Escudo de Torreón

Escudo de Torreón

domingo, diciembre 18, 2011

Viejas raíces africanas de La Laguna





Recientemente, ha sido publicado un libro, investigación original de este Cronista, el cual lleva por título “Padrón y antecedentes étnicos del Rancho de Matamoros, Coahuila, en 1848”, una coedición de la Escuela de Ciencias Sociales de la UAC y de la Universidad Iberoamericana.

Entre otros objetivos, el interés del estudio se centra en la determinación de las “calidades” o categorías étnicas de los ascendientes de los matamorenses, de acuerdo a la pintoresca nomenclatura colonial.

El estudio genealógico de los habitantes de las 133 casas que tenía Matamoros en ese año, demuestra sin lugar a dudas que el rancho, en su conjunto y en números redondos, tenía más de un 31% de sangre indígena; un 28% de sangre mestiza, es decir, de descendientes de enlaces entre españoles e indios; un 23% de sangre mulata, esto es, de descendientes de enlaces entre españoles y negros; un 15% de sangre española, un 2% de sangre de “lobos”, es decir, de descendientes de enlaces entre mulatos y negros; un 1% de sangre de “coyote”, es decir, descendientes de enlaces de mestizos con indios.

Como podemos deducir a partir de los resultados del estudio, las calidades predominantes son las de “indio” y “mestizo”, en tercer lugar estaría la de los mulatos, que sumada a la de los “lobos”, daría un 25% de sangre negra; sangre española no mezclada aparece en un 15%, y finalmente, los indios con más sangre indígena que española (coyotes) ocupa un 1%.

Al haber sido la Comarca Lagunera zona de misiones jesuitas, no extraña la presencia de la sangre indígena de varias etnias, pues las misiones albergaban “pueblos de indios” como lo fueron en su momento Parras, Viesca, San Pedro, León Guzmán (antes San Juan de Casta). Para el caso específico de Matamoros, fue importante la aportación de familias del pueblo de San José y Santiago del Álamo (Viesca, Coahuila).

De Parras, de Viesca y de Matamoros eran originarias la mayoría de las familias de las clases populares que poblaron a Torreón y su entorno rural, su municipio. Las tierras que actualmente conforman el municipio de Torreón, con sus antigiuos ranchos y haciendas, pertenecieron originalmente a la jurisdicción misionera de Parras, a la Alcaldía Mayor de Parras, Laguna y Río de las Nazas, parroquia de San Pedro de la Laguna, luego de nuevo a la parroquia y partido de Parras, a la parroquia de Viesca, a la Parroquia de Matamoros y en 1893, al municipio de Torreón y su parroquia de Guadalupe. El municipio de Torreón surge con la secesión del territorio del municipio de Matamoros en dicho año.

Las etnias africanas fueron muy importantes en el poblamiento gradual de la Comarca Lagunera de los siglos XVII, XVIII y XIX. Se trata de los descendientes de antiguos esclavos que procedían, en su mayoría, de Angola y de Guinea. De esclavos pasaron al estatus de “mulatos libres”, y debemos notar que el término “mulato” implica que se enlazaron más con blancos que con indios.

Cuando se creó el municipio de Torreón, el 24 de febrero de 1893, algunos de los ranchos y haciendas ya mencionados, quedaron situados dentro de su jurisdicción. Estos lugares habían pertenecido al municipio de Viesca, Coahuila, luego al de Matamoros, Coahuila, y finalmente, vinieron a formar parte de la zona rural de nuestro municipio.

De esta manera, hubo una cierta cantidad de torreonenses que no radicaban en la mancha urbana de nuestra villa y posterior ciudad, y que tampoco fueron propiamente inmigrantes. Simplemente fueron incluidos en la zona rural de la jurisdicción del municipio de Torreón. Ellos ya estaban ahí.

Uno de estos lugares fue el Rancho de La Concepción, ubicado en la margen derecha del Río Nazas, al noreste de nuestra ciudad. En 1848, antes de que existiera Torreón, el lugar era parte de la enorme Hacienda de San Lorenzo de la Laguna. Cuando el presbítero Anacleto Lozano, cura de Viesca, levantó ese año de 1848 su “Padrón general de los habitantes del pueblo del Álamo de Parras y su comprensión”, uno de los lugares censados fue precisamente el Rancho de la Concepción. Una copia de este padrón se encuentra depositada en el Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad Iberoamericana Torreón.

Entre las diversas familias que lo poblaban, llamó mi atención, aquélla formada por el matrimonio de Santos Altamirano y su esposa Jacoba Vallejo.

Al igual que como este Cronista lo ha hecho con los habitantes de Matamoros en 1848, el estudio de esta familia y de sus ancestros a partir de los archivos genealógicos de los Santos de los Ultimos Días (Mormones) y de los archivos de la Universidad Iberoamericana Torreón, nos permiten obtener nuevos conocimientos acerca de los movimientos migratorios de los habitantes del Rancho de La Concepción, y también sobre sus lugares de origen, antecedentes étnicos y sus troncos familiares, netamente laguneros.

Santos Altamirano Lomas, habitante de La Concepción en 1848, remontaba su linaje a principios del siglo XVIII, en Santa María de las Parras (Parras, Coahuila). Era descendiente de españoles por lo Altamirano, y también contaba con una fuerte ascendencia mulata, como se demostrará a continuación.

Santos vió la luz primera en Nazas, Durango, en 1805, como hijo de Juan José Altamirano y de Juliana Lomas; a los 21 años de edad se avecindó en Mapimí, donde se casó con María Jacoba Vallejo el 29 de enero de 1830, en la parroquia de Santiago Apóstol, de Mapimí. Posteriormente pasó a residir al Rancho de la Concepción.

Su partida matrimonial brinda información al respecto:

Al margen “Santos Altamirano con Ma. Jacoba Ballejo, casados y velados”. Al centro: “En esta santa yglecia parroquial de Mapimí, en 29 de enero de 1830, habiendo prescedido las tres canónicas moniciones que previene el santo consilio de Trento, en tres días festivos inter misarum solemnia que lo fueron primero Dom. 24 et ult. post Pentec., segunda Dom. 1 advent. Y la última fest. San Andres, y no habiendo resultado impedimento alguno yo, Dn. José Antonio de Yrigoyen, cura ynterino, desposé solemnemente por palabras de presente a Santos Altamirano, orig[inari]o de Nazas, y resid[en]te en ésta hace 4 años, h[ijo] l[egítimo] de Juan José Altamirano y Juliana Lomas, con Ma. Jacoba Ballejo, orig[inari]a de Vinagrillos, h[ija] l[egítima] de Faustino Ballejo y de Rafaela Carrillo, habiendo antes manifestado su mutuo consentimiento, siendo testigos Lorenzo Díaz y José Rito Contreras, quien con Juan Castro los apadrinó, y después los velé y bendije según rito de la Yglecia, y para const[anci]a lo firmo”.

