiere un grupo de hombres que va construyendo los cimientos de la sociedad con elementos preexistentes, con los aportes de otros pueblos y con la energía que confiere el tener un ideario religioso común con el único fin de adquirir seguridad, reconocerse en un espacio y trascender a su propio tiempo creando una nueva identidad. Y en ese momento el otro, el distinto, el extraño, ya no se distingue, sólo existe "el nosotros".

Es ya costumbre en los trabajos del Dr. Corona encontrarnos con Apéndices Documentales de gran riqueza no sólo para la zona que trata, sino para otros espacios con semejante actividad productiva. En este caso nos referimos a los calendarios agrícolas de las actividades algodoneras, cuadros de producción y documentos que nos permiten comprender con mayor claridad el fenómeno que analiza; pero también el Dr. Corona tiene la gran habilidad de insertar fuentes que por su curiosidad nos asombran, sin distraer el rigor científico. Finalmente, hay que decirle al Dr. Corona que esperamos leer nuevas investigaciones dada su capacidad y la posición de privilegio que ostenta como Director del Archivo Histórico de la Universidad Iberoamericana de Torreón y Profesor de dicha institución de enseñanza superior.

Dra. Ana María Rivera Medina
Profesor Tutor UNED BIZKAIA
España"

lunes, enero 15, 2007

Trenes fabricados en La Laguna

En 1910, la hacienda de Hornos, ubicada al oriente de la entonces muy joven ciudad de Torreón (Coahuila, México) se distinguía de entre todas las demás de la nación. Antigua propiedad de los jesuítas, contaba con una vieja casa amueblada y habitada. En su capilla —reliquia misionera de los hijos espirituales de San Ignacio de Loyola— estaban expuestas a la veneración algunas pinturas del siglo XVIII.

Pero no era la producción agropecuaria de la hacienda lo que llamaba la atención, sino su producción industrial. Al poniente de la casa principal se levantaban los sorprendentes talleres de fundición de la hacienda de Hornos, los cuales fabricaban locomotoras, vagones de ferrocarril y tranvías. Las instalaciones de la factoría estaban distribuidas entre varios departamentos. El primero era el de la fundición del hierro, con un horno de 70 pulgadas que podía fundir piezas hasta de 15 toneladas. Contigua estaba la no menos importante fundición de bronce.

La herrería contaba con 12 yunques con sendas forjas alimentadas con aire por un ventilador conectado con la flecha principal del taller de maquinaria. Había también un martillo de vapor de 800 libras para forjar las piezas grandes.

El taller general de maquinaria estaba montado con la tecnología más avanzada de la época. El torno mayor era de 48 pulgadas de vuelo y de 28 pies entre los centros, mientras que el más pequeño servía para la fabricación de piezas delicadas. Había prensas hidráulicas de hasta 200 toneladas de presión, sierras circulares, taladros, cepillos, ajustadoras, sierras de banca para metales, desgastadores universales, una de las más completas “frisadoras” (milling machine) con todos sus accesorios; sacabocados tijeras que de un golpe cortaban en frío barras de acero de cuatro pulgadas “en cuadro”, laminadoras para la fabricación de las calderas, etc.

Había un departamento de carpintería y otro de material rodante para ferrocarriles. A éste eran conducidas todas las piezas fabricadas en los otros departamentos para armar los vagones de ferrocarril que ahí se construían y armaban completamente: locomotoras, carros tanque, carros para pasajeros y tranvías.

Es de llamar la atención que todos los obreros eran laguneros de nacimiento, adiestrados por el ingeniero —también mexicano— Claudio Juan Martínez. La hacienda y los talleres de fundición de Hornos pertenecían a dicho ingeniero, nacido en Veracruz el 22 de agosto de 1879. Sus padres fueron los señores Claudio A. Martínez y Adela Martínez, acaudalados comerciantes del puerto de Veracruz.

Desde joven, Claudio Juan sintió una gran disposición para la mecánica. Estudió tres años en el Instituto Veracruzano (Escuela Preparatoria de Veracruz). Luego se mudó con sus padres a la hacienda de Hornos, recién adquirida por aquéllos. En la hacienda se ocupó del departamento de mecánica. Cuando tenía 17 años y en vista del talento que demostraba, sus padres lo enviaron a estudiar a un colegio de agricultura y mecánica de Texas. Ahí cursó en un año (1896-1897) los dos años de mecánica.
La escuela texana le quedó pequeña a Claudio Juan y continuó sus estudios de ingeniería mecánica en la Universidad de Cornell, Nueva York, donde destacó en los estudios teóricos y en la práctica requerida para obtener su título académico. En 1901 fue autorizado por la Universidad de Cornell para que hiciera su tesis en México, misma que realizó en la “Jabonera La Esperanza”, propiedad del señor Juan F. Brittingham. Claudio Juan Martínez terminó sus estudios en 1901, cuando tenía 22 años de edad.

El objetivo del ingeniero Martínez era el de poder instalar talleres de fundición en su hacienda de Hornos, y ahí construir todas las herramientas que podría requerir la industria nacional. Desde luego, le interesaba romper la dependencia tecnológica del extranjero —particularmente de los Estados Unidos— a la vez que hacía un buen negocio.

El ingeniero Claudio Juan Martínez comenzó fabricando ferrocarriles con el proyecto de establecer un tren minero entre Hornos y Mazapil, en el estado de Zacatecas. Las diversas instalaciones de los talleres de fundición le permitían construir vagones de pasajeros, carros-tanque, locomotoras y también vagones de tranvía.

Los vagones de pasajeros construidos en la hacienda de Hornos llamaban la atención por los lujosos acabados que contrastaban con la severidad de las sillas individuales de madera, más adecuadas para una oficina que para un vagón de ferrocarril. Los vagones contaban con bombillas eléctricas para su iluminación.

Es una pena que el precoz despegue industrial de la Comarca Lagunera haya encontrado obstáculos primero en la Revolución, y posteriormente en los casi desconocidos Tratados de Bucareli, firmados en 1923. En virtud de los mismos, los Estados Unidos reconocerían la legitimidad de los gobiernos posrevolucionarios (particularmente el del general Álvaro Obregón) a cambio de que, entre otras cosas, México renunciara a la fabricación de maquinaria pesada y se comprometiera a comprarla a los industriales estadounidenses.
Esta relación no cambiaría sino hasta el gobierno del general Ávila Camacho, cuando la Segunda Guerra Mundial obligó a los estadounidenses a contar con un vecino más industrializado.

viernes, enero 12, 2007

Antropología del chisme

Ya en otra ocasión he mencionado el fenómeno (tan común en Torreón) del canibalismo entre intelectuales, creadores y agentes de la cultura. La intolerancia, la antipatía y la envidia parecen ser pasiones demasiado frecuentes en este medio. Hasta ciero punto es una ventaja que los artistas sean gente de pasiones intensas. Con una actitud creativa, la pasión es inspiración, fuerza potencial, capacidad creadora.

