Escudo de Torreón

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lunes, abril 16, 2007

Los sefarditas de Coahuila

Durante la llamada “Edad Media”, España fue quizá el país más culto de Europa y hasta del mundo entero. Las artes y la ciencia se cultivaban con gran atención y mayores resultados. Había universidades a las que acudían los mejores y más ávidos estudiantes del mundo conocido. Ciudades como Córdoba tenían cientos de miles de habitantes, y servicios urbanos que nada le envidiarían a la Roma de los césares. Y como bien lo consideraba Américo Castro en su “Realidad Histórica de España”, tan españoles eran los cristianos como los judíos y los musulmanes. La tolerancia que existía entre los miembros de las tres religiones no tenía igual en Europa.

Por lo que se refiere a la comunidad judía, España fue para sus miembros como una segunda “tierra prometida” después de Israel. Hay una palabra hebrea con la que se designa todavía a la vieja Hispania, y esta palabra es “Sefarad”. De ahí que los judíos españoles se autodesignaran como “sefarditas” (sefardim) y que hayan formado uno de los dos grandes ritos judíos europeos. El otro sería el de los “askenazitas” (askenazim) a los que pertenecen los judíos de la Europa Central y del este.

Fueron numerosos los intelectuales sefarditas que impactaron el pensamiento de Europa cuando ésta era joven todavía. La “Summa Theologica” de Tomás de Aquino muestra que su autor tenía un gran conocimiento de la filosofía judía, particularmente del rabino cordobés Moshe Maimónides.

La evolución política de Europa y el surgimiento de los estados nacionales durante el Renacimiento, ocasionaron que España iniciara una nueva etapa donde solo el catolicismo tendría cabida. La alianza de Castilla y Aragón selló la suerte de los judíos sefarditas y de los musulmanes españoles. Tristemente, los reyes católicos implementaron la confiscación de bienes y el destierro perpetuo de sus súbditos no católicos.

Los sefarditas se dispersaron hacia los cuatro puntos cardinales, enriqueciendo con su conocimiento a Holanda, Alemania, los estados italianos, Inglaterra y la cuenca del Mediterráneo europeo, africano y asíático. Muchos de ellos vinieron de incógnito a nuestra tierra, es decir, a Coahuila y al Nuevo Reino de León. De algunos de ellos se decía —y se dice todavía— que portaban la sangre real de Fernando de Aragón, que aunque rey católico, tenía sangre judía sefardita por doña Juana Enríquez, su madre. Se dice asimismo que muchos de ellos vinieron gracias a los salvoconductos de sus Reales parientes y con grandes mercedes de tierras y aguas. Se dice que en el norte de nuestro estado hay señoras que bendicen las velas el viernes por la tarde, al ponerse el sol, pensando que se trata de una vieja costumbre católica. Hasta donde sabemos, fuera de los círculos genealógicos de México y Estados Unidos, no existe un estudio serio que aborde estos temas.

Hoy solamente quiero llamar la atención hacia esta rica herencia cultural nuestra, la que recibimos “como a escondidas” de los judíos sefarditas, tan españoles como el que más, y de los cuales ni siquiera nos acordamos al mencionar los antepasados culturales de la Comarca Lagunera.

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