Según el padrón de 1848, Santos Altamirano y Jacoba Vallejo contaban con las siguientes hijas: a Dionisia, de 18 años, a María de la Paz, de 16; a Gregoria, de 14; a Valeria, de 12, y a Marcelina, de 4. Al revisar los archivos genealógicos, notamos que este matrimonio tuvo por hijos a Anselmo Altamirano Vallejo, nacido en 1827 en Mapimí, y quien se casó el 19 de septiembre de 1847 con María Paula de la Cerda en Mapimí. La “Marcelina” del padrón aparece como nacida el 29 de junio de 1843, y bautizada el 6 de julio de ese año en Mapimí como “María Marciala del Refugio Altamirano Vallejo”. María Silvestra Altamirano Vallejo nació el 31 de diciembre de 1839, y fue bautizada ahí mismo el 9 de enero de 1840. Gregoria Altamirano Vallejo nació el 11 de marzo de 1835 y fue bautizada el día 15 del mismo mes y año en Mapimí. José Susano Altamirano Vallejo nació en el Rancho de la Concepción en 1849, y fue bautizado el 6 de junio de ese año en San José y Santiago de Viesca.

Los Padres de Santos Altamirano Lomas, como hemos mencionado ya, lo fueron Juan José Altamirano Alviso (mestizo originario de Parras) y de María Juliana Lomas Vázquez (mestiza originaria de San José y Santiago del Álamo) casados en el pueblo de San José y Santiago del Álamo (Viesca, Coahuila) el 6 de mayo de 1791. El presbítero que ofició su matrimonio fue Manuel Sáenz de Juangorena, Capellán de la Compañía Volante de San Carlos de Parras.

A continuación, se transcribe la partida de matrimonio de los padres de Santos Altamirano:

“En el año del Señor de mil setecientos noventa y un años = En seis días del mes de mayo de dicho año, habiéndose hecho las tres moniciones los días siguientes: la primera el día tres de abril, Domínica Cuadragésima; la segunda el día diez de dicha Domínica Pasionis Prim.; la tercera el día diez y siete Domínica Palmarum Prim. = En tanto se decía esta Misa Mayor en esta santa iglesia parroquial del pueblo de Señor San José y Santiago del Álamo, y no habiendo descubierto impedimento alguno, yo, don Manuel Sáenz de Juangorena, capellán de la Compañía Volante de San Carlos de Parras y actual teniente de cura de este pueblo, desposé solemnemente en dicha parroquial por palabras de presente a Juan José Altamirano, mestizo originario del pueblo de Parras, hijo legítimo de Isidro Altamirano y de María Josefa Alviso = y a María Juliana Lomas, mestiza, originaria de este pueblo, hija legítima de José Lomas y de María Ignacia Vázquez, habiendo preguntado y tenido de ambos su mutuo consentimiento, siendo padrino Rafael Estrada, originario de Parras, casado con Juana Alviso […] Manuel Sáenz de Juangorena”.

La partida de bautismo de Juan José Altamirano, padre de Santos Altamirano, nos amplía la información:

Al margen: “Joseph Miguel Nepomuceno, mulato libre, párvulo” Al centro: “En la pila Bautismal desta Yglecia Parroquial de Parras, en veinte y dos de mayo de mil setecientos setenta y quatro años, ex permisione parroquia, yo el B[achille]r Manuel Ygnacio Montoya bauptizé solemnemente, exorcizé, puse el santo óleo y chrisma a Joseph Miguel Juan Nepomuzeno de Altamirano, mulato libre que nació en vecindario de este pueblo el día quince de d[ic]ho mes, y es hijo lexítimo de Ysidro Juan Nepomuceno de Altamirano y de María Josepha Güemes, mulatos libres, vecinos de este d[ic]ho. Fueron en esta acto padrinos el Br. Dn. Juan Paulino Hernández y Da. María Josepha Sarmiento. A quienes advirtió su parentesco, y por que conste lo firmé. Manuel Ygnacio de Montoya”.

El abuelo paterno de Santos Altamirano, Isidro Nepomuceno Altamirano Hurtado, fue bautizado en Parras, el 23 de mayo de 1751, y era hijo de Miguel Cristóbal de Altamirano y de Antonia Silvestra Hurtado. Silvestra Antonia Hurtado fue bautizada en Parras el 29 de junio de 1727, y era hija de Fernando Hurtado y María de los Dolores, mulatos libres, calidad que se les atribuye en varias actas de bautismo de sus hijos.

Al margen: “Ysidro Nepomuceno, español” Al centro “En beynte y tres de mayo de mil setecientos y sinquenta y un años el Br. Dn. P[edr]o de Aragón, teniente de cura, bautizó solemnemente, puso los santos óleo y crisma en esta santa Yglecia parroquial del pueblo de Santa María de las Parras a Ysidro Nepomuceno, español, yjo lexítimo de Miguel Cristóbal de Altamirano, y de Antonia Silbestra Urtado, mestiza. Fueron sus padrinos Thadeo Gómez y María Teodora de Aranburu. Y por verdad lo firmé yo el P[arroc]o cura Bernabé Antt[oni]o de Roxas”.

El bisabuelo paterno de Santos Altamirano, Miguel Cristóbal de Altamirano, también era calificado como “español”, como podemos ver en la partida de bautismo de María Antonia Coronado Altamirano, hermana completa de Isidro Nepomuceno Altamirano Hurtado:

“En la parroq[uia]l de este pueblo, en diesiceis días del mes de noviembre de mil setecientos secenta y ocho años, el Br. Dn. Marcos Froilán Cano y Peres, como Th[enient]e de cura baptizó solem[nemen]te, exhorcisó, puso los santos óleo y chrisma a María Antonia Coronado, que nació el seis de d[ic]ho mes, hija legítima de Miguel de Altamirano, español, y de Antonia Silvestra, mulata libre, fue su padrino Juan Ernández, a quien se le advirtió su obligación, y por que conste, lo firmé. L[icenciad]o Joseph Dionisio Gutiérrez.

La partida de bautismo de la bisabuela paterna de Santos Altamirano, dice lo siguiente: al margen “Silvestra Antonia, mulata libre”. Al centro “En veinte y nuebe de junio de mil setecientos y veinte y siete años, en la Pila Baptismal de esta Yglesia Parroquial del Pueblo de Santa María de las Parras, el Lic[encia]do Dn. Luis Lobo Guerrero baptizó con mi licencia y pusso los Santos Oleo y Chrisma a Silbestra Antonia, mulata libre, hija lexítima de Fernando Urtado y de María de los Dolores, mulatos libres. Fueron padrinos Dn. Fran[cis]co Suárez, soltero, y Da. Juana de Herrada, doncella, españoles, vecinos todos de este pueblo, y para que conste, lo firmé. Manuel de Valdés.

