Escudo de Torreón

Escudo de Torreón

miércoles, febrero 25, 2015

La mestiza tortilla de harina









La tortilla de harina es tan cotidiana en la mesa torreonense como puede serlo la tortilla de maíz. En el ámbito urbano, es común comprar tortillas de maíz para las comidas del mediodía, en las tortillerías. A esas horas uno suele ver las filas de clientes alineados esperando su turno para ser despachados, mas no en la mañana ni en la noche. En cambio, en muchísimos hogares y restaurantes, la tortilla de harina es preferida durante las mañanas o las noches. Por esta razón, el restaurante siempre ofrece la posibilidad de acompañar los alimentos con pan o con ambas clases de tortillas.

No es difícil rastrear en nuestra región el origen de la “tlaxcalli” o tortilla de maíz mesoamericana. Su nombre está asociado para siempre con el pueblo tlaxcalteca, al punto de que el ideograma precortesiano para significar “Tlaxcala” consistía en un par de manos juntas, como en actitud de rezar, con una tortilla de maíz entre ambas. Seguramente se quería representar el acto de “tortear” la masa durante la hechura de la tortilla. Por asociación de ideas, el nombre de la tortilla quedó ligado con los tlaxcaltecas. Y sabemos que los hijos de este pueblo consumían tortillas de maíz, y que colonizaron La Laguna a partir de 1598.

Y la tortilla de harina, ¿de dónde salió? ¿Cómo llegó a nuestra región?

La referencia explícita más antigua que hemos encontrado entre los documentos coloniales se encuentra en la declaración de un reo, Gerónimo Camargo. Esta declaración o confesión está fechada en el pueblo de Parras el 15 de enero de 1734. En cierto lugar de la declaración, el reo dice que

“al otro día se fueron para El Barrial a reconoser a la Voca de los Tres Ríos, y fueron a salir a Castaño; y que allí toparon a un soldado de Cuagüila llamado Miguel Ramón, y que les preguntó de dónde benían, y le dixeron que ivan de Parras, y que a todos los conosió, y les dio tortillas de arina como a oras de almorsar. Y que el d[ic]ho soldado se vino para el Saltillo, y el declarante y sus compañeros se estubieron allí hasta que amanesió”.

“El Barrial” se encontraba al norte de Parras. Castaño, antiguamente Santa Cecilia de Castaño, es una población cercana a Monclova, en la región que entonces se llamaba propiamente Coahuila, ya que no se le anexaba todavía lo que ahora es la parte sur del Estado. Miguel Ramón pertenecía a la familia saltillense de los Morales, que hacia 1650 trocó su apellido en “Ramón de Morales” y que posteriormente quedó solo en “Ramón”. Esta familia colonizó el norte de Coahuila y Texas. A finales del siglo XVII, el general Diego Ramón, miembro de esta familia, fue gobernador de Coahuila.

Es decir, todos los elementos del texto citado nos muestran lugares, familias y orígenes coahuilenses. Es un dato curioso que en Monclova, a finales de los novecientos ochentas y principios de los novecientos noventas, las tortillas de maíz tenían tan poca demanda, que prácticamente solo existía la tortillería “Rendón”. En cambio, la tortilla de harina era la preferida (y la única) desde la era colonial.

No sabemos si hay referencias antiguas a la tortilla de harina en otros lugares, pero, por lo anteriormente dicho, es fácil inferir que tuvo un origen temprano en nuestro Estado. Los trigos de Saltillo eran famosos ya a finales del siglo XVI, y muchos saltillenses colonizaron el norte de la Provincia de Coahuila, donde se yergue Monclova. No necesitamos mayor evidencia que la presentada.

lunes, febrero 23, 2015

122 aniversario de Torreón y su municipio

El Torreón que le dio nombre a la ciudad


Mañana martes 24 de febrero, Torreón cumplirá 122 años desde su elevación al rango de villa, con jurisdicción y poderes municipales. Se escogió esa fecha (24 de febrero de 1893) para honrar el Plan de Iguala de Iturbide. Es bien sabido que todas las ciudades de México celebran como fecha de fundación aquélla en que fueron erigidas como villas, pues es entonces que se crea su municipio, su ayuntamiento, autoridades y poderes locales. Torreón es la excepción, ya que celebra, no la fecha de creación de su municipio, sino la de su elevación a ciudad. ¿Por qué esta cronología y no la tradicional de cualquier villa o ciudad? 