La pasión es un sentimiento que se padece, en el sentido pasivo del término. Es decir, es algo que se genera involuntariamente, algo que nos impacta, que nos energetiza, nos afecta. Estrictamente hablando, las pasiones no tienen signo moral: ni nos hacen mejores, ni peores. Son una mera circunstancia en nuestras vidas.

Pero lo que hagamos con la fuerza de nuestras pasiones, eso si tiene signo ético o moral. Aquéllas son energía que nosotros convertimos o permitimos que se conviertanen actos. Un hombre o una mujer sensata domina sus pasiones, no se deja dominar por ellas. Como un auriga experimentado, puede usar esa fuerza motriz para externarla de una manera constructiva, creativa, benéfica.

La envidia es quizá una de las pasiones más destructivas que florecen en el medio de los artistas, intelectuales y agentes culturales de Torreón. El medio de la culturade nuestra ciudad tiene fama de estar eternamente polarizado, fragmentado en grupos, o solidarios o antagonistas. El chisme, la calumnia y la mentira sistemática son modos que muchos usan para descalificar a sus rivales. Muchas veces basta con brillar un poco para convertirse en rival de estas personas o grupos.

Cuando los o las intelectuales que sienten envidia de sus homólogos permiten que estas pasiones se conviertan en actos de agresión, lo único que hacenes mostrar su verdadera estatura como intelectuales y artistas enanos. No es calumniando como se les reconocerá su talento ni con sus calumnias le quitarán el brillo a quienes se lo han ganado con su trabajo. A final de cuentas, cada quién cosechará lo que haya sembrado. No es importante lo que uno diga sobre sí mismo o sobre los demás; lo verdaderamente importante, lo que realmente cuenta, es la obra de cada quién.

viernes, enero 05, 2007

Torreón, libre de impuestos

Una de las grandes fuerzas propulsoras del desarrollo industrial de Torreón a finales del siglo XIX, fue la política fiscal. Desde inicios de la última década de dicho siglo, la exención de impuestos para aquellas industrias que se instalaran en la congregación y luego villa de Torreón fue un inmenso atractivo para quienes estuvieron dispuestos a invertir sus capitales en la creación de establecimientos fabriles y comerciales.

Esta política funcionó por vez primera en La Laguna con excelentes resultados cuando el virrey arzobispo Juan Antonio Vizarrón liberó del impuesto sobre la renta y de impuestos al comercio (alcabalas) a los productores de vinos y aguardientes de Parras y su jurisdicción, en 1738. Por el occidente, este territorio llegaba hasta el río Nazas. Torreón hubiera quedado comprendido en él si hubiera existido por entonces.

En el caso de la congregación y villa del Torreón, esta política fiscal brindó excelentes resultados. Funcionó como un catalizador para el establecimiento de fábricas, y por ende, para ofrecer nuevos horizontes a los inmigrantes que poblaron el núcleo urbano a una velocidad realmente vertiginosa. Y aunque existía un decreto general, cada nueva industria que se establecía en Torreón solicitaba al gobierno del Estado de Coahuila el decreto que la exentaba de manera particular.

Entre los decretos de exención de impuestos, registramos los siguientes:

El decreto del 18 de febrero de 1898 liberaba del pago de impuestos a la instalación del Alumbrado Eléctrico de Torreón.

El decreto del 7 de noviembre de 1897, por el cual se exceptúa del pago de impuestos a la Fundición de Fierro y Acero.

El decreto del 10 de diciembre de 1900 liberó de contribuciones a la Fábrica de Dulces y Aguas Gaseosas de Torreón.

El decreto del 27 de mayo de 1901 liberó del pago de impuestos a una lavandería torreonense movida por vapor.

El decreto del 4 de julio de 1901 liberó del pago de impuestos a la fábrica “La Internacional” de Torreón, cuya matriz estaba en Chihuahua.

El decreto del 11 de diciembre de 1901 eximió del pago de impuestos a una fábrica beneficiadora de ixtle en Torreón.

El decreto del 27 de diciembre de 1901 liberó del pago de impuestos a una empresa prestadora de servicios de limpieza en Torreón.

El decreto del 27 de junio de 1902 eximió de impuestos a una fábrica torreonense de cerillos.

Y como estos, existieron muchos más decretos que muestran con claridad cuáles fueron los incentivos legales con que contó la villa del Torreón para sufrir una metamorfosis demográfica tan extraordinaria como la que aconteció entre 1893 y 1907.
Para revisar estos y otros decretos, véase "Directorio comercial e industrial de La Laguna por Baca y Aguirre 1905-1907". Torreón, 2006.

martes, enero 02, 2007

Feliz año 2007

Iniciamos con este apunte la crónica virtual del año 2007. Sin duda alguna, será significativo para la ciudad de Torreón, ya que el próximo 15 de septiembre cumplirá su primer centenario como ciudad. Desde el 15 de septiembre del año que recién terminó, los festejos y eventos de toda clase no se hicieron esperar.



Este año seguiremos celebrando el surgimiento de nuestra gran ciudad. Y para aquellas familias cuyos ancestros se encuentran registrados en el censo de 1892, cuando Torreón era una simple congregación, seguiré presentando los resultados de mis pesquisas genealógicas en la serie "Familias centenarias de Torreón".

El censo de 1892 es quizá el registro de habitantes más antiguo de nuestra población. Por esta razón, todas las personas inscritas en él merecen con toda propiedad el título de fundadores, y de manera particular, aquellos que echaron raíces en estas tierras. Y esto porque estaban aquí poco antes de que se decretara la existencia del municipio de Torreón. El 24 de febrero de 1893 fue segregado del de Matamoros el nuevo municipio de Torreón, si bien este decreto no entró en vigor sino hasta septiembre del mismo año.

Sabemos que hubo otros fundadores más antiguos, aquellos que desde 1850 comenzaron a poblar en rancho del Torreón. Pero de ellos sabemos más bien por las partidas de bautismo y de matrimonio de las parroquias de Viesca, de Matamoros, de Mapimí o de San Fernando. No se trata de documentos de carácter colectivo.

El Archivo del Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Iberoamericana Laguna, y el Archivo Municipal Eduardo Guerra cuentan con ejemplares de este interesantísimo documento. Seguramente son muchas las familias que pueden trazar su genealogía hasta alguno de los matrimonios o individuos inscritos en sus páginas.

Deseamos a todos nuestros lectores que el 2007 venga acompañado de toda clase de bienestar, y de éxito.

domingo, diciembre 31, 2006

Saldo económico del 2006

El municipio de Torreón, en el Estado de Coahuila, en México, contaba en el 2005 con 577 mil 477 habitantes, según los cómputos del INEGI. Y de acuerdo a la información ofrecida por un suplemento del diario torreonense La Opinión, el 2006 fue un buen año para la mayoría de los sectores económicos.

