Escudo de Torreón

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domingo, septiembre 20, 2009

Un general "incómodo"



Como dice la gente, “la vida es una rueda de la fortuna. A veces se está abajo, a veces se está arriba”. Esto resultó particularmente cierto para todos aquellos torreonenses y laguneros que, entusiastas, aclamaron y distinguieron al general José Gonzalo Escobar, para encontrarse después con que éste se convertía en un acérrimo crítico del régimen de Emilio Portes Gil y de Plutarco Elías Calles, máximas autoridades políticas y padres del Partido Nacional Revolucionario.

El 4 de enero de 1926, el Ayuntamiento de Torreón celebró una sesión extraordinaria para hacerle entrega al General de División José Gonzalo Escobar, del decreto expedido por la XXVII Legislatura de Coahuila (1925-1927). Por medio de este decreto, y en atención a los “meritísimos servicios” que había prestado a nuestra entidad federativa este general, el Congreso lo nombraba “hijo adoptivo por nacimiento” del estado.

El acto, aunque sencillo, fue sumamente solemne, y contó con la asistencia de los generales J. Contreras y José San Martín y otros jefes militares de alto rango. El general Escobar llegó al salón de sesiones del ayuntamiento acompañado del diputado Octavio M. Trigo, y del regidor Aurelio Anaya. El diputado procedió a hacer la lectura del decreto:

“El H. XXVII Congreso Constitucional del Estado Independiente, Libre y Soberano de Coahuila de Zaragoza, ha tenido a bien expedir el siguiente decreto:

Artículo primero. Se declara ciudadano coahuilense por nacimiento al señor General de División don José Gonzalo Escobar, en vista de los servicios que ha prestado a la Región Lagunera del Estado.

Artículo segundo. Comuníquese al interesado y al Ejecutivo del Estado para los efectos legales correspondientes. Dado en el Salón de Sesiones del H. Congreso del Estado, en la ciudad de Saltillo, a los veintiséis días del mes de diciembre de mil novecientos veinticinco. Diputado Presidente Manuel Antero Fernández. Diputado Secretario Daniel Cerda.

Durante la ceremonia se mencionó el hecho de que en toda su historia, Coahuila solo había nombrado hijos adoptivos a dos generales de división, a saber, al general Carlos Fuero, colaborador del presidente Benito Juárez, y al general de división Gonzalo Escobar.

El general Escobar, al tomar la palabra, consideró que solamente había cumplido con su deber. Pero que se sentía extremadamente orgulloso de la distinción obtenida, y que esperaba corresponder a Coahuila con un servicio digno.

¿Quién le diría a la concurrencia de esa ceremonia, que el general Escobar se convertiría, a la vuelta de cuatro años, en el general más incómodo que existiera en México, precisamente por arremeter contra el régimen? Y por ende, que Torreón fuera percibida como la ciudad más “escobarista” de la nación.

Fuente: "El Siglo de Torreón", 5 de enero de 1926.

jueves, septiembre 03, 2009

Bombardeos de 1929: el epílogo


El Mercado Juárez como lucía antes del incendio del 16 de marzo

Una vez que, a raíz de los bombardeos y del peligro en que se encontraba la población civil, los insurgentes escobaristas evacuaron Torreón durante la noche del 17 de marzo de 1929, los poderes municipales de Torreón retomaron sus labores.

Por las actas de cabildo de Torreón sabemos que, al día siguiente, el 18 de marzo, se reunieron en junta extraordinaria el presidente municipal Aureliano Rodríguez Sáenz; el primer regidor, Pascual González; el primer síndico, Dr. Ramón Hermosillo; el segundo síndico, Ing. José González Calderón, y el secretario provisional, Joaquín Martínez Chavarría.

A punto de entrar las tropas gubernamentales a Torreón, el gobierno municipal trataba de resaturar el orden, y de deslindarse de cualquier acción o responsabilidad en que hubieran incurrido los escobaristas. Debemos tomar en cuenta que en Coahuila, el general de origen mazatleco José Gonzalo Escobar, contaba con muchos amigos, tanto así que el gobernador Nazario Ortiz Garza lo había nombrado, no hacía mucho, hijo adoptivo del estado.

El alcalde expuso la situación anómala en que se encontraba la ciudad al haber sido evacuada la noche anterior por los “rebeldes” del “ex general” José Gonzalo Escobar, y sin entrar todavía a la localidad las fuerzas gubernamentales. Se acordó que, a la autoridad municipal le correspondía tomar las medidas pertinentes para salvaguardar los intereses de la población. Se acordó organizar la vigilancia con particulares, y de reorganizar las oficinas municipales para gastar menos.