Esta manera de celebrar el origen fue una ocurrencia de mi antecesor en el cargo, Eduardo Guerra, quien en 1932 obtuvo un apoyo económico del gobierno municipal para publicar una Historia de Torreón que coincidiera con los 25 años de existencia de la población en su calidad de ciudad, siempre y cuando se comenzara a contar desde 1907. Y claro, con esa cronología se organizaron las "bodas de plata" en 1932, las de “oro” en 1957 y el centenario de Torreón en el 2007, al contar con el ya indiscutido consenso popular. 

La creación de Torreón como villa con municipio y poderes propios, se llevó a cabo el 24 de febrero de 1893, precisamente como un homenaje, como ya mencionamos, al Plan de Iguala de Agustín de Iturbide, proclamado el 24 de febrero de 1821. 



En 1948, el general y revolucionario poblano Rubén García, encabezaba una campaña que buscaba revisar la figura histórica de Agustín de Iturbide, personaje que a él le resultaba detestable. Muchos de sus escritos periodísticos anti-Iturbidistas se publicaban en esta ciudad de Torreón en 1948. En ese contexto y con esos antecedentes, el general y revolucionario Manuel H. Reyes Iduñate, que era el comandante de la Sexta Zona Militar con sede en Torreón, consideró oportuno solicitarle al gobierno municipal de nuestra ciudad el cambio de nombre de la Avenida Agustín de Iturbide, por el de Presidente Venustiano Carranza.

El ayuntamiento, influido también por los escritos del general Rubén García, le concedió la petición por medio del acta de cabildo del 28 de octubre de 1948. La más antigua y la más importante de las avenidas torreonenses, había sido dedicada por los laguneros al que percibían como el consumador de la independencia mexicana, Agustín de Iturbide. Esta era la primera avenida de sur a norte, con el nombre de un patriota, como lo indica Eduardo Guerra en su “Historia de Torreón” al hablar de la nomenclatura de calles y avenidas. Hacia el norte le seguían las avenidas Miguel Hidalgo, Benito Juárez, José María Morelos, Mariano Matamoros, Ignacio Allende, Mariano Abasolo, etc.

La imposición oficial del nuevo nombre de esta avenida torreonense se llevó a cabo a las 13 horas con 55 minutos del 20 de noviembre de 1948. Fue la hora en que el gobernador de Coahuila, Raúl López Sánchez, develó la placa alusiva. A partir de ese momento, la avenida fue llamada "Presidente Carranza". Lo acompañaron el alcalde de Torreón, Lic. Armín Valdés Galindo, el general Manuel Reyes Iduñate, el juez de distrito de La Laguna, Lic. Ricardo Guzmán Ojeda; el Ing. Federico Sánchez, del Banco Ejidal, alumnas de la academia comercial Ignacio Zaragoza, soldados del 35 Batallón de Infantería y elementos de la policía local.

viernes, febrero 13, 2015

El jocoque lagunero


Según la Academia Mexicana de la Lengua, “jocoque” es una palabra de origen náhuatl, derivada de “xococ” (cosa agria). Y no deja de ser interesante el vocablo, sobre todo porque en el mundo indígena precolombino, no existía ganado lechero. Entonces, el término, aplicado a la leche cortada o a la nata agria, es de origen colonial. Porque fue hasta la era colonial que se introdujo en Nueva España el ganado lechero. 

En Torreón, en la actualidad quizá la principal cuenca lechera de México, el jocoque (leche cortada) fue un producto alimenticio desde sus orígenes, y por supuesto que su consumo en la Comarca Lagunera se remonta siglos atrás. Los ranchos y haciendas de Torreón solían producir leche para el autoconsumo y para la venta. Había también establos rurales y suburbanos. La leche “bronca” era un producto con bastante demanda. 

El jocoque tradicional, de jarrito de barro


En 1927, la “Lechería Sanitaria”, ubicada en Torreón, cerca del mercado Juárez (Juárez 1004 poniente) ofrecía una serie de productos lácteos, entre los cuales estaba el “jocoqui” (según la pronunciación popular), crema, “buttermilk” (suero de leche), quesos de crema prensados, quesos tipo holandés “Leder”, asaderos, panela y mantequilla. La leche se vendía a veinte centavos el litro, o veinticinco, si era llevada a domicilio. Para 1929, esta lechería contaba con una sucursal en Matamoros y Ramón Corona. 

