Escudo de Torreón

Escudo de Torreón

jueves, abril 01, 2010

El Cristo de las Noas





La primera persona que pensó en colocar la figura de un Cristo en la cúspide del Cerro de Las Noas fue el presbítero Manuel Herrera, conocido mejor como el “padre Manuelito”, de grata memoria, filántropo y luchador social por medio del servicio a los más necesitados.

Su idea era que cualquier lagunero, o cualquier viajero que llegara a Torreón por ferrocarril, carretera o vía aérea, pudiera ver la representación de la figura del Redentor, de un Cristo resucitado, a manera de profesión de fe. Pues decía San Pablo que sin la resurrección de Jesús, nuestra fe “es vana”.

Entonces, el primer Cristo que existió sobre el Cerro de las Noas era visible en los años sesentas, tenía 8 metros de alto, con brazos y cabeza de metal, y cuerpo de concreto vaciado. El padre Manuel hizo muchos viajes para subir él mismo los materiales necesarios.

Posteriormente, otro presbítero de nombre José Rodríguez Tenorio, tomó la estafeta y continuó avanzando, perfeccionando y engrandeciendo el modesto proyecto original. Comenzó por añadir un mirador, una escalera, una iglesia y un camino de concreto para que subieran los coches con facilidad.

Esta nueva fase a cargo del padre Rodríguez, comenzó en 1973. Un aspecto fundamental de esta segunda etapa, consistía en cambiar al viejo Cristo por uno nuevo, más grande. Para ello, desde 1981, el escultor saltillense Vladimir Alvarado, tuvo a su cargo el proyecto de la nueva escultura.

La nueva imagen tendría una altura de 17 metros, solamente en la parte del cuerpo, y otros cuatro metros de base, lo cual sumaría un total de 21 metros. De acuerdo al proyecto del padre Manuelito, se representaría al Cristo resucitado, con las señales de los clavos en manos y pies.

El 1 de abril de 1983, es decir, el viernes santo, se inauguró la nueva imagen del Cristo mediante un vía crucis al que se invitó a la feligresía lagunera. El evento se planeó para las 11 de la mañana, y el recorrido se llevaría a cabo en la escalinata del cerro. El acto litúrgico fue presidido por el entones obispo de Torreón, Fernando Romo Gutiérrez y el padre Rodríguez Tenorio como capellán.

Mucha gente concurrió a la solemnidad de la inauguración, pero apenas dos horas después de su inicio, ocurrió un terrible accidente, con un saldo de diez muertos y veinte lesionados. La camioneta que transportaba a veinticinco personas hacia el santuario, se despeñó desde una altura de unos 400 metros. Para aquéllos lectores que no lo conozcan personalmente, diremos que el santuario del Cristo de las Noas, forma una especie de acrópolis (un conjunto de edificios sobre una gran elevación, o sea, una “ciudad alta” como lo indica la etimología griega) que domina la zona metropolitana por su gran altura sobre el nivel del suelo. Al caer la camioneta, dejó un rastro de cuerpos muertos y heridos, pero todos, destrozados.

Desde entonces, el Cristo de las Noas se ha convertido en un símbolo alterno de la ciudad de Torreón. El primero es, y lo será siempre, un Torreón. Este símbolo nos recordará, de manera perenne, a aquéllos primigenios colonos que tuvieron que luchar contra los apaches para convertir nuestra población en un lugar habitable. Para vigilar las crecientes del río Nazas, bastaban las alturas del Cerrito de la Cruz; pero para defenderse de los indios, se necesitaba un Torreón, una construcción netamente defensiva. Además, hay que recordar que el Torreón es significativo para católicos, protestantes, musulmanes, judíos, budistas o ateos por igual. La esencia misma de nuestra ciudad es el cosmopolitismo.

1 comentario:

Mario Alberto dijo...

NO se llamaba Manuel Herrera, sino José Manuel García Guajardo