Peñoles habría tenido un incremento de ventas durante el 2006. Las cifras manejadas son de 25 mil 345 millones 510 mil pesos al mes de septiembre de 2006. Esta cantidad implica que se superaron las ventas del 2005 para el mismo período por 7 mil 455 millones 803 mil pesos.

Lala incrementó su fuerza laboral con 2 mil 815 empleos durante el año que hoy acaba. Este grupo industrial pasó de 37 a 39 empresas y mantiene su mercado en Latinoamérica y los Estados Unidos, con tendencia a crecer. Su inversión en activos, de acuerdo a esta fuente, es de 1 mil 49 millones de pesos, y cuenta con un total de 26 mil 415 empleados.

El centro comercial Galerías Laguna cuenta con un incremento económico del 15%. Durante 2006 hubo 1 mil 500 empleados, 100 locales comerciales operando, 448 mil 500 visitantes al mes (no lejos del medio millón) y 195 mil vehículos que ingresaron a su estacionamiento cada mes.

El Grupo Simsa está constituido por 17 diferentes empresas. Este grupo fue fundado en 1967 por un grupo de empresarios laguneros con el propósito de producir y distribuir bienes y servicios
incluidosen las siguientes divisiones: Transporte, Gas L.P., Gasolina, Volvo, Inmobiliaria, Gas Natural, Alimentos, Agregados para la Construcción. Este grupo tiene capital e intereses comerciales en varios estados del país. Destaca la inversión realizada en 2006, la adquisición de un gasoducto de más de 95 kilómetros, desde el municipio de Acolman hasta Toluca, en el Estado de México. Sus ventas en 2006 registraron un incremento de entre el 15 al 50%, según la división.

La Organización Soriana también experimentó crecimiento. Sus ingresos netos en el trimestre julio-septiembre de 2006 ascendieron a 14 mil 64 millones de pesos, y fueron superiores a los del mismo período del 2005 en un 20.5% (un 15.8% en términos reales). Durante el tercer trimestre de 2006 se abrieron Sorianas en Playa del Carmen, y Toluca, y Mercados Soriana en Puebla, Guadalajara y Chihuahua. Esta organización cuenta con 148 Sorianas, 48 Mercados Soriana, 19 City Club, totalizando 215 establecimientos.

Al igual que las mencionadas, una buena cantidad de empresas o plantas regionales han experimentado crecimiento durante el 2006. Las nuevas inversiones extranjeras superaron los 75 millones de dólares, y el empleo subió en 4.32 %. El IMSS reportó8 mil 665 más plazas que las que había en 2005. De acuerdo a las fuentes de dicha institución, en La Laguna de Coahuila hubo un incremento del 4.74% en las afiliaciones.

Por otra parte, según el suplemento citado, la inflación acumulada de enero al mes de noviembre de 2006 en Torreón fue de 3.39% contra el 4.25% del 2005.

Todo parece indicar que, en términos generales, 2006 fue un buen año para Torreón. Esperamos que el 2007, que será el de su centésimo aniversario como ciudad, sea todavía mejor.

De climas y tolvaneras

Durante la última semana del año, ha predominado el clima frío en Torreón y en la comarca. Nada menos ayer veíamos el curioso espectáculo que se ofrecía con un cielo muy cristalino y azul como fondo. Un rápido avance de nubes que procedían del norte, muy bajas y cargadas de humedad, mientras que a muchísima mayor altura, grandes nubes, también densamente cargadas de humedad, se dirigían al norte. Es decir, dos grandes masas de aire, una polar y la otra tropical, se dieron cita sobre la Comarca Lagunera. El resultado fue una gélida y fina llovizna, y en algunos sitios, como Ceballos (Durango) nieve.

Como ha sucedido siempre en Torreón, su clima es imposible de predecir. Durante la semana, después del frío navideño, sentimos la llegada de una gran masa de aire tropical . Durante algunas horas nos olvidamos el frío del invierno. Pero volvieron las masas de aire polar, y todo indica que, aunque el 31 de diciembre de 2006 será un día soleado, tendremos una nochevieja fría.

Y ya que comentamos el clima, mencionaré el enorme desconcierto que me produjo la tolvanera o viento negro, como algunos llamaron al fenómeno, del 12 de junio de 1985. Como a las cinco de la tarde celebrábamos la piñata del segundo cumpleaños de mi hijo en algún local de la colonia Torreón Jardín, cuando, al mirar hacia el norte, quedé atónito. Por toda la línea del horizonte avanzaba una especie de enorme, altísima nubosidad negra que tenía un movimiento interno como de oruga de tractor. Parecía venir rodando sobre sí misma en dirección de la ciudad. Se necesita ser lagunero para entender qué clase de tolvanera lo puede dejar a uno atónito, o hacer que la gente se arrodille en las calles, presa del terror.

Yo traía mi cámara fotográfica —una Minolta de mis días de estudiante de comunicación— y hubiera sido de lo más simple obtener algunas fotografías muy ilustrativas del fenómeno que describo. Pero en ese momento solamente pensé en la seguridad de los pequeños que celebraban a cielo descubierto. Jamás había visto algo semejante, y por el movimiento rotatorio del fenómeno, pensé que se podía tratar de un tornado o inicio de tornado. Por lo tanto, me olvidé de las tomas fotográficas y me dediqué a buscar refugio para los niños y sus papás.

Mientras hacía esto, pasó a gran altura sobre Torreón una especie de rapidísima corriente de aire, a la vez que a caía un polvo muy fino y se dejaba sentir un fuerte olor a cieno.

Solamente alcanzaron a resguardarse algunos niños bajo las mesas cuando llegó un fortísimo golpe de viento y tierra que venía a ras del suelo. En cuestión de segundos bajó la temperatura ambiente. El viento y el súbito descenso de la temperatura mataron todas las plantas de los invernaderos del centro de investigación en el cual yo laboraba por entonces.

A partir de ese momento, el extraño fenómeno se convirtió en lo que pudo ser la peor tolvanera del siglo XX en la Comarca Lagunera. Afortunadamente, no pasó de eso.

lunes, diciembre 25, 2006

Los "nacimientos" decembrinos



El "nacimiento" como representación artística tradicional del nacimiento de Jesús en Belén, es muy antiguo. Para algunos, fue San Francisco de Asís el que inició esta costumbre navideña. De Italia, se habría extendido al resto del mundo católico en diversas épocas y circunstancias. La era del barroco, que coincidió con la colonización y evangelización del norte de la Nueva España, le dio aún mayor importancia al valor ideológico y litúrgico de las figuras antropomorfas católicas.

Podemos decir que a La Laguna, la práctica de instalar nacimientos llegó con los misioneros jesuitas. Fueron ellos quienes fundaron el pueblo de Santa María de las Parras como centro de su obra evangelizadora, y como capital administrativa, religiosa y cultural de La Laguna de Coahuila y Durango. Por ellos se creó la alcaldía mayor de Parras, La laguna y Río de las Nazas, territorio que abarcaba nuestra Comarca Lagunera de Coahuila y Durango. En alguna exposición de arte jesuita de Parras (Museo Regional de La laguna, INAH) pudimos admirar un San José y una Virgen María de un nacimiento del siglo XVII.