Se decidió que, en lo sucesivo, el personal de la administración sería seleccionado de acuerdo al criterio de su reconocida ideología revolucionaria y su adhesión al gobierno constituido.

El alcalde informó sobre el incendio del Mercado Juárez, ocurrido la noche del sábado 16 de marzo, en circunstancias que fueron consideradas “fortuitas”.

El alcalde dictó un amplio informe acerca de cómo fue aprehendido la noche del 3 de marzo por “el jefe de los infidentes, ex general José Gonzalo Escobar”. Declara que fue mandado sacar del Teatro Princesa, donde estaba con su esposa; que el general Escobar lo invitó a unirse a la rebelión, a lo que se negó; que la negativa causó la ira de Escobar, y lo mandó prisionero al campo militar, de donde logró evadirse. Que permaneció oculto todo el tiempo que los rebeldes estuvieron en posesión de la plaza. Que apenas supo que habían evacuado Torreón, acudió a la Presidencia Municipal, para reasumir sus funciones.

Finalmente, a la entrada de las tropas gubernamentales, una cantidad significativa de militares insurgentes que fueron aprehendidos en Torreón, fueron fusilados.

martes, septiembre 01, 2009

Bombardeos de 1929: recuento de daños


Emilio portes Gil, Presidente en 1929

Si hacemos un recuento de los daños efectivamente reportados que sufrieron los torreonenses a manos de la fuerza aérea del gobierno de Emilio Portes Gil los días 16 y 17 de marzo de 1929, contaremos los siguientes.

-Ametrallamiento aéreo en la avenida Hidalgo, frente al establecimiento del señor Efraín López, causando heridas al señor Antonio Huerta.

-Ametrallamiento aéreo en la calle Ramos Arizpe, ente Iturbide (Presidente Carranza) e Hidalgo, resultando herido el señor Dionisio Hernández.

-Ametrallamiento aéreo de La Alianza, resultando herido el señor Manuel Silva

-Ametrallamiento aéreo de los patios de la estación del ferrocarril, causando heridas y mutilación a un garrotero.

-Una bomba explosiva que detonó sobre la casa del señor Mateo Ornelas, en el barrio “La Durangueña”. Esta bomba destruyó por completo su casa, y lo hirió gravemente.

-Una bomba explosiva detonó en la calle Valdés Carrillo, entre Juárez y Morelos (frente a la plaza) la cual causó la muerte del señor Alejo Torres y heridas a la señora María Concepción Soto y al señor Salvador Izarrague.

-Una bomba explosiva detonó en la calle Valdés Carrillo, entre Hidalgo e Iturbide (Presidente Carranza) muy cerca de “la casa eléctrica” causando heridas a Ascensión Rodríguez.

-Otra bomba explosiva detonó en la calle Múzquiz y avenida Juárez, junto a “La Mexicana”, causando heridas a los señores Gregorio García, Serafín Villegas, Eduardo Gurrola, Agustín Ramírez y a la señorita María Galván.

-Una bomba incendiaria cayó en la casa del señor Silvestre Jaime Horta, ex oficial mayor del departamento de Tránsito de Torreón. La bomba se incrustó en una gruesa barda, humeando pero sin estallar, por lo cual fue apagada con agua por algunas vecinas.

-Otra bomba cayó a espaldas de la estación de ferrocarriles, si resultar nadie herido.

-Otra bomba se incrustó en el pavimento del cruce de la calle Valdés Carrillo y avenida Allende, sin estallar ni arder.

Los torreonenses fueron advertidos de qué hacer en caso de que una bomba cayera cerca de ellos. Un artículo de “El Siglo de Torreón” del 17 de marzo de 1929, dice textualmente:

“Ahora que se ha repetido el ataque a la ciudad desde los aviones, y en vista de los numerosos heridos que se han registrado, consideramos pertinente indicar al público que cuando se esté cerca de un lugar donde explote una bomba, lo más conveniente es dejarse caer boca abajo sobre el suelo, lo más rápidamente posible, para evitar ser alcanzado por los proyectiles”.

Por su parte, los maquinistas acordaron hacer sonar los silbatos de las locomotoras apenas avistaran aviones gubernamentales, con el objeto de advertir a la población civil sobre su presencia. Así que, las primeras sirenas antiaéreas de Torreón fueron los silbatos de las locomotoras.

El día 17 de marzo de 1929, el cuerpo diplomático formado por los cónsules extranjeros que residían en Torreón, convocó a una junta de urgencia para elevar una protesta al gobierno de Washington. Los representados eran miembros de las colonias extranjeras, y temían por sus intereses materiales en la Comarca Lagunera. La reunión se llevó a cabo en el consulado de los Estados Unidos en Torreón.