La información presentada demuestra con toda claridad, cómo los viejos pobladores de Parras, de Viesca y de Mapimí, españoles, indios y africanos, se establecían en los ranchos de la gran Hacienda de San Lorenzo de la Laguna, cómo iban ellos a trabajar donde había empleo, y cómo, en 1893, sus lugares de residencia y sus familias quedaron incorporados al nuevo municipio de Torreón. Se trata de los más antiguos torreonenses, con linajes que se remontan a la era colonial y procedencias de diversos continentes.

lunes, diciembre 12, 2011

La reliquia y las siete virtudes





Una de las instituciones sociales que parecen caracterizar a la norteña ciudad mexicana de Torreón es la llamada “reliquia”. Este es un evento social de carácter popular que involucra aspectos filantrópicos, religiosos y gastronómicos.

Por esta razón, y para afianzar nuestros rasgos identitarios, la Escuela de Arquitectura de la Universidad Iberoamericana Torreón ofreció a la comunidad presente en el campus, una deliciosa reliquia de asado de puerco y siete sopas.

Es muy frecuente que entre las clases medias y populares de Torreón, muchas familias organicen y compartan de manera tradicional, año con año, esta comida. En realidad, la “reliquia” es la concretización anual de un culto perenne relacionado con algún santo o advocación de la Virgen. Una familia devota de San Judas Tadeo, de la Virgen de Guadalupe, de la Virgen de San Juan de los Lagos, etc., con ocasión de la fiesta anual del santo, prepara un cuantioso festín de asado de puerco acompañado de una guarnición de siete sopas de pasta. La carne representa el alimento del cuerpo; y las sopas, el alimento del alma. Al parecer, cada una de estas sopas representa la voluntad de prometer al santo, el ejercicio de las siete virtudes opuestas a los pecados capitales: La humildad, contra la soberbia; la generosidad, contra la avaricia; la castidad, contra la lujuria; la paciencia, contra la ira; la templanza, contra la gula; la caridad, contra la envidia; la diligencia, contra la pereza

Esta comida se distribuye de manera gratuita entre todos aquellos comensales que lo soliciten. Desde luego, los vecinos de la familia que ofrece la “reliquia” saben de antemano que ese la comida estará disponible, porque se trata, no de un evento aislado en el tiempo, sino que se repite año con año como una manda o voto hecho al santo.

Pero la “reliquia” no es solo comida. Siempre va acompañada de un acto litúrgico en familia o en pequeña comunidad de familiares y vecinos e invitados. Ordinariamente implica el rezo de cinco misterios del rosario, con todas sus letanías. Este acto de veneración al santo antecede al reparto de la comida. En muchas ocasiones, una danza de “matachines” (parte de nuestra herencia cultural tlaxcalteca) señala desde temprano el domicilio donde se ofrecerá una “reliquia”. Estos danzantes pueden ser contratados por la familia, o bien, puede tratarse de un grupo de personas que aportan su danza personal como ofrenda al santo en cuestión y en esa casa en particular.

Una vez terminado el rezo, se procede a la distribución de la parte gastronómica de la “reliquia”. La familia y los invitados especiales comen en los platos de la casa; los vecinos que no fueron al rezo pero sí a la distribución de la comida, suelen llevar sus propios platos. Cuando son muchos los solicitantes, forman fila y van pasando frente a las grandes ollas que contienen las sopas y el asado de puerco.

El asado de puerco es un guiso de trozos de carne de puerco (pierna, lomo) cocidos en una salsa hecha a base de chile rojo (chile ancho colorado, poblano seco), tomate y cebolla. Las sopas son de las llamadas “de pasta” y que se sirven secas, no caldosas: fideo, letras, almeja, semilla de melón, etc.

La “reliquia” en su conjunto constituye pues un acto de culto de carácter netamente ético, filantrópico, destinado a servir al ser humano en necesidad. Está muy lejos de la autoflagelación penitencial e individualista con que muchas personas de las clases populares de México creen agradar a la Divinidad, a los santos o a la Virgen. Sin duda hay un gran trasfondo cultural de origen prehispánico en esas actitudes masoquistas, tan dolorosas como estériles, con las cuales la “reliquia” nada tiene que ver.

Es muy interesante que en Torreón, la “reliquia” permanece como una comida o institución de carácter popular. No ha gozado de la aceptación directa o movilidad vertical que otros platillos y otras prácticas, han tenido.

La celebración y consumo de la “reliquia” pertenece al ámbito del “pueblo”, esta es la percepción de las clases altas y medias de Torreón. Aunque puede suceder que algunas familias pudientes apoyen económicamente a quienes organizan la celebración, estas familias nunca pensarían en adoptar la costumbre para sí. Existe un cierto desdén por lo que tenga sabor popular o de mexicanidad, porque “no viste”. La tendencia va hacia la valoración de lo extranjero y lo elitista.

Así, muchas señoras de las clases más desahogadas se reúnen a celebrar y venerar a la advocación alemana de la Virgen de Schoenstadt. Y están en todo su derecho. La religiosidad tiene derecho a manifestarse de acuerdo a posición y cultura, siempre y cuando nadie resulte agredido o lastimado. Y mejor aún si alguien resulta beneficiado, como en el caso de la “reliquia”.

Los torreonenses, al igual que los adolescentes (Torreón es una ciudad adolescente) pensamos que el mundo nació con nosotros. Realmente asumimos que la celebración de la “reliquia” surgió con nosotros por “generación espontánea”.

Pero la realidad es que la “reliquia” no es una institución originaria de Torreón. Estamos ante un caso de difusión cultural por migración. Con la apertura de las líneas de ferrocarril (1884-1888) Torreón quedó sujeto a la migración regional, nacional e internacional, y también a la adopción de las innovaciones tecnológicas o culturales que personas de otros ámbitos pudieran traer consigo. Llegaron la energía e iluminación eléctrica, los motores de vapor y de combustión interna, llegaron las modas, y también llegaron nuevas formas de celebración religiosa. Y decimos “nuevas” no porque fueran realmente nuevas, sino porque en la Comarca Lagunera fueron percibidas como nuevas.

En nuestro libro “El País de La Laguna”, mostramos la gran inclinación que tenían las clases populares de origen regional —colonizadoras de Torreón— hacia la celebración cotidiana y familiar de liturgias de origen virreinal: las “acostadas” y “levantadas” de niño, el rezo del rosario, la organización de danzas religiosas, etc. La celebración de la “reliquia” añadió elementos nuevos, al incorporar la obligación de preparar y compartir una comida a base de carne de puerco y sopas. La carne de puerco y el pavo o guajolote constituían los ingredientes “de lujo” de las comidas de origen popular.

Así que la “reliquia” era percibida como un verdadero banquete, y el nivel de compromiso que implicaba una obligación anual de este tipo era mayor que la versión regional lagunera, que solamente ofrecía pan dulce. Pero también, para satisfacción de los creyentes que se comprometían a celebrar la “reliquia”, la “gratitud” o la “complacencia” del santo venerado sería mayor. Es decir, la versión zacatecana del culto popular podía reemplazar con ventaja la versión regional. De ahí la paulatina adopción de esta costumbre.