En nuestra comarca, los laicos tenían por costumbre poner en sus casas figuras de la tríada que llamaban el "misterio", a saber, el niño Jesús, María y José. En algunos casos, las figuras sagradas de mayor precio habían sido fabricadas en el lejano oriente, y los rasgos de sus fisonomías marfilinas eran asiáticas. Con su vasto comercio de vinos y aguardientes, la de Parras era una comarca próspera y abierta al comercio. Mapimí lo fue también con sus minerales, aunque no de manera continua, debido al constante ataque de los indios enemigos.

En cuanto a las prácticas religiosas de los laicos, tenemos el ejemplo del indio tlaxcalteca-lagunero de Parras, Lázaro Miguel, que vivió durante la segunda mitad del siglo XVII y principios del XVIII. Él celebraba, al igual que sus contemporáneos, las "levantadas" y "acostadas" del "niño Dios" en la navidad y la candelaria. Su testamento, firmado el 3 de noviembre de 1715, declara, entre otras cosas, la propiedad de "un nacim[ien]to con su tavernáculo pequeño". El tabernáculo servía para guardar, transportar o exhibir. Esto indica que equivalía a nuestro actual pesebre.

Otro indígena lagunero también de Parras, Felipe Cano Moctezuma, bautizado el 13 de febrero de 1659, tenía en su casa un "niño Jesús" al que le brindaba la misma veneración que Lázaro Miguel. Estas costumbres centenarias fueron extendiéndose a todas las poblaciones de la Comarca Lagunera a medida que desde Parras y San José y Santiago del Álamo (Viesca) se iba colonizando el territorio. Los primeros agricultores que fueron poblando el Rancho del Torreón desde 1850, eran personas que provenían de los asentamientos de la hacienda de San Lorenzo de La laguna, y también de Matamoros, o bien de los ranchos y villas de Durango como Mapimí, Cuencamé o San Fernando. Todos ellos traían esta vieja herencia cultural lagunera que se expresaba en la colocación de los nacimientos, y sobre todo, en las "levantadas y acostadas" del niño, con los obligatorios rosarios y letanías.

Al lado de la liturgia oficial o formal de los templos (celebración del Adviento, misa, rosarios) los habitantes de La Laguna contaban con prácticas religiosas seculares. La instalación del nacimiento les permitía celebrar de manera no formal o institucional, aunque sí muy piadosa y sentida, los misterios de su fe. Era una manera de reforzar su identidad católica occidental y de pedir la protección divina frente a la amenaza que representaba la multitud de indios salvajes que merodeaban estas tierras.

Durante el porfiriato surgieron nuevas modas, como la del árbol de navidad, costumbre de origen alemán que pasó a Inglaterra (con la dinastía de Hannover) y de ahí al mundo entero. En la Comarca Lagunera, los habitantes de las áreas rurales o urbanas populares usaban el mezquite para complementar el pesebre navideño. Las familias de origen alemán o estadounidense usaban el pino adornado de candeleros con pequeñas velas.

En muchos hogares de Torreón, los nacimientos han sido desterrados, quedando en su lugar el pino navideño. En cambio, entre las clases populares, el nacimiento no puede faltar, ni la liturgia familiar que se ha desarrollado en torno a la acostada y levantada. Hay madrinas del "niño" e incluso se acuesta a varios "niños" a la vez en un mismo pesebre. La colocación de estos nacimientos populares ha seguido un criterio maximalista es decir, mientras más, mejor. Se les dedica habitaciones enteras, cientos de figuras en una especie de "open house" o casa abierta, donde todos los vecinos que lo deseen pueden transitar y admirar estos grandes nacimientos.

viernes, diciembre 22, 2006

Fernando Peralta o el valor de la memoria



Antiguamente, la experiencia personal, la memoria individual era garantía de veracidad. Los testimonios eran veraces porque un individuo había tenido la experiencia personal de las cosas que atestiguaba. Con este argumento de verdad, el apóstol Juan inicia su primera carta, hablando de lo que ha visto, tocado y oído.

Con el surgimiento de las ciencias modernas, el énfasis recayó en la evidencia más que en el testimonio personal o colectivo. De acuerdo al método científico cartesiano, solo la evidencia tiene valor probatorio.

Este principio es particularmente valioso cuando se trata del discurso histórico. Un viejo modelo de historiar, tan viejo como Herodoto, da enorme cabida al testimonio. Pero desde el siglo XVII, los historiadores prefieren la evidencia del hecho, evento o conducta antes que el testimonio oral.

Y es que la memoria del ser humano, por buena que sea, es susceptible al error, al autoengaño, a la reinterpretación o al olvido.

Un buen ejemplo de lo anterior nos lo proporciona Fernando Peralta, el "simpático anciano" que en 1932 era considerado por Eduardo Guerra "archivo viviente en la historia del rancho primitivo" del cual surgió nuestra ciudad. De acuerdo al mismo Guerra, se trataba del último superviviente de los primeros habitantes del Rancho del Torreón, quien conservaba "una lúcida y clara memoria".

Fernando Peralta representa en realidad la fuerza y el valor que se le atribuía en 1932 a la historia oral, a la experiencia personal. Su memoria y veracidad eran percibidas como incuestionables por esta razón.

De acuerdo al texto de la Historia de Torreón de Guerra, Fernando Peralta relataba que había nacido en Cuencamé. Según esta narración, su padre había sido Guadalupe Peralta, quien lo tomó consigo recién nacido, y lo trajo con él al Rancho del Torreón en 1860. Guadalupe su padre habría venido a reunirse con sus primos Guadalupe, Serafín, Melquíades y Natividad.

¿Puede dudarse del conocimiento (histórico) como lo quería Descartes, hasta no contar con la evidencia que le de valor probatorio a la mera afirmación individual?

El hecho es que Fernando Peralta no estaba del todo correcto cuando hablaba de sus propios orígenes. De acuerdo al libro de bautismos del período 1848-1864 de la parroquia de Santiago Apóstol de Mapimí, Fernando fue bautizado ahí el 30 de mayo de 1862. Sus padres, según el mismo documento, fueron Guadalupe Peralta y Marcelina Adame. Su hermano José Pedro de Jesús, fue bautizado ahí mismo el 18 de septiembre de 1864.

Sobre la existencia y lugar de nacimiento de los primos de Guadalupe Peralta de los cuales Fernando hace referencia, ya hemos dedicado un artículo. En éste, queda claro que Guadalupe, Melquíades y Natividad Peralta, primos de Guadalupe Peralta, padre de Fernando, eran también oriundos de Mapimí e hijos de Eulogio Peralta y de María Manuela Martínez (ver "Los Peralta: una familia torreonense de abolengo").