Con el tiempo, la presencia de inmigrantes de origen palestino y libanés, muy significativa en la Comarca Lagunera, contribuyó a la difusión del jocoque, en sus formas líquida y seca, como complemento o aderezo de platillos tales como las hojas de parra o el repollo relleno. Durante la segunda mitad del siglo veinte, la apertura y proliferación de restaurantes de comida árabe popularizó estos platillos, y por supuesto, puso a otro nivel el consumo del jocoque. El jocoque ya no era exclusivamente un producto mexicano de carácter popular, sino que pasó a ser un elemento de la gastronomía lagunera de origen étnico internacional. 

Hojas de parra con jocoque


En 1957, el restaurante “Damasco” ubicado en la calle Blanco 479 sur (entre Hidalgo y Presidente Carranza) y posteriormente en la calle Rodríguez, ofrecía kipe crudo y de charola, alambres de carnero, hojas de parra, pastel de dátil y por supuesto, el jocoque. Por su parte, el restaurant “El Cairo”, ubicado originalmente en la calle Acuña y avenida Presidente Carranza, y posteriormente en la avenida Morelos, entre las calles Rodríguez y Acuña, confeccionaba hojas de parra, jocoque, kipe de charola, repollo relleno, tapule y repostería árabe. 

El Cairo, fundado como “restaurante árabe” hacia 1950 por don Jorge Martínez Abraham, fue quizá el decano de los restaurantes de este tipo en Torreón. En 1979, una empresa como la de “Platillos Envasados” en la avenida Ocampo 30 oriente, ofrecía 45 hojas de parra y medio litro de jocoque por 105 viejos pesos. 

Entre muchos otros restaurantes de comida árabe que ofrecían el delicioso jocoque, se encontraban el “Comidom” (“con el toque mágico de la señora Jaik”); “Atenas”, “Aladino´s”, “La Farahona”, “Delicatessen”, “Almanara”, “Las Brasas”, “El Oasis”, “Cerro Grande”, “Lamb´s”, “El Chamuco”,  

viernes, febrero 06, 2015

Indios Kikapú en La Laguna


“El País de La Laguna”, nombre con el que se designaba a nuestra Comarca Lagunera durante la era colonial, tuvo su última referencia como “País de Las Lagunas” en una carta del señor D.B. Robinson, Superintendente General de la Compañía Limitada del Ferrocarril Central Mexicano, fechada el 10 de enero de 1883. La carta iba dirigida al señor Tomás Nickerson, Presidente de la Compañía Limitada del Ferrocarril Central Mexicano.

El "País de La Laguna" en el siglo XVIII


Para pasar a otra cosa, se menciona que en 1873 llegaron a Saltillo más de noventa indios Kikapú (Kikapoo) de un grupo que no aceptó las ofertas del comisionado estadounidense para que pudieran volver voluntariamente a las reservas que se les habían designado en los Estados Unidos (Kansas y Oklahoma). A la vista de esta situación, el gobierno mexicano dispuso que se les tratara con toda consideración, mientras el Presidente de la República Mexicana decidía sobre el caso.

El Gobernador de Coahuila manifestó que se les atendía y auxiliaba con lo más necesario, y que los establecería en La Laguna de Coahuila. En septiembre de 1873 un grupo de más de 400 indios Kikapú cruzaron el Río Bravo, y éstos eran de los que aceptaron volver a los Estados Unidos. Pero muchos de los que no quisieron abandonar nuestro país, se dirigieron a La Laguna de Durango, donde el gobierno del Estado dispuso que con cargo a las colonias militares, se invirtieran mil pesos para proporcionarles alimentos, mientras se decidía cómo darles trabajo.

En diciembre de 1873, trescientos indios Kikapú, entre hombres y mujeres, se presentaron a las autoridades de Villa Lerdo, Durango, solicitando trabajo y terrenos. Las autoridades de Durango, con el fin de atender tal petición, se dirigieron a su vez a los hacendados del Estado, apelando a su desinterés y patriotismo, con el objeto de que les prestaran su cooperación.

En febrero de 1874 el mismo gobernador de Durango participó que los indios pedían tierras de Villa Lerdo, Distrito de La laguna, Partido de Mapimí, y herramientas; y proponía se le autorizara para establecer a los Kikapú en terrenos baldíos, que no fueran propiedad ni posesión de particulares. Se le contestó de conformidad, y que para tal efecto, el Ministerio de Fomento le indicaría por telégrafo cuáles podían ser aquellos terrenos. Esta indicación se hizo por telégrafo el 26 de febrero de 1874.