La “reliquia” llegó a la Comarca Lagunera con los inmigrantes zacatecanos. Sabemos que había cierto flujo de migrantes de aquella región hacia Viesca (entonces San José y Santiago del Álamo) en la era colonial. Pero los que popularizaron la celebración de la “reliquia” en la Comarca Lagunera, fueron los zacatecanos que comenzaron a llegar cuando la Comarca Lagunera y Torreón quedaron conectados con el estado vecino por medio del ferrocarril.

En Zacatecas, la “reliquia” tiene muchos años de existir, tantos que el término “reliquia” zacatecana” es de viejo cuño y se refiere a la celebración religiosa de un santo con un platillo formado por asado de puerco y siete sopas de pasta. A diferencia de lo que ha pasado en Torreón, en Zacatecas la “reliquia” ha sido aceptada por los más altos círculos sociales y hasta existen restaurantes especializados en “reliquia”, como “El Pueblito” en la ciudad de Zacatecas.

La “reliquia” ha sido presentada entre las muestras gastronómicas “Los sabores de la tierra” organizadas por la Universidad Autónoma de Zacatecas. En esta muestra se ha distinguido formalmente entre la “reliquia” de asado y siete sopas, y la “reliquia” de atole de maíz, pinole y pan ranchero, es decir, entre la “reliquia” salada y la dulce. La “reliquia” de asado y siete sopas constituye uno de los platillos tradicionales de inmemorial de Valparaíso y Villa de Cos, en Zacatecas, entre otros lugares de ese estado de la federación.

En conclusión: la Comarca Lagunera ha tenido, desde la era virreinal, múltiples manifestaciones de culto privado. Las danzas, las “acostadas” y “levantadas” del Niño Dios han sido las tradiciones populares de carácter rural que más han pasado al ámbito urbano con los migrantes regionales. Los migrantes zacatecanos aportaron a la cultura religiosa y gastronómica de Torreón y de la Comarca Lagunera, esa forma particular y específica de veneración del santo, la “reliquia”, cuyo aspecto gastronómico consiste de asado de puerco acompañado de las siete sopas de pasta. Esta es una forma profundamente bíblica de culto, ya que “dar de comer al hambriento” es quizá la actividad religiosa más altamente valorada por los primeros cristianos (Mt. 25: 35)

viernes, diciembre 09, 2011

250,000 entradas al blog de Crónica




Agradecemos a los visitantes de este blog su interés y preferencia. Hoy hemos recibido la visita número doscientos cincuenta mil. Es decir, hemos tenido un cuarto de millón de entradas. Este número sería muy bajo y quizá hasta irrelevante en el blog de Brittney Spears, de Lady Gaga o de algún otro famoso de Hollywood. Pero para el género “Crónica” de una ciudad, se trata de un número muy alentador. Nuevamente, gracias.

Sobre Matamoros, Coahuila, en 1848




“Padrón y antecedentes étnicos del Rancho de Matamoros, Coahuila, en 1848” es el título del nuevo libro coeditado por la Escuela de Ciencas Sociales de la Universidad Autónoma de Coahuila, y la Universidad Iberoamericana Torreón.

Su contenido presenta los resultados de una investigación realizada en el Centro de Investigaciones Históricas de la Ibero Torreón, en torno al padrón que se levantó en la parroquia de Viesca y su jurisdicción, que abarcaba la antigua Hacienda de San Lorenzo de La Laguna. Sin embargo, aunque en ese padrón se manejan los datos de varias poblaciones, nuestro interés se centró en el Rancho de Matamoros.

El año de 1848 fue histórico para México y para La Laguna. A nivel nacional, se firmaba la paz con los EEUU. A nivel regional, la Hacienda de San Lorenzo era adquirida por Leonardo Zuloaga y su socio, Juan Ignacio Jiménez.

El libro recupera y transcribe el padrón de 1848, el cual aporta nombres de propietarios de casa, esposas (si están casados), hijos y huéspedes, miembros adoptados, edades, estatus sexual de las mujeres (señoritas o señoras, aunque sean solteras).

Como trabajo adicional y complementario, este autor rastreó 200 años de genealogía de jefes de familia y esposas matamorenses, de 1848 hacia atrás, con el objeto de determinar lugares de origen, etnias, migraciones periódicas, parentescos, endogamia y otros datos y fenómenos de interés.

Matamoros puede ser considerado el eslabón entre el pasado virreinal de la Comarca, y la modernidad del siglo XIX. Sus habitantes procedían en su mayoría de Viesca, de la Hacienda de Hornos. Y muchos de esos hombres y mujeres se convirtieron en colonizadores del Rancho del Torreón.

Consideramos que este libro, al igual que “La Vitivinicultura en el Pueblo de Santa María de las Parras” y “El País de La Laguna”, son básicos para entender la historia económica, social, étnica y cultural de nuestra Comarca, y particularmente, de Torreón. Próximamente, será presentado al público lagunero este nuevo título editorial.

Padrón y antecedentes étnicos del Rancho de Matamoros, Coahuila, en 1848, Sergio Antonio Corona Páez, Escuela de Ciencias Sociales de la UAC y Universidad Iberoamericana Torreón, México, 2011, 135 pp.

Santos, obligado a superarse


Amago de Oribe Peralta

El resultado del juego de fútbol de ida en la final de copa celebrado anoche en el TSM, fue adverso al equipo local, que perdió ante los Tigres de Monterrey por un gol a cero. Precisamente porque el gol de Tigres cayó en el minuto siete del primer tiempo, Santos hubiese podido jugar mejor y remontar si no hubiera perdido el control de sí Juan Pablo Rodríguez, quien propinó tremenda patada sobre un jugador regio, ameritando de inmediato su expulsión, y dejando a Santos con un hombre menos en la cancha.

Nuestros jugadores deben de actuar con la cabeza bien fría. Si no se pueden controlar a sí mismos, ¿cómo quieren controlar el partido? Máxime cuando se trata de la final del campeonato, como es el caso. Esperamos que hagan un mucho mejor papel en Monterrey, y se traigan la copa. Demuestren que valen lo que cuestan.

jueves, diciembre 08, 2011

Segundo Informe del Alcalde Eduardo Olmos Castro






El alcalde de Torreón, Eduardo Olmos Castro, ofreció su segundo informe de gobierno a la ciudadanía, en el marco de Teatro Martínez de esta ciudad.

El inmueble se encontraba completamente lleno, con una concurrencia muy diversa: políticos de todos los rangos y calidades, empresarios, personas de la cultura, las artes y las ciencias; militares de todas las graduaciones.

A las 19.30 horas dio inicio el evento. El informe fue ágil, transparente y muy conciso. Una pantalla gigante colocada en la avenida matamoros y calle Galeana, daba cuenta de los hechos a las personas que no alcanzaron a entrar al teatro. Por los aplausos que se prodigaban en los diversos rubros del informe, podemos pensar que hubo consenso entre la ciudadanía, de que las diversas partidas han sido bien empleadas.

miércoles, diciembre 07, 2011

La danza nocturna








Como todas las noches de los once primeros días de diciembre, se celebran peregrinaciones, corporativas o familiares, con personas que no pueden hacerlo a otra hora. Al frente de cada comparsa va la insignia, banderola o estandarte grupal, el logotipo o la razón social de la empresa. En su defecto, un gran ramo de flores como ofrenda.