Por lo tanto, y a pesar de los recuerdos personales de Fernando Peralta, debemos replantear su historia familiar. A manera de hipótesis, podemos aventurar que Fernando quedó huérfano de madre siendo muy pequeño (no existen otras actas de bautismo de hermanos o hermanas), y que por esa razón su padre y él dejaron Mapimí (en 1864 o poco después) y vinieron a establecerse a Torreón, donde estaban sus primos y conocidos.

Notemos que la parte cuestionable de los recuerdos de Fernando es aquélla que se refiere a sus orígenes. Su relato no menciona a su madre, lo cual nos hace pensar que casi no la conoció. Y es difícil esperar que una persona recuerde el nombre del lugar donde nació cuando ni siquiera se acuerda del de su madre. O quizá ni siquiera lo quiere recordar precisamente por causa de la muerte de un ser tan querido. El ser humano es un ser psicológico, y por lo tanto, dinámico. Se ajusta a su mundo y circunstancias. ¿Qué más daba que fuera Cuencamé o Mapimí su lugar de origen, perdido todo vínculo familiar en el tiempo y la distancia?

Fuera de especulaciones, es tiempo de que los científicos sociales, particularmente los historiadores, apoyen sus afirmaciones en sólida evidencia documental. El caso de Fernando Peralta demuestra que no podemos confiar ni en la veracidad de nuestra propia memoria, si no va acompañada de evidencia.

jueves, diciembre 21, 2006

Prosiguen los festejos del Centenario



Desde septiembre pasado, Torreón se encuentra irreconocible por la cantidad y la calidad de los eventos culturales que han tenido lugar.

Prácticamente no hay día en que no haya un concierto, recital, presentación de libro, exposición o algún otro evento por el estilo. Es de llamar la atención cómo estas manifestaciones estéticas e intelectuales en su conjunto han estimulado el interés de la población por el arte y por la historia regional.

Aunque Torreón no es una capital estatal, y por lo tanto no cuenta con los subsidios usuales de éstas para los eventos de la cultura y la ciencia, Torreón se ha convertido en un escaparate artístico de primer nivel, por la calidad de los espectáculos que presenta, muchos de ellos internacionales.

Como se hace en las capitales de algunos estados, sería muy conveniente, y también muy deseable, que estos artistas de la música y del teatro ofrecieran una función gratuita en algún estadio o plaza de la ciudad, ya que, por desgracia, no todos los torreonenses tienen las posibilidades económicas para comprar un boleto de taquilla.

UNESCO ha definido el derecho a la educación como uno de los derechos fundamentales del ser humano. Educar es cultivar. No se puede despreciar a las clases populares por incultas cuando no se promueve activamente su educación, incluida la artística. Pero estamos seguros de que las personas encargadas de gestionar estos eventos, lograrán algo al respecto. Así, los festejos serán verdaderamente de todos.

Internet en espacios públicos



Uno de los proyectos del Ayuntamiento de Torreón para el año próximo es el de dotar algunos espacios públicos plaza de armas, alameda con acceso inalámbrico a la red mundial (Internet). La idea es que los estudiantes que acuden a estos espacios con computadoras portátiles puedan consultar los sitios virtuales que consideren de interés.

En lo personal, y como residente de muchos años de un hogar que se encuentra a menos de 100 metros de la alameda, debo decir que los estudiantes que he visto acudir a este parque difícilmente pertenecen a la clase socioeconómica de los que suelen poseer y usar un artefacto de esta naturaleza. Los que visitan la plaza de armas no son muy diferentes a los descritos.

Pero la medida sería un acierto si se piensa en otro tipo de usuarios que se encuentran apenas a metros de la plaza de armas: los inquilinos de los hoteles, los parroquianos de los cafés, y quizá los visitantes de los museos, si se les permite introducir una computadora personal portátil y si la señal es suficientemente fuerte. Éstos últimos serían los espacios idóneos para que los estudiantes tomen notas virtuales.

sábado, diciembre 16, 2006

Festival navideño de la tercera regiduría

Hoy en punto de las cinco de la tarde dio inicio el Primer Festival Navideño organizado por la tercera Regiduría de Torreón, cuyo titular es el Lic. Gerardo Iván García Colmenero. Lo pudimos ver entusiasta, moviendo cajas, preparando todos los detalles en compañía de los jóvenes que conforman su equipo. El evento se llevó a cabo en el auditorio de la Escuela de Medicina de Torreón.

El programa incluyó un concierto navideño a cargo de la Orquesta Sinfónica Silvestre Revueltas y la Camerana Mozart. Ambos ensambles están constituidos por niños músicos. Luego siguió una charla sobre el significado de la navidad, las pastorelas y las posadas, la cual estuvo a cargo de este cronista. Finalmente, Gerardo Moscoso presentó una pastorela norteña con el grupo de teatro del ICOCULT.

Es de destacar la intención del Lic. García Colmenero, de que en estos festivales se busque profundizar el sentido de la navidad, y cultivar el espíritu antes que gratificar el estómago. Podemos decir que este objetivo se cumplió plenamente, y que los niños y sus padres salieron muy complacidos, con mayores conocimientos sobre el arte musical y teatral, y por supuesto, edificados por el ejemplo de otros niños que a su tierna edad ya se presentan en conciertos. No faltaron los tradicionales bolos con dulces.

Familias centenarias de Torreón: los Eppen.

Este es uno de aquellos linajes reconocidos socialmente como de los más antiguos de Torreón. Su fundador fue Andrés Guillermo Eppen Aschenborn, quien nació el 13 de julio de 1840 en la ciudad de México, hijo legítimo de Federico Eppen y Carlota Guillermina Aschenborn, ambos de origen prusiano. Fueron sus abuelos paternos Andrés Eppen y Margareta de la Motte, y los maternos, Enrique Aschenborn y Carlota Lehmann. Andrés Guillermo Eppen fue bautizado el 16 de agosto del mismo año, en la parroquia de San Miguel Arcángel de la ciudad de México.

Con solo 22 años de edad, Andrés Guillermo vino a Mapimí (Durango, México), donde conoció a una lagunera que lo cautivó y con la cual contrajo matrimonio ahí mismo el 3 de marzo de 1862. Se trataba de la señorita Antonia Zúñiga. Ella tenía por entonces 20 años de edad, ya que había nacido en Mapimí el 13 de junio de 1842. La joven pareja residiría posteriormente en Sapioriz (Durango). Y finalmente, según Eduardo Guerra, Andrés Guillermo Eppen y su familia llegaron al rancho del Torreón y sus alrededores en 1879, a solicitud de la Casa Gutheil.