El 9 de marzo de 1874 se autorizó al gobierno de Durango para que además de los mil pesos referidos, continuara haciendo el gasto que fuera necesario para la subsistencia de los indios mientras les producía algún fruto los terrenos en que deben establecerse. En tal estado las cosas, el gobernador de Coahuila participó al ministro de la guerra con fecha 2 de marzo de 1874, que habían regresado a la villa de Múzquiz 22 familias de la tribu Kikapú, que hacían el número de 130 de ambos sexos y edades: el gobierno seguirá con éstos la misma conducta que con los radicados en Durango.

De esta información surge una serie de preguntas: ¿dónde quedaron establecidos los Kikapú laguneros? ¿Efectivamente se asentaron de manera permanente, o bien emigraron hacia otras tierras? Si permanecieron aquí, ¿se asimilaron a la población local por mestizaje biológico y cultural?


viernes, enero 30, 2015

Visita del Canal Judicial de TV de la Suprema Corte


Por invitación del canal judicial de televisión de la Suprema Corte, este cronista concurrió a las instalaciones de la Casa de la Cultura Jurídica de Torreón el pasado fin de semana. Fuí muy cordialmente atendido por el director de esta casa, el Lic. Iván Ernesto Fuentes Garrido. Ya en otras ocasiones hemos coincidido en actividades de carácter cultural. Y cabe mencionar que esta Casa de la Cultura Jurídica tiene suscrito convenio de colaboración con la Universidad Iberoamericana Torreón. 




El personal académico y técnico del canal judicial de televisión estuvo cuatro días en Torreón, recopilando materiales y entrevistando personas relacionadas con el tema de la desgraciadamente famosa matanza de chinos del 15 de mayo de 1911 en Torreón. 

En mi caso, y como cronista oficial de Torreón, se llevó a cabo la entrevista televisiva en dos etapas, a saber: historia de Torreón, e historia de la matanza de chinos. 

En mi carácter de Director del Centro de Investigaciones Históricas (C.I.H.) de la Universidad Iberoamericana Torreón, tuve el gusto de recibir a los académicos y al personal técnico de dicho canal televisivo en las instalaciones del CIH. El objetivo fue la localización de documentos y fotografías alusivas al tema de interés. Estuvieron presentes, entre otros, Monserrat Estrada Márquez, historiadora; Lourdes Balderrama Castillo, diseñadora en comunicación gráfica; Jocelyn Mercado Sánchez, comunicóloga y el ya mencionado licenciado en Derecho y director de la Casa de la Cultura Jurídica de torreón, Iván E. Fuentes Garrido. 










Presentación de "Cultura y Pasado"










Cultura y Pasado. Consideraciones en torno a la escritura de la historia, libro de mi autoría, fue presentado en la Galería de Arte Moderno del Teatro Martínez, el martes 27 de enero a partir de las 7.30 pm. Se trata de un texto coeditado por la Ibero Torreón y la Universidad Autónoma de Coahuila. 

Los comentaristas fueron el ingeniero Salvador Hernández Vélez, Secretario General de la Universidad Autónoma de Coahuila (y prologuista del libro), el licenciado Jaime Eduardo Muñoz Vargas, coordinador del Centro de Difusión Editorial de la Ibero Torreón, y el presente autor, coordinador del Centro de Investigaciones Históricas de la Ibero Torreón. 

Este nuevo libro se encuentra a la venta en la Universidad Iberoamericana Torreón, Edificio "F" planta baja, y en el Teatro Isauro Martínez. 




viernes, enero 23, 2015

La reivindicación de los torreonenses de origen chino



Uno de los primeros pronunciamientos de carácter mediático de este autor para tomar consciencia de la matanza de chinos en mayo de 1911, se muestra abajo. Se trata de la revista "Vínculos" de la Universidad Iberoamericana Torreón, edición de agosto de 2003. El objetivo del artículo era el de mostrar esa matanza, cínicamente relatada por algunos como un hecho anecdótico, "justiciero" y hasta chusco, en su verdadera dimensión de genocidio. La ciudadanía debía advertir que no había nada de chusco, que no fue un acto de justicia sino de odio racial, y que este suceso criminal manchó para siempre la historia de nuestra ciudad y de nuestra gente.




Y para evitar que posibles actitudes de discriminación compartida llegaran de nuevo a tornarse en hechos fatales, este cronista, incluso desde antes de serlo por nombramiento, no ha quitado el dedo del renglón sobre este tema. Además, ha insistido en la creación de un monumento que mueva a la reflexión de lo que es capaz un torreonense o un lagunero si se deja llevar por los odios del prejuicio contra minorías. Se requiere de un monumento que vacune nuestra conciencia y nuestra voluntad para evitar la repetición de hechos violentos en contra de nuestros conciudadanos, simplemente porque, de alguna manera, son diferentes.