Inmediatamente después va el cuerpo de los danzantes. Al final, los peregrinos en grupo, generalmente con velas encendidas y cantando letanías. Las imágenes que se muestran corresponden a una de las comparsas procesionales de las nueve de la noche.

El restaurante del ferrocarril




Como todos sabemos, nuestra ciudad surgió a la modernidad, no de un rancho algodonero de mediados del siglo XIX, sino de un cruce de vías que convirtieron al lugar en el ferropuerto de una pujante Comarca Lagunera.

Nada de raro tiene pues, que en sus primeros tiempos, el ferrocarril haya predominado en la vida urbana. La Gran avenida del Ferrocarril (ahora Presidente Carranza) era quizá la más importante de Torreón, hasta que en 1910, con motivo del centenario del “Grito de Dolores”, los torreonenses optaron por dedicarla a Agustín de Iturbide.

La estación del ferrocarril contaba, en 1922, con un restaurante y “elegante salón nevería”, el cual era propiedad de Francisco Rodríguez y Compañía”. Se trataba de don Francisco Rodríguez León, agente de negocios. Sin embargo, para hablar de los establecimientos más antiguos de la ciudad, debo mencionar a los restaurantes chinos, que fueron muy representativos en su época. En 1905, en la Villa del Torreón, existían los siguientes: “Cosmopolita” (avenida Hidalgo No. 21); “Wong Dick” (avenida Hidalgo No. 42); “Las Estaciones” (Juárez No. 20).

Otros restaurantes de la misma época fueron “El Niágara” (Juárez y Múzquiz); “El Progreso” (avenida Ferrocarril y Múzquiz); “Café Martín” (avenida Ferrocarril); “Alemán. Salchichonería Alemana” (calle Ramos Arizpe) y por supuesto, los restaurantes de los hoteles, que merecen un artículo por sí.

Para volver al restaurante “Estación de los Ferrocarriles” diremos que contaba con servicios más amplios; tenía un sistema de tarjetas personales con derecho a asistencia, que costaba 80 pesos al mes; había otras tarjetas, de carácter impersonal (es decir, acreditaban al portador a recibir el servicio, fuera quien fuera) que amparaban 20 comidas, y que costaban 20 pesos.

El restaurante contaba con servicio a la carta, pero también podía preparar y ofrecer banquetes, en el establecimiento o a domicilio, con solo llamar al teléfono Sep. 113. El salón de nevería ofrecía helados de varios sabores, y un ambiente musical logrado por medio de una pianola que contaba con un “excelente repertorio”. Los servicios del restaurante eran aprovechados por cualquier persona, por $1 peso el cubierto; sin embargo, para los viajeros, el mismo servicio costaba $ 1.50.

El restaurante contaba con vinos que denominaba “finos”, como los “Rioja” y “Gorri”. La botella costaba $ 1.50 pesos, y la media botella, $ 0.75. Cervezas las había “Carta Blanca”, y “XX”, por cincuenta centavos. En 1929, un menú dominical cualquiera del Restaurante del Ferrocarril ofrecía Sopa crema de tomate, macarrón a la italiana, pescado con salsa tártara, mole de pavo estilo poblano, frijoles refritos, postre, café o te. En la nevería se podían conseguir ponches y bebidas de todas clases.


Libros galardonados por "Gourmand"






La historia económica de la Laguna virreinal supera todo lo que uno se hubiera imaginado. Una economía doble, que involucra, por un lado, a un pueblo de indios con vecinos españoles que se dedicaban a la fabricación de vinos y aguardientes. Se trata, desde luego, del pueblo de Santa María de las Parras, capital judicial, misional, cultural de la Comarca Lagunera (El País de La Laguna).

Su producción, establecida bajo el sistema mercantilista de manufacturas agroindustriales a cambio de plata, representó un sistema económico sustentable. Su producción y comercio representó el de mayor magnitud en la Nueva España. Por otro lado, aquí mismo en la región, se encontraban las haciendas productoras de básicos, como cereales, legumbres y ganado de engorda. Ambos sistemas coexistían e interactuaban.

Esta historia olvidada ha causado un enorme interés entre todos aquellos investigadores, profesionistas y amantes del vino de todo el mundo. Por esta razón, “Gourmand World Wine Book” le otorgó su premio anual para México, 2011, en la categoría “Libro de Historia de las Bebidas” a “La vitivinicultura en el pueblo de Santa María de las Parras. Producción de vinos, vinagres y aguardientes bajo el paradigma andaluz (siglos XVII y XVIII)” de autoría de este Cronista.

Este libro, como ganador por México, competirá por el título de “Mejor libro del Mundo” en la Feria Internacional del Libro, en París, con la asistencia de 120 países. En marzo, se darán a conocer los resultados en el celebérrimo teatro “Les Folies Bergere” de la Ciudad Luz.

Otro libro que también llamó la atención de los jueces, fue el que lleva por nombre “Turismo del Vino. Análisis de casos internacionales” y que fue coordinado por Damià Serrano, Jordi Tresserras y Francisco Xavier Medina, y que fue editado por la Universidad Abierta de Cataluña. Para este libro, este cronista aportó un capítulo, precisamente sobre la importancia de considerar a Parras en la lista mundial de zonas turísticas del vino a partir de su denominación de origen, Valle de Parras.

A este libro, “Gourmand World Wine Book” le otorgó su premio anual para España, 2011, en la categoría “Libro de Turismo del Vino”. Igualmente competirá por el primer lugar mundial, para obtener el “Gourmand Best in the World”, o sea, “Gourmand-El mejor del Mundo”.

martes, diciembre 06, 2011

Peregrinaciones en 2011



Como cada año, se cuentan por centenas las empresas, corporaciones, asociaciones y familias que hacen la peregrinación al Santuario de Guadalupe, partiendo de la Alameda Zaragoza. Serán unos tres kilómetros de distancia, en el centro de Torreón.

El vestuario puede ser muy diverso entre los danzantes que ejecutan sus bailes y actos musicales, acompañados de la “tambora” y caracoles. El vestuario tradicional es el de los matachines de raigambre tlaxcalteca, de color rojo, con abalorios de carrizo. El acompañamiento del violín, que se veía en las viejas procesiones, ya no se ve sino en algunos ranchos o poblaciones rurales aisladas.

En la Alameda Zaragoza, en la fuente del Pensador, se ha instalado un “pueblito” navideño para regocijo de los transeúntes. En su inauguración, hace algunos días, grupos de jóvenes cantaron villancicos.

Peregrinaciones en 1922


Desde comienzos del siglo XX, inició la celebración de las multitudinarias “peregrinaciones” al santuario de Guadalupe de Torrón. No hemos encontrado relatos ni descripciones previas a la de 1922. Pero ya en ese año, los reporteros comentaban que “pocos años se ha despertado tanto entusiasmo para conmemorar la fiesta Guadalupana, como el presente”.

