Escudo de Torreón

Escudo de Torreón

lunes, octubre 01, 2012

Las "Rochelas" de los indios Mezcaleros




Dice el padre Dionisio Gutiérrez del Río, cura de Parras y su Partido en su "Historeta de La Laguna" firmada el 31 de diciembre de 1786:


“En veinte y cinco años que cuento de Cura de este Pueblo, he oído frecuentemente a los hombres viejos, que al extremo del Bolsón por el Norte, hay cierto paraje, que a distinción de Acatita de Bajáan, y otras Acatitas nombra la vulgaridad Acatita Grande, porque significando esta voz Agua o Aguaje hay, dicen, en dicho lugar mucho agua y terreno al propósito para Laboríos y población estable, lo que no sucede en los otros pequeños Acatitas o Aguajes. Este País (si lo hay) añaden comúnmente que es la principal rochela o ranchería de los Apaches Mezcaleros que hacia esta parte nos combaten. Unos me dicen dista de Parras cien leguas, otros más y otros menos; pero en suma, Ilustrísimo Señor, por más que mi curiosidad se ha afanado, no he encontrado alguno que lo haya visto por sus ojos…”






El segundo manuscrito publicado en el "Tríptico de Santa María de las Parras" (pp. 39-57) corresponde al texto de la "Historeta de La Laguna" redactada por el padre Gutiérrez en 1786, con motivo de una consulta que le hacía el obispo de Durango, Esteban Lorenzo de Tristán y Arellano. Fuera de las Crónicas Anuales Jesuitas, se trata del primer texto de historia del territorio que llamaban "País de La Laguna", y fue escrito por un testigo local y coetáneo, con acceso a las actas parroquiales. 

Este libro, el "Tríptico de Santa María de las Parras" se encuentra disponible de manera virtual a través del siguiente enlace, sin necesidad de usar claves: 



"El Señor Santiago" en La Laguna





Aunque la empresa de Cortés y de sus acompañantes europeos comenzó como una ambiciosa aventura personal y con un robo (un “madruguete” a Diego Velázquez,  gobernador de Cuba), el conquistador procuró legitimar los hechos reclamando las tierras sometidas para el emperador Carlos I y para Castilla.

La caída de México-Tenochtitlan el 13 de agosto de 1521 marca el fin del imperialismo mexica y la llegada del imperialismo español. Las viejas naciones sometidas a los mexica permanecieron subyugadas a la corona de Castilla, y otras —que se habían mantenido independientes— fueron conquistadas e incorporadas en un nuevo orden de naturaleza eurocéntrica. 

Como hemos visto anteriormente, los tlaxcaltecas —al obedecer las voces de sus antiguos oráculos— se convirtieron en activos protagonistas de su propia historia en un continuum sin ruptura. La alianza con las fuerzas españolas era para ellos el punto de partida para un nueva configuración política y para un mestizaje étnico y cultural de alcances insospechados, pero que estaban ya anunciados.

No es de extrañar que adoptaran el cristianismo católico español con tanta sinceridad. Desde el punto de vista tlaxcalteca ambas “majestades” merecían ser servidas: el rey de España y el Dios de los cristianos. Sin mirar atrás, dejaron a “Camaxtli”, su dios guerrero, por el Dios de los europeos. Esta voluntaria disposición al cambio les mereció un notable grado de autonomía y el ser considerados oficialmente como aliados de la Corona durante toda la era virreinal.

Desde el punto de vista de la historia de los mitos y de las mentalidades, españoles y tlaxcaltecas compartían una creencia común: el cielo estaba dispuesto a apoyar —y de hecho apoyaba— sus esfuerzos bélicos. De cuando en cuando, el taumaturgo apóstol Santiago aparecía para combatir al lado de ambos pueblos hermanados.

Esta lectura estaba ya presente desde las primeras batallas hispano-tlaxcaltecas contra los aliados de Moctezuma. Muñoz Camargo nos refiere que en la batalla de Cholula, antes de que el primer español entrara a la ciudad de México-Tenochtitlan: “Los tlaxcaltecas nuestros amigos, viéndose en el mayor aprieto de la guerra y matanza llamaban y apellidaban al Apóstol Santiago diciendo a grandes voces…¡Santiago!; y de allí les quedó que hoy en día hallándose en algún trabajo los de Tlaxcala, llaman al Señor Santiago”.

En una batalla tan decisiva para la conquista del Imperio Mexica como fue la de Otumba, los indígenas creyeron haber visto al apóstol Santiago. En este lugar vieron los naturales visiblemente pelear uno de un caballo blanco, no le habiendo en la compañía, el cual les hacía tanta ofensa, que no podían en ninguna manera defenderse del ni aguardalle; y ansí en memoria de este milagro, pusieron en la parte que esto pasó, una hermita del Apóstol Santiago… 

Santiago Matamoros era el nombre con que los españoles de la reconquista identificaban al venerado apóstol gallego transfigurado en guerrero que luchaba contra los musulmanes. Algunos conquistadores dijeron haberlo visto pelear a su lado contra los indígenas, según nos dice Bernal, aunque aclarando que él no había logrado verlo.

Santiago Matamoros y su no tan honorable versión americana, Santiago “Mataindios”, fueron innovaciones añadidas a la imaginería popular del arte novohispano.

En el septentrión, el apóstol y santo guerrero era favorito para fungir como titular y protector de las poblaciones españolas y tlaxcaltecas. Santiago del Saltillo, San José y Santiago del Álamo (Viesca, Coahuila), Santiago de la Monclova, Santiago de Mapimí (Durango). Dondequiera que hubiese peligro de enfrentamientos con los indios belicosos, Santiago era un poderoso patrono. Es muy significativo que su emblema fuera precisamente una cruz-espada.

En la iglesia parroquial de Viesca, que como recordaremos fue un asentamiento tlaxcalteca fundado en el primer tercio del siglo XVIII, se conserva una imagen del señor Santiago, que junto con san José, era el santo titular. Es de llamar la atención que si san José era el patrono de los moribundos o de “la buena muerte”, Santiago era el patrono de los guerreros. A partir de sus santos titulares, la parroquia perfilaba claramente para sus feligreses una expectativa de vida de lucha, o, en su defecto, de una buena muerte. Esto era particularmente importante si se toma en cuenta que las partidas de indios belicosos arremetían y asesinaban de improviso, sin que las víctimas tuviesen acceso a los últimos sacramentos. Ésta era una clase de muerte documentada innumerables veces en los archivos parroquiales de la Nueva Vizcaya.





