Escudo de Torreón

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jueves, agosto 13, 2009

La percepción colectiva del 6 de agosto de 1967



En atención a las solicitudes que he recibido para abundar en el tema de mi pasado artículo, mencionaré un caso concreto que ilustre bien cuál considero ser una buena actitud de perceptor ante un aparente fenómeno ovni.

El 6 de agosto de 1967, una tarde dominical, volvía yo de la ciudad de Puebla en compañía de mi hermana, cuñado y sobrino. Ya en esa época, la entrada a la ciudad de México era difícil, por la densidad y la lentitud del tráfico vehicular.

La Calzada Zaragoza estaba abarrotada, y los coches que transitaban de sur a norte (es decir, los que entraban a México viniendo de Río Frío) tenían que caminar a vuelta de rueda. Para evitar el aburrimiento, no quedaba sino mirar a través de las ventanillas del coche a manera de pasatiempo. En esos momentos comenzaba a obscurecer.

De pronto, al fijar mi atención en el cielo capitalino, observé que desde el poniente (a la izquierda del coche) una aparente flotilla de objetos extremadamente luminosos y en formación de V, cruzaban el firmamento a enorme velocidad, si se le compara incluso con la de los aviones caza de la época. Estos objetos dejaban estelas luminosas.

Los numerosos peatones, desde las aceras miraban hacia el cielo y señalaban en dirección a los objetos misteriosos. Se trataba pues de una percepción colectiva y simultánea. Los objetos, a gran altitud, cruzaron de horizonte a horizonte en cuestión de segundos. Pero uno de ellos se detuvo de golpe sobre la ciudad de México, descendió a gran velocidad, y también de golpe, se detuvo apenas un poco encima de la cima de un cerrito a unos 400 metros al oriente de la calzada Zaragoza.

De manera extraña, lanzó destellos blancos fulgurantes y lo que me pareció ser una bengala roja muy intensa. Unos segundos después, así de golpe como llegó, así ascendió, se detuvo de golpe a gran altura y reanudó su veloz trayectoria hacia el oriente. Hice un apunte escrito sobre el hecho, el cual conservo como curiosidad.

El día siguiente, lunes 7 de agosto de 1967, varios diarios capitalinos daban cuenta del hecho percibido por miles de personas. Los titulares hablaban de “ovnis sobre la capital mexicana”, y referían que el radar del aeropuerto de la ciudad de México los había captado como objetos sólidos en formación.

A cualquier investigador que le pudiera interesar este hecho concreto tan atestiguado, las hemerotecas de la ciudad de México e incluso otras, le permitirán comprobar la realidad y magnitud del avistamiento en cuanto tal.

Una de esas notas se encuentra en el “Informador” de Guadalajara, en su edición del martes 8 de agosto de 1967, página 12-A, tercera columna. Y dice así:

“Vieron antenoche platos voladores en cielo jarocho. Veracruz, Ver. Agosto 7 (AEE). Una flota de Objetos Voladores No Identificados (ovnis) formada por cinco aparatos, recorrió anoche una parte del estado, habiendo sido reportados por las autoridades de Poza Rica, Papantla, Misantla, Nautla, Tecolutla, Veracruz y Jalapa. Cuatro de ellos emitían una luz azul, y el quinto era rojizo: volaban en correcta formación y no se escuchaba ruido alguno. Los cinco ovnis dejaban una estela luminosa, lo cual ha sido ya reportado en otros casos. Según todos los testigos, volaban a gran velocidad, pero no en exceso, como otros aparatos observados en ocasiones anteriores. Millares de personas reportaron el paso de los objetos voladores entre las nueve y las diez de la noche. Cuando pasaron por Poza Rica, dieron la impresión de que volaban de occidente a oriente, quizás en ruta hacia el Golfo de México. Al cruzar por las demás poblaciones hasta llegar a esta ciudad, parecían venir del norte.
San Luis Potosí, S.L.P. agosto 7 (AEE). Una formación de siete objetos voladores no identificados (ovni) surcó el cielo de la parte central de San Luis Potosí, siendo avistados por espacio de más de 67 segundos por innumerables habitantes de diversos poblados. La escuadrilla de ovni luminosos cruzó las alturas potosinas de poniente a oriente, ayer cerca de las 20.30 horas en esta capital, y poco más tarde se avistaron en Rayón, en Río Verde y en Valles. Aquí aparecieron sobre la glorieta Juárez, a la entrada de la ciudad, y los observadores calcularon que volaban a una altura de 3,000 metros. Los objetos voladores dejaban una cauda lumínica de varios kilómetros. Hasta esta noche, ninguna institución federal o estatal había aventurado tesis alguna sobre el fenómeno”.

Como fenómeno de percepción simultánea y compartida, el evento del 6 de agosto de 1967 es innegable. Sin embargo, ¿quién puede explicar su naturaleza? Solamente contamos con la información de la prensa capitalina publicada el 7 de agosto de ese año, en que se menciona que el radar de la ciudad registró dichos objetos. No fue pues, una ilusión óptica, los objetos tenían masa.

Más allá, no podemos llegar. Solamente podemos decir lo que vimos, pero no podemos saber, interpretar, ni mucho menos probar, lo que era.

¿Nueva tecnología militar? ¿aparatos de otros mundos? ¿Quién podría saberlo, y sobre qué base? La mente del científico se abre hacia las pruebas, pero ¿qué pruebas existen en un simple avistamiento?

Como cronista, uno puede dejar constancia de que algunas o muchas personas vieron, o creyeron ver, de manera simultánea, ciertos fenómenos lumínicos o auditivos con determinadas características, en cierto lugar, en cierta fecha. Pero nada justifica afirmar, sin pruebas, sobre la naturaleza de lo que creemos ver u oír, aunque la percepción sea colectiva.

Por último, menciono que nunca me ha interesado, ni creo que jamás me interese, la “ufología”. Si en mí hubiera estado elegir, preferiría no haber visto aquellos objetos. Pero el fenómeno, en cuanto fenómeno percibido y compartido por la colectividad, sea cual sea, ese sí me interesa, como científico social y como Cronista e historiador.

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