Desde luego, en 1922 ya era usual que estas fiestas se celebraran en el santuario de Guadalupe, la primera parroquia que tuvo Torreón. La víspera del 12 de diciembre de ese año, se efectuó una “Noche Santa” o noche eucarística, que consistió en la exposición del Santísimo en su correspondiente custodia, desde las 11 de la noche del día 11 de diciembre, hasta la madrugada del 12, en que se celebró la primera misa.

Por entonces, era muy seguro transitar por las calles del centro en la madrugada. Toda la noche del 11 al 12, en incesante y concurrida romería, los devotos fueron a visitar a la Virgen, con el objeto de llevar ofrendas de flores, o de lágrimas. Por supuesto, no podía faltar la música. A las 5 de la mañana hubo una “alborada” o “mañanitas” en la que un orfeón cantó varios motetes, es decir, música sacra. A las 6.30 de la mañana, se celebraría la misa y comunión de los fieles.

Pero ahí no terminaba el festejo. A las 8 de la mañana del día 12 de diciembre, desde el templo del Carmen partió una peregrinación hacia el santuario de Guadalupe, en la que diversas asociaciones católicas llevarían en desfile sus respectivos estandartes. Pero también desfilaron obreros y campesinos de los ranchos y haciendas cercanas. Estos peregrinos fueron recibidos con otra misa. Al concluir esta, se expuso el santísimo para su veneración por diversas asociaciones religiosas. A las 4 de la tarde, hubo un ofrecimiento de flores, y la admisión de nuevos cofrades en las asociaciones piadosas. En el patio contiguo del templo del Carmen, también a las 4, hubo un festival obrero.

Por la noche del 12 de diciembre de 1922, se finalizó la jornada con una kermessse y fuegos pirotécnicos. Por la tarde, el comercio cerró, de acuerdo a disposiciones de la presidencia municipal. La costumbre de peregrinar hacia los lugares considerados santos. Viene de muy atrás en el tiempo. En el caso de la Virgen de Guadalupe, la costumbre se remonta al siglo XVI, de acuerdo a las fuentes disponibles. Durante la era colonial, era frecuente realizar “procesiones” o “peregrinaciones” cuando había problemas sociales, como epidemias, hambrunas, sequías, etc.

En Torreón, el santuario de Guadalupe como parroquia se remonta a 1893, en que fue elevada a ese carácter. Su construcción demoró varios años más.

domingo, diciembre 04, 2011

Santos, a la final


En un reñido juego de vuelta, efectuado anoche en las canchas del TSM de Torreón, el equipo local de fútbol, el Santos Laguna, se convirtió en finalista para el torneo apertura 2011.

El equipo del Santos hizo ayer tres goles, cuyos autores fueron Juan Pablo Rodríguez (un penal espléndidamente cobrado) y Christian Suárez, que anotó dos tantos. El marcador global (ida y vuelta) quedó 4 a 4, pero la mejor posición en la tabla, le dio el pase al equipo de La Comarca.

El Santos luchará su octava final por la copa, para ganar su cuarto título como campeón. De otra manera, si perdiera, obtendría solamente su quinto subcampeonato.

En esta ocasión, el rival será el Querétaro, o los Tigres de la UANL


viernes, diciembre 02, 2011

C.N.D.H. en Torreón

Para difundir la cultura del respeto, Rubén Moreira Valdés, Gobernador de Coahuila desde ayer que tomó posesión del cargo, inauguró ayer mismo en nuestra ciudad, la oficina regional de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

También aquí mismo, firmó un convenio de colaboración entre el Gobierno de Coahuila y la CNDH, mediante el cual ésta apoyará al Estado de Coahuila en lo que se refiere a temas de capital importancia, como son el respeto a los derechos humanos de los mexicanos, y la capacitación de funcionarios y ciudadanos en el conocimiento de sus derechos y de los procedimientos para defenderlos.

jueves, diciembre 01, 2011

La Copa de Leche de Torreón


De una foto de Jorge Albarrán

En algún artículo anterior, mencionaba a La Copa de Leche como uno de los restaurantes tradicionales de Torreón. En efecto, desde los inicios de la Segunda Guerra Mundial hasta el presente, ese establecimiento continúa siendo uno de los favoritos del consumidor lagunero.

¿Cuáles son los orígenes de este lugar de delicias? El establecimiento abrió sus puertas (Valdés Carrillo 305 sur) en mayo de 1939 –hace 72 años– como una novedad “lo nunca visto en La Comarca”, según la publicidad, un lugar donde se servía “el más moderno quick lunch” (fast food, diríamos en la actualidad). La razón social mencionaba que se trataba de una lonchería, propiedad del señor Juan Chochos, griego de origen. No obstante, la variedad de alimentos era mucho mayor de lo que consideraríamos actualmente como propia de una lonchería.

Ofrecía mariscos, pollo asado “a la broche”, meriendas formales a domicilio, banquetes a menú internacional, lonches en variado surtido. Para los lectores que no son laguneros o mexicanos, debemos aclarar que el “lonche” en Torreón es el término con que se designa a la torta o emparedado, (por corrupción del inglés “lunch”). En la Comarca Lagunera, son muy solicitados los “lonches” de carne de cerdo con aguacate, en pan “francés”.

Pero para volver a La Copa de Leche, hay que mencionar que la lonchería (o restaurante) se encontraba situada en el anexo del Salón Madrid, una cantina propiedad del señor Fructuoso Arias, la cual se encontraba ubicada en avenida Juárez y calle Valdés Carrillo. De acuerdo a la publicidad, se invitaba a la clientela del Salón Madrid a que, después de tomar la copa, pasara a saborear las delicias de la lonchería. De cualquier manera, el establecimiento contaba con servicio a domicilio, con solo llamar al teléfono (Compañía Ericksson) 14-73. También se ofrecía la elaboración de banquetes con servicio a domicilio.

Juan Chiochos Papamanos, el dinámico propietario y fundador de la Copa de Leche, conocido popularmente como “Juan Chocho” o con su nombre de cocinero gourmet, “Jean Chiochos”, nació en Grecia hacia 1904. Su ocupación era precisamente la de cocinero. Llegó a México en 1929, al puerto de Veracruz. Posteriormente se estableció en Torreón, y para la fecha de apertura de La Copa de Leche, su domicilio era el mismo que el del restaurant.

A la clientela lagunera se le ofrecían platillos especiales en fechas significativas, como solía ser el 24 de diciembre. Desde días antes, se publicitaban (como en 1943) pavos rellenos, lechones, gallinas, pollos, langostas, pescados y ostiones. Todo para la cena de Nochebuena. Y esto confirma que efectivamente, los torreonenses y laguneros en general, siempre hemos sido buenos consumidores de comida elaborada por terceros. Salir a comer o a cenar con la mayor frecuencia posible, nos ganó el mote de “manirrotos” o "despilfarrados".