Santiago, el modelo tradicional



El Santiago de Viesca, Coahuila


El presbítero Jorge Soto, quien fuera párroco de Viesca, tuvo la gentileza de permitirnos tomar una instantánea del señor Santiago que se venera en dicha población. Se trata de un óleo del siglo XVIII, neoclásico por la escuela a la que pertenece, popular por el pincel que lo realizó. En un ambiente de gran serenidad, el apóstol jinete carga y arrolla a un resignado moro. Santiago porta en la mano izquierda un estandarte cargado con la cruz que lo caracteriza, y con la derecha blande una espada a punto de dar el golpe. El apóstol mira de manera extática hacia el cielo. Es evidente que esta representación enseñaba que combatir a los “infieles” era un acto de obediencia, de comunión con Dios. El moro, que por su calidad de “gentil” o “incrédulo” no podía gozar de la visión beatífica, mira hacia el jinete, que era como manifestación visible y poderoso instrumento de un Dios al que no podía gozar, pero sí sufrir. Solamente el caballo mira hacia el espectador con una mirada racional, casi humana.


Mostrar al apóstol Santiago con la banda o faja roja de los generalísimos denotaba claramente para los tlaxcaltecas de Viesca que se trataba del comandante espiritual de una hueste de colonizadores y cruzados que habrían de luchar no sólo para defenderse, sino también para establecer y consolidar el cristianismo católico en tierras de gentiles.  Sabemos que en Viesca el conflicto no era entendido como una guerra de conquista sino más bien como un enfrentamiento espiritual, porque el referente es el “Santiago Matamoros”, clara alusión a una lucha, no de conquista, sino de credos: cristianos contra paganos. Tlaxcaltecas contra chichimecas. Hay un término maravillosamente descriptivo que aparece en algunos manuscritos laguneros del siglo XVIII: “arrochelado”. Se le aplicaba a la situción en que indios paganos en guerra se encontraban fortificados en algún bastión. Este era un vocablo que hacía referencia la Francia del siglo XVII, cuando los hugonotes, “enemigos religiosos” de los católicos franceses, se encontraban protegidos e inexpugnables en “La Rochelle”, la fortaleza portuaria francesa. Esto denota con toda claridad que la lucha se percibía como una guerra religiosa, antes que cultural.




La Rochelle


En el desértico sur de Coahuila, el fatalismo era quizá la característica de personalidad menos presente entre sus pobladores. Un medio ambiente relativamente poco favorable o abiertamente hostil hace que el ser humano se valga más por sí mismo y que a la vez cobre conciencia de su poder transformador. Casi tres siglos de mestizaje entre culturas que valoraban el esfuerzo y la oportunidad, como eran la española y la tlaxcalteca, moldearon el carácter de las gentes. Poca era lo que podían esperar del lejano centro de la Nueva España. Su destino dependía de ellos mismos. La fuerte autoestima de ambos pueblos dio origen a un tipo de norteño seguro de sí mismo, de espíritu libre, franco, emprendedor y muy hospitalario.



miércoles, septiembre 26, 2012

El Himno Nacional, un testimonio interesante





Durante el año de 1853, siendo presidente don Antonio López de Santa Anna, y para mayor seña, el 12 de noviembre, el gobierno mexicano convocó a un concurso para premiar el mejor trabajo que pudiera hacer las funciones de “Himno a la Patria”.  A juicio del jurado, el ganador fue el potosino Francisco González Bocanegra. Su “Himno”, de diez estrofas, fue declarado el ganador del certamen en el Diario Oficial de la Federación, el 3 de febrero de 1854.

Ese Himno, al que ahora conocemos como “Himno Nacional Mexicano” es muy interesante, porque manifiesta claramente el sentir de la época sobre los héroes que nos dieron Patria. Muchos protagonistas e innumerables testigos de la gesta libertaria, aún vivían. Y el himno de González Bocanegra fue aclamado por los mexicanos por patriótico y veraz.

Sin embargo, habrá que preguntarse por qué el Himno Nacional Mexicano, compuesto durante la ya mencionada era de Santa Anna, quien fuera enemigo jurado y traidor a Iturbide, menciona precisamente a Iturbide como libertador en su estrofa VII y elogia el Plan de Iguala en la IX, y no dedica una sola palabra a Hidalgo o a Morelos, a Javier Mina ni a Vicente Guerrero. Y cito:

Estrofa VII "Si a la lid contra hueste enemiga, nos convoca la trompa guerrera, de Iturbide la sacra bandera, mexicanos, valientes seguid. Y a los fieles bridones les sirvan las vencidas enseñas de alfombra; los laureles del triunfo den sombra a la frente del Bravo Adalid".

Estrofa IX “Y el que al golpe de ardiente metralla de la Patria en las aras sucumba, obtendrá en recompensa una tumba donde brille de gloria la luz: y de Iguala la enseña querida a su espada sangrienta enlazada de laurel inmortal coronada formará de su fosa la cruz”.

Estas “omisiones” muestran que en los primeros tiempos de la República, nadie le disputaba a Iturbide el honor de ser el Libertador de México. Hidalgo y Morelos seguían siendo recordados como curas de pueblo, rebeldes y bandoleros, promotores de muertes absurdas y de lo que parecía ser una guerra de limpieza étnica (Basta con leer el texto de la excomunión de Abad y Queipo y su comparación con la guerra de independencia de Haití).

Iturbide, en cambio, era percibido como el iniciador y consumador de la Independencia Mexicana en base al Plan de Iguala (24 de febrero de 1821), los Tratados de Córdoba (24 agosto de 1821), la entrada triunfal a la ciudad de México, por fin independiente (27 de septiembre de 1821) y la redacción del Acta de Independencia del Imperio Mexicano (28 de septiembre de 1821). 

Además, a Iturbide se le percibía como un Defensor de la Fe que separó políticamente a México. Y lo hizo para no tener que obedecer los decretos de una España que, desde 1820, se tornó furiosamente jacobina y anticlerical, y que preparaba la legislación para que en Nueva España se desmantelara el poder del clero y los fueros del ejército. Evidentemente ni el clero novohispano, riquísimo y poderoso, ni los grupos de poder, iban a obedecer sumisamente estos decretos. 

Fue entonces que el clero alentó la independencia política de México como medio para mantener su poder y sus privilegios. Mientras que en las monedas de los reyes de Europa se leía “Dei Gratia” (Por la Gracia de Dios), en las de Iturbide, ya asunto al trono imperial, se leía “Dei Providentia” o sea, “por la Providencia de Dios”. Iturbide fue considerado por el pueblo como el “mesías” enviado por Dios para salvar la religión católica en México. 

Toda esta visión la plasmaba el Himno Nacional Mexicano, antes de que le quitaran estrofas “políticamente incómodas”. Era muy cuesta arriba para los posteriores gobiernos republicanos, liberales y masónicos de la época de Juárez, reconocer que la fundación del Estado Mexicano, cualquiera que fuera la forma que asumiera, monarquía o república, había sido fundado con la bendición directa y patrocinio del clero novohispano, conservador y monárquico. Por esta razón, el Acta de Independencia de México es un documento poco difundido. Dice “demasiado”.