Andrés Guillermo y Antonia procrearon los siguientes vástagos: Jesús Eppen Zúñiga, nacido el 23 de febrero de 1863 en Mapimí. Guadalupe Eppen Zúñiga, nacida en Sapioriz (Durango) el 17 de julio de 1864. María Eppen Zúñiga, nacida en Sapioriz en 1866. Juana Eppen Zúñiga, quien nació el 1 de septiembre de 1871 en Sapioriz. Margarita Eppen Zúñiga, que casaría con Saturnino L. Lozano Guerrero el 10 de agosto de 1878 en San Fernando, entonces jurisdicción de Mapimí, actualmente ciudad Lerdo (Durango).

De estos troncos surgieron multitud de retoños que han venido a constituir familias tan conocidas como respetables. En el caso particular de María Eppen Zúñiga, comentaremos que casó con Julián Lack Brunner, inmigrante suizo de linaje afincado en Solothurn durante siglos.

Entre los vástagos de este matrimonio se contaban Guillermina Lack Eppen y Julián Lack Eppen.

Guillermina casó con Alfredo de la Parra, y de este matrimonio nacieron Alfredo de la Parra Lack y María Estela de la Parra Lack, personas muy conocidas y estimadas en la Comarca Lagunera.

Julián Lack Eppen casó con María Encarnación Esparza, y tuvieron por hijas a Concepción Lack Esparza y a Rosa Lack Esparza, las dos muy conocidas por su gran calidad humana e interés por el conocimiento.

Como un dato para la crónica de Torreón mencionaré que doña Guillermina Lack Eppen sabía muy bien del gran interés que me causaba la investigación sobre las raíces familiares. En varias ocasiones me contósobre el origen de los Eppen, prusianos de Silesia, gente extremadamente distinguida del estamento nobiliario del Antiguo Régimen. La familia de la Motte, me decía, procedía de la aristocracia emigrada de Francia hacia Alemania durante la Revolución Francesa. Los Aschenborn, cuyo apellido significaba nacido de sus cenizas como referencia al mítico Fénix, tenían vínculos de sangre con las principales familias prusianas.


Como mera nota al pie, menciono que los datos cronológicos los hetomado de investigaciones previas conservadas en Iglesia de los Santos de los Últimos Días, Salt Lake City, Utah.

jueves, diciembre 14, 2006

Burocracia sin espíritu de servicio

El día de hoy tuve la oportunidad de visitar como usuario una de las oficinas gubernamentales que prestan servicios al público en general. No quiero decir cuál de ellas fue, pero sí quiero comentar que cuando llegué era el único usuario que esperaba, y que aún así, los empleados tardaron una hora en darme el ingreso para atenderme. Mientras tanto, se acumularon las personas que necesitaban la atención de esta oficina y que no se explicaban qué asunto de tan capital importancia podía estar reteniendo a sus tres empleados, de los cuales una señorita parecía no hacer otra cosa que descansar y platicar animadamente con sus compañeros y con otra señora, su amiga a ojos vistas.

Cuando tuve la dicha de ser por fin atendido, el empleado me platicó en tono de confidencia que le habían caído gordas dos personas que estaban "agitando" a los usuarios que, frustrados, hacían cuentas de cuánto tiempo les iba a tomar ser atendidos. Confieso que salvo por la espera inusualmente larga, fui bien atendido. Pero la espera de aquellos que llegaron después de mí fue, sin duda, desesperante.

Los empleados de las oficinas municipales son el rostro del ayuntamiento de Torreón para todos los usuarios que acuden a ellas. Como director de un Archivo Histórico, es decir, de una oficina que presta servicios a cualquier persona que los solicite, entiendo la importancia de pensar siempre en el usuario, la importancia de la amabilidad, del buen trato, de la cortesía, y sobre todo, del entusiasmo que se le ponga al trabajo encomendado. Entiendo perfectamente que yo soy la cara de la Universidad Iberoamericana Laguna para aquellos que ocurren por algún servicio al Centro de Investigaciones Históricas.

Y al reflexionar sobre la propia experiencia me pregunto: ¿Será demasiado pedir a los servidores públicos de cualquier oficina gubernamental que entiendan que ellos son la cara del alcalde y del ayuntamiento de Torreón ante todos los ciudadanos? ¿Será demasiado pedir que entiendan que están para eso, es decir, para servir, y que su sueldo lo pagan los contribuyentes que acuden a solicitar su ayuda? ¿Es demasiado pedir que comprendan que los usuarios no son sus enemigos?

Después de todo, la eficiencia no consiste solamente en el uso de hardware y software de última generación. Los burócratas serán eficientes cuando piensen en resolver las peticiones y en ahorrar el tiempo de los usuarios que acuden a solicitar algún servicio. Serán eficientes cuando el usuario deje la oficina en cuestión con una sonrisa, complacido por la rapidez y el buen trato. Entonces el ciudadano común realmente creeráque tenemos un excelente gobierno.

Instantes de 100 años

Ayer miércoles fue inaugurada la exposición fotográfica "Torreón, instantes de 100 años" en el Bosque Venustiano Carranza de esta ciudad. Esta colección fue diseñada para exhibirse al aire libre con el objeto de que los transeúntes de dicho parque tengan la oportunidad de contemplarla durante los próximos tres meses.

Se trata de una colección de 50 fotografías antiguas en gran formato, agrupadas por temas: la ciudad y urbanismo; industria; vida cotidiana y revolución.

Esta exposición ha sido organizada por la Dirección de Cultura de Torreón y la empresa Met-Mex Peñoles. Los materiales fotográficos proceden de las colecciones de dicha empresa y del Archivo Municipal Eduardo Guerra de Torreón.

miércoles, diciembre 13, 2006

Familias centenarias de Torreón: los Licerio

Otro caso de inmigrantes de vieja prosapia duranguense es el constituido por el matrimonio formado por Juan Licerio y Juana de Santiago. Ambos se encuentran registrados en el padrón de Torreón de 1892. Él declara tener 60 años de edad (nació hacia 1832), estar casado y ser labrador de oficio. Ella declara tener 45 años de edad, y ser casada, desde luego. Con ellos aparecen censados sus hijos Benito Licerio, de 20 años, casado, labrador; Natividad Licerio, de 22 años, viudo, labrador; y Severiano Licerio, de 10 años. Aparecen también empadronadas Felícitas y Bernardina Licerio.

Benito Licerio de Santiago fue bautizado en Peñón Blanco, Durango, el 26 de marzo de 1871,
hijo de Juan Licerio y Juana de Santiago de acuerdo al libro de bautismos de 1866-1907 de la misma jurisdicción.

Su hermana Felícitas de Jesús Licerio Santiago, hija de los mismos padres, fue bautizada en Peñón Blanco el 27 de mayo de 1875.

Los Licerio estaban en Peñón Blanco y Cinco Señores (Nazas), en Durango y en Villa de Coss, Zacatecas, desde el último tercio del siglo XVIII.