Y es que la comida era muy buena, y los precios, excelentes. Un menú de La Copa de Leche de 1942, lo demuestra con claridad: se trata de un menú cualquiera, en este caso, el del 22 de marzo de dicho año, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando en otras partes del mundo los productos básicos escaseaban y subían de precio.

El menú constaba de Cocktail Madrid, crema de pollo a la americana, mojarrita a la parrilla, magras a la española, y para escoger, pulpo con arroz, medio pollo a la cacerola, chuletas de carnero entomatadas en vino blanco, cabrito al horno en su jugo, o pierna de cerdo mechada con ajo. Ensalada de papa con mayonesa, ciruelas o duraznos en almíbar. Café, te o leche. El costo por cubierto: un peso con cincuenta centavos, en una época en que el dólar estadounidense equivalía a 4.85 pesos. Es decir, el cubierto de La Copa de Leche en 1942 costaba 31 centavos de dólar.

Este cronista recuerda la Copa de Leche de finales de los años setentas y comienzos de los ochentas, a donde acompañaba a sus padres a la comida dominical. El menú seguía siendo muy internacional, el sazón, exquisito. Sin embargo, mi platillo favorito era mexicano, el filete a la tampiqueña, con la carne más suave y jugosa que se podía uno imaginar, y desde luego, con enchiladas de mole, guacamole y frijoles refritos de guarnición. Sin duda, el establecimiento cambió de propietarios a través de los años. Recuerdo un nostálgico mapa de Cantabria en una de las paredes, nada que ver con la Grecia continental o insular. A la fecha, La Copa de Leche sigue sirviendo sus platillos, en el mismo lugar de siempre.





domingo, noviembre 27, 2011

Recuerdos del domingo



Hoy domingo, recordaré algunas cosas que solían suceder los domingos en ese Torreón que se esfumó y no existe más. Para los niños en general, las mañanas de los domingos solían ser de función de matinée. Películas infantiles, y no tan infantiles, en las carteleras de los cines.

Pero había que ir bien “boleado”, es decir, con los zapatos bien lustrados. Solía suceder que las mañanas de los domingos, temprano, pasaban por las casas, para ofrecer sus servicios, los “boleros” o lustradores de calzado. La mayoría de las veces eran niños o adolescentes. Otras veces, eran adultos. La tarifa era siempre la misma: un peso por cada par de zapatos. Así que se le entregaban todos los zapatos de la familia. El bolero se instalaba en la puerta de la casa, o apenas en la entrada.

Luego estaba la misa, ordinariamente en familia. Pero a mí me tocaba “chaperonear” a mi hermana mayor, así que yo la acompañaba, con su novio (esposo desde hace bastantes años), a la ceremonia religiosa dominical. Y aunque el latín comenzaba a parecerme atractivo, las misas me parecían larguísimas y muy aburridas.

Luego, cumplido “el deber con Dios”, seguían los deberes, o placeres, sociales. Dar vueltas por la avenida Morelos, coche tras coche, a vuelta de rueda, para saludar a todos los conocidos y conocidas que transitaban por ese paseo. El sol brillaba radiante, y la gente siempre se veía alegre, libre, sonriente. El paseo llegaba hasta la alameda, y la rodeaba por la calle Donato Guerra, donde se encontraba la “inefable” “Botana”. Muchos de los coches se estacionaban ahí en batería, para ser atendidos por los meseros que llevaban tarros de cerveza y los platos de botana (bocadillos). Paella, alubias, calamares eran las más frecuentes.

A la hora de comer, uno se encontraba a los paseantes de “la Morelos” en los principales restaurantes de la ciudad. El Apolo Palacio, La Americana, Doña Julia, Los Corrales, La Copa de Leche, Los Globos, Los Sauces, Los Farolitos, La Majada, Patio Alameda, El Campestre, etc.

El Apolo Palacio era uno de los lugares más distinguidos, un sitio con mucha tradición. Su fundador fue don Jorge Lambros Lagos, quien el 13 de mayo de 1933, lo estableció bajo la razón social de “Apolo”, Café y Nevería. Se encontraba ubicado, ya desde entonces en la céntrica calle Valdés Carrillo, que es la calle que delimita al poniente a nuestra Plaza de Armas, apenas a unos metros frente a lo que fuera el Casino de La Laguna.

Su vocación como restaurante surgió pronto, pues ya en 1935 el “Apolo” ofrecía comidas corridas por un peso. El menú que ofrecía por ese precio el viernes 21 de junio, consistía en sopa a la española, o consomé de pollo; filete de pescado empanizado o riñones lionesa; guisado de ternera a la romana, hamburguesa a la criolla, chuleta de ternera o de carnero, a la parrilla. Además, papas a la alemana, ensalada de lechuga y tomate, frijoles refritos. De postre, arroz con leche, o helado al gusto (Apolo especial de fresa, chocolate, vainilla, piña, naranja, mango o limón). Café, té o leche.

El Apolo Palacio conquistó un lugar único en las preferencias de los torreonenses y en general, de los laguneros. El menú de nochebuena de 1965 incluía “entremés parisién con caviar, consomé Rossini, media langosta con mayonesa o filete de huachinango menier, copa de vino blanco, pavo relleno con castañas y almendras, filete mignon con champiñones, papas rizole y chícharos en mantequilla, clerck de chocolate café, liqueur. El precio del cubierto, era de sesenta pesos. Para amenizar estaba el conjunto musical “Los Virreyes” y el pianista Chucho de la Rosa.

Don Jorge Lambros Lagos murió el 26 de octubre de 1980. Lamentablemente, su obra, el Apolo Palacio no le sobrevivió mucho tiempo, si acaso, seis años más.

Cuando uno salía de comer los domingos, ordinariamente era para ir al cine. Los tradicionales y mejor equipados eran el Nazas y el Torreón, con permanencia voluntaria. Pero los domingos, nadie repetía función. Salía uno ya anocheciendo, para volver a la “moreleada” es decir, para dar vueltas en el paseo de la avenida Morelos, o bien, para pasear por las aceras de esa avenida, al son de la serenata que brindaba la banda municipal que tocaba en el kiosco de la Plaza de Armas.

Debo comentar que esta era la vivencia de un niño o joven clase mediero como yo. Seguramente existen muchas otras percepciones sobre los aconteceres dominicales en Torreón. Estoy seguro de que mis amigos metodistas o bautistas tenían otras experiencias menos “mundanas” y quizá más religiosas. Para muchos otros, habría preocupación y no diversión. Sin embargo, y aunque quisiera, no puedo ofrecer otra percepción mas que la que me tocó vivir.


viernes, noviembre 25, 2011

A la Feria del Libro Alimentario en París





El pasado jueves 17 de noviembre, este cronista recibió un correo electrónico de “Gourmand International”, institución que otorga los Premios Mundiales de Libros relacionados con la antropología de la alimentación. En él se comentaba que el libro “El Turismo del Vino” ha sido seleccionado para competir con los de otros países por los premios en sus diversas categorías, en la Feria Mundial del Libro de la alimentación en París, del 7 al 11 de marzo de 2012.