Hidalgo, Morelos, Allende, Mina, Guerreo y los otros héroes posteriormente conocidos como forjadores de la independencia, adquirieron relevancia cuando Vicente Riva Palacio, nieto de Vicente Guerrero, escribió la versión oficial y liberal, de la historia Patria, en la cual su abuelo era el heredero directo de una estafeta imaginaria que comenzaba con Hidalgo.

Este Cronista no es un clerical. Tampoco milita en partido político alguno. Es un simple académico, un investigador que busca y difunde la verdad de los hechos. No tiene compromisos ni banderas ideológicas. Para él, los documentos son los únicos garantes de la verdad.

lunes, septiembre 24, 2012

Los colores de la Patria

Bandera de la Nación Mexicana con los colores de las Tres Garantías 



No deja de ser algo notable que el primero y el último de los movimientos mexicanos por la independencia, tuvieran su origen en situaciones de carácter internacional.

El primero, el de 1808, se originó en la invasión y ocupación de España por los franceses. Algunos regidores del ayuntamiento de la ciudad de México, como Francisco Primo Verdad Ramos y Juan Francisco de Azcárate, aprovecharon el momento para proponer la independencia de la Nueva España. Los reyes Carlos IV y Fernando VII se habían entregado mansamente a Napoleón Bonaparte, y habían puesto a sus pies la corona española.

Los mencionados regidores de la ciudad de México, que eran criollos, consideraban que en esas circunstancias, Nueva España debería separarse de la madre patria. Por supuesto, los españoles peninsulares abortaron este plan y asesinaron a Francisco Primo Verdad mediante un pretendido suicidio. Así, tristemente, acabó este primer movimiento independentista ( o autonomista) de 1808.

Doce años después, se presentó una nueva coyuntura política internacional: en 1820, el coronel Rafael del Riego, de ideología liberal, dio un golpe de estado en España, y obligó al rey Fernando VII a jurar de nuevo la Constitución de Cádiz, que era liberal. En virtud de lo establecido por esta constitución, se eligieron diputados liberales a las Cortes (las cámaras legislativas) y comenzaron a dictar leyes que amenazaban seriamente, no solamente los intereses del clero novohispano, sino su misma existencia. La aristocracia novohispana y buena parte del ejército consideraron que, dadas las circunstancias de La Península y al ver en peligro sus intereses, había llegado el momento de separarse políticamente de España.

Este último movimiento de independencia, apoyado por obvias razones por el clero institucional y las altas esferas de poder novohispano, como lo han indicado Lucas Alamán y Francisco de Paula Arrangoiz, entre muchos otros historiadores, tuvo su comienzo y fin en 1821. Su promotor visible fue don Agustín de Iturbide,  por medio del Plan de Iguala, proclamado el 24 de febrero de 1821. Este plan fue ratificado mediante los Tratados de Córdoba, el 24 de agosto de 1821 por el mismo Iturbide y el último virrey capitán general de Nueva España, don Juan de O´Donojú. 

El plan surgido en Iguala, obedecía a las necesidades del momento, y no tenía vínculos históricos con los anteriores movimientos de Hidalgo, ni Morelos. Al igual que el de 1808, este plan se originó también en las circunstancias internacionales prevalecientes en sus respectivos años.

El Plan de Iguala le garantizaba a los novohispanos tres cosas. Nótese bien que si se usaba el término “garantía”, es porque se consideraba que había cosas que estaban amenazadas, en peligro. ¿Cuáles eran estas cosas amenazadas? En primer lugar, el Plan de Iguala garantizaba el libre ejercicio de la religión católica (color blanco). Se consideraba que los españoles habían sucumbido a la locura napoleónica, que iban a destruir al catolicismo y al clero para adorar a la “diosa razón”.

Para poder cumplir la primera garantía, se requería necesariamente de la independencia política de España. Había que garantizar esta separación para anular las amenazas de la nueva legislación española, pues Nueva España ya no estaría más bajo el dominio de La Península ni tendría por qué obedecer sus nuevas leyes (verde).

Para evitar cualquier desorden social en Nueva España al proclamar su independencia, se garantizaba que todos sus habitantes serían iguales ante la ley, sin esclavitud, ni distinción racial. Todos tendrían los mismos derechos, indios, negros, españoles o criollos, y se respetarían las propiedades de todos (color rojo).

Así, con este Plan de Iguala del 24 de febrero de 1821, su bandera verde, blanca y roja, y el reconocimiento de O´Donojú, Iturbide y los firmantes del Acta de Independencia, se convirtieron en los fundadores del Estado Mexicano. Desde 1821, México es una nación libre. Los colores del Plan de Iguala se convirtieron en nuestra enseña nacional. 

Agustín de Iturbide

El 27 de septiembre de 1821, el Ejército de las Tres Garantías entró triunfante y aclamado a la ciudad de México. Al día siguiente, el 28 de septiembre, se firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano. No existe otra acta de independencia de la Nación Mexicana, y ésta es la única a la que se le reconoce eficacia y validez internacional. Esta independencia trigarante fue la que, finalmente, tuvo que reconocer España. En otras palabras, México comenzó a existir como nación soberana hace 191 años, que se cumplirán este jueves 27 de septiembre. 

Entre los signatarios del Acta, se encuentran nombres muy prominentes del ejército regular, de la nobleza mexicana y del clero. Me llaman la atención los de Juan Francisco de Azcárate, que participó en el movimiento de independencia mexicana de 1808; Anastasio Bustamante, quien fuera otro miembro del ejército regular, y a quien Iturbide designó Capitán General de las Provincias Internas (Los estados norteños, entre ellos Coahuila). Bustamante luego fungió como Presidente de la República en varias ocasiones, y el de José María de Echeverz y Valdivieso, quinto heredero del lagunero título de marqués de Aguayo.

Se transcribe a continuación el texto del Acta (sin las firmas)


“Acta de independencia del Imperio. La nación Mexicana, que por trescientos años ni ha tenido voluntad propia, ni libre el uso de la voz, sale hoy de la opresión en que ha vivido = Los heroicos esfuerzos de sus hijos han sido coronados y está consumada la empresa eternamente memorable, que un genio superior a toda admiración, elogio, amor y gloria de su patria, principió en Iguala, promovió y llevó al cavo arrollando obstáculos casi insuperables Restituida pues esta parte del septentrión al ejercicio de cuantos derechos le concedió el Autor de la Naturaleza, y reconocen por inenajenables y sagrados las naciones cultas de la tierra, en libertad de constituirse del modo que más convenga a su felicidad y con representantes que puedan manifestar su voluntad y sus designios, comienza a hacer uso de tan preciosos dones y declara solemnemente por medio de la Junta Suprema del Imperio que es nación soberana, independiente de la antigua España con quien en lo sucesivo no mantendrá otra unión que la de una amistad estrecha en los términos que prescribieren los tratados; que entablará relaciones amistosas con las demás potencias ejecutando respecto de ellas cuantos actos pueden y están en posesión de ejecutar las otras Naciones soberanas; que va a constituirse con arreglo a las leyes que en el Plan de Iguala y Tratado de Córdova estableció sabiamente el Primer Jefe del Ejército Imperial de las tres garantías; y en fin, que sostendrá en todo trance y con el sacrificio de los haberes y vidas de sus individuos, si fuere necesario, esta solemne declaración hecha en la Capital del Imperio a 28 de septiembre de 1821, primero de la Independencia Mexicana".


