Escudo de Torreón

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domingo, diciembre 27, 2009

Militares Laguneros: Juan Esteban Solís Portillo



Otro de aquellos recios y valientes soldados que patrullaban la Comarca Lagunera, fue Juan Esteban Solís Portillo, originario del rancho de San Antonio, en la jurisdicción del Real de Minas de Santa Bárbara, en el actual Estado de Chihuahua, que por entonces, al igual que nuestra Comarca, era parte de la Nueva Vizcaya. Juan Esteban fue bautizado en la parroquia de Santa Bárbara el 3 de enero de 1752, y sus padres fueron Francisco Solís y Ana del Portillo. (Libro de Bautismos 1683-1810).

Juan Esteban tenía por oficio la agricultura, y no sabía leer ni escribir. A los 26 años sintió el llamado de las armas. El 25 de noviembre de 1778 sentó plaza en el Escuadrón de Milicias Provinciales del Parral. Los datos que le tomaron en esa época, indican que tenía el pelo castaño obscuro, los ojos cafés (“pardos”), la nariz afilada, color blanco, “barbilampiño” y una cicatriz en la frente, en el nacimiento del pelo. José Esteban no había padecido los estragos de la viruela, cuyas cicatrices era tan común encontrar en la gente de la época.

El 1 de octubre de 1779, Juan Esteban pasó a servir en el piquete del Cerro Gordo. En esa época, por “piquete” se entendía al número de soldados y oficiales que se sacaban de una compañía militar para alguna operación en particular. Cinco años más tarde, el 1 de febrero de 1784, Juan Esteban, pasó como voluntario a servir en la nueva Compañía Volante de San Carlos de Parras, que era la unidad de caballería que patrullaba las poblaciones y rutas comerciales de la Comarca Lagunera. En 1797 continuaba activo en esta Compañía Volante, e incluso se reenganchó para servir por otros 6 años en ella. En la revista militar que se llevó a cabo en San Gerónimo, el 6 de marzo de 1800, aparece encabezando la lista de soldados.

miércoles, diciembre 16, 2009

Militares Laguneros: Lorenzo de Almonte



En el marco de la serie de artículos que denominamos “Militares Laguneros”, como ya hemos explicado anteriormente, conservamos y celebramos la memoria de aquéllos militares que nacieron en nuestra región, o bien, que lucharon por nuestra región y sus habitantes, defendiéndolos de los ataques de los indios belicosos durante la era colonial. Había un cuerpo de caballería llamado oficialmente la “Compañía Volante de San Carlos de Parras”, o “del Álamo”, acantonada en El Álamo (Viesca, Coahuila) y cuyos escuadrones patrullaban la Comarca Lagunera.

Este concepto de “fuerte” dotado con “cuerpos de caballería” lo adoptaron posteriormente los anglosajones para establecer sus fuertes y regimientos en regiones amenazadas por la actividad beligerante de los indios. Los laguneros contábamos con esos beneficios militares, basados en el “presidio” español y en la “compañía volante” de caballería, cuando los estadounidenses ni siquiera contaban con un “oeste” propio.

En este artículo recordaremos a Lorenzo de Almonte Ríos, originario de la ciudad de Durango, donde nació el año de 1754, hijo legítimo de Hilario de Almonte y de Francisca Xaviera de los Ríos, quienes se casaron en el actual Sagrario Metropolitano de Durango el 7 de febrero de 1735.

Lorenzo era un joven promedio de su época. Su estatura era aproximadamente de un metro y sesenta, pelo negro, ojos grises, tez morena clara, con nariz ancha, cara lampiña, y rostro con algunas marcas de viruela. A los 24 años de edad, esto es, en 1778, Lorenzo era sastre de oficio. Seguramente le resultaba algo aburrido, ya que en ese mismo año, el 24 de septiembre, entró a servir en el Cuerpo de Dragones Provinciales de la ciudad de Durango.

En dicho cuerpo prestó sus servicios durante un año. El 1 de octubre de 1779, Lorenzo se incorporó al destacamento del Pasaje, presido (fuerte) ubicado sobre el cruce del Río Nazas. Por dicho fuerte o presidio, los viajeros que seguían el Camino Real desde Zacatecas, pasaban a Mapimí y mucho más al norte, a Chihuahua y al Nuevo México.

El 1 de febrero de 1784, Lorenzo se incorporó como elemento de la Compañía Volante de San Carlos de Parras, y se reenganchó en la misma, en el Álamo de Parras (Viesca) el 1 de enero de 1797.

En la recomendación para los premios de “tres tiempos” (sobresueldo por tres plazos de servicio militar de seis años cada uno, de acuerdo a la Ordenanza de 1766) que se redactó en el Álamo de Parras (Viesca) el 1 de octubre de 1797, Lorenzo Almonte aparece como uno de los agraciados. Tenía 18 años, 6 meses y 19 días de servicio continuo e ininterrumpido, caracterizados por su “constancia y buen proceder”.