“El Turismo del Vino. Análisis de casos internacionales”” es un interesante libro colectivo editado por la Universitat Oberta de Catalunya (Universidad Abierta de Cataluña) en 2011, siendo sus compiladores y editores el doctor en Antropología Francisco Xavier Medina, Damiá Serrano y Jordi Tresserras. En dicho libro, este cronista, en su calidad de investigador de la Universidad Iberoamericana Torreón, participó con el artículo “Turismo y vino en la denominación de origen Valle de Parras (Coahuila, México)”. Pp. 159-171. El Dr. Medina fue uno de los ponentes que participaron en el XII Seminario Iberoamericano de Viticultura y Ciencias Sociales, celebrado en la Universidad Iberoamericana Torreón del 15 al 17 de julio de 2009.

El objetivo de este libro seleccionado para concursar (dos por país, en este caso, por España) es el de dar a conocer, a partir de un eje argumental definido, algunas experiencias enoturísticas (de turismo del vino) destacadas que se están desarrollando hoy en día en diferentes regiones vitivinícolas del mundo. En este contexto internacional y novedoso, a través del estudio de diferentes casos –en su mayor parte poco conocidos o “atípicos” – es en el cual este libro encuentra su principal razón de ser.

jueves, noviembre 24, 2011

Molino hidráulico en 1844



La Hacienda de los Hornos, en el artículo del Gral. Lew Wallace.
Segundo Imperio Mexicano.

De acuerdo a un viejo artículo periodístico, desde que los jesuitas eran dueños de la Hacienda de los Hornos, (Actual jurisdicción de Viesca, Coahuila) no habían podido encontrar la manera de hacer funcionar un molino de trigo con agua de la región. Se trataba de un viejo proyecto que ni los dueños posteriores de Los Hornos pudieron realizar, hasta 1844. Ese año, Leonardo Zuloaga encontró a la persona que pudiera diseñarlo y construirlo en la que era entonces su hacienda.

El terreno de Los Hornos era de muy poca consistencia, razón por la cual no se podía cimentar en él una represa que recogiera el agua que aportara el caudal de agua para dar movimiento a la máquina. Por otra parte, el terreno no tenía pendiente, era completamente plano.

Fue el señor Daniel Rojas, residente de Durango, quien se encargó de dicha empresa, sin construir ninguna represa. Le bastó construir un desagüe, para darle movimiento a una máquina en la que giraban dos ruedas que podían moler veinte cargas de trigo cada una, cada 24 horas. El desagüe tenía unos tres metros de alto. Fuente: “El Siglo XIX”, 23 de abril de 1844.



Accidente ferroviario en 1893



Locomotora de la era de Porfirio Díaz

Un parte del Ferrocarril Internacional Mexicano, del 31 de julio de 1893, da cuenta de un accidente ferroviario, un descarrilamiento, ocurrido no lejos de la flamante Villa del Torreón.

El 29 de julio, a eso de las 9.30 de la mañana, el tren número 2 de pasajeros de la empresa, llegó a un puente, a velocidad ordinaria, quizá un poco más de prisa por llevar cierto retraso el tren.

El maquinista de la locomotora número 22, que era la que remolcaba al tren número 2, informó que iba a una velocidad de 40 kilómetros por hora, en línea recta y descendiendo. Una corriente de agua había deslavado los soportes del puente. Al llegar a ese punto, el puente cedió, provocando el descarrilamiento.

El día estaba nublado, pero sin lluvia. Se atribuyó a la precipitación pluvial en una sierra lejana, la creciente (muy probablemente del Aguanaval) que causó el desperfecto. El tren número 2 se componía de máquina, depósito de leña (tender), carro de agua, coche de equipajes, correo y express; coche de tercera clase, coche de segunda clase y coche de primera clase, y carro dormitorio.

Los heridos fueron los siguientes: un estadounidense que apareció muerto, que no era pasajero, y que se supuso era un polizón, de nombre Charles Moore; Rafael Amezcua, conductor de correspondencia. La pierna le quedó atrapada entre las plataformas de los coches de tercera y segunda; fue transportado a Torreón, donde le amputaron la pierna, pero no resistió la operación, y murió. Francisco Arzave, agente de publicaciones de la compañía Sonora News, sufrió fractura de antebrazo y del húmero derechos. Se le atendió y se le remitió a Durango, a su solicitud.

Otros heridos fueron Jesús Armiño, comerciante comisionista de Saltillo, pasajero de segunda que sufrió contusiones en la cara y espalda. Se bajó en Paila. R. Zermeño, pasajero de segunda. Ligeras contusiones. I.B. Mc Laughlin, maquinista, lesionado en la espalda y el cuello, con golpes generalizados. J. Turner, fogonero lesionado en el puño, golpes generalizados. Los pasajeros de tercera y el agente del express salieron ilesos. Nota de “El Partido Liberal”, diario mexicano, edición del 6 de septiembre de 1893.











Monitor del Cabildo, en funciones.




Una de las cosas que merecen recordarse en este mes de noviembre, es que el pasado día siete, el Ayuntamiento de Torreón puso en marcha su proyecto “Monitor del Cabildo”. Este interesante programa consta de una página Web que busca poner al alcance de la ciudadanía, toda aquella información relacionada con las actividades y manejos cotidianos del cabildo. Es decir, se trata de un proyecto que busca informar, con plena transparencia, sobre comisiones, ediles, documentos oficiales, sesiones de cabildo, asistencia de los miembros, etc.

De esta manera, desde el día siete vía Internet, la ciudadanía ha podido estar informada sobre todos los aspectos relacionados con el gobierno de la ciudad, de manera eficaz e inmediata. A la vez, el Cabildo de Torreón ha adquirido un instrumento de retroalimentación, que le permite saber cuáles asuntos son los que más interesan a la ciudadanía, para informar adecuadamente sobre ellos a través de los medios de comunicación.

domingo, noviembre 06, 2011

Encuentro Nacional de Estudiantes de Historia



El pasado jueves tres de noviembre, este Cronista Oficial estuvo en la ciudad de Saltillo, con el objeto de impartir una ponencia sobre historia económica de la Comarca Lagunera durante el año de 1786.

Esta aportación cerró el Trigésimo Cuarto Encuentro Nacional de Estudiantes de Historia, organizado por la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Coahuila, institución de educación superior que, por voz de su director, el Dr. Carlos Manuel Valdés Dávila, invitó a participar a este Cronista.

Para este magno evento académico, que se celebró por vez primera en Coahuila, hubo una asistencia de más de 400 estudiantes, académicos y aficionados a la historia, los cuales procedían de veinte entidades federativas de México.

La temática eje del encuentro fue “Las Historias Regionales como Génesis de la Macrohistoria Nacional”, con ponencias sobre diversas temáticas y fenómenos sociales, como “Iglesia como Factor de Poder: La Inquisición”, “La Nueva España: Construyendo una Identidad”, “La Prensa como Instrumento Político”, “Identidad y Nacionalidad: Una Perspectiva Histórica”, entre otros.