Este Cronista sabe muy bien que esta versión de la historia de la Independencia de México es muy poco conocida, y quizá aún menos popular. Ciertamente no corresponde con la versión que ofrece la Historia Oficial. Sin embargo, se encuentra perfectamente sustentada con documentos. 

México es uno de esos países donde la historia se ideologiza y hasta se cambia de manera radical: héroes y traidores, buenos y malos, blanco y negro. Los héroes históricos, como Hidalgo, Morelos, Guerrero, Iturbide, sin la menor duda todos ellos grandes hombres en sus propias circunstancias, no son estudiados en sus contextos vitales. Antes bien, son presentados como banderas de movimientos o ideologías antagónicas que surgieron posteriormente. 

Era obvio que el Estado Liberal y Republicano, jamás reconocería que el origen de la Nación Mexicana Independiente se debía a un movimiento patrocinado y bendecido por el clero conservador y monárquico. Así que Hidalgo y Morelos fueron convertidos en banderas de los liberales, mientras que Iturbide, sin duda alguna el principal fundador del Estado Mexicano y de su división en tres poderes, se convirtió en bandera de monárquicos y sinarquistas.

En los Estados Unidos, los héroes militares yanquis y confederados tienen sus respectivos monumentos. Lucharon entre sí por diferentes proyectos de nación, y sin embargo, se les reconocen sus méritos a todos. ¿Será tan difícil de aceptar nuestra propia historia, libre de ideología política?

domingo, septiembre 16, 2012

Altitud relativa del asta de la Plaza Mayor



La bandera de la Plaza Mayor, ondea a plena asta en su primer 16 de septiembre. Nótese su tamaño en relación al Teatro Martínez, el cual se encuentra unos 100 metros más cercano a la cámara fotográfica, y que por lo tanto, daría la impresión de relativa mayor altitud. Sin embargo, no es así. El asta es mucho más alta que el teatro. 



Oribe Peralta, Ciudadano Distinguido de Torreón



Oribe Peralta recibe el "Trofeo de Cristal" anexo al nombramiento de Ciudadano Distinguido



Oribe Peralta otorga su nombre a una nueva presea al mérito deportivo

El día de ayer, 15 de septiembre, el Museo Arocena de Torreón fue constituido como recinto oficial con el objeto de celebrar la sesión solemne de cabildo, en la cual se entregaron los nombramientos de "Ciudadano Distinguido" a diversos individuos. Entre ellos, fue condecorado un personaje del deporte muy querido en la Comarca Lagunera, el torreonense Oribe Peralta, jugador que resultó clave para la obtención de la medalla olímpica de oro de la selección mexicana de fútbol en los juegos de Londres 2012. 

No solamente se le entregó el "Trofeo de Cristal" al mejor deportista torreonense del año, sino que también se le entregó un reconocimiento especial por la creación de una nueva medalla al mérito deportivo que será denominada "Oribe Peralta". En el evento estuvieron presentes las familias de los galardonados, y  entre diversas personalidades, el alcalde de Torreón y el Gobernador de Coahuila, Rubén Moreira Valdés. 




Por la noche, como es costumbre, muchos laguneros se reunieron en lo que fue el primer "Grito" celebrado en la recién inaugurada Plaza Mayor de Torreón. Y aunque caía una ligera llovizna, el ánimo de la gente estaba muy alto. Como dicta el protocolo, el alcalde vitoreó a los héroes que nos dieron patria. Los fuegos de artificio fueron numerosos y muy lucidos. Al terminar el espectáculo de pólvora y luz, la fiesta continuó con el popular grupo musical "Banda del Recodo", para alegría de quienes se encontraban ahí. La plaza mayor, por sus dimensiones y características, servirá para ofrecer recitales, conciertos, representaciones teatrales, entre otros eventos de carácter cívico, cultural y de entretenimiento. 

Nota: Las imágenes son cortesía del diario El Siglo de Torreón










sábado, septiembre 15, 2012

Fue inaugurada la Plaza Mayor de Torreón



El alcalde Eduardo Olmos Castro en el discurso de inauguración














Hoy por la mañana, 15 de septiembre de 2012, amaneció como una típica mañana torreonense del mes patrio. Tras días de lluvia, el cielo estaba muy nublado, el ambiente muy limpio, y el suelo mojado. Se respiraba un aire delicioso, carente por completo del molesto y cotidiano polvo.

Torreón estaba de fiesta desde temprano, no solamente por conmemorarse hoy el 202 aniversario del “Grito de Dolores”, y también el 105 aniversario de la elevación al rango de ciudad de nuestra población, sino porque a las 8 horas se inauguraría la recién construida Plaza Mayor de la ciudad.

Este Cronista recibió en días previos, la invitación para estar presente en esa ceremonia de solemne inauguración. Y en efecto, a las ocho de la mañana de este día nublado y ligeramente lluvioso, se encontraba ya presente en la Plaza Mayor una multitud de ciudadanos interesados en presenciar el evento.

Se encontraban instalados una serie de pabellones para protección de la lluvia, en caso de que arreciara, y no solamente para la sección de invitados especiales, entre los que me encontraba en mi calidad y funciones de Cronista Oficial y Notario Histórico, sino también para el público que acompañaba la ceremonia. Estaban presentes distinguidas personalidades del mundo empresarial, político, militar, académico y cultural.

A las ocho de la mañana y diez minutos comenzó el maestro de ceremonias su alocución, dando la bienvenida al publico asistente, así como noticias del significado del evento.

Posteriormente, tocó su turno al alcalde de la ciudad de Torreón, el Lic. Eduardo Olmos Castro, hablar sobre el significado que la Plaza Mayor tiene para su gestión como alcalde, para la necesidad de mejoras urbanísticas y espacios públicos de grandes dimensiones, y para la vida social de Torreón.

En seguida, el Gobernador del Estado de Coahuila, Rubén Moreira Valdés, felicitó al alcalde Olmos Castro y comunicó su satisfacción por el hecho de que Torreón cuente con esta nueva gran plaza, haciendo votos por un mejor futuro para los mexicanos, los torreonenses y los laguneros.

Acto seguido, una fila de 22 soldados llevaron en hombros la enorme bandera nacional que había de ser izada, por vez primera, en la Plaza Mayor. Se trata de una bandera de aproximadamente treinta metros de largo, para la enorme asta de más de 60 metros de altura, que se encuentra situada en el medio de la nueva plaza, casi sobre la avenida Matamoros. El Alcalde Olmos y el Gobernador Moreira activaron el mecanismo que elevó y puso a ondear este enorme lábaro patrio.