Se puede decir que este es un apellido muy ligado a la historia del algodón, ya que Cinco Señores (Nazas) lo cultivaba desde 1817, por lo menos, y Peñón Blanco tenía una de las textileras de algodón más importantes de Durango desde la primera mitad del siglo XIX. No deja de ser interesante notar que los inmigrantes de aquellas regiones de Durango trajeron a Torreón un saber relacionado con el cultivo y el beneficio de la fibra de algodón.

Familias centenarias de Torreón: los Lechuga

Para continuar con el escrutinio de las raíces de las familias más antiguas de Torreón, mencionaremos el matrimonio conformado por Marcelino Lechuga y Juana Martínez, ambos empadronados en el censo de la Congregación del Torreón en 1892. Él declaró tener 64 años de edad, ser casado y labrador de oficio. Ella declaró tener 60 años de edad.

Junto a ellos aparecen en el padrón sus hijos Hilario, de 33 años de edad, casado, labrador; Eulalio, de 29 años de edad, casado y también labrador; Hesiquio, de 21 años de edad, labrador de oficio.

Y aunque el padrón ya no lo menciona, la investigación documental nos ha permitido remontar las generaciones y ancestros de este matrimonio.

Es por esta razón que sabemos que José Esiquio Mauro Lechuga, uno de los hijos mencionados, nació en Analco, en la ciudad de Durango y fue bautizado ahí mismo el 18 de noviembre de 1871 como hijo de Marcelino Lechuga y Juana Martínez. Su hermano mayor, Marcelino Zenón Lechuga Martínez, fue bautizado en el Sagrario Metropolitano de Durango el 11 de abril de 1857.

De acuerdo al padrón, los varones Lechuga que eran vecinos de Torreón en 1892 y que eran descendientes (hijos y nietos) de Marcelino Lechuga y Juana Martínez eran los siguientes: los ya mencionados Hilario, Eulalio y Hesiquio, así como Antonio, de 7 años de edad, y Máximo, de 3 años de edad. Todos ellos pueden ser troncos de las familias Lechuga de Torreón, Gómez Palacio y Lerdo, ya que, por ser varones, transmitieron el apellido a su descendencia.

La pareja inicial formada por Marcelino Lechuga Luna y María Juana Martínez Castorena contrajo matrimonio el 31 de agosto de 1856 en Analco, en la ciudad de Durango. Él nació hacia 1828 y era hijo legítimo de Vicente Lechuga Estrada, natural de Sombrerete, Zacatecas, y de María Antonia Luna Santiago, natural de Peñón Blanco, Durango, quienes casaron en este último lugar el 23 de mayo de 1823. La novia fue bautizada con el nombre de Juana Francisca Martínez Castorena, en Analco, en la ciudad de Durango, el 19 de junio de 1831, y era hija de Agapito Martínez y de María Espiridiona Castorena. Éstos últimos a su vez habían casado en el Santuario de Guadalupe de la ciudad de Durango, el 11 de agosto de 1810, justo un mes antes del Grito de Dolores.

El padre de Marcelino Lechuga lo fue Vicente Ferrer Lechuga, bautizado en Sombrerete, Zacatecas el 14 de abril de 1772 en el templo de San Juan Bautista. Era hijo de Clemente Lechuga y Manuela de Estrada.

martes, diciembre 12, 2006

Nueva edición de libro de Eduardo Guerra

El Archivo Municipal Eduardo Guerra recién ha puesto en nuestras manos una “edición del centenario” de la Historia de Torreón por Eduardo Guerra.

Se trata de una edición conmemorativa del texto que dicho historiador publicó por vez primera en 1932, con motivo del vigésimo quinto aniversario de la elevación de nuestra población a la categoría de ciudad. Este libro cuenta con una presentación del alcalde de Torreón, Lic. José Ángel Pérez Hernández, un prólogo del puño y letra de este cronista, y una buena cantidad de anotaciones críticas de pie de página de la autoría del Lic. Carlos Castañón Cuadros, investigador del Archivo Municipal.

La iniciativa para dotar a Torreón con esta nueva y útil edición corresponde al Lic. Jorge Rodríguez Pardo, Director del Archivo Municipal.

Este es un libro con formato tamaño carta, de fácil manejo y lectura, por el tamaño grande de la letra. Consta de 242 páginas, muchas de ellas ilustradas con los gráficos que Eduardo Guerra quiso usar originalmente, más otros que se añadieron por su interés y antigüedad y que dan mejor idea del contenido del texto.

Consideramos que ésta es una buena oportunidad para familiarizarnos con la historia de Torreón, que el próximo 15 de septiembre cumplirá su primer centenario de existencia con la categoría de ciudad.

domingo, diciembre 10, 2006

Primer informe de gobierno del alcalde de Torreón


En el auditorio Santiago Garza del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey Campus Torreón, José Ángel Pérez Hernández, alcalde de Torreón, rindió su primer informe de gobierno. El evento contó con la presencia de los 16 regidores, 2 síndicos, el secretario y el mismo alcalde, más unos 1,400 invitados y asistentes.

Mención especial merece la presencia de algunas personas destacadas, como lo fue el diputado federal Jorge Zermeño Infante, ovacionado varias veces. Zermeño Infante es ex alcalde de Torreón por el Partido Acción Nacional y en la actualidad Presidente de la Cámara Baja del Congreso de la Unión. Estuvieron también Jorge Torres López, Secretario de Finanzas del Estado de Coahuila, representante del gobernador Humberto Moreira. Se contó con la presencia de varios alcaldes de ciudades de Coahuila y de Durango, así como de ex alcaldes de Torreón.

Estuvieron asimismo presentes algunos diputados federales y estatales de Partido Acción Nacional, del Partido Revolucionario Institucional, del Verde Ecologista y del Partido del Trabajo. No podían faltar el Comandante de la Región Militar, el obispo de Torreón y el siempre jovial Carlos González Castañón, Cónsul Honorario de España en nuestra ciudad. Destacó asimismo la presencia de Ramón Iriarte, presidente del Patronato del Centenario de Torreón.

El auditorio estuvo lleno a reventar, y el alcalde fue ovacionado en varias ocasiones, y eran de llamar la atención las porras que en su honor coreaban algunas personas. Se puede decir que el informe tuvo una excelente recepción. El prólogo al informe lo comentó José Ángel Pérez de viva voz, y posteriormente se acudió a los medios electrónicos. El auditorio contaba con varias pantallas que le permitieron a la concurrencia seguir el informe videograbado y los acontecimientos del auditorio en vivo. De manera simultánea, el informe fue transmitido por televisión a la ciudadanía de Torreón.

Se puede decir que el evento fue lucido, que no cabía un alma más en el auditorio, y que el contenido del informe tuvo una buena recepción. Fue muy aplaudida la declaración de que el municipio opera con cero deuda pública.

Felicitaciones para el alcalde y para los miembros e integrantes del ayuntamiento.

jueves, diciembre 07, 2006

Nuevo mural para Torreón

Anoche fue develado el más reciente mural del artista Gerardo Beuchot. Lleva por título “Comarca Lagunera. Orígenes y dinámica” y se encuentra ubicado en el Centro de Iniciación Artística Pilar Rioja, CINART.