Finalmente, la plaza fue recorrida por cuerpos militares en desfile, el primero de este tipo, los cuales contaron con la ovación unánime de la concurrencia.  
     

domingo, septiembre 09, 2012

Anécdotas del "Hotel Francia" de Torreón

Fachada del Hotel Francia de Torreón


Hoy mencionaremos algunas de las anécdotas relacionadas con uno de los antiguos hoteles torreonenses, el Hotel Francia, que se encontraba situado frente a la vieja estación de ferrocarril, en la avenida Ramos Arizpe. 

Torreón había sido, desde 1888, una población “de paso” y de trasbordo ferroviario, por lo cual, era importante contar con esta clase de servicios de hospedaje. En 1907, la flamante ciudad contaba con los hoteles Salvador, París, Torreón, Hotel de las Estaciones, Hotel Internacional, Hotel Francia (de Julio Doucet), Iberia, El Modelo, Del Mónico, Carlos Sternau, Universal, y el Plaza. Para mediados de los novecientos veintes, la alegre época del Charlestón y de las “pelonas”, permanecían en Torreón varios establecimientos dedicados a la hotelería, como lo eran  el Hotel Española, Hotel Iberia, Hotel Salvador, Hotel San Carlos, el Hotel Barcelona y el ya mencionado Hotel Francia. 

Muchas anécdotas podrían contarse sobre los personajes que pernoctaron en el Hotel Francia, tenido por uno de los más cosmopolitas de la Comarca Lagunera. Quizá uno de esos personajes relevantes haya sido el señor Jorge Martínez Morton, socio del señor Hipólito Villa en negocios petroleros. Resulta que estas personas tenían un proyecto de inversión para la explotación de los yacimientos del oro negro en Coahuila y Nuevo León. El 18 de mayo de 1922, reporteros locales tuvieron la oportunidad de entrevistar al señor Martínez Morton, precisamente en la habitación que ocupaba en el Hotel Francia. 

Este señor mostró a los reporteros locales, un minucioso informe realizado por dos geólogos de la prestigiosa compañía petrolera  Royal Dutch Shell Co. Dicho informe se refería a los estudios geológicos que en esos años realizaban los científicos en el norte de México. Esos estudios mostraban que en los estados de Tamaulipas, Nuevo león y Coahuila existe un riquísimo yacimiento petrolífero, que es como la continuación del de Texas. Según dicho estudio, la faja petrolera que entra a nuestro país por Del Río, Texas, es la “Faja Balcones” siendo del tipo de formación llamada por los peritos “Pensilvania” y Cretácico Bajo. Esta faja pasa de Texas a Coahuila, y de aquí, a Nuevo León y Tamaulipas. Esta “Faja Balcones” va en la dirección siguiente: entra por Del Río y sigue hacia Cuatro Ciénegas; Paredón, Sabinas Hidalgo, Linares y Tampico, para perderse en puntos intermedios y aparecer más delante. Se considera que el petróleo se encuentra a entre una profundidad de 2 mil 500 pies (unos 800 metros) hasta mil pies (unos 300 metros). De acuerdo al mismo estudio, una de las bifurcaciones de la “Faja Balcones” parte de Zaragoza hacia Sierra Mojada, bajando después y viniendo con dirección a La laguna, cruzando el Bolsón de Mapimí. 

El señor Martínez Morton manifestó también que integró una sociedad con el señor Hipólito Villa, para explotar diversas zonas petroleras en los estados de Coahuila, Nuevo León, Veracruz y Tabasco, para lo cual se formó una compañía con capital netamente mexicano, ascendiendo este a un millón de pesos. 

Es muy verosímil pensar que la firma de los Tratados de Bucareli, celebrados entre el presidente Álvaro Obregón y los Estados Unidos, por medio de los cuales y entre otras cosas, México se comprometió a no extraer petróleo de los estados norteños, echó a perder por completo este lucrativo proyecto. Como en muchas otras ocasiones ha sucedido, “complacer” a los Estados Unidos ha mermado nuestra soberanía nacional, y vulnerado nuestra economía y desarrollo. (“Las perspectivas de hallar petróleo en el Estado de Coahuila. Una fuerte compañía de capital mexicano, iniciará serios trabajos de perforación, con buenos informes geológicos”. 19 mayo 1922, pp. 1 y 8.) 

¿Realmente era este Hotel Francia tan cosmopolita como se decía? ¿Qué ofrecía a la clientela en su comedor? Demos un breve vistazo a la publicidad del año de 1924, apenas a dos años de la estancia del señor Martínez Morton, siendo el propietario el señor José V. Gómez.  Era la costumbre ofrecer la comida corrida. Ese verano, sus menús eran diversos. 

El menú del del 2 de mayo, consistía de sopa juliana, arroz mixto, “arietu” de carnero, ejotes a la crema, milanesa de puerco en salsa criolla, frijoles refritos, flan de vainilla, café con leche. El precio de la comida: un peso y cincuenta centavos. Una ganga. Me llama la atención el uso de la palabra “arietu” en el menú, ya que es una palabra latina para el carnero, precisamente. Se lee en la Biblia “oboedientia quam victimae et auscultare magis quam offerre adipem arietu”, es decir, “el obedecer y prestar atención es mejor que el sebo de los carneros”. (1 Samuel 15:22). También se puede referir a la presentación, ya que “arietatus” es una cosa batida. En fin, el significado de esta palabra en este contexto, queda para ser resuelto por los especialistas. 

El menú del 13 de junio de ese mismo año, incluía sopa juliana, arroz a la caballo [o sea, con un huevo frito montado sobre el arroz], albóndigas a la mexicana, ensalada de ejotes, pierna de carnero al jugo, frijoles refritos, flan de vainilla, café o té. 

El menú del 15 de junio ofrecía caldo gallego, macarrón a la francesa, Huachinango frito en salsa tártara, filete mechado con “champignons” [pronunciación a la francesa], ensalada mixta, mole poblano, frijoles refritos, nieve de fresa, café o té. 

El menú del 22 de junio, incluía sopa crema de tomate, macarrón al gratén, bacalao a la vizcaína, pollo Marengo, ternera a las finas hierbas, ensalada mixta, frijoles refritos, nieve de piña, café o té. El pollo a la Marengo es una receta internacional de 1800, y recuerda una de las victorias de Napoleón en Italia. Es el equivalente de los chiles en nogada, dedicados al triunfo del general Agustín de Iturbide y su Plan de iguala, receta elaborada por vez primera en 1821. 

El menú del Hotel de Francia del 2 de julio ofrecía sopa juliana, arroz montado, “turnedor” [corte de solomillo] con “champignons”, elotes al natural, ´pierna de cerdo al jerez, frijoles refritos, manzanas al horno, café o té.  

Por lo que podemos ver, en el verano de 1924, la comida del Hotel Francia contaba con platillos de carácter internacional, principalmente de comida española y francesa, así como de la nacional. El menú ofrecía dos sopas de entrada, una aguada y otra seca, un platillo de carne (res, puerco o pescado) a escoger de entre dos o tres alternativas; una ensalada, frijoles refritos (infaltables) y un postre. La bebida era café o té, pero no se ofrecía vino ni cerveza en el menú. El precio de la comida corrida era de lo más accesible, y equivalía a un milésimo y medio de nuestro peso actual.




Comedor del Hotel Francia













miércoles, septiembre 05, 2012

Programas Sectoriales Especiales 2011-2017




Mañana jueves 6 de septiembre, se llevarán a cabo los trabajos relativos a la presentación de los Programas Sectoriales Especiales 2011-2017, a cargo del Gobierno del Estado de Coahuila de Zaragoza. 

El evento, sin duda de gran interés, tendrá por sede el Paraninfo del Ateneo Fuente de Saltillo, Coahuila, en punto de las once horas. 

martes, septiembre 04, 2012

Miente el "Consejo de la Crónica"


















Un artículo de Milenio Diario de hoy, menciona que soy miembro activo del llamado "Consejo de la Crónica" de esta ciudad. Mienten los integrantes de este "Consejo", pues este Cronista Oficial jamás ha sido invitado a participar en la constitución de ese grupo, selección de miembros, elaboración de estatutos ni reunión alguna. Al contrario, este "Consejo" ha rehusado innumerables veces el diálogo público, frontal y transparente. Este es un "Consejo" absolutamente anómalo, construido deliberadamente sin la menor participación del Cronista Oficial de Torreón. Es un absurdo, un "Consejo de la Crónica" sin Cronista que le dé validez.

Al usar mi nombre sin autorización alguna de mi parte, este "Consejo" cae en la usurpación de funciones, y engaña deliberadamente a la población torreonense con el objeto de lograr sus muy particulares intereses personales y corporativos. Este Cronista Oficial se deslinda por completo de sus actividades y propósitos, los cuales desconozco por completo. 




martes, agosto 28, 2012

Tinaja lagunera / Metalúrgica

















La llegada de las aguas del Río Nazas por su cauce original, solía ser todo un acontecimiento para muchísimos habitantes de la Comarca Lagunera. Probablemente nuestros visitantes de regiones más favorecidas, encontraban gracioso y hasta inconcebible tanta alegría por algo tan “cotidiano” como el paso del agua por el lecho de un río.

En La Laguna, la llegada de las aguas suscitaba el mismo fenómeno de alegría y reverencia con que los habitantes del Alto y Bajo Egipto recibían las crecientes del Nilo. En el desierto, el agua es vida, y también riqueza. La madre tierra y el padre Nazas han sido personificados desde hace muchísimo tiempo por los laguneros. Parte muy simbólica de esta alegría generalizada era la ceremonia de la preparación y libación de “la tinaja”. Esta podía ser una tinaja común o ponchera, la cual se llenaba con diferentes bebidas e ingredientes, para derramarla sobre las primeras aguas que llegaban. 

De esta manera, “bebiendo”, el padre Nazas era hecho partícipe el regocijo de la población por su llegada. Este era un brindis que compartían los agricultores reunidos con este fin junto al Nazas, y que marcaba el inicio de las bonanzas algodoneras que hicieron tan famosa y rica a la región. De alguna manera, esta ceremonia festiva rememoraba fuertemente las bendiciones sobre las aguas del Nilo. 

En alguna ocasión, hace algunos años, durante una comida con el alcalde de Torreón, tuve oportunidad de charlar con algunos de los integrantes de la Comisión Asesora del Museo del Algodón, es decir, con los señores Alberto González Domene, Germán González Navarro, Ramón Iriarte Maizterrena y José Fernández Torres. Sus familias han sido tradicionalmente algodoneras, o han tenido fuertes nexos con el cultivo y el aprovechamiento del algodón, como sucede con el alcalde mismo.

Una de las cosas que yo traía pendiente por entonces en mi agenda de investigación, era la composición exacta de la bebida con la que los agricultores laguneros brindaban y arrojaban al Río Nazas a la llegada de sus aguas. Tras un refrescante desfile de recuerdos, los comensales llegaron al consenso en lo que a continuación se refiere:

Cuando las aguas del Nazas estaban próximas a brincar los vertedores e iniciar así la distribución del agua de riego en La Laguna de Coahuila, los terratenientes se juntaban en un lugar para celebrar el inicio del ciclo algodonero. Ahí se colocaban mesas para el banquete, y sobre las mesas había poncheras. En estas poncheras se vertía hielo frappé, champaña, vino blanco, cuadritos de manzana y un toque de kirsch. Tanto al recipiente como a la bebida preparada se le conocía como “la tinaja lagunera”. Con esta bebida se festejaba la llegada de las aguas. Y sin duda, se trata de una bebida muy comarcana. 

Las poncheras, que en ocasiones eran de plata, servían tanto para contener la bebida que se preparaba tradicionalmente para los banquetes de bienvenida de las aguas del río, como para para arrojar su contenido a las aguas del Nazas, haciéndolo así partícipe de la alegría general.


La Compañía Metalúrgica de Torreón

Una de las compañías industriales más prósperas en la historia de nuestra ciudad lo fue, sin duda, la Compañía Metalúrgica de Torreón, la cual se fundó cuando nuestra población era apenas una estación del ferrocarril, una pequeña congregación, tres años antes de que fuera elevada al rango de villa.


Esta compañía mexicana y lagunera, se fundó en 1890, según el “Álbum de la Paz y el Trabajo”, con un capital inicial de $ 1,250.000.00, que de acuerdo a la escritura pública de 20 de junio de 1900 se aumentó a $ 2,500,000.00 y más tarde a $ 3,500,000.00 en vista del crecimiento de sus operaciones, las cuales demandaban mayor inversión para obtener todo el éxito que finalmente tuvieron. Este éxito fue causa de cuantiosas derramas económicas para los capitales invertidos, al grado de que en diferentes ocasiones se decretaron dividendos hasta de un 25% sobre el monto del capital.
El consejo de administración, en 1910, estaba constituido por un presidente, el señor Ernesto Madero, un vicepresidente, el señor Carlos González, un secretario, el Lic. Praxedis de la Peña, un tesorero, el señor Pedro Torres Saldaña, y seis vocales, los señores Ernesto Madero, Tomás Mendirichaga, Joaquín Serrano, Francisco Frumencio Fuentes, Rómulo Larralde y Marcelino Garza.

La planta de fundición en Torreón tenía (en 1910) ocho hornos con capacidad para fundir en conjunto, cien toneladas diarias de minerales. Producía por entonces mil quinientas toneladas mensuales de plomo de obra que exportaba a Inglaterra para su afinación. Compraba minerales de todas clases pagando los mejores precios. La fundición comenzó a funcionar con cuatro hornos en 1902, y en 1904 ya había duplicado su capacidad.

“El Diario”, en su edición del jueves 25 de octubre de 1906, página siete, primera columna, publicó un artículo que intitulaba “La Compañía Metalúrgica de Torreón”. En este artículo, mencionaba lo siguiente:

“El Consejo de Administración de esta Compañía industrial ha convocado una asamblea general extraordinaria para el día 22 de Noviembre próximo con el fin de discutir y aprobar, si así lo cree conveniente, el aumento de capital a $ 5,000,000.00 por medio de una emisión de 15,000 acciones con valor a la par de $100.00 cada una, de las cuales, 12,500 acciones se ofrecerán a los accionistas de esa Compañía, en proporción a sus representaciones y 2,500 acciones serán cambiadas por igual número de bonos fundadores.

Esta Compañía cuenta actualmente con un capital efectivo completamente pagado de $ 3,500,000.00 representados por 35,000 acciones de a $ 100.00 cada una. Las acciones de esta compañía industrial se cotizan en plaza a $127.00, el año pasado se cotizaron como máximum a $ 175.00 y como mínimum a $ 140.00”.

Para 1910, Torreón era una floreciente ciudad de economía agroindustrial que producía telas, jabones y otras manufacturas. Sin embargo, cuando vemos la lista de exportaciones torreonenses a los Estados Unidos, notamos que casi el 100% estaba constituido por materias primas, incluyendo los metales de la Compañía Metalúrgica.

En 1910 el valor de las exportaciones torreonenses a los Estados Unidos durante el primer trimestre, fue el siguiente, de mayor a menor:

Guayule $3, 934, 330.07; plata $1, 173, 354.11; pieles sin curtir, $399, 356.32; oro, $306, 067.09; plomo, $293, 863.48; pieles curtidas, $87,724.42; arsénico, $21, 811.44; glicerina cruda, $20, 816.10; semilla de algodón, $11,587.28; cerda, $3, 224.42; mercurio, $765.05; guano, $586.17; cuerno $305.05 y maquinaria, $305.05.

jueves, agosto 23, 2012

Familias de la historia nacional




Los Iturbide Huarte. El matrimonio formado por don Agustín de Iturbide y Aramburu y doña Ana María Huarte Muñiz, tuvo una vasta progenie que se distinguió en el servicio de la Patria Mexicana, lo mismo en el campo de las armas que en el de la política o la diplomacia. Por tratarse de información poco conocida, y por estar tan cerca el mes de las fiestas de la independencia nacional, considero relevante publicar estos apuntes, que están muy lejos de mostrar la vasta realidad de esta interesante familia. Las fuentes utilizadas consisten en diversos documentos, y como Cronista, conservo copia de los mismos para certificar su procedencia. Agradezco a los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días su gentileza al permitirme el acceso a sus archivos. 

Pero examinemos primero los datos personales de don Agustín de Iturbide y Aramburu, libertador de México bajo los esquemas el Plan de Iguala y el Tratado de Córdoba, de 24 de febrero y 24 de agosto de 1821, respectivamente, consumados con la solemne entrada a la ciudad de México, el 27 de septiembre de ese año.

Su partida de bautismo, que se encuentra en el sagrario de la catedral de Morelia, dice a la letra, con la grafía actual:



























“Agustín Cosme Damián. En la ciudad de Valladolid [Morelia], en primero de octubre de mil setecientos ochenta y tres, el Sr. Dr. D. José de Arregui, canónigo de esta santa iglesia catedral, con mi licencia exorcizó solemnemente, puso óleo, bautizó y puso crisma a un infante español que nació el día veinte y siete del próximo pasado septiembre, al cual puso por nombre Agustín Cosme Damián, hijo legítimo de D. José Joaquín de Iturbide y de Da. María Josefa de Aramburu. Abuelos paternos: D. José de Iturbide y Da. María Josefa de Arregui; maternos, D. Sebastián de Aramburu y Da. María Nicolasa Carrillo. Fue su padrino el reverendísimo padre ministro Fray Lucas Centeno, prior provincial de la Provincia de San Nicolás Tolentino de Michoacán, a quien amonestó su obligación, y para que conste, lo firmé. José Peredo. José de Arregui”.

En la Nueva España de la época, y en las partidas parroquiales, se calificaba como “español” a cualquier individuo de raza blanca, aunque su familia llevara 200 años de antigüedad en el país. Cuando se quería anotar que era peninsular de nacimiento, se le llamaba “originario de los Reinos de Castilla”.
Así que Agustín de Iturbide era lo que llamaríamos actualmente, un “criollo”, palabra que no se usaba en los registros parroquiales.

Los linajes Iturbide y Arregui procedían de Peralta, en Navarra. Por otra parte, el abuelo materno de Agustín, Sebastián de Aramburu, nació en el Valle de Oyarzun, en Guipúzcoa. Era vecino de Pátzcuaro y viudo de Antonia de Zuloaga, hasta que casó con la abuela de Agustín, Nicolasa Carrillo y Figueroa, originaria y vecina de Acámbaro, e hija de Joaquín Carrillo y Figueroa y de María Villaseñor Cervantes y Villegas, estos últimos originarios de Maravatío. 

Como podemos ver, Agustín de Iturbide y Aramburu era un hijo de la Nueva España, particularmente de Michoacán.

El joven Agustín de Iturbide casó con otra criolla, Ana María Huarte. Su partida de matrimonio, ubicada en el Sagrario de Morelia (fragmento) aporta información adicional:














“Casamiento y velación de D. Agustín Iturbide y Aramburu = con Da. Ana María Huarte. En la ciudad de Valladolid [Morelia] en veinte y siete de febrero de mil ochocientos cinco años, previas todas las diligencias conciliares…por licencia concedida por el señor provisor y presentada al señor cura de esta santa iglesia catedral, en casa particular casó por palabras de presente que hicieron legítimo y verdadero matrimonio a D. José Agustín Iturbide y Aramburu, originario y vecino de esta ciudad, alférez de las Milicias Provinciales de ella, de veinte y un años de edad, hijo legítimo de D. José Joaquín de Iturbide y de Da. Josefa Aramburu = con Da. Ana María Huarte, española de este mismo origen y vecindad, de diez y nueve años de edad, hija legítima del regidor alcalde provincial D. Isidro Huarte y de Da. Ana Manuela Muñiz, difunta, y al siguiente día los veló según orden de nuestra santa madre iglesia, en el oratorio de la casa de su morada, siendo testigos con calidad de padrinos el licenciado D. Isidro Huarte, y Da. Nicolasa Iturbide, el señor Intendente Corregidor de esta Provincia, D. Felipe Díaz de Ortega, el regidor D. Isidro Huarte, y D. Domingo Malo, alférez del regimiento de infantería, como consta por la certificación…”

El primogénito de la que llegó a ser la pareja imperial, Agustín Gerónimo José de Iturbide y Huarte fue bautizado el 30 de septiembre de 1807 en el Sagrario Metropolitano de la ciudad de México.

Cuando su padre fue proclamado Agustín I, Emperador Constitucional de México, el joven de 16 años se convirtió en Príncipe Imperial de México. Tras la caída de la monarquía, vivió en Estados Unidos y se dedicó a la diplomacia. Don Agustín Gerónimo murió en diciembre de 1866, apenas a dos semanas de haber regresado de un viaje por Europa. El deceso ocurrió en el Clarendon Hotel de Nueva York, y la causa fue una complicación renal del llamado “Mal de Bright”. No tuvo descendencia.

Ángel de Iturbide y Huarte, el segundo hijo varón de Agustín de Iturbide y Ana María Huarte, fue bautizado con los nombres de “Ángel María José Ygnacio Francisco Xavier” en 1816, en Querétaro. Recibió una esmerada educación en la Universidad de Georgetown, en Washington. En 1854 fue nombrado Secretario de la Legación Mexicana en los Estados Unidos. Se casó con la señorita Alice Green, bella jovencita originaria del Distrito de Columbia, hija de un capitán del ejército estadounidense del mismo apellido. Alice tenía fama de ser una de las grandes bellezas de los salones de sociedad estadounidense durante la Guerra Civil Estadounidense. De este matrimonio nació Agustín de Iturbide y Green, nieto por línea de varón del primer emperador mexicano. Don Ángel de Iturbide murió el 18 de julio de 1872.

Salvador María de Iturbide y Huarte fue el tercer hijo varón de la pareja imperial, y fue bautizado el 17 de julio de 1820 en la ciudad de México.

Felipe de Iturbide Huarte fue el cuarto hijo varón del Emperador Agustín I. De él no tengo información disponible.

Agustín Cosme de Iturbide y Huarte, el quinto y menor de los hijos varones de la pareja imperial, ingresó al ejército mexicano, donde ostentó el grado de Teniente Coronel. Durante la guerra de los Estados Unidos contra México, Agustín estuvo presente en las batallas de Monterrey, Buenavista, Cerro Gordo, y las que se libraron en los alrededores de la ciudad de México. Acompañó a Santa Ana a Puebla, desde donde fue enviado con despachos tan solo para caer prisionero de los rangers del Capitán Walkers en Huamantla, Tlaxcala, en 1847. En 1854 fue nombrado Ayuda de Campo de Santa Ana. Nunca se casó.

En 1865, la segunda pareja imperial de México, Maximiliano I de Habsburgo y su esposa Carlota Amalia de Sajonia-Coburgo, en vista de que no podía tener descendencia propia, adoptó al pequeño Agustín de Iturbide y Green (nacido hacia 1862) como heredero de todos sus bienes y como sucesor en el trono de México. A la vez, se le otorgó el título de “Príncipe de Iturbide” con el tratamiento de “Alteza”. Estos decretos entraron en vigor al ser publicados en el “Diario del Imperio”, el periódico oficial de Maximiliano, el 16 de septiembre de 1865. En dichos decretos se menciona también al joven Salvador de Iturbide Marzán, como sujeto de los mismos privilegios que Agustín, su primo. Previamente, en el castillo de Chapultepec, con fecha del 9 de septiembre de 1865, Maximiliano y los jefes de la familia Iturbide habían firmado un tratado de ocho puntos relativos a la adopción, honores y pensiones de los miembros de la familia. Por el Emperador firmó su Secretario de Relaciones Exteriores y encargado de la Secretaría de Estado, don José J. Ramírez. Por los Iturbide firmaron Agustín Gerónimo, Ángel, José y Alice Green de Iturbide.



























Cuando Carlota Amalia zarpó rumbo a Europa para buscar apoyo político para Maximiliano, se llevó consigo al pequeño Iturbide. En La Habana, primera escala del viaje, lo recuperó su madre, la señora Green de Iturbide, y lo llevó a Washington, donde residió una buena parte de su vida..

En junio de 1867, poco antes de la caída de Querétaro, algunos diarios norteamericanos dieron a conocer la existencia de la carta de abdicación de Maximiliano en favor del infante Agustín de Iturbide y Green. Decían que, cuando a Márquez no le quedó duda alguna de la traición de López en favor de los republicanos, para entregarles Querétaro, procedió de inmediato a la apertura de algunos documentos que le había entregado Maximiliano en persona. Entre ellos encontró la ya mencionada abdicación del Emperador, firmada de su puño y letra. Una vez enterado del contenido del documento, Márquez procedió a proclamar a don Agustín de Iturbide y Green como Emperador de México y sucesor de Maximiliano, bajo la regencia de la Emperatriz Carlota. La autenticidad de la carta de abdicación nunca fue impugnada.

En enero de 1877, según una reseña de la época escrita en Nueva Orleans, el príncipe Agustín de Iturbide y Green, título por el cual se le conocía desde su adopción por Maximiliano, se encontraba entre los pasajeros del vapor “Jamaica”, con destino a Liverpool, en Inglaterra. El objeto del viaje era el de convertirse en alumno de la Academia Militar Woolwich. Se le consideraba un joven brillante e inteligente, de unos quince años de edad, y hablaba el inglés con buen acento. Había estudiado en las escuelas públicas de Washington y en la Universidad de Georgetown, el Alma Mater de su padre. Su discurso de graduación llamó la atención por haberlo escrito sobre el tema “Democracia”, sistema político al que se mostró muy favorable, y por ser, a la vez, heredero de dos emperadores.

En 1888, el príncipe Agustín de Iturbide causó conmoción al aceptar una comisión de manos del presidente Porfirio Díaz y portar el uniforme de teniente del ejército mexicano. El todavía influyente Partido Monárquico Mexicano juzgó de suma importancia el hecho, cuya relevancia radicaba en el acercamiento que se daba entre monárquicos y republicanos. Hemos visto ya que el príncipe Iturbide había estudiado en la Academia Militar de México, en Chapultepec, así como en los Estados Unidos y en Europa. Por orden directa del presidente Díaz, Iturbide fue destinado al famoso Séptimo Regimiento, comandado por un oficial que fue coronel del Regimiento de la Emperatriz durante el reinado de Maximiliano.

A pesar de los buenos augurios políticos, el joven Iturbide expresó en público algunas críticas contra el gobierno de Díaz, razón por la cual se le siguió consejo de guerra y prisión. Sus amigos de Washington comentaban que la crítica era tan solo la de un impetuoso y joven ciudadano a su presidente.

No obstante lo anterior, el príncipe Iturbide fue condenado a un año de reclusión bajo el cargo de falta de respeto al régimen de Díaz. Su madre, la señora Alice Green, lo estuvo visitando y apoyando en prisión, hasta que ella contrajo una enfermedad que le costó la vida en enero de 1892.

El 5 de julio de 1915, el príncipe Iturbide contrajo nupcias con la señorita Mary Louise Kearney, hija del General Brigadier James E. Kearney. Ofició el reverendo J. M. Cooper, de la iglesia católica de San Mateo de Washington.