La ceremonia de inauguración comenzó a las 20.30 horas en dicho centro. Conformaron el presidium Gabriela Nava, Directora de Cultura de Torreón, como representante del alcalde José Ángel Pérez Hernández; Laura Eraña, Directora del ICOCULT Laguna; Armando Guerra, Director del ICOCULT Saltillo y representante del gobernador de Coahuila, Humberto Moreira; Ramón Iriarte, Presidente del Patronato del Centenario, Gerardo Beuchot, autor del mural, y también este Cronista en su calidad de tal.

Después de los correspondientes discursos y explicaciones en torno al nuevo mural, se procedió a su develación ante la numerosa concurrencia que aplaudió con auténtico entusiasmo, ya que la proximidad del año 2007 y los festejos del centenario de la ciudad han despertado gran interés y sensibilidad histórica entre los torreonenses.
La celebración continuó con vino blanco, refrescos y una gran variedad de canapés.

El mural tiene un gran número de entradas o lecturas. Es significativo que se encuentre ubicado en un plano este-oeste, y que esté diseñado para leerse de izquierda a derecha, ya que esa fue la ruta que siguieron los colonos para crear asentamientos en la Comarca Lagunera de Coahuila: Parras, San José y Santiago del Álamo, Torreón.

Los misioneros y presbíteros jesuitas se encuentran representados debido a la enorme importancia que tuvieron para la creación del territorio de lo que ahora conocemos como “Comarca Lagunera”. La Compañía de Jesús recibió el permiso de Felipe II para encargarse de la evangelización de La Laguna el 6 de abril de 1594. Los jesuitas establecieron a Parras en 1598 como capital administrativa, espiritual y cultural de La Laguna.

El nuevo mural de Beuchot es el primero en la Comarca que muestra individuos de la etnia de los tlaxcaltecas, que tanto contribuyeron al éxito de la empresa de evangelización y aculturación de los aborígenes laguneros. Estos numerosos tlaxcaltecas abuelos nuestros han sido olvidados o negados por nuestra historia regional hasta que Beuchot los ha rescatado y les ha conferido el lugar que les corresponde por derecho propio.

El mismo Porfirio Díaz (tan querido por los torreonenses de 1907) aparece como conductor de la locomotora que trae a Torreón “orden y progreso”, como rezaba el lema de los positivistas y/o científicos, y que resume en tres palabras el ideario porfiriano. Por cierto, se trata de una locomotora fabricada en la Hacienda de Hornos (Viesca), ya que efectivamente, en 1910 existía ahí una próspera industria metalmecánica.

En su conjunto, el mural nos expone el surgimiento de la Comarca Lagunera de Coahuila desde 1598 hasta los inicios de Torreón. Se trata del contexto histórico que explica el surgimiento y consolidación de nuestra urbe. La apropiación de la tecnología europea para la fabricación de vinos y aguardientes fue la clave del éxito económico de la Comarca en la era colonial. En otro momento histórico, la industrialización y modernización de esa misma Comarca —una nueva apropiación de tecnología— ocurrió en Torreón. Así nos lo muestra el mural, surgen un nuevo cultivo, el algodón, y nuevas formas de energía propias de la modernidad: el vapor y la electricidad.
No podemos sino agradecer a los patrocinadores del arte de Gerardo Beuchot por este espléndido regalo que hacen a Torreón con motivo de la celebración de su primer centenario como ciudad. Los ideales del renacimiento se han cumplido nuevamente: se han dado la mano el arte y la ciencia. Desde anoche, Torreón cuenta con una representación veraz, respaldada documentalmente y maravillosamente ejecutada por el hábil pincel de este artista lagunero.

lunes, diciembre 04, 2006

Felipe Calderón jura su cargo presidencial

Tanto Vicente Fox como Felipe Calderón han dado muestras de sensibilidad y prudencia políticas al transmitir por televisión, desde Los Pinos y en cadena nacional, la ceremonia de sucesión del cargo presidencial. Efectivamente, en un acto sin precedentes que comenzó a las 11.45 de la noche del 30 de noviembre, Vicente Fox entregó la banda presidencial a un cadete del Colegio Militar, en presencia de Felipe Calderón. A las 12 de la noche, Calderón aceptó el cargo de nuevo presidente de La República.

Fue este un acto protocolario, sencillo, celebrado en la residencia presidencial en presencia de algunos invitados y funcionarios de los gabinetes saliente y entrante.

Esta sensibilidad y prudencia se hicieron mucho más patentes el 1 de diciembre en la sede del Congreso de la Unión. Los diputados perredistas continuaban bloqueando los accesos con la intención de no permitir el ingreso de los presidentes saliente y entrante, con el fin de restarle legitimidad a la transmisión de poderes.
Por momentos hubo verdaderas batallas campales entre los diputados, y esto en las narices de las delegaciones extranjeras invitadas. Este bochornoso espectáculo fue contemplado, entre otros, por SAR el Príncipe de Asturias, y por el ex presidente de los Estados Unidos, George H. W. Bush. Se nota que a muchos mexicanos les sobra amor propio y les falta orgullo nacional.

Poco después de las 9.30 am del 1 de diciembre, aparecieron en la tribuna el ex presidente Fox y el nuevo presidente Calderón. El arribo fue tan sorpresivo como inseperado, y la sorpresa provocó silencio en muchos de los que estaban más que decididos a provocar algarabía tal que imposibilitara la toma de posesión.

Felipe Calderón pronunció las palabras de rigor con fuerza, claridad y rapidez. Jorge Zermeño Infante le entregó a éste la banda presidencial, y Calderón mismo se la colocó.
Y así como llegaron, entre gritos, así se fueron los protagonistas de la ceremonia de transmisión de poderes.

El día siguiente, 2 de diciembre, el ex candidato a la presidencia Andrés Manuel López Obrador vino a Torreón a iniciar su tournée como “presidente legítimo”. La verdad, su estancia en La Laguna constituyó algo así como un balde de agua fría, ya que no reunió ni a mil personas, cuando como candidato lograba juntar hasta 40,000 aquí mismo.

Una inserción pagada en uno de los diarios locales de mayor circulación le indicaba con toda claridad (y honestidad) que no era bienvenido en La Laguna.

Y consideramos que este es un sentir generalizado en La Comarca. Iguales descalabros está sufriendo en otras regiones del norte del país.

AMLO no puede contar con un mensaje más claro. Sus días como aspirante al poder ya pasaron a la historia. El norte no está interesado en la desobediencia civil. El norte desea seguir por la senda del progreso. AMLO debe encontrar un nuevo rol que le permita luchar institucionalmente contra la pobreza y la injusticia, pero no contra la Nación. Y por lo que se puede apreciar, es mejor que lo haga desde el